10 de marzo de 1939.

## I. La situación internacional de la Unión Soviética.

Camaradas: Han transcurrido cinco años desde que se celebró el XVII Congreso del Partido. Un período, como veis considerable. Durante este período, el mundo ha sufrido cambios importantes. Los Estados y los países, sus relaciones mutuas han cambiado completamente en muchos aspectos. ¿Cuáles son los cambios que se han producido durante este período en la situación internacional? ¿Qué cambios concretos se han producido en la situación exterior e interior de nuestro país? Para los países capitalistas, éste ha sido un período de gravísimas conmociones, tanto en el terreno de la economía como en el de la política. En el terreno de la economía, éstos han sido años de depresión, y más tarde, a partir de la segunda mitad del año 1937, años de una nueva crisis económica, años de nuevo descenso de la industria en los Estados Unidos, en Inglaterra, en Francia; por lo tanto, años de nuevas complicaciones económicas. En el terreno de la política, éstos han sido años de conflictos y conmociones políticas graves. Corre ya el segundo año de la nueva guerra imperialista, que se ha desencadenado en un inmenso territorio, desde Shanghái hasta Gibraltar, arrastrando a más de 500 millones de seres. Se está modificando por la fuerza el mapa de Europa, de África, de Asia. Todo el sistema del llamado régimen de paz de postguerra ha sido conmocionado hasta sus raíces. Para la Unión Soviética, por el contrario, éstos han sido años de crecimiento y prosperidad, años de una continua marcha ascendente económica y cultural, años de crecimiento continuo de su potencia política y militar, años de lucha por el mantenimiento de la paz en el mundo entero. Este es el panorama general. Examinemos los datos concretos sobre los cambios ocurridos en la situación internacional.

### 1. Nueva crisis económica en los países capitalistas. Se recrudece la lucha por los mercados de venta, por las fuentes de materias primas, por un nuevo reparto del mundo.

La crisis económica, que se había iniciado en los países capitalistas en la segunda mitad del año 1929, prosiguió hasta fines de 1933. A partir de esta fecha, la crisis pasó a ser depresión, y, algún tiempo después, la industria comenzó a reanimarse algo, experimentó cierto auge. Pero esta reanimación de la industria no se convirtió en florecimiento, como generalmente ocurre en el período de reanimación. Por el contrario, a partir de la segunda mitad del año 1937, se inició una nueva crisis económica, que ha afectado, ante todo, a los Estados Unidos, y seguidamente, a Inglaterra, Francia y a varios otros países. Por tanto, cuando aún no habían tenido tiempo de reponerse de los golpes de la reciente crisis económica, los países capitalistas se han encontrado frente a una nueva crisis económica. Como es natural, esta circunstancia ha traído como consecuencia el aumento del paro forzoso. El número de parados, en los países capitalistas, que había descendido de 30 millones de hombres, en 1933, a 14 millones, en 1937, volvió a elevarse, como resultado de la nueva crisis a unos 18 millones de hombres.

El rasgo característico de la nueva crisis consiste en que se distingue mucho de la crisis precedente, y además, no en el aspecto mejor, sino en el peor. En primer lugar, la nueva crisis se ha iniciado, no después de un florecimiento de la industria, como ocurrió en 1929, sino después de la depresión y de una cierta reanimación, la que, no obstante, no se convirtió en florecimiento. Esto quiere decir que la crisis actual será más dura, y será más difícil de combatir que la crisis anterior. Además, la crisis actual se ha desencadenado, no en tiempo de paz, sino en un período en que se ha iniciado ya la segunda guerra imperialista, cuando el Japón, ya en el segundo año de guerra contra China, desorganiza el inmenso mercado chino y lo hace casi inaccesible para las mercancías de otros países; cuando Italia y Alemania ya han encarrilado su economía nacional por los cauces de la economía de guerra, habiendo derrochado en ello sus reservas de materias primas y de divisas; cuando todas las demás grandes potencias capitalistas comienzan a reorganizarse, poniendo su economía en pie de guerra. Esto significa que el capitalismo dispondrá,

para la salida normal de la crisis actual, de muchos menos recursos que durante la crisis anterior. Finalmente, a diferencia de la precedente, la crisis actual no es una crisis general, sino que comprende, por el momento, principalmente, a los países poderosos en el sentido económico, que aún no han encarrilado su economía por los cauces militares. En lo que se refiere a los países agresores, como el Japón, Alemania e Italia, que ya han reconstruido su economía de una manera militar, al desarrollar intensivamente su industria de guerra, todavía no atraviesan el estado de crisis de superproducción, aunque se aproximan a tal estado. Esto quiere decir que, cuando los países económicamente poderosos, no agresores, comiencen a salir de la fase de crisis, los países agresores, una vez agotadas sus reservas de oro y de materias primas en el curso de la fiebre guerrera, tendrán que entrar en la fase de una durísima crisis. Lo muestran palmariamente, aunque sólo sea, los datos sobre la existencia en los países capitalistas de las reservas conocidas de oro. A través de este cuadro se ve que las reservas de oro de Alemania, Italia y Japón, en su conjunto, representan una suma inferior a la de las reservas de Suiza sola. He aquí algunas cifras que muestran el estado de crisis de la industria de los países capitalistas, durante los cinco años últimos, y la marcha ascendente de la industria en la U.R.S.S.

Inglaterra 2.029 2.396 Francia 1.769 1.435 Holanda Bélgica Suiza Alemania Italia Japón

Volumen de la producción industrial en proporción al año 1929 (1929 - 100)

1934 1935 1936 1937 1938 Estados Unidos 66,4 75,6 88,1 92,2 72,0 Inglaterra 98,8 105,8 115,9 123,7 112,0 Francia 71,0 67,4 79,3 82,8 70,0 Italia '80,0 93,8 87;5 99,6 96,0 Alemania 79,8 94,0 106,3 117,2 125,0 Japón 128,7 141,8 151,1 170,8 165,0 U.R.S.S. 238,3 293,4 382,3 424,0 477,0

A través de este cuadro se ve que la Unión Soviética es el único país en el mundo que no conoce las crisis y cuya industria prosigue de una manera continua su marcha ascendente. A través de este cuadro se ve, asimismo, que en los Estados Unidos, Inglaterra y Francia, ya se ha iniciado y se desarrolla una profunda crisis económica. A través de este cuadro se ve, además, que en Italia y en el Japón, que habían encarrilado su economía nacional, antes de Alemania, por los cauces de la economía de guerra, ya se ha iniciado, en 1938, un período de movimiento descendente de la industria. A través de este cuadro se ve, finalmente, que en Alemania, que ha reconstruido su economía, poniéndola en pie de guerra, más tarde que Italia y el Japón, la industria atraviesa, por el momento, un estado de cierto movimiento ascendente, en verdad, de poca monta, como ocurrió hasta estos últimos tiempos en el Japón y en Italia. No cabe duda que, de no suceder algo imprevisto, en la industria de Alemania debe iniciarse el mismo movimiento descendente, que ya se ha iniciado en el Japón y en Italia. Pues, ¿qué significa encarrilar al país por los cauces de la economía de guerra? Significa imprimir a la industria una dirección unilateral, de guerra; extender por todos los medios la producción de artículos necesarios para la guerra, producción que no está relacionada con el consumo de la población; restringir por todos los medios la producción y, sobre todo, el suministro al mercado de artículos de consumo popular; por lo tanto, reducir el consumo de la población y llevar al país a una crisis económica. Este es el panorama concreto de la marcha de la nueva crisis económica en los países capitalistas.

Claro está que este giro tan desfavorable de los asuntos económicos ha tenido necesariamente que conducir a la agudización de las relaciones entre las potencias. Ya la crisis anterior había revuelto todas las cartas y recrudecido la lucha por los mercados y por las fuentes de materias primas. La anexión de Manchuria y de la China del Norte por el Japón; la anexión de Abisinia por Italia; todo esto ha reflejado la exacerbación de la lucha entre las potencias. La nueva crisis económica ha tenido que conducir, y, en efecto, ha conducido, a un mayor recrudecimiento de la lucha imperialista. No se trata ya de la competencia en los mercados, ni de la guerra comercial, ni del dumping. Estos medios de lucha habían sido, desde hacía mucho tiempo ya, reconocidos como insuficientes. Ahora se trata de un nuevo reparto del mundo, de las zonas de influencia, de las colonias, por medio de operaciones militares. El Japón ha comenzado a justificar sus actos de agresión, aduciendo que, al concertar el tratado de las nueve potencias, fueron lesionados sus intereses y no se le permitió extender su territorio a expensas de China, "mientras que Inglaterra y Francia poseen inmensas colonias. Italia se acordó de que no la tuvieron en cuenta durante el reparto del botín después de la primera guerra imperialista, y que tiene que resarcirse a costa de las zonas de influencia de Inglaterra y Francia, Alemania, que sufrió seriamente a consecuencia de la primera guerra imperialista y del Tratado de Versalles, se unió al Japón y a Italia y exigió que se ampliase su territorio en Europa, que le restituyesen las colonias, que le habían sido

arrebatadas por los vencedores en la primera guerra imperialista. Así fue como comenzó a formarse el bloque de los tres Estados agresores. La cuestión de un nuevo reparto del mundo por medio de la guerra ha sido puesta al orden del día.

### 2. Se recrudece la situación política internacional. Hundimiento del sistema de los tratados de paz de postguerra. Comienza la nueva guerra imperialista.

He aquí algunos de los acontecimientos más importantes ocurridos durante el período sobre el que informamos y que han dado comienzo a la nueva guerra imperialista. En 1935, Italia se lanzó sobre Abisinia y la ocupó. En el verano de 1936, Alemania e Italia organizaron la intervención armada en España, afirmándose Alemania en el Norte de España y en el Marruecos español, e Italia, en el Sur de España y en las islas Baleares. En 1937, el Japón después de ocupar Manchuria, invadió la China del Norte y la Central, ocupó Pekín, Tientsin y Shanghái y comenzó a desalojar de la zona ocupada a sus competidores extranjeros. A principios de 1938, Alemania se apoderó de Austria, y en el otoño de 1938, de la región de los Sudetes de Checoslovaquia. A fines de 1938, el Japón ocupó Cantón, y a principios de 1939, se apoderó de la isla de Jainán. De este modo, la guerra, que se ha acercado de una manera tan solapada a los pueblos, ha envuelto en su órbita a más de 500 millones de seres, extendiendo su campo de acción sobre un inmenso territorio, desde Tientsin, Shanghái y Cantón, a través de Abisinia, hasta Gibraltar.

Después de la primera guerra imperialista, los Estados vencedores, principalmente Inglaterra, Francia y los Estados Unidos, crearon un nuevo régimen de relaciones entre los países, el régimen de paz de postguerra. Las bases principales de este régimen eran: en el Extremo Oriente, el Tratado de las nueve potencias, y en Europa, el Tratado de Versalles 21, así como toda una serie de otros tratados. La Sociedad de Naciones estaba llamada a regularizar las relaciones entre los países dentro del marco de este régimen, sobre la base del frente único de los Estados, sobre la base de la defensa colectiva de la seguridad de los Estados. Pero los tres Estados agresores y la nueva guerra imperialista, que éstos han iniciado, han dado al traste con todo este sistema de régimen de paz de postguerra. El Japón hizo pedazos el tratado de las nueve potencias, y Alemania e Italia, el tratado de Versalles. Con el fin de tener las manos libres, estos tres Estados salieron de la Sociedad de Naciones. La nueva guerra imperialista es ya un hecho. En nuestros tiempos, no es tan fácil romper de golpe las trabas y lanzarse directamente a la guerra, sin tener en cuenta para nada los tratados de distinta clase, sin tener en cuenta la opinión pública. Los políticos burgueses lo saben perfectamente. Lo saben también los capitostes fascistas.

Por eso, los cabecillas fascistas, antes de lanzarse a la guerra, decidieron preparar, en cierto modo, la opinión pública, es decir, inducirla a error, engañarla. ¿Bloque militar de Alemania e Italia en contra de los intereses de Inglaterra y Francia en Europa? ¡Quiá! ¿De qué bloque se trata? "Entre nosotros" no existe ningún bloque militar. "Entre nosotros" no existe más que un inofensivo "eje Berlín-Roma", es decir, sólo una fórmula geométrica referente a un eje. (Risas.) ¿Bloque militar de Alemania, Italia y el Japón en contra de los intereses de los Estados Unidos, Inglaterra y Francia en el Extremo Oriente? ¡Nada de eso! "Entre nosotros" no existe ningún bloque militar. "Entre nosotros" no existe más que un inofensivo "triángulo Berlín-Roma-Tokio"; es decir, un poco de apasionamiento por la geometría. (Risa general.) ¿Guerra contra los intereses de Inglaterra, Francia y los Estados Unidos? ¡Tonterías! "Nosotros" dirigimos la guerra contra la Internacional comunista y no contra estos Estados. Si no creéis, leed el "Pacto anti-Komintern" 23 concertado entre Italia, Alemania y Japón. Así es como creían preparar a la opinión pública los señores agresores, aunque no es difícil comprender que todo este burdo camuflaje está mal montado; pues es ridículo buscar "focos" de la Internacional Comunista en los desiertos de Mongolia, en las montañas de Abisinia, en los desolados campos del Marruecos español. (Risas.)

Pero la guerra es inexorable. No existen velos que puedan ocultarla. Porque ningún "eje", ningún "triángulo" y ningún "Pacto anti-Komintern" pueden ocultar el hecho de que el Japón se ha apoderado, durante este tiempo, de un inmenso territorio de China: Italia, de Abisinia; Alemania, de Austria y de la región de los Sudetes; Alemania e Italia, juntas, de España; todo esto, en contra de los intereses de los Estados no agresores. La guerra sigue siendo guerra, el bloque militar de los agresores, un bloque militar, y los agresores siguen siendo agresores. El rasgo característico de la nueva guerra imperialista consiste en que, por el momento, no ha llegado aún a ser general, una guerra mundial. La guerra la llevan los Estados agresores, lesionando en toda medida los intereses de los Estados no agresores, ante todo de Inglaterra, Francia y los Estados Unidos, mientras que éstos retroceden y ceden, haciendo a los agresores una concesión tras otra. Por lo tanto, ante nuestros ojos se procede a un reparto descarado del mundo y de las esferas de influencia a costa de los intereses de los Estados no agresores, sin ninguna tentativa de resistencia, e

incluso con cierta connivencia por parte de éstos. Es increíble, pero es un hecho. ¿Cómo explicar este carácter unilateral y extraño de la nueva guerra imperialista? ¿Cómo ha podido ocurrir que los países no agresores, que disponen de formidables posibilidades, hayan renunciado tan fácilmente y sin resistencia a sus posiciones y a sus compromisos, en favor de los agresores? ¿No se explicará, acaso, por la debilidad de los Estados no agresores? ¡Claro está que no! Los Estados no agresores, democráticos, en conjunto, son indiscutiblemente más fuertes que los Estados fascistas, tanto desde el punto de vista económico como del militar. ¿Cómo, pues, explicar en este caso las concesiones sistemáticas de estos Estados a los agresores? Se podría explicar esto, por ejemplo, por el miedo a la revolución, que pudiera desencadenarse si los Estados no agresores entrasen en la guerra y ésta adquiriese un carácter mundial. Los políticos burgueses saben, naturalmente, que la primera guerra imperialista mundial dio el triunfo a la revolución en uno de los países más grandes, y temen que la segunda guerra imperialista mundial pueda conducir también al triunfo de la revolución en uno o en varios países. Pero esto no es, ahora, la única causa, ni siquiera la principal.

La causa principal es que la mayoría de los países no agresores, y ante todo Inglaterra y Francia, renuncian a la política de seguridad colectiva, a la política de resistencia colectiva a los agresores; que pasan a las posiciones de la intervención, a las posiciones de "neutralidad". Formalmente, se podría caracterizar la política de no intervención del siguiente modo: "Que cada país se defienda de los agresores como quiera y pueda, a nosotros no nos importa, nosotros vamos a comerciar, tanto con los agresores como con sus víctimas". Mas, en realidad la política de no intervención significa connivencia con la agresión, el desencadenamiento de la guerra; por lo tanto, convertirla en una guerra mundial. En la política de no intervención se trasluce la aspiración, el deseo de no impedir a los agresores que lleven a cabo su obra funesta; no impedir, por ejemplo, que el Japón se enrede en una guerra contra China, y mejor aún, contra la Unión Soviética; no impedir, por ejemplo, que Alemania se hunda en los asuntos europeos, se enrede en una guerra contra la Unión Soviética, hacer que todos los beligerantes se empantanen profundamente en el cieno de la guerra, alentarlos para esto por debajo de cuerda, dejarles que se debiliten y agoten entre sí, para luego, cuando ya estén suficientemente quebrantados, aparecer en liza con fuerza frescas, intervenir, claro está, "en interés de la paz" y dictar a los beligerantes ya debilitados las condiciones d paz. ¡Cómodo y barato!

Consideremos, por ejemplo, el caso del Japón. Es característico que, en vísperas de la invasión por el Japón de la China del Norte todos los periódicos franceses, ingleses de influencia pregonaban a voz en cuello la debilidad de China, su incapacidad de resistir, que el Japón con su ejército podría someter a China en unos dos o tres meses. Luego, los políticos europeos y americanos se pusieron a la expectativa y a observar. Y más tarde, cuando el Japón desarrolló las operaciones militares, le cediera Shanghái, corazón del capital extranjero en China; le cedieron Cantón, centro de la influencia monopolista británica en la China del Sur; le cedieron Jainán y le permitieron cercar a Hong-Kong. ¿No es cierto que todo eso se parece mucho a estimular al agresor, como si dijeran: “húndete más y más en la guerra, y luego ya veremos"? O consideremos, por ejemplo, el caso de Alemania. Le cedieron Austria, a pesar de que existía un compromiso de defender su independencia; le cedieron la región de los Sudetes, abandonaron al azar a Checoslovaquia, violando todas y cada una de las obligaciones, para luego comenzar a mentir vocingleramente en la prensa sobre la "debilidad del ejército ruso", sobre la "descomposición de la aviación rusa", sobre "desórdenes" en la Unión Soviética, empujando a los alemanes más hacia el Este, prometiéndoles fácil botín y repitiendo: "No tenéis más que iniciar la guerra contra los bolcheviques, y en adelante todo marchará bien".

Es preciso reconocer que esto también se parece mucho a incitar, a estimular al agresor. Es característico el alboroto que la prensa anglo- francesa y norteamericana levantó con respecto a la Ucrania Soviética. Los publicistas de esta prensa vociferaban hasta la ronquera que los alemanes marchaban sobre la Ucrania Soviética, que tienen ahora en sus manos la llamada Ucrania Carpática, que cuenta con cerca de 700.000 habitantes; que los alemanes incorporarán, a más tardar en la primavera de este año, la Ucrania Soviética, que cuenta con más de 30 millones de habitantes, a la llamada Ucrania Carpática. Parece que este alboroto sospechoso tenía por objeto suscitar la ira de la Unión Soviética contra Alemania, envenenar la atmósfera y provocar un conflicto con Alemania sin motivos aparentes. Claro está que es completamente posible que en Alemania existan locos que sueñen con incorporar el elefante, es decir, la Ucrania Soviética, a un mosquito, es decir, a la llamada Ucrania Carpática. Y si, efectivamente, existen allí desequilibrados de esta especie, no cabe duda de que en nuestro país ha de encontrarse la cantidad necesaria de camisas de fuerza para estos locos. (Tempestad de aplausos.) Pero, si dejamos aparte a los locos y nos dirigimos a hombres normales, ¿no será, acaso, evidente que es

ridículo y tonto hablar en serio de la incorporación de la Ucrania Soviética a la llamada Ucrania Carpática? Pensad un poco. Viene el mosquito al elefante y poniendo los brazos en jarras le dice: "¡Oh, amigo, qué pena me das! ... Vives sin terratenientes, sin capitalistas, sin opresión nacional, sin cabecillas fascistas; ¿qué vida es ésta? ... Te miro y no puedo dejar de advertirte: no tienes otra salvación que unirte a mí… (Risa general.) Pues bien, que así sea, te permito unir tu pequeño territorio a mi territorio inmenso..." (Risa general y aplausos.) Es aún más característico el que ciertos políticos y publicistas de Europa y de los Estados Unidos, perdida su paciencia en la espera de una "cruzada contra la Ucrania Soviética", comienzan, ellos mismos, a desenmascarar el verdadero fondo de la política de no intervención. Dicen y escriben francamente que los alemanes les han "decepcionado" cruelmente, puesto que en vez de marchar más hacia el Este, contra la Unión Soviética, han virado -¡fijaos!- hacia el Oeste y reclaman colonias. Se podría cree que a los alemanes se les ha entregado las regiones de Checoslovaquia como precio por el compromiso de iniciar la guerra contra la Unión Soviética, pero que los alemanes se niegan ahora a amortizar el pagaré, mandándolos a paseo. Estoy muy lejos de predicar moral con motivo de 1a política de no intervención, hablar de traición, de perfidia, etc. Es ingenuo predicar moral a gentes que no reconocen la moral humana. La política es la política, como dicen los viejos y astutos diplomáticos burgueses. Sin embargo, es preciso observar que el juego político, grande y peligroso, que han iniciado los partidarios de la política de no intervención, puede terminar para ellos en un grave descalabro. Esta es la verdadera fisonomía de la política de no intervención, que domina actualmente. Esta es la situación política reinante en los países capitalistas.

### 3. La Unión Soviética y los países capitalistas.

La guerra ha creado una nueva situación en las relaciones entre los países. Ha introducido en estas relaciones una atmósfera de alarma y de incertidumbre. Tras haber minado las bases del régimen de paz de postguerra y haber echado por tierra las nociones elementales del derecho internacional, la guerra ha puesto bajo un interrogante el valor de los tratados y compromisos internacionales. El pacifismo y los proyectos de desarme han quedado enterrados, habiendo venido a ocupar su puesto la fiebre de los armamentos. Han comenzado a armarse todos, desde los pequeños hasta los grandes Estados; entre ellos, y ante todo, los Estados que siguen la política de no intervención. Ya nadie cree en los discursos melifluos de que las concesiones de Múnich a los agresores y el acuerdo de Múnich han inaugurado una pretendida nueva era de "pacificación". Tampoco creen en esto los mismos participantes del acuerdo de Múnich Inglaterra y Francia, que han comenzado a armarse intensivamente no menos que otros. Se comprende que la U.R.S.S. no podía permanecer indiferente ante estos acontecimientos amenazadores. Es indudable que toda guerra, por pequeña que sea, iniciada por los agresores en cualquier rincón alejado del mundo, representa un peligro para los países amantes de la paz. Tanto más grave es el peligro que representa la nueva guerra imperialista, que ya ha conseguido envolver en su órbita a más de 500 millones de seres en Asia, África y Europa. En vista de lo cual, nuestro país, siguiendo firmemente la política de mantenimiento de la paz, ha desplegado, a la vez, una labor sumamente intensa de fortalecimiento de la capacidad combativa de nuestro Ejército Rojo y de nuestra Marina Roja de Guerra.

Al mismo tiempo, la Unión Soviética, con el fin de fortalecer sus posiciones internacionales, ha resuelto dar también otros pasos. A fines de 1934, nuestro país entró en la Sociedad de Naciones, partiendo del hecho de que, a pesar de su debilidad, este organismo podía servir de tribuna para desenmascarar a los agresores y de instrumento, aunque débil, de paz, que pudiera frenar el desencadenamiento de la guerra. La Unión Soviética entiende que, en tiempos de tanta alarma, no se debe desdeñar ni siquiera una organización internacional tan débil como la Sociedad de Naciones. En mayo de 1935, se concertó entre Francia y la Unión Soviética un pacto de ayuda mutua contra un posible ataque de los agresores. Simultáneamente, se concertó un pacto análogo con Checoslovaquia. En marzo de 1936, la Unión Soviética firmó con la República Popular de Mongolia un pacto de ayuda mutua. En agosto de 1937, se firmó un pacto de no agresión entre la Unión Soviética y la República China. En estas difíciles condiciones internacionales, la Unión Soviética ha venido aplicando su política exterior, defendiendo la causa del mantenimiento de la paz. La política exterior de la Unión Soviética es clara y comprensible: l. Estamos por la paz y el fortalecimiento de relaciones prácticas con todos los países; ocupamos y seguiremos ocupando esta posición, en la medida en que estos países se atengan a las mismas relaciones con la Unión Soviética, en la medida en que no intenten lesionar los intereses de nuestro país. 2. Estamos por el mantenimiento de relaciones pacíficas, de acercamiento y de buena vecindad con todos los países que tienen fronteras comunes con la U.R.S.S.; ocupamos y seguiremos ocupando esta posición, en la medida en que estos países se atengan a estas mismas relaciones con la Unión Soviética, en la medida en que no intenten lesionar, directa o

indirectamente, los intereses de la integridad e inviolabilidad de las fronteras del Estado soviético. 3. Estamos por el apoyo a los pueblos que son víctimas de la agresión y que luchan por la independencia de su patria. 4. No tememos las amenazas de los agresores y estamos dispuestos a contestar con dos golpes a cada golpe de los incendiarios de la guerra, que traten de atentar contra la inviolabilidad de las fronteras soviéticas. Esta es la política exterior de la Unión Soviética. (Clamorosos y prolongados aplausos.) En su política exterior, la Unión Soviética se apoya: 1) en su creciente potencia económica, política y cultural; 2) en la unidad moral y política de nuestra sociedad soviética; 3) en la fraternidad de los pueblos de nuestro país; 4) en su Ejército Rojo y en su Marina Roja de Guerra; 5) en su política de paz; 6) en el apoyo moral de los trabajadores de todos los países, vitalmente interesados en mantener la paz; 7) en la sensatez de los países que no están interesados, por unas u otras razones, en alterar la paz; * * * Las tareas del Partido en el terreno de la política exterior son: 1) seguir aplicando, también en lo sucesivo, la política de paz y de fortalecimiento de las relaciones prácticas con todos los países; 2) observar prudencia y no permitir que nuestro país sea arrastrado a conflictos por los provocadores de la guerra, acostumbrados a que otros les saquen las castañas del fuego; 3) reforzar por todos los medios la potencia militar de nuestro Ejército Rojo y de nuestra Marina Roja de Guerra; 4) fortalecer los lazos internacionales de amistad con los trabajadores de todos los países, interesados en la paz y en la amistad entre los pueblos.

## II. La situación interior de la Unión Soviética.

Pasemos a analizar la situación interior de nuestro país. Desde el punto de vista de la situación interior de la Unión Soviética, el período que abarca el presente informe ofrece un cuadro de la continua marcha ascendente de toda la economía nacional, del crecimiento de la cultura, del fortalecimiento de la potencia política del país. Como el más importante de los resultados logrados en el desarrollo de la economía nacional, durante el período del que informamos, debe ser considerado el haber dado remate a la reconstrucción de la industria y de la agricultura sobre la base de la técnica nueva, moderna. Ya no tenemos, o casi no tenemos, fábricas viejas con su técnica atrasada, ni viejas haciendas campesinas con sus aperos de labranza antediluvianos. La base de nuestra industria y agricultura la constituye ahora la técnica nueva, moderna. Se puede afirmar sin exageración alguna que, desde el punto de vista de la técnica de la producción, de su saturación con elementos de la nueva técnica en la industria y en la agricultura, nuestro país es el más adelantado, en comparación con cualquier otro país, donde el equipo técnico antiguo entorpece la producción e impide la implantación de nuevos elementos técnicos.

En el terreno del desarrollo social y político del país, debe ser considerada como la conquista más importante lograda durante el período que abarca el informe, la liquidación completa de los residuos de las clases explotadoras, la cohesión de los obreros, campesinos e intelectuales en un solo frente común de trabajo, el fortalecimiento de la unidad moral y política de la sociedad soviética, el fortalecimiento de la fraternidad de los pueblos de nuestro país, y como consecuencia de todo ello, la democratización completa de la vida política del país, la creación de la nueva Constitución. Nadie se atreverá a discutir que nuestra Constitución es la más democrática del mundo, y lo prueban con la mayor elocuencia los resultados de las elecciones al Soviet Supremo de la U.R.S.S., lo mismo que a los Soviets Supremos de las Repúblicas federadas. Como resultado de todo esto, tenemos una estabilidad completa de la situación interior, y una solidez tal del Poder en el país, que bien puede envidiarla cualquier gobierno del mundo. Examinemos los datos concretos sobre la situación económica y política de nuestro país.

### 1. Prosigue la marcha ascendente de la industria y de la agricultura.

a) La industria. La marcha de nuestra industria, durante el período que abarca el presente informe, representa un cuadro de constante progreso. Este refleja, no sólo el incremento de la producción en general, sino, ante todo, el florecimiento de la industria socialista, por un lado, y, por otro, la desaparición de la industria privada. He aquí el cuadro correspondiente:

Crecimiento de la industria de la U.R.S.S. en el periodo de 1934-1938

1933 1934 1935 1936 1937 1938 En proporción al año anterior 1938 - 1933 1934 1935 1936 1937 1938

En millones de rublos (valores de 1926-1927) Producción total 42030 5047 62137 80929 90166 100375 120,1 123,1 130,2 111,4 111,3 238,9 Comprende

1. Industria socialista 42002 5044 52114 80898 90138 100349 120,1 123,1 130,2 111,4 111,3 238,9 2. Industria privada 121,4 67,6 134,8 90,3 92,9 92,9

Tanto por 100

Producción total

Comprende

1. Industria socialista 99,93 99,93 99,96 99,96 99,97 99,97

2. Industria privada 0,07 0,07 0,04 0,04 0,03 0,03

Este cuadro demuestra que nuestra industria, durante el período del que informamos, se ha más que duplicado, correspondiendo todo el aumento de la producción a la industria socialista. Este cuadro demuestra, asimismo, que el sistema socialista es el único sistema de la industria de la U.R.S.S. Este cuadro demuestra, finalmente, que la desaparición definitiva de la industria privada es un hecho que ahora ni los ciegos pueden negar. La desaparición de la industria privada no puede ser considerada como una casualidad. Sucumbió, ante todo, porque el sistema socialista de la economía es superior comparado con el capitalista. Sucumbió, en segundo lugar, porque el sistema socialista de la economía nos dio la posibilidad de reequipar, en el curso de unos cuantos años, toda nuestra industria socialista sobre una base técnica nueva, moderna. Semejante posibilidad no la proporciona ni puede proporcionarla el sistema capitalista de economía. Es un hecho que, desde el punto de vista de la técnica de la producción, desde el punto de vista del grado de saturación de la producción industrial con nuevos elementos técnicos, nuestra industria ocupa el primer puesto del mundo. Si analizamos los ritmos del crecimiento de nuestra industria, en proporción al nivel de antes de la guerra, comparándolos con los ritmos de crecimiento de la industria de los principales países capitalistas, obtendremos el siguiente cuadro:

Crecimiento de la industria en la U.R.S.S. y en los principales países capitalistas en el. Periodo de 1913-1938

1913 1933 1934 1935 1936 1937 1938 U.R.S.S. 100,0 380,5 457,0 562,6 732,7 816,4 908,8 Estados Unidos 100,0 108,7 112,9 128,6 149,8 156,9 120,0 Inglaterra 100,0 87,0 97,1 104,0 114,2 121,9 113,3 Alemania 100,0 75,4 90,4 105,9 118,1 129,3 131,6 Francia. 100,0 107,0 99,0 94,0 98,0 101.0 93.2

Este cuadro evidencia que nuestra industria aumentó, en comparación con el nivel anterior a la guerra, en más de nueve veces, en tanto que la industria de los principales países capitalistas sigue estancada alrededor del nivel de antes de la guerra, sobrepasándolo sólo del 20 al 30 por ciento. Esto significa que, por los ritmos del crecimiento, nuestra industria socialista ocupa el primer puesto en el mundo. Resulta, pues, que, por la técnica de la producción y los ritmos del desarrollo de nuestra industria, ya hemos alcanzado y sobrepasado a los principales países capitalistas. Pero ¿en qué quedamos a la zaga? Estamos aún rezagados en el sentido económico, es decir, en lo relativo a las proporciones de nuestra producción industrial por habitante. Hemos producido, en 1938, unos 15 millones de toneladas de hierro fundido, e Inglaterra, 7 millones de toneladas. Al parecer, marchamos mejor que Inglaterra. Pero, si dividimos esas toneladas de hierro por el número de habitantes, resultará que en Inglaterra se fundía en 1938 por cada habitante 145 kilogramos de hierro, por término medio, mientras que en la U.R.S.S., sólo 87 kilogramos.

O bien, otro ejemplo: Inglaterra ha producido, en 1938, 10,8 millones de toneladas de acero y cerca de 29.000 millones de kilovatios-hora (producción de energía eléctrica), mientras que la U.R.S.S. ha producido 18 millones de toneladas de acero y más de 39.000 millones de kilovatios-hora, Al parecer, en nuestro país las cosas marchan mejor que en Inglaterra. Pero si dividimos todas esas toneladas y kilovatios-hora por el número de habitantes, resultará que, en Inglaterra, el promedio de acero correspondiente a cada habitante, en 1938 era de 226 kilogramos y de 620 el de kilovatios-hora; en tanto que, en la U.R.S.S., resultó sólo 107 kilogramos de acero y 233 kilovatios-hora de energía eléctrica por habitante. ¿A qué se debe esto? A que el número de habitantes es, en nuestro país, varias veces mayor que el de Inglaterra, y por tanto, a que aquí son mayores las necesidades que en Inglaterra: la Unión Soviética cuenta con 170 millones de habitantes e Inglaterra nada más que con 46 millones. La potencia económica de la industria no se manifiesta en el volumen de la producción industrial en general, haciendo abstracción de la población del país, sino en el volumen de la producción industrial en conexión directa con las dimensiones del consumo de esta producción a tanto por habitante. Cuanto mayor es la producción industrial por habitante, tanto mayor es la

potencialidad económica del país, e inversamente, cuanto menor es la producción que corresponde a cada habitante, tanto menor es la potencialidad económica del país y de su industria. Por consiguiente, cuanto mayor es la población con que cuenta un país, tanto mayores necesidades tiene de artículos de consumo y, en consecuencia, tanto mayor ha de ser el volumen de su producción industrial. Tomemos, por ejemplo, la producción de hierro fundido. Para sobrepasar económicamente a Inglaterra en el terreno de la producción de hierro fundido, que alcanzó allí en 1938, siete millones de toneladas, debemos llegar a fundir anualmente unos 25 millones de toneladas de hierro. Para sobrepasar económicamente a Alemania, que produjo, en 1938, en total 18 millones de toneladas de hierro, debemos llegar a fundir anualmente de 40 a 45 millones de toneladas. Y para sobrepasar económicamente a los Estados Unidos de América, teniendo en cuenta, no el nivel de 1938, año de crisis cuando este país produjo en total 18,8 millones de toneladas de hierro, sino el nivel del año 1929, cuando este país acusaba un auge de la industria y fundió unos 43 millones de toneladas de hierro, debemos llegar a fundir anualmente de 50 a 60 millones de toneladas de hierro. Lo mismo sucede con la producción de acero, de hierro laminado, con la construcción de maquinaria, etc., pues todas éstas, lo mismo que las demás ramas de la industria, dependen, en última instancia, de la producción de hierro fundido.

Hemos sobrepasado a los principales países capitalistas en el sentido de la técnica de la producción y de los ritmos del desarrollo industrial. Eso está muy bien, pero es poco. Es necesario sobrepasarlos también en el sentido económico. Podemos y debemos hacerlo. Sólo si logramos sobrepasar económicamente a los principales países capitalistas, podemos esperar que nuestro país esté completamente provisto de artículos de consumo, tendremos abundancia de productos y podremos pasar de la primera fase del comunismo a su segunda fase. ¿Qué hace falta para sobrepasar económicamente a los principales países capitalistas? Para ello es necesario, ante todo, poseer una voluntad tenaz e irreductible de avanzar y de estar dispuestos a pasar por sacrificios, hacer grandes inversiones en obras básicas para la ampliación, por todos los medios, de nuestra industria socialista. ¿Poseemos estas condiciones? ¡Indiscutiblemente, sí! Para ello hacen falta, además, una alta técnica de la producción y ritmos acelerados en el desarrollo de la industria. ¿Poseemos estas condiciones? ¡Indiscutiblemente, las tenemos! Para ello, hace falta, finalmente, tiempo. Sí, camaradas, tiempo. Es necesario construir nuevas fábricas. Es necesario forjar nuevos cuadros para la industria. Pero esto requiere tiempo, y no poco.

Es imposible sobrepasar económicamente en el plazo de dos o tres años a los principales países capitalistas. Esto requiere un tiempo algo más largo. Volvemos a tomar, por ejemplo, el caso del hierro fundido y su producción. ¿En qué lapso de tiempo se podría sobrepasar económicamente a los principales países capitalistas en la fundición de hierro? Algunos componentes del viejo personal de la Comisión del Plan del Estado, al elaborar el segundo Plan quinquenal, proponían incluir en el plan, para fines del quinquenio, la fundición de 60 millones de toneladas de hierro. Es decir, consideraban posible que el promedio del aumento anual de la fundición de hierro llegase a 10 millones de toneladas. Era, naturalmente, una fantasía, si no algo peor. Digamos de paso que estos camaradas se entusiasmaron con fantasías no sólo en lo referente a la fundición de hierro. Calculaban, por ejemplo que en el curso del segundo quinquenio el aumento anual de la población de la U.R.S.S. debía de ser de tres o cuatro millones de habitantes o más aún. También estos era una fantasía, si no algo peor. Pero, si rechazamos a los aficionados a fantasías y nos ponemos en el terreno de la realidad se puede considerar completamente posible que el promedio del aumento anual de la fundición de hierro sea de dos a dos millones y medio de toneladas, tomando en consideración el estado actual de la técnica de fundición de este metal.

La historia de la industria de los principales países capitalistas, lo mismo que la de nuestro país, demuestra que esa norma de aumento anual requiere un esfuerzo intenso, pero es completamente realizable. De modo que se requiere tiempo, y no poco, para sobrepasar económicamente a los principales países capitalistas. Y cuanto más alta sea en nuestro país la productividad del trabajo, cuanto más se perfeccione nuestra técnica de producción, tanto más rápidamente se podrá realizar esta importantísima tarea económica y tanto más se podrá reducir el plazo para cumplir esta tarea. b) La agricultura. También el desarrollo de la agricultura, a la par que el de la industria, ha seguido, durante el período que abarca este informe, una línea ascendente. Esta marcha ascendente se manifiesta, no sólo en el crecimiento de la producción agrícola, sino, ante todo, en el incremento y fortalecimiento de la agricultura socialista, por una parte, y por otra, en la desaparición de las haciendas campesinas individuales. Mientras la superficie de siembra de cereales, en los koljóses, aumentó de 75 millones de hectáreas, en 1933, a 92 millones, en 1938, la de los campesinos individuales disminuyó, durante el mismo período, de 15,7 millones de hectáreas a 600.000 hectáreas, es decir, hasta el 0,6 por 100 de toda la superficie de siembra de cereales. No me voy a referir a la superficie destinada a los cultivos

industriales, donde el papel de los campesinos individuales es nulo. Es sabido, además, que los koljóses agrupan ahora a 18.800.000 familias campesinas, es decir, el 93,5 por 100 de todos los hogares campesinos, sin contar los koljóses de pescadores y de otras industrias. Esto significa que los koljóses están definitivamente afianzados y consolidados, y el sistema socialista de economía es actualmente la única forma de nuestra agricultura. Si comparamos el desarrollo de la superficie de siembra de todos los cultivos, durante el período que comprende este informe, con las dimensiones de las sementeras del período anterior a la revolución, obtendremos el siguiente cuadro:

Superficie de siembra de todos los cultivos en la U.R.S.S. (En millones de hectáreas)

1913 1934 1935 1936 1937 1938 1913-1938 Superficie total de siembra 105,5 131,5 132,8 133,8 135,3 136,9 130,4 Comprende:

a) cereales 94,4 104,7 103,4 102,4 104,4 102,4 108,5 b) plantas industriales 4,5 10,7 10,6 10,8 11,2 11,0 244,4 c) Hortalizas y legumbres 3,8 8,8 9,9 9,8 9,0 9,4 247,4 d) Forraje 2,1 7,1 8,6 10,6 10,6 14,1 671,4

Este cuadro demuestra que la superficie de siembra ha aumentado, en nuestro país, en todos los cultivos y, ante todo, en cuanto a los cultivos forrajeros, industriales y de huerta. Esto significa que nuestra agricultura mejora de calidad, se hace más productiva, y que la implantación de una rotación adecuada de cultivos adquiere una base firme. De cómo ha ido aumentando la dotación de nuestros koljóses y sovjóses con tractores, segadoras-trilladoras y otras, durante el período que abarca este informe, lo atestiguan los siguientes cuadros:

1) Existencias de tractores en la agricultura de la U.R.S.S.

1933 1934 1935 1936 1937 1938 1933-1938 a) Cantidad de tractores (en millares) Total de tractores 210,9 276,4 360,3 422,7 454,5 483,5 229,3 a) estaciones de máquinas y tractores 123,2 177,3 254,7 328,5 365,8 394,0 319,8 b) sovjóses y empresas agrícolas auxiliares 83,2 95,5 102,1 88,5 84,5 85,0 102,2 b) Potencia, en millares de HP. Del total de los tractores 3.209,2 4.462,8 6.184,0 7.672,4 8.385,0 9.256,2 288,4 a) tractores de las estaciones de máquinas y tractores 1.758,1 2.753,9 4.281,6 5.856,0 6.679,2 7.437,0 423,0 b) tractores de los sovjóses y empresas agrícolas auxiliares 1.401,7 1.669,5 1.861,4 1.730,7 1.647,5 1.751,8 125,0

2) Existencias de segadoras-trilladoras y otras maquinas en la agricultura de la U.R.S.S. (en millares, a fines de año)

1933 1934 1935 1936 1937 1938 1933-1938 Segadoras-trilladoras 25,4 32,5 50,3 87,8 128,8 153,5 604,3 Motores de combustión interna y locomóviles 48,0 60,9 69,1 72,4 77,9 83,8 174,6 Trilladoras complicadas y semicomplicadas 120,3 121,9 120,1 123,7 126,1 130,8 108,7 Camiones 26,6 40,3 63,7 96,2 144,5 195,8 736,1 Automóviles (unidades) 3.991 5.533 7.555 7.630 8.156 9.594 240,4

Si añadimos a estos datos el hecho de que la cantidad de las estaciones de máquinas y tractores aumentó, durante el período que comprende el presente informe, de 2.900, en 1934, a 6.350, en 1938, se puede afirmar, con seguridad, basándose en todos estos datos, que está ya terminada, en lo fundamental, la reconstrucción de nuestra agricultura sobre la base de la técnica nueva, moderna. Nuestra agricultura, por lo tanto, no es sólo la más grande y la más mecanizada y, consiguientemente, la que rinde mayor cantidad de productos para el mercado, sino que también está mejor pertrechada con elementos técnicos modernos que la agricultura de cualquier otro país. Si consideramos el aumento de la producción de cereales y cultivos industriales, durante el período que abarca este informe, en comparación con el período anterior a la revolución, los datos nos ofrecen el siguiente cuadro:

Producción total de cereales y cultivos industriales en la U.R.S.S.

En millones de quintales 1913-1938

1913 1934 1935 1936 1937 1938 Cereales 801,0 894,0 901,0 827,3 1.202,9 949,9 118,6 Algodón (en rama) 7,4 11,8 17,2 23,9 25,8 26,9 363,5 Lino (en fibra) 3,3 5,3 5,5 5,8 5,7 5,4 165,5 Remolacha azucarera 109,0 113,6 162,1 168,3 218,6 166,8 153,0 Oleaginosos 21,5 36,9 42,7 42,3 51,1 46,6 216,7

Este cuadro prueba que, a pesar de la sequía en las regiones del Este y del Sureste, en 1936 y 1938, y no

obstante el rendimiento extraordinariamente elevado de la cosecha obtenido en 1913, el aumento de la producción total de cereales y de cultivos industriales ha señalado en nuestro país, durante el período del que informamos, una constante marcha ascendente, en comparación con el nivel de 1913. Especialmente interesante es el problema de la producción cerealista por los koljóses y los sovjóses. El conocido especialista en estadística, camarada Nemchínov calculó que de 5.000 millones de puds de grano, producción total de cereales en el período anterior a la guerra, se destinaba para el mercado, en total, cerca de 1.300 millones de puds, es decir, el 26 por 100 de la producción total de grano destinado entonces para el mercado. El camarada Nemchínov calcula que la parte de la producción de los koljóses y sovjóses destinada para el mercado, producción en gran escala, era, en 1926-1927, por ejemplo, el 47 por 100 de la producción total, mientras la parte correspondiente a las haciendas campesinas individuales se aproximaba al 12 por 100. Si enfocamos esta cuestión con mayor cautela y suponemos que la parte de la producción de los koljóses y sovjóses destinada para el mercado alcanza, en 1938 el 40 por 100 de la producción total, resultará que nuestra producción socialista de cereales pudo destinar, y realmente destinó, en el año corriente, unos 2.300 millones de puds de cereales para el mercado, o sea 1.000 millones de puds mas que la producción de cereales de antes de la guerra. Por tanto, la elevada producción mercantil de los sovjóses y los koljóses constituye su peculiaridad esencial, que es de una gran importancia para el aprovisionamiento del país.

Precisamente, en esta peculiaridad de los koljóses y sovjóses está el secreto de cómo nuestro país ha logrado resolver tan fácil y rápidamente el problema de los cereales, el problema de abastecer suficientemente el mercado del inmenso país con grano mercantil. Es necesario consignar que durante los últimos tres años los acopios anuales de grano no han bajado, en nuestro país, de 1.600 millones de puds, elevándose, a veces, por ejemplo, en 1937, hasta 1.800 millones de puds. Si añadimos a esto unos 200 millones de puds de grano que se adquieren anualmente, así como varios centenares de millones de puds correspondientes al comercio de cereales de los koljóses, obtendremos el total de los cereales destinados para el mercado por los koljóses y sovjóses al que nos hemos referido más arriba. Asimismo, es interesante consignar que, durante los últimos tres años, la base de producción de cereales destinados al mercado se han desplazado de Ucrania, considerada anteriormente como el granero de nuestro país, hacia el Norte y el Este, es decir, a la R.S.F.S.R. Es sabido que durante los últimos dos o tres años, en Ucrania se acopia en total unos 400 millones de puds de cereales anualmente, mientras la R.S.F.S.R. acopia anualmente, durante los mismos años, de 1.100 a 1.200 millones de puds de cereales destinados para el mercado. Tal es la situación con respecto a la producción de cereales. En cuanto a la ganadería, también en esta rama, la más atrasada de la economía agropecuaria, se notan, durante los últimos años, progresos importantes. Ciertamente, todavía estamos a la zaga del nivel anterior a la revolución en cuanto a la cantidad de caballos y a la cría de ovejas, pero en la cría del ganado mayor y porcino ya hemos rebasado aquel nivel. He aquí algunos datos a este respecto:

Cantidad de ganado en la U.R.S.S. (en millones de cabezas)

Al mes de julio 1938 en proporción 1916 según censo 1933 1934 1935 1936 1937 1938 Al año 1916 según censo Al año 1933 Caballo 55,8 16,6 15,7 15,9 16,6 16,7 17,5 48,9 105,4 Ganado mayor de cuerna 60,6 58,4 42,4 49,2 56,7 57,0 65,2 104,5 164,6 Ganado menor 121,2 50,2 51,9 61,1 75,7 81,5 102,5 84,6 204,2 Porcino 20,9 12,1 17,4 22,5 50,5 22,8 50,6 146,4 252.9

No cabe duda de que el atraso en la cría de caballos y ovejas será liquidado en un plazo muy breve. c) Circulación de mercancías. Transporte. Paralelamente a la marcha ascendente de la industria y de la agricultura, ha crecido también la circulación de mercancías en el país. La red de comercio al por menor del Estado y de las cooperativas aumentó, durante el período que abarca el informe, en un 25 por 100. El volumen de las operaciones del comercio al por menor del Estado y de las cooperativas aumentó en un 178 por 100, y el del comercio de los mercados koljósianos aumentó en un 112 por 100. He aquí el cuadro correspondiente:

Circulación de mercancías

1933 1934 1935 1936 1937 1938 1933-1938 1. Red comercial al por menor, del Estado y de las cooperativas (tiendas y quioscos) hacia fines de año 285.355 286.236 268.713 289.473 327.361 356.930 125,1 2. Operaciones al por menor, en los comercios del Estado y de las cooperativas (incluidas la alimentación pública), en millones de rublos 49.789 61.814 81.712 106.760 125.943 138.574 278,3 3. Operaciones del comercio en los mercados koljósianos, en millones de rublos. 11.500 14.000 14.500 15.607 17.799 24.399 212,2 4. Bases comerciales regionales de venta, de los Comisariados del Pueblo de la Industria de la Alimentación, Industria Ligera, Industria Pesada, Industria Forestal e Industria Local de las Repúblicas Federadas, hacia fines de año. 1.141 1.798 1.912 1.994 277,7

Se entiende que la circulación de mercancías en el país no podría adquirir tanto desarrollo sin un cierto aumento de las cargas transportadas. Y, efectivamente, éstas aumentaron, durante el período que abarca el informe, en todas las clases de transporte, sobre todo por ferrocarril y por las vías aéreas. Asimismo, acusó un aumento el transporte fluvial y marítimo, que registra, sin embargo, grandes oscilaciones. En 1938, este transporte señaló, lamentablemente, cierta disminución en comparación con el año anterior. He aquí el cuadro correspondiente:

Movimiento de cargas

1933 1934 1935 1936 1937 1938 1933-1938 Ferrocarriles (en miles de millones de toneladas-kilómetros) 169,5 205,7 258,1 323,4 354,8 369,1 217,7 Transporte fluvial y marítimo (en millones de toneladas- kilómetros) 50,2 56,5 68,3 72,3 70,1 66,0 131,5 Flota aérea civil (en millones de toneladas-kilómetros) 3,1 6,4 9,8 21,9 24,9 31,7 1.022,6

No cabe duda de que este atraso del transporte fluvial y marítimo, registrado durante el año 1938, será liquidado en el curso del año 1939.

### 2. Nuevo mejoramiento de la situación material y cultural del pueblo.

La continua marcha ascendente de la industria y de la agricultura forzosamente tenía que conducir, y realmente condujo, a un nuevo mejoramiento de la situación material y cultural del pueblo. La supresión de la explotación y la consolidación del sistema socialista de la economía nacional, la ausencia del paro forzoso y de la miseria que lo acompaña en la ciudad y en el campo, la inmensa extensión de la industria y el crecimiento ininterrumpido del número de obreros, el aumento de la productividad del trabajo de los obreros y de los koljósianos, la entrega de la tierra a perpetuidad a los koljóses y el pertrechamiento de los mismos con una inmensa cantidad de tractores y máquinas agrícolas de primera calidad; todo esto ha creado condiciones tales para seguir mejorando la situación material de los obreros y campesinos y el mejoramiento de la situación material de los obreros y campesinos ha conducido, naturalmente, al mejoramiento de la situación material de los intelectuales, que constituyen en nuestro país una fuerza importante, puesta al servicio de los intereses de los obreros y campesinos. Ahora, ya no se trata de colocar, de una u otra manera, en la industria y admitir, como una merced, a los campesinos sin trabajo y sin techo que se desarraigaron del campo y que vivían acosados por el hambre. Ya hace mucho que no existen en nuestro país campesinos de esta clase.

Y esto, naturalmente, está muy bien, pues prueba la vida holgada de nuestro campo. Ahora, sólo puede tratarse ya de proponer a los koljóses que atiendan nuestra petición y nos destinen anualmente, para la creciente industria, aunque sólo sea de cerca de un millón y medio de jóvenes koljósianos. Los koljóses, que ya llevan una vida próspera, deben tener en cuenta que sin esta ayuda de su parte, será más difícil seguir desarrollando la industria, y que sin esta ampliación no podremos satisfacer la creciente demanda por los campesinos de mercancías de gran consumo. Los koljóses tienen plena posibilidad de satisfacer nuestra petición, pues la abundancia de elementos técnicos en ellos deja disponible una parte de los trabajadores del campo, y éstos, incorporados a la industria, podrían aportar una inmensa utilidad a toda nuestra economía nacional. En resumen, tenernos las siguientes pruebas del mejoramiento de la situación material de los obreros y campesinos durante el período correspondiente a este informe: l. Los ingresos nacionales han aumentado de 48.500 millones de rublos, en 1933, a 105.000 millones de rublos en 1938. 2. El número de obreros y empleados se ha elevado de algo más de 22 millones, en 1933, a 28 millones de hombres en 1938. 3. El fondo anual de salarios de los obreros y empleados ha aumentado de 34.953 millones a 96.425 millones de rublos. 4. El promedio anual de salario de los obreros

industriales, que en 1933 era de 1.513 rublos, ha aumentado a 3.447 rublos, en 1938. 5. Los ingresos en efectivo de los koljóses han aumentado de 5.661,9 millones de rublos, en 1933, a 14.180,1 millones de rublos, en 1937. 6. El promedio de la remuneración con grano por cada hogar koljósiano de las regiones cerealistas ha aumentado de 61 puds, en 1933, a 144 puds, en 1937, sin contar la semilla, los fondos de semilla de reserva, el fondo de forrajes para el ganado colectivo, el suministro de grano al Estado y el pago en especie del trabajo de las estaciones de máquinas y tractores. 7. Las asignaciones del presupuesto del Estado para las empresas de carácter social-cultural han aumentado de 5.839,9 millones de rublos, en 1933, a 35.202,5 millones de rublos, en 1938. En cuanto al estado cultural del pueblo, su elevación ha seguido al mejoramiento material de su situación. Desde el punto de vista del desarrollo cultural del pueblo, el período que abarca el presente informe ha sido realmente un período de revolución cultural. El arraigo de la instrucción primaria obligatoria general en las lenguas de las nacionalidades de la U.R.S.S., el aumento del número de escuelas y de alumnos de los centros de enseñanza de todos los grados, el aumento del número de especialistas graduados en las escuelas superiores, la formación y consolidación de la nueva intelectualidad soviética: tal es el cuadro general de la elevación cultural del pueblo. He aquí los datos referentes a este punto:

1) Elevación del nivel cultural del pueblo. Índices Unidad de medida 1933-34 1938-39 1938-39 / 1933-34 Número de alumnos en los centros de enseñanza de todos los grados En millares 23.814 33.965,4 142.6 Comprende:

En las escuelas primarias

17.873,5 21.288,4 119,1 En las escuelas secundarias. (comunes y especiales)

5.482,2 12.076,0 220,3 En las escuelas superiores.

458,3 601,0 131,1 Número de estudiantes en la U.R.S.S. (incluyendo toda clase de enseñanza) 4 7.442.1 Número de bibliotecas populares en millares 40.3 70,0 173,7 Número de libros en estas en millones 86,0 126,6 147,2 Número de club en millares 61,1 95,6 156,5 Número de teatros unidades 134,6 Número de equipos cinematográficos (sin contar los de películas estrechas) 27.467 30.461 110,9 Entre estos, sonoros

15.202 31 veces más Número de equipos cinematográficos en el campo (sin contar los de películas estrechas)

17.470 18.991 108,7 Entre estos, sonoros

6.670 278 veces más Tirada anual de periódicos en millones 4.984,4 7.092,4 142,3

2) Escuelas construidas en la U.R.S.S. en el periodo de 1933-1938. Años Número de Escuela Total En las ciudades y poblaciones de tipo urbano En las localidades rurales 1933 3.261 3.587 1934 3.488 4.065 1935 2.829 3.362 1936 1.505 4.206 5.711 1931 1.323 2.053 1938 1.246 1.829 Total durante 1933-38 4.254 16.353 20.607

3) Jóvenes especialistas graduados en las escuelas superiores en el periodo de 1933 – 1938 (en millares)

1933 1934 1935 1936 1937 1938 Total en la U.R.S.S.: (sin contar los especialistas militares) 34,6 49,2 83,7 97,6 104,8 106,7 1. Ingenieros de la industria y de la edificación 6,1 14,9 29,6 29,2 27,6 25,2 2. Ingenieros de transporte y de comunicaciones 1,8 4,0 7,6 6,6 7,0 6,1 3. Ingenieros para la mecanización de la agricultura, agrónomos, veterinarios y zootécnicos 4,8 6,3 8,8 10,4 11,3 10,6 4. Economistas y juristas 2,5 2,5 5,0 6,4 5,0 5,7 5. Profesores de las escuelas secundarias, facultades obreras, escuelas de peritaje y otros trabajadores de la enseñanza, comprendidos los trabajadores de las artes 10,5 7,9 12,5 21,6 31,7 35,7 6. Médicos, farmacéuticos y profesores de educación física 4,6 2,5 7,5 9,2 12,3 13,6 7. Otras especialidades 4,3 11,1 12,7 14,2 9,9 9,8

Como consecuencia de toda esta inmensa labor cultural, ha surgido y se ha formado en nuestro país una nueva y numerosa intelectualidad, intelectualidad soviética, procedente del seno de la clase obrera, de los campesinos y empleados soviéticos, carne de la carne y sangre de la sangre de nuestro pueblo, una intelectualidad que no conoce el yugo de la explotación, que odia a los explotadores y está

dispuesta a servir fielmente a los pueblos de la U.R.S.S. Creo que la formación de esta intelectualidad nueva, socialista, popular, constituye uno de los resultados más importantes de la revolución cultural de nuestro país.

### 3. Consolidación ulterior del régimen soviético.

Uno de los resultados más importantes del período del que informamos consiste en que ha seguido afianzándose la situación interior del país y ha continuado consolidándose el régimen soviético. Tampoco podía suceder de otro modo. La afirmación del sistema socialista en todas las ramas de la economía nacional, la marcha ascendente de la industria y de la agricultura, el mejoramiento de la situación material de los trabajadores, la elevación de la cultura de las masas populares, el aumento de su actividad política; todo esto, realizado bajo la dirección del Poder soviético, necesariamente tenía que conducir a la consolidación ulterior del régimen soviético. La peculiaridad de la sociedad soviética del período actual, a diferencia de cualquier sociedad capitalista, estriba en que en ella no existen ya clases antagónicas, hostiles; las clases explotadoras han sido liquidadas, y los obreros, campesinos e intelectuales, que constituyen la sociedad soviética, viven y trabajan sobre la base de los principios de la colaboración fraternal.

Mientras que a la sociedad capitalista la desgarran las contradicciones irreconciliables entre los obreros y los capitalistas, entre los campesinos y los terratenientes, lo cual conduce a la inestabilidad de su situación interior, la sociedad soviética, liberada del yugo de la explotación, no conoce estas contradicciones, está libre de choques de clases y ofrece el cuadro de la colaboración fraternal de los obreros, campesinos e intelectuales. Sobre la base de esta comunidad, se han desplegado fuerzas motrices tales como la unidad moral y política de la sociedad soviética, la fraternidad de los pueblos de la U.R.S.S., el patriotismo soviético. Sobre esta misma base, han surgido la Constitución de la U.R.S.S., aprobada en noviembre de 1936, y la democratización completa de las elecciones a los órganos supremos del país. En cuanto a las mismas elecciones a los órganos supremos del país, han constituido una brillante manifestación de la unidad de la sociedad soviética y de la fraternidad de los pueblos de la U.R.S.S., que caracterizan la situación interior de nuestro país. Como es sabido, en las elecciones para el Soviet Supremo de la U.R.S.S., en diciembre de 1937, por el bloque de los comunistas y de los sin partido votaron casi 90 millones de electores, o sea el 98,6 por 100 de todos los votantes, y en las elecciones para los Soviets Supremos de las Repúblicas federadas, en junio de 1938, por el bloque de los comunistas y de los sin partido votaron 92 millones de electores, o sea el 99,4 por 100 de todos los votantes.

He aquí donde reside la base de la solidez del régimen soviético y la fuente de la fuerza inagotable del Poder de los Soviets. Esto significa, entre otras cosas, que en caso de guerra, la retaguardia y el frente de nuestro Ejército, dada su homogeneidad y unidad interior, serán más sólidos que los de cualquier otro país, lo que no deberían olvidar los aficionados extranjeros a los conflictos militares. Algunos publicistas de la prensa extranjera charlan de que el limpiar las organizaciones soviéticas de los espías, asesinos y saboteadores, por el estilo de Trotski, Zinóviev, Kámenev, Yakir, Tujachevski, Rosengoltz, Bujarin, y otros monstruos, hizo "tambalear", según ellos, el régimen soviético, originó la "descomposición". Esta charlatanería vulgar no merece más que ser puesta en ridículo. ¿Cómo puede hacer tambalear y disgregar el régimen soviético el hecho de limpiar de elementos perniciosos y enemigos las organizaciones soviéticas? Un puñado de espías, asesinos y saboteadores trotskistas-bujarinistas, que se arrastran ante el extranjero, impregnados de servilismo, y que se prosternan ante cualquier chupatintas del extranjero dispuestos a servirle de espías; un puñado de individuos que no ha comprendido que el último de los ciudadanos soviéticos, libre de las cadenas del capital, se halla a una altura mucho mayor que cualquier chupatintas del extranjero de elevada posición, que lleva sobre sus hombros el yugo de la esclavitud capitalista: ¿quién necesita de esta miserable banda de esclavos corrompidos y qué valor puede representar para el pueblo y a quién puede "descomponer"?

En 1937, fueron condenados al fusilamiento Tujachevski, Yakir, Uborévich y otros monstruos. Poco después, se celebraron las elecciones al Soviet Supremo de la U.R.S.S., que dieron al Poder soviético el 98,6 por 100 de los votos de todos los electores. A principios de 1938, fueron condenados al fusilamiento Rosengoltz, Rykov, Bujarin y otros monstruos. Poco después tuvieron lugar las elecciones a los Soviets Supremos de las Repúblicas federadas, que dieron al Poder Soviético el 99,4 por 100 de los votos de todos los electores. Cabe preguntar: ¿Dónde están los síntomas de la "descomposición" y por qué esta "descomposición" no repercutió en los resultados de las elecciones? Escuchando a estos charlatanes del extranjero, se puede llegar a la conclusión de que si se dejara en libertad a los espías asesinos y saboteadores y no se les hubiera impedido sabotear, matar y espiar, las organizaciones soviéticas serían mucho más sólidas y estables. (Risas) ¿No se delatan, acaso, de cuerpo entero demasiado temprano estos señores, que defienden tan descaradamente a los espías, asesinos y saboteadores?

¿No sería, acaso, más exacto afirmar que el hecho de limpiar de espías, asesinos y saboteadores las organizaciones soviéticas debía conducir y, en efecto, ha conducido al fortalecimiento ulterior de dichas organizaciones? ¿Qué testimonian, por ejemplo, los acontecimientos del lago Jasán, sino que el limpiar de espías y saboteadores las organizaciones soviéticas es el medio más seguro para fortalecerlas? * * * Las tareas del Partido en el terreno de la política interior son: l. Seguir desarrollando el incremento de nuestra industria, el aumento de la productividad del trabajo, el perfeccionamiento de la técnica de la producción, con el fin de que, después de haber sobrepasado a los principales países capitalistas en el terreno de la técnica de la producción y en el de los ritmos del crecimiento de la industria los sobrepasemos también económicamente, durante los próximos 10 ó 15 años. 2. Seguir desarrollando los incrementos de nuestra agricultura y ganadería, con el fin de lograr durante los próximos 3 o 4 años la producción anual de 8.000 millones de puds de cereales, con un promedio de 12 o 13 quintales de rendimiento por hectárea; aumentar la producción de los cultivos industriales, término medio, en un 30 ó 35 por 100, duplicar la cantidad de ovejas y cerdos; aumentar la cantidad de ganado mayor en un 40 por 100, aproximadamente, y la de caballos, en un 35 por 100. 3. Continuar mejorando la situación material y cultural de los obreros, campesinos e intelectuales. 4. Aplicar firmemente nuestra Constitución socialista; realizar hasta el fin la democratización de la vida política del país; fortalecer la unidad moral y política de la sociedad soviética y la colaboración fraternal de los obreros, campesinos e intelectuales; fortalecer por todos los medios la amistad entre los pueblos de la U.R.S.S., desarrollar y cultivar el patriotismo soviético. 5. No olvidar el cerco capitalista; recordar que los servicios de espionaje extranjeros enviarán a nuestro país espías, asesinos, saboteadores; recordarlo y consolidar nuestro servicio socialista de contraespionaje, ayudándole sistemáticamente a aplastar y extirpar a los enemigos del pueblo.

## III. El fortalecimiento sucesivo del P.C.(b) de la U.R.S.S.

Desde el punto de vista de la línea política y de la labor práctica cotidiana, el período del que rendimos cuenta ha sido un período de triunfo completo de la línea general de nuestro Partido. (Clamorosos y prolongados aplausos). El afianzamiento del sistema socialista en toda la economía nacional, el remate de la reconstrucción de la industria y de la agricultura sobre la base de una nueva técnica; el cumplimiento, antes del plazo señalado, del segundo Plan quinquenal en la industria; el aumento de la producción anual de cereales hasta 7.000 millones de puds, la supresión de la miseria y del paro forzoso y la elevación del nivel material y cultural del pueblo: tales son las conquistas fundamentales que prueban la justeza de la política de nuestro Partido, la justeza de su dirección. Ante estas conquistas grandiosas, los adversarios de la línea general de nuestro Partido, esas diversas corrientes "izquierdistas" y "derechistas", toda esa ralea de degenerados trotskistas-piatakovistas y bujarinistas-rykovistas, se vieron obligados a encogerse en un ovillo, a ocultar sus "plataformas" trilladas y pasar a la clandestinidad.

Careciendo de valentía para someterse a la voluntad del pueblo, prefirieron fusionarse con los mencheviques, los socialrevolucionarios y los fascistas, ponerse al servicio del espionaje extranjero, venderse como espías y comprometerse a ayudar a los enemigos de la Unión Soviética para desmembrar nuestro país y restaurar en él la esclavitud capitalista. Tal es el fin sin gloria de los adversarios de la línea de nuestro Partido, que se convirtieron más tarde en enemigos del pueblo. Habiendo aplastado a los enemigos del pueblo y limpiado de degenerados las organizaciones del Partido y de los Soviets, el Partido se ha hecho más monolítico aún en su labor política y de organización; el Partido se ha agrupado aún más compactamente en torno a su Comité Central. (Tempestuosos aplausos. Todos los delegados se ponen de pie y saludan al informante. Exclamaciones: ¡Hurra al camarada Stalin! ¡Viva el camarada Stalin! ¡Viva el Comité Central de nuestro Partido! ¡Hurra!). Analicemos los datos concretos acerca del desarrollo de la vida interior del Partido, de su labor de organización y propaganda, durante el período que abarca este informe.

### 1. Medidas para mejorar la composición del partido, subdivisión de grandes organizaciones, acercamiento de los organismos dirigentes al trabajo de base.

El fortalecimiento del Partido y de sus órganos dirigentes se ha venido realizando, durante el período que abarca el presente informe, en primer término, en dos direcciones: una, encaminada a regularizar la composición del Partido, eliminar a los elementos inseguros y seleccionar a los mejores, y la otra, tendente a subdividir las grandes organizaciones, reducir sus dimensiones y acercar los organismos dirigentes al trabajo efectivo, concreto, de base. En el XVII Congreso del Partido estaban representados 1.874.488 afiliados al Partido. Si comparamos esos datos con los relativos al número de miembros del Partido representados en el

Congreso anterior, en el XVI Congreso, resultará que, durante el período que media entre el XVI y el XVII Congreso del Partido, ingresaron en él más de 600.000 nuevos afiliados. El Partido no pudo dejar de sentir que semejante afluencia en masa a sus filas, en las condiciones de los años de 1930 a 1933, representaba un crecimiento malsano e indeseable de sus efectivos. El Partido sabía que a sus filas acuden, no sólo los hombres honrados y fieles, sino también individuos casuales, también arribistas que procuran aprovechar la bandera del Partido para sus fines personales. El Partido necesariamente tenía que saber que es poderoso, no sólo por el número de sus afiliados, sino, ante todo, por su calidad. En relación con esto, se planteó la cuestión de regularizar la composición del Partido. Se decidió proseguir la depuración de los miembros del Partido y de los candidatos a miembros, que se había comenzado ya en 1933, depuración que fue, efectivamente, prorrogada hasta mayo de 1935. Se acordó, además, suspender la admisión de nuevos afiliados en el Partido, lo cual se hizo hasta el mes de septiembre de 1936.

Luego, en relación con el infame asesinato del camarada Kírov, lo que testimoniaba que en el Partido había no pocos elementos sospechosos, se resolvió proceder a la revisión y cambio de los documentos acreditativos de la condición de afiliados al Partido, y estas dos medidas fueron realizadas por completo hacia septiembre de 1936. Sólo después fue reanudada la admisión de nuevos afiliados y candidatos. Como resultado de todas estas medidas, el Partido logró limpiar sus filas de los elementos casuales, pasivos, arribistas y directamente hostiles, seleccionando a las personas más firmes y fieles. No se puede afirmar que la depuración se llevara a cabo sin serios errores. Desgraciadamente, hubo más errores de lo que se podía suponer. Indudablemente, no hemos de emplear más el método de la depuración en masa. Pero la depuración de 1933 a 1936 era, no obstante inevitable y, en lo fundamental, dio resultados positivos. En este XVIII Congreso, están representados cerca de 1.600.000 afiliados al Partido, o sea 270.000 afiliados menos que en el XVII Congreso.

Pero nada malo hay en esto. Por el contrario esto es mejor, ya que el Partido se fortalece limpiando de inmundicia sus filas. El Partido es actualmente algo menor, por el número de sus miembros, pero, en cambio, es mejor por la calidad. Esta es una gran conquista. En cuanto al mejoramiento de la dirección cotidiana del Partido, en el sentido de su aproximación a la labor de base, en el sentido de concretar su actuación en lo sucesivo, el Partido llegó a la conclusión de que la subdivisión de las organizaciones grandes, la disminución de sus dimensiones, es el mejor medio para facilitar a los órganos del Partido la dirección de estas organizaciones y que la misma dirección sea concreta, viva y efectiva. Se procedió a subdividir tanto los Comisariados del Pueblo como las organizaciones administrativas territoriales, es decir, de las Repúblicas federadas, de los territorios, regiones, distritos, etc. Como resultado de las medidas adoptadas, tenemos ahora en lugar de 7, 11 Repúblicas federadas; 34 Comisariados del Pueblo de la U.R.S.S., en lugar de 14; 110 territorios y regiones, en lugar de 70, y, en lugar de 2.559 distritos urbanos y rurales, 3.815. Congruentemente con esto, en el sistema de los órganos directivos del Partido, tenemos ahora 11 Comités Centrales encabezados por el C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S.; 6 Comités territoriales; 104 regionales; 30 comarcales; 212 Comités locales urbanos; 336 Comités de radio urbanos; 3.479 rurales y 113.060 organizaciones de base del Partido. No se puede afirmar que esta obra de la subdivisión de las organizaciones grandes esté ya terminada. Lo más probable es que la subdivisión prosiga. Pero, en todo caso, está rindiendo ya resultados favorables, tanto en el sentido del mejoramiento de la dirección cotidiana del trabajo como en el sentido del acercamiento de la dirección misma a la labor concreta de base. Y eso que no me refiero ahora a que la subdivisión de las organizaciones grandes ha hecho posible destacar para el trabajo de dirección a centenares y millares de hombres nuevos. También ésta es una gran conquista.

### 2. Selección de cuadros: su promoción y distribución.

La regularización de la composición del Partido y el acercamiento de los órganos directivos a la labor concreta de base no eran ni podían ser el único medio para seguir reforzando el Partido y su dirección. Otro medio de reforzamiento del Partido, durante el período del que informamos, ha sido mejorar radicalmente la labor referente a los cuadros, mejorar la obra de selección de cuadros, de su promoción, su distribución y su control en el proceso del trabajo. Los cuadros del Partido son los mandos del Partido, y, puesto que nuestro Partido se halla en el Poder, son también los mandos de los órganos dirigentes del Estado. Una vez elaborada una línea política acertada, comprobada en la práctica, los cuadros del Partido vienen a ser la fuerza decisiva para la dirección del Partido y del Estado. Tener una línea política acertada es, claro está, lo primordial y esencial. Pero aún no es suficiente. Una línea política acertada es necesaria, no para hacer declaraciones, sino para llevarla a la práctica. Mas, para llevar a la práctica una línea política acertada, se necesitan cuadros, se necesitan hombres que comprendan la línea política del Partido, que la conciban como una línea propia, que estén dispuestos a realizada en la práctica, que sepan hacerla y sean capaces de hacerse

responsables de ella, de defenderla y de luchar por ella. Sin esto, una línea política acertada corre el riesgo de quedarse sobre el papel. Aquí, precisamente, es donde se plantea el problema de la selección acertada de los cuadros, de su educación, de la promoción de nuevos hombres, de la distribución acertada de los cuadros, de su control en el proceso del trabajo que realizan. ¿Qué significa seleccionar acertadamente los cuadros? Seleccionar acertadamente los cuadros no quiere aún decir proveerse de adjuntos y sustitutos, abrir una oficina y lanzar desde ella toda clase de directivas. (Risas). Tampoco quiere decir abusar de su poder, mover sin tino, sin orden a decenas y centenares de hombres de un lugar para otro y viceversa, haciendo interminables "reorganizaciones". (Risas). Seleccionar acertadamente los cuadros significa: Primero, apreciar los cuadros como el fondo de oro del Partido y del Estado, valorarlos y respetarlos. Segundo, conocer los cuadros, estudiar minuciosamente los méritos y defectos de cada uno de ellos, saber en qué puesto pueden desarrollarse con mayor facilidad las aptitudes de cada militante responsable. Tercero, formar solícitamente los cuadros, ayudar a elevarse a cada uno de los militantes que progresan, no regatear el tiempo para "cuidar" pacientemente a estos militantes y acelerar su avance.

Cuarto, promover oportuna y audazmente cuadros nuevos, jóvenes, sin darles la posibilidad de estancarse en los viejos puestos, sin dejarles tiempo para enmohecerse. Quinto, distribuir a los militantes en sus puestos de tal modo, que cada uno sienta que ocupa el lugar que le corresponde, que cada militante pueda aportar a nuestra obra común el máximo de lo que, en general, es capaz de aportar por sus cualidades personales; de tal modo que la tendencia general en la obra de distribución de los cuadros esté de completo acuerdo con las exigencias de la línea política, en nombre de la cual se realiza esta distribución. Aquí adquiere una importancia especial la cuestión de la promoción audaz y oportuna de nuevos cuadros jóvenes. Creo que nuestros hombres no ven todavía con toda claridad este problema. Unos consideran que, al seleccionar a los hombres, es necesario orientarse, ante todo, hacia los viejos cuadros. Otros, a la inversa, piensan orientarse, principalmente, hacia los cuadros jóvenes. Me parece que se equivocan, tanto unos como otros. Los cuadros viejos representan, naturalmente, una gran riqueza para el Partido y para el Estado. Poseen lo que falta a los cuadros jóvenes: una inmensa experiencia en la dirección, un temple marxista- leninista en los principios, conocimiento del trabajo, fuerza de orientación.

Pero, en primer lugar, los cuadros viejos siempre son escasos, son menos de los que se necesitan y, en parte, ya comienzan a quedar fuera de combate, en virtud de las leyes normales de la naturaleza. En segundo lugar, una parte de los viejos cuadros padece, a veces, de la inclinación a mirar obstinadamente hacia el pasado, a atascarse en el pasado, en lo viejo, sin percibir lo nuevo en la vida. Esto se llama pérdida del sentido de lo nuevo. Este es un defecto muy grave y peligroso. En cuanto a los cuadros jóvenes, éstos no poseen, claro está, la experiencia, ni el temple, ni el conocimiento del trabajo, ni la fuerza de orientación que tienen los cuadros viejos. Pero, primeramente, los cuadros jóvenes constituyen la inmensa mayoría; segundo, son jóvenes y, por ahora, no corren el peligro de ser puestos fuera de combate; tercero, rebosa en ellos el sentido de lo nuevo, cualidad preciosa para todo militante bolchevique; y, cuarto, crecen y se instruyen tan rápidamente, van subiendo pujantes con tal impetuosidad, que ya no está lejos la hora en que alcanzarán a los viejos, se pondrán a la par con ellos y constituirán su digno relevo. Por lo tanto, la tarea no consiste en orientarse sobre los cuadros viejos o sobre los jóvenes, sino en mantener el rumbo a la armonía, a la fusión de los cuadros viejos y jóvenes, en una sola orquesta de la labor dirigente del Partido y del Estado. (Aplausos prolongados).

He aquí por qué es necesario promover oportuna y audazmente a los cuadros jóvenes a los puestos de dirección. Una de las conquistas importantes del Partido, durante el período que abarca el presente informe, en cuanto al afianzamiento de la dirección del Partido, consiste en que precisamente esta línea ha realizado con éxito, desde abajo hasta arriba, la fusión armónica de los viejos y jóvenes militantes en la selección de cuadros. El Comité Central del Partido posee datos que muestran que, durante el período del que informamos, el Partido ha sabido destacar a los puestos de dirección del Estado y del Partido a más de 500.000 jóvenes bolcheviques, afiliados al Partido y próximos al mismo, entre los cuales más de 20 por 100 son mujeres. ¿En qué consiste la tarea actual? Consiste en concentrar completamente en una sola mano la obra de la selección de cuadros, desde abajo hasta arriba, y elevada a la debida altura científica, bolchevique. Para esto, es necesario acabar con el método de desperdigar el estudio, la promoción y selección de los cuadros por diversos sectores y secciones, y concentrado en un sólo lugar. Este lugar debe ser la Sección de cuadros del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. y las respectivas secciones de cuadros en cada organización del Partido de las Repúblicas, de los territorios y regiones.

### 3. La propaganda del partido. La educación marxista-leninista de los afiliados y de los cuadros del partido.

Existe otra rama de trabajo del Partido, de mucha importancia y responsabilidad, que, en el período del que informamos, ha reforzado al Partido y a sus órganos directivos: la propaganda y agitación del Partido, verbal y escrita; la labor de educación de los afiliados al Partido y de los cuadros del mismo en el espíritu del marxismo-leninismo, el trabajo para la elevación del nivel político y teórico del Partido y de sus militantes. No es necesario hablar detenidamente de la significación tan importante que tiene la obra de propaganda del Partido, la obra de la educación marxista-leninista de nuestros militantes. Me refiero, no sólo a los colaboradores del aparato del Partido, sino también a los cuadros de las organizaciones de las Juventudes Comunistas, de los sindicatos, de las organizaciones comerciales, cooperativas, económicas, de los Soviets, de la instrucción pública, militares y otras. Es posible organizar satisfactoriamente la regularización de la composición del Partido y del acercamiento de los órganos directivos al trabajo de base: se puede organizar satisfactoriamente la promoción de cuadros, su selección y distribución; pero si con todo ello nuestra propaganda de partido comienza a cojear por una u otra causa, si comienza a languidecer la obra de la educación marxista-leninista de nuestros cuadros, si flaquea nuestra labor de elevación del nivel político y teórico de estos cuadros, y estos últimos, en relación con ello, dejan de interesarse por la perspectiva de nuestro, avance, dejan de comprender la justicia de nuestra causa y se convierten en rutinarios sin perspectivas que cumplen ciega y mecánicamente indicaciones de arriba; entonces toda nuestra labor del Estado y del Partido debe inevitablemente languidecer.

Es necesario reconocer como axioma que cuanto más elevado es el nivel político y el grado de conciencia marxista- leninista de los trabajadores de cualquier rama de la labor del Estado y del Partido, tanto más elevado y fructífero es el propio trabajo, tanto más eficiente son los resultados del mismo, y, a la inversa, cuanto más bajo es el nivel político y el grado de conciencia marxista-leninista de los trabajadores, tanto más probables son las fallas y los fracasos en el trabajo, tanto más probables son la mezquindad y la degradación de los militantes que se convierten en cicateros rutinarios, tanto más probable es su degeneración. Se puede afirmar con seguridad que, si pudiésemos educar ideológicamente a nuestros cuadros en todos los dominios del trabajo y templarlos políticamente de modo que llegasen a orientarse fácilmente en la situación interior y exterior, si lográsemos convertirlos en marxista- leninistas completamente maduros, capaces de resolver los problemas de la dirección del país sin cometer errores graves, tendríamos todos los motivos para considerar ya resueltas las nueve décimas de todos nuestros problemas.

Es indiscutiblemente, podemos resolver este problema, porque disponemos de todos los medios y posibilidades necesarios para resolverlo. La educación y formación de cuadros jóvenes, generalmente, la realizamos en las diversas ramas de la ciencia y de la técnica, de acuerdo con las especialidades. Esto es necesario y conveniente. No hay necesidad de que un médico especializado lo sea, al mismo tiempo, también en física o botánica y viceversa. Pero hay una rama de la ciencia, cuyo conocimiento debe ser obligatorio para los bolcheviques de todas las ramas científicas: la ciencia marxista-leninista sobre la sociedad, sobre las leyes de su desarrollo, sobre las leyes del desarrollo de la revolución proletaria, sobre las leyes del desarrollo de la edificación socialista, sobre el triunfo del comunismo. Pues no puede ser considerado como leninista verdadero el que se denomina leninista, pero se ha encastillado en su especialidad que se ha encastillado, por ejemplo, en las matemáticas, en la botánica o en la química, y que no ven nada más allá de su especialidad. Un leninista no puede ser solamente un especialista en la ciencia de su predilección, sino que debe ser, al mismo tiempo, un hombre activo en la vida política y social, que se interesa vivamente por los destinos de su país, que conoce las leyes del desarrollo social, que sabe utilizarlas y aspira a tomar parte activa en la dirección política del país.

Esto, claro está, será otra carga complementaria para los especialistas bolcheviques. Pero será una carga retribuida con creces. La tarea de la propaganda del Partido, la tarea de la educación marxista-leninista de los cuadros, consiste en ayudar a nuestros cuadros de todas las ramas del trabajo a dominar la ciencia marxista- leninista sobre las leyes de desarrollo de la sociedad. El problema de las medidas para mejorar la obra de la propaganda y de la educación marxista-leninista de los cuadros ha sido objeto de examen reiterado por parte del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. con la participación de propagandistas de diversas organizaciones regionales del Partido. Al hacerlo, se ha tomado en consideración la aparición del Compendio de Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la U.R.S.S.26, en septiembre de 1938. Se ha comprobado que su publicación echa las bases para un nuevo desarrollo de la propaganda marxista-leninista en nuestro país. Los resultados de los trabajos del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. fueron hechos públicos en su conocida resolución "Sobre la organización de la propaganda del Partido,

en relación con la aparición del Compendio de Historia del Partido comunista (bolchevique) de la U.R.S.S.". Partiendo de esta resolución y teniendo en cuenta las conocidas resoluciones del Pleno del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. del mes de marzo de 1937, "Sobre las deficiencias de la labor del Partido", el C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. fijó las siguientes medidas principales para eliminar los defectos en la propaganda del Partido y para mejorar la obra de la educación marxista-leninista de los afiliados y de los cuadros del Partido: l. Concentrar en un solo lugar el trabajo de la propaganda y agitación del Partido y fundir las secciones de propaganda y agitación con las de prensa bajo una sola dirección de la propaganda y la agitación, anexa al C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S., organizando las correspondientes secciones de propaganda y agitación en cada organización de República, territorio y región del Partido. 2. Considerando equivocado el entusiasmo excesivo por el sistema de propaganda a través de los círculos y juzgando más útil el método del estudio individual de los fundamentos del marxismo- leninismo por los afiliados al Partido, concentrar la atención del Partido en la propaganda en la prensa, así como en la organización de un sistema de propaganda por medio de conferencias. 3. Organizar, en cada centro regional, cursos anuales para el perfeccionamiento de nuestros cuadros de base. 4. Organizar, en varios centros de nuestro país, Escuelas leninistas con cursos de dos años para nuestros cuadros del grupo intermedio. 5. Organizar una Escuela superior de marxismo- leninismo, anexa al C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. con cursos de tres años, para formar cuadros teóricos calificados del Partido. 6. Formar, en varios centros de nuestro país, cursos anuales para el perfeccionamiento de los propagandistas y periodistas. 7. Crear, anexos a la Escuela superior de marxismo-leninismo, cursos de 6 meses para el perfeccionamiento de los profesores de marxismo- leninismo en las universidades. No cabe duda de que la realización de estas medidas, que ya están llevándose a la práctica pero todavía en proporción insuficiente, no tardará en dar resultados positivos.

### 4. Algunas cuestiones de teoría.

Entre las deficiencias de nuestro trabajo de propaganda e ideológico hay que incluir también el hecho de que entre nuestros camaradas no existe toda la claridad debida respecto a algunas cuestiones de teoría que tienen una gran importancia práctica: existe cierta confusión en estas cuestiones. Me refiero a la cuestión del Estado, en general, y, sobre todo de nuestro Estado socialista, así como a la cuestión de nuestra intelectualidad soviética. A veces, se pregunta: "En nuestro país, han sido suprimidas las clases explotadoras, ya no existen clases hostiles, no hay a quien aplastar; por tanto, tampoco hay necesidad de Estado, y éste debe extinguirse. ¿.Por qué, pues, no contribuimos a la extinción de nuestro Estado socialista, por qué no tratamos de acabar con él? ¿No ha llegado la hora de echar por la borda todo este trasto de la organización estatal? O bien: "Las clases explotadoras ya han sido suprimidas en nuestro país, el socialismo ha sido construido en lo fundamental, marchamos hacia el comunismo, y la doctrina marxista sobre el Estado dice que con el comunismo no debe existir ningún Estado. ¿Por qué, pues, no contribuimos a la extinción de nuestro Estado socialista? ¿No ha llegado la hora de entregarlo al museo de antigüedades?" Estas preguntas son testimonio de que los que las formulan se han estudiado concienzudamente ciertas tesis de la doctrina de Marx y Engels sobre el Estado.

Pero son, asimismo, testimonios de que estos camaradas no han comprendido la esencia de esta doctrina, no se han percatado de las condiciones históricas en que se elaboraron ciertas tesis de esta doctrina y, sobre todo, no han comprendido la situación internacional actual, han pasado por alto el hecho del cerco capitalista y los peligros que de él derivan para el país del socialismo. Estas preguntas revelan, no sólo que se da menos importancia de la debida al hecho del cerco capitalista; revelan también que se desconoce el papel y la importancia de los Estados burgueses y de sus órganos, que envían a nuestro país espías, asesinos y saboteadores y que aguardan la ocasión para atacarlo militarmente; asimismo, revelan que se menosprecia el papel y la importancia de nuestro Estado socialista y de sus órganos militares, de sanción y de contraespionaje, necesarios para defender el país del socialismo contra un ataque del exterior. Es preciso reconocer que, en esto, no sólo pecan los camaradas arriba citados. Pecamos, también, en cierto grado, todos nosotros, los bolcheviques, todos sin excepción. ¿No es, acaso, de extrañar que nos hayamos enterado de las actividades de espionaje y de conjuración de los cabecillas trotskistas y bujarinistas sólo últimamente, en los años 1937 y 1938, aun que, como se ve por la documentación, estos señores eran espías de los servicios extranjeros y desplegaban sus actividades de conjuradores ya en los primeros días de la Revolución de Octubre? ¿Cómo se nos ha podido escapar un asunto tan grave? ¿Cómo explicar este yerro? Habitualmente se contesta a esta pregunta del siguiente modo: "No podíamos suponer que estas gentes habían caído tan bajo". Pero esto no es una explicación y, mucho menos, una justificación,

porque el yerro sigue siendo un hecho. ¿Cómo explicarlo? Esto se explica por menospreciar la fuerza y la importancia del mecanismo de los Estados burgueses, que nos rodean, y de sus órganos de espionaje, que tratan de aprovechar la flaqueza de los hombres, su vanidad, su falta de carácter, para enredarlos en sus redes de espionaje y cercar con ellos los órganos del Estado soviético. Se explica por menospreciar el papel y la importancia del mecanismo de nuestro Estado socialista y de sus órganos de contraespionaje, por menospreciar a estos órganos, por la charlatanería de que el contraespionaje, en el Estado soviético, es una nimiedad y una tontería, que el órgano de contraespionaje soviético, lo mismo que el propio Estado soviético, habrá que entregarlos pronto al museo de antigüedades. ¿Cuál es el origen de este menosprecio? El origen radica en la elaboración incompleta e insuficiente de algunas tesis generales de la doctrina del marxismo sobre el Estado. Se ha difundido como resultado de nuestra actitud imperdonablemente despreocupada frente a las cuestiones de la teoría sobre el Estado, a pesar de que contamos con la experiencia práctica de veinte años de actuación estatal, experiencia que brinda un rico material para síntesis teóricas; a pesar de que deseándolo, tenemos la posibilidad de llenar con éxito esta laguna teórica.

Hemos olvidado una indicación esencial de Lenin sobre las obligaciones teóricas de los marxistas rusos, llamados a seguir desarrollando la teoría del marxismo. He aquí lo que dice Lenin a este propósito: "Nosotros no consideramos, en absoluto, la teoría de Marx como algo acabado e inmutable: estamos convencidos, por el contrario, de que esta teoría no ha hecho sino colocar las piedras angulares de la ciencia que los socialistas deben impulsar en todos los sentidos, siempre que no quieran quedar rezagados en la vida. Creemos que para los socialistas rusos es particularmente necesario impulsar independientemente la teoría de Marx, porque esta teoría da solamente los principios directivos generales, que se aplican en particular a Inglaterra, de un modo distinto que a Francia; a Francia, de un modo distinto que a Alemania; a Alemania, de un modo distinto que a Rusia" (Lenin, t. II, pág. 492). Tomemos, por ejemplo, la fórmula clásica de Engels de la teoría sobre el desarrollo del Estado socialista: "Cuando ya no exista ninguna clase social a la que haya que mantener en la opresión; cuando desaparezcan, junto con la dominación de clase, junto con la lucha por la existencia individual, engendrada por la actual anarquía de la producción, los choques y los excesos resultantes de esta lucha, no habrá ya nada que reprimir ni hará falta, por tanto, esa fuerza especial de represión, el Estado.

El primer acto en que el Estado se manifiesta efectivamente como representante de toda la sociedad: la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad, es, a la par, su último acto independiente como Estado. La intervención de la autoridad del Estado en las relaciones sociales se hará superflua en un campo tras otro de la vida social y se adormecerá por sí misma. El gobierno sobre las personas es sustituido por la administración de las cosas y por la dirección de los procesos de producción. El Estado no es 'abolido'; se extingue" (F. Engels, Anti-Dühring). ¿Es justa esta tesis de Engels? Sí, es justa, pero con una de estas dos condiciones: a) si estudiamos el Estado socialista desde el punto de vista del desarrollo interior del país únicamente, haciendo de antemano abstracción del factor internacional, aislando, para mayor comodidad de la investigación, al país y al Estado de la situación internacional, o bien b) si suponemos que el socialismo ya ha vencido en todos los países, o en la mayoría de los países y, en lugar del cerco capitalista, existe un cerco socialista, no existe ya la amenaza de ataque del exterior, no hay ya necesidad de fortalecer el ejército y el Estado. Ahora bien, y si el socialismo no ha triunfado más que en un solo país, en vista de lo cual no es posible, en modo alguno, abstraerse de las condiciones internacionales, ¿cómo proceder en este caso?

A esta pregunta la fórmula de Engels no da respuesta. Propiamente dicho, Engels ni siquiera se planteó esta pregunta; por tanto, tampoco podía dar respuesta a ella. Engels partió del supuesto de que el socialismo ya había vencido, más o menos simultáneamente, en todos los países o en la mayoría de los países. Por tanto, Engels investiga aquí, no este u otro Estado socialista concreto de tal o cual país por separado, sino el desarrollo del Estado socialista en general, admitiendo el hecho de que el socialismo ha triunfado en la mayoría de los países, según la siguiente fórmula: "Admitamos que el socialismo ha triunfado en la mayoría de los países. Cabe preguntar: ¿Qué cambios ha de sufrir en este caso el Estado proletario, socialista?" Solamente este carácter general y abstracto del problema puede explicar el hecho de que, al investigar la cuestión del Estado socialista, Engels hizo completa abstracción de un factor como el de las condiciones internacionales, el de la situación internacional. Pero de esto se infiere que no se debe extender la fórmula general de Engels referente al destino del Estado socialista en general al caso particular y concreto del triunfo del socialismo en un sólo país, rodeado de países capitalistas, que se halla bajo la amenaza de un ataque armado del exterior, d cual, en vista de ellos, no puede abstraerse de la situación

internacional y debe disponer de un ejército bien instruido, de órganos de sanción bien organizados, de un fuerte servicio de contraespionaje; por tanto, debe mantener a su Estado suficientemente fuerte, para tener la posibilidad de defender las conquistas del socialismo contra los ataques del exterior. No se puede exigir de los clásicos del marxismo, separados de nuestra época por un período de 45 a 55 años, que hayan previsto para un futuro lejano todos y cada uno de los casos de zigzags de la historia de cada país por separado. Sería ridículo exigir que los clásicos del marxismo hubiesen elaborado soluciones hechas para nosotros, para todos y cada uno de los problemas teóricos que pudiesen surgir en tal o cual país, 50 ó 100 años más tarde, para que nosotros, sucesores de los clásicos del marxismo, tuviésemos la posibilidad de quedarnos tranquilamente con los brazos cruzados y rumiando las soluciones hechas. (Risa general.) Pero podemos y debemos exigir de los marxista-leninistas de nuestra época que no se limiten a aprender de memoria algunas tesis generales del marxismo, que penetren en el fondo del marxismo, que aprendan a tener en cuenta la experiencia de los veinte años de existencia del Estado socialista en nuestro país, que aprendan, fácilmente, a concretar, apoyándose en esta experiencia y basándonos en la esencia del marxismo, algunas tesis generales del marxismo, puntualizarlas y mejorarlas.

Lenin escribió su famosa obra El Estado y la Revolución en agosto de 1917, es decir unos meses antes de la Revolución de Octubre y de la creación del Estado soviético. Lenin consideraba como objetivo principal de esta obra la defensa de la doctrina de Marx y Engels sobre el Estado contra las deformaciones y las vulgaridades de los oportunistas. Lenin tenía el propósito de escribir la segunda parte de esta obra, en que iba a hacer el balance principal de la experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y 1917. No cabe duda de que Lenin se proponía estudiar y desarrollar aún más, en la segunda parte de su libro, la teoría sobre el Estado apoyándose en la práctica de la existencia del Poder soviético en nuestro país. Pero la muerte le impidió llevar a cabo este propósito. Mas lo que no consiguió realizar Lenin, lo deben realizar sus discípulos. (Clamorosos aplausos). El Estado surgió sobre la base de la división de la sociedad en clases hostiles, surgió para mantener sujeta a la mayoría explotada en interés de la minoría explotadora. Los instrumentos de Poder del Estado se concentraban, principalmente, en el ejército, en los órganos de sanción, en el servicio de espionaje, en las cárceles. Dos funciones fundamentales caracterizan la actividad del Estado: una interior (la principal), la de mantener sujeta a la mayoría explotada, y otra exterior (no principal), la de extender el territorio de su propia clase, la dominante, a costa del territorio de otros Estados, o defender el territorio de su Estado contra los ataques de otros Estados.

Esto es lo que sucedía bajo el régimen esclavista y feudal. Lo mismo ocurre bajo el capitalismo. Para derrocar el capitalismo, hubo necesidad, no sólo de eliminar a la burguesía del Poder, no sólo de expropiar a los capitalistas, sino también de demoler totalmente la máquina estatal de la burguesía, su viejo ejército, su burocracia, su policía, y colocar en su lugar un nuevo sistema estatal, el sistema estatal proletario, el nuevo Estado socialista. Como es sabido, fue precisamente así como procedieron los bolcheviques. Pero de esto no se desprende en absoluto, que el nuevo Estado proletario no pueda conservar ciertas funciones del viejo Estado, modificadas de acuerdo con las necesidades del Estado proletario. De esto no se desprende, ni mucho menos, que las formas de nuestro Estado Socialista deben quedar inalterables, que todas las funciones iniciales de nuestro Estado deben seguir manteniéndose plenamente también en lo sucesivo. En realidad, las formas de nuestro Estado se modifican y se irán modificando, de acuerdo con el desarrollo de nuestro país y con el cambio de la situación exterior. Lenin tiene mil veces razón cuando dice: "Las formas de los Estados burgueses son extraordinariamente diversas, pero su esencia es la misma: todos estos Estados son, bajo una forma o bajo otra, pero, en último resultado, necesariamente, una dictadura de la burguesía.

La transición del capitalismo al comunismo no puede, naturalmente, por menos de proporcionar una enorme abundancia y diversidad de formas políticas, pero la esencia de todas ellas será, necesariamente, una: la dictadura del proletariado". (Lenin, t. XXI, pág. 393). Desde la época de la Revolución de Octubre, nuestro Estado socialista ha atravesado en su desarrollo dos fases principales. Primera fase: el período desde la Revolución de Octubre hasta la liquidación de las clases explotadoras. La tarea fundamental de este período consistió en aplastar la resistencia de las clases derrocadas, organizar la defensa del país contra los ataques de los intervencionistas, restaurar la industria y la agricultura, preparar las condiciones para liquidar los elementos capitalistas. Congruentemente con eso, nuestro Estado realizó, en aquel período, dos funciones fundamentales. La primera aplastar a las clases derrocadas dentro del país. Con ello, nuestro Estado se parecía, en lo externo, a los Estados precedentes, cuya función consistía en aplastar a los insumisos, pero con la diferencia de principio de que nuestro Estado aplastaba a la mayoría explotadora, en aras de los intereses de la mayoría trabajadora, mientras que los Estados anteriores aplastaban a la mayoría explotada, en aras de los intereses de la

minoría explotadora. La segunda función: defensa del país de los ataques del exterior. En esto también se parecía exteriormente a los Estados precedentes, que también se ocupaban de la defensa armada de sus países, pero con la diferencia de principio de que nuestro Estado defendía de los ataques del exterior las conquistas de la mayoría trabajadora, mientras que los Estados anteriores defendían, en estos casos, la riqueza y los privilegios de la minoría explotadora. Había también una tercera función: la de los organismos de nuestro Estado en el trabajo de organización económica y de educación cultural, que tenía por objeto desarrollar los brotes de la economía nueva, socialista, y reeducar a los hombres en el espíritu del socialismo. Pero esta nueva función no alcanzó, en aquel período, gran desarrollo. Segunda fase: el período que va desde la liquidación de los elementos capitalistas de la ciudad y del campo hasta el triunfo completo del sistema socialista de la economía y la adopción de la nueva Constitución. La tarea fundamental de este período era: organizar la economía socialista en todo el país y liquidar los últimos residuos de los elementos capitalistas, organizar la revolución cultural, organizar un ejército completamente moderno para la defensa del país. Congruentemente con esto, han cambiado también las funciones de nuestro Estado socialista.

Ha desaparecido, se ha extinguido la función de aplastamiento militar dentro del país, porque la explotación ha sido suprimida, ya no existen explotadores y no haya quién aplastar. En el lugar de la función de represión, surgió la función, para el Estado, de salvaguardar la propiedad socialista contra los ladrones y dilapidadores de los bienes del pueblo. Se ha mantenido plenamente la función de la defensa militar del país contra ataques del exterior; por consiguiente, se ha mantenido también el Ejército Rojo, la Marina Roja de Guerra, lo mismo que los organismos de sanción y de contraespionaje, necesarios para capturar y castigar a los espías, asesinos, saboteadores, que los servicios de espionaje extranjeros envían a nuestro país. Asimismo se ha conservado, obteniendo un desarrollo completo, la función de los organismos del Estado en el trabajo de organización económica y de educación cultural. Ahora, la tarea fundamental de nuestro Estado, dentro del país, consiste en desplegar el trabajo pacífico de organización económica y de educación cultural. En lo que se refiere a nuestro Ejército, a los organismos de sanción y de contraespionaje, éstos van dirigidos, no ya contra el interior del país, sino contra el exterior, contra los enemigos exteriores. Como veis, tenemos ahora un Estado completamente nuevo, socialista, sin precedentes en la historia, y que se distingue considerablemente, por su forma y sus funciones, del Estado socialista de la primera fase.

Pero el desarrollo no puede detenerse aquí. Seguimos avanzando, hacia el comunismo. ¿Se mantendrá en nuestro país el Estado también durante el período del comunismo? Sí, se mantendrá, si no se liquida el cerco capitalista, si no se suprime el peligro de un ataque armado del exterior. Claro está que, en este caso, las formas de nuestro Estado volverán a modificarse, con arreglo al cambio de la situación interior y exterior. No, no se mantendrá y se extinguirá, si el cerco capitalista se liquida, si lo sustituye un cerco socialista. Este es el estado de cosas, en cuanto a la cuestión del Estado socialista. La segunda cuestión es la de la intelectualidad soviética. En esta cuestión lo mismo que en la del Estado, existe en nuestro Partido cierta falta de claridad, cierta confusión. A pesar de la claridad completa de la posición del Partido en cuanto a la intelectualidad soviética, están aún difundidos, en nuestro Partido, conceptos hostiles a la intelectualidad soviética incompatibles con la posición del Partido. Los portavoces de estos conceptos equivocados sostienen en la práctica, como es sabido, una actitud despectiva, desdeñosa hacia los intelectuales soviéticos, considerándolos como fuerza extraña e incluso hostil a la clase obrera y a los campesinos.

Ciertamente, la intelectualidad ha podido, durante el período del desarrollo soviético cambiar radicalmente, tanto en su composición como en su situación, acercándose al pueblo y colaborando honradamente con él, por lo cual se diferencia en principio de la antigua intelectualidad, de la intelectualidad burguesa. Pero, por lo visto, estos camaradas no lo tienen en cuenta. Continúan las viejas cantinelas, aplicando erróneamente a los intelectuales soviéticos los conceptos y la actitud que tenían fundamento en otros tiempos, en que la intelectualidad estaba al servicio de los terratenientes y de los capitalistas. En otros tiempos, antes de la revolución, bajo las condiciones del capitalismo, la intelectualidad se componía, ante todo, de hombres salidos de las clases pudientes: nobles, industriales, comerciantes, kulaks, etc. Había en las filas de la intelectualidad también hombres procedentes de la pequeña burguesía, hijos de funcionarios de menor jerarquía e, incluso, de campesinos y obreros pero éstos no desempeñaban ni podían desempeñar ningún papel decisivo. A los intelectuales, en su conjunto, los mantenían las clases pudientes, a las que servían. Se comprende, pues, la desconfianza, que a menudo se convertía en odio, que sentían hacia ellos los elementos revolucionarios de nuestro país, y, en primer lugar, los obreros. Por cierto, los antiguos intelectuales proporcionaron algunas personas aisladas y decenas de hombres valientes y revolucionarios que abrazaron las

posiciones de la clase obrera y que ligaron su suerte hasta el final a la suerte de la clase obrera. Pero eran muy contados los hombres de esta clase entre los intelectuales, y no pudieron cambiar la fisonomía de la intelectualidad en conjunto. Mas las cosas, en cuanto a los intelectuales, cambiaron radicalmente después de la Revolución de Octubre, después de ser aplastada la intervención armada extranjera, sobre todo después del triunfo de la industrialización y de la colectivización, cuando la supresión de la explotación y el afianzamiento del sistema socialista de la economía crearon posibilidades reales para dar al país la nueva Constitución y llevarla a la práctica. La parte más influyente y calificada de los antiguos intelectuales, ya en los primeros días de la Revolución de Octubre, se separó de la masa restante de la intelectualidad, declaró la guerra al Poder soviético y abrazó el camino del sabotaje. Sufrió por ello el castigo merecido, fue deshecha y dispersa por los órganos del Poder soviético. Más tarde, la mayoría de los que quedaron indemnes fueron enrolados por los enemigos de nuestro país como saboteadores, como espías, borrando así ellos mismos sus nombres de las filas de los intelectuales. Otra parte de los viejos intelectuales, menos calificada, pero más numerosa seguía durante un largo período indecisa, aguardando "mejores tiempos".

Pero luego, por lo visto, se decidió a resignarse y a emplearse, a convivir con el Poder soviético. Una gran parte de este grupo de los viejos intelectuales ya envejeció y comienza a ponerse fuera de combate. La tercera parte de los viejos intelectuales, principalmente los intelectuales de filas, menos calificados aún que los anteriores, se unió al pueblo y siguió tras el Poder soviético. Tuvo que completar sus estudios, y, efectivamente, se puso a completar sus estudios en nuestras escuelas superiores. Pero, paralelamente a este proceso torturante de diferenciación y fraccionamiento de los viejos intelectuales, se efectuaba un proceso impetuoso de formación, movilización y concentración de fuerzas de la nueva intelectualidad. Centenares de millares de hombres jóvenes, procedentes del seno de la clase obrera, de los campesinos y de la intelectualidad trabajadora, ingresaron en las universidades y en las escuelas técnicas y, después de pasar por los centros de enseñanza rellenaron las filas mermadas de la intelectualidad, inyectándole nueva sangre y reanimándola a la manera nueva, soviética; cambiaron radicalmente toda la fisonomía de la intelectualidad, a su imagen y semejanza. Los restos de los antiguos intelectuales se disolvieron en el seno de los intelectuales nuevos, soviéticos, salidos del pueblo. Así, pues, se ha creado una intelectualidad nueva, soviética, íntimamente ligada al pueblo y dispuesta, en su conjunto, a servirle fielmente.

Como resultado, disponemos ahora de una numerosa intelectualidad, nueva, popular, socialista, que se distingue radicalmente de la intelectualidad antigua, burguesa, tanto por su composición como por su fisonomía social y política. A la antigua intelectualidad, anterior a la revolución, que servía a los terratenientes y a los capitalistas, era plenamente aplicable la antigua teoría sobre la intelectualidad, que señalaba la necesidad de desconfiar de ella y de combatirla. Ahora, esta teoría ha caducado y es ya inaplicable a nuestra intelectualidad nueva, soviética. Para la nueva intelectualidad hace falta una nueva teoría, que señale la necesidad de relaciones fraternales con ella, de solicitud para con ella, de respeto y colaboración con ella, en aras de los intereses de la clase obrera y de los campesinos. Parece que está claro. Tanto más asombroso y extraño es que, después de todos estos cambios radicales ocurridos en la situación de la intelectualidad, existan aún, como veis, en nuestro Partido, hombres que traten de aplicar la antigua teoría dirigida contra la intelectualidad burguesa a nuestra intelectualidad nueva, soviética, que en su esencia es una intelectualidad socialista.

Resulta que esta gente afirma que los obreros y los campesinos, que hasta hace poco trabajaban a la manera Stajánovista en las fábricas y en los koljóses, siendo luego enviados a las escuelas superiores para recibir instrucción, dejan por ello de ser verdaderos hombres y se convierten en hombres de segunda categoría. Resulta que la instrucción es una cosa perjudicial y peligrosa. (Risas). Queremos hacer de todos los obreros y de todos los campesinos hombres cultos e instruidos, y lo conseguiremos con el tiempo. Pero, según el punto de vista de estos extraños camaradas, resulta que semejante proyecto entraña un gran peligro, porque, después de que se hagan cultos e instruidos, los obreros y los campesinos pueden encontrarse frente al peligro de verse incluidos entre las personas de segunda categoría. (Risa general). No está descartado que, andando el tiempo, estos extraños camaradas puedan llegar a cantar loas al atraso, a la ignorancia, a la incultura y al oscurantismo. Y se comprende. Las desviaciones teóricas jamás condujeron, ni pueden conducir a nada bueno. Este es el estado de cosas, en cuanto a la cuestión de nuestra nueva intelectualidad, la intelectualidad socialista. * * * Nuestras tareas en cuanto al fortalecimiento ulterior del Partido son: 1. Mejorar sistemáticamente la composición del Partido, elevando el nivel de conciencia de los miembros del Partido y admitiendo en las filas del Partido, mediante una selección individual, solamente a camaradas probados y entregados a la

causa del comunismo. 2. Acercar los órganos dirigentes al trabajo de base, con el fin de que su trabajo directivo sea más concreto y efectivo, con menor ajetreo de reuniones y burocratismo. 3. Centralizar la labor de selección de cuadros, cultivándolos solícitamente, estudiando cuidadosamente los méritos y los defectos de los militantes, promover más audazmente a jóvenes militantes, adaptar la labor de selección y de distribución de los cuadros a las necesidades y exigencias de la línea política del Partido. 4. Centralizar la labor de propaganda y agitación del Partido, extender la propaganda de las ideas del marxismo-leninismo, elevar el nivel teórico y el temple político de nuestros cuadros. * * * Camaradas: Termino mi informe. He esbozado en líneas generales el camino recorrido por nuestro Partido durante el período que abarca este informe. Los resultados de la actuación del Partido y de su Comité Central, durante este período, son conocidos. Hemos tenido defectos y hemos cometido errores. El Partido y su Comité Central no los han ocultado y han tratado de corregidos. Tenemos también importantes éxitos y grandes conquistas que no deben subírsenos a la cabeza. El resultado principal consiste en que la clase obrera de nuestro país, después de haber suprimido la explotación del hombre por el hombre y afianzado el régimen socialista, ha probado al mundo entero la justicia de su causa. En esto consiste el resultado principal, puesto que reafirma la fe en las fuerzas de la clase obrera y en la inevitabilidad de su triunfo definitivo. La burguesía de todos los países pregona que el pueblo no puede prescindir de capitalistas y terratenientes, de comerciantes y kulaks. La clase obrera de nuestro país ha demostrado, en la práctica, que el pueblo puede prescindir con éxito de los explotadores. La burguesía de todos los países pregona que, al destruir el viejo orden burgués, la clase obrera no es capaz de construir nada nuevo en lugar de lo viejo.

La clase obrera de nuestro país ha demostrado, en la práctica, que es completamente capaz, no sólo de destruir el viejo régimen, sino también de construir un régimen nuevo, mejor, el régimen socialista, un régimen que no conoce ni las crisis ni el paro forzoso. La burguesía de todos los países pregona que los campesinos no son capaces de abrazar el camino del socialismo. Los campesinos koljósianos de nuestro país han demostrado, en la práctica, que son capaces de abrazar con éxito el camino del socialismo. Lo principal que la burguesía de todos los países y sus acólitos reformistas tratan particularmente de conseguir, es extirpar en la clase obrera la fe en sus fuerzas, la fe en la posibilidad e inevitabilidad de su triunfo, y perpetuar así la esclavitud capitalista. Porque la burguesía sabe que si el capitalismo no ha sido aún derrocado y sigue subsistiendo, se lo debe, no a sus buenas cualidades, sino al hecho de que el proletariado carece aún de suficiente fe en la posibilidad de su triunfo. No se puede afirmar que los esfuerzos de la burguesía, en este sentido, hayan sido completamente ineficaces.

Es preciso reconocer que la burguesía y sus agentes dentro de la clase obrera han logrado, en cierta medida, envenenar el alma de la clase obrera con la ponzoña de la duda y de la falta de fe. Si los éxitos de la clase obrera de nuestro país, si su lucha y su triunfo pueden servir para elevar el ánimo de la clase obrera de los países capitalistas y fortalecer en ella la fe en sus fuerzas, la fe en el triunfo, nuestro Partido puede afirmar que no trabaja en vano. No cabe duda que así será. (Clamorosos y prolongados aplausos.) ¡Viva nuestra victoriosa clase obrera! (Aplausos.) ¡Vivan nuestros victoriosos campesinos koljósianos! (Aplausos.) ¡Viva nuestra intelectualidad socialista! (Aplausos.) ¡Viva la gran amistad de los pueblos de nuestro país! (Aplausos.) ¡Viva el Partido Comunista bolchevique de la U.R.S.S.! (Aplausos.) (Todos los delegados se ponen de pie y saludan al camarada Stalin. Prolongada ovación. Exclamaciones: "¡Hurra! ¡Viva el camarada Stalin! ¡Hurra al gran Stalin! ¡Hurra a nuestro querido Stalin!")