A nuestro partido le ha sobrevenido una gran desgracia. El 1 de diciembre, a manos de un villano asesino enviado por los enemigos de clase, pereció el camarada Kírov. No solo para nosotros, sus amigos cercanos y camaradas, sino para todos los que lo conocieron por su trabajo revolucionario, los que lo conocieron como luchador, camarada y amigo, la muerte de Kírov es una pérdida irreparable. A manos del enemigo pereció un hombre que entregó toda su brillante vida a la causa de la clase obrera, a la causa del comunismo, a la causa de la liberación de la humanidad. El camarada Kírov representaba un modelo de bolchevique, que no conoció el miedo ni las dificultades para alcanzar la gran meta fijada por el partido. Su rectitud, su férrea firmeza, sus asombrosas cualidades de inspirado tribuno de la revolución se combinaban en él con la cordialidad y la ternura en las relaciones personales, de camaradería y amistad, con la cálida luz y la modestia que son propias de un verdadero leninista. El camarada Kírov trabajó en distintas partes de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, tanto en los tiempos de la clandestinidad como después de la Revolución de Octubre —en Tomsk y Astracán, en Vladikavkaz y Bakú— y en todas partes mantuvo en alto la bandera del partido y conquistó para la causa del partido a millones de trabajadores con su infatigable, enérgica y fructífera labor de revolucionario. Los últimos nueve años, el camarada Kírov dirigió la organización de nuestro partido en la ciudad de Lenin y la región de Leningrado. En una breve y luctuosa carta no es posible valorar su actividad entre los trabajadores de Leningrado.

Sería difícil encontrar en nuestro partido un dirigente más adecuado para la clase obrera de Leningrado, que con tanta habilidad unió a todos los miembros del partido y a toda la clase obrera en torno al partido. Él creó en toda la organización de Leningrado esa atmósfera de organización bolchevique, disciplina, amor y devoción a la causa de la revolución, que distinguían al propio camarada Kírov. Fuiste cercano a todos nosotros, camarada Kírov, como un amigo fiel, un compañero querido, un camarada de lucha confiable. Hasta los últimos días de nuestra vida y de nuestra lucha te recordaremos, querido amigo, y sentiremos la amargura de nuestra pérdida.

Siempre estuviste con nosotros en los años de duros combates por el triunfo del socialismo en nuestro país, siempre estuviste con nosotros en los años de vacilaciones y dificultades dentro de nuestro partido, viviste junto a nosotros todas las dificultades de los últimos años, y te perdimos en el momento en que nuestro país alcanzaba grandes victorias.

En toda esta lucha, en todos nuestros logros, hay mucho de tu contribución, mucho de tu energía, fuerza y amor ardiente a la causa del comunismo. ¡Adiós, nuestro querido amigo y camarada Serguéi! I. STALIN. S. ORDJONIKIDZE. V. MÓLOTOV. M. KALININ. K. VOROSHÍLOV. L. KAGANÓVICH. A. MIKOYÁN. A. ANDRÉYEV. V. CHÚBAR. A. ZHDÁNOV. V. KÚIBYSHEV. Y. RUDZUTAK. S. KOSIOR. P. POSTÝSHEV. G. PETROVSKI. A. ENUKIDZE. M. SHKIRYÁTOV. Yem. YAROSLAVSKI. N. YEZHO V. Pravda. 1934. 2 de diciembre.