En su breve discurso, escuchado con intensa atención e interrumpido por salvajes aplausos, el camarada Stalin habla de los brillantes éxitos logrados por las mujeres soviéticas en todas las esferas del trabajo industrial, cultural, científico y en una rama tan difícil y aparentemente inaccesible para las mujeres como la aviación. En todos estos campos la mujer soviética, en el entorno favorable de la sociedad socialista, está ahora al lado del hombre y en muchos casos le aventaja.

El camarada Stalin advierte además de la necesidad de tener especial precaución y cuidado con lo más preciado que tenemos: las vidas humanas y especialmente las vidas de nuestros valientes, a veces desenfrenadamente valientes, heroicos pilotos.

Estas vidas son más preciadas para nosotros que cualquier récord, por muy grandes y sonoros que sean estos récords. Por lo tanto, protegiendo la vida de nuestros héroes, la paz y la felicidad de sus familias, el Partido y el Gobierno serán extremadamente estrictos con las peticiones de los pilotos de permiso para realizar vuelos peligrosos que batan récords y sólo permitirán estos vuelos en casos raros y excepcionales.

Destacando la valerosa labor de los conquistadores del Norte, el camarada Stalin saluda a I. D. Papanin y a la amistosa familia de pilotos polares.

Felicitando a los camaradas Sajarov, Burlakov, Romanov, Derkunsky, Tijonov y otros que hábilmente buscaron a la tripulación del "Rodina" en la taiga y le prestaron inmediatamente ayuda, el camarada Stalin proclama un brindis por los pilotos soviéticos de a pie que son el sostén y la esperanza de nuestra gloriosa aviación soviética.

Una tempestuosa ovación acompaña las palabras del camarada Stalin, llenas de cariño y atención al avanzado y valiente pueblo soviético.

Pravda. 1938. 28 de octubre.