¡Camaradas!

Permítanme proclamar un brindis por la ciencia, por su prosperidad, por la salud de los hombres de ciencia.

¡Por el florecimiento de la ciencia, de esa ciencia que no se aísla del pueblo, que no se mantiene alejada del pueblo, sino que está dispuesta a servir al pueblo, dispuesta a entregar al pueblo todas las conquistas de la ciencia, que sirve al pueblo no por coacción, sino voluntariamente, con agrado!

Por el florecimiento de la ciencia, de esa ciencia que no permite que sus viejos y reconocidos dirigentes se encierren ufanamente en la cáscara de los sacerdotes de la ciencia, en la cáscara de los monopolistas de la ciencia, que comprende el sentido, la importancia, la omnipotencia de la unión de los viejos trabajadores de la ciencia con los jóvenes trabajadores de la ciencia, que voluntaria y gustosamente abre todas las puertas de la ciencia a las jóvenes fuerzas de nuestro país y les da la posibilidad de conquistar las cumbres de la ciencia, que reconoce que el porvenir pertenece a la juventud de la ciencia.

¡Por el florecimiento de la ciencia, de esa ciencia cuyos hombres, comprendiendo la fuerza y la importancia de las tradiciones establecidas en la ciencia y utilizándolas hábilmente en interés de la ciencia, no quieren sin embargo ser esclavos de esas tradiciones; que tiene la audacia, la determinación de romper las viejas tradiciones, normas y postulados cuando se vuelven obsoletos, cuando se convierten en un freno para el avance, y que sabe crear nuevas tradiciones, nuevas normas, nuevos postulados!

La ciencia conoce en su desarrollo a no pocos hombres valientes que supieron romper lo viejo y crear lo nuevo, a pesar de cualquier obstáculo. Hombres de ciencia como Galileo, Darwin y muchos otros son de todos conocidos. Quisiera detenerme en uno de esos corifeos de la ciencia, que es al mismo tiempo el hombre más grande de la época contemporánea. Me refiero a Lenin, nuestro maestro, nuestro educador. Recuerden el año 1917. Basándose en el análisis científico del desarrollo social de Rusia, basándose en el análisis científico de la situación internacional, Lenin llegó a la conclusión de que la única salida de la situación era la victoria del socialismo en Rusia. Esta fue una conclusión más que inesperada para muchos hombres de ciencia de aquel tiempo. Plejánov, uno de los más destacados hombres de ciencia, hablaba entonces con desprecio de Lenin, afirmando que Lenin se encontraba "delirando". Otros hombres de ciencia, no menos conocidos, afirmaban que "Lenin se ha vuelto loco", que habría que encerrarlo en algún lugar apartado. Contra Lenin estaban entonces todos y cada uno de los hombres de ciencia, como contra un hombre que destruía la ciencia. Pero Lenin no temió ir contra la corriente, contra la rutina. Y Lenin venció.

He aquí un ejemplo de hombre de ciencia, que lucha audazmente contra la ciencia caduca y abre el camino para una ciencia nueva.

Sucede también que los nuevos caminos de la ciencia y la técnica los abren a veces no personas conocidas en la ciencia, sino personas completamente desconocidas en el mundo científico, personas sencillas, prácticas, innovadores de la causa. Aquí, en la mesa común, están sentados los camaradas Stajánov y Papanin. Personas desconocidas en el mundo científico, sin grados académicos, prácticos de su causa. Pero, ¿quién no sabe que Stajánov y los stajanovistas, en su trabajo práctico en la esfera de la industria, echaron abajo las normas existentes, establecidas por personas conocidas de la ciencia y la técnica, por considerarlas anticuadas, e introdujeron nuevas normas, correspondientes a las exigencias de la verdadera ciencia y la técnica? ¿Quién no sabe que Papanin y los papaninistas, en su trabajo práctico sobre el témpano de hielo a la deriva, de paso, sin especial esfuerzo, echaron abajo la vieja concepción del Ártico por anticuada y establecieron una nueva, correspondiente a las exigencias de la verdadera ciencia? ¿Quién puede negar que Stajánov y Papanin son innovadores en la ciencia, hombres de nuestra ciencia de vanguardia?

He aquí qué otros “milagros” ocurren en la ciencia.

Hablé de la ciencia. Pero la ciencia puede ser de todo tipo. La ciencia de la que hablé se llama ciencia avanzada.

¡Por el florecimiento de nuestra ciencia avanzada!

¡Por la salud de los hombres de la ciencia de vanguardia!

¡Por la salud de Lenin y del leninismo!

¡Por la salud de Stajanov y los stajanovistas!

¡Por la salud de Papanin y los papaninitas!

Pravda. 19 de mayo de 1938