Camaradas, antes de aplaudir, todavía no saben lo que voy a decir.

A todas aquellas decisiones que han sido adoptadas por el partido y el gobierno, nosotros tenemos dos enmiendas, dictadas por estos camaradas (señala al presídium).

El asunto se reduce a lo siguiente: el partido y el gobierno han condecorado por la exitosa construcción del Metropolitano de Moscú a unos con la Orden de Lenin, a otros con la Orden de la Estrella Roja, a otros con la Orden de la Bandera Roja del Trabajo, a otros con diplomas del Comité Ejecutivo Central de los Soviets.

Y he aquí nuestra pregunta: ¿qué hacer con los demás camaradas (animación en la sala), que trabajaron no peor que los condecorados, que en la medida de sus fuerzas entregaron su sangre, su trabajo, sus energías a la causa del Metropolitano de Moscú?

Qué hacer con ellos: esa es la cuestión.

Nosotros desde el presidium los miramos a ustedes: no todos tienen la misma jeta (animación en la sala, estruendosos aplausos).

Algunos de ustedes parecen estar contentos, otros se quedan perplejos: ¿cómo es posible que esos canallas nos hayan pasado por alto? (estallido de aplausos)

Así pues, este error del partido y del gobierno queremos corregirlo ante el mundo honesto (aplausos).

Para no extenderme, no soy aficionado a pronunciar grandes discursos, sino que prefiero ir directamente al grano, permítanme leer las enmiendas (estruendosos aplausos).

Primera enmienda:

Por la exitosa lucha en la construcción del Metropolitano de Moscú, declarar, en nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo y del Comité Ejecutivo Central de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el agradecimiento a los trabajadores y trabajadoras de choque y a todo el colectivo de ingenieros, técnicos, obreros y obreras de Metrostroy (estruendosos aplausos, gritos de «¡Hurra!»). Esto debe ser llevado a cabo hoy mismo por el Consejo de Comisarios del Pueblo y el Comité Ejecutivo Central de la URSS, y mañana publicar que se declara el agradecimiento a todos los trabajadores de Metrostroy (estruendosos aplausos). No me aplaudan a mí, esta es la opinión de todo el presídium.

Y la segunda enmienda:

Por méritos especiales en la labor de movilización de los gloriosos jóvenes y las gloriosas jóvenes comunistas y por la exitosa construcción del Metropolitano de Moscú, condecorar con la Orden de Lenin a la organización moscovita del Komsomol (gritos de «¡Hurra!»).

Que esto se realice hoy y se publique mañana.

Quizá todo esto sea poco, pero no supimos idear nada mejor. Si es poco, digan qué más hacer (aplausos tormentosos, prolongados, que se convierten en ovación, gritos: «¡Hurra! ¡Viva el camarada Stalin! ¡Viva el camarada Kaganóvich! ¡Al camarada Stalin, un hurra del Komsomol! ¡Viva el Partido Comunista y su jefe, el camarada Stalin! ¡Viva el Komsomol leninista condecorado con la Orden de la Bandera Roja!»).

¿Bastan las enmiendas o hay que añadir algo más? ¿Por ahora basta? (Desde el lugar: «Basta». Tormentosos aplausos).

RGASPI F. 558. Op. 11. D. 1077. L. 56–58.

Nota

El discurso, con diferencias insignificantes, fue publicado según el texto de «Pravda» en el t. 14 de las Obras de Stalin (pp. 64–65). Se ofrece como ejemplo de comunicación directa del orador con el auditorio obrero, como ilustración de los ánimos entre los trabajadores durante el período de los primeros planes quinquenales. Es curioso que precisamente esta intervención de Stalin resultó ser la primera filmada en cine sonoro. He aquí lo que anotó al respecto en su diario B. Z. Shumiatski, en 1934 jefe de la Dirección General de la Industria Cinematográfica y vicepresidente del Comité de Asuntos Artísticos adjunto al Consejo de Comisarios del Pueblo de la URSS:

«Vieron el 16.V.35. Estuvieron presentes: Koba, Kl. Ef. (Voroshílov. — Red.), Sergó y Lázar Mois. (Kaganóvich. — Red.). Al principio mostré el noticiario sonoro de la llegada de Laval (antes de la visita a los camaradas Stalin y Mólotov). Luego los episodios de la visita (mudos)… Después me dirigí a Kl. Ef. y a Lázar Mois. y les dije que, bajo nuestra responsabilidad, habíamos realizado el 14.V del año en curso, en la Sala de Columnas de la Casa de los Sindicatos, la primera grabación sonora del discurso del camarada Stalin y que quisiera mostrarla. Kl. Ef. y L. Mois. se sorprendieron, pero enseguida aprobaron la idea y aconsejaron mostrarla sin dudarlo. Koba. En ese momento estaba distraído conversando con Sergó, pero, al sentir la larga pausa, preguntó: ¿qué veremos ahora, no sería mejor ver “El desembarco aéreo”? B. Sh. Antes pido ver otra película. Koba. Si es buena, de acuerdo. B. Sh. Inmediatamente puse en marcha la proyección y comenzó la transmisión del discurso y la imagen del camarada Stalin. Koba. Al principio, cuando se mostraba la retirada de la tribuna de la delegación de los constructores del metro, no entendió lo que ocurría en la pantalla, empezó a preguntar, pero apenas comenzó a sonar su discurso desde la pantalla, empezó a moverse en el sillón y a preguntar: ¿qué es esto? B. Sh. Es la primera grabación de su discurso. Koba, con tensión, empezó a escuchar atentamente el discurso, experimentando la sensación que nos es familiar a quien oye por primera vez la transmisión de su propia voz. En ese momento, todos los presentes en la proyección escuchaban y reaccionaban vivamente (con aplausos y risas) ante la mayor parte del discurso, y así, Koba, contagiándose del estado de ánimo general de la sala de proyección, empezó a sonreír. La grabación le gustó claramente. Empezó a preguntarme (a B. Sh.), a hacer observaciones puntuales sobre la posibilidad de conservar algunos pasajes. Entre los presentes surgió un animado intercambio de opiniones.» Todos coincidieron en que era necesario conservar íntegramente la grabación del discurso, ya que algunas de sus palabras son metáforas y su eliminación privaría al discurso de muchos rasgos brillantes, característicos e íntimos. Koba estuvo de acuerdo con esto. Se decidió esa misma noche proyectar esta filmación en las pantallas de Moscú y, a partir del día siguiente, en las pantallas de la Unión. Los camaradas agradecieron esta filmación» (RGASPI. F. 558. Op. 11. D. 829. L. 32-35).

El 17 de mayo de 1935, en "Pravda" se publicó una nota "Stalin en la pantalla", en la que se informaba sobre la pronta aparición de esta película en la distribución cinematográfica del país.