26 de enero de 1934.

## I. La persistente crisis del capitalismo mundial y la situación internacional de la Unión Soviética.

Camaradas: Desde el XVI Congreso han pasado más de tres años. No es un período muy grande, pero por su contenido aventaja a cualquier otro. Creo que ninguno de los períodos del último decenio ha abundado tanto como éste en acontecimientos. En el aspecto económico, han sido estos años de persistente crisis económica mundial. La crisis no sólo ha afectado a la industria, sino también a la agricultura en su conjunto. La crisis no sólo ha hecho estragos en la esfera de la producción y del comercio. Se ha extendido también a la esfera del crédito y de la circulación monetaria, desbaratando las relaciones de crédito y de cambio establecidas entre los países. Si antes aun se discutía en una u otra parte si la crisis económica mundial era un hecho o no lo era, hoy no se discute ya, pues la existencia de la crisis y su acción devastadora son demasiado evidentes. Ahora se discute ya otro problema: si se puede o no salir de ella; y, si se puede, qué se debe hacer. En el aspecto político, han sido estos años de empeoramiento sucesivo de las relaciones, tanto entre los países capitalistas como en el interior de cada uno de ellos.

La guerra del Japón contra China y la ocupación, de Manchuria, que han agravado las relaciones en el Extremo Oriente; la victoria del fascismo en Alemania y el triunfo de la idea del desquite, que han agravado las relaciones en Europa; la retirada del Japón y Alemania de la Sociedad de Naciones, que ha dado un nuevo impulso a la carrera de los armamentos y a los preparativos de una guerra imperialista; la derrota del fascismo en España - nueva demostración de que la crisis revolucionaria está madurando y de que el fascismo dista mucho de ser eterno-: tales son los hechos fundamentales ocurridos en el período de que tratamos. No es de extrañar que el pacifismo burgués esté dando las últimas boqueadas y que las tendencias de desarme sean directa y descaradamente reemplazadas por tendencias de rearme y de incremento de los armamentos. Entre esta marejada de conmociones económicas y de catástrofes políticas y militares, la U.R.S.S. se levanta sola, como una roca, prosiguiendo su edificación socialista y su lucha por el mantenimiento de la paz. Si allí, en los países capitalistas, sigue haciendo estragos la crisis económica, en la U.R.S.S. continúa el ascenso, tanto en la industria como en la agricultura. Si allí, en los países capitalistas, se realizan febriles preparativos de una nueva guerra con vistas a un nuevo reparto del mundo y de las esferas de influencia, la U.R.S.S., en cambio, prosigue la lucha sistemática y tenaz contra el peligro de guerra, por la paz, sin que pueda decirse que sus esfuerzos en este terreno hayan sido completamente estériles. Tal es, en líneas generales, el panorama de la presente situación internacional. Pasemos a examinar los datos principales de la situación económica y política de los países capitalistas.

### 1. El curso de la crisis económica en los países capitalistas.

La actual crisis económica en los países capitalistas se diferencia de todas las crisis análogas, entre otras cosas, por ser más prolongada y persistente. Si en tiempos anteriores las crisis duraban uno o dos años, la crisis actual se prolonga ya más de cuatro, asolando año tras año la economía de los países capitalistas y absorbiéndole las grasas acumuladas en los años precedentes. No es de extrañar que ésta sea la más grave de todas las crisis conocidas. ¿A qué se debe este carácter inusitadamente persistente de la crisis industrial de nuestros días? Se debe, ante todo, a que la crisis industrial se ha extendido a todos los países capitalistas, sin excepción, dificultando que unos puedan maniobrar a expensas de otros. Se debe, en segundo lugar, a que la crisis industrial se ha entrelazado con la crisis agraria, que ha afectado a todos los países agrarios y semiagrarios, sin excepción, lo que no podía dejar de complicar y de ahondar la crisis industrial. Se debe, en tercer lugar, a que la crisis agraria se ha intensificado durante este período y se ha extendido a todas las ramas de la agricultura, incluida la ganadería, llevándola hasta la degradación, hasta tener que emplear el trabajo manual en vez de las

máquinas, hasta sustituir el tractor por el caballo, hasta tener que reducir sensiblemente el empleo de los abonos artificiales y, a veces, dejar de utilizarlos por completo, lo que ha prolongado todavía más la crisis industrial. Se debe, en cuarto lugar, a que los cárteles monopolistas, que dominan en la industria, procuran mantener altos los precios de las mercancías, circunstancia que hace la crisis singularmente dolorosa e impide la reabsorción de las reservas de mercancías. Se debe, por último -y esto es lo fundamental-, a que la crisis en la industria se ha desencadenado en las condiciones de la crisis general del capitalismo, cuando el capitalismo no tiene ya ni puede tener en los Estados más importantes ni en las colonias y países dependientes la fuerza y la solidez que tuvo antes de la guerra y de la Revolución de Octubre; cuando la industria de los países capitalistas ha heredado de la guerra imperialista, como un fenómeno crónico, la utilización incompleta de las empresas y ejércitos de millones de parados, de los que no está ya en condiciones de desembarazarse.

Tales son las circunstancias que han determinado el carácter en extremo persistente de la crisis industrial de nuestros días. A estas mismas circunstancias obedece también que la crisis no se haya circunscrito a la esfera de la producción y del comercio y se haya extendido, además, al sistema de créditos, al cambio, a la esfera de las deudas, etc., destrozando las relaciones tradicionales, tanto entre los diferentes países como entre los grupos sociales dentro de cada país. La baja de los precios de las mercancías ha desempeñado en esto un gran papel. A pesar de la resistencia de los cárteles monopolistas, la baja de los precios se ha acelerado con fuerza incontenible, siendo de notar que, ante todo y sobre todo, han bajado los precios de las mercancías de los propietarios no organizados -campesinos, artesanos, pequeños capitalistas-, y sólo gradualmente y en escala menor los precios de las mercancías de los propietarios organizados, de los capitalistas unificados en cárteles. La baja de los precios ha hecho insoportable la situación de los deudores (industriales, artesanos, campesinos, etc.).

Los acreedores, por el contrario, se han visto en una situación más privilegiada que nunca. Tal estado de cosas debía conducir y en efecto ha conducido, a la quiebra de gran número de casas y de capitalistas. Debido a ello, en los últimos tres años se han hundido decenas de miles de sociedades anónimas en los EE.UU., en Alemania, en Inglaterra y en Francia. A las quiebras de sociedades anónimas ha seguido la depreciación de la moneda, cosa que ha aliviado un tanto la situación de los deudores. Tras la depreciación de la moneda, la suspensión de pagos - legalizada oficialmente- de las deudas exteriores e interiores. La quiebra de Bancos como el Banco de Darmstadt y el Banco de Dresde en Alemania, el Kreditanstalt en Austria y de consorcios como el de Kreuger en Suecia, el Insul-Concern en los EE.UU., etc., es de todos conocida. Se comprende que a estos fenómenos, que han resquebrajado los cimientos del sistema de créditos, debía seguir, y efectivamente ha seguido, la suspensión del pago de los créditos y de los empréstitos extranjeros, la suspensión del pago de las deudas interaliadas, la paralización de las exportaciones de capital, una nueva reducción del comercio exterior y de las exportaciones de mercancías, la intensificación de la lucha por los mercados exteriores, la guerra comercial entre los países y el dumping.

Sí, camaradas, el dumping. No me refiero al supuesto dumping soviético, acerca del cual hace aún poco vociferaban hasta desgañitarse ciertos honorables diputados de honorables parlamentos de Europa y de América. Me refiero al dumping verdadero, practicado ahora por casi todos los países “civilizados”, cosa que silencian prudentemente esos intrépidos y honorables diputados. Se comprende también que estos fenómenos destructivos que acompañan a la crisis industrial, fenómenos que ocurren fuera de la esfera de la producción, no han podido, a su vez, dejar de influir en el curso de la crisis industrial, ahondándola y complicándola. Tal es, en líneas generales, el panorama del curso de la crisis industrial. He aquí algunas cifras, procedentes de fuentes oficiales, que ilustran el curso de la crisis industrial durante el período a que nos referimos:

Volumen de la producción industrial en tantos por 100 con relación a 1929

1929 1930 1931 1932 1933 U.R.S.S. 129,7 161,9 184,7 201,6 EE.UU. 80,7 68,1 53,8 64,9 Inglaterra 92,4 83,8 83,8 86,1 Alemania 88,3 71,7 59,8 66,8 Francia 100,7 89,2 69,1 77,4

El cuadro, como veis, es bien elocuente. Al mismo tiempo que la producción industrial de los principales países capitalistas bajaba año a año, respecto al nivel de 1929, comenzando a reponerse un tanto únicamente en 1933, aunque sin alcanzar, ni mucho menos, el nivel de 1929, la industria de la U.R.S.S. se ha incrementado de año en año, siguiendo un proceso de ascenso ininterrumpido. Al mismo tiempo que en la industria de los principales países capitalistas se observa hacia fines de 1933 una reducción del volumen de la producción en un promedio de un 25%, y más aún, contra el nivel de 1929, la industria de la U.R.S.S. se ha incrementado en ese tiempo en más del doble, es decir, en más de un 100%. (Aplausos.)

A juzgar por el cuadro citado, podría parecer que, de los cuatro países capitalistas, es Inglaterra el que se encuentra en situación más favorable. Pero no es del todo cierto, Si tomamos la industria de dichos países y la comparamos con el nivel de anteguerra, el panorama resultará algo distinto. He aquí el cuadro correspondiente:

Volumen de la producción industrial en tantos por 100 con relación al nivel de anteguerra

1913 1929 1930 1931 1932 1933 U.R.S.S. 194,3 252,1 314,7 359,0 391, 9 EE.UU. 170.2 137,3 115,9 91,4 110,2 Inglaterra 99,1 91,5 83,0 82,5 85,2 Alemania 113,0 99,8 81,0 67,6 75,4 Francia 139,0 140,0 124,0 96,1 107,6

Como veis, la industria de Inglaterra y de Alemania no ha alcanzado aún el nivel de ante guerra, mientras que los EE.UU. y Francia han superado dicho nivel en un reducido tanto por ciento, y la U.R.S.S. ha elevado, ha aumentado su producción industrial en ese período, respecto al nivel de anteguerra, en más de un 290%. (Aplausos.) Pero de los cuadros dimana aún otra conclusión. La industria de los principales países capitalistas - que ha ido descendiendo sin cesar a partir de 1930 y especialmente desde 1931, llegando en 1932 a su punto más bajo- en 1933 ha comenzado a reponerse un tanto y ascender. Los datos mensuales de 1932 y 1933 confirman más aún esta conclusión, ya que en ellos se ve que la industria de estos países, a pesar de que su producción oscila en 1933, no ha revelado la tendencia a llevar dicha oscilación hasta el punto más bajo, al que se llegó en el verano de 1932. ¿Qué significa esto? Significa que la industria de los principales países capitalistas ha pasado ya, por lo visto, el punto más bajo de descenso, al cual no ha vuelto ya en el transcurso de 1933.

Hay quien se siente inclinado a atribuir este fenómeno a la influencia de factores exclusivamente artificiales, como la coyuntura de inflación belicista. No cabe duda de que la coyuntura de inflación belicista desempeña un papel no desdeñable. Lo dicho es sobre todo cierto con respecto al Japón, donde este factor artificial es la fuerza básica y decisiva de cierta reanimación en determinadas ramas de la industria, principalmente en la industria de guerra. Pero sería un burdo error suponer que todo se debe a la coyuntura de inflación belicista. Eso sería erróneo, aunque sólo fuese por el simple hecho de que los progresos de la industria, que acabo de examinar, se observan no en unas u otras zonas al azar, sino en todos o en casi todos los países industriales, incluso en los de moneda firme. Por lo visto, al lado de la coyuntura de inflación belicista, en este caso se deja sentir también la acción de las fuerzas económicas internas del capitalismo.

El capitalismo ha logrado aliviar un tanto la situación de la industria a expensas de los obreros, explotándolos en mayor grado mediante la intensificación de su trabajo; a expensas de los agricultores, aplicando la política de baja máxima de los precios del producto de su trabajo, de los artículos alimenticios y, en parte, de las materias primas; a expensas de los campesinos de las colonias y de los países económicamente débiles, bajando aun más los precios del producto de su trabajo, principalmente de las materias primas y luego de los productos alimenticios. ¿Significa esto que nos hallamos ante el paso de la crisis a la depresión habitual, que lleva tras de sí un nuevo ascenso y un nuevo florecimiento de la industria? No, de ningún modo. En todo caso, no hay actualmente indicios, directos o indirectos, de que vaya a producirse un ascenso de la industria en los países capitalistas. Más aún: todo evidencia que no puede haber tales indicios, por lo menos en un futuro próximo. No puede haberlos, ya que continúan ejerciendo su acción las condiciones desfavorables que impiden a la industria de los países capitalistas lograr un nuevo ascenso de alguna consideración. Se trata de la crisis general del capitalismo, que continúa y dentro de la cual tiene lugar la crisis económica; de la utilización incompleta crónica de las empresas; del paro crónico en masa y del entrelazamiento de la crisis industrial con la crisis agraria; se trata de que no existe la tendencia a una renovación más o menos seria del capital fijo, renovación que es la precursora habitual de un nuevo ascenso, etc., etc. Es evidente que asistimos a la transición del punto de mayor descenso de la industria, del punto más profundo de la crisis industrial, a la depresión, pero no a una depresión corriente, sino de un género especial, que no lleva a un nuevo auge ni a la prosperidad de la industria, pero que tampoco le hace regresar al punto más bajo.

### 2. Agravación de la situación política en los países capitalistas.

Resultado de la crisis económica persistente es el inusitado empeoramiento de la situación política, de los países capitalistas, tanto en el interior de cada uno de ellos como entre unos y otros. La intensificación de la lucha por los mercados exteriores, la eliminación de los últimos vestigios del comercio libre, los aranceles prohibitivos, la guerra comercial, la guerra de las divisas, el dumping y otras, muchas medidas análogas, demostrativas de un nacionalismo extremo en la política económica, han exacerbado al máximo las relaciones entre los países, han preparado el terreno para colisiones militares y puesto al orden del día la guerra, como medio para proceder a un nuevo reparto del mundo y de las esferas de influencia en favor de los Estados más fuertes.

La guerra del Japón contra China, la ocupación de Manchuria, la retirada del Japón de la Sociedad de Naciones y la invasión del Norte de China han agravado todavía más la situación. El recrudecimiento de la lucha por el Pacífico y la carrera de armamentos navales en el Japón, EE.UU., Inglaterra y Francia son resultado de esta agravación. La retirada de Alemania de la Sociedad de Naciones y el fantasma del desquite han dado un nuevo impulso al empeoramiento de la situación y a la carrera de los armamentos en Europa. Nada tiene de extraño que el pacifismo burgués arrastre hoy una existencia lastimosa y que la faramalla sobre el desarme ceda el puesto a conversaciones “prácticas” sobre el rearme y el incremento de los armamentos. Como en 1914, salen nuevamente al primer plano los partidos del imperialismo guerrerista, los partidos de la guerra y la revancha. Las cosas marchan, evidentemente, hacia una nueva guerra. La acción de estos mismos factores agudiza aun más la situación interior de los países capitalistas. Los cuatro años de crisis industrial han extenuado a la clase obrera, llevándola a la desesperación. Los cuatro años de crisis agraria han arruinado por completo a los sectores pobres del campo, no sólo en los principales países capitalistas, sino también -y de una manera especial- en los países dependientes y en las colonias.

Es un hecho que, a pesar de las numerosas artimañas estadísticas para ocultar las verdaderas proporciones del paro, el número de los desocupados llega, según datos oficiales de instituciones burguesas, a unos 3.000.000 en Inglaterra, a 5.000.000 en Alemania y a 10.000.000 en los EE.UU., sin hablar ya de otros países de Europa. Agregad a esto los obreros en paro parcial, que pasan de 10.000.000; añadid los millones de campesinos arruinados, y obtendréis un cuadro aproximado de la miseria y la desesperación de las masas trabajadoras. Las masas populares no han llegado aún al punto de lanzarse al asalto contra el capitalismo, pero difícilmente puede dudarse de que la idea del asalto madura en su conciencia. Lo atestiguan elocuentemente hechos como la revolución española, que ha derrocado el régimen del fascismo, y el aumento de las regiones soviéticas en China, que la contrarrevolución de la burguesía china, coligada con la extranjera, es incapaz de contener. A esto precisamente se debe que las clases dominantes de los países capitalistas supriman o reduzcan a la nada con todo empeño los últimos vestigios del parlamentarismo y de la democracia burguesa, que pueden ser aprovechados por la clase obrera en su lucha contra los opresores; lancen a la ilegalidad a los Partidos Comunistas y recurran a métodos de terror abiertos para mantener su dictadura.

El chovinismo y la preparación de la guerra, como elementos principales de la política exterior; el amordazamiento de la clase obrera y el terror en la política interior, como medio indispensable para fortalecer la retaguardia de los futuros frentes militares: esto es a lo que ahora se entregan, sobre todo, los políticos imperialistas. No es de extrañar que el fascismo sea hoy la mercancía más en boga entre los belicosos políticos burgueses. No me refiero solamente al fascismo en general, sino, ante todo, al fascismo de tipo alemán, que se titula falsamente nacional-socialismo, cuando ni con el examen más prolijo es posible descubrir en él un átomo de socialismo. A este respecto, la victoria del fascismo en Alemania no sólo debe ser considerada como un síntoma de la debilidad de la clase obrera y como una consecuencia de las traiciones cometidas contra la clase obrera por la socialdemocracia, que ha despejado el camino al fascismo. Debe ser considerada, también como un indicio de la debilidad de la burguesía, como un síntoma de que la burguesía no está ya en condiciones de dominar por los viejos métodos del parlamentarismo y de la democracia burguesa, en vista de lo cual se ve obligada a recurrir, en la política interior, a los métodos terroristas de gobierno; como un síntoma de que ya no está en condiciones de hallar una salida a la situación presente sobre la base de una política exterior de paz, en vista de la cual se ve forzada a recurrir a la política de guerra.

Tal es la situación. Veis, pues, que las cosas marchan hacia una nueva guerra imperialista como salida de la situación actual. Claro está que no hay razón para suponer que la guerra puede proporcionar una salida efectiva. Al contrario, la guerra ha de complicar aún más la situación. Es más: desencadenará con seguridad la revolución y pondrá en peligro la existencia misma del capitalismo en varios países, como ocurrió en la primera guerra imperialista. Y si, a pesar de la experiencia de la primera guerra imperialista, los políticos burgueses se aferran a la guerra, como quien se agarra a un clavo ardiendo, significa que han perdido definitivamente la cabeza, que se hallan metidos en un callejón sin salida y que están prontos a precipitarse en el abismo. Por esta razón, no estará de más que examinemos brevemente los planes de organización de la guerra que se incuban actualmente en los medios políticos burgueses. Unos creen que hay que organizar la guerra contra una de las grandes potencias. Piensan infligirle una derrota aniquiladora y enderezar sus negocios a expensas de ella. Admitamos que se logre organizar semejante guerra. ¿Qué puede resultar de ello?

Como sabéis, durante la primera guerra imperialista también querían aniquilar a una de las grandes potencias, Alemania, y lucrarse a costa suya. ¿Y qué ocurrió? Alemania no fue aniquilada, pero sembraron en ella tal odio contra los vencedores y crearon un terreno tan abonado para el desquite, que no han podido aún -ni es fácil que puedan pronto- comerse la repugnante bazofia que ellos mismos prepararon. En cambio, se encontraron con el aniquilamiento del capitalismo en Rusia, el triunfo de la revolución proletaria en Rusia y, naturalmente, la Unión Soviética. ¿Qué garantías hay de que la segunda guerra imperialista pueda darles “mejores” resultados que la primera? ¿No sería más acertado suponer lo contrario? Otros creen que hay que organizar la guerra contra un país débil desde el punto de vista militar, pero vasto como mercado, por ejemplo, contra China, a la que, según resulta, no puede llamarse Estado en el sentido estricto de la palabra, pues constituye tan sólo un “territorio no organizado”, que necesita ser ocupado por los países fuertes. Por lo visto, quieren repartirse definitivamente ese país y sanear los negocios a expensas de él. Admitamos que se logre organizar semejante guerra. ¿Qué puede resultar de ello? Es sabido que, a principios del siglo XIX, Italia y Alemania eran consideradas exactamente como lo es en actualidad China, es decir, como “territorios no organizados”, y no como Estados, y se las sojuzgaba.

¿Y qué resultó de ello? Resultaron, como se sabe, las guerras de Alemania e Italia por su independencia y la unificación de estos países en Estados independientes. Resultó la intensificación del odio en el corazón de los pueblos de dichos países contra sus esclavizadores, odio cuyas consecuencias no han sido liquidadas aún y que difícilmente se liquidarán pronto. Y uno se pregunta: ¿qué garantía hay de que no vaya a ocurrir lo mismo en la guerra de los imperialistas contra China? Hay un tercer grupo que cree que la guerra debe ser organizada por una “raza superior”, por ejemplo, la “raza” alemana, contra una “raza inferior”, ante todo contra la eslava; que sólo una guerra de esta índole puede proporcionar una salida a la situación, puesto que la “raza superior” está llamada a fecundar la “inferior” y dominada. Admitamos que esta extraña teoría, tan distante de la ciencia como el cielo de la tierra, es puesta en práctica. ¿Qué resultaría de ello? Es sabido que la antigua Roma consideraba a los antecesores de los actuales alemanes y franceses lo mismo que los representantes de la “raza superior” consideran hoy a los pueblos eslavos. Es sabido que la antigua Roma los tildaba de “raza inferior”, de “bárbaros” predestinados a verse eternamente sometidos a la “raza superior”, a la “gran Roma”.

Por cierto, la antigua Roma tenía, dicho sea entre nosotros, cierta razón para pensar así, cosa que no puede decirse de los representantes de la actual “raza superior”. (Aplausos atronadores.) ¿Y qué resultó de ello? Resultó que los no romanos, es decir, todos los “bárbaros”, se unieron contra el enemigo común y derrumbaron estruendosamente a Roma. Uno se pregunta: ¿qué garantía hay de que las pretensiones de los representantes de la “raza superior” actual no vayan a conducir a los mismos resultados deplorables para ellos? ¿Qué garantía hay de que los políticos literario-fascistas de Berlín vayan a correr mejor suerte que los viejos y probados conquistadores romanos? ¿No será más acertado suponer lo contrario? Por último, un cuarto grupo estima que se debe organizar la guerra contra la U.R.S.S. Piensan derrotar a la U.R.S.S., repartirse sus territorios y enriquecerse a su costa. Sería erróneo suponer que esto sólo lo piensan algunas esferas militares del Japón. Sabemos que planes análogos se incuban en las esferas políticas dirigentes de algunos Estados de Europa. Supongamos que estos señores pasasen de las palabras a los hechos. ¿Qué podría resultar de ello? Difícilmente puede dudarse de que ésta sería la guerra más peligrosa para la burguesía. Sería la más peligrosa, no sólo porque los pueblos de la U.R.S.S. lucharían a muerte por las conquistas de la revolución.

Sería también la más peligrosa para la burguesía, porque la guerra se haría no sólo en los frentes de batalla, sino también en la retaguardia del enemigo. La burguesía puede estar segura de que los numerosos amigos de la clase obrera de la U.R.S.S. en Europa y en Asia procurarían asestar golpes en la retaguardia a sus opresores, si éstos se atreviesen a desencadenar una criminal guerra contra la patria de la clase obrera de todos los países. Y los señores burgueses no tendrían derecho a quejarse de nosotros si al día siguiente de haber empezado esta guerra se encontrasen con que ya no existían algunos de sus amados gobiernos, que hoy reinan tranquilamente “por la gracia de Dios”. (Aplausos atronadores.) Recordaréis que hace quince años hubo ya una guerra semejante contra la U.R.S.S. Sabéis que el honorable Churchill definió aquella guerra con una fórmula poética: “la expedición de los catorce Estados”. Recordaréis, como es natural, que esta guerra agrupó a todos los trabajadores de nuestro país en un campo único de combatientes abnegados, que defendieron con su pecho la patria obrera y campesina contra los enemigos del exterior. Ya sabéis cómo terminó la guerra. Terminó en nuestro país con la expulsión de los intervencionistas y en Europa, con la creación de “Comités de Acción” revolucionarios. Apenas si puede dudarse de que una segunda guerra contra la U.R.S.S. conduciría a la completa derrota de los agresores, a la revolución en varios países de Europa y Asia y al derrocamiento de

los gobiernos burgueses-terratenientes de dichos países. Tales son los planes militares de los políticos burgueses, que se han metido en un callejón sin salida. Como veis, no brillan por su inteligencia ni por su valor. (Aplausos.) Ahora bien, si la burguesía opta por el camino de la guerra, la clase obrera de los países capitalistas, llevada a la desesperación por cuatro años de crisis y de paro, toma, en cambio, el camino de la revolución. Esto significa que madura y seguirá madurando la crisis revolucionaria. Y la crisis revolucionaria continuará agudizándose con tanta mayor rapidez, cuanto más se enrede la burguesía en sus combinaciones de guerra, cuanto más frecuentemente recurra a los métodos terroristas de lucha contra la clase obrera y contra los campesinos trabajadores. Algunos camaradas piensan que, si existe una crisis revolucionaria, la burguesía ha de caer inevitablemente en una situación sin salida, y que, por lo tanto, su fin está ya predeterminado, con lo que el triunfo de la revolución es cosa segura y ellos sólo deben aguardar la caída de la burguesía y escribir resoluciones triunfales. Este es un profundo error. El triunfo de la revolución jamás llega por sí solo. Es necesario prepararlo y conquistarlo. Y eso sólo puede hacerlo un fuerte partido revolucionario del proletariado. Hay momentos en que la situación es revolucionaria, el Poder de la burguesía se tambalea hasta los cimientos, y, no obstante, el triunfo de la revolución no llega, porque no existe un partido revolucionario del proletariado lo suficientemente fuerte y prestigioso para conducir tras de sí a las masas y tomar el Poder en sus manos. Sería insensato creer que semejantes “casos” no pueden darse.

No estará de más recordar, a este propósito, las palabras proféticas de Lenin sobre la crisis revolucionaria, pronunciadas en el II Congreso de la Internacional Comunista: “Llegamos ahora a la cuestión de la crisis revolucionaria como base de nuestra acción revolucionaria. Aquí es necesario, ante todo, hacer notar dos errores muy extendidos. De una parte, los economistas burgueses presentan esta crisis como una simple “inquietud”, según la elegante expresión de los ingleses. Por otra parte, los revolucionarios tratan a veces de demostrar que la crisis no tiene ninguna salida. Esto es un error. No existen situaciones absolutamente sin salida. La burguesía se comporta como una fiera envalentonada y que ha perdido la cabeza; comete una tontería tras otra, agravando la situación, acelerando su catástrofe. Todo esto es cierto. Pero no puede “probarse” que esté descartada en absoluto la posibilidad de que adormezca a una cierta minoría de explotados, mediante algunas concesiones de poca monta, de que reprima tal o cual movimiento o insurrección de tal o cual parte de los oprimidos y explotados. Intentar “probar” por adelantado la falta “absoluta” de salida, sería una pedantería huera o un juego de conceptos y de palabras. La verdadera “prueba”, en ésta y en otras cuestiones semejantes, puede ser tan sólo la práctica. El régimen burgués atraviesa en el mundo entero la más grande crisis revolucionaria. Los partidos revolucionarios deben “probar” ahora con su trabajo práctico que poseen suficiente conciencia, organización, vínculos con las masas explotadas, decisión y capacidad para aprovechar esta crisis para una revolución triunfante, victoriosa” (Lenin, t. XXV, págs. 340- 34174).

### 3. Las relaciones entre la U.R.S.S. y los estados capitalistas.

No cuesta gran trabajo comprender hasta qué punto ha sido difícil para la U.R.S.S. aplicar su política de paz en esta atmósfera, envenenada por los miasmas de combinaciones de guerra. En medio de este alboroto prebélico, extendido a varios países, la U.R.S.S. ha permanecido durante estos años firme e inquebrantable en sus posiciones de paz, luchando contra el peligro de guerra, luchando por la conservación de la paz, tendiendo la mano a los países que están de una u otra manera en favor del mantenimiento de la paz, desenmascarando y denunciando a los que preparan, a los que provocan la guerra. ¿Con qué ha contado la U.R.S.S. en esta difícil y compleja lucha por la paz? a) Con su creciente poderío económico y político. b) Con el apoyo moral de la clase obrera, de los millones de obreros de todos los países, vitalmente interesados en la conservación de la paz. c) Con la sensatez de aquellos países que, por unas u otras razones, no están interesados en alterar la paz y quieren desarrollar relaciones comerciales con un contratante tan solvente como la U.R.S.S. d) Por último, con nuestro glorioso ejército, dispuesto a defender el país contra las arremetidas del exterior. Sobre esta base surgió nuestra campaña por la firma, con los Estados vecinos, de pactos de no agresión y pactos de definición de la agresión. Sabéis que esta campaña ha tenido éxito. Como es notorio, no sólo hemos concertado pactos de no agresión con la mayoría de nuestros Estados vecinos en el Occidente y en el Sur, incluidas Finlandia y Polonia, sino también con países como Francia e Italia, y pactos de definición de la agresión con esos mismos países vecinos, incluida la Pequeña Entente. Sobre esta misma base se ha robustecido la amistad entre la U.R.S.S. y Turquía, han mejorado y se han hecho indiscutiblemente satisfactorias las

relaciones entre la U.R.S.S. e Italia, han mejorado las relaciones con Francia, con Polonia y otros Estados del Báltico, se han restablecido las relaciones con los EE.UU., con China, etc. De la serie de hechos que reflejan los éxitos de la política de paz de la U.R.S.S., cabe señalar y destacar dos, indiscutiblemente de gran importancia. 1) Me refiero, en primer lugar, al viraje favorable en las relaciones entre la U.R.S.S. y Polonia, y entre la U.R.S.S. y Francia, viraje operado en estos últimos tiempos. Como es sabido, antes, nuestras relaciones con Polonia no eran nada buenas. En Polonia asesinaban a los representantes de nuestro país. Polonia se consideraba como una barrera de los Estados del Occidente contra la U.R.S.S. Con Polonia contaban los imperialistas de todos los pelajes, como con un destacamento de vanguardia, en caso de un ataque militar contra la U.R.S.S. No andaban mejor las relaciones entre la U.R.S.S. y Francia. Basta recordar algunos hechos de la historia del proceso contra el grupo de saboteadores de Ramzin, en Moscú, para restablecer en la memoria el aspecto que ofrecían las relaciones entre la U.R.S.S. y Francia. Pues bien, estas relaciones no gratas comienzan gradualmente a desaparecer. Son sustituidas por otras relaciones, que no pueden ser llamadas sino relaciones de acercamiento. No se trata tan sólo de que hayamos firmado pactos de no agresión con estos países, aunque los pactos tienen de por sí una gran importancia.

Se trata, ante todo, de que la atmósfera, cargada de desconfianza mutua, comienza a disiparse. Esto no significa, naturalmente, que el proceso de acercamiento, que ya se perfila, pueda ser estimado bastante sólido y capaz de asegurar el éxito final de la empresa. No se puede aún, ni mucho menos, considerar descartada la posibilidad de sorpresas y zigzags en la política de Polonia, por ejemplo, donde el antisovietismo es todavía fuerte. Pero el cambio en el sentido de un mejoramiento de nuestras relaciones, prescindiendo de sus resultados en el futuro, es un hecho que merece ser señalado y destacado como un factor del mejoramiento de la causa de la paz. ¿Cuál es la razón de este cambio y qué lo estimula? Ante todo, el aumento de la fuerza y de la potencia de la U.R.S.S. En nuestros tiempos no se acostumbra a tener en cuenta a los débiles; se tiene en cuenta únicamente a los fuertes. Y, luego, estimulan el cambio ciertas modificaciones de la política de Alemania, que reflejan la exacerbación de los sentimientos de revancha y de las aspiraciones imperialistas de este país. Algunos políticos alemanes dicen, con este motivo, que la U.R.S.S. se orienta actualmente hacia Francia y Polonia, que la U.R.S.S. se ha transformado, de adversaria del Tratado de Versalles, en partidaria de él; que este cambio obedece a la instauración del régimen fascista en Alemania.

Esto no es cierto. Naturalmente, está muy lejos de entusiasmarnos el régimen fascista de Alemania. Pero no se trata aquí del fascismo, por la sencilla razón de que el fascismo en Italia, por ejemplo, no ha impedido a la U.R.S.S. establecer las mejores relaciones con dicho país. Tampoco se trata de supuestos cambios en nuestra actitud frente al Tratado de Versalles. No nos corresponde a nosotros, que hemos sufrido la vergüenza de la paz de Brest- Litovsk, cantar loas al Tratado de Versalles. Lo único que ocurre es que no estamos de acuerdo con que el mundo sea lanzado al abismo de una nueva guerra, a causa de este Tratado. Lo mismo debe decirse del supuesto cambio de orientación de la U.R.S.S. No hemos tenido una orientación hacia Alemania, como tampoco tenemos una orientación hacia Polonia y Francia. Nos hemos orientado antes y nos orientamos ahora hacia la U.R.S.S., y solamente hacia la U.R.S.S. (Clamorosos aplausos.) Y si los intereses de la U.R.S.S. exigen el acercamiento a tal o cual país que no quiere violar la paz, vamos hacia este acercamiento sin vacilaciones. No, no se trata de esto. Se trata del cambio de la política de Alemania.

Se trata de que ya antes del advenimiento de los actuales políticos alemanes al Poder, y sobre todo después, comenzó en Alemania una lucha entre dos líneas políticas: entre la vieja política, reflejada en conocidos tratados entre la U.R.S.S. y Alemania, y la “nueva” política, que, en lo fundamental, recuerda la política del ex káiser alemán, que ocupó en tiempos Ucrania y emprendió una campaña contra Leningrado, convirtiendo para ello a los países bálticos en una plaza de armas. Esa “nueva” política va prevaleciendo de manera evidente sobre la vieja. No puede considerarse una casualidad que la gente de la “nueva” política vaya prevaleciendo en todo y que los partidarios de la vieja política caigan en desgracia. Tampoco son casuales las conocidas manifestaciones de Hugenberg en Londres, como tampoco son fortuitas las no menos conocidas declaraciones de Rosenberg, dirigente de la política exterior del partido gobernante de Alemania. De esto es de lo que se trata, camaradas. 2) Me refiero, en segundo lugar, al restablecimiento de relaciones normales entre la U.R.S.S. y los Estados Unidos del Norte de América. Es indudable que este acto tiene una gran importancia en todo el sistema de las relaciones internacionales. No sólo porque este acto aumenta las probabilidades del mantenimiento de la paz, mejora las relaciones entre ambos países, fortalece las relaciones comerciales entre ellos y crea la base de una colaboración mutua. Es que establece una divisoria entre la vieja situación, en que los EE.UU. eran considerados en los diferentes países como el

baluarte de las tendencias antisoviéticas de toda clase, y la nueva, en que este baluarte es retirado voluntariamente del camino, en beneficio mutuo de ambos países. Tales son los dos hechos fundamentales que reflejan los éxitos de la política soviética de paz. Sería erróneo, sin embargo, suponer que todo ha ido sobre ruedas en el período del que rendimos cuenta. No todo, ni mucho menos. Recordad, aunque sólo sea, la presión de Inglaterra, el embargo de nuestra exportación, la tentativa de inmiscuirse en nuestros asuntos privados, para sondearnos, para probar la fuerza de nuestra resistencia. Es cierto que de estos intentos no resultó nada y el embargo fue derogado; pero esas acciones hostiles han dejado un sabor desagradable, que se percibe aún en todo lo que se refiere a las relaciones entre Inglaterra y la U.R.S.S., incluso en las negociaciones para el tratado comercial. Estas acciones contra la U.R.S.S. no pueden ser consideradas como una casualidad. Es sabido que una parte de los conservadores ingleses no puede vivir sin esas acciones hostiles. Y precisamente porque no son casuales, debemos tener en cuenta que también en lo sucesivo seguirán atacando a la U.R.S.S., creando amenazas de todo género, causándole perjuicios, etc. Tampoco debemos olvidar las relaciones entre la U.R.S.S. y el Japón, relaciones que necesitan un serio mejoramiento. La negativa del Japón a firmar el pacto de no agresión, que el Japón no necesita menos que la U.R.S.S., subraya una vez más que no todo anda bien en la esfera de nuestras relaciones. Lo mismo debemos decir respecto a la suspensión de las negociaciones acerca del Ferrocarril del Este de China, de lo cual no es culpable la U.R.S.S.; lo mismo puede decirse del hecho de que los agentes japoneses realicen actos intolerables en el Ferrocarril del Este de China, practiquen detenciones arbitrarias de empleados soviéticos, etc.

Y no hablo ya de la actitud de una parte de los militares del Japón, que preconiza públicamente en la prensa la necesidad de una guerra contra la U.R.S.S. y la anexión de Primorie, contando con la aprobación manifiesta de la otra parte de los militares, en tanto que el gobierno japonés, en vez de llamar al orden a los instigadores de guerra, hace como si esto no le concerniera. No es difícil comprender que estas circunstancias no pueden por menos de crear una atmósfera de intranquilidad y de incertidumbre. Nosotros, naturalmente, seguiremos aplicando con perseverancia una política de paz y procuraremos el mejoramiento de las relaciones con el Japón, porque queremos mejorar estas relaciones. Pero no todo depende de nosotros. Por eso debemos tomar, al mismo tiempo, todas las medidas necesarias para poner a nuestro país a cubierto de toda sorpresa y estar prestos a defenderlo de cualquier ataque. (Clamorosos aplausos.) Como veis, paralelamente a los éxitos de nuestra política de paz, tenemos también una serie de fenómenos negativos. Tal es la situación exterior de la U.R.S.S. Nuestra política exterior es clara. Es una política de conservación de la paz y de intensificación de las relaciones comerciales con todos los países. La U.R.S.S. no piensa amenazar ni -mucho menos- atacar a nadie. Estamos por la paz y defendemos la causa de la paz. Pero no tememos las amenazas y estamos dispuestos a devolver golpe por golpe a los provocadores de guerra. (Clamorosos aplausos.) Todo el que quiera la paz y procure establecer relaciones económicas con nosotros, encontrará siempre nuestro apoyo. Y los que intenten atacar a nuestro país, recibirán una réplica tan demoledora, que en adelante les quite las ganas de volver a meter su hocico de puerco en nuestro jardín soviético. (Aplausos atronadores.) Tal es nuestra política exterior. (Aplausos atronadores.) Nuestra tarea consiste en seguir aplicando esta política con toda tenacidad y consecuencia.

## II. El continúo ascenso de la economía nacional y la situación interior de la U.R.S.S.

Pasaré a la situación interior de la U.R.S.S. A este respecto, el período de que tratamos nos ofrece el cuadro de un ascenso cada vez más amplio, tanto en el dominio de la economía nacional como en el de la cultura. Este ascenso no ha sido sólo una simple acumulación cuantitativa de fuerzas. Este ascenso es notable por haber introducido modificaciones de principio en la estructura de la U.R.S.S. y haber modificado esencialmente la fisonomía del país. La U.R.S.S. se ha transformado radicalmente en este período, se ha sacudido su envoltura de atraso y de medievalismo. De país agrario, se ha transformado en país industrial. De país de pequeñas haciendas agrícolas individuales, se ha transformado en un país de grandes haciendas agrícolas colectivas mecanizadas. De país atrasado, analfabeto e inculto, se ha transformado -más exactamente, se está transformando- en un país instruido y culto, cubierto por una inmensa red de escuelas superiores, secundarias y primarias, que enseñan en las lenguas de las diversas naciones de la U.R.S.S. Se han creado nuevas industrias: de máquinas- herramientas, del automóvil, de tractores, de productos químicos, de motores, de aviones, de segadoras-trilladoras, de poderosas turbinas y generadores, de aceros de alta calidad, de aleaciones de hierro, de caucho sintético, de nitrógeno, de fibra artificial, etc., etc. (Prolongados aplausos.) Se han construido y puesto en marcha en este período miles de nuevas empresas industriales del

tipo más moderno. Se han construido gigantes como la central hidroeléctrica del Dniéper, las fábricas de Magnitogorsk, Kuznietsk, Cheliábinsk, Bóbriki, de los Urales, Kramatorsk. Se han reconstruido miles de viejas fábricas, equipándolas con maquinaria moderna. Se han edificado nuevas fábricas y creado centros industriales en las repúblicas nacionales y en las regiones periféricas de la U.R.S.S.: en Bielorrusia, en Ucrania, en el Cáucaso del Norte, en la Transcaucasia, en el Asia Central, en el Kazajstán, en Buriato-Mongolia, en Tartaria, en Bashkiria, en los Urales, en la Siberia Oriental y en la Occidental, en el Extremo Oriente, etc. Se han organizado más de 200.000 koljóses y 5.000 sovjóses, con sus nuevas capitales de distrito y sus centros industriales. Se han levantado, casi en campo raso, nuevas grandes ciudades con población numerosa. Han crecido enormemente las viejas ciudades y los centros industriales. Se han echado las bases del combinado industrial Ural-Kuznietsk, uniendo el carbón de cok de Kuznietsk con el mineral de hierro de los Urales. De esta manera, se puede considerar que la nueva base metalúrgica en el Este ha dejado de ser un sueño para convertirse en realidad.

Se han asentado los cimientos de una nueva y potente base petrolera en las estribaciones occidentales y meridionales de los Urales: en la región del Ural, en Bashkiria y en el Kazajstán. Es evidente que las enormes inversiones del Estado para obras básicas en todas las ramas de la economía nacional, que en el período que nos ocupa se elevaron a más de 60.000.000.000 de rublos, no han sido hechas en vano y comienzan ya a dar sus frutos. Como consecuencia de estos éxitos, la renta nacional de la U.R.S.S. ha aumentado de 29.000.000.000 de rublos en 1929 a 50.000.000.000 en 1933, mientras que en todos los países capitalistas, sin excepción, se advierte un enorme descenso de la renta nacional en el mismo período. Claro es que todos estos progresos y todo este ascenso tenían que conducir y, efectivamente, han conducido a un mayor fortalecimiento de la situación interior de la Unión Soviética. ¿Cómo han podido producirse estos cambios formidables, en unos tres o cuatro años, en el territorio de un enorme Estado de técnica y cultura atrasadas? ¿No es esto un milagro? Lo sería, si el desarrollo se hubiera producido sobre la base del capitalismo y de la pequeña hacienda campesina individual.

Pero no puede llamarse milagro, si se tiene en cuenta que el desarrollo se ha producido en nuestro país sobre la base del desenvolvimiento de la edificación socialista. Se comprende que este gigantesco ascenso no podía desenvolverse más que sobre la base de la edificación eficaz del socialismo, sobre la base del trabajo social de decenas de millones de hombres, sobre la base de las ventajas del sistema económico socialista respecto al sistema capitalista y la hacienda campesina individual. No es, pues, de extrañar que el colosal ascenso de la economía y de la cultura de la U.R.S.S., en el período a que nos referimos, haya significado al mismo tiempo la liquidación de los elementos capitalistas y el desplazamiento de la hacienda campesina individual al último plano. Es un hecho que el peso relativo del sistema económico socialista en la industria representa actualmente el 99%, y en la agricultura, si se tiene presente la superficie de siembra de cereales, el 84,5%, mientras que a la hacienda campesina individual le corresponde tan sólo el 15,5%. Resulta que, en la U.R.S.S., la economía capitalista ha sido ya liquidada, y el sector campesino individual, desplazado a posiciones de segundo orden.

Lenin decía, al implantarse la Nep, que en nuestro país existían elementos de cinco estructuras económico-sociales: 1) la economía patriarcal (economía natural en grado considerable), 2) la pequeña producción mercantil (la mayoría de los campesinos que venden grano), 3) el capitalismo privado, 4) el capitalismo de Estado, 5) el socialismo. Lenin afirmaba que, de todas estas estructuras económico-sociales, la socialista era la que, al fin y a la postre, debía salir triunfante. Hoy podemos decir que la primera, la tercera y la cuarta estructuras económico-sociales no existen ya, la segunda ha sido desplazada a posiciones de segundo orden, y la quinta, la socialista, es la que predomina de una manera absoluta y es la única fuerza rectora en toda la economía nacional. (Clamorosos y prolongados aplausos.) Tal es el balance. Y en este balance reside la base de la solidez de la situación interior de la U.R.S.S., la base de la consistencia de sus posiciones de vanguardia y de retaguardia, dada la existencia del cerco capitalista. Pasemos ahora a examinar los datos concretos sobre las diversas cuestiones de la situación económica y política de la Unión Soviética.

### 1. El ascenso de la industria.

De todas las ramas de nuestra economía nacional, la industria es la que ha crecido con mayor rapidez. En el período de que rendimos cuenta, es decir, a partir de 1930, la industria ha crecido en más del doble, o sea, ha aumentado en un 101,6%, y en comparación con el nivel de anteguerra, casi se ha cuadruplicado, es decir, ha crecido en un 291,9%. Esto significa que la industrialización se ha desarrollado en nuestro país a toda marcha. El rápido incremento de la industrialización ha

hecho que la producción de la industria ocupe el puesto predominante en la producción global de la economía del país. He aquí el cuadro correspondiente:

Peso relativo de la industria en la producción global de la economía nacional en tantos por 100 (según precios de 1926-1927)

1913 1929 1930 1931 1932 1933 l. Industria (sin contar la pequeña industria) 42,1 54,6 61,6 66,7 70,7 70,4 2. Agricultura 57,9 45,5 38,4 33,3 29,3 29,6 Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0

Esto significa que nuestro país se ha convertido, sólida y definitivamente, en un país industrial. El aumento de la producción de instrumentos y medios de producción en el volumen general del desarrollo de la industria tiene un valor decisivo para la industrialización. Los datos del período a que nos venimos refiriendo demuestran que el peso relativo de este renglón ha ocupado, en el volumen general de la industria, un puesto predominante. He aquí el cuadro correspondiente:

Peso relativo de la producción de los dos grupos fundamentales de las ramas de la gran industria (según precios de 1926-1927)

Producción global (en miles de millones de rublos) 1929 1930 1931 1932 1933 Toda la gran industria 21,0 27,5 33,9 38,5 41,9 En particular: Grupo “A”. Instrumentos y medio de producción 10,2 14,5 18,8 22,0 24,3 Grupo “B”. Artículos de uso y consumo 10,8 13,0 15,1 16,5 17,6 Peso relativo (en tantos por 100) Grupo “A”. Instrumentos y medio de producción 48,5 52,6 55,4 57,0 58,0 Grupo “B”. Artículos de uso y consumo 51,5 47,4 44,6 43,0 42,0 Total 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0

El cuadro, como veis, no requiere ser explicado. La industria tiene en nuestro país, joven aún en el sentido técnico, una misión especial. No sólo debe reestructurarse a sí misma sobre una nueva base técnica, no sólo debe reestructurar todas las ramas de la industria, incluso la industria ligera, la de la alimentación, la forestal. Debe también reestructurar todos los tipos de transporte y todas las ramas de la agricultura. Ahora bien, sólo podrá cumplir esta misión si la industria de construcción de máquinas - palanca fundamental de la reestructuración de la economía nacional- ocupa dentro de ella un puesto predominante. Los datos del período de que rendimos cuenta demuestran que la construcción de máquinas ha conquistado un papel predominante en el volumen general de nuestra industria. He aquí el cuadro correspondiente:

Peso relativo de las distintas ramas de la industria con respecto al total de la producción global de la U.R.S.S. (en tantos por 100)

U.R.S.S. 1913 1929 1932 1933 Carbón de piedra 2,9 2,1 1,7 2,0 Cok 0,8 0,4 0,5 0,6 Extracción de petróleo 1,9 1,8 1,5 1,4 Transformación de petróleo. 2,3 2,5 2,9 2,6 Siderurgia no hay datos 4,5 3,7 4,0 Industria de metales no ferruginosos " 1,5 1,3 1,2 Construcción de máquinas 11,0 14,8 25,0 26,1 Industria química propiamente dicha 0,8 0,6 0,8 0,9 Tejidos de algodón 18,3 15,2 7,6 7,3 Tejidos de lana 3,1 3,1 1,9 1,8

Esto significa que nuestra industria Se desarrolla sobre una base sana y que la clave de la reestructuración -la construcción de máquinas- se halla por entero en nuestras manos. Pero es necesario utilizarla con habilidad y de un modo racional. El desarrollo de la industria por sectores sociales ofrece un cuadro interesante en el período de que rendimos cuenta. He aquí el cuadro correspondiente:

Producción global de la gran industria por sectores sociales (según precios de 1926-1927)

Producción global (en millones de rublos) 1929 1930 1931 1932 1933 Producción total 21.025 27.477 33.903 38.464 41.968 En particular: I. Industria socializada 20.891 27.402 no hay datos 38.436 41.940 Y en ella:

a) Industria del Estado 19.143 24.989 “ 35.587 38.932 b) Industria cooperativa 1.748 2.413 “ 2.849 3.008 II. Industria privada “

(en tantos por 100) Producción total En particular: I. Industria socializada 99,4 99,7 no hay datos 99,93 99,93 Y en ella:

a) Industria del Estado 91,1 90,9 " 92,52 92,76 b) Industria cooperativa 8,3 8,8 " 7,41 7,17 II. Industria privada 0,6 0,3 " 0,07 0,07

El cuadro evidencia que hemos acabado con los elementos capitalistas en la industria y que el sistema económico socialista es ahora único y exclusivo en nuestra industria. (Aplausos.) Pero de todos los progresos realizados por la industria en el período de que informamos, hay que considerar como el más importante el que en este tiempo ha sabido educar y forjar a miles de nuevos hombres, de nuevos dirigentes de la industria, capas enteras de nuevos ingenieros y peritos, centenares de miles de jóvenes obreros calificados, que han aprendido a dominar la nueva técnica y han impulsado adelante nuestra industria socialista. No puede caber duda de que, sin estos hombres, la industria no hubiera podido alcanzar los éxitos con

que actualmente cuenta y de los cuales se enorgullece con razón. Los datos dicen que, durante el período de que rendimos cuenta, la industria ha incorporado a la producción, gracias a las escuelas de aprendizaje fabril, cerca de 800.000 obreros más o menos calificados, y gracias a las escuelas técnicas superiores, a los centros de enseñanza superior y a las escuelas de peritaje, más de 180.000 ingenieros y peritos. Y si es verdad que el problema de los cuadros es el más importante para nuestro desarrollo, debe reconocerse que nuestra industria comienza a resolver seriamente este problema. Tales son los éxitos fundamentales de nuestra industria. Sin embargo, sería erróneo suponer que la industria no ha tenido más que éxitos. No. También adolece de defectos.

Los principales son: a) El persistente retraso de la siderurgia. b) Las deficiencias en la industria de metales no ferruginosos. c) La subestimación de la gran importancia que tiene el desarrollo de la extracción del carbón local en el balance general de combustibles del país (la región de Moscú, el Cáucaso, los Urales, Karagandá, el Asia Central, Siberia, el Extremo Oriente, el Territorio del Norte, etc.). d) Una atención insuficiente a la organización de una nueva base petrolera en las zonas del Ural, de Bashkiria, del Emba. e) Un cuidado insuficiente en el fomento de la producción de artículos de amplio consumo, tanto en la industria ligera y de la alimentación como en la industria maderera. f) Una atención insuficiente al fomento de la industria local. g) Una actitud absolutamente intolerable con respecto al mejoramiento de la calidad de la producción. h) El persistente retraso en la elevación de la productividad del trabajo, en la reducción del coste de producción, en la implantación del cálculo económico. i) La mala organización, no liquidada aún, del trabajo y de los salarios, la ausencia de responsabilidad personal en el trabajo, el igualitarismo en el sistema de los salarios. j) El método oficinesco y burocrático de dirección, que dista mucho de haber sido eliminado, en los Comisariados del Pueblo ligados a la economía y en sus organismos, incluso en los Comisariados del Pueblo de la Industria Ligera y de la Industria de la Alimentación. No creo preciso seguir esclareciendo la absoluta necesidad de liquidar con urgencia estos defectos. Como sabéis, la siderurgia y la industria de metales no ferruginosos no cumplieron su programa del primer plan quinquenal. Tampoco lo han cumplido en el primer año del segundo plan quinquenal. Si siguen retrasándose en lo sucesivo, pueden convertirse en un freno para la industria, en causa del incumplimiento de sus planes.

En cuanto a la creación de nuevas bases de la industria del carbón y del petróleo, no es difícil comprender que, de no llevar a cabo esta impostergable tarea, podemos hacer encallar la industria y el transporte. La cuestión de los artículos de amplio consumo y del desarrollo de la industria local, lo mismo que el mejoramiento de la calidad de la producción, la elevación de la productividad del trabajo, la reducción del coste de producción y la implantación del cálculo económico, son cuestiones que tampoco requieren ser esclarecidas. En cuanto a la mala organización del trabajo y de los salarios, así como en lo que concierne al método oficinesco y burocrático de dirección, los casos ocurridos en la cuenca del Donetz y en muchas fábricas de la industria ligera y de la alimentación han demostrado que esta peligrosa enfermedad afecta a todas las ramas de la industria, frenando su desarrollo. Si no se acaba con ella, la industria cojeará de los dos pies.

Tareas inmediatas: 1) Lograr que la construcción de máquinas conserve su papel rector en el sistema de la industria. 2) Acabar con el retraso de la siderurgia. 3) Poner orden en la industria de los metales no ferruginosos. 4) Desarrollar al máximo la extracción del carbón local en todas las zonas ya exploradas, organizar nuevas zonas de extracción del carbón (por ejemplo, la zona de Bureia en el Extremo Oriente), convertir la cuenca de Kuznietsk en una segunda cuenca del Donetz. (Prolongados aplausos.) 5) Acometer seriamente la organización de una base petrolera en las estribaciones occidentales y meridionales de los Urales. 6) Desarrollar la producción de artículos de amplio consumo en todas las empresas de los Comisariados del Pueblo ligados a la economía. 7) Darle campo libre a la industria soviética local, brindarle la oportunidad de manifestar su iniciativa en cuanto a la producción de artículos de amplio consumo y prestarle toda la ayuda posible en materias primas y recursos. 8) Mejorar la calidad de las mercancías, suspender la salida de producción incompleta e imponer sanciones a todos los camaradas, sean quienes sean, que violen o eludan las leyes del Poder Soviético que exigen una producción completa y de buena calidad. 9) Conseguir un aumento sistemático de la productividad del trabajo, la reducción del coste de producción y la implantación del cálculo económico. 10) Acabar con la ausencia de responsabilidad personal en el trabajo y con el igualitarismo en el sistema de los salarios. 11) Eliminar el método oficinesco y burocrático de dirección en todos los eslabones de los

Comisariados del Pueblo ligados a la economía, comprobando de una manera sistemática el cumplimiento de las resoluciones e instrucciones de los centros directivos por parte de los organismos a ellos subordinados.

### 2. El ascenso de la agricultura.

El desarrollo de la agricultura ha sido algo distinto. El ascenso de las ramas fundamentales de la agricultura ha sido en este período mucho más lento que el de la industria; pero, con todo, se ha operado más rápidamente que en el período del predominio de la hacienda individual. En cuanto a la ganadería, observamos incluso un proceso inverso: la disminución del número de cabezas de ganado, sólo en 1933, y exclusivamente en la cría de ganado porcino, se perfilan síntomas de ascenso. Es evidente que las enormes dificultades de agrupar en koljóses las pequeñas y dispersas haciendas campesinas, la difícil obra de crear casi en campo raso un número considerable de grandes haciendas cerealistas y ganaderas, y, en general, el periodo de reorganización, de reestructuración y encarrilamiento de la hacienda agrícola individual por la nueva vía, por la vía koljósiana -cosa que requiere mucho tiempo y grandes gastos-, son los factores que han determinado, inevitablemente, tanto la lentitud del ascenso de la agricultura como la prolongación relativa del período de descenso en el desarrollo de la ganadería. En el fondo, el período que nos ocupa ha sido para la agricultura, más que un período de rápido ascenso y de poderoso impulso, una fase de creación de las premisas para ese ascenso y ese impulso en un futuro próximo. Si tomamos las cifras de incremento de la superficie de siembra de todos los cultivos y, luego, la de los cultivos industriales por separado, el desarrollo de la agricultura durante este período presenta el siguiente aspecto:

Superficie sembrada de todos los cultivos en la U.R.S.S.

En millones de hectáreas 1913 1929 1930 1931 1932 1933 Total 105,0 118.0 127,2 136,3 134,4 129,7 En particular: a) Cereales 94,4 96,0 101,8 104,4 99,7 101,5 b) Cultivos industriales 4,5 8,8 10,5 14,0 14,9 12,0 c) Huertas y melonares 3,8 7,6 8,0 9,1 9,2 8,6 d) Forrajes 2,1 5,0 6,5 8,8 10,6 7,3

Superficie sembrada de cultivos industriales en la U.R.S.S.

En millones de hectáreas

1913 1929 1930 1931 1932 1933 Algodón 0,69 1,06 1,58 2,14 2,17 2,05 Lino bayal 1,02 1,63 1,75 2,39 2,51 2,40 Remolacha azucarera 0,65 0,77 1,04 1,39 1,54 1,21 Plantas oleaginosas 2,00 5,20 5,22 7,55 7,98 5,79

Estos cuadros reflejan dos líneas fundamentales en la agricultura: 1) La línea de ampliación máxima de la superficie de siembra en el apogeo de la reorganización de la agricultura, cuando los koljóses se creaban por decenas de miles, cuando los koljóses expulsaban a los kulaks de las tierras, se incautaban de estas tierras vacantes y las hacían suyas. 2) La línea de no ampliar a bulto la superficie de siembra, de pasar de la ampliación a bulto de la superficie de siembra a la mejora del cultivo de la tierra, al empleo de un sistema acertado de rotación de cultivos y de barbechos, a la elevación del rendimiento de los cultivos y, si la práctica lo aconseja, a la reducción temporal de la superficie de siembra. Como es sabido, la segunda línea, la única línea acertada en la agricultura, fue proclamada en 1932, cuando el período de reorganización de la agricultura se acercaba a su fin y la elevación del rendimiento de los cultivos pasó a ser uno de los problemas fundamentales del ascenso de la agricultura.. Pero no se puede considerar que los datos del aumento de la superficie de siembra reflejen con suficiente plenitud el desarrollo de la agricultura. Suele suceder que la superficie de siembra aumenta, mientras la producción no crece, e incluso declina, debido a que el cultivo de la tierra ha empeorado y la cosecha por hectárea ha descendido. En vista de ello, los datos relativos a la superficie de siembra deben ser completados con los de la producción global. He aquí el cuadro correspondiente: Producción global de cereales y cultivos industriales en la U.R.S.S.

En millones de quintales métricos 1913 1929 1930 1931 1932 1933 Cereales 801,0 717,4 835,4 694,8 698,7 898,0 Algodón (en rama) 7,4 8.6 11,1 12,9 12,7 13,2 Lino (fibra) 3,3 3,6 4,4 5,5 5,0 5,6 Remolacha azucarera 109,0 62,5 140,2 120,5 65,6 90,0 Plantas oleaginosas 21,5 35,8 36,2 51,0 45,5 46,0

Este cuadro evidencia que los años de mayor intensidad en la reorganización de la agricultura, 1931 y 1932, fueron los de mayor disminución de la producción de cereales. Del cuadro se desprende, además, que el lino y el algodón, en cuyas regiones la reorganización de la agricultura ha seguido un ritmo menos rápido, apenas han sufrido y han continuado ascendiendo con mayor o menor regularidad y constancia, manteniendo el alto nivel de su desarrollo. Del cuadro se desprende, en tercer lugar, que mientras las plantas oleaginosas han experimentado solamente cierta oscilación, conservando el alto nivel de su desarrollo respecto al de anteguerra, la remolacha azucarera -que fue la última en entrar en el período de reorganización de la agricultura y en cuyas regiones se observó el ritmo más elevado de reorganización- sufrió el mayor descenso en 1932, último año de reorganización, bajando la producción a un nivel inferior al de anteguerra.

Del cuadro se desprende, por último, que 1933 - año que siguió al período de reorganización- señaló un viraje en el desarrollo de los cereales y las plantas industriales. Esto significa que los cereales, en primer término, y las plantas industriales, después, marcharán desde ahora con firmeza y seguridad hacia un poderoso ascenso. La ganadería ha sido la rama de la agricultura que más dolorosamente ha sufrido el período de reorganización. He aquí el cuadro correspondiente: Cabezas de ganado en la U.R.S.S.

En millones 1913 1929 1930 1931 1932 1933 a) Caballos 35,1 34,0 30,2 26,2 19,6 16,6 b) Ganado vacuno 58,9 68 1 52,5 47,9 40,7 38,6 c) Ganado lanar y cabrío 115,2 147,2 108,8 77,7 52,1 50,6 d) Ganado porcino 20,3 20,9 13,6 14,4 11,6 12,2

Este cuadro evidencia que no se ha experimentado, en el período de que tratamos, un aumento del número de cabezas de ganado, sino que persiste el descenso en relación con el nivel de anteguerra. Es evidente que el cuadro refleja, de una parte, la mayor concentración de grandes kulaks en la ganadería, y, de otra, la intensa propaganda de los kulaks en favor de la matanza de los animales, que halló un ambiente propicio en los años de la reorganización. Del cuadro se desprende, además, que el descenso del número de cabezas de ganado comenzó el primer año de la reorganización (1930) y siguió hasta 1933. El descenso alcanzó las mayores proporciones en los tres primeros años; y en 1933, año siguiente al período de reorganización, cuando el cultivo de los cereales comenzó a incrementarse, el descenso del número de cabezas de ganado llegó al mínimo. Del cuadro se desprende, por último, que la cría de ganado porcino ha iniciado ya un proceso inverso, advirtiéndose ya en 1933 síntomas de franco ascenso. Esto significa que el año 1934 puede y debe ser un año de viraje hacia un ascenso en toda la ganadería. ¿Cómo se ha desarrollado la colectivización de las haciendas campesinas en el período de que rendimos cuenta? He aquí el cuadro correspondiente: Colectivización

1929 1930 1931 1932 1933 Número de koljóses (en millares) 57,0 85,9 211,1 211,0 224,5 Número de haciendas campesinas en los koljóses (en millones) 1,0 6,0 13,0 14,9 15,2 Tanto por ciento de la colectivización de las haciendas campesinas 3,9 23,6 52,7 61,5 65,0 ¿Y cuál ha sido el movimiento de la superficie de siembra de cereales por sectores? He aquí el cuadro correspondiente:

Superficie de siembra de cereales por sectores Sectores En millones de hectáreas

En tantos por 100 en relación con la superficie del año 1933 1929 1930 1931 1932 1933 1. Sovjóses 1,5 2,9 8,1 9,3 10,8 10,6 2. Koljóses 3,4 29,7 61,0 69,1 75,0 73,9 3. Campesinos individuales 91,1 69,2 35,3 21,3 15,7 15,5 Total de la superficie de siembra en la U.R.S.S. 96,0 101,8 104,4 99,7 101,5 100,0

¿Qué evidencian estos cuadros? Evidencian que el período de reorganización, en que el número de koljóses y el de sus miembros crecían a un ritmo impetuoso, ya ha terminado, concluyó ya en 1932. Por lo tanto, el proceso sucesivo de la colectivización es un proceso de absorción paulatina y reformación de las haciendas campesinas individuales restantes por los koljóses. Ello significa que los koljóses han triunfado definitiva e irrevocablemente. (Clamorosos y prolongados aplausos.) Los cuadros evidencian, además, que los koljóses y sovjóses poseen, sumados, el 84,5% de toda la superficie de siembra de cereales de la U.R.S.S. Ello significa que los koljóses y sovjóses, juntos, se han convertido en la fuerza que decide el destino de toda la agricultura y de cada una de sus ramas. Los cuadros evidencian, también, que el 65% de las haciendas campesinas agrupadas en los koljóses posee el 73,9% de toda la superficie de siembra de cereales, mientras que el resto de las haciendas campesinas, es decir, las haciendas individuales, que constituyen un 35% de la población del agro, poseen tan sólo un 15,5% de la superficie de siembra de cereales. Si agregamos a esto que los koljóses han entregado al Estado en 1933, por todos conceptos, más de 1.000.000.000 de puds de cereales, y los campesinos individuales, que han cumplido el plan en el 100%, no han entregado más que unos 130.000.000, mientras en 1929-1930 los campesinos individuales entregaron al Estado cerca de 780.000.000 de puds y los koljóses sólo 120.000.000 de puds, se verá con claridad meridiana que los

koljóses y los campesinos individuales han invertido por completo sus papeles en el período de que tratamos, transformándose los koljóses en la fuerza predominante de la agricultura, y los campesinos individuales en una fuerza secundaria, obligada a subordinarse y adaptarse al régimen koljósiano. Hay que reconocer que el campesinado trabajador, nuestro campesinado soviético, se ha puesto definitiva e irrevocablemente bajo la roja bandera del socialismo. (Prolongados aplausos.) No importa que las comadres eserista- mencheviques y burgués-trotskistas sigan cacareando que el campesinado es contrarrevolucionario por naturaleza, que está llamado a restaurar el capitalismo en la U.R.S.S., que no puede ser un aliado de la clase obrera en la edificación del socialismo, que en la U.R.S.S. es imposible llevar a cabo la edificación del socialismo. Los hechos evidencian que esos señores calumnian a la U.R.S.S. y al campesinado soviético. Los hechos dicen que nuestro campesinado soviético ha soltado definitivamente amarras de las costas del capitalismo y, aliado a la clase obrera, ha puesto proa hacia el socialismo. Los hechos evidencian que hemos construido ya la base de la sociedad socialista en la U.R.S.S. y no nos resta más que coronada de las superestructuras, obra indudablemente mucho más fácil que la construcción de la base de la sociedad socialista. La fuerza de los koljóses y sovjóses no se circunscribe, sin embargo, al aumento de su superficie de siembra y de su producción. Se refleja asimismo en el aumento del número de sus tractores, en el incremento de su mecanización. Es indudable que, en este sentido, nuestros koljóses y sovjóses han dado un gran paso. He aquí el cuadro correspondiente:

Parque de tractores de la agricultura de la U.R.S.S. (tomando en cuenta la amortización)

En miles de unidades 1929 1930 1931 1932 1933 Total de tractores 34,9 72,1 125,3 148,5 204,1 De ellos:

a) en las estaciones de máquinas y tractores 2,4 31,1 63,3 74,8 122,3 b) en todos los sovjóses 9,7 27,7 51,5 64,0 81,8

Potencia en miles de HP 1929 1930 1931 1932 1933 Total de tractores 391,4 1.003 1.850 2.225 3.100 De ellos:

a) en las estaciones de máquinas y tractores 23,9 372,5 1077 1.782 b) en todos los sovjóses 123,4 483,1 1.043 1.318 Por consiguiente, tenemos 204.000 tractores y 3.100.000 HP al servicio de los koljóses y sovjóses. Es ésta una fuerza, como veis, no despreciable, capaz de extirpar todas y cada una de las raíces del capitalismo en el campo. Es una fuerza que duplica el número de tractores de que habló en su tiempo Lenin como de una lejana perspectiva. En cuanto al parque de máquinas agrícolas en las estaciones de máquinas y tractores y en los sovjóses del Comisariado del Pueblo de los Sovjoses, los datos figuran en los siguientes cuadros:

En las estaciones de máquinas y tractores

1930 1931 1932 1933 Segadoras-trilladoras (en millares) 0,1 2,2 11,5 Motores y locomóviles (en millares) 0,1 4,9 6,2 17,6 Trilladoras complicadas y semicomplicadas (en millares) 2,9 27,8 37,0 50,0 Instalaciones eléctricas para la trilla 1.283 Número de talleres de reparaciones en las estaciones de máquinas y tractores 1.220 1.933 Camiones (en millares) 0,2 1,0 6,0 13,5 Automóviles (unidades) 2.800

En los sovjóses del Comisariado del Pueblo de los Sovjóses

1930 1931 1932 1933 Segadoras-trilladoras (en millares) 1,7 6,3 11,9 13,5 Motores y locomóviles (en millares) 0,3 0,7 1,2 2,5 Trilladoras complicadas y semicomplicadas (en millares) 1,4 4,2 7,1 8,0 Instalaciones eléctricas Talleres de reparaciones:

a) reparaciones general b) reparaciones medias c) reparaciones corrientes 1.166 Camiones (en millares) 2,1 3,7 6,2 10,9 Automóviles (unidades) 1.890

Creo que estos datos no necesitan explicaciones. La formación de secciones políticas en las estaciones de máquinas y tractores y en los sovjóses y la dotación de la agricultura con personal calificado han tenido también no poca importancia en el ascenso de la agricultura. Ahora todos reconocen que el personal de las secciones políticas ha desempeñado un enorme papel en el mejoramiento del trabajo de los koljóses y sovjóses. Es sabido que, en el período de que rendimos cuenta, el Comité Central del Partido envió al campo, para reforzar el personal dirigente de la agricultura, más de 23.000 comunistas, de los cuales más de 3.000 fueron a trabajar a los departamentos agrícolas, más de 2.000 a los sovjóses, más de 13.000 a las secciones políticas de las estaciones de máquinas y tractores y más de 5.000 a las secciones políticas de los sovjóses. Lo mismo debe decirse de la dotación de los koljóses y sovjóses con nuevos ingenieros, peritos y

agrónomos. Todos sabéis que, en el período de que rendimos cuenta, se ha enviado a la agricultura más de 111.000 de estos especialistas. En este mismo período se ha preparado más de 1.900.000 tractoristas, jefes y conductores de segadoras-trilladoras y chóferes, que han sido enviados al agro por los organismos del Comisariado del Pueblo de Agricultura. Se ha instruido y capacitado en el mismo período a más de 1.600.000 personas: presidentes y miembros de las juntas directivas de los koljóses, jefes de brigada de cultivo, jefes de brigada para la ganadería y contables. Esto es poco, claro está, para nuestra agricultura. Sin embargo, algo es. Como veis, el Estado ha hecho todo lo posible para que los organismos de los Comisariados del Pueblo de Agricultura y de los Sovjóses puedan dirigir mejor la organización de los koljóses y sovjóses. ¿Puede afirmarse que han sido aprovechadas debidamente estas posibilidades? Desgraciadamente, no puede hacerse tal afirmación. Señalaré, en primer lugar, que estos Comisariados del Pueblo están más contaminados que los demás de la enfermedad de tramitar los asuntos de una manera burocrática, oficinesca. Resuelven los asuntos, pero no piensan en controlar el cumplimiento de sus decisiones, en llamar al orden a los que infringen las directivas y las disposiciones de los organismos dirigentes, en promover a los hombres que cumplen sus obligaciones honrada y escrupulosamente.

La existencia de un enorme parque de máquinas y tractores debería, al parecer, obligar a los organismos agrarios a mantener en perfecto estado esta valiosa maquinaria, a repararla a tiempo, a aprovechada en el trabajo de modo más o menos pasable. ¿Qué hacen a este respecto? Desgraciadamente, muy poco. La conservación de los tractores y de las máquinas es insatisfactoria. La reparación peca de lo mismo, pues todavía no quieren comprender que lo más importante es la reparación corriente y la media, y no la reparación general. En cuanto a la mala utilización de los tractores y demás máquinas agrícolas, es hasta tal punto clara y notoria, que no necesita explicaciones. Una de las tareas inmediatas de la agricultura consiste en implantar rotaciones acertadas de cultivos, ampliar los barbechos limpios, mejorar las semillas en todas las ramas de la agricultura. ¿Qué se hace a este respecto? Desgraciadamente, muy poco hasta ahora. En cuanto a las semillas de cereales y algodón, la cosa está tan embrollada, que tardaremos aún mucho en desenredarla. Uno de los medios más eficaces para elevar el rendimiento de los cultivos industriales son los abonos. ¿Qué se hace a este respecto? Hasta ahora, muy poco.

Hay abonos, pero los organismos del Comisariado del Pueblo de Agricultura no saben organizar su recepción, y una vez se han hecho cargo de ellos, no se preocupan de que lleguen a tiempo a los lugares debidos y sean aprovechados de un modo racional. En cuanto a los sovjóses, debe decirse que no están todavía a la altura de su misión. Estoy lejos de menospreciar la gran significación revolucionaria de nuestros sovjóses. Pero si comparamos las enormes inversiones del Estado en los sovjóses con los resultados reales de su labor en el presente, observaremos una enorme desproporción que nada dice en favor de los sovjóses. La causa principal de esta desproporción consiste en que nuestros sovjóses cerealistas son demasiado grandes, los directores no son capaces de dirigir empresas tan vastas, los sovjóses mismos están demasiado especializados, no aplican rotaciones de cultivos y no tienen barbechos, carecen de granjas ganaderas. Es necesario, por lo visto, hacer más pequeños los sovjóses y acabar con su exagerada especialización. Podría suponerse que el Comisariado del pueblo de los Sovjóses ha planteado a su debido tiempo esta cuestión y ha logrado resolverla. Pero esto no es cierto. La cuestión fue planteada y resuelta a iniciativa de camaradas que nada tienen que ver con el Comisariado del Pueblo de los Sovjóses. Por último, el problema de la ganadería. Ya he informado de su penosa situación.

Podría suponerse que nuestros organismos agrarios despliegan una actividad febril para terminar con la crisis de la ganadería, que dan la voz de alarma, movilizan a los especialistas y se lanzan a la batalla para resolver el problema. Desgraciadamente, nada de eso ha sucedido ni sucede. Lejos de dar la voz de alarma con motivo de la grave situación de la ganadería, tratan de velar este problema y, a veces, hasta intentan en sus informes ocultar a la opinión pública del país la verdadera situación, lo que es absolutamente inadmisible en bolcheviques. Confiar, después de esto, en que los organismos agrarios sabrán llevar al buen camino y elevar a la debida altura la ganadería, significa levantar un castillo de naipes. Todo el Partido, todos nuestros funcionarios, los comunistas y los sin-partido, deben tomar en sus manos este problema, teniendo en cuenta que es ahora tan primordial como lo era ayer el de los cereales, solucionado ya con buen éxito. No hay necesidad de demostrar que los soviéticos, que han superado más de un serio obstáculo en su camino, sabrán vencer también éste. (Atronadores aplausos.) Tal es la enumeración breve y muy incompleta de los defectos que deben ser subsanados, tal es la enumeración de las tareas que deben ser resueltas bien pronto. Pero la cosa no queda reducida a esto. En la agricultura existen, además, otros problemas, de los

cuales habría que decir unas cuantas palabras. Ante todo, se debe tener en cuenta que la vieja división de nuestras regiones en industriales y agrarias ha caducado. Ya no hay en el país regiones exclusivamente agrarias, que abastezcan de cereales, carne y legumbres a las regiones industriales. Ni tenemos tampoco regiones exclusivamente industriales, que puedan proveerse fuera, en otras regiones, de todos los productos necesarios. El desarrollo conduce a que todas las regiones de nuestro país se transformen, más o menos, en regiones industriales; y cuanto más tiempo pase, más industriales serán. Esto quiere decir que Ucrania, el Cáucaso del Norte, la Zona Central de Tierras Negras y otras antiguas regiones agrarias ya no pueden enviar a otros lugares, a los centros industriales, tantos productos como suministraban anteriormente, ya que se ven obligados a alimentar a sus propias ciudades y a sus propios obreros, cuyo número ha de seguir aumentando. Ahora bien, de esto se desprende que cada región debe tener su propia base agropecuaria, a fin de disponer de sus propias legumbres, patatas, mantequilla, leche y, en un grado mayor o menor, pan y carne, si no quiere verse en una situación difícil. Ya sabéis que esta empresa es absolutamente realizable y se está realizando. La tarea consiste en dar cima a esta obra, cueste lo que cueste. Es necesario, además, tener bien presente que la conocida división de nuestras regiones en consumidoras y productoras empieza también a perder su carácter exclusivo. Regiones “consumidoras” como las de Moscú y Gorki han entregado este año al Estado cerca de 80.000.000 de puds de cereales. Esto, naturalmente, no es poca cosa. En la llamada zona consumidora hay cerca de 5.000.000 de hectáreas de tierras vírgenes, cubiertas de matorrales.

Es sabido que el clima de esta zona no es malo, las precipitaciones atmosféricas son suficientes, no suele haber sequía. Si se limpiase de matorrales estas tierras y se tomase ciertas medidas de organización, se podría obtener un enorme macizo para el cultivo de cereales, capaz de proporcionar, con el elevado rendimiento de los cultivos propio de estos lugares, tanto grano para el mercado como proporciona actualmente la región del Bajo Volga o la del Volga Medio. Esto sería una gran ayuda para los centros industriales del Norte. A mi parecer, la tarea consiste en formar en las regiones de la zona consumidora un gran macizo de cereales. Por último, la lucha contra la sequía en las regiones del Este del Volga. La plantación de bosques y de franjas arbóreas de protección en las regiones del Este del Volga tiene una enorme importancia. Como es sabido, la plantación se está ya efectuando, si bien no puede decirse que con suficiente intensidad. En cuanto al riego de las regiones del Este del Volga -y esto es lo principal para la lucha contra la sequía-, no se puede permitir que quede aplazado indefinidamente. Es cierto que esta obra se vio dificultada por ciertas circunstancias exteriores, que han absorbido muchísimas fuerzas y recursos. Pero ahora ya no hay motivo para seguir demorándola. No podemos prescindir de una base de producción de cereales en el Volga, de una base sólida y absolutamente estable, a salvo de los caprichos del tiempo, y que puede proporcionar anualmente unos 200.000.000 de puds de grano mercantil. Esto es tanto, más necesario, si se tiene en cuenta, por una parte, el crecimiento de las ciudades del Volga y, por otra, todas las posibles complicaciones en las relaciones internacionales. La tarea consiste en acometer seriamente la organización del riego de las regiones de la margen izquierda del Volga. (Aplausos.) .

### 3. La elevación del nivel material y cultural de vida de los trabajadores.

Hemos descrito, pues, la situación de nuestra industria y de nuestra agricultura, su desarrollo durante el período de que rendimos cuenta, su estado en el momento actual. En resumen tenemos: a) Un poderoso ascenso de la producción, tanto en la industria como en las ramas principales de la agricultura. b) La victoria definitiva, basada en este ascenso, del sistema económico socialista sobre el sistema capitalista, tanto en la industria como en la agricultura; la transformación del sistema socialista en sistema único de toda la economía nacional; el desplazamiento de los elementos capitalistas de todas las esferas de la economía nacional. c) El abandono definitivo de la pequeña hacienda individual, de escasa producción mercantil, por la inmensa mayoría de los campesinos individuales; la agrupación de éstos en haciendas colectivas sobre la base del trabajo colectivo y de la propiedad colectiva de los medios de producción; el triunfo completo de la hacienda colectiva sobre la hacienda individual, de pequeña producción mercantil. d) El creciente proceso de extensión de los koljóses, a expensas de las haciendas campesinas individuales, que son menos cada mes y van transformándose de hecho en una fuerza accesoria de los koljóses y sovjóses. Claro que este triunfo histórico sobre los explotadores no podía dejar de conducir a mejoras radicales en la situación material y en toda la vida de los trabajadores. Con la liquidación de las clases parasitarias ha desaparecido la explotación del hombre por el hombre. El trabajo del obrero y del campesino ha sido liberado de la explotación. Los beneficios que los explotadores extraían del trabajo del pueblo

quedan hoy en manos de los trabajadores y son, en parte, utilizados para ampliar la producción e incorporar a ella nuevos contingentes de trabajadores y, en parte, para elevar directamente los ingresos de los obreros y campesinos. Ha desaparecido el paro, ese azote de la clase obrera. Si en los países burgueses millones de desocupados sufren y viven en la miseria por falta de trabajo, en nuestro país no hay ya obreros sin trabajo y sin salario. Al desaparecer la explotación rapaz practicada por los kulaks, ha desaparecido la miseria en el campo. Cualquier campesino, koljósiano o individual, puede vivir ahora como un ser humano, a condición de que quiera trabajar honradamente y no holgazanear, no vagabundear ni robar los bienes de los koljóses. El fin de la explotación, del paro forzoso en la ciudad y de la miseria en el campo significan en la situación material de los trabajadores un progreso histórico con el que ni siquiera pueden soñar los obreros y los campesinos de los países burgueses de más acrisolada “democracia”. Ha cambiado la fisonomía de nuestras grandes ciudades y de los centros industriales. Un rasgo inevitable de las grandes ciudades de los países burgueses son los tugurios, las llamadas barriadas obreras en los suburbios de las ciudades: un montón de covachas oscuras, húmedas, semiderruídas, en su mayor parte sótanos, donde, por lo común, se albergan los desposeídos, en medio de la suciedad, maldiciendo su destino.

La revolución en la U.R.S.S. ha acabado con estos tugurios; en su lugar han surgido hermosos barrios obreros construidos de nueva planta, llenos de luz, que en muchos casos son más bellos que el centro de las ciudades. La fisonomía del campo ha cambiado más aún. La vieja aldea, con su iglesia dominándolo todo, con las mejores casas para el jefe de gendarmes, el pope y el kulak en primer plano, y con sus isbas medio derruidas para los campesinos en el último plano, comienza a desaparecer. En su lugar se alza la nueva aldea, con sus edificios públicos, con sus clubs, radio, cines, escuelas, bibliotecas y casas-cuna; con sus tractores, segadoras-trilladoras, trilladoras, automóviles. Han desaparecido los personajes de antaño: el kulak explotador, el usurero sanguijuela, el comerciante especulador, el jefe de gendarmes. Ahora, los hombres más destacados son los mejores trabajadores de los koljóses y los sovjóses de las escuelas y de los clubs, los mejores tractoristas y conductores de segadora-trilladora, los jefes de brigada de cultivo o ganadera, los mejores trabajadores y trabajadoras de choque de los campos koljósianos. Desaparece la oposición entre la ciudad y el campo. La ciudad deja de ser, a los ojos de los campesinos, el centro de su explotación.

Se fortalecen los lazos de la ligazón económica y cultural entre el campo y la ciudad. El campo recibe actualmente ayuda de la ciudad y de su industria: tractores, máquinas agrícolas, automóviles, hombres, recursos. De otro lado, el campo mismo tiene hoy su propia industria: estaciones de máquinas y tractores, talleres de reparaciones, empresas industriales de toda clase anejas a los koljóses, pequeñas centrales eléctricas, etc. El abismo cultural entre la ciudad y el campo está desapareciendo. Estas son las realizaciones fundamentales de los trabajadores en cuanto al mejoramiento de su situación material, modo de vida y cultura. Sobre la base de estas realizaciones, en el período de qué rendimos cuenta tenemos: a) El aumento de la renta nacional, de 35.000.000.000 en 1930, a 50.000.000.000 en 1933, con la particularidad de que casi toda la renta nacional se distribuye entre los obreros y empleados, los campesinos trabajadores, las cooperativas y el Estado, ya que la parte correspondiente a los elementos capitalistas, entre ellos los concesionarios, constituye en la actualidad menos del 0,5%. b) El crecimiento de la población de la Unión Soviética, de 160.500.000 habitantes a fines de 1930, a 168.000.000 a fines de 1933. c) El crecimiento numérico de los obreros y empleados, de 14.530.000 en 1930, a 21.883.000 en 1933.

El número de obreros manuales se ha elevado en este período de 9.489.000 a 13.797.000; los obreros de la gran industria, incluyendo los obreros del transporte, han pasado de 5.079.000 a 6.882.000; el número de obreros agrícolas, que era de 1.426.000, se ha elevado a 2.519.000, y el número de obreros y empleados ocupados en el comercio, de 814.000 a 1.497.000. d) El aumento del fondo de salarios de los obreros y empleados, que ha pasado de 13.597.000.000 de rublos en 1930 a 34.280.000.000 de rublos en 1933. e) El aumento del salario medio anual de los obreros de la industria, de 991 rublos en 1930, a 1.519 en 1933. f) El aumento del fondo del seguro social de los obreros y empleados, de 1.810 millones de rublos en 1930, a 4.610 millones de rublos en 1933. g) La implantación de la jornada de 7 horas en todos los trabajos industriales no subterráneos. h) La ayuda del Estado a los campesinos, consistente en la organización a su servicio de 2.860 estaciones de máquinas y tractores, en lo que se han invertido 2.000.000.000 de rublos. i) La ayuda del Estado a los campesinos en forma de créditos a los koljóses por una suma de 1.600.000.000 de rublos. j) La ayuda del Estado a los campesinos en forma de préstamos de semillas y de víveres, que representan 262.000.000 de puds de grano durante el período de que rendimos cuenta. k) La ayuda del Estado a los campesinos poco

pudientes, concediéndoles facilidades en el pago de los impuestos y de las pólizas de seguros, por la suma de 370.000.000 de rublos. En cuanto al desarrollo cultural del país, en el período de que rendimos cuenta tenemos: a) La implantación, en toda la U.R.S.S., de la instrucción primaria general obligatoria y la elevación del porcentaje de las personas que saben leer y escribir, del 67% a fines de 1930, al 90% a fines de 1933. b) El aumento del número de alumnos de las escuelas de todos los grados, de 14.358.000 en 1929, a 26.419.000 en 1933; de ellos, el número de alumnos de las escuelas primarias ha pasado de 11.697.000 a 19.163.000; el de las escuelas secundarias, de 2.453.000 a 6.674.000, y el de las escuelas superiores, de 207.000 a 491.000. c) El aumento del número de niños que asisten a los centros de instrucción preescolar, de 838.000 en 1929, a 5.917.000 en 1933. d) El aumento del número de establecimientos de enseñanza superior, generales y especiales, de 91 unidades en 1914, a 600 en 1933. e) El aumento del número de institutos de investigación científica, de 400 unidades en 1929, a 840 en 1933. f) El aumento del número de instituciones tipo club, de 32.000 en 1929, a 54.000 en 1933. g) El aumento del número de cinematógrafos, de instalaciones de cine en los clubs y de cines ambulantes, de 9.800 unidades en 1929, a 29.200 en 1933. h) El aumento de la tirada diaria de los periódicos, de 12.500.000 en 1929, a 36.500.000 en 1933. No estaría de más, quizá, señalar que la proporción de obreros entre los estudiantes, de las instituciones de enseñanza superior de nuestro país es del 51,4% y de campesinos trabajadores de un 16,5%, mientras que en Alemania, por ejemplo, la proporción de obreros en las instituciones de enseñanza superior era en el año académico de 1932- 1933, únicamente de un 3,2%, y de pequeños campesinos, tan sólo de un 2,4%.

Debe mencionarse como un hecho grato, como un síntoma de desarrollo de la cultura en el campo, el aumento de la actividad de las koljósianas en el trabajo social de organización. Como es sabido, cerca de 6.000 mujeres son actualmente presidentas de koljóses; más de 60.000 pertenecen a las juntas directivas de los koljóses; 28.000 son jefes de brigada; 100.000, dirigentes de equipos de cultivo; 9.000, administradoras de granjas koljósianas de producción mercantil; 7.000, tractoristas. Ni que decir tiene que estos datos son incompletos. Pero, a pesar de su parquedad, prueban claramente el gran desarrollo de la cultura en el campo. Este hecho, camaradas, tiene una importancia inmensa. Tiene una importancia inmensa porque las mujeres constituyen en nuestro país la mitad de la población; forman un ejército ingente del trabajo y están llamadas a educar a nuestros hijos, nuestra futura generación, es decir, nuestro porvenir. ¡He aquí por qué no podemos permitir que este enorme ejército de trabajadoras vegete en la oscuridad y en la ignorancia! He aquí por qué debemos aplaudir la creciente actividad social de las trabajadoras y su promoción a los puestos directivos, como un signo indiscutible de la elevación de nuestra cultura. (Prolongados aplausos.) Por último, es necesario señalar otro hecho, pero de carácter negativo. Me refiero al fenómeno intolerable de que las facultades de pedagogía y de medicina se hallen todavía en estado de abandono. Es un gran defecto, que casi atenta a los intereses del Estado. Hay que acabar en absoluto con este defecto, y cuanto antes, mejor.

### 4. El ascenso del comercio y el transporte.

Tenemos, pues: a) aumento de la producción industrial, incluida la de artículos de amplio consumo; b) aumento de la producción agrícola; c) mayor necesidad y mayor demanda de productos y artículos por parte de las masas trabajadoras de la ciudad y del campo. ¿Qué más hace falta para aunar estas condiciones y asegurar a toda la masa de consumidores la adquisición de las mercancías y los productos necesarios? Algunos camaradas creen que basta con que existan estas condiciones para que la vida económica del país se desarrolle con toda plenitud. Este es un profundo error. Admitamos que existen todas esas condiciones; pero si la mercancía no llega al consumidor, la vida económica, lejos de desarrollarse con toda plenitud, se desarticula y queda desorganizada por completo. Hay que comprender de una vez que las mercancías se producen, a la postre, no por el gusto de producirlas, sino para el consumo. Ha habido ocasiones en las que disponíamos de bastantes mercancías y productos; pero en vez de llegar al consumidor, se pasaban un año y otro encajonadas en el laberinto burocrático de la llamada red distribuidora, fuera del alcance del consumidor. Es evidente que, en estas condiciones, la industria y la agricultura perdían todo estímulo para ampliar la producción; la red distribuidora se abarrotaba de mercancías, mientras los obreros y los campesinos se quedaban sin mercancías industriales y sin productos alimenticios. Esto dio por resultado la desorganización de la vida económica del país a pesar de que existían unos y otros. Para que la vida económica del país pueda desarrollarse con plenitud, y la industria y la agricultura tengan estímulo en el incremento de su producción, hace falta una condición más, a saber: una amplia circulación de

mercancías entre la ciudad y el campo, entre los distritos y las regiones del país, entre las distintas ramas de la economía nacional. Hace falta que el país se vea cubierto de una amplia red de bases comerciales, de almacenes y tiendas. Es necesario que las mercancías circulen constantemente, desde los lugares de origen hasta el consumidor, por los canales de estas bases, almacenes y tiendas. Es necesario que se incorporen a esta labor tanto la red comercial del Estado como la de las cooperativas, la industria local, los koljóses y los campesinos individuales. Esto es lo que llamamos comercio soviético en toda su amplitud, comercio sin capitalistas, comercio sin especuladores. Como veis, el desarrollo del comercio soviético es una tarea palpitante, sin cuya solución es imposible seguir avanzando. Y, sin embargo, a pesar de la absoluta evidencia de esta verdad, el Partido ha tenido que vencer en este período numerosos obstáculos que impedían el desenvolvimiento del comercio soviético, obstáculos a los que podríamos llamar en pocas palabras fruto de una aberración mental de algunos comunistas en lo que respecta a la necesidad e importancia del comercio soviético. Señalaremos, en primer lugar, que algunos comunistas siguen manteniendo una actitud altanera y desdeñosa hacia el comercio en general, y el comercio soviético en particular.

Estos comunistas, con perdón sea dicho, consideran el comercio soviético como un asunto secundario, sin ninguna importancia, y a los que trabajan en él como gente sin salvación. Esos comunistas no comprenden, por lo visto, que con su altanería al considerar el comercio soviético no expresan concepciones bolcheviques; sino más bien las de aristócratas venidos a menos, con mucho orgullo pero poco peculio. (Aplausos.) No comprenden que el comercio soviético es una cosa nuestra, de los bolcheviques, y que los que trabajan en él, incluidos los dependientes, si trabajan con honradez, son un vehículo de nuestra obra revolucionaria, bolchevique. (Aplausos.) Claro está que el Partido ha tenido que vapulear un poquito a estos comunistas, con perdón sea dicho, y tirar a la basura sus prejuicios de aristócratas. (Prolongados aplausos.) Luego, hemos tenido que vencer prejuicios de otra índole. Me refiero a la charlatanería izquierdista, muy en boga entre una parte de nuestros funcionarios, de que el comercio soviético es una fase ya superada, que debemos organizar el intercambio directo de productos; que el dinero será pronto abolido, puesto que se ha convertido ya en un simple signo de contabilidad; que no hay por qué desarrollar el comercio, toda vez que está en puertas el intercambio directo de productos.

Es necesario señalar que esta faramalla izquierdista- pequeñoburguesa, que hace el juego a los elementos capitalistas, empeñados en malograr el desenvolvimiento del comercio soviético, está en boga no sólo entre una parte de los “profesores rojos”, sino también entre algunos trabajadores del comercio. Es, naturalmente, ridículo y cómico que estos hombres, incapaces de organizar una cosa tan sencilla como el comercio soviético, hablen de su disposición de organizar algo mucho más complejo y difícil, como es el intercambio directo de productos. Pero los Quijotes se llaman precisamente Quijotes por carecer del más elemental sentido de la realidad. Estos hombres, tan distantes del marxismo como el cielo de la tierra, no comprenden, por lo visto, que el dinero subsistirá todavía mucho tiempo en nuestro país, incluso hasta la terminación de la primera fase del comunismo, es decir, de la fase socialista del desarrollo. No comprenden que el dinero es un instrumento de la economía burguesa; del cual el Poder Soviético se ha adueñado, adaptándolo a los intereses del socialismo, para desarrollar en toda su amplitud el comercio soviético y preparar con ello las condiciones para el intercambio directo de productos. No comprenden que el intercambio de productos no puede sustituir al sistema actual sino como resultado de un comercio soviético perfectamente organizado, que en la actualidad no tenemos ni remotamente y que aun tardaremos mucho en tener.

Se comprende que el Partido, en su interés de organizar un amplio comercio soviético, haya considerado necesario descargar algunos golpes sobre estos engendras “izquierdistas” y pulverizar su faramalla pequeñoburguesa. Luego, ha habido que vencer en los trabajadores del comercio la mala costumbre de distribuir mecánicamente las mercancías; ha habido que liquidar la indiferencia que se observaba en la cuestión del surtido y ante la demanda de los consumidores; ha habido que acabar con la facturación mecánica de mercancías, con la ausencia de responsabilidad personal en el comercio. Para ello se han abierto bases comerciales regionales e interdistritales y decenas de millares de nuevos comercios y puestos. Ha sido necesario liquidar también la situación monopolista de las cooperativas en el mercado, para lo cual se ha obligado a todos los Comisariados del Pueblo a iniciar el comercio con mercancías propias, y al Comisariado del Pueblo de Abastecimiento a desarrollar un amplio comercio no racionado de productos agrícolas a precios especiales. Esto ha conducido, de una parte, como resultado de la emulación, a que mejorase el comercio en las cooperativas, y, de otra, a que se redujesen los precios en el mercado, a que se sanease el mercado. Hemos desarrollado una amplia red de comedores a precios módicos (“alimentación pública”), hemos organizado secciones de abastecimiento obrero

(“O.R.S.”) anejas a las fábricas, excluyendo del abastecimiento fabril a los elementos que no tienen nada que ver con la fábrica, lo que sólo en el sistema del Comisariado del Pueblo de la Industria Pesada ha afectado a no menos de 500.000 elementos extraños. Hemos organizado un banco central único de créditos a corto plazo, el Banco del Estado, con 2.200 sucursales de distrito, capaces de financiar las operaciones comerciales. Como resultado de estas medidas hemos obtenido durante el período de que rendimos cuenta: a) un aumento de la red de comercios y puestos, de 184.662 unidades en 1930, a 277.974 en 1933; b) la nueva red de 1.011 bases comerciales regionales y 864 interdistritales; c) la nueva red de 1.600 secciones de abastecimiento obrero; d) la ampliación de la red de establecimientos del Estado para la venta no racionada de pan a precios especiales, red que actualmente se extiende a 330 ciudades; e) la ampliación de la red de comedores públicos, que atienden hoy a 19.800.000 personas; f) el incremento del comercio estatal y cooperativo, incluyendo los comedores públicos, de 18.900 millones de rublos en 1930, a 49.000 millones de rublos en 1933. Sería erróneo pensar que con este nivel de desarrollo puede el comercio soviético satisfacer las necesidades de nuestra economía. Al contrario, ahora se ve más claro que nunca que el actual estado del comercio no puede atender nuestras demandas. Por eso, la tarea consiste en seguir desarrollando el comercio soviético, en atraer a esta empresa a la industria local, en fortalecer el comercio koljósiano- campesino y en lograr nuevos éxitos decisivos en el incremento del comercio soviético. Es necesario indicar, sin embargo, que la cosa no puede circunscribirse al solo desenvolvimiento del comercio soviético. Si el desarrollo de nuestra economía depende del desarrollo de la circulación de mercancías, del desarrollo del comercio soviético, éste depende, a su vez, del desarrollo de nuestro transporte, tanto ferroviario, fluvial y marítimo, como automovilístico.

Puede darse el caso de que haya mercancías, de que exista la plena posibilidad de desarrollar el comercio, pero, en cambio, el transporte haya quedado rezagado y no pueda trasladar las cargas. Como es sabido, así sucede a menudo en nuestro país. Por eso, el transporte es el punto débil en el que puede tropezar, y en el que tal vez comienza a tropezar ya, toda nuestra economía y, en primer término, nuestro comercio. Es cierto que el transporte ferroviario ha aumentado su circulación, de 133.900.000.000 de toneladas-kilómetro en 1930, a 172.000.000.000 en 1933. Pero esto es poco, demasiado poco para nosotros, para nuestra economía. El transporte fluvial y marítimo ha aumentado su circulación, de 45.600.000.000 de toneladas- kilómetro en 1930, a 59.900.000.000 en 1933. Pero esto es poco, demasiado poco para nuestra economía. Y no hablo ya del transporte automovilístico, cuyo parque ha aumentado, de 8.800 camiones y coches ligeros en 1913, a 117.800 a fines de 1933. Esto es tan poco para nuestra economía nacional, que hasta avergüenza hablar de ello. No cabe duda de que todas estas formas de transporte podrían funcionar mucho mejor, si los organismos correspondientes no sufrieran la célebre enfermedad que se llama método oficinesco- burocrático de dirección. Por eso, además de que es preciso facilitar al transporte hombres y recursos, debemos extirpar la actitud oficinesco-burocrática de los organismos del transporte y hacerlos más eficaces. Camaradas: Hemos logrado solucionar con acierto los principales problemas de la industria, que cuenta hoy con una base firme. También hemos logrado solucionar con acierto los principales problemas de la agricultura, que -lo podemos decir abiertamente- cuenta asimismo con una base firme. Pero estos éxitos pueden quedar reducidos a cero, si nuestro comercio empieza a cojear y el transporte degenera en un peso muerto. Por eso, el desarrollo del comercio y el mejoramiento radical del transporte constituyen una tarea inmediata, actual, sin cuya solución no podemos seguir avanzando.

## III. El partido.

Paso a la cuestión del Partido. El presente Congreso se celebra bajo la bandera de la victoria total del leninismo, de la liquidación de los restos de los grupos antileninistas. Ha sido batido y disperso el grupo antileninista de los trotskistas. Sus organizadores vegetan hoy en el extranjero, en las corralizas de los partidos burgueses. Ha sido batido y disperso el grupo antileninista de los desviacionistas de derecha. Sus organizadores han abandonado hace ya mucho tiempo sus concepciones y se esfuerzan ahora en reparar a toda costa sus faltas ante el Partido. Han sido batidos y dispersos los grupos de desviación nacionalista. Sus organizadores se han sumado definitivamente a la emigración intervencionista o han reconocido sus culpas. La mayoría de los partidarios de este grupo contrarrevolucionarios se ha visto obligada a reconocer que la línea del Partido era acertada y ha capitulado ante el Partido. Si en el XV Congreso tuvimos todavía necesidad de demostrar que la línea del Partido era acertada y de luchar contra determinados grupos antileninistas, y en el XVI Congreso hubo que acabar con los últimos adeptos de estos grupos, en este

Congreso no hay que demostrar nada y, a lo que parece, nadie a quien combatir. Todos ven que la línea del Partido ha triunfado. (Aplausos atronadores.) Ha triunfado la política de industrialización del país. Sus resultados son ahora evidentes para todos. ¿Qué se puede oponer a este hecho? Ha triunfado la política de liquidación de los kulaks y de colectivización total. Sus resultados son también evidentes para todos. ¿Qué se puede oponer a este hecho? La experiencia de nuestro país ha demostrado que la victoria del socialismo en un solo país es plenamente posible. ¿Qué se puede oponer a este hecho? Es evidente que todos estos éxitos y, ante todo, el triunfo del plan quinquenal han desmoralizado y aniquilado por completo a todos los grupos antileninistas. Hay que reconocer que el Partido está ahora más unido que nunca. (Clamorosos y prolongados aplausos.)

### 1. Las cuestiones de la dirección política e ideológica.

¿Significa esto, no obstante, que la lucha ha terminado y que, en adelante, la ofensiva del socialismo está de más, como algo innecesario? No, no significa eso. ¿Significa esto que en nuestro Partido todo marcha bien, que no habrá ya desviaciones y que, por consiguiente, podemos dormimos en los laureles? No, no significa eso. Hemos destrozado a los enemigos del Partido, a los oportunistas de todos los matices y a los nacional- desviacionistas de todo género. Pero los restos de su ideología subsisten en el cerebro de algunos miembros del Partido, y no pocas veces se dejan sentir. Al Partido no se le puede considerar como algo desligado de la gente que le rodea. Vive y actúa en el medio que le circunda. Así, no tiene nada de extraño que no pocas veces penetren en él tendencias malsanas. Y es indudable que el terreno para esas tendencias existe en nuestro país, aunque sólo sea porque hay todavía algunas capas intermedias de la población, tanto en la ciudad como en el campo, que constituyen el medio nutricio para su desarrollo.

La XVII Conferencia de nuestro Partido ha dicho que una de las tareas políticas fundamentales en el período de cumplimiento del segundo plan quinquenal consiste en “vencer las supervivencias del capitalismo en la economía y en la conciencia de los hombres”. Esta es una idea completamente acertada. Pero ¿se puede decir que hayamos vencido ya todas las supervivencias del capitalismo en la economía? No, no se puede decir. Mucho menos puede decirse que hayamos vencido las supervivencias del capitalismo en la conciencia de los hombres. Eso no puede decirse, y no sólo porque el desarrollo de la conciencia de los hombres va en retraso de su situación económica, sino también porque existe aún el cerco capitalista, que se esfuerza por reavivar y mantener esas supervivencias del capitalismo en la economía y en la conciencia de los hombres de la U.R.S.S. y contra el cual nosotros, los bolcheviques, debemos tener siempre la pólvora seca. Se comprende que estas supervivencias no pueden dejar de ser un terreno abonado para la reanimación, en el cerebro de algunos miembros de nuestro Partido, de la ideología de los derrotados grupos antileninistas.

Añadid a esto el nivel teórico, no muy elevado, de la mayoría de nuestros militantes, el débil trabajo ideológico de los organismos del Partido, agregad aún que los dirigentes de las organizaciones del Partido, recargados de trabajo práctico, no pueden mejorar su preparación teórica, y comprenderéis por qué en la cabeza de algunos miembros del Partido reina confusión en determinadas cuestiones del leninismo, confusión que no pocas veces se desliza en nuestra prensa y facilita la reanimación de los restos de la ideología de los derrotados grupos antileninistas. He ahí por qué no se puede decir que la lucha haya terminado y que no hay ya necesidad de una política de ofensiva del socialismo. Podríamos tomar varias cuestiones del leninismo y demostrar con ellas lo vivos que están aún entre algunos miembros del Partido los restos de la ideología de los derrotados grupos antileninistas. Tomemos, por ejemplo, el problema de la construcción de la sociedad socialista sin clases. La XVII Conferencia del Partido ha dicho que avanzamos hacia la creación de la sociedad socialista sin clases.

Es evidente que la sociedad socialista sin clases no puede advenir espontáneamente, por decirlo así. Hay que conquistarla y construirla con los esfuerzos de todos los trabajadores, fortaleciendo los órganos de la dictadura del proletariado, desarrollando la lucha de clases, suprimiendo las clases, liquidando los restos de las clases capitalistas, luchando contra los enemigos, tanto del interior como del exterior. Me parece que la cosa es clara. Sin embargo, ¿quién ignora que la proclamación de esta diáfana y elemental tesis del leninismo ha suscitado no poca confusión en las cabezas y tendencias malsanas en parte de los miembros del Partido? La tesis de nuestro avance hacia la sociedad sin clases, dada como una consigna, la han comprendido como un proceso espontáneo. Y se ha dicho: puesto que se trata de la sociedad sin clases, quiere decir que se puede debilitar la lucha de clases, que se puede aflojar la dictadura del proletariado y terminar, en general, con el Estado, el cual, de todas maneras, tiene que desaparecer en un futuro próximo. Y se vuelven locos de alegría, con la esperanza de

que pronto no existirán las clases y, por consiguiente, no habrá lucha de clases, desaparecerán las preocupaciones e inquietudes, se podrá deponer las armas y tumbarse a la bartola en espera del advenimiento de la sociedad sin clases. (Hilaridad general.) No cabe duda de que esta confusión en las ideas y estas tendencias se parecen como dos gotas de agua a determinadas concepciones de los desviacionistas de derecha, según las cuales lo viejo deberá integrarse espontáneamente en lo nuevo .y un buen día nos veremos, sin darnos cuenta, en la sociedad socialista. Como veis, los restos de la ideología de los derrotados grupos antileninistas son bien susceptibles de reanimación y distan mucho de haber perdido su vitalidad. Se comprende que si esta confusión de concepciones y estas tendencias no bolcheviques se hubieran apoderado de la mayoría de nuestro Partido, éste se habría visto desmovilizado y desarmado. Tomemos ahora el problema del artel agrícola y la comuna agrícola. Hoy todos reconocen que el artel es, en las condiciones actuales, la única forma acertada del movimiento koljósiano. Y esto es absolutamente comprensible: a) el artel combina en forma acertada los intereses de la vida diaria, los intereses personales de los koljósianos con sus intereses sociales, b) el artel adapta felizmente los intereses personales, los intereses de la vida diaria, a los intereses sociales, facilitando de este modo la educación de los campesinos individuales de ayer en el espíritu del colectivismo.

A diferencia del artel, donde están colectivizados únicamente los medios de producción, en las comunas no sólo se colectivizaban hasta hace poco los medios de producción, sino también los bienes personales de cada miembro; es decir, los miembros de la comuna, a diferencia de los miembros del artel, no tenían como propiedad personal aves de corral, ganado menor, vaca, cereales y el huerto anejo a la casa. Esto significa que en las comunas los intereses personales, los intereses de la vida cotidiana de sus miembros, más que tenidos en cuenta, para combinarlos con los intereses sociales, eran ahogados por éstos en aras de un igualitarismo pequeñoburgués. Evidentemente, esta circunstancia es el lado más débil de las comunas. Y a ello se debe, en rigor, que las comunas no estén muy extendidas y sean contadas. Y por la misma razón, para defender su existencia y no desmoronarse, las comunas se han visto obligadas a renunciar a la socialización de los bienes personales y empiezan a funcionar aplicando el sistema del pago por jornadas de trabajo, empiezan a entregar cereales a cada hogar, permiten la posesión personal de aves de corral, de ganado menor, de una vaca, etc. Pero esto quiere decir que, de hecho, las comunas se han transformado en arteles.

Y en esto no hay nada de malo, toda vez que así lo exige el buen desarrollo del movimiento koljósiano de masas. Esto no significa, naturalmente, que la comuna no sea necesaria en absoluto, que haya dejado de ser la forma superior del movimiento koljósiano. No, la comuna es necesaria y constituye, Claro está, la forma superior del movimiento koljósiano, pero no la comuna actual, surgida sobre la base de una técnica poco desarrollada, de la escasez de productos y que acaba por convertirse en artel, sino la comuna futura, que surgirá sobre la base de una técnica más desarrollada y de la abundancia de productos. La actual comuna agrícola se ha constituido sobre la base de una técnica poco desarrollada y de la escasez de productos. Precisamente a esto se debe su régimen igualitario y su olvido de los intereses personales, de la vida cotidiana de sus componentes, razón por la cual ahora se ve obligada a adoptar la forma de artel, donde se combinan razonablemente los intereses personales y sociales de los koljósianos. La futura comuna surgirá del artel desarrollado y próspero. La futura comuna agrícola surgirá cuando en los campos y en las granjas del artel abunden los cereales, el ganado, las aves, las legumbres y todos los demás productos; cuando se organicen en los arteles lavaderos mecánicos, cocinas y comedores modernos, panificadoras mecanizadas, etc.; cuando el koljósiano vea que le resulta más beneficioso obtener carne y leche de la granja que mantener su vaca y su ganado menor; cuando la koljósiana vea que le conviene más almorzar en el comedor, comprar el pan de la panadería y recoger la ropa lavada en el lavadero colectivo que ocuparse ella misma de estas cosas.

La futura comuna surgirá sobre la base de una técnica más desarrollada y de un artel más desarrollado, sobre la base de la abundancia de productos. ¿Cuándo ocurrirá esto? Claro que no será aún pronto. Pero llegará. Sería un crimen acelerar artificialmente el proceso de transformación del artel en la comuna futura. Eso embrollaría las cosas y facilitaría la obra de nuestros enemigos. El proceso de transformación del artel en la comuna futura ha de realizarse paulatinamente, conforme todos los koljósianos vayan convenciéndose de la necesidad de esta transformación. Así está planteada la cuestión del artel y la comuna. En apariencia, el asunto es claro y casi elemental. Sin embargo, en una parte de los miembros del Partido reina una gran confusión en este asunto. Creen que, por declarar el artel forma fundamental del movimiento koljósiano, el Partido se ha alejado del socialismo, ha retrocedido de la comuna, de la forma superior del movimiento koljósiano, a la forma inferior. ¿Por qué?, se pregunta uno. Porque, al parecer, en el artel no hay igualdad, ya que en él se mantiene la diferencia en las necesidades y en las condiciones de la vida personal de sus miembros,

mientras que en la comuna reina la igualdad, ya que allí se nivelan las necesidades y las condiciones de la vida personal de sus miembros. Pero, en primer lugar, no tenemos ya comunas en las que exista el igualitarismo, la nivelación en las necesidades y en las condiciones de la vida personal. La práctica ha demostrado que las comunas habrían perecido con seguridad, si no hubieran abandonado el igualitarismo y si no hubiesen pasado de hecho a ser arteles. En consecuencia, no hay por qué invocar lo que ya no existe. Segundo, todo leninista, si lo es de verdad, sabe que el igualitarismo en lo que concierne a las necesidades y a la vida personal es un absurdo reaccionario pequeñoburgués, digno de cualquier secta primitiva de ascetas, pero no de una sociedad socialista organizada al modo marxista, pues no puede exigirse que todos tengan las mismas necesidades, los mismos gustos, que vivan su vida personal según un modelo único. Y, en fin, ¿acaso entre los obreros no se mantiene la diferencia, tanto en las necesidades como en su vida personal? ¿Acaso significa esto que los obreros están más distanciados del socialismo que los miembros de las comunas agrícolas? Esta gente piensa, por lo visto, que el socialismo exige el igualitarismo, la igualación, la nivelación de las necesidades y de la vida personal de los miembros de la sociedad. Huelga decir que tal suposición no tiene nada de común con el marxismo, con el leninismo.

El marxismo entiende por igualdad, no la nivelación de las necesidades y del modo de vida de cada uno, sino la abolición de las clases, es decir: a) la liberación, igual para todos los trabajadores, de la explotación, una vez derrocados y expropiados los capitalistas; b) la abolición, igual para todos, de la propiedad privada sobre los medios de producción, después de que estos últimos han pasado a ser propiedad de toda la sociedad; c) el deber, igual para todos, de trabajar según sus capacidades, y el derecho, igual para todos los trabajadores, de ser remunerados según su trabajo (sociedad socialista); d) el deber, igual para todos, de trabajar según sus capacidades, y el derecho, igual para todos los trabajadores, de ser remunerados según sus necesidades (sociedad comunista). Además, el marxismo parte del hecho de que los gustos y las necesidades de los hombres no son ni pueden ser unos y los mismos en cantidad o en calidad, ni en el período del socialismo ni en el período del comunismo. Ahí tenéis la concepción marxista de la igualdad. El marxismo no ha admitido ni admite ninguna otra igualdad. Inferir de aquí que el socialismo exige el igualitarismo, la igualación, la nivelación de las necesidades de los miembros de la sociedad, la uniformidad de sus gustos y de su vida personal, y que, según el plan marxista, todos tienen que vestir igual, comer lo mismo y en igual cantidad, es decir vulgaridades y calumniar al marxismo.

Es hora de saber que el marxismo es enemigo del igualitarismo. Ya en el “Manifiesto del Partido Comunista” Marx y Engels fustigaban el primitivo socialismo utópico, llamándolo reaccionario por su propaganda de “un ascetismo general y un burdo igualitarismo”. Engels consagró, en su “Anti-Dühring”, todo un capítulo a criticar enérgicamente el “socialismo radical igualitarista”, idea lanzada por Dühring en oposición al socialismo marxista. “El verdadero contenido de la reivindicación proletaria de la igualdad -decía Engels- se reduce a la abolición de las clases. Toda reivindicación de igualdad que vaya más lejos conduce inevitablemente al absurdo”. Lo mismo dice Lenin: “Engels tenía mil veces razón al escribir: Todo concepto de la igualdad que no sea la abolición de las clases es un prejuicio imbécil y absurdo. Los profesores burgueses, criticando el concepto de la igualdad, nos han reprochado el propósito de hacer que cada hombre sea igual a todos los demás. Han acusado a los socialistas de esta estupidez inventada por ellos mismos. Pero no saben, debido a su ignorancia, que los socialistas, y precisamente Marx y Engels, fundadores del socialismo científico moderno, decían: La igualdad es una frase vacía, si no se entiende por ella la abolición de las clases.

Queremos abolir las clases; en este sentido estamos en favor de la igualdad. Pero pretender que haremos a cada hombre igual a todos los demás, es una frase vacía y una estúpida invención de intelectual” (Discurso de Lenin “Cómo se engaña al pueblo con consignas de libertad e igualdad”, t. XXIV, págs. 293-29482). Me parece que está claro. Los escritores burgueses se complacen en pintar el socialismo marxista como un viejo cuartel zarista, donde todo está sometido al “principio” de la nivelación. Pero los marxistas no son responsables de la ignorancia y de la estupidez de los escritores burgueses. No cabe duda de que esta confusión de ideas acerca del socialismo marxista en algunos miembros del Partido, y el apasionamiento por las tendencias igualitaristas de las comunas agrícolas, se parecen como dos gotas de agua a las concepciones pequeñoburguesas de nuestros atolondrados izquierdistas, en los cuales la idealización de las comunas agrícolas ha llegado en un período determinado hasta el punto de querer implantar comunas incluso en las fábricas, donde los obreros calificados y no calificados, trabajando cada uno en su oficio, tenían que entregar su salario al puchero colectivo y distribuirlo luego por igual entre todos. Ya se sabe el daño que causaron a nuestra industria

estos infantiles experimentos igualitaristas de los atolondrados “izquierdistas”. Como veis, los restos de la ideología de los derrotados grupos enemigos del Partido, tienen una gran vitalidad. Claro es que si estas concepciones izquierdistas hubiesen triunfado en el Partido, éste habría dejado de ser marxista y el movimiento koljósiano se habría desorganizado por completo. Tomemos ahora, por ejemplo, la consigna: “proporcionar a todos los koljósianos una vida acomodada”. Esta consigna no sólo se refiere a los koljósianos; concierne todavía más a los obreros, puesto que queremos hacer acomodados a todos los obreros, convertirlos en personas con una vida holgada y plenamente culta. Se diría que la cuestión os clara. No había por qué derrocar el capitalismo en octubre de 1917 y pasar varios años edificando el socialismo si no pudiéramos conseguir el bienestar de los hombres. El socialismo no significa miseria y privaciones, sino la supresión de éstas, la organización de una vida próspera y culta para todos los miembros de la sociedad. Sin embargo, esta consigna tan clara, en realidad elemental, ha provocado perplejidad, confusión y desconcierto en una parte de los militantes del Partido. ¿No será esta consigna, dicen, un retorno a la vieja consigna de “enriqueceos”, rechazada por el Partido? Si todos se hacen acomodados, continúan, y los pobres dejan de existir, ¿en quién podremos apoyarnos los bolcheviques en nuestro trabajo? ¿Cómo vamos a trabajar sin los pobres?

Quizá sea ridículo, pero la existencia de estas concepciones ingenuas y antileninistas entre una parte de los miembros del Partido es un hecho indudable que debe ser tenido en cuenta. Por lo visto, esta gente no comprende que entre la consigna de “enriqueceos” y la de “proporcionar a todos los koljósianos una vida acomodada” media todo un abismo, En primer lugar, sólo pueden enriquecerse personas o grupos aislados, mientras que la consigna que reclama una vida acomodada no se refiere a personas o a grupos aislados, sino a todos los koljósianos. En segundo lugar, personas o grupos aislados se enriquecen para someter a los demás y explotarlos, mientras que la consigna de una vida acomodada para todos los koljósianos, estando socializados los medios de producción en los koljóses, descarta toda posibilidad de explotación de unos hombres por otros. En tercer lugar, la consigna de “enriqueceos” fue lanzada en el período de la primera fase de la Nep, cuando el capitalismo se restablecía parcialmente, cuando los kulaks aun tenían fuerza, cuando en el país prevalecía la hacienda campesina individual, y la hacienda koljósiana se encontraba en estado embrionario; mientras que la consigna de “proporcionar a todos los koljósianos una vida acomodada” fue lanzada en la última fase de la Nep, cuando los elementos capitalistas han sido eliminados en la industria, los kulaks derrotados en el campo, la hacienda campesina individual desplazada al último plano y los koljóses constituyen ya la forma dominante de la agricultura.

Y no hablo ya de que la consigna de “proporcionar a todos los koljósianos una vida acomodada” no ha sido lanzada en forma aislada, sino en íntima relación con la de “bolchevizar los koljóses”. ¿No está claro que la consigna de “enriqueceos” significó, en realidad, un llamamiento a restablecer el capitalismo, mientras que la de “proporcionar a todos los koljósianos una vida acomodada” significa un llamamiento a dar el golpe de gracia a los últimos restos del capitalismo, merced al fortalecimiento de la potencia económica de los koljóses y a la transformación de todos los koljósianos en trabajadores acomodados? (Voces: “¡Así es!”.) ¿No es evidente que entre estas consignas no hay ni puede haber nada de común? (Voces: “¡Así es!”.) En cuanto al argumento de que, si no hay pobres, serán imposibles el trabajo bolchevique y el socialismo, es una tontería de la que hasta da un poco de vergüenza hablar. Los leninistas se apoyan en los pobres, cuando existen elementos capitalistas y existen pobres explotados por los capitalistas. Pero cuando los elementos capitalistas han sido aplastados y los pobres emancipados de la explotación, la tarea de los leninistas no consiste en consolidar y perpetuar la pobreza y los pobres, las premisas de cuya existencia están suprimidas, sino en desterrar la pobreza y elevar a los pobres a una vida próspera.

Sería estúpido pensar que el socialismo puede ser edificado sobre la base de la miseria y de las privaciones, sobre la base de la reducción de las necesidades personales y el descenso del nivel de vida de la población hasta el rasero de vida de los pobres, que, por cierto, quieren dejar de serlo y se afanan para alcanzar una vida próspera. ¿Quién necesita tal socialismo, con perdón sea dicho? Eso no sería socialismo, sino una caricatura del socialismo. El socialismo no se puede edificar más que sobre la base de un desarrollo impetuoso de las fuerzas productivas de la sociedad, de la abundancia de productos y mercancías, de una vida próspera de los trabajadores; de un ascenso pujante de la cultura. Porque el socialismo, el socialismo marxista, no significa la restricción de las necesidades personales, sino su mayor ampliación y florecimiento; no significa la limitación de las necesidades o la renuncia a satisfacerlas, sino la satisfacción plena y completa de todas las necesidades de los trabajadores culturalmente desarrollados. No cabe duda de que esta confusión en las concepciones de algunos miembros del Partido, en lo que atañe a la pobreza y al bienestar, es reflejo de las

opiniones de nuestros atolondrados izquierdistas, que idealizan a los pobres como un apoyo eterno del bolchevismo en todas las condiciones y consideran los koljóses como arena de una encarnizada lucha de clases. Como veis, tampoco aquí, en esta cuestión, han perdido aún su vitalidad los restos de la ideología de los derrotados grupos antipartido. Claro que si estos conceptos propios de atolondrados hubiesen triunfado en nuestro Partido, los koljóses no habrían obtenido los éxitos de los dos últimos años y se habrían disgregado rápidamente. Tomemos ahora, por ejemplo, la cuestión nacional. También aquí, en la cuestión nacional, como en otras cuestiones, hay en el Partido gente con una confusión de ideas que origina cierto peligro. He hablado de la vitalidad de las supervivencias del capitalismo. Hay que señalar que las supervivencias del capitalismo en la conciencia de los hombres están mucho más arraigadas en el terreno de la cuestión nacional que en cualquier otro. Poseen más vitalidad, porque pueden enmascararse bien con el ropaje nacional. Muchos piensan que el pecado de Skrípnik es un caso aislado, una excepción de la regla. No es cierto. El pecado de Skrípnik y de su grupo en Ucrania no es una excepción. Iguales aberraciones se observan en algunos camaradas de otras repúblicas nacionales.

¿Qué significa la desviación nacionalista, tanto si se trata de una desviación hacia el nacionalismo gran ruso como hacia el nacionalismo local? La desviación nacionalista es la adaptación de la política internacionalista de la clase obrera a la política nacionalista de la burguesía. La desviación nacionalista refleja los intentos de la burguesía “propia”, de la burguesía “nacional”, por socavar el régimen soviético y restaurar el capitalismo. Como veis, el origen de ambas desviaciones es el mismo. Es el abandono del internacionalismo leninista. Si queréis hacer fuego contra ambas desviaciones, debéis dirigir los tiros, ante todo, contra los orígenes, contra los que se separan del internacionalismo, trátese de la desviación nacionalista local o de la desviación nacionalista gran rusa. (Clamorosos aplausos.) Se discute qué desviación es más peligrosa, si la desviación nacionalista gran rusa o la desviación nacionalista local. En las condiciones actuales, tal discusión es puramente formal y, por tanto, huera. Sería estúpido dar una receta, buena para todos los momentos y condiciones, sobre el peligro principal y el secundario. Estas recetas no existen. El peligro principal consiste en la desviación contra la que se ha dejado de combatir y a la que se ha permitido, de este modo, crecer hasta convertirse en un peligro para el Estado. (Prolongados aplausos.)

Hace todavía muy poco, la desviación nacionalista local no era en Ucrania el peligro más grave; pero cuando se dejó de combatirla y se le permitió crecer hasta formar un bloque con los intervencionistas, se convirtió en el peligro principal. La cuestión del peligro principal en el problema nacional no se resuelve mediante discusiones hueras y formales, sino con el análisis marxista de la situación en el momento dado y con el examen de los errores cometidos en esta cuestión. Lo mismo debe decirse de las desviaciones de derecha y de “izquierda” en la política general. También aquí, como en otras cuestiones, hay bastante confusión de ideas entre algunos miembros de nuestro Partido. A veces, al combatir la desviación de derecha, se aparta la mano de la desviación de “izquierda” y se debilita la lucha contra ella, suponiendo que no es peligrosa o poco peligrosa. Este es un grave y peligroso error. Es una concesión a la desviación de “izquierda”, una concesión inadmisible, en un miembro del Partido. Y es tanto más inadmisible por cuanto en estos últimos tiempos los “izquierdistas” se han deslizado definitivamente hacia la posición de la derecha y, en realidad, esas desviaciones ya no se diferencian en nada. Siempre hemos dicho que los de la “izquierda” son los de la derecha que disfrazan su posición derechista con frases izquierdistas. Actualmente, la propia “izquierda” lo confirma así.

Tomad los números del “Boletín” trotskista correspondientes al año pasado. ¿Qué exigen y qué escriben los señores trotskistas?, ¿en qué se expresa su programa de “izquierda”? Exigen: la disolución de los sovjóses, por no ser rentables; la disolución de la mayor parte de los koljóses, por ser ficticios; acabar con la política de liquidación de los kulaks, volver a la política de concesiones y entregar en concesión muchas de nuestras empresas industriales, por no ser rentables. ¡Ahí tenéis el programa de esos cobardes y miserables capituladores, el programa contrarrevolucionario de la restauración del capitalismo en la U.R.S.S.! ¿En qué difiere del programa de la extrema derecha? Está claro que en nada. Resulta que los “izquierdistas” se han adherido de manera pública al programa contrarrevolucionario de la derecha, para constituir con ella un bloque y luchar juntos contra el Partido. ¿Cómo se puede decir, después de esto, que los “izquierdistas” no son peligrosos o son poco peligrosos? ¿No está claro que decir cosa tan absurda es llevar el agua al molino de los enemigos acérrimos del leninismo? Como veis, también aquí, en el terreno de las desviaciones respecto de la línea del Partido, ya se trate de desviaciones en la política general o en la cuestión nacional, las supervivencias del capitalismo en la conciencia de los hombres, incluso en la de algunos miembros de nuestro Partido, son bastante

vivaces. He aquí unas cuantas cuestiones, serias y actuales, de nuestro trabajo ideológico y político en las que algunos sectores del Partido no ven claro, se confunden y, a veces, se desvían francamente del leninismo. Pero éstas no son las únicas cuestiones ilustrativas de la confusión de ideas reinante entre algunos miembros del Partido. ¿Se puede decir, después de esto, que todo anda bien en el Partido? Claro que no. Nuestras tareas en el terreno del trabajo ideológico y político: 1) Elevar el nivel teórico del Partido a la debida altura. 2) Intensificar el trabajo ideológico en todos los eslabones del Partido. 3) Desplegar una incansable propaganda del leninismo en las filas del Partido. 4) Educar las organizaciones del Partido y a los simpatizantes activos sin-partido en el espíritu del internacionalismo leninista. 5) No velar, sino criticar valientemente las desviaciones de algunos camaradas respecto del marxismo-leninismo. 6) Desenmascarar sistemáticamente la ideología y los restos de la ideología de las corrientes hostiles al leninismo.

### 2. Las cuestiones de la dirección del trabajo de organización.

He hablado de nuestros éxitos. He hablado de la victoria de la línea del Partido, tanto en el terreno de la economía nacional y de la cultura como en la lucha contra los grupos antileninistas en él Partido. He hablado de la significación de nuestra victoria para la historia mundial. Sin embargo, esto no significa que se haya triunfado en todas partes y en todo, ni que estén resueltos ya todos los problemas. Tales éxitos y tales victorias no se dan generalmente en la vida. Aun nos quedan bastantes problemas que resolver y deficiencias de todo género que subsanar. Nos espera un cúmulo de problemas que aguardan solución. Ahora bien, esto significa, indudablemente, que la mayor parte de los problemas inmediatos e inaplazables ha sido resuelta con buen éxito. En este sentido, es indiscutible la grandiosa victoria de nuestro Partido. Ahora bien, ¿cómo se ha logrado la victoria?, ¿cómo ha sido conseguida en la práctica?, ¿cómo se ha luchado por ella?, ¿qué esfuerzos se han hecho para alcanzarla?

Algunos piensan que basta trazar una línea acertada del Partido, proclamada públicamente, exponerla en forma de tesis y resoluciones generales y aprobada en votación unánime, para que la victoria llegue por sí sola, digámoslo así, por el curso natural de las cosas. Esto, claro está, no es cierto. Es un gran error. Así no pueden pensar más que incorregibles burócratas y aficionados al papeleo. En realidad, estos éxitos y estas victorias no han sido alcanzados sin más ni más, sino en lucha encarnizada por la aplicación de la línea del Partido. La victoria no llega nunca por sí sola: habitualmente, hay que conquistarla. Las buenas resoluciones y declaraciones en favor de la línea general del Partido constituyen sólo el comienzo de la obra, pues no significan más que el deseo de triunfar, y no la victoria misma. Una vez trazada una línea certera, una vez se ha indicado la solución acertada de los problemas planteados, el éxito depende del trabajo de organización, depende de la organización de la lucha por la puesta en práctica de la línea del Partido, depende de una acertada selección de los hombres, del control del cumplimiento, de las decisiones adoptadas por los organismos directivos.

De otro modo, la acertada línea del Partido y las decisiones acertadas corren el riesgo de sufrir un serio daño. Más aún: después de trazada una línea política certera, es el trabajo de organización el que lo decide todo, incluso la suerte de la línea política misma, y su cumplimiento o su fracaso. En realidad, la victoria ha sido conseguida y conquistada gracias a una lucha sistemática y tenaz contra todas las dificultades en la aplicación de la línea del Partido, gracias a la superación de estas dificultades, mediante la movilización del Partido y de la clase obrera para vencerlas, mediante la organización de la lucha para vencerlas, mediante la destitución de los dirigentes inservibles y la selección de otros mejores, capaces de organizar la lucha contra las dificultades. ¿Cuáles son estas dificultades y dónde radican? Son las dificultades de nuestro trabajo de organización, de la dirección de dicho trabajo. Radican en nosotros mismos, en nuestros cuadros dirigentes, en nuestras organizaciones, en el aparato de las organizaciones del Partido, de los Soviets, de la economía, de los sindicatos, del Komsomol y de todas las demás organizaciones. Hay que comprender que la fuerza y el prestigio de nuestras organizaciones del Partido, de los Soviets, de la economía y demás, así como de sus dirigentes, se han desarrollado hasta alcanzar una altura inusitada. Y precisamente porque su fuerza y su prestigio han crecido de ese modo, todo o casi todo depende ahora de su trabajo. No hay razón para invocar las condiciones llamadas objetivas. Después de que el acierto de la línea política del Partido ha sido confirmado por la experiencia de muchos años, y la voluntad de los obreros y campesinos para apoyarla no ofrece ya dudas, el papel de las condiciones llamadas objetivas se ve reducido a un mínimo, mientras que el de nuestras organizaciones y sus dirigentes se ha hecho decisivo y excepcional. ¿Qué significa esto? Significa que la responsabilidad

por nuestros reveses y deficiencias en el trabajo recae actualmente, en sus nueve décimas partes, no sobre las condiciones “objetivas”, sino sobre nosotros, y solamente sobre nosotros mismos. Contamos en el Partido con más de dos millones de militantes y candidatos. Tenemos en el Komsomol más de cuatro millones de militantes y candidatos. Tenemos más de tres millones de corresponsales obreros y campesinos. El Osoaviajim agrupa a más de 12 millones de afiliados. En los sindicatos hay más de 17 millones de militantes. A estas organizaciones debemos nuestros éxitos. Y si, aun contando con estas organizaciones y estas posibilidades, que facilitan los éxitos, se observan todavía en el trabajo no pocos reveses y no pocas deficiencias, la culpa es sólo nuestra, de nuestro trabajo de organización, de nuestra mala dirección. El burocratismo y el papeleo de los aparatos de administración; la charlatanería sobre “dirección en general”, en lugar de dirección viva y concreta; la estructura funcional de las organizaciones y la falta de responsabilidad personal; la ausencia de responsabilidad personal en el trabajo y el igualitarismo en el sistema de los salarios; la falta de control sistemático del cumplimiento de las decisiones y el temor a la autocrítica: he aquí el origen de nuestras dificultades, he aquí donde anidan ahora nuestras dificultades.

Sería ingenuo pensar que pueden vencerse estas dificultades con resoluciones y disposiciones. Los burócratas y los aficionados al papeleo tienen ya desde hace mucho tiempo gran habilidad para manifestar, de palabra, fidelidad a las decisiones del Partido y del Gobierno y, en la práctica, sepultarlas en un cajón. Para vencer estas dificultades, ha sido preciso liquidar el atraso de nuestro trabajo de organización con respecto a las exigencias de la línea política del Partido; ha habido que elevar el nivel de la dirección del trabajo de organización en todas las esferas de la economía nacional hasta el nivel de la dirección política; ha sido necesario luchar para que nuestro trabajo de organización permitiera llevar a la práctica las consignas políticas y las decisiones del Partido. Para vencer estas dificultades y conseguir éxitos, ha habido que organizar la lucha por la victoria sobre estas dificultades, incorporar a las masas de obreros y campesinos a esta lucha, movilizar el Partido mismo, depurar de elementos dudosos, inestables y degenerados el Partido y los organismos dirigentes de la economía. ¿Qué se requería para ello?

Se requería: 1) Desarrollar la autocrítica y poner al desnudo las deficiencias de nuestro trabajo. 2) Movilizar las organizaciones del Partido y de los Soviets, de la economía, de los sindicatos y del Komsomol para la lucha contra las dificultades. 3) Movilizar las masas obreras y campesinas para la lucha por la aplicación de las consignas y decisiones del Partido y del Gobierno. 4) Desarrollar la emulación y el trabajo de choque entre los trabajadores. 5) Organizar una amplia red de secciones políticas en las estaciones de máquinas y tractores y en los sovjóses, así como acercar al campo la dirección del Partido y de los Soviets. 6) Descentralizar los Comisariados del Pueblo, las direcciones generales y los trusts, establecer una relación más directa entre los organismos rectores de la economía y las empresas. 7) Acabar con la ausencia de responsabilidad personal en el trabajo y con el igualitarismo en el sistema de salarios. 8) Suprimir la estructura funcional, fortalecer la responsabilidad personal y orientarnos hacia la abolición del sistema de las juntas de administración. 9) Intensificar el control del cumplimiento de las decisiones y orientarnos hacia la reorganización, con este objeto, de la Comisión Central de Control y de la Inspección Obrera y Campesina. 10) Acercar a la producción a los especialistas que trabajan actualmente en las oficinas. 11) Desenmascarar y expulsar de los aparatos administrativos a los incorregibles burócratas y aficionados al papeleo. 12) Destituir a los infractores de las decisiones del Partido y del Gobierno, a los embusteros y charlatanes, y sustituirlos por gente nueva, práctica, por hombres capaces de asegurar una dirección concreta del trabajo encomendado y el fortalecimiento de la disciplina del Partido y de los organismos soviéticos. 13) Depurar las organizaciones de los Soviets y de la economía y reducir sus plantillas. 14) Por último, depurar el Partido, arrojando de él a los elementos dudosos y degenerados.

Estos son los medios esenciales que hubo de poner en juego el Partido para vencer las dificultades, elevar nuestro trabajo de organización hasta el nivel de la dirección política y asegurar, de este modo, la puesta en práctica de la línea del Partido. Ya sabéis que el Comité Central de nuestro Partido ha realizado precisamente así su trabajo de organización en el periodo de que rendimos cuenta. El C.C. se ha guiado en esto por la idea genial de Lenin de que lo principal en el trabajo de organización es la selección de los hombres y el control del cumplimiento de las decisiones adoptadas. Quisiera decir algunas palabras sobre la selección de los hombres y la sustitución de los que no han estado a la altura debida. Aparte de algunos incorregibles burócratas y aficionados al papeleo, respecto a cuya destitución todos estamos de acuerdo, hay dos tipos de

funcionarios que entorpecen nuestro trabajo, lo obstaculizan y no nos permiten avanzar. Al primer tipo corresponden los funcionarios que contrajeron ciertos méritos en el pasado, hombres que se han convertido en grandes señores y a quienes les parece que las leyes soviéticas y del Partido no han sido escritas para ellos, sino para los tontos. Son esos mismos funcionarios que tampoco estiman deber suyo cumplir las decisiones del Partido y del Gobierno y que destruyen así las bases de la disciplina del Partido y del Estado. ¿En qué confían al vulnerar las leyes soviéticas y del Partido? Confían en que, por sus méritos pasados, el Poder Soviético no se atreverá a meterse con ellos. Estos grandes señores ensoberbecidos piensan que son insustituibles y que pueden infringir impunemente las decisiones de los organismos directivos. ¿Qué se debe hacer con estos funcionarios? Hay que destituirlos de los puestos de dirección sin titubeos, sin reparar en sus méritos pasados. (Voces: “¡Muy bien!”.) Hay que pasarles a puestos de menor importancia y publicar la noticia en la prensa. (Voces: “¡Muy bien!”.) Esto es indispensable para bajarles los humos a estos ensoberbecidos grandes señores burócratas y colocarles en el lugar que les corresponde. Ello es indispensable para consolidar en todo nuestro trabajo la disciplina del Partido y de los organismos soviéticos. (Voces: “¡Muy bien!”.

Aplausos.) . Y ahora hablemos del segundo tipo de funcionarios. Es el tipo de charlatanes, yo diría de charlatanes honrados (risas), hombres honestos, fieles al Poder Soviético, pero incapaces de dirigir, incapaces de organizar nada. Tuve el año pasado una conversación con uno de estos camaradas, un camarada muy estimable, pero un charlatán incorregible, capaz de ahogar con su verborrea cualquier obra viva. He aquí esta conversación: Yo: ¿Qué tal va la siembra? Él: ¿La siembra, camarada Stalin? Nos hemos movilizado. (Risas.) Yo: Bien, ¿y qué? Él: Hemos planteado la cuestión de plano. (Risas.) Yo: Bien, ¿y qué más? Él: Hay un viraje, camarada Stalin, pronto se producirá un viraje. (Risas.) Yo: Bueno, pero ¿qué hay en realidad? Él: Se perfilan progresos. (Risas.) Yo: Bien, pero ¿qué tal va la siembra? Él: Hasta ahora no hemos logrado hacer nada, camarada Stalin. (Hilaridad general.) He aquí la fisonomía del charlatán. Se han movilizado, han planteado la cuestión de plano, hay un viraje y progresos, pero la cosa no avanza. Exactamente así es como ha caracterizado hace poco un obrero ucraniano el estado de una organización. Cuando se le preguntó si dicha organización se atenía a la línea, respondió: “¡Ah! ¿La línea?.. La línea existe, naturalmente; sólo que el trabajo no se ve”. (Hilaridad general.)

Por lo visto, esta organización tiene también sus charlatanes honrados. Y cuando se destituye a estos charlatanes, separándoles del trabajo de dirección, se quedan atónitos, boquiabiertos: “¿Por qué nos destituyen? ¿Es que no hemos hecho todo lo necesario? ¿Es que no hemos reunido la conferencia de obreros de choque, no hemos proclamado en ella las consignas del Partido y del Gobierno, no hemos elegido todo el Buró Político del Comité Central para la presidencia de honor? (Hilaridad general.) ¿Es que no hemos mandado saludos al camarada Stalin? ¿Qué más queréis de nosotros?”. (Carcajada general.) ¿Qué hacer con estos charlatanes incorregibles? Si se les deja en un trabajo de dirección, son capaces de ahogar cualquier obra viva en un torrente de discursos interminables y hueros. Es evidente que hay que destituirlos de los puestos de dirección y darles un trabajo de otro tipo. En el trabajo de dirección no hay lugar para los charlatanes. (Voces: “¡Muy bien!”. Aplausos.) Ya he informado brevemente de cómo el C.C. ha dirigido la selección de los hombres en las organizaciones de los Soviets y de la economía y de cómo ha reforzado el control del cumplimiento de las decisiones. El camarada Kaganóvich os informará más detalladamente en el tercer punto del orden del día del Congreso.

Ahora quisiera decir unas palabras respecto al trabajo a realizar en adelante con vistas a la intensificación del control del cumplimiento de las decisiones. La acertada organización del control del cumplimiento de las decisiones tiene una importancia cardinal en la lucha contra el burocratismo y el papeleo. ¿Se ponen en práctica las decisiones de las organizaciones directivas o son sepultadas por los burócratas y los aficionados al papeleo? ¿Se aplican en forma acertada o se tergiversan? ¿Trabaja el aparato honradamente y a lo bolchevique o da vueltas como una rueda loca? Todo esto sólo puede saberse a tiempo si existe un control bien organizado. Un control bien organizado es el reflector que permite iluminar el estado del trabajo de nuestros organismos en cualquier momento y exponer a la vergüenza pública a los burócratas y a los aficionados al papeleo. Se puede afirmar con toda seguridad que las nueve décimas partes de nuestras fallas y errores se deben a la falta de un control bien organizado. No cabe duda de que con un buen control del cumplimiento de las decisiones, las fallas y los errores serían prevenidos a ciencia cierta. Mas, para que este control dé resultado, se precisan, por lo menos, dos condiciones: primera, que el control sea sistemático, y no esporádico; segunda, que al frente del control en todos los

eslabones de las organizaciones del Partido, de los Soviets y de la economía no estén camaradas que ocupen puestos de segundo orden, sino camaradas con suficiente autoridad, los propios dirigentes de las organizaciones. Una acertada organización del control del cumplimiento de las decisiones tiene la mayor importancia para las instituciones dirigentes centrales. La Inspección Obrera y Campesina, por su organización, no reúne las condiciones necesarias de un aparato de control bien montado. Hace unos años, cuando nuestro trabajo en el terreno económico era más sencillo y menos satisfactorio, cuando se tenía la posibilidad de inspeccionar el trabajo de todos los Comisariados del Pueblo y de todos los organismos de la economía, la Inspección Obrera y Campesina cumplía sus fines. Pero ahora que nuestro trabajo de dirección de la economía es mayor, se ha hecho más complicado y ya no hay necesidad ni posibilidad de ejercer la inspección desde un solo centro, la Inspección Obrera y Campesina debe ser reorganizada. Lo que nos hace falta ahora no es inspeccionar, sino comprobar el cumplimiento de las decisiones del centro; lo que nos hace falta ahora es controlar el cumplimiento de las decisiones del centro. Ahora necesitamos una organización que, sin proponerse el objetivo de hacer la inspección universal de todos y de todo, pueda concentrar su atención en el control, en la comprobación del cumplimiento de las decisiones de los organismos centrales del Poder Soviético.

Tal organización puede ser únicamente la Comisión de Control Soviético, adjunta al Consejo de Comisarios del Pueblo de la U.R.S.S., que trabaje por encargo de éste y cuente en todas partes con sus propios representantes, independientes de los órganos locales. Y para que la Comisión tenga la autoridad suficiente y pueda, en caso necesario, exigir responsabilidades a cualquier funcionario dirigente, es preciso que todos los candidatos a miembros de la Comisión de Control Soviético sean propuestos por el Congreso del Partido y confirmados por el Consejo de Comisarios del Pueblo y por el Comité Ejecutivo Central de la U.R.S.S. Creo que solamente una organización de este tipo podría reforzar el control y la disciplina soviéticos. En lo que respecta a la Comisión Central de Control, ésta fue creada, sobre todo y principalmente, como es notorio, para prevenir una escisión del Partido. Sabéis que el peligro de escisión existió realmente entre nosotros hace algún tiempo. Sabéis que la Comisión Central de Control y sus organizaciones lograron prevenir ese peligro. Pero ahora ya no hay peligro de escisión. En cambio, sentimos la necesidad imperiosa de una organización capaz de concentrar la máxima atención en el control del cumplimiento de las decisiones del Partido y de su Comité Central.

Esta organización no puede ser más que una Comisión de Control del Partido, adjunta al C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S., que trabaje por encargo del Partido y de su C.C. y cuente en todas partes con sus propios representantes, independientes de las organizaciones locales. Claro que organización tan responsable debe tener una gran autoridad. Y para que la tenga y pueda exigir responsabilidades a cualquier funcionario dirigente que haya cometido una falta, incluidos los miembros del Comité Central, es indispensable que solamente el órgano superior del Partido, su Congreso, pueda elegir y destituir a los miembros de esta Comisión. No cabe duda de que tal organización será verdaderamente capaz de asegurar el control del cumplimiento de las decisiones de los organismos centrales del Partido y de fortalecer la disciplina del Partido. Así están las cosas en cuanto a la dirección del trabajo de organización. Nuestras tareas a este respecto son: 1) Seguir ajustando nuestro trabajo de organización a las exigencias de la línea política del Partido. 2) Elevar la dirección del trabajo de organización al nivel de la dirección política. 3) Conseguir que la dirección del trabajo de organización asegure por completo el cumplimiento de las consignas políticas y las decisiones del Partido. * * * Camaradas: Termino el informe.

¿Qué conclusiones podemos sacar? Todos reconocen ya que nuestros éxitos son grandes, extraordinarios. El país ha sido encauzado, en un plazo relativamente corto, por el camino de la industrialización y de la colectivización. El primer plan quinquenal se ha cumplido con buen éxito. Ello despierta un sentimiento de orgullo y consolida en nuestros militantes la fe en sus propias fuerzas. Eso, naturalmente, está bien. Pero los éxitos tienen, en ocasiones, su lado negativo. Engendran a veces peligros, que, si se les permite desarrollarse, pueden echado todo a rodar. Por ejemplo, hay el peligro de que a algunos de nuestros camaradas los éxitos se les suban a la cabeza. Como es sabido, ya se han dado algunos casos. Hay el peligro de que algunos camaradas, embriagados por los éxitos, se envanezcan hasta más no poder y comiencen a arrullarse con canciones jactanciosas, como ésas de “para nosotros ahora todo es pan comido”, “no hay quien pueda con nosotros”, etc. Eso no está descartado en absoluto, camaradas. Nada más peligroso que esta disposición de ánimo, porque desarma al Partido y desmoviliza sus filas. Si esta disposición de ánimo llega a prevalecer en nuestro Partido, pondremos en peligro todos nuestros éxitos. Naturalmente, hemos cumplido el primer plan quinquenal con buen éxito. Esto es cierto. Pero las

cosas no terminan ni pueden terminar ahí, camaradas. Tenemos en perspectiva el segundo plan quinquenal, que también debe ser cumplido, y cumplido asimismo con buen éxito. Ya sabéis que los planes se cumplen en lucha contra las dificultades, a medida que se vencen las dificultades. Quiere decirse que habrá dificultades, que habrá también que luchar contra ellas. Los camaradas Mólotov y Kúibishev os informarán acerca del segundo plan quinquenal. Por sus informes veréis las grandes dificultades que habremos de vencer para llevar a cabo este grandioso plan. Por tanto, no hay que adormecer al Partido, sino desarrollar en él la vigilancia; no arrullarlo, sino mantenerlo siempre dispuesto al combate; no desarmarlo, sino armarlo; no desmovilizarlo, sino conservarlo en estado de movilización para llevar a cabo el segundo plan quinquenal. De aquí la primera conclusión: no embriagarse con los éxitos alcanzados ni envanecerse. Hemos logrado esos éxitos porque hemos tenido una acertada línea directriz del Partido y hemos sabido organizar a las masas para poner en práctica esta línea. Huelga decir que sin estas condiciones no hubiéramos obtenido esos éxitos, de los que nos enorgullecemos legítimamente. Ahora bien, tener una línea acertada y saber ponerla en práctica es algo muy raro en la vida de los partidos gobernantes. Fijaos en los países que nos rodean.

¿Encontraréis muchos partidos gobernantes que tengan una línea acertada y la apliquen? En realidad, hoy no existen tales partidos en el mundo, pues todos los partidos viven sin perspectivas, se enredan en el caos de la crisis y no ven el camino para salir del pantano. Únicamente nuestro Partido sabe hacia dónde hay que conducir las cosas y las conduce con buen éxito. ¿A qué debe nuestro Partido esta ventaja? A que es un partido marxista, un partido leninista, a que se guía en su trabajo por la doctrina de Marx, Engels y Lenin. No puede caber duda de que, mientras sigamos fieles a esta doctrina, mientras nos guiemos por esta brújula, obtendremos éxitos en nuestro trabajo. Se dice que en el Occidente, en algunos países, ya se ha destruido el marxismo. Se dice que lo ha destruido la corriente burguesa nacionalista titulada fascismo. Eso es una tontería, naturalmente. Sólo quien desconoce la historia puede hablar así. El marxismo es la expresión científica de los intereses vitales de la clase obrera. Para destruir el marxismo, hay que destruir a la clase obrera. Y esto es imposible. Más de ochenta años han transcurrido desde que el marxismo salió a la lid. En este tiempo, decenas, centenares de gobiernos burgueses han intentado destruirlo. ¿Y qué ha ocurrido? Los gobiernos burgueses vienen y se van, pero el marxismo queda. (Clamorosos aplausos.)

Más aún: el marxismo ha conseguido una victoria completa en una sexta parte del mundo, precisamente en el país donde el marxismo se consideraba definitivamente destruido. (Clamorosos aplausos.) No puede estimarse un azar que el país donde el marxismo ha logrado una victoria completa sea hoy el único del mundo que no conoce las crisis y el paro, mientras que en los demás países, comprendidos los fascistas, reinan, desde hace cuatro años, la crisis y el paro. No, camaradas, esto no es una casualidad. (Prolongados aplausos.) Sí, camaradas, hemos conseguido nuestros éxitos por haber trabajado y luchado bajo la bandera de Marx, Engels y Lenin. De aquí la segunda conclusión: ser fieles hasta el fin a la gloriosa bandera de Marx, Engels y Lenin. (Aplausos.) La clase obrera de la U.R.S.S. no sólo es fuerte porque cuenta con un Partido leninista probado en las luchas. No sólo es fuerte porque cuenta con el apoyo de millares de campesinos laboriosos, sino también porque lo respalda y lo sostiene el proletariado mundial. La clase obrera de la U.R.S.S. es parte del proletariado mundial, es su destacamento de vanguardia, y nuestra república es carne de la carne del proletariado mundial. No cabe duda de que, si no hubiese tenido el apoyo de la clase obrera de los países capitalistas, no se habría mantenido en el Poder, no habría asegurado las condiciones necesarias para la edificación socialista; por consiguiente, no habría tenido los éxitos que registra hoy.

Los vínculos internacionales de la clase obrera de la U.R.S.S. con los obreros de los países capitalistas, la unión fraternal de los obreros de la U.R.S.S. con los obreros de todos los países, constituyen una de las piedras angulares de la fuerza y de la potencia de la República Soviética. Los obreros del Occidente dicen que la clase obrera de la U.R.S.S. es la brigada de choque del proletariado mundial. Eso está muy bien. Significa que el proletariado mundial está dispuesto a seguir apoyando a la clase obrera de la U.R.S.S. en la medida de sus fuerzas y posibilidades. Pero eso nos impone serias obligaciones. Eso significa que tenemos que justificar con nuestro trabajo el honroso título de brigada de choque de los proletarios de todos los países. Esto nos obliga a trabajar mejor, a luchar mejor por la victoria definitiva del socialismo en nuestro país, por la victoria del socialismo en todos los países. De aquí la tercera conclusión: ser fieles hasta el fin a la causa del internacionalismo proletario, a la causa de la unión fraternal de los proletarios de todos los países. (Aplausos.) Tales son las conclusiones. ¡Viva la gloriosa e invicta bandera de Marx, Engels y Lenin! (Clamorosos y prolongados aplausos en toda la sala. El Congreso ovaciona al camarada Stalin. Se canta “La Internacional”. Después, la ovación estalla con fuerza redoblada.

Voces: “¡Hurra a Stalin!”, “¡Viva Stalin!”, “¡Viva el Comité Central del Partido!”).

Publicado el 28 de enero de 1934 en el núm. 27 de “Pravda”.

## En lugar de discurso de resumen. 31 de enero de 1934.

Camaradas: Podemos decir que los debates del Congreso han puesto de relieve la completa unidad de los puntos de vista de nuestros dirigentes en todos los problemas políticos del Partido. No ha habido, como sabéis, ninguna objeción al informe. Se ha manifestado, por consiguiente, la extraordinaria cohesión ideológica, política y orgánica de las filas de nuestro Partido. (Aplausos.) Y ahora nos preguntamos: ¿es necesario, después de esto, un discurso de resumen? Creo que no. Permitidme, pues, que renuncie a él. (Clamorosa ovación. El Congreso se pone en pie. Un “hurra” atronador. Clamorosas exclamaciones de “¡Viva Stalin!”.El Congreso, en pie, canta “La Internacional”. Después, se reanuda la ovación. Voces: “¡Hurra!”, “¡Viva Stalin!”, “¡Viva el Comité Centra!”).

Publicado el 1 de febrero de 1934 en el núm. 31 de “Pravda”.