Se dice que los sinvergüenzas alemanes, al marchar sobre Leningrado, envían delante de sus tropas a ancianos, ancianas, mujeres y niños, delegados de las regiones ocupadas por ellos, con la petición a los bolcheviques de entregar LENINGRADO y establecer la paz.

Dicen que entre los bolcheviques de Leningrado hubo personas que no consideran posible aplicar las armas a este tipo de delegados. Considero que si tales personas existen entre los bolcheviques, hay que aniquilarlas en primer lugar, pues son más peligrosas que los fascistas alemanes.

Mi consejo: no ser sentimental, sino golpear al enemigo y a sus cómplices, voluntarios o involuntarios, en los dientes. La guerra es implacable y trae la derrota, en primer lugar, a quienes mostraron debilidad y permitieron vacilaciones.

Si alguien en nuestras filas muestra vacilación, será el principal culpable de la caída de Leningrado. Golpeen con todas sus fuerzas a los alemanes y a sus delegados, sean quienes sean, sieguen a los enemigos, sin importar si son enemigos voluntarios o involuntarios.

Ninguna clemencia ni a los miserables alemanes ni a sus delegados, sean quienes sean. Se ruega poner en conocimiento de los comandantes y comisarios de divisiones y regimientos, así como del Consejo Militar de la Flota del Báltico y de los comandantes y comisarios de los buques. I. Stalin