¡Camaradas! Mi brindis será un tanto peculiar e inusual. Entre nosotros es costumbre proponer brindis por la salud de los dirigentes, los jefes, los líderes, los comisarios del pueblo. Esto, por supuesto, no está mal. Pero, además de los grandes dirigentes, existen también los dirigentes medios y pequeños. De ellos, de estos dirigentes, pequeños y medios, tenemos decenas de miles. Son personas modestas, no se ponen en primer plano, son casi imperceptibles. Pero sería ceguera no reparar en ellos. Pues de estas personas depende el destino de la producción en toda nuestra economía nacional. Esto significa que de ellos depende también el destino de nuestra dirección económica.

¡Por la salud de nuestros dirigentes económicos medios y pequeños!

En general, sobre los dirigentes hay que decir que, por desgracia, no siempre comprenden a qué altura los ha elevado la historia en las condiciones del régimen soviético. No siempre comprenden que ser dirigente de la economía en nuestras condiciones significa ser merecedor de un gran honor y una gran estima, ser merecedor de una gran confianza por parte de la clase obrera, por parte del pueblo. En los viejos tiempos, en la época del capitalismo, los dirigentes económicos, todos esos directores, gerentes, jefes de taller, capataces, eran considerados perros guardianes de los amos capitalistas. El pueblo los odiaba como enemigos, pues consideraba que dirigían la economía en interés de los amos, en aras de las ganancias de los capitalistas. Bajo nuestro régimen soviético, por el contrario, los dirigentes económicos tienen todas las razones para gozar de la confianza y el amor del pueblo, ya que administran la economía no en aras de las ganancias de un puñado de capitalistas, sino en interés de la clase obrera, en interés de todo el pueblo. He aquí por qué el título de dirigente económico en nuestras condiciones es un alto título, y ser dirigente en las condiciones soviéticas significa ser merecedor de un alto honor y de la confianza ante los ojos del pueblo. La confianza del pueblo respecto a los dirigentes económicos es un gran asunto, camaradas. Los dirigentes van y vienen, pero el pueblo permanece. Solo el pueblo es inmortal. Todo lo demás es transitorio. Por eso hay que saber valorar la confianza del pueblo.

¡Por la salud de nuestros dirigentes económicos, que han comprendido, que han tomado conciencia de su alta misión y que no permitirán que nadie menoscabe ni rebaje el alto título de dirigente económico soviético!

¡Camaradas! Entre nosotros se encuentran los pioneros de una nueva causa en la economía nacional, los combatientes del movimiento stajanovista. ¡Por la salud de estos pioneros y combatientes de la nueva causa! ¡Por la salud de los camaradas Stajánov, Diukánov, Izótov, Riaboshapka y otros!

Por último, por la salud de los nuevos y viejos combatientes del oficio de los altos hornos en la metalurgia, y ante todo por la salud del operario de altos hornos, el camarada Kórobov, por Kórobov padre, por su hijo, por toda la familia de operarios de altos hornos, los Kórobov, para que la familia Kórobov no se quede rezagada respecto a los nuevos métodos de trabajo.

«Pravda», 31 de octubre de 1937