Últimamente se observan frecuentes casos de represiones ilegales y gravísimos abusos de poder por parte de algunos mandos y comisarios hacia sus subordinados.

El teniente Komissárov del 288.º Regimiento de Fusileros, sin motivo alguno, mató de un disparo de revólver al soldado rojo Kubitsa.

El exjefe de la 21.ª Zona Fortificada, coronel Súshchenko, mató a tiros al sargento menor Pérshikov porque este, debido a una enfermedad en la mano, bajaba lentamente del vehículo.

El jefe de pelotón de la compañía de fusileros motorizados del 1026.º Regimiento de Fusileros, teniente Mikriukov, mató a tiros a su ayudante —el jefe subalterno del pelotón Baburin— supuestamente por incumplimiento de una orden.

El comisario militar de la 28.ª División Blindada, comisario de regimiento Bankvitser, golpeó a un sargento porque este encendió un cigarrillo por la noche; él mismo golpeó al mayor Zanozni por una conversación poco comedida con él.

El jefe de Estado Mayor del 529.º Regimiento de Fusileros, capitán Sakur, sin fundamento alguno golpeó dos veces con la pistola al teniente primero Serguéiev.

Semejantes hechos, intolerables en el Ejército Rojo, de tergiversación de la práctica disciplinaria, de abuso de los derechos y del poder conferidos, de ajusticiamientos arbitrarios y de violencia física se explican por lo siguiente:

a) el método de persuasión fue incorrectamente relegado a un segundo plano, mientras que el método de represión hacia los subordinados ocupó el primer lugar;

b) la labor educativa cotidiana en las unidades es sustituida en muchos casos por insultos, represiones y violencia física;

c) se ha abandonado el método de explicaciones y charlas de los mandos, comisarios y trabajadores políticos con los soldados rojos, y la aclaración de las cuestiones incomprensibles para los soldados rojos se sustituye a menudo por gritos, improperios y groserías;

d) algunos mandos y trabajadores políticos, en condiciones difíciles de combate, se desorientan, caen en pánico y encubren su propia confusión recurriendo al uso de las armas sin fundamento alguno para ello;

e) se ha olvidado la verdad de que el uso de la represión es una medida extrema, admisible únicamente en casos de desobediencia directa y resistencia abierta en situación de combate, o en casos de infracción maliciosa de la disciplina y el orden por parte de personas que deliberadamente van a sabotear las órdenes del mando.

Los mandos, comisarios y trabajadores políticos están obligados a recordar que sin una correcta combinación del método de persuasión con el método de coerción es impensable la implantación de la disciplina militar soviética y el fortalecimiento del estado político-moral de las tropas.

El castigo severo hacia los infractores maliciosos de la disciplina militar, los colaboracionistas del enemigo y los enemigos declarados debe combinarse con un examen atento de todos los casos de infracción de la disciplina que requieran un esclarecimiento detallado de las circunstancias del hecho.

Las represiones injustificadas, los fusilamientos ilegales, la arbitrariedad y los malos tratos por parte de los mandos y comisarios son manifestación de falta de voluntad y de incapacidad, a menudo conducen a resultados contrarios, contribuyen a la caída de la disciplina militar y del estado político-moral de las tropas y pueden empujar a los combatientes inestables a pasarse al lado del enemigo.

Ordeno:

1. Restablecer en sus derechos la labor educativa, emplear ampliamente el método de la persuasión, no sustituir el trabajo explicativo cotidiano por el administrativismo y las represiones.

2. A todos los mandos, trabajadores políticos y jefes, conversar a diario con los soldados del Ejército Rojo, explicándoles la necesidad de una férrea disciplina militar, del cumplimiento honesto de su deber militar, del juramento militar y de las órdenes del mando y del jefe.

En las conversaciones, explicar asimismo que sobre nuestra Patria se cierne una grave amenaza, que para derrotar al enemigo se necesitan la mayor abnegación, una firmeza inquebrantable en el combate, desprecio a la muerte y una lucha implacable contra los cobardes, desertores, autolesionados, provocadores y traidores a la Patria.

3. Explicar ampliamente a la oficialidad que los linchamientos, los malos tratos y las injurias groseras, que degradan la dignidad del combatiente del Ejército Rojo, no conducen al fortalecimiento, sino al socavamiento de la disciplina y de la autoridad del mando y del trabajador político.

4. De la manera más enérgica, hasta la entrega de los culpables al tribunal militar, combatir todas las manifestaciones de represiones ilegales, malos tratos y linchamientos.

La orden será comunicada a toda la oficialidad del Ejército en operaciones, hasta el mando y comisario de regimiento inclusive.

Comisario del Pueblo de Defensa

I. Stalin

Jefe del Estado Mayor General

B. Sháposhnikov

Archivo Ruso: La Gran Guerra Patria: Órdenes del Comisario del Pueblo de Defensa de la URSS. 22 de junio de 1941 — 1942. T. 13 (2–2). M., 1997. Págs. 108–109.

TsAMO RF. F. 4. Inv. 11. Exp. 66. Hjs. 149–152.