3 y 5 de marzo de 1937. INFORME PRESENTADO EN EL PLENO DEL CC DEL PC(b) DE LA U.R.S.S.4 3 de marzo de 1937. De los informes que hemos escuchado en el Pleno, y de las discusiones que les siguieron, se deduce que tenemos que enfrentar los tres siguientes hechos fundamentales. Primero, el trabajo de elementos antisociales de espionaje y de diversión,* de los agentes de los estados extranjeros, entre los cuales los trotskistas juegan un papel bastante activo, ha afectado, en mayor o menor grado, a todas o casi todas nuestras organizaciones, tanto las económicas como las administrativas y las del Partido. Segundo, agentes de Estados extranjeros, entre los cuales se encuentran también trotskistas, no solamente se han infiltrado en las organizaciones de base, sino que ocuparon también algunos puestos responsables. Tercero, algunos de nuestros camaradas dirigentes tanto en el centro como en el campo, no solamente no supieron reconocer la verdadera cara de estos saboteadores, desviacionistas, espías y asesinos, sino que se mostraron despreocupados, indulgentes e ingenuos hasta el punto de contribuir frecuentemente, ellos mismos, a que los agentes de Estados extranjeros llegasen a tal o cual puesto responsable. Tales son los tres hechos innegables, que se deducen forzosamente de los informes de las discusiones que los siguieron.

I. Indolencia política. ¿Cómo se explica, que nuestros camaradas dirigentes, que tienen una rica experiencia en la lucha contra corrientes hostiles al Partido y antisoviéticas de todo género, se hayan mostrado, en el caso dado, tan ingenuos y ciegos, que no hayan sabido descubrir la verdadera cara de los enemigos del pueblo, reconocer a los lobos disfrazados de ovejas y arrancarles la máscara? ¿Puede afirmarse, que la actividad de sabotaje, diversión y espionaje de agentes de Estados

* Diversión: sabotaje de los enemigos de clase, desorientación, desviación. Operación militar para alejar al enemigo de un punto. extranjeros en el territorio de la U.R.S.S. pueda ser para nosotros algo inesperado, algo que jamás se hubiese visto? No, eso no se puede afirmar. Lo atestiguan los actos de sabotaje cometidos en las diversas ramas de la economía nacional en el transcurso de los últimos diez años, comenzando con el período de Shajti y que están registrados en los documentos oficiales. ¿Puede afirmarse, que en los últimos tiempos no haya habido, aquí, ninguna señal de alarma, ninguna advertencia con respecto a la actividad de sabotaje, espionaje o terrorismo de los agentes trotskista- zinovievistas del fascismo? No, no se puede afirmar eso. Han habido tales señales, y los bolcheviques no tienen el derecho de pasarlas por alto. El infame asesinato del camarada Kírov fue la primera advertencia seria, atestiguando que los enemigos del pueblo iban a hacer un doble juego, que se camuflarían de bolcheviques, de miembros del Partido, para ganarse la confianza y conseguir acceso a nuestras organizaciones.

El proceso contra el “Centro de Leningrado”,6 tanto como el proceso “Zinóviev-Kámenev” reafirmó nuevamente las enseñanzas que se derivaban del infame asesinato del camarada Kírov. El proceso contra el “bloque zinovievista- trotskista” amplió las enseñanzas de los procesos precedentes y demostró fehacientemente, que los zinovievistas y trotskistas reúnen en torno a ellos a todos los elementos burgueses hostiles, que se han convertido en una agencia terrorista de espionaje y diversión de la Gestapo alemana, que el doble juego y el camuflaje son los únicos medios de los zinovievistas y trotskistas para infiltrarse en nuestras organizaciones, que la vigilancia y la perspicacia política, constituyen el medio más seguro para prevenir tal infiltración y para liquidar a la pandilla zinovievista-trotskista. En su carta circular del 18 de enero de 1935, relativa al infame asesinato del camarada Kírov, el Comité Central del Partido puso en guardia enérgicamente a las organizaciones del Partido contra la indulgencia política y la apatía filistea. Dice en la carta circular: “Es necesario terminar con la indulgencia oportunista, que parte de la suposición errónea,

que el enemigo se volvería cada vez más dócil e inofensivo en la medida en la que crecen nuestras fuerzas. Tal suposición es absolutamente errónea. Es una consecuencia tardía de la desviación de derecha, cuyos representantes pretendían hacerle creer a todo el mundo, que los enemigos se integrarían, paulatina y apaciblemente en el socialismo, y que en última instancia se convertirían en verdaderos socialistas. No es cosa de bolcheviques, el dormirse en los laureles y quedarse con la boca abierta. Lo que necesitamos no es la indulgencia, sino la vigilancia, la verdadera vigilancia revolucionaria bolchevique. Hay que tener presente que los enemigos, cuanto más desesperada sea su situación, tanto más dispuestos se encontrarán a emplear “medidas extremas” como único recurso de gente condenada a perecer en su lucha contra el poder soviético. Es necesario acordarse de ese hecho y estar en guardia". En su carta confidencial del 29 de julio de 1936, relativa a la actividad de espionaje y terrorismo del bloque trotskista-sinovievista, el Comité Central del PC(b) de la U.R.S.S., apeló nuevamente a las organizaciones del Partido a desplegar un máximo de vigilancia y a aprender a reconocer a los enemigos del pueblo, por más hábilmente disfrazados que estuvieran. Dice la circular: “Ahora que queda comprobado que los monstruos trotskista-zinovievistas, en su lucha contra el poder soviético, reúnen en torno a ellos a todos los enemigos más encarnizados y enfurecidos de los trabajadores de nuestro país, a los espías, provocadores, agentes desviacionistas, guardias blancos, kulaks, etc., ahora que se ha borrado toda demarcación entre estos elementos, de un lado, y los trotskistas y zinovievistas, del otro todas nuestras organizaciones del Partido, todos los miembros del Partido tienen que comprender, que la vigilancia de los comunistas es indispensable en todos los sectores, y en todas las situaciones. La cualidad indispensable de todo bolchevique, en las condiciones presentes, debe ser la capacidad de reconocer al enemigo del Partido, por más que esté bien enmascarado”. Por consiguiente, han habido señales y advertencias.

¿Qué significan estas señales y advertencias? Significan el llamamiento a liquidar la debilidad en el trabajo organizativo del Partido, y a convertir el Partido en un baluarte inexpugnable, al que ningún hombre de dos caras pueda penetrar. Significan un llamamiento a poner fin a la subestimación del trabajo político del Partido, y a realizar un viraje decidido en dirección a un máximo fortalecimiento de este trabajo, en dirección a un fortalecimiento de la vigilancia política. ¿Y qué sucedió? Los hechos han demostrado que nuestros camaradas, frente a estas señales y advertencias, hicieron oídos sordos. Esto lo atestiguan con elocuencia los hechos conocidos por todos que sucedieron durante la campaña de verificación y canje de los documentos del Partido. ¿Cómo se explica, que estas advertencias y señales no tuvieran el efecto debido? ¿Cómo se explica, que nuestros camaradas del Partido, a pesar de su experiencia en la lucha contra elementos antisoviéticos, a pesar de toda una serie de señales de advertencia y de indicios alarmantes, se hayan mostrado políticamente miopes, en vista de la actividad de sabotaje, de espionaje y de diversión de los enemigos del pueblo? ¿Tal vez nuestros camaradas del Partido hayan perdido las cualidades, que tuvieron anteriormente, se hayan vuelto menos conscientes y menos disciplinados? No, ciertamente, no. ¿Tal vez hayan comenzado a degenerarse? No, tampoco. Tal suposición carece de todo fundamento. ¿A qué se debe entonces? ¿De dónde tanta apatía, despreocupación, confianza tonta, ceguera? La verdad es que nuestros camaradas, ocupados con las campañas económicas y arrebatados por los colosales éxitos en el frente de la edificación económica, sencillamente se olvidaron de algunos hechos sumamente importantes, que los bolcheviques no tienen el derecho de olvidar. Se olvidaron de un hecho fundamental en lo que concierne a la situación internacional de la U.R.S.S., y no se dieron cuenta de dos hechos muy importantes que tienen una relación directa con los saboteadores, espías, agentes desviacionistas y asesinos del presente, que se esconden detrás del carnet de un miembro del Partido y se disfrazan de bolcheviques.

II. El cerco capitalista. ¿Cuáles son pues los hechos que han olvidado o que simplemente no han advertido los camaradas del Partido? Han olvidado que el Poder de los Soviets, ha triunfado sólo sobre una sexta parte del globo, que las cinco sextas partes del globo las poseen los estados capitalistas. Han olvidado que la Unión Soviética se encuentra en el cerco capitalista. Se acostumbra aquí, hablar sobre el cerco capitalista; pero, en cuanto a reflexionar qué es esto, el cerco capitalista, se rehúsa. El cerco capitalista no es una frase vacía, es una realidad, y bien desagradable. El cerco capitalista, eso quiere decir que existe un país, la Unión Soviética, que ha instaurado el orden socialista para sí, y que existe, además, una gran cantidad de países, países burgueses, que continúan realizando un género de vida capitalista y que cercan la Unión Soviética esperando una ocasión para atacarla, destruirla o, en todo caso, sabotear su poder y debilitarlo. Este hecho esencial, nuestros camaradas lo han olvidado. Y es precisamente este hecho el que determina la base de las relaciones entre el cerco capitalista y la Unión Soviética. Tomemos por ejemplo, los estados burgueses. Gente inocente podrá creer que entre ellos existen solamente buenas relaciones, como entre estados de un solo y mismo tipo. Pero sólo gente simple puede pensar así. En realidad las relaciones entre esos estados están muy lejos de ser relaciones de buena vecindad. Ha sido demostrado, como dos y dos son cuatro, que los estados burgueses se envían mutuamente a sus retaguardias, espías, saboteadores, agentes desviacionistas y algunas veces hasta sus asesinos; les dan como tarea infiltrarse en los establecimientos y empresas del Estado y formar agentes y en caso de "necesidad", destruir la retaguardia de estos Estados para debilitarlos y sabotear su poder. Esto está sucediendo actualmente. Y así sucedió también en el pasado. Tomemos, por ejemplo, los Estados europeos en la época de Napoleón I. En Francia hormigueaban entonces los espías y los agentes desviacionistas del campo ruso, alemán, austriaco, inglés. E inversamente, Inglaterra, los Estados de Alemania, Austria, Rusia, tenían entonces en sus retaguardias, una cantidad no menos grande de espías y de agentes desviacionistas del campo francés. Dos veces los agentes de Inglaterra atentaron contra la vida de Napoleón, y sublevaron varias veces a los campesinos vandeanos en Francia, contra el gobierno de Napoleón. ¿Y qué era el gobierno de Napoleón? Un gobierno burgués que asfixió la Revolución Francesa y que solamente conservó los resultados de la revolución que eran ventajosos para la gran burguesía. Se sobreentiende, que el gobierno de Napoleón no se quedaba atrás con sus vecinos y tomaba también medidas desviacionistas.

Así fue antes, hace ya ciento treinta años. Así es ahora, ciento treinta años después de Napoleón I. Actualmente en Francia y en Inglaterra hormiguean los espías y agentes desviacionistas alemanes; e inversamente, los espías y agentes desviacionistas anglo-franceses hormiguean, por su parte, en Alemania. En los Estados Unidos de América hormiguean los espías y agentes desviacionistas japoneses y en el Japón, los espías y agentes desviacionistas americanos. Tal es la ley de las relaciones entre Estados burgueses. ¿Por qué los Estados burgueses tendrían que tener una actitud más delicada y de mejor vecindad hacia el Estado soviético socialista, que la que tienen hacia los Estados burgueses de su mismo tipo? ¿Por qué tendrían que enviar a la retaguardia de la Unión Soviética menos espías, saboteadores, agentes desviacionistas y asesinos, de los que tienen en su retaguardia los Estados burgueses congéneres? ¿De dónde habéis sacado eso? ¿No sería más justo suponer, desde el punto de vista marxista que los Estados burgueses deben enviar a la retaguardia de la Unión Soviética una cantidad dos o tres veces mayor de saboteadores, espías, agentes desviacionistas y asesinos, de los que envían a la retaguardia, de no importa qué Estado burgués? ¿Acaso no es evidente que mientras exista el cerco capitalista, existirán aquí saboteadores, espías, agentes desviacionistas y asesinos enviados a la retaguardia de nuestro país por los agentes de Estados extranjeros? Todo eso fue olvidado por nuestros camaradas del Partido; han sido tomados desprevenidos. He aquí por qué la actividad desviacionista de espionaje de los agentes trotskistas de la policía secreta japonesa y alemana ha sido una cosa del todo inesperada para determinados camaradas.

III. El trotskismo de nuestros días. Prosigamos. En la lucha que llevan a cabo contra los agentes trotskistas, nuestros camaradas del Partido no han notado, han dejado escapar el hecho que el trotskismo actualmente no es más lo que era antes, digamos, hace siete u ocho años; no han notado que el trotskismo y los trotskistas han pasado durante ese tiempo por una seria evolución que ha modificado a fondo la cara del trotskismo; que en consecuencia la lucha contra el trotskismo, los métodos de lucha contra éste último, deben ser radicalmente cambiados. Nuestros camaradas del Partido no han notado que el trotskismo ha dejado de ser una corriente política en la clase obrera; que, de corriente política que era hace siete u ocho años, el trotskismo se ha vuelto una banda furiosa y sin principios de saboteadores, agentes desviacionistas y asesinos que actúan bajo las órdenes del servicio de espionaje de los Estados extranjeros. ¿Qué es una corriente política en la clase obrera? Una corriente política en la clase obrera, es un grupo o un partido que tiene su fisonomía política propia, determinada netamente, una plataforma, un programa; que no oculta y no puede ocultar su manera de ver a la clase obrera, la preconiza abiertamente y honestamente, bajo los ojos de la clase obrera; que no tiene miedo de mostrar su fisonomía política a la clase obrera, ni de hacer la demostración de sus metas y objetivos reales delante de la clase obrera, sino que por el contrario va hacia ella, con la cara descubierta, buscando convencerla de la rectitud de su punto de vista. En el pasado, hace siete u ocho años, el trotskismo era en el seno de la clase obrera una corriente política de ese género, antileninista, es cierto, y por lo tanto profundamente equivocada, pero a pesar de todo, era una corriente política. ¿Se puede decir que el trotskismo actual, por

ejemplo el trotskismo de 1936, sea una corriente política en la clase obrera? No, no se puede decir eso. ¿Por qué? porque los trotskistas de nuestros días temen mostrar a la clase obrera su verdadera cara; porque temen mostrarles sus metas y objetivos reales; porque ellos ocultan cuidadosamente a la clase obrera su fisonomía política, tienen miedo de que si la clase obrera descubre sus verdaderas intenciones, los maldiga como hombres que le son extraños y los eche lejos de ella. Así se explica que, a decir verdad, el método esencial de la acción trotskista no sea hoy la propaganda abierta y real de sus puntos de vista en el seno de la clase obrera, sino, al contrario su disimulo, la adulación obsequiosa y servil de los puntos de vista de sus adversarios, la manera farisea e hipócrita de arrastrar hacia el fango sus propios puntos de vista. En el proceso de 1936, si vosotros lo recordáis, Kámenev y Zinóviev negaron categóricamente una plataforma política cualquiera. Ellos tuvieron la plena posibilidad de desarrollar, durante el proceso, su plataforma política. Ahora bien, ellos no lo hicieron, ellos declararon no tener ninguna plataforma política. No hay duda alguna de que ambos mentían cuando negaban tener una plataforma. Hoy, los mismos ciegos ven que ellos tenían una plataforma política para sí mismos. ¿Pero por qué han negado tener una plataforma política? Porque tenían miedo de descubrir su verdadera cara política, porque temían mostrar su plataforma real, que era la restauración del capitalismo en la U.R.S.S., por miedo a que tal plataforma provocara la aversión de la clase obrera.

En el proceso de 1937, Piatakov, Rádek y Sokólnikov tomaron otro camino. Ellos no negaron la existencia de una plataforma política entre los trotskistas y los zinovievistas. Ellos reconocieron que éstos tenían una plataforma política determinada; ellos reconocieron y desarrollaron esto en sus declaraciones. Pero si lo han desarrollado, no fue de ninguna manera para apelar a la clase obrera, para apelar al pueblo a sostener la plataforma trotskista, sino para maldecirla y estigmatizarla como plataforma antipopular y antiproletaria. Restauración del capitalismo, liquidación de los koljóses y de los sovjóses, restablecimiento del sistema de explotación; alianza con las fuerzas fascistas de Alemania y del Japón para apresurar el desencadenamiento de una guerra contra la Unión Soviética; lucha por la guerra y contra la política de paz; desmembramiento territorial de la Unión Soviética, la Ucrania debía ser entregada a los alemanes y la Provincia Marítima a los japoneses; preparación de la derrota militar de la Unión Soviética en el caso que ella fuera atacada por los Estados enemigos; y, como medio para conseguir estos fines: sabotaje, desviacionismo, terrorismo individual contra los dirigentes del Poder de los Soviets, espionaje en provecho de las fuerzas fascistas nipo-alemanas, tal es la plataforma política del trotskismo actual, expuesta por Piatakov, Rádek y Sokólnikov.

Se comprende que una plataforma tal, los trotskistas no podían más que ocultarla al pueblo, a la clase obrera. Y ellos no lo ocultaban solamente a la clase obrera, sino también a la masa trotskista, y no solamente a la masa trotskista, sino también al equipo dirigente trotskista, formado por un pequeño grupo de 30 ó 40 hombres. Cuando Rádek y Piatakov pidieron a Trotski la autorización de reunir una pequeña conferencia de 30 ó 40 trotskistas, con el fin de informarles del carácter de esa plataforma, Trotski se lo impidió, declarando que no era racional exponer el carácter real de la plataforma, aunque sólo fuera a un pequeño grupo de trotskistas; una "operación" de ese género podría provocar la escisión. "Políticos" que ocultan sus convicciones, su plataforma, no solamente a la clase obrera, sino también a la masa trotskista, y no solamente a la masa trotskista, sino también al equipo dirigente de los trotskistas; esa es la fisonomía del trotskismo de nuestros días. De esto resulta que el trotskismo actual no puede ser más llamado una corriente política en la clase obrera. El trotskismo de nuestros días no es una corriente política en la clase obrera, sino una banda sin principios y sin ideología de saboteadores, agentes desviacionistas y de información, espías, asesinos, una banda de enemigos jurados de la clase obrera, una banda a sueldo, por los servicios de espionaje de los Estados extranjeros..

Tal es el resultado incontestable de la evolución del trotskismo en el curso de los siete u ocho últimos años. Tal es la diferencia entre el trotskismo anterior y el trotskismo de nuestros días. El error de nuestros camaradas de Partido, es que ellos no han notado la diferencia profunda entre el trotskismo anterior y el trotskismo de nuestros días. No han notado que los trotskistas han dejado de ser hombres de ideas desde hace tiempo; que, desde hace tiempo, los trotskistas se han vuelto unos salteadores de camino, capaces de todas las vilezas, de todas las infamias, incluso el espionaje y la traición directa de su patria, con tal de dañar al Estado soviético y al Poder de los Soviets. Nuestros camaradas no lo han notado, y no han sabido, por esta razón, organizarse a tiempo, oportunamente, para empezar la lucha contra los trotskistas en una forma nueva, de manera más enérgica. He aquí por qué las ignominias cometidas por los trotskistas, en estos últimos años, han sido una cosa del todo inesperada para ciertos camaradas del Partido. Prosigamos. Nuestros camaradas de Partido no han notado, por último, que existe una diferencia esencial, por una parte, entre los actuales saboteadores y agentes desviacionistas, entre los cuales los agentes trotskistas del fascismo juegan un rol bastante activo, y por otra parte los saboteadores y agentes desviacionistas de la época del asunto de Shajt. En primer lugar. Los saboteadores de Shajti y los miembros del Partido Industrial eran para nosotros hombres francamente extranjeros. Eran, la mayoría, viejos propietarios de empresa, viejos administradores de antiguos patrones, viejos asociados de viejas sociedades anónimas o simplemente viejos especialistas burgueses, que desde el punto de vista político, eran para nosotros francamente hostiles. Ninguno de nosotros dudaba de la verdadera cara política de esos señores. Por lo demás, los hombres de Shajti mismos, no disimulaban su actitud hostil hacia el régimen soviético. No se podía decir lo mismo de los actuales saboteadores y agentes desviacionistas, de los trotskistas: ellos son, la mayoría, miembros del Partido, que tienen en su bolsillo el carnet del Partido; en consecuencia, hombres que, oficialmente, no son para nosotros extranjeros. Si los viejos saboteadores actuaban contra nuestros hombres, los nuevos saboteadores, al contrario, les hacen reverencia, elogian a nuestros hombres, se arrastran delante de nuestros hombres para ganar su confianza. La diferencia, como veis, es esencial. Segundo. Lo que determinaba la fuerza de los saboteadores de Shajti y de los miembros del Partido Industrial, era que ellos poseían, en mayor o menor grado, los conocimientos técnicos necesarios, mientras que nuestros hombres, que no tenían esos conocimientos, estaban obligados a someterse a su escuela. Esto daba una gran ventaja a los saboteadores en la época de Shajti, esto les permitía dañar con toda libertad y sin obstáculos, esto les permitía engañar a los hombres técnicamente. Otra es la situación de los saboteadores de nuestros días, los trotskistas.

Los saboteadores actuales no tienen ninguna ventaja técnica sobre nuestros hombres. Por el contrario, desde el punto de vista técnico, nuestros hombres están mejor preparados que los saboteadores actuales, que los trotskistas. Durante el tiempo transcurrido desde la época de Shajti hasta nuestros días, verdaderos cuadros bolcheviques técnicamente preparados se han desarrollado en la Unión Soviética y se cuentan por decenas de miles de hombres. Se podrían nombrar miles y decenas de miles de dirigentes bolcheviques que se han desarrollado desde el punto de vista técnico, y comparados con ellos todos los Piatakov y los Lifshits, los Shestov y los Boguslavski, los Murálov y los Drobnis no son más que vanos charlatanes y mocosos desde el punto de vista de la formación técnica. ¿Qué es pues lo que hace la fuerza de los saboteadores actuales? Su fuerza reside en el carnet del Partido, en la posesión del carnet del Partido. Su fuerza, se debe a que el carnet del Partido les da la confianza política, y les da el acceso a todas las empresas y organizaciones. Su ventaja, es que, poseyendo este carnet y haciéndose pasar por amigos del poder de los soviets, engañan políticamente a nuestros hombres, abusan de su confianza, dañan bajo mano y revelan nuestros secretos de Estado a los enemigos de la Unión Soviética. "Ventaja" dudosa en cuanto al valor político y a la moral, pero "ventaja" que, en suma, explica el hecho, que los saboteadores trotskistas, poseedores del carnet del Partido y habiendo tenido acceso a todos los puestos de nuestros establecimientos y organizaciones, han sido una verdadera ganga para los servicios de espionaje de los Estados extranjeros. El error de algunos de nuestros camaradas de Partido es que ellos no han notado, no han comprendido toda la diferencia entre los antiguos y los nuevos saboteadores entre los hombres de Shajti y los trotskistas, y, no habiéndolo notado, no han sabido reorganizar a tiempo para desencadenar de manera nueva, la lucha contra los nuevos saboteadores.

IV. Los aspectos negativos de los éxitos económicos. Tales son los hechos principales relativos a nuestra situación internacional e interior, que numerosos camaradas de Partido han olvidado y que no han notado. Y es por eso que nuestra gente ha sido tomada en forma desprevenida por los acontecimientos de los últimos años en lo que concierne al sabotaje y a los actos desviacionistas. Nos podemos preguntar: ¿Pero por qué nuestros hombres no han notado todo eso, por qué han olvidado todas esas cosas? ¿De dónde viene esa amnesia, esa ceguera, ese descuido, esa benignidad? ¿No es acaso eso un vicio orgánico en el trabajo de nuestros hombres? No, no es un vicio orgánico. Es un fenómeno temporal, que puede ser rápidamente eliminado a condición de que nuestros hombres hagan ciertos esfuerzos. ¿Pero entonces de qué se trata? La verdad es que, en estos últimos años, nuestros camaradas de Partido estaban completamente absorbidos por el trabajo económico, los sucesos económicos los exaltaban en extremo; ante esta exaltación, han olvidado toda otra cosa, abandonando todo el resto. La verdad es que, estando exaltados por los sucesos económicos, han visto allí el comienzo y el fin de todo; pero dejaron de prestarle atención a los problemas tocantes a la situación internacional de la Unión Soviética, al cerco capitalista, a la intensificación del trabajo político del Partido, a la lucha contra el sabotaje, etc., estimando que todas

estas cuestiones eran cosas de segundo y hasta de tercer orden. Es cierto, los éxitos y las realizaciones son una gran cosa. Nuestros éxitos en el dominio de la edificación socialista son inmensos en efecto. Pero los éxitos, como todo lo que existe en el mundo, tienen también sus sombras. Los grandes éxitos y las grandes realizaciones hacen a menudo nacer en los hombres con poca experiencia política, el descuido, la benignidad, la vanidad, una seguridad excesiva, la presunción, la vanagloria. Ustedes no pueden negar que, en estos últimos tiempos, abundan los presuntuosos entre nosotros. No es de extrañar que, en este ambiente de grandes y serios éxitos en el dominio de la edificación socialista, surgen tendencias a la charlatanería, a la demostración pomposa de nuestros éxitos, tendencias a subestimar las fuerzas de nuestros enemigos y a sobreestimar nuestras propias fuerzas y, como consecuencia de todo esto, se manifiesta la ceguera política. Con este propósito, diré algunas palabras sobre el peligro ligado a los éxitos, sobre el peligro ligado a las realizaciones. El peligro ligado a las dificultades, lo conocemos por experiencia. Ya son varios años que estamos en lucha contra el peligro de ese género y, podemos decir con éxito.

El peligro ligado a las dificultades, hace surgir a menudo, en las personas inestables, tendencias al abatimiento, o falta de fe en sus propias fuerzas, tendencias al pesimismo. Y, al contrario, allí donde se trata de vencer los peligros resultantes de las dificultades, los hombres se templan en esa lucha y surgen verdaderos bolcheviques inquebrantables. Tal es la naturaleza del peligro ligado a las dificultades. Tales son los resultados de la lucha realizada para superar las dificultades. Pero hay otro tipo de peligros, peligros ligados a los éxitos, ligados a las realizaciones. Justamente, camaradas, peligros ligados a los éxitos, a las realizaciones. Estos peligros consisten en lo siguiente: en los hombres de poca preparación política y sin mucha experiencia, el ambiente de los éxitos, -éxito sobre éxito, realización sobre realización, superación de planes sobre superación de planes-, engendra tendencias al descuido y a la satisfacción de sí mismo, se crea una atmósfera de solemnidad, de aparatosidad y de felicitaciones mutuas que matan el sentido de la medida y embota el olfato político, desanima a los hombres y los incita a dormirse en sus laureles.

No hay que extrañarse pues, que en esa atmósfera embriagada de presunción y de satisfacción de sí mismo, en esa atmósfera de demostraciones pomposas y de escandalosas alabanzas recíprocas, la gente olvida ciertos hechos esenciales de una importancia primordial para los destinos de nuestro país; la gente comienza a no notar cosas desagradables como el cerco capitalista, la nueva forma de sabotaje, el peligro ligado a nuestros éxitos, etc. ¿Cerco capitalista? ¡Bah, es una bagatela! ¿Qué importancia puede tener un cerco capitalista, si nosotros realizamos y superamos nuestros planes económicos? ¿Nueva forma de sabotaje, lucha contra el trotskismo? ¡Todo eso son tonterías! ¿Qué importancia puede tener todas esas pamplinas, si nosotros realizamos y superamos nuestros planes económicos? ¿Estatutos del Partido carácter electivo de los órganos del Partido, deber para los dirigentes del Partido de rendir cuentas de su mandato ante las masas de los militantes del Partido? ¿Pero es, todo eso, realmente necesario? ¿De manera general, vale la pena perder su tiempo en esas tonterías, si nuestra economía crece, si la situación material de los obreros y de los campesinos mejora más y más?

¡Todo eso son tonterías! Nosotros superamos nuestros planes, tenemos un Partido que no está mal; tampoco el Comité Central del Partido está mal. ¿Para qué diablos necesitamos otra cosa? Gente curiosa, la que está sentada allí en Moscú, en el CC del Partido: ellos inventan tales problemas, discuten de no sé qué sabotaje, no duermen e impiden que otros puedan dormir… He aquí un ejemplo demostrativo de la facilidad y de la "simpleza" con la cual algunos de nuestros camaradas, sin experiencia, llevados por el vértigo de los éxitos económicos, se contagian de la ceguera política. Tales son los peligros ligados a los éxitos, a las realizaciones. Esta es la causa por la cual nuestros camaradas de Partido se han dejado llevar por los éxitos económicos, han olvidado los hechos de orden internacional y del interior, los cuales son de importancia esencial para la Unión Soviética y no han notado todo un conjunto de peligros que cerca nuestro país. Tales son las raíces de nuestros descuidos, de nuestra amnesia, de nuestra benignidad, de nuestra ceguera política. Tales son las raíces de los efectos de nuestro trabajo económico y de Partido.

V. Nuestras tareas. ¿Cómo eliminar estos defectos en nuestro trabajo? ¿Qué hay que hacer para lograr esto? Es necesario realizar las medidas siguientes: l. Ante todo hay que orientar la atención de nuestros camaradas de Partido, que han quedado empantanados en los "problemas corrientes" de tal o cual servicio, hacia los grandes problemas políticos de orden internacional y del interior. 2. Hay que elevar el trabajo político de nuestro Partido al nivel necesario, poniendo en primer término la instrucción política y el temple bolchevique de los cuadros del Partido, del Estado y de la economía nacional.

3. Hay que explicar a nuestros camaradas de Partido que los éxitos económicos, cuya importancia es indiscutiblemente muy grande, y por los cuales continuaremos trabajando de día en día, de año en año, no agotan, sin embargo todos los problemas de nuestra edificación socialista. Explicar que los lados negativos de los éxitos económicos, como la satisfacción de sí mismo, la despreocupación, el embotamiento del olfato político, sólo pueden ser liquidados si, a los éxitos económicos se le agregan los éxitos de la edificación del Partido y de un vasto trabajo político de nuestro Partido. Hay que explicarles que los mismos éxitos económicos, su solidez y su duración dependen enteramente y sin reserva de los éxitos del trabajo de organización y del trabajo político del Partido; que en la ausencia de estas condiciones, los éxitos económicos están construidos sobre la arena. 4. Hay que recordar y jamás olvidarse, que el cerco capitalista es un hecho esencial que determina la situación internacional de la Unión Soviética. Hay que recordar y jamás olvidarse, que mientras exista el cerco capitalista, existirán los saboteadores, los agentes desviacionistas, los espías, los terroristas enviados a la retaguardia de la Unión Soviética, por los servicios de espionaje de los Estados extranjeros: hay que recordarlo y luchar contra los camaradas que subestiman la importancia del cerco capitalista, que subestiman las fuerzas y la importancia del sabotaje.

Explicar a nuestros camaradas del Partido que no existen éxitos económicos, por más grandes que sean, que puedan anular el hecho del cerco capitalista y las consecuencias que resultan de este hecho. Hay que aplicar las medidas necesarias para que nuestros camaradas, los bolcheviques, miembros o no miembros del Partido, tengan la posibilidad de conocer las metas y las tareas, la práctica y la técnica de la acción de sabotaje, de espionaje y del desviacionismo de los servicios de espionaje extranjeros. 5. Hay que explicar a nuestros camaradas del Partido que los trotskistas, que son elementos activos de la acción de sabotaje, de desviacionismo y espionaje de los servicios de espionaje extranjeros, desde hace ya mucho tiempo han dejado de ser una corriente política en la clase obrera; que desde hace mucho tiempo han dejado de servir al obrero; que se han vuelto una banda, sin principios y sin ideas, de saboteadores, de agentes desviacionistas de espías, asesinos a sueldo de los servicios de espionaje extranjeros. Hay que explicarles que, en la lucha contra el trotskismo de nuestros días, lo que es necesario actualmente, no son ya los viejos métodos, los métodos de discusión, sino los métodos nuevos, los métodos de extirpación y aniquilamiento. 6.

Hay que explicar a nuestros camaradas del Partido, la diferencia que existe entre los saboteadores actuales y los saboteadores de la época del asunto de Shajti; explicar que si los saboteadores de la época de Shajti engañaban a nuestros hombres en el terreno técnico, explotando su atraso técnico, los saboteadores actuales, poseyendo el carnet del Partido, engañan a nuestros hombres por la confianza política que se les da, como miembros del Partido, aprovechándose de la indiferencia política de nuestros hombres. Hay que completar la vieja consigna sobre la asimilación de la técnica, consigna que correspondía a la época de Shajti, por la nueva consigna sobre la educación política de los cuadros la asimilación del bolchevismo y la liquidación de nuestra credulidad política, consigna que corresponde perfectamente a la época en que vivimos. Podemos preguntamos: ¿no habría sido posible, hace diez años, durante la época de Shajti de formular en conjunto las dos consignas, la primera sobre la asimilación de la técnica, y la segunda sobre la educación política de los cuadros? No, eso no era posible. No es así como se hacen las cosas en nuestro Partido bolchevique. En el momento en que el movimiento revolucionario opera un cambio, siempre se formula una consigna esencial, una consigna crucial a la cual nosotros nos agarramos, para poder, gracias a ella, tirar de toda la cadena.

He aquí lo que nos ha enseñado Lenin: encuentren el anillo esencial en la cadena de nuestro trabajo, agárrenlo y tiren de él para poder, gracias a él, tirar de toda la cadena y marchar hacia adelante. La historia del movimiento revolucionario, muestra que esta táctica era la justa. En la época de Shajti la debilidad de nuestros hombres residía en su atraso técnico. No eran las cuestiones políticas, sino los problemas técnicos los que eran entonces para nosotros el punto débil. En cuanto a nuestra actitud política en relación a los saboteadores de ese tiempo, ésta era muy clara: actitud de bolcheviques en relación a hombres políticos extranjeros. Esa debilidad técnica, la hemos liquidado formulando la consigna de asimilación de la técnica, y educando, durante el período transcurrido, a decenas y centenas de miles de bolcheviques técnicamente bien preparados. Ahora la situación es diferente, puesto que poseemos cuadros bolcheviques técnicamente bien preparados, y el rol de los saboteadores es realizado ya no, por hombres abiertamente extranjeros, sino por hombres que no tienen ninguna ventaja técnica sobre nuestros hombres, pero que poseen el carnet del Partido y disfrutan de todos los derechos reservados a los miembros del Partido. Actualmente, la debilidad de nuestros hombres, no es en relación a su atraso técnico, sino a su indiferencia política, su confianza ciega hacia aquellos que el azar ha puesto en posesión del carnet del Partido; la ausencia de un control sobre estos

hombres, no en relación a sus declaraciones políticas, sino en relación al resultado de su trabajo. Actualmente, la pregunta crucial para nosotros no reside en liquidar el atraso técnico de nuestros cuadros, esto ha sido ya hecho en lo esencial, sino en liquidar la indiferencia política y la credulidad política en relación a los saboteadores que el azar ha hecho poseedores del carnet del Partido. Esta es la diferencia esencial entre el problema crucial de la lucha por los cuadros en la época de Shajti, y el problema crucial en el presente período. He aquí por qué hace diez años, nosotros no podíamos, ni debíamos lanzar las dos consignas en conjunto, aquella de la asimilación de la técnica y aquella de la educación política de los cuadros. He aquí por qué es necesario ahora completar la antigua consigna de la asimilación de la técnica por medio de una nueva consigna sobre la asimilación del bolchevismo la educación política de los cuadros y la liquidación de nuestra indiferencia política, 7. Hay que demoler y tirar por la borda, la teoría podrida según la cual la lucha de clases se extinguiría a medida de nuestros pasos hacia adelante, que el enemigo de clase se domesticaría a medida de nuestros éxitos. No es solamente una teoría podrida sino también una teoría peligrosa, pues ella adormece a nuestros hombres, los hace caer en la trampa y permite al enemigo de clase restablecerse, para la lucha contra el poder de los soviets.

Por el contrario, cuanto más avancemos, cuantos más éxitos realicemos, tanto más grande será el furor de los restos de las clases explotadoras en derrota, tanto más recurrirán a formas de lucha más agudas, más dañarán al Estado soviético, más se aferrarán a los procedimientos de lucha más desesperados, como último recurso de hombres condenados al fracaso. No hay que olvidarse que los restos de las clases derrotadas en la U.R.S.S. no están solas. Ellas gozan del apoyo directo de nuestros enemigos, más allá de las fronteras de la Unión Soviética. Sería un error creer que la esfera de la lucha de clase está limitada a las fronteras de la Unión Soviética. Si un ala de la lucha de clases actúa dentro del cuadro de la Unión Soviética, el otro ala se extiende hacia los límites de los Estados burgueses que nos cercan. Los restos de las clases derrotadas no lo pueden ignorar. Y, justamente porque saben esto, continuarán realizando en el futuro sus ataques desesperados. Esto es lo que nos enseña la historia. Esto es lo que nos enseña el leninismo. Hay que acordarse de todo esto y estar con los ojos abiertos. 8. Hay que demoler y echar por la borda otra teoría podrida, según la cual no puede ser saboteador quien no se dedica constantemente al sabotaje y quien, de vez en cuando muestra éxitos en su trabajo.

Esta extraña teoría denuncia la ingenuidad de sus autores. No hay saboteador que decida sabotear continuamente, si no quiere ser desenmascarado a la brevedad. Por el contrario, el verdadero saboteador, debe, de tiempo en tiempo, mostrar éxitos en su trabajo, éste es el único medio para poder continuar como saboteador, para ganarse la confianza y continuar su trabajo de sabotaje. Yo creo que este problema está claro y no necesita explicaciones complementarias. 9. Hay que demoler y tirar por la borda la tercera teoría podrida, según la cual la realización sistemática de los planes económicos reduciría a la nada el sabotaje y sus resultados. Semejante teoría percibe un solo fin: despertar el amor propio burocrático de nuestros administradores, tranquilizarlos y debilitarlos en su lucha contra el sabotaje. ¿Qué significa "realización sistemática de nuestros planes económicos"? Primero, ha sido probado que todos nuestros planes económicos son inferiores, pues ellos no tienen en cuenta las inmensas reservas y las posibilidades que encierra nuestra economía nacional. Segundo, la realización global y de conjunto de nuestros planes económicos por los Comisariatos del Pueblo, no significa todavía que los planes hayan sido realizados también en algunas ramas muy importantes.

Por el contrario, los hechos atestiguan, que todo un conjunto de Comisariatos del Pueblo, que han llevado a cabo y superado los planes económicos anuales, no ejecutan sistemáticamente los planes en ciertas ramas muy importantes de la economía nacional. Tercero, no hay duda alguna, que si los saboteadores no hubieran sido desenmascarados y rechazados, las cosas irían infinitamente peor, en lo que concierne a la realización de los planes económicos, de esto se tendrían que acordar los autores miopes de la teoría analizada. Cuarto, los saboteadores, comúnmente, eligen para su principal acción de sabotaje, no el tiempo de paz, sino la vigilia de la guerra o la guerra misma. Admitamos que nos dejamos mecer por la teoría podrida de “ejecución sistemática de los planes económicos” y que no ataquemos a los saboteadores. ¿Se imaginan los autores de esta teoría podrida, el daño inmenso que los saboteadores harían a nuestro Estado en caso de guerra, si los dejamos estar en el seno de nuestra economía nacional, a la sombra de la teoría podrida de “ejecución sistemática de los planes económicos”? ¿No está claro que la teoría de “ejecución sistemática de los planes económicos” es una teoría ventajosa para los saboteadores? 10. Hay que demoler y tirar la cuarta teoría podrida, según la cual el movimiento Stajánovista, sería el medio esencial para liquidar el sabotaje.

Esta teoría ha sido inventada para poder, con las charlatanerías sobre los Stajánovistas y el movimiento Stajánov, desviar el golpe destinado a los saboteadores. En su informe, Molotov nos ha señalado toda una serie de hechos que atestiguan, que los saboteadores trotskistas y no trotskistas de la cuenca de Kusnietsk y de la del Donetz, abusando de la confianza de nuestros camaradas atacados por la indiferencia política, han, sistemáticamente, tomado el pelo a los Stajánovistas, les han puestos continuamente obstáculos, han creado artificialmente obstáculos para entorpecer el éxito de su trabajo y, han llegado finalmente, a desorganizar su trabajo. ¿Qué pueden hacer los Stajánovistas estando solos, si en la cuenca del Donetz, por ejemplo, el sabotaje en el desarrollo de los grandes trabajos ha causado una ruptura en los trabajos preparatorios de la extracción del carbón, lo cual retarda el ritmo, y también en todos los otros trabajos? ¿Acaso no está claro que el movimiento Stajánovista necesita de una ayuda real por parte de nuestro Partido, contra todas las maquinaciones de los saboteadores, para hacer adelantar las cosas y realizar su gran misión? ¡No está claro que la lucha contra el sabotaje, la lucha para liquidar el sabotaje, para matar el sabotaje, es la condición indispensable para que el movimiento Stajánovista pueda tomar toda su amplitud?

Yo pienso que este problema está igualmente claro y no necesita explicaciones complementarias. 11. Hay que demoler y tirar por la borda la quinta teoría podrida, según la cual los saboteadores trotskistas no tienen más reservas, que terminarán por agotar sus últimos cuadros. Esto es falso. Sólo la gente ingenua pudo inventar esta teoría. Los saboteadores trotskistas tienen reservas. Ellas se componen, en primer lugar, de los restos de las clases explotadoras derrotadas en la Unión Soviética. Ellas se componen de toda una serie de grupos y organizaciones, más allá de las fronteras de la Unión Soviética, y hostiles a la Unión Soviética. Tomemos, por ejemplo, la IV Internacional contrarrevolucionaria trotskista, compuesta, en sus dos tercios, por espías y agentes desviacionistas. ¿No es acaso esto una reserva? ¿No está claro que esta Internacional de espías formará cuadros para la acción de espionaje y de sabotaje de los trotskistas? O tomemos, por ejemplo, el grupo del estafador Sheflo en Noruega, que hospeda en su casa al maestro del espionaje Trotski y le ayuda a dañar a la Unión Soviética. ¿Ese grupo no es acaso una reserva? ¿Quién puede negar que ese grupo contrarrevolucionario continuará, como en el pasado, sirviendo a los espías y a los saboteadores trotskistas? O bien, tomemos todavía, por ejemplo, otro grupo, aquél de un estafador de la misma calaña que Sheflo, el grupo Souvarine, en Francia.

¿Acaso no es éste también una reserva? ¿Se puede negar acaso que este grupo de estafadores no ayudará a los trotskistas en su actividad de espionaje y de sabotaje contra la Unión Soviética? ¿Y todos esos señores de Alemania, todos esos Ruth Fischer, esos Máslov, esos Urbahn, que se han vendido con cuerpo y alma a los fascistas, no son acaso una reserva para la acción trotskista de espionaje y de sabotaje? O bien, por ejemplo, la famosa horda de escritores bien conocida en América, el célebre canalla Eastman a la cabeza, todos esos bandidos de la pluma que no viven más que calumniando a la clase obrera de la Unión Soviética, ¿no constituyen acaso una reserva para el trotskismo? Sí, hay que tirar por la borda, la teoría podrida que pretende que los trotskistas han agotado sus últimos cuadros. 12. En fin, hay que demoler y tirar todavía otra teoría podrida: que nosotros, los bolcheviques, somos numerosos y que los saboteadores son muy pocos; que nosotros, los bolcheviques, estamos sostenidos por decenas de millones de hombres, mientras que los saboteadores trotskistas sólo están sostenidos por unidades de decenas, y que por eso nosotros los bolcheviques, podríamos bien no prestar atención a un desgraciado puñado de saboteadores. Todo esto es falso camaradas.

Esta teoría, más que extraña, ha sido imaginada para consolar a aquellos de nuestros camaradas dirigentes, a los que la incapacidad para combatir el sabotaje, los ha hecho fracasar en su trabajo, para adormecer su vigilancia y dejarlos dormir tranquilos. Es cierto que los saboteadores trotskistas están sostenidos sólo por algunos, mientras que los bolcheviques lo están por decenas de millones de hombres. Pero de esto no se deduce de ninguna manera que los saboteadores no puedan causar los más serios daños el nuestra obra. Para perjudicar y dañar, no es necesario que haya una gran cantidad de hombres. Para construir la central eléctrica del Dniéper fueron necesarios decenas de millares de obreros. En cambio para hacerla volar, sería necesario solo una decena de hombres. Para ganar una batalla durante la guerra, se necesitarían varios cuerpos del Ejército Rojo. En cambio para impedir esta victoria, en el frente, basta con algunos espías en el Estado Mayor del ejército, o en el de una división, que puedan robar el plan de operaciones y comunicarlas a los enemigos. Para construir un gran puente de ferrocarril, son necesarios miles de hombres. Pero para hacerlo volar, sólo algunos hombres son suficientes. Se podría citar decenas y centenas de estos ejemplos. Por lo tanto, no nos podemos consolar con la idea de que somos numerosos, mientras que ellos, los saboteadores trotskistas, son muy pocos.

Se tiene que llegar al punto de que no haya ningún saboteador trotskista entre nuestras filas. Así hay que poner el problema de saber cómo liquidar los defectos de nuestro trabajo, comunes a todas nuestras organizaciones ya sean económicos y del Estado, como administrativos y de Partido. Tales son las medidas necesarias para liquidar esos defectos. En lo que concierne especialmente a las organizaciones del Partido y los defectos de su trabajo, han sido tratados de manera suficientemente detallada, las medidas a tomarse para liquidar esos defectos, en el proyecto de resolución sometido a vuestro examen. Es por esto que yo creo que no es necesario insistir aquí sobre ese lado del problema. Yo quisiera decir simplemente algunas palabras sobre la preparación política y de perfeccionamiento de nuestros cuadros del Partido. Yo creo que si nosotros podemos, que si nosotros sabemos preparar ideológicamente y armar políticamente a nuestros cuadros del Partido, desde abajo hasta arriba, con el fin de que puedan orientarse fácilmente en la situación interior e internacional, si nosotros sabemos formar leninistas, marxistas de una madurez total, capaces de solucionar sin errores graves los problemas de la dirección del país, nosotros resolveremos de esta manera las nueve décimas partes de todas nuestras tareas.

¿Cómo se presenta la situación, en cuanto a los cuadros dirigentes de nuestro Partido? Nuestro Partido abarca, si lo consideramos en relación a sus capas dirigentes, alrededor de 3.000 a 4.000 dirigentes superiores. Yo diría que este es el alto mando de nuestro Partido. Después siguen 30.000 a 40.000 dirigentes medios. Estos son nuestros cuadros de oficiales del Partido. Después sigue un efectivo de comandantes subalternos del Partido que son alrededor de 100.000 a 150.000. Estos son por así decir, nuestros cuadros de suboficiales del Partido. La tarea consistirá en elevar el nivel ideológico y la preparación política de esos cuadros de mando, verter en esos cuadros las fuerzas nuevas que esperan su promoción, y ensanchar así el efectivo de los cuadros dirigentes. ¿Qué es necesario para realizar eso? En primer lugar, hay que encomendar a nuestros dirigentes del Partido, desde los secretarios de las células, hasta los secretarios de organizaciones de regiones y de Repúblicas, que encuentren, en el tiempo más corto posible, hombres, militantes del Partido, capaces de suplantarlos efectivamente. Se puede decir: ¿pero en dónde encontrar suplentes para cada uno de nosotros? Nosotros no tenemos tales hombres, no tenemos militantes apropiados. Esto es falso. Nosotros tenemos decenas de miles de hombres capaces, hombres de talento.

Es necesario solamente descubrirlos y promoverlos en el tiempo oportuno, con el objeto de que ellos no entren en descomposición y vegeten en sus viejos puestos. Buscad y encontrareis. Continuemos. Para educación del Partido y perfeccionamiento de las células del Partido, es necesario crear en cada centro regional, cursos del Partido, que abarquen cuatro meses de estudio. Es necesario enviar a estos cursos a los secretarios de todas las organizaciones primarias del Partido (células), y después, una vez que hayan terminado estos cursos y vuelto a sus puestos, hay que enviar a los suplentes y a los miembros más capaces de las organizaciones primarias del Partido. Continuemos. Para el perfeccionamiento político de los primeros secretarios de las organizaciones de sección, es necesario crear en la Unión Soviética, digamos, en los diez principales centros, cursos leninistas de ocho meses. A estos cursos, es necesario enviar a los primeros secretarios de las organizaciones de sección y de distrito del Partido, y después, una vez que hayan terminado estos cursos y vuelto a sus puestos, hay que enviar a sus suplentes y a los miembros más capaces de las organizaciones de sección y de distrito. Continuemos.

Para el perfeccionamiento ideológico y el perfeccionamiento político de los secretarios de organización de las ciudades, hay que crear, adjunto al Comité Central del Partido Comunista de la U.R.S.S., cursos de historia y de política del Partido que abarquen seis meses de estudio. A esos cursos, hay que enviar a los primeros y a los segundos secretarios de las organizaciones de ciudad, y después, una vez que hayan terminado estos cursos, y vuelto a sus puestos, se enviarán a los miembros más capaces de las organizaciones de ciudad. Continuemos. Es necesario crear, adjunto al Comité Central del Partido Comunista de la U.R.S.S., una conferencia de seis meses para los problemas políticos del interior e internacionales. Se enviará a los primeros secretarios de las organizaciones regionales y territoriales, y de los comités centrales de los partidos comunistas nacionales. Estos camaradas deberán suministrar no solamente uno, sino varios equipos capaces de reemplazar a los dirigentes del Comité Central de nuestro Partido. Esto es indispensable y tiene que hacerse: Ya termino. Hemos expuesto pues los defectos esenciales de nuestro trabajo, los que son comunes a todas nuestras organizaciones económicas, administrativas y de Partido y aquellos que son propios únicamente a las organizaciones del Partido, defectos que son aprovechados por los enemigos de la clase obrera para su acción de sabotaje y de desviacionismo, de espionaje y de terrorismo.

Hemos establecido también las medidas esenciales y necesarias para liquidar esos defectos y para evitar la posibilidad de que nos dañen los actos desviacionistas y de sabotaje, de espionaje y de terrorismo de los agentes trotskistas fascistas del servicio de espionaje extranjero. Surge una pregunta: ¿podemos realizar nosotros todas estas medidas, y disponemos para esto, de las posibilidades necesarias? Nosotros lo podemos, indudablemente. Nosotros podemos, porque disponemos de todos los medios necesarios para realizar esas medidas. ¿Qué es lo que nos hace falta entonces? Nos falta solamente una cosa: estar listos para liquidar nuestra propia indiferencia, nuestra propia benignidad, nuestra propia miopía política. Esta es la dificultad. ¿Pero es posible realmente que no sepamos liberamos de esta enfermedad ridícula e idiota, nosotros que hemos derribado el capitalismo, que hemos construido el socialismo en lo esencial, y hemos puesto en alto la gran bandera del comunismo mundial? No tenemos ninguna razón para dudar de que nos liberáremos ciertamente, siempre que, tengamos la voluntad. No nos liberaremos simplemente, nos liberaremos a fondo, como bolcheviques. Y, una vez que nos hayamos liberado de esta enfermedad idiota, podremos decir con toda certeza que nosotros no tememos a ningún enemigo, ni a los enemigos del interior, ni a los enemigos del exterior, que sus actos no nos dan miedo, puesto que nosotros los quebraremos en el futuro como los quebramos hoy en día, como los hemos quebrado en el pasado. (Aplausos.)

Publicado en Pravda, el 29 de marzo de 1937.

DISCURSO DE CLAUSURA EN EL PLENO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PC (B) DE LA U.R.S.S. 5 de marzo de 1937. ¡Camaradas! He expuesto en mi informe los principales puntos del problema en cuestión. Los debates han mostrado que, ahora el problema está perfectamente claro, que comprendemos las tareas que tenemos que realizar y tenemos la voluntad de liquidar los defectos de nuestro trabajo. Pero los debates han mostrado también que hay ciertas cuestiones concretas de nuestro trabajo práctico, político y de organización, sobre los cuales no tenemos todavía una comprensión del todo clara. Podemos enumerar siete cuestiones sobre esos problemas. Permítanme decir algunas palabras sobre estos problemas. l. Podemos pensar que, ahora, todos han comprendido, tienen conciencia, que el entusiasmo excesivo por las campañas económicas y los éxitos económicos, conducen a un callejón sin salida, si subestimamos u olvidamos las cuestiones políticas del Partido. Por lo tanto, es necesario orientar la atención de los militantes, hacia los problemas del Partido, de manera que los éxitos económicos se alíen y marchen al mismo paso con los éxitos del trabajo político del Partido. ¿Cómo realizar prácticamente la tarea que consiste en fortalecer el trabajo político del Partido, la tarea que consiste en liberar a las organizaciones del Partido de las pequeñas necesidades de la economía? Los debates han mostrado que ciertos camaradas se inclinan a sacar una falsa deducción, ellos creen que ahora habría, falsamente, que abandonar el trabajo económico. Por lo menos dos voces se han hecho entender: al fin, gracias a Dios, seremos liberados de los problemas de la economía, ahora podremos ocupamos del trabajo político del Partido. ¿Es esta deducción justa? No, ella es falsa.

Cuando nuestros camaradas del Partido, absorbidos por los éxitos económicos, abandonaron la política, ese fue un extremo que nos ha costado grandes sacrificios. Si ahora, algunos de nuestros camaradas, preocupados en fortalecer el trabajo político del Partido, piensan abandonar el trabajo económico, este sería otro extremo que nos costaría no menos sacrificios. No podemos caer de un extremo al otro. No se puede separar la política de la economía. No podemos abandonar la economía, lo mismo que no podemos abandonar la política. Por la comodidad de los estudios, la gente separa comúnmente, metodológicamente, los problemas de la economía de los de la política. Pero eso se hace solamente metodológicamente, artificialmente, sólo para la comodidad de los estudios. En la vida, por el contrario, la política y la economía son inseparables en la práctica. Ellas existen juntas y actúan juntas. Y quien, en nuestro trabajo político, piensa separar la economía de la política, fortalecer el trabajo económico disminuyendo la importancia del trabajo político, o a la inversa, fortalecer el trabajo político disminuyendo la importancia del trabajo económico, terminará necesariamente en un callejón sin salida. El sentido del conocido parágrafo del proyecto de resolución sobre la liberación de las organizaciones del Partido de las pequeñas necesidades de la economía, y el fortalecimiento del trabajo político del Partido, no consiste en abandonar el trabajo económico y la dirección económica, sino simplemente, en no tolerar más en la práctica, que se reemplacen y se despersonalicen los organismos económicos, incluidos sobre todo, los organismos agrarios, por nuestras organizaciones del Partido. Es necesario asimilar el método de dirección bolchevique de los organismos económicos, método que consiste en ayudar sistemáticamente a esos organismos, reforzados sistemáticamente, y dirigir la

economía, no eludiendo sus organismos, sino a través de éstos. Es necesario pues dar a los organismos económicos y, antes que nada, a los organismos agrarios, los mejores hombres; es necesario completar esos organismos con militantes nuevos y elegidos, capaces de cumplir las tareas que se les encargue. Solamente después de que este trabajo haya sido hecho, se podrá considerar a las organizaciones del Partido enteramente liberadas de las pequeñas necesidades económicas. Se entiende que éste es un asunto serio y que necesita tiempo. Pero mientras esto no haya sido hecho, las organizaciones del Partido deberán continuar, por un período determinado de breve duración, ocupándose de las cosas de la agricultura, en todos sus detalles: trabajo, siembra, cosecha, etc. 2. Dos palabras a propósito de los saboteadores, agentes desviacionistas, espías, etc. Ahora, está claro para todos, yo creo, que los actuales saboteadores y agentes desviacionistas, sean trotskistas o bujarinistas, han dejado de ser, desde hace tiempo, una corriente política en el movimiento obrero; se han transformado en una banda, sin principios y sin ideas, de saboteadores, agentes desviacionistas, espías, asesinos profesionales. Se entiende que a esos señores, hay que destruirlos y extirparlos sin merced, como enemigos de la clase obrera, como traidores a nuestra patria. Eso está claro y no necesita explicaciones complementarias.

Pero he aquí la cuestión: ¿cómo realizar tácticamente la tarea que consiste en destruir y extirpar a los agentes nipo-alemanes del trotskismo? ¿Quiere decir eso, que hay que golpear y extirpar no solamente a los verdaderos trotskistas, sino también a aquellos que, en otra época, oscilaban hacia el trotskismo, y que desde hace ya mucho, han abandonado el trotskismo; no solamente a aquellos que son realmente los agentes trotskistas del sabotaje, sino también a aquellos que llegaron a caminar por la calle, por la cual habían pasado antaño tal o cual trotskista? Por lo menos dos voces se han escuchado en ese sentido, aquí en esta asamblea plenaria. ¿Se puede considerar justa tal interpretación de la resolución? No, no se la puede considerar justa. En esta cuestión, como en tantas otras, para juzgar a un hombre hay que mantenerse sobre el principio individual, diferenciado. No se puede poner a todo el mundo en el mismo recipiente. Esta manera simplista de juzgar a los hombres no puede más que dañar la lucha contra los verdaderos saboteadores y espías trotskistas. Entre nuestros camaradas responsables hay un cierto número de antiguos trotskistas que, desde hace mucho tiempo ya, han abandonado el trotskismo y realizan la lucha contra el mismo en forma, no sólo peor, sino incluso mejor que algunos de nuestros honorables camaradas los cuales no han tenido la ocasión de oscilar hacia el trotskismo.

Sería absurdo ahora considerar a esos camaradas como hombres censurables. Entre nuestros camaradas hay también quienes ideológicamente, siempre han tomado posiciones contra el trotskismo, pero mantuvieron sin embargo relaciones personales con ciertos trotskistas, relaciones que no han tardado en romper, en el momento que han comprendido lo que es, en la práctica, la fisonomía del trotskismo. Es deplorable que no hayan roto enseguida, sino con atraso sus relaciones personales de amistad con ciertos trotskistas, eso es cierto. Pero sería absurdo tirar a esos camaradas en el mismo montón de los trotskistas. 3. ¿Qué significa, elegir juiciosamente a los militantes y repartirles juiciosamente su trabajo? Significa elegir a los militantes, en primer lugar según su índice político, es decir, ver si merecen la confianza política, y, en segundo lugar, según su índice práctico, es decir, si convienen para tal o cual trabajo concreto. Significa no transformar la manera de juzgar seria, en un practicismo estrecho, lo que ocurre cuando uno se ocupa de la capacidad práctica de los militantes, pero no se ocupa de su fisonomía política. Significa no transformar la manera de juzgar política en la sola y única manera de juzgar, a lo cual se llega cuando uno se ocupa de la fisonomía política de los militantes, pero en cambio ha se ocupa de sus capacidades prácticas.

¿Se puede decir que esta regla bolchevique es aplicada por nuestros camaradas del Partido? Desgraciadamente, no lo podemos decir. Sobre esto ya se ha hablado aquí, en la asamblea plenaria. Pero no se ha dicho todo. La verdad es que esta regla probada, es violada constantemente en nuestra práctica, y aún más, de la manera más grosera. En la mayoría de las veces, los militantes son escogidos, no según sus índices objetivos, sino según sus índices fortuitos, subjetivos, estrechos y mezquinos. La mayoría de las veces se elige a lo que se llama sus conocidos, sus amigos, compatriotas, hombres personalmente devotos, maestros especializados en el arte de exaltar a sus jefes, sin tener en cuenta sus capacidades políticas y prácticas. Se comprende que en lugar de un grupo dirigente de militantes responsables, se obtiene una pequeña familia de hombres cercanos los unos a los otros, un artel* en el cual los miembros se esfuerzan por vivir en paz, por no dañarse, por lavar la ropa sucia en casa, pero además por alabarse los unos a los otros, enviando de tiempo en tiempo al centro, en forma sin sentido y repugnante, informes sobre éxitos realizados. No es difícil comprender que, en ese ambiente de

* (Voz rusa). En la URSS, sociedad cooperativa en la que la propiedad está en manos de colectividades o asociaciones de trabajadores.

familia, no hay lugar para la crítica de los defectos del trabajo, ni para la autocrítica de aquellos que dirigen el trabajo. Se comprende que tal ambiente de familia crea un medio favorable a la formación de aduladores, de hombres sin dignidad y que por esta razón, no tienen nada en común con el bolchevismo. Tomemos por ejemplo, a Mirsoyán y a Vainov. El primero es secretario de organización en el territorio del Partido de Kazakstán; el segundo, secretario de organización en la región de Yaroslavl. Estos hombres no son los primeros que han llegado a nuestro medio. Y bien, ¿cómo han elegido a sus colaboradores? el primero ha traído consigo al Kazakstán, desde Azerbaidzhán, y del Ural donde trabajaba anteriormente, treinta o cuarenta de "sus" hombres, y les ha confiado puestos cargados de responsabilidad en el Kazakstán. El segundo, también ha traído consigo a Yaroslavl, desde la cuenca del Donetz, donde trabajaba anteriormente, a más de una docena de "sus" hombres y les ha confiado igualmente, puestos importantes. De esta manera, Mirsoyán posee su propio artel. Vainov posee uno igualmente. ¿Acaso en verdad no es posible elegir colaboradores entre los hombres del país, conformándose a las reglas bolcheviques, que se conocen, en cuanto a la elección y al reparto de los hombres? Evidentemente, esto era posible. ¿Por qué entonces no ha sido hecho?

Porque la regla bolchevique de la elección de militantes, excluye la posibilidad de colocarse en un punto de vista estrecho y mezquino, excluye la posibilidad de elegir militantes entre sus familiares, entre su artel. Por otra parte, eligiendo como colaboradores, hombres que les son personalmente devotos, estos camaradas quieren, visiblemente, crearse una atmósfera de independencia, tanto respecto a esta gente como respecto al Comité Central del Partido. Admitamos que Mirsoyán y Vainov, en razón de tales o cuales circunstancias, son desplazados del lugar actual de su trabajo a otro. ¿Qué van a hacer, en este caso, con sus "rastras"? ¿Se los van a llevar nuevamente consigo, al nuevo lugar de sus trabajos? He aquí, a qué absurdo conduce la violación de las reglas bolcheviques, sobre la elección y la repartición juiciosa de los militantes. 4. ¿Qué significa, controlar a los militantes, verificar la realización de sus tareas? Controlar a los militantes, es el control no según sus promesas y declaraciones, sino según el resultado de su trabajo. Verificar la ejecución de sus tareas, es la verificación no solamente en la oficina, no solamente según las cuentas rendidas oficialmente, sino ante todo, sobre el lugar del trabajo, según los resultados efectivos de su realización. ¿Tal verificación es necesaria, en general? Indudablemente. Es necesaria, primero porque sólo tal verificación permite conocer mejor al militante, establecer sus cualidades reales.

Es necesaria, en segundo lugar, porque solamente un control tal, permite establecer las cualidades y los defectos del aparato de realización. Es necesaria, por último, porque sólo tal control, permite establecer las cualidades y los defectos de las tareas mismas. Algunos camaradas creen que no se puede controlar a la gente más que desde lo alto, cuando los dirigentes controlan a los dirigidos según los resultados de su trabajo. Esto es falso. El control desde lo alto es evidentemente necesario como una de las medidas efectivas, que permiten controlar a los hombres y verificar la realización de sus tareas. Pero el control desde lo alto está muy lejos de agotar toda la obra de verificación. Existe todavía otro género de control, el control desde abajo, cuando las masas, cuando los dirigidos controlan a los dirigentes, les señalan sus errores y les indican los medios para corregirlos. Este género de control es uno de los medios más eficaces para verificar a los hombres. La masa de los miembros del Partido controla a sus dirigentes en las reuniones del activo, en las conferencias, en los congresos en donde reciben el informe de sus actividades, criticando sus defectos, en fin eligiendo o no eligiendo en los organismos de dirección a tal o cual camarada dirigente.

Aplicación estricta del centralismo democrático en el Partido, así como lo exige el estatuto de nuestro Partido; constitución de los organismos del Partido sólo por vía de elección, derecho a presentar y rechazar los candidatos; voto secreto, libertad de crítica y de autocrítica, todas estas medidas y otras análogas, son necesarias ponerlas en práctica, para poder, entre otras cosas, facilitar la verificación y el control de los dirigentes del Partido por las masas de miembros del Partido. Las masas sin Partido controlan a sus dirigentes económicos, sindicales y otros, en las reuniones del activo sin Partido, en las conferencias de masa de todo género, en donde reciben el informe del activo de sus dirigentes, critican sus defectos e indican el medio para corregirlos. En fin el pueblo controla a los dirigentes del Partido durante las elecciones a los organismos del poder de la Unión Soviética, por medio del sufragio universal, igual, directo y secreto. La tarea consiste en unir el control desde lo alto, al control desde lo bajo. 5. ¿Qué significa, instruir a los cuadros por medio de la experiencia de sus propios errores? Lenin nos ha enseñado que, poner de manifiesto conscientemente los errores del Partido, estudiar las causas que han engendrado estos errores, y planear las medidas necesarias para corregir estos errores, es uno de los medios más seguros para la verdadera y justa instrucción y educación de los cuadros del Partido, la verdadera instrucción y educación de la

clase obrera y de las masas trabajadoras. Lenin ha dicho: La actitud de un partido político frente a sus errores es uno de los criterios más importantes, y el más seguro para juzgar si ese Partido es serio y si realiza realmente sus obligaciones hacia su clase y hacia las masas trabajadoras. Reconocer públicamente su error, descubrir las causas, analizar la situación que lo ha hecho nacer, examinar atentamente los medios para corregir ese error, he aquí la marca de un Partido serio, he aquí lo que se llama cumplir con sus obligaciones, educar e instruir a la clase, y después, a las masas. Esto significa que el deber de los bolcheviques no es esconder sus errores, eludiendo la discusión, como ocurre a menudo entre nosotros, sino reconocer honesta y públicamente sus errores, planear honesta y públicamente las medidas necesarias para corregir esos errores, corregir sus errores honesta y públicamente. Yo no diría que nuestros camaradas se prestan voluntariamente a esta necesidad. Pero los bolcheviques, si quieren ser realmente bolcheviques, tienen que encontrar en sí mismos el coraje de reconocer abiertamente sus errores, descubrir las causas, indicar los medios para corregirlos, y ayudar de este modo al Partido a dar a los cuadros una verdadera instrucción y una verdadera educación política.

Pues solamente por este camino, solamente en las condiciones de una autocrítica franca y honesta, es que se pueden formar verdaderos jefes bolcheviques. He aquí dos ejemplos que demuestran la justeza de la tesis de Lenin. Tomemos por ejemplo, nuestros errores en la edificación de los koljóses. Vosotros recordáis sin duda el año 1930, cuando nuestros camaradas del Partido pensaban resolver, en tres o cuatro meses más o menos, ese problema eminentemente complejo -llevar al campesinado hacia el camino de edificación de los koljóses- y cuando el Comité Central del Partido fue obligado a poner en línea a los camaradas demasiado fogosos. Ese fue uno de los períodos más peligrosos en la vida de nuestro Partido. El error era que nuestros camaradas de Partido habían olvidado el principio de la adhesión libre, en la edificación de los koljóses, habían olvidado que no se puede llevar a los campesinos hacia la vía koljósiana ejerciendo sobre ellos una presión administrativa; habían olvidado que la edificación de los koljóses necesitaba no algunos meses, sino varios años de un trabajo minucioso y pensado. Habían olvidado todo eso y no querían reconocer sus errores. Vosotros recordáis, sin duda, que la indicación del Comité Central relativa al vértigo de los éxitos, diciendo que nuestros camaradas de la base no debían marchar demasiado rápido y desconocer la situación real, esa indicación fue acogida mal.

Pero esto no impidió al Comité Central el marchar contra la corriente y orientar a nuestros camaradas de Partido en la vía justa. ¿Y bien? Ahora está claro para todos que el Partido ha obtenido lo que quería, orientando a nuestros camaradas de Partido en la vía justa. Hoy, poseemos excelentes cuadros, incluyendo a decenas de miles de campesinos para la edificación y la dirección de los koljóses. Esos cuadros han madurado y se han formado en base a la experiencia y los errores de 1930. Pero no tendríamos estos cuadros hoy, si en aquella época, el Partido no hubiera comprendido sus errores y no los hubiera corregido a tiempo. Otro ejemplo, esta vez tomado del dominio de la edificación industrial. Les voy a hablar de nuestros errores de la época del sabotaje de Shajti. Nuestros errores se debían a que nosotros no nos dábamos cuenta de todo el daño que representaba el atraso técnico de nuestros cuadros de la industria; nos acostumbrábamos a ese atraso y pensábamos poder desarrollar una vasta edificación industrial socialista con la ayuda de especialistas de tendencias hostiles, dándoles a nuestros cuadros económicos el papel de malos comisarios aliado de los especialistas burgueses. Vosotros recordáis, sin duda la falta de voluntad que nuestros cuadros económicos tenían en reconocer sus errores, en reconocer su atraso técnico, y con qué dificultad asimilaban la consigna "dominar la técnica".

¿Y bien? Los hechos muestran que la consigna: "dominar la técnica" ha actuado y ha dado buenos resultados. Nosotros poseemos hoy en día excelentes cuadros incluyendo a decenas y centenas de miles de dirigentes bolcheviques de la industria que, desde ahora y en adelante dominan la técnica y hacen avanzar nuestra industria. Pero no hubiéramos tenido esos cuadros ahora, si el Partido hubiera seguido ante la obstinación de los dirigentes de la industria que rechazaban reconocer su atraso técnico, si, en esa época, el Partido no hubiera tomado conciencia de sus errores y no los hubiera corregido a tiempo. Algunos camaradas dicen que sería un error hablar públicamente de nuestros errores, el reconocimiento público de nuestros errores pudiera ser interpretado por nuestros enemigos como un signo de nuestra debilidad, y explotado por ellos. Estas son tonterías, camaradas, tonterías y nada más. Al contrario, reconocer públicamente nuestros errores y corregirlos honestamente, puede sólo fortalecer a nuestro Partido, elevar la autoridad de nuestro Partido a los ojos de los obreros, de los campesinos, de los trabajadores intelectuales, aumentar su fuerza, el poder de nuestro Estado. Y esto es lo esencial. Mientras los obreros, los campesinos, los trabajadores intelectuales estén con nosotros, todo el resto vendrá cómo consecuencia. Otros camaradas dicen que reconocer públicamente nuestros errores puede conducir, no a la formación y al fortalecimiento de nuestros cuadros, sino a su debilitamiento y a su desorganización; ellos dicen que, nosotros debemos cuidar y ahorrar nuestros cuadros, que nosotros debemos cuidar su amor propio y su tranquilidad. Para eso ellos proponen ocultar los errores de nuestros camaradas, atenúan la crítica y, todavía más, pasar por alto esos errores. Un punto de vista tal no es solamente falso desde su raíz, sino extremadamente peligroso, peligroso ante todo para los cuadros, a los que se quiere "cuidar" y "ahorrar". Cuidar y conservar a los cuadros ocultando sus errores, significa en verdad destruir a esos mismos cuadros. Nosotros hubiéramos destruido con toda seguridad a nuestros cuadros bolcheviques koljósianos, si no hubiéramos denunciado los errores de 1930 y no hubiéramos instruido a los cuadros en base a la experiencia de esos errores. Nosotros hubiéramos destruido seguramente a nuestros cuadros bolcheviques de la industria, si no hubiéramos denunciado los errores de nuestros camaradas en el período del sabotaje de Shajti, y si no hubiéramos instruido a nuestros cuadros industriales por medio de la experiencia de esos errores.

Aquellos que piensan cuidar el amor propio de nuestros cuadros ocultando sus errores, destruyen a los cuadros y el amor propio de esos cuadros; pues ocultando sus errores, facilitan la repetición de nuevos errores, quizá aún más graves y que, seguramente, conducirá a un descalabro completo de los cuadros en perjuicio de su "amor propio" y su "tranquilidad". 6. Lenin nos ha enseñado, no solamente a instruir a las masas, sino a aprender de ellas. Esto significa en primer lugar que nosotros, los dirigentes, no debemos caer en la presunción, y debemos comprender que si nosotros somos miembros del Comité Central o Comisarios del Pueblo, no quiere decir que nosotros tenemos todos los conocimientos necesarios para dirigir de una manera justa. El grado por sí mismo no da los conocimientos y la experiencia. Y, con mayor razón, el título no los da tampoco. ¿Qué quiere decir esto? Esto significa, en segundo lugar que nuestra experiencia sola, la experiencia de los dirigentes, no es suficiente para dirigir de una manera justa; que es necesario, por consiguiente, completar nuestra experiencia, la experiencia de los dirigentes, por medio de la experiencia de las masas, por medio de la experiencia de la masa de miembros del Partido; por medio de la experiencia de la masa obrera, por medio de la experiencia del pueblo. Esto significa en tercer lugar: no aflojar ni un minuto y con mayor razón, no romper sus ataduras con las masas.

Esto significa, en cuarto lugar: oír con atención las voces de las masas, las voces de los simples miembros del Partido, las voces de aquellos llamados "gente pequeña", la voz del pueblo. ¿Qué significa dirigir de una manera justa? No quiere decir de ninguna manera: permanecer en una oficina y dar directivas. Dirigir de una manera justa, quiere decir: En primer lugar, encontrar la justa solución del problema. Ahora bien, es imposible encontrar la justa solución sin tener en cuenta la experiencia de las masas que llevan a cuestas los resultados de nuestra dirección. En segundo lugar, organizar la aplicación de la justa solución; no se podría realizar sin la ayuda directa de las masas. En tercer lugar, organizar el control de la ejecución de esta solución, cosa igualmente imposible sin la ayuda directa de las masas. Nosotros los dirigentes, vemos las cosas, los sucesos, los hombres, sólo de un lado, por decirlo así, desde lo alto; nuestro campo visual es, por consiguiente, más o menos limitado, Las masas, por el contrario, ven las cosas, los sucesos, los hombres, de otro lado, por decirlo así, desde abajo. Por consecuencia, su campo visual es, también, en cierta medida, limitado. Para conseguir una justa solución del problema, hay que unir esas dos experiencias. Solamente en ese caso la dirección será justa. He aquí lo que significa no instruir solamente a las masas, sino también aprender de ellas.

Dos ejemplos que muestran la justeza de esta tesis de Lenin. Sucedió hace algunos años. Nosotros, miembros del Comité Central, discutíamos el problema del mejoramiento de la cuenca del Donetz. El proyecto de medidas presentado por el comisariato del pueblo para la industria pesada, era claramente insuficiente. El proyecto fue devuelto tres veces al comisariato para la industria pesada. Tres veces recibimos de este comisariato proyectos diferentes. Sin embargo era imposible reconocerlos como satisfactorios. Nosotros decidimos hacer venir de la cuenca del Donetz algunos obreros y algunos dirigentes subalternos de la industria y de los sindicatos. Durante tres días nos hemos entrevistado con esos camaradas. Y todos nosotros, miembros del Comité Central, tuvimos que reconocer que sólo estos simples militantes, esa "gente pequeña", supieron sugerimos la justa solución: Vosotros recordáis sin duda la decisión del Comité Central y del Consejo de Comisarios del Pueblo sobre las medidas a tomarse, para la intensificación de la extracción de la hulla en la cuenca del Donetz. Y bien, esa decisión del Comité Central y del Consejo de Comisarios del Pueblo, que todos nuestros camaradas han reconocido como una solución justa y también famosa, nos fue sugerida por los simples hombres de la base. Otro ejemplo. Quiero contar el ejemplo de la camarada Nikolaenko. ¿Quién es Nikolaenko?

Nikolaenko es un simple miembro del Partido. Ella es una de esas "gente pequeña", ordinaria. Durante un año, ella había señalado la mala situación de la organización del Partido en Kiev; ella había denunciado el espíritu de familia, la manera estrecha y mezquina de tratar a los militantes, la asfixia de la autocrítica, la autoridad que tenían los saboteadores trotskistas. Buscaron deshacerse de Nikolaenko, como de una mosca inoportuna. En fin, para desembarazarse de ella la habían simplemente excluido del Partido. Ni la organización de Kiev, ni el Comité Central del Partido Comunista Ucraniano la habían ayudado para que se hiciera justicia. Sólo la intervención del Comité Central del Partido, ha permitido desenredar esta madeja. ¿Y cuál fue el resultado del examen de este asunto? El resultado fue que Nikolaenko tenía razón, mientras que la organización de Kiev estaba equivocada. Ni más ni menos ¿Y sin embargo quién es esta Nikolaenko? Ella evidentemente no es ni miembro del Comité Central, ni comisario del pueblo; ella no es secretaria de una organización regional de Kiev, ni siquiera es secretaria de alguna célula; ella no es más que un simple miembro del Partido. Como veis, la gente simple está a menudo más cerca de la verdad, que ciertas instituciones superiores. Se podría citar todavía decenas y centenas de estos ejemplos. De esto se concluye que para dirigir nuestra obra, no basta sólo con nuestra experiencia, la experiencia de los dirigentes.

Para dirigir de una manera justa, es necesario completar la experiencia de los dirigentes, por medio de la experiencia de la masa de los miembros del Partido, por medio de la experiencia de las masas, por la experiencia de los trabajadores, por la experiencia de aquellos que son llamados "gente pequeña". ¿Pero cuándo es eso posible? Es posible solamente, cuando los dirigentes están lo más estrechamente posible vinculados a las masas; cuando ellos están vinculados a la masa de los miembros del Partido, a la clase obrera, al campesinado, a los trabajadores intelectuales. El vínculo con las masas, el fortalecimiento de ese vínculo, la voluntad de escuchar la voz de las masas, he aquí lo que hace la fuerza y la invencibilidad de la dirección bolchevique. Se puede establecer como regla general, que mientras los bolcheviques conserven este vínculo con las grandes masas del pueblo, ellos serán invencibles. Y por el contrario, basta con que los bolcheviques se separen de las masas y rompan su vínculo con ellas, basta con que se cubran de herrumbre burocrática, para perder todas sus fuerzas y transformarse en la nada. La mitología griega de la antigüedad contaba con un héroe famoso, Anteo, que era, según la mitología, el hijo de Poseidón, dios del mar, y de Gea, diosa de la tierra. El se sentía particularmente atado a su madre que le había dado la vida, le había nutrido y criado.

No había héroes que Anteo no pudiera vencer. Era considerado un héroe invencible. ¿Qué era lo que le daba esa fuerza? era el hecho de que cada vez que, combatiendo a un adversario, se sentía debilitar, tocaba la tierra, su madre, que le había dado la vida y lo había nutrido, y retomaba así sus fuerzas. Sin embargo, tenía un punto débil: era el peligro de estar, de una manera o de otra, separado de la tierra. Sus enemigos conocían esta debilidad y acechaban a Anteo. Y hubo un enemigo que, aprovechando esta debilidad, venció a Anteo. Este fue Hércules. ¿Pero cómo pudo vencer? Lo arrancó de la tierra, lo levantó en el aire e, impidiendo que tomara contacto con el suelo, lo sofocó. Los bolcheviques se asemejan, a mi parecer, al héroe de la mitología griega, Anteo. Lo mismo que Anteo, ellos son fuertes porque tienen un vínculo con su madre, con las masas que los han engendrado, que los han nutrido y los han formado. Y mientras ellos sigan vinculados a su madre, al pueblo, tienen todas las posibilidades de permanecer invencibles. Este es el secreto de la invencibilidad de la dirección bolchevique. 7. Por último, todavía una cuestión. Quiero hablar de la actitud formalista y secamente burocrática de algunos de nuestros comunistas, hacia la suerte de tal o cual miembro del Partido, hacia las exclusiones del Partido, o la reintegración de los excluidos, de sus derechos como miembros del Partido.

La verdad es que algunos de nuestros dirigentes del Partido pecan por la falta de atención hacia los hombres, hacia los miembros del Partido, hacia los militantes. Aún más, ellos no buscan conocer a los miembros del Partido, ellos no saben lo que hacen, ni cómo progresan; de una manera general quiero decir que ellos no conocen a los militantes. Esto se debe, porque en su manera de abordar a los miembros del Partido, a los militantes del Partido, no tienen en cuenta el factor individual. Y justamente por esto, porque no tienen en cuenta el factor individual, al juzgar a los miembros del Partido y a los militantes del Partido, ellos actúan habitualmente al azar: o bien los alaban en bloque y sin medida, o bien los golpean, también así en bloque, y sin medida, los excluyen del Partido por miles y por docenas de miles. En general, esos dirigentes se esfuerzan en pensar a lo grande, por decenas de miles, sin preocuparse de las "unidades", de los miembros aislados del Partido, de su suerte. Excluir del Partido a miles y decenas de miles de miembros, eso es, según ellos, muy poca cosa, y ellos se consuelan con la idea de que nuestro Partido tiene la fuerza de dos millones de miembros, y quejas decenas de miles de excluidos no pueden cambiar en nada la situación del Partido. Pero, solamente gente funcionalmente hostil al Partido puede tratar de tal manera a los miembros del Partido. Esta actitud de seca indiferencia respecto a la gente, respecto a los miembros y militantes del Partido, engendra artificialmente el descontento y la irritación de ciertos contingentes del Partido; y los traidores trotskistas abordan con habilidad a estos camaradas amargados y los arrastran suavemente en el cenagal del sabotaje trotskista. Los trotskistas, no han representado jamás una gran fuerza en nuestro Partido. Acuérdense de la última discusión que se realizó en nuestro Partido en 1927. Eso fue un verdadero referéndum del Partido. De 854.000 miembros del Partido, votaron entonces 730.000 miembros, de los cuales 724.000 votaron por el Partido, por el Comité Central, en contra de los trotskistas. Por los trotskistas votaron 4.000 miembros del Partido, o sea alrededor de 1/2 por 100 y 2.600 se abstuvieron. 123.000 miembros del Partido no tomaron parte en esa votación, ya sea por estar de viaje, ya sea por estar de servicio. Si a los 4.000 que votaron por los trotskistas, se le agregan todos los que se abstuvieron, suponiendo que ellos simpatizaban igualmente con los trotskistas, y si se le agrega a esta cifra, no el 1/2 por 100 de los que no han participado en el voto, como habría que hacerlo según las reglas, sino el 5 por 100 de los no participantes, o sea alrededor de 6.000 miembros del Partido, se obtendrá alrededor de 12.000 miembros que simpatizaban de una manera o de otra, con el trotskismo.

He aquí toda la fuerza de los señores trotskistas. Agreguemos todavía que muchos de esos miembros han sido decepcionados por el trotskismo y lo han abandonado y tendréis una idea de la insignificancia de las fuerzas trotskistas. y si, a pesar de esto, los saboteadores trotskistas poseen sin embargo algunas reservas cercanas a nuestro Partido, eso se debe a que la política errónea de algunos de nuestros camaradas en lo que concierne a la exclusión del Partido y a la reintegración de los excluidos, a la seca indiferencia de algunos de nuestros camaradas por la suerte de tal o cual miembro del Partido y de tal o cual militante, multiplica artificialmente el número de descontentos y de amargados, y crea de esa manera reservas para los trotskistas. La mayoría de las veces se excluye del Partido a causa de lo que se llama la pasividad. ¿Qué es la pasividad? Se considera, según parece, que si un miembro del Partido no ha asimilado el programa del Partido, es pasivo y debe ser excluido. Pero eso es erróneo, camaradas, no se puede interpretar de una manera tan pedante el estatuto de nuestro Partido. Para asimilarse el programa del Partido, es necesario ser un verdadero marxista, un marxista probado, que posea una formación teórica. Yo no sé si encontraremos a muchos miembros en nuestro Partido, que hayan ya asimilado nuestro programa, que se hayan vuelto verdaderos marxistas probados, que posean una formación teórica.

Si se continúa por ese camino, terminaremos dejando en nuestro Partido sólo a los intelectuales y, en general a los hombres sabios. ¿Quien tiene necesidad de tal Partido? Nosotros poseemos, para pertenecer al Partido, una fórmula leninista verificada, resistente a todas las pruebas. De acuerdo a esta fórmula, se considera como miembro del Partido a aquel que reconozca el programa del Partido, pague su cuota y trabaje en una de sus organizaciones. Fíjense bien: la fórmula leninista no habla de asimilación del programa, sino de reconocimiento, del programa. Son dos cosas absolutamente diferentes. Es inútil demostrar aquí que Lenin es el que tenía razón y no nuestros camaradas de Partido, que hablan inútilmente de asimilación del programa. Y esto se concibe. Si el Partido tomara el punto de vista de que, sólo los camaradas que han asimilado el programa y que se han vuelto marxistas teóricamente formados, pueden ser miembros del Partido, no crearía en su seno miles de círculos comunistas, centenares de escuelas del Partido, en donde se enseña el marxismo a los miembros del Partido y en donde se les ayuda a asimilar nuestro programa. Está perfectamente claro que si el Partido organiza escuelas y sus círculos para sus miembros, se debe a que él sabe que los miembros del Partido, no han tenido todavía el tiempo de asimilar el programa del Partido, que no han tenido aún el tiempo de volverse marxistas con una formación teórica.

Así pues, para enderezar nuestra política en la cuestión de la pertenencia al Partido y de las exclusiones, hay que terminar con esa manera estúpida de interpretar la cuestión de la pasividad. Pero nosotros pecamos todavía en un punto, en ese dominio. La verdad es que nuestros camaradas no reconocen el término medio entre los dos extremos. Basta con que un obrero, miembro del Partido, cometa una falta leve, que llegue con atraso una o dos veces a una reunión del Partido, que no pague por una razón o por otra su cuota, para que sea excluido enseguida del Partido. No se busca establecer el grado de culpabilidad, el motivo por el cual no vino a la reunión, la razón por la cual no pagó su cuota. El burocratismo, en esos problemas, es simplemente inaudito. No es difícil comprender que justamente a consecuencia de esa política de seca indiferencia, excelentes obreros de la vieja capa, excelentes Stajánovistas han sido excluidos del Partido. ¿No se puede acaso antes de excluir del Partido, dar una advertencia? ¿Si eso es ineficaz, amonestarle o infligirle una reprobación, y si tampoco esto es eficaz, fijarle un plazo para que el culpable pueda corregirse, o en rigor degradarlo a la categoría de candidato, pero no excluirlo enseguida, de golpe, del Partido? Evidentemente, se puede hacer esto. Pero para esto se necesita poner atención a los

hombres, a los miembros del Partido, a la suerte de los miembros del Partido. Y eso es justamente lo que le falta a alguno de nuestros camaradas. Ya es tiempo, de verdad es tiempo, de terminar de una vez con esta situación escandalosa. (Aplausos.)

Publicado en "Pravda" el 1 de abril de 1937.