Estrictamente secreto

14 de julio de 1934

A los miembros y candidatos del Buró Político del CC:

a los camaradas Andréiev, Voroshílov, Kagánovich, Kalinin, Kírov, Kósior St., Kúibyshev, Mikoyán, Mólotov, Ordzhonikidze, Petrovski, Póstyshev, Rudzutak, Stalin, Chubar.

Al camarada Zhdánov.

A los camaradas Bujarin y Stetski.

En "Izvestia" del 12 de mayo de 1934 se publicó un artículo del camarada Bujarin "La economía del país soviético". El artículo suscitó observaciones críticas del camarada Stetski, distribuidas a los miembros del BP el 16 de mayo. A raíz de mi propuesta al camarada Bujarin, este último envió a fines de junio a mi nombre una "Respuesta al camarada Stetski", a la que siguió una contrarrespuesta del camarada Stetski "Sobre los nuevos ejercicios críticos del camarada Bujarin". Considero que estos últimos documentos merecen ser distribuidos a los miembros del BP.

Al distribuirlos a los miembros del BP, considero necesario señalar que en la disputa entre los camaradas Bujarin y Stetski, tiene razón el camarada Stetski, y no el camarada Bujarin.

1. No se puede reducir la industrialización a la creación de "fondos" en general, como lo hace el camarada Bujarin, ya que tal reducción vela la diferencia entre los "fondos" de la industria pesada, que son los dirigentes y reorganizadores de toda la economía nacional, y los "fondos" de otras ramas de la economía nacional, que no son ni dirigentes ni reorganizadores. Para nuestra política, toda la esencia está precisamente en esta diferencia.

2. No se puede hacer ni siquiera una alusión lejana a que nuestra industria pesada se haya desarrollado supuestamente mediante una cierta o parcial devoración de la industria ligera y la agricultura. No se puede, porque eso no corresponde a la realidad, huele a calumnia y desacredita la política del partido. Y tal alusión, aunque lejana, está presente sin duda en el artículo del camarada Bujarin.

En relación con esto, no se puede dejar de señalar que los antiguos derechistas a veces intentan reducir la diferencia en las orientaciones del partido y de los derechistas a que el partido marchaba hacia el objetivo supuestamente mediante un golpe frontal, mientras que los derechistas marchaban hacia el mismo objetivo por un camino indirecto, pero menos doloroso, y que si se les hubiera dado la posibilidad a los derechistas, ellos habrían llegado al objetivo con menores sacrificios.

No hay necesidad de demostrar que semejante «teoría» no tiene nada en común con el marxismo. En realidad, los derechistas no marchaban «hacia el mismo objetivo», sino hacia la trampa tendida por el enemigo de clase, y si los obreros hubieran hecho caso a los derechistas, estarían sentados en la trampa… Me parece que precisamente las reminiscencias de esta «teoría» contrarrevolucionaria, de las cuales, por lo visto, aún no se ha liberado el camarada Bujarin, han desempeñado su papel en su artículo «La economía del país soviético».

3. No se puede reducir la política de colectivización al concepto de «revolución agraria», como lo hace el camarada Bujarin. No se puede, porque tal «operación» vela lo fundamental que diferencia ventajosamente la política de colectivización de cualquier otra política «agraria» respecto al campesinado. Para nuestro partido, toda la esencia reside precisamente en esta diferencia. Esto, por supuesto, no es una discusión sobre «palabras». Es una cuestión de claridad y precisión en las formulaciones. Los bolcheviques son fuertes porque no menosprecian las exigencias de la claridad y la precisión.

4. No se puede hablar de nep «clásica» y no clásica. No se puede, porque esto embrolla la cuestión y puede confundir a la gente. Las palabras «nuevas» son necesarias si son provocadas por la necesidad, crean claridad, aportan ventajas evidentes. Son perjudiciales si no son provocadas por la necesidad y huelen a artificiosidad. Los bolcheviques no necesitan el juego de las «nuevas palabrejas».

I. Stalin.

14. VII. 34