Camaradas. Considero que los oradores han descrito correctamente el estado del trabajo del partido en el campo, sus defectos, sus méritos, especialmente sus defectos. Y, sin embargo, me parece que no han dicho lo más importante acerca de los defectos de nuestro trabajo en el campo, no han descubierto las raíces de esos defectos. Entretanto, esta faceta es para nosotros la de mayor interés. Permítanme, por lo tanto, expresar mi opinión sobre los defectos de nuestro trabajo en el campo, expresarla con toda la franqueza que es propia de los bolcheviques.

¿En qué consiste la principal deficiencia de nuestro trabajo en el campo durante el último año, durante 1932?

La principal deficiencia consiste en que el trabajo de adquisición de cereales de este año se ha desarrollado en medio de mayores dificultades que el año pasado.

El año pasado las adquisiciones de cereales se efectuaron en un ambiente mucho más favorable. En aquel entonces, la cosecha de cereales fue aproximadamente una vez y media mayor que en el año en curso, lo que facilitó considerablemente la tarea de las adquisiciones. Además, en aquel entonces aún no nos habíamos fijado la tarea de desarrollar el comercio de cereales por parte de los koljoses y los koljosianos, mientras que en el año en curso, tras la introducción del comercio koljosiano, esta tarea se ha convertido para nosotros en una necesidad práctica. Precisamente esta circunstancia ha complicado la situación de las adquisiciones de cereales, ya que ha creado para el campesino una coyuntura favorable que le permite retener el grano con el fin de obtener un precio más alto en el mercado de cereales koljosiano. Finalmente, el año pasado las adquisiciones de cereales se llevaron a cabo cuando el aparato de base de nuestras organizaciones de acopio ya había sido puesto a prueba en la práctica de varios años de aprovisionamiento, mientras que en el año en curso este aparato ha sido renovado y, por lo tanto, debilitado en cierta medida, lo que también ha complicado la causa de las adquisiciones.

Sin embargo, la principal deficiencia de nuestro trabajo en el campo no consiste en estas dificultades, que reflejan condiciones objetivas de la campaña de adquisiciones, sino en el hecho de que en muchos distritos nuestros camaradas no supieron tener en cuenta la nueva situación creada por la introducción del comercio de cereales por parte de los koljoses y los koljosianos. Precisamente por no haber tenido en cuenta la nueva situación, no supieron reestructurar sus filas y cambiar de frente para afrontar con todas las armas las dificultades de la nueva situación. El aparato de nuestras organizaciones de acopio no comprendió que el primer mandamiento de la táctica bolchevique consiste en no dejarse llevar por la euforia tras los éxitos, en no volverse arrogante, sino en reestructurar las filas a tiempo, en cambiar de frente a tiempo para afrontar las nuevas dificultades y superarlas. El aparato de nuestras organizaciones de acopio no comprendió que el éxito de las adquisiciones de cereales del año pasado, que transcurrieron en medio de condiciones favorables, no podía dejar de generar entre cierta parte de nuestros trabajadores un ambiente de despreocupación y complacencia. Estas tendencias a la despreocupación y la complacencia no tardaron en manifestarse. Se expresaron, en primer lugar, en que nuestros trabajadores, al encontrarse con las dificultades de la campaña de adquisiciones de este año, en lugar de proceder a una seria reestructuración del trabajo de las organizaciones de acopio, se limitaron a una charlatanería vacía y a resoluciones burocráticas sobre el ritmo de las adquisiciones de cereales. Se expresaron, en segundo lugar, en que nuestros trabajadores, al encontrarse con las dificultades de la campaña de adquisiciones de cereales, en lugar de tomar el camino de elevar la calidad del trabajo, de verificar y estudiar las particularidades de las dificultades por distritos, emprendieron el camino más fácil de recurrir a medidas administrativas, al método de presión mecánica sobre el campesino, al método de privación ilegal de mercancías, etc. ¿Es necesario demostrar que el método de presión administrativa no podía dar resultados positivos, que solo podía empeorar la situación, poniendo al campesino en contra de las medidas de adquisición de cereales? Precisamente en esto consiste la raíz de la principal deficiencia de nuestro trabajo en el campo.

El principal defecto consiste en que las acopios de cereales transcurrieron este año en nuestro país con mayores dificultades que en el año anterior, que en 1931.

Explicar esto por el mal estado de la cosecha es absolutamente imposible, porque la cosecha este año no fue peor, sino mejor que el año anterior. Nadie puede negar que la cosecha bruta de cereales en 1932 fue mayor que en 1931, cuando la sequía en cinco regiones principales del Noreste de la URSS redujo considerablemente el balance cerealista del país. Por supuesto, también en 1932 tuvimos algunas pérdidas de cosecha a consecuencia de condiciones climáticas desfavorables en Kubán y Térek, así como en algunas regiones de Ucrania. Pero no puede haber duda de que estas pérdidas no constituyen ni la mitad de las pérdidas que tuvieron lugar en 1931 a causa de la sequía en las regiones nororientales de la URSS. Por consiguiente, en 1932 teníamos en el país más cereales que en 1931. Y sin embargo, a pesar de esta circunstancia, las adquisiciones de cereales se realizaron en 1932 con mayores dificultades que el año anterior.

¿De qué se trata aquí? ¿Dónde están las causas de esta deficiencia en nuestro trabajo? ¿Cómo explicar esta discordancia?

1) Esto se explica, ante todo, por el hecho de que nuestros camaradas en el terreno, nuestros trabajadores rurales no supieron tener en cuenta la nueva situación en el campo, creada por la declaración del comercio koljosiano de cereales. Y precisamente porque no tuvieron en cuenta la nueva situación, precisamente por eso no supieron reestructurarse de una nueva manera en correspondencia con la nueva situación. Mientras no hubo comercio koljosiano de cereales, mientras no hubo dos precios para el cereal, el estatal y el de mercado, la situación en el campo era una. Con la declaración del comercio koljosiano de cereales, la situación debía cambiar bruscamente, pues la declaración del comercio koljosiano significa la legalización del precio de mercado del cereal, más alto que el precio estatal establecido. Ni que decir tiene que esta circunstancia debía crear en los campesinos una cierta contención en lo que respecta a la entrega de cereales al Estado. El campesino calculaba así: “se ha declarado el comercio koljosiano de cereales, se ha legalizado el precio de mercado, en el mercado puedo obtener por la misma cantidad de cereal más que entregándolo al Estado, por consiguiente, si no soy tonto, debo retener el cereal, entregar menos al Estado, dejar más para el comercio koljosiano y así lograr sacar más por la misma cantidad de cereal vendido”.

La lógica más simple y natural.

Pero el problema aquí consiste en que nuestros trabajadores rurales, o al menos muchos de ellos, no comprendieron esta cosa simple y natural. Para no hacer fracasar las tareas del Poder Soviético, los comunistas debían, en esta nueva situación, desde los primeros días de la cosecha, ya en el mes de julio de 1932, — debían intensificar y acelerar por todos los medios las acopios de cereales. Eso exigía la situación. ¿Y cómo actuaron en la práctica? En lugar de acelerar las acopios de cereales, se pusieron a acelerar la formación de toda clase de fondos en los koljoses, reforzando así la contención de los entregadores de cereales en el cumplimiento de sus deberes ante el Estado. Al no comprender la nueva situación, no empezaron a temer que la contención de los campesinos en la entrega de cereales pudiera frenar las acopios, sino que empezaron a temer que los campesinos no se dieran cuenta de retener el cereal para llevarlo luego al mercado por la vía del comercio koljosiano y, a lo mejor, lo tomaran y entregaran todo su cereal a los elevadores.

Dicho de otro modo, nuestros comunistas rurales, al menos la mayoría de ellos, solo han captado el comercio koljosiano por su lado positivo, han comprendido y asimilado su lado positivo, pero no han comprendido ni asimilado en absoluto los lados negativos del comercio koljosiano: no han comprendido que los lados negativos del comercio koljosiano pueden causar un gran perjuicio al Estado si ellos, es decir, los comunistas, no empiezan desde los primeros días de la recolección del grano a impulsar con todas sus fuerzas la campaña de acopio de cereales.

Y este error fue cometido no solo por los trabajadores de los koljoses. Fue cometido también por los directores de los sovjoses, quienes, reteniendo de manera criminal el grano sujeto a entrega al Estado, comenzaron a venderlo a terceros a un precio más elevado.

¿Tomaron en cuenta el Sovnarkom y el CC esta nueva situación, creada en relación con el comercio koljosiano de cereales, en su conocida disposición sobre el desarrollo del comercio koljosiano?62 Sí, la tomaron en cuenta. En esta disposición se dice directamente que el comercio koljosiano de cereales puede abrirse sólo después de que se haya cumplido entera y plenamente el plan de acopio de cereales y se hayan reunido las semillas. Allí se dice directamente que sólo después de finalizar el acopio de cereales y el almacenamiento de semillas, aproximadamente hacia el 15 de enero de 1933, sólo después de cumplir estas condiciones se podrá abrir el comercio koljosiano de cereales. Con esta disposición suya, el Sovnarkom y el CC venían a decir a nuestros trabajadores rurales: no desplacéis vuestra atención con la preocupación por los fondos y reservas de todo tipo, no os distraigáis de la gloriosa tarea, desplegad el acopio de cereales desde los primeros días de la cosecha y forzadlo, pues el primer mandamiento es el cumplimiento del plan de acopio de cereales, el segundo mandamiento es el almacenamiento de semillas, y sólo después de cumplir estas condiciones podéis iniciar y desarrollar el comercio koljosiano de cereales.

El error del Buró Político del CC y del Sovnarkom consistió, quizás, en que no subrayaron con suficiente insistencia este aspecto de la cuestión y no advirtieron con suficiente fuerza a nuestros trabajadores rurales sobre los peligros que encierra el comercio koljosiano. Pero que advirtieron sobre estos peligros, y advirtieron con suficiente claridad, de eso no puede haber ninguna duda. Hay que reconocer que el CC y el Sovnarkom sobrestimaron en cierta medida el temple leninista y la perspicacia de nuestros trabajadores locales, no solo los de distrito, sino también los de una serie de provincias.

¿Quizás no era necesario declarar el comercio koljosiano de granos? ¿Quizás fue un error, especialmente si se tiene en cuenta la circunstancia de que al comercio koljosiano le son inherentes no solo aspectos positivos, sino también algunos aspectos negativos?

No, no fue un error. Ninguna medida revolucionaria está garantizada contra algunos aspectos negativos, si se aplica incorrectamente. Lo mismo debe decirse del comercio koljosiano de cereales. El comercio koljosiano es necesario y beneficioso tanto para el campo como para la ciudad, tanto para la clase obrera como para el campesinado. Y precisamente porque es beneficioso, había que introducirlo.

¿Por qué se guiaron el Sovnarkom y el CC al introducir el comercio koljosiano de cereales?

Ante todo, ampliando la base del intercambio de mercancías entre la ciudad y el campo y mejorando el abastecimiento de productos agrícolas a los obreros y de artículos urbanos a los campesinos. No cabe duda de que solo el comercio estatal y cooperativo resulta insuficiente para ello. Era necesario complementar estos canales de intercambio de mercancías con un nuevo canal: el comercio koljosiano. Y los complementamos, implantando el comercio koljosiano.

Se guiaban, además, por el objetivo de proporcionar al koljosiano una fuente adicional de ingresos y fortalecer su situación económica mediante el comercio koljosiano de cereales.

Se guiaban, por último, por la necesidad de dar al campesino, mediante la introducción del comercio koljosiano, un nuevo impulso para mejorar el trabajo de los koljoses tanto en la línea de la siembra como en la de la cosecha.

Ustedes saben que todas estas consideraciones del Consejo de Comisarios del Pueblo y del Comité Central se han visto plenamente confirmadas por los hechos de la vida de los koljoses en el último período. El reforzamiento del proceso de consolidación de los koljoses, el cese de las salidas de los koljoses, la creciente atracción de los campesinos individuales hacia los koljoses, el afán de los koljosianos de aceptar a nuevos miembros con mayor selección: todo esto y muchas cosas similares atestiguan de manera indudable que el comercio koljosiano no solo no ha debilitado, sino que, por el contrario, ha fortalecido y consolidado la situación de los koljoses.

Por consiguiente, las deficiencias de nuestro trabajo en el campo no se explican por el comercio koljosiano, sino por su realización no siempre correcta, por la incapacidad de tener en cuenta la nueva situación, por la incapacidad de reestructurar nuestras filas en función de la nueva situación creada por la declaración del comercio koljosiano de cereales.

2) La segunda causa de las deficiencias de nuestro trabajo en el campo consiste en que nuestros camaradas en las localidades –y no solo estos camaradas– no han comprendido el cambio de las condiciones de nuestro trabajo en el campo, producido en relación con la consolidación de la posición dominante de los koljoses en las principales regiones cerealistas. Todos nos alegramos de que la forma koljosiana de economía se haya convertido en la forma dominante en nuestras regiones cerealistas. Pero no todos comprenden que esta circunstancia no disminuye, sino que aumenta nuestras preocupaciones y nuestra responsabilidad en la labor de desarrollo de la agricultura. Muchos piensan que, una vez alcanzado, digamos, el 70 u 80% de colectivización en tal o cual distrito, en tal o cual región, con eso ya está todo dado, y podemos dejar la cosa a la marcha natural de los acontecimientos, dejar la cosa a la espontaneidad, creyendo que la colectivización hará por sí misma su labor, elevará por sí misma la agricultura. Pero esto es un profundo error, camaradas. En realidad, el paso a la economía colectiva, como forma predominante de economía, no disminuye, sino que aumenta nuestras preocupaciones por la agricultura, no disminuye, sino que aumenta el papel dirigente de los comunistas en la labor de elevación de la agricultura. La espontaneidad es ahora, más que nunca, peligrosa para la causa del desarrollo de la agricultura. La espontaneidad puede ahora arruinar toda la causa.

Mientras en el campo predominó el propietario individual, el partido pudo limitar su intervención en el desarrollo de la agricultura a actos aislados de ayuda, consejo o advertencia. Entonces el campesino individual debía ocuparse por sí mismo de su hacienda, pues no había sobre quién descargar la responsabilidad de esa hacienda, que era únicamente su hacienda personal, y no había en quién confiar, salvo en sí mismo. Entonces el campesino individual debía ocuparse por sí mismo de la siembra, de la cosecha y, en general, de todos los procesos del trabajo agrícola, si no quería quedarse sin pan y ser víctima del hambre. Con el paso a la hacienda colectiva la situación cambió esencialmente. El koljós no es una hacienda individual. Los koljosianos lo dicen ahora así: “el koljós es mío y no es mío, es mío, pero al mismo tiempo pertenece a Iván, a Filip, a Mijaíl y a otros miembros del koljós, el koljós es común”. Ahora él, el koljosiano, el campesino individual de ayer y el colectivista de hoy, ahora él puede descargar la responsabilidad y puede confiar en otros miembros del koljós, sabiendo que el koljós no lo dejará sin pan. Por eso las preocupaciones de él, del koljosiano, se han vuelto menores que en la hacienda individual, pues las preocupaciones y la responsabilidad por la hacienda están repartidas ahora entre todos los koljosianos.

¿Qué se desprende de esto? De esto se desprende que el centro de gravedad de la responsabilidad por la gestión de la economía se ha desplazado ahora de los campesinos individuales a la dirección del koljós, al núcleo dirigente del koljós. Ahora los campesinos exigen preocupación por la economía y una gestión racional de los asuntos no de sí mismos, sino de la dirección del koljós o, mejor dicho, no tanto de sí mismos como de la dirección del koljós. ¿Y qué significa esto? Significa que el partido ya no puede limitarse ahora a actos aislados de intervención en el proceso de desarrollo agrícola. Debe ahora tomar en sus manos la dirección de los koljoses, asumir la responsabilidad por el trabajo y ayudar a los koljosianos a impulsar su economía hacia adelante sobre la base de los datos de la ciencia y la técnica.

Pero esto no es todo. El koljós es una gran hacienda. Pero una gran hacienda no puede llevarse sin un plan. Una gran hacienda en la agricultura, que abarca cientos y a veces miles de hogares, solo puede llevarse mediante una dirección planificada. Sin ello, está condenada a perecer y desmoronarse. He aquí otra nueva condición en el régimen koljosiano, radicalmente diferente de las condiciones de gestión de la pequeña hacienda individual. ¿Se puede dejar la gestión de tal hacienda al llamado curso natural de las cosas, a la espontaneidad? Está claro que no. Para llevar tal hacienda, es necesario asegurar al koljós un mínimo conocido de personas con una instrucción elemental, capaces de planificar la hacienda y llevarla de manera organizada. Es comprensible que sin la intervención sistemática del Poder Soviético en la causa de la construcción koljosiana, sin su ayuda sistemática, es imposible poner en marcha tal hacienda.

¿Y qué se desprende de esto? De esto se desprende que el régimen koljosiano no disminuye, sino que aumenta las preocupaciones y la responsabilidad del partido y del gobierno en lo referente al desarrollo de la agricultura. De esto se desprende que el partido, si quiere dirigir el movimiento koljosiano, debe adentrarse en todos los detalles de la vida koljosiana y de la dirección de los koljoses. De esto se desprende que el partido no debe disminuir, sino multiplicar sus vínculos con los koljoses, que debe saber todo lo que ocurre en los koljoses para acudir a tiempo en su ayuda y prevenir los peligros que los amenazan.

¿Y qué vemos en la práctica? En la práctica vemos el desapego de toda una serie de organizaciones distritales y regionales respecto a la vida de los koljoses, respecto a sus necesidades. Hay personas sentadas en las oficinas, rayando papel con sus plumas con aire satisfecho, sin advertir que el desarrollo de los koljoses transcurre al margen de las oficinas burocráticas. En algunos casos, el desapego respecto a los koljoses llegó al extremo de que ciertos miembros de las organizaciones territoriales se enteraban de los asuntos en los koljoses de su propio territorio no por las organizaciones distritales correspondientes, sino por miembros del CC en Moscú. Esto es lamentable, pero es un hecho, camaradas. El tránsito de la hacienda individual a los koljoses debía haber conducido a un fortalecimiento de la dirección de los comunistas en el campo. Pero en la práctica, en una serie de casos, este tránsito condujo a que los comunistas se durmieran en los laureles, alardeando del alto porcentaje de colectivización, y dejaran el asunto librado a la corriente, lo entregaran al curso natural de las cosas. El problema de la dirección planificada de la economía koljosiana debía haber llevado a un fortalecimiento de la dirección de los comunistas en los koljoses. Pero en la práctica, en una serie de casos, resultó que los comunistas brillaban por su ausencia, y en los koljoses mandaban ex oficiales blancos, ex petliuristas y, en general, enemigos de los obreros y campesinos.

Así están las cosas con la segunda causa de las deficiencias de nuestro trabajo en el campo.

3) La tercera causa de las deficiencias de nuestro trabajo en el campo consiste en que muchos de nuestros camaradas sobrestimaron los koljoses como nueva forma de economía, los sobrestimaron y los convirtieron en un icono. Decidieron que, puesto que existen los koljoses como forma socialista de economía, con ello ya está todo dado, con ello ya están aseguradas la correcta gestión de los asuntos de los koljoses, la correcta planificación de la economía koljosiana y la transformación de los koljoses en haciendas socialistas modélicas. No comprendieron que los koljoses, en cuanto a su estructura organizativa, son todavía débiles y necesitan una ayuda seria por parte del partido, tanto en el sentido de abastecerlos con cuadros bolcheviques probados, como en el sentido de la dirección cotidiana de los asuntos koljosianos. Pero esto no es todo, y ni siquiera es lo principal. La principal deficiencia consiste aquí en que muchos de nuestros camaradas sobrestimaron las fuerzas y las posibilidades de los propios koljoses como nueva forma de organización de la agricultura. No comprendieron que el koljós, por sí mismo, a pesar de ser una forma socialista de economía, está lejos aún de estar garantizado contra todo tipo de peligros de penetración en la dirección del koljós de toda clase de elementos contrarrevolucionarios, no está garantizado contra el hecho de que, en determinadas condiciones, los koljoses puedan ser utilizados por elementos antisoviéticos para sus propios fines.

El koljós es una forma socialista de organización económica, del mismo modo que los Soviets son una forma socialista de organización política. Tanto los koljoses como los Soviets constituyen la mayor conquista de nuestra revolución, la mayor conquista de la clase obrera. Pero los koljoses y los Soviets representan solo una forma de organización, ciertamente socialista, pero aun así una forma de organización. Todo depende de qué contenido se vierta en esta forma.

Conocemos casos en que los Soviets de diputados obreros y soldados apoyaron durante un período determinado a la contrarrevolución contra la revolución. Así ocurrió entre nosotros, en la URSS, por ejemplo, en julio de 1917, cuando los Soviets estaban dirigidos por mencheviques y eseristas y los Soviets encubrían la contrarrevolución contra la revolución. Así ocurrió en Alemania a finales de 1918, cuando los Soviets estaban dirigidos por socialdemócratas y encubrían la contrarrevolución contra la revolución. Por consiguiente, la cuestión no reside solo en los Soviets como forma de organización, aunque esta forma en sí misma representa la mayor conquista revolucionaria. La cuestión reside, ante todo, en el contenido del trabajo de los Soviets, en el carácter del trabajo de los Soviets, en quién dirige exactamente los Soviets: revolucionarios o contrarrevolucionarios. Esto, precisamente, explica el hecho de que los contrarrevolucionarios no siempre se pronuncien contra los Soviets. Se sabe, por ejemplo, que el jefe de la contrarrevolución rusa, Miliukov, durante la insurrección de Kronstadt se pronunció a favor de los Soviets, pero sin comunistas. "Soviets sin comunistas": tal fue entonces la consigna del jefe de la contrarrevolución rusa, Miliukov. Los contrarrevolucionarios comprendieron que la cuestión no reside solo en los Soviets mismos, sino, ante todo, en quién los dirigirá.

Lo mismo hay que decir de los koljoses. Los koljoses, como forma socialista de organización de la economía, pueden mostrar milagros de construcción económica si al frente de ellos se encuentran verdaderos revolucionarios, bolcheviques, comunistas. Y a la inversa, los koljoses pueden convertirse, durante un período determinado, en cobertura de todo tipo de acciones contrarrevolucionarias si en los koljoses mandan eseristas y mencheviques, oficiales petliuristas y demás guardias blancos, ex denikinianos y kolchakianos. Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta que los koljoses, como forma de organización, no solo no están garantizados contra la penetración de elementos antisoviéticos, sino que incluso presentan, en un primer momento, ciertas facilidades para su utilización temporal por los contrarrevolucionarios. Mientras los campesinos llevaban una economía individual, estaban dispersos y separados unos de otros, por lo cual las intentonas contrarrevolucionarias de los elementos antisoviéticos en el medio campesino no podían producir un gran efecto. Un cuadro completamente distinto se obtiene con el paso de los campesinos a la economía koljosiana. Aquí los campesinos ya tienen, en la persona de los koljoses, una forma acabada de organización de masas. Debido a ello, la penetración de elementos antisoviéticos en los koljoses y su actividad antisoviética pueden producir un efecto mucho mayor. Cabe suponer que todo esto lo tienen en cuenta los elementos antisoviéticos. Es sabido que una parte de los contrarrevolucionarios, por ejemplo, en el Cáucaso Norte, intenta por sí misma crear algo parecido a koljoses, utilizándolos como cobertura legal para sus organizaciones clandestinas. Es sabido también que los elementos antisoviéticos en una serie de distritos, donde aún no han sido desenmascarados ni aplastados, entran de buen grado en los koljoses, incluso ensalzan los koljoses, con el fin de crear dentro de los koljoses nidos de trabajo contrarrevolucionario. Es sabido asimismo que una parte de los elementos antisoviéticos se manifiesta ahora a favor de los koljoses, pero con la condición de que en los koljoses no haya comunistas. "Koljoses sin comunistas": he ahí la consigna que se está gestando ahora en el seno de los elementos antisoviéticos. Por consiguiente, la cuestión no reside solo en los koljoses mismos, como forma socialista de organización, sino, ante todo, en qué contenido se vierte en esa forma; la cuestión reside, ante todo, en quién está al frente de los koljoses y quién los dirige.

Desde el punto de vista del leninismo, los koljoses, al igual que los Soviets, considerados como forma de organización, constituyen un arma, y solo un arma. Esta arma puede, en determinadas condiciones, ser dirigida contra la revolución. Puede ser dirigida contra la contrarrevolución. Puede servir a la clase obrera y al campesinado. Puede servir, en determinadas condiciones, a los enemigos de la clase obrera y del campesinado. Todo depende de en manos de quién se encuentre esta arma y contra quién vaya a ser dirigida.

Esto empiezan a comprenderlo los enemigos de los obreros y campesinos, guiados por el instinto de clase.

Lamentablemente, algunos de nuestros comunistas aún no lo comprenden.

Y precisamente porque algunos de nuestros comunistas no comprendieron esta cosa sencilla, precisamente por eso tenemos ahora el cuadro de que en una serie de koljoses manejan los asuntos elementos antisoviéticos bien enmascarados, organizando allí actos de sabotaje y boicot.

4) La cuarta causa de las deficiencias de nuestro trabajo en el campo consiste en la incapacidad de toda una serie de nuestros camaradas en las localidades para reestructurar el frente de lucha contra los kulaks, en la incomprensión de que el rostro del enemigo de clase ha cambiado en el último tiempo, ha cambiado la táctica del enemigo de clase en el campo y que, en consonancia con ello, es necesario cambiar la propia táctica para alcanzar el éxito. El enemigo comprendió la situación modificada, comprendió la fuerza y el poderío del nuevo régimen en el campo y, habiéndolo comprendido, se reestructuró, cambió su táctica: pasó del ataque directo contra los koljoses al trabajo de zapa silenciosa. Pero nosotros no lo comprendimos, no percibimos la nueva situación y seguimos buscando al enemigo de clase donde ya no está, seguimos aplicando la vieja táctica de lucha simplificada contra los kulaks, cuando ella, esa misma táctica, hace tiempo que ya ha caducado.

Buscan al enemigo de clase fuera de los koljoses, lo buscan bajo la forma de personas con fisonomía bestial, con enormes dientes, con cuello grueso, con una escopeta recortada en las manos. Buscan al kulak tal como lo conocemos por los carteles. Pero hace tiempo que tales kulaks ya no existen en la superficie. Los kulaks y agentes de los kulaks actuales, los elementos antisoviéticos de hoy en el campo, son en su mayoría personas "tranquilas", "melosas", casi "santas". No hay que buscarlos lejos del koljós, están sentados dentro del propio koljós y ocupan allí los puestos de almaceneros, encargados de abastecimiento, tenedores de libros, secretarios, etc. Ellos nunca dirán: "¡Abajo los koljoses!". Ellos están "a favor" de los koljoses. Pero llevan a cabo en los koljoses una labor de sabotaje y de diversión tal, que los koljoses no saldrán bien parados. Ellos nunca dirán: "¡Abajo los acopios de cereales!". Ellos están "a favor" de los acopios de cereales. Ellos "solo" recurren a la demagogia y exigen que el koljós constituya una reserva para la ganadería tres veces mayor de lo necesario para la causa, que el koljós constituya un fondo de seguro tres veces mayor de lo necesario para la causa, que el koljós entregue para la alimentación colectiva de 6 a 10 libras de pan al día por trabajador, etc. Es comprensible que, después de tales "fondos" y entregas para la alimentación colectiva, después de tal demagogia fraudulenta, la potencia económica del koljós quede minada y no quede lugar para los acopios de cereales.

Para distinguir a un enemigo tan hábil y no sucumbir a la demagogia, es necesario poseer vigilancia revolucionaria, es necesario tener la capacidad de arrancar la máscara al enemigo y mostrar a los koljosianos su verdadero rostro contrarrevolucionario. Pero, ¿acaso hay muchos comunistas en el campo que posean estas cualidades? No pocas veces los comunistas no solo no desenmascaran a tales enemigos de clase, sino que, por el contrario, ellos mismos sucumben a su demagogia fraudulenta y van a remolque de ellos.

Al no advertir al enemigo de clase en su nueva máscara y no saber desenmascarar sus fraudulentas maquinaciones, algunos de nuestros camaradas se tranquilizan a menudo con que ya no hay kuláks en el mundo, supuestamente, con que los elementos antisoviéticos en el campo ya han sido aniquilados como resultado de la política de liquidación de los kuláks como clase, y con que, en vista de ello, se puede uno resignar a la existencia de koljoses "neutrales", que no son ni bolcheviques ni antisoviéticos, pero que por sí mismos, por así decirlo, de manera espontánea, deberán pasarse al lado del poder soviético. Pero esto es un profundo error, camaradas. Los kuláks han sido derrotados, pero están lejos aún de ser rematados. Más aún, no serán rematados pronto si los comunistas se duermen y se muestran complacientes, creyendo que los kuláks bajarán por sí solos a la tumba en el orden, por así decirlo, de su desarrollo espontáneo. En cuanto a los koljoses "neutrales", no existen en general ni pueden existir en la naturaleza. Los koljoses "neutrales" son una fantasía de personas a las que se les han dado ojos para no ver nada. Con una lucha de clases tan aguda como la que tenemos ahora en el país soviético, no queda lugar para los koljoses "neutrales"; en semejante situación, los koljoses pueden ser o bien bolcheviques, o bien antisoviéticos. Y si nosotros no dirigimos en unos u otros koljoses, eso significa que los dirigen elementos antisoviéticos. De esto no puede haber ninguna duda.

5) Por último, una razón más de las deficiencias de nuestro trabajo en el campo. Consiste esta razón en la subestimación del papel y la responsabilidad de los comunistas en la edificación koljosiana, en la subestimación del papel y la responsabilidad de los comunistas en el acopio de cereales. Al hablar de las dificultades del acopio de cereales, los comunistas suelen cargar la responsabilidad sobre los campesinos, afirmando que de todo tienen la culpa los campesinos. Pero esto es completamente falso e incondicionalmente injusto. Los campesinos no tienen nada que ver. Si se trata de responsabilidad y culpabilidad, la responsabilidad recae enteramente sobre los comunistas, y aquí, de todo, tenemos la culpa sólo nosotros, los comunistas.

En el mundo no existe ni ha existido jamás un poder tan fuerte y con tanta autoridad como el nuestro, el poder soviético. En el mundo no existe ni ha existido jamás un partido tan fuerte y con tanta autoridad como el nuestro, el partido comunista. Nadie nos impide ni puede impedirnos llevar la causa de los koljoses como lo exigen los intereses de los koljoses, los intereses del Estado. Y si no siempre logramos llevar la causa de los koljoses como lo exige el leninismo, si cometemos con frecuencia una serie de errores graves e imperdonables, por ejemplo, en materia de acopio de cereales, la culpa es nuestra, y solo nuestra.

Somos culpables de no haber discernido los aspectos negativos del comercio koljosiano de cereales y de haber permitido una serie de gravísimos errores.

Somos culpables de que toda una serie de nuestras organizaciones del partido se haya desvinculado de los koljoses, se haya dormido en los laureles y se haya entregado a la espontaneidad del dejar hacer.

Tenemos la culpa de que toda una serie de nuestros camaradas todavía sobrevalore los koljoses como forma de organización de masas, sin comprender que la cuestión no reside tanto en la forma en sí, sino en asumir nosotros mismos la dirección de los koljoses y expulsar de la dirección de los koljoses a los elementos antisoviéticos.

Somos culpables de no haber advertido la nueva situación y de no habernos percatado de la nueva táctica del enemigo de clase, que actúa con zapa sorda.

Se pregunta: ¿qué tienen que ver aquí los campesinos?

Conozco grupos enteros de koljoses que se desarrollan y prosperan, cumplen puntualmente las tareas del Estado y se fortalecen en el aspecto económico de día en día. Por otra parte, conozco también koljoses, situados en la vecindad de los anteriores, que, a pesar de tener la misma cosecha e iguales condiciones objetivas que ellos, languidecen y se descomponen. ¿Cuál es la causa? La causa consiste en que al primer grupo de koljoses los dirigen verdaderos comunistas, mientras que al segundo grupo lo dirigen "chapuceros", ciertamente con el carnet del Partido en el bolsillo, pero, a pesar de todo, "chapuceros".

Se pregunta: ¿qué tienen que ver aquí los campesinos?

El resultado de la subestimación del papel y la responsabilidad de los comunistas es que, con frecuencia, la causa de las deficiencias de nuestro trabajo en el campo se busca no donde corresponde buscarla, y las deficiencias, por ello, quedan sin eliminar.

No en los campesinos hay que buscar la causa de las dificultades en las adquisiciones de cereales, sino en nosotros mismos, en nuestras propias filas. Pues nosotros estamos en el poder, nosotros disponemos de los medios del Estado, nosotros estamos llamados a dirigir los koljoses y nosotros debemos asumir toda la plenitud de la responsabilidad por el trabajo en el campo.

Tales son las causas principales que determinaron las deficiencias de nuestro trabajo en el campo.

Se podría pensar que he trazado un cuadro demasiado sombrío, que todo nuestro trabajo en el campo consiste únicamente en deficiencias. Pero esto, por supuesto, no es cierto. En realidad, nuestro trabajo en el campo tiene, junto a estas deficiencias, toda una serie de logros importantísimos y decisivos. Pero ya dije al comienzo de mi discurso que entre mis tareas no entra la caracterización de nuestros logros, que me he propuesto hablar solo de las deficiencias de nuestro trabajo en el campo.

¿Se pueden corregir estas deficiencias? Sí, indudablemente se pueden. ¿Las corregiremos en un futuro próximo? Sí, indudablemente las corregiremos. No puede haber ninguna duda al respecto.

Pienso que los departamentos políticos de las estaciones de máquinas y tractores y de los sovjoses constituyen uno de los medios decisivos con cuya ayuda será posible eliminar estas deficiencias en el plazo más breve. (Estruendosos y prolongados aplausos.)

“Verdad” nº 17

17 de enero de 1933.