Camaradas soldados del Ejército Rojo y de la Flota Roja, comandantes y trabajadores políticos, obreros y obreras, campesinos y campesinas de las granjas colectivas, trabajadores intelectuales, hermanos y hermanas en la retaguardia de nuestro enemigo, temporalmente caídos bajo el yugo de los bandidos alemanes, ¡nuestros gloriosos partisanos y partisanas, que destruyen las retaguardias de los invasores alemanes!

En nombre del Gobierno soviético y de nuestro partido bolchevique, les saludo y les felicito con motivo del 24º aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre.

Camaradas! En condiciones difíciles nos toca celebrar hoy el 24º aniversario de la Revolución de Octubre. El ataque alevoso de los bandidos alemanes y la guerra que nos han impuesto han creado una amenaza para nuestro país. Hemos perdido temporalmente una serie de regiones, el enemigo se ha plantado a las puertas de Leningrado y Moscú. El enemigo calculaba que, tras el primer golpe, nuestro ejército sería dispersado y nuestro país, puesto de rodillas. Pero el enemigo se ha equivocado gravemente en sus cálculos. A pesar de los reveses temporales, nuestro ejército y nuestra flota rechazan heroicamente los ataques del enemigo a lo largo de todo el frente, infligiéndole graves pérdidas, y nuestro país – todo nuestro país – se ha organizado en un campamento único para, junto con nuestro ejército y nuestra flota, llevar a cabo la derrota de los invasores alemanes.

Hubo días en que nuestro país se encontraba en una situación aún más difícil. Recuerden el año 1918, cuando celebrábamos el primer aniversario de la Revolución de Octubre. Tres cuartas partes de nuestro país se hallaban entonces en manos de los invasores extranjeros. Ucrania, el Cáucaso, Asia Central, los Urales, Siberia y el Lejano Oriente fueron temporalmente perdidos por nosotros. No teníamos aliados, no teníamos Ejército Rojo –apenas empezábamos a crearlo–, faltaba pan, faltaba armamento, faltaba vestuario. Catorce estados presionaban entonces sobre nuestra tierra. Pero no nos desanimábamos, no perdíamos el ánimo. En el fuego de la guerra organizamos entonces el Ejército Rojo y convertimos nuestro país en un campo militar. El espíritu del gran Lenin nos inspiraba entonces para la guerra contra los invasores. ¿Y qué ocurrió? Derrotamos a los invasores, recuperamos todos los territorios perdidos y alcanzamos la victoria.

Ahora la situación de nuestro país es mucho mejor que hace 23 años. Nuestro país es muchas veces más rico ahora en industria, en víveres y en materias primas que hace 23 años. Tenemos ahora aliados que mantienen junto con nosotros un frente único contra los invasores alemanes. Contamos ahora con la simpatía y el apoyo de todos los pueblos de Europa caídos bajo el yugo de la tiranía hitleriana. Tenemos ahora un ejército magnífico y una marina magnífica, que defienden con su pecho la libertad y la independencia de nuestra Patria. No padecemos una escasez grave ni de víveres, ni de armamento, ni de vestuario. Todo nuestro país, todos los pueblos de nuestro país respaldan a nuestro ejército, a nuestra marina, ayudándoles a derrotar a las hordas invasoras de los fascistas alemanes. Nuestras reservas humanas son inagotables. El espíritu del gran Lenin y su bandera victoriosa nos inspiran ahora en la Guerra Patria, igual que hace 23 años.

¿Acaso se puede dudar de que podemos y debemos vencer a los invasores alemanes?

El enemigo no es tan fuerte como lo pintan algunos intelectualillos amedrentados. No es tan fiero el diablo como lo pintan. ¿Quién puede negar que nuestro Ejército Rojo más de una vez ha puesto en fuga presa del pánico a las tan cacareadas tropas alemanas? Si se juzga no por las jactanciosas declaraciones de los propagandistas alemanes, sino por la situación real de Alemania, no será difícil comprender que los invasores fascistas alemanes están al borde de la catástrofe. En Alemania reinan ahora el hambre y el empobrecimiento; en 4 meses de guerra, Alemania ha perdido 4 millones y medio de soldados; Alemania se desangra, sus reservas humanas se agotan, el espíritu de indignación se apodera no solo de los pueblos de Europa caídos bajo el yugo de los invasores alemanes, sino también del propio pueblo alemán, que no ve el fin de la guerra. Los invasores alemanes tensan sus últimas fuerzas. No cabe duda de que Alemania no podrá soportar por mucho tiempo semejante tensión. Unos cuantos meses más, medio año, tal vez un año, y la Alemania hitleriana deberá reventar bajo el peso de sus crímenes.

Camaradas soldados del Ejército Rojo y de la Flota Roja, comandantes y trabajadores políticos, partisanos y partisanas. Sobre vosotros mira el mundo entero como una fuerza capaz de aniquilar a las hordas rapaces de los invasores alemanes. Sobre vosotros miran los pueblos esclavizados de Europa, caídos bajo el yugo de los invasores alemanes, como a sus libertadores. Una gran misión liberadora ha recaído sobre vosotros. ¡Sed, pues, dignos de esta misión! La guerra que libráis es una guerra de liberación, una guerra justa. ¡Que os inspire en esta guerra la valerosa imagen de nuestros grandes antepasados: Alejandro Nevski, Dimitri Donskói, Kuzmá Minin, Dimitri Pozharski, Alejandro Suvórov, Mijaíl Kutúzov! ¡Que os cobije la bandera victoriosa del gran Lenin!

¡Por la derrota total de los invasores alemanes!

¡Muerte a los ocupantes alemanes!

¡Que viva nuestra gloriosa Patria, su libertad, su independencia!

¡Bajo la bandera de Lenin, adelante, hacia la victoria!

Pravda. 8 de noviembre de 1941