Camaradas! El Presídium de la presente reunión me ha encargado declararles dos cosas:

En primer lugar, acerca de que la presidencia tiene la intención de condecorar con la máxima distinción —la orden— a todos los participantes y participantes de esta reunión por su excelente trabajo.

En segundo lugar, acerca de que el gobierno ha tomado la decisión de entregar un camión a cada koljós aquí representado, y obsequiar a cada uno de los participantes de la reunión un fonógrafo con discos y relojes: a los hombres, de bolsillo, y a las mujeres, de pulsera.

Me dicen de todas partes que debo decir algo.

¿Qué se puede decir aquí? Todo está dicho.

Es evidente que el asunto del algodón marchará bien en su caso. Esto se desprende de todo lo que aquí está ocurriendo. Los koljoses en su región crecen, hay deseo de trabajar, les daremos máquinas, recibirán fertilizantes, se les prestará toda la ayuda que sea necesaria —el camarada Mólotov, presidente del Sovnarkom, ya se lo ha declarado—. Por consiguiente, el asunto del algodón marchará bien en su caso y se desarrolla una vida acomodada.

Pero hay, camaradas, una cosa más valiosa que el algodón: es la amistad de los pueblos de nuestro país. La presente reunión, vuestros discursos, vuestros hechos demuestran que la amistad entre los pueblos de nuestro gran país se fortalece. Esto es muy importante y significativo, camaradas. En los viejos tiempos, cuando en nuestro país estaban en el poder el zar, los capitalistas y los terratenientes, la política del gobierno consistía en hacer de un pueblo —el pueblo ruso— el pueblo dominante, y de todos los demás pueblos, pueblos subordinados, oprimidos. Era una política bestial, una política de lobos. En octubre de 1917, cuando se desarrolló nuestra gran revolución proletaria, cuando derrocamos al zar, a los terratenientes y a los capitalistas, el gran Lenin, nuestro maestro, nuestro padre y educador, dijo que en adelante no debía haber ni pueblos dominantes ni pueblos subordinados, que los pueblos debían ser iguales y libres. Con esto, enterró en la tumba la vieja política zarista y burguesa y proclamó una nueva política bolchevique: la política de amistad, la política de hermandad entre los pueblos de nuestro país.

Desde entonces han pasado 18 años. Y he aquí que ya tenemos los buenos resultados de esta política. La presente reunión es una brillante prueba de que a la antigua desconfianza entre los pueblos de la URSS se le puso fin hace ya mucho tiempo, de que la desconfianza ha sido sustituida por una plena confianza mutua, de que la amistad entre los pueblos de la URSS crece y se fortalece. Esto, camaradas, es lo más valioso de cuanto nos ha dado la política nacional bolchevique.

La amistad entre los pueblos de la URSS es una conquista grande y seria. Pues mientras esta amistad exista, los pueblos de nuestro país serán libres e invencibles. Nadie nos atemoriza, ni los enemigos internos ni los externos, mientras esta amistad viva y prospere. No lo duden, camaradas.

Pravda. 6 de diciembre de 1935