Por supuesto, se podría presentar la situación de la siguiente manera: los 2,5 o 3 mil millones de divisas que extraeríamos de las entrañas de la economía nacional, podríamos destinarlos a la compra de materias primas, para que, como suele decirse, hubiera más artículos de consumo masivo y, por consiguiente, el pueblo se quejara menos. Esto también es un plan. Pero entonces no tendríamos industria, no tendríamos una agricultura desarrollada, no tendríamos un transporte que ya empieza a salir del atolladero, y para alimentar los ferrocarriles, al transporte hay que darle 100.000 vagones al año.

¿Acaso el transporte era entonces transporte con sus pequeñas cajas, una cantidad reducida de locomotoras y apenas 30 000 toneladas de transporte? Ahora queremos 70 000 toneladas de transporte y esto es incluso poco para 100 000 vagones. Y para ello se necesita una industria desarrollada… Si ella, la industria, tuviera cuadros bien forjados, que dominaran la técnica, tendríamos tres veces más producción, incluso más, se lo aseguro; si nuestra agricultura, con la base de maquinaria que posee, teniendo más de 300 mil tractores, si esa agricultura tuviera cuadros experimentados, al menos algo experimentados, de dirigentes agrícolas, podríamos recoger tres veces más cosecha, se lo aseguro — esto no es fanfarronería. Tenemos alrededor de 400 mil koljoses. Esto significa alrededor de 400 mil grandes haciendas, hablando en el lenguaje de la historia antigua, esto significa que necesitamos tener como mínimo 400 mil administradores de estas grandes haciendas, un koljós es una gran hacienda, y cada administrador debe tener además dos suplentes, lo que constituye también 800 mil personas. Y si se echa la cuenta, resulta una enorme masa de gente. ¿De dónde sacar a esta gente? La extraemos del seno de los campesinos, personas de escasa instrucción. Así pues, estos cuadros los estamos creando, se fortalecen, pero aún no están creados por completo y cuando esto llegue, podremos obrar milagros… Ahora hemos llegado a esa etapa de desarrollo en que los cuadros lo deciden todo, y no las yeguas ni las máquinas. Yeguas y máquinas tenemos bastantes y aún tendremos más, pero los cuadros, es muy difícil formarlos. Tenemos pilotos que, para no perder la máquina, por lástima de ella, arriesgan la vida, pero no se lanzan en paracaídas.

Esto es un crimen. Cien máquinas no valen lo que un solo piloto, por malo que sea. No basta con traerlo al mundo, hay que forjarlo. Lenin decía que, para tener un verdadero y firme político, es necesario forjarlo durante no menos de 15 años. Nosotros podemos crear cada día varias decenas de grandes máquinas. No valoramos a los cuadros. Yo bebo por ustedes, por los cuadros superiores de nuestro Ejército Rojo, y les deseo todo tipo de éxitos en la labor de organizar la defensa de nuestra Patria, en la labor de la dirección práctica de esa defensa, porque serán ustedes quienes dirijan la defensa. Nosotros aquí dirigiremos con discursos, y ustedes allí dirigirán en la práctica… Pravda. 1935. 6 de mayo. RGASPI F. 558. Op. 11. D. 1077. L. 43–49.