El guion "Suvórov" adolece de defectos. Es pobre y no es rico en contenido. Ya es hora de dejar de representar a Suvórov como un papaíto bonachón que a cada paso grita "quiquiriquí" y repite: "ruso", "ruso". No es ése el secreto de las victorias de Suvórov. En el guion no se revelan las peculiaridades de la política militar y la táctica de Suvórov: 1) la correcta valoración de las deficiencias del enemigo y la habilidad para aprovecharlas hasta el fondo, 2) la ofensiva bien meditada y audaz, combinada con una maniobra envolvente para golpear la retaguardia enemiga, 3) la habilidad para seleccionar comandantes experimentados y audaces y orientarlos hacia el objetivo del golpe, 4) la habilidad para promover audazmente a los que se distinguían a grandes puestos, en contra de las exigencias del "reglamento de rangos", teniendo poco en cuenta la antigüedad oficial y el origen de los promovidos, 5) la habilidad para mantener en el ejército una disciplina severa, verdaderamente férrea. Leyendo el guion, se puede pensar que Suvórov miraba con indiferencia la disciplina en el ejército (no valoraba en alto grado la disciplina) y que se imponía no gracias a estas peculiaridades de su política militar y táctica, sino principalmente por la bondad hacia los soldados y la audaz astucia hacia el enemigo, que rayaba en una especie de aventurerismo. Esto, por supuesto, es un malentendido, por no decir algo más. Estas observaciones se refieren también a la conocida obra de teatro "Suvórov", que se representa en el CDKA. I. Stalin 9 de junio de 1940. RGASPI F. 558 Op. 11 D. 1124 L. 44