La experiencia del último mes de guerra ha mostrado que el ejército alemán está mal adaptado a la guerra en condiciones invernales, no dispone de ropa de abrigo y, experimentando enormes dificultades a causa de las heladas sobrevenidas, se apiña en la franja del frente en localidades habitadas.

El enemigo, presuntuoso hasta la insolencia, se proponía invernar en las cálidas casas de Moscú y Leningrado, pero las acciones de nuestras tropas se lo impidieron. En extensos sectores del frente, las tropas alemanas, al encontrar la tenaz resistencia de nuestras unidades, se han visto forzadas a pasar a la defensiva y se han instalado en localidades habitadas a lo largo de las carreteras, a 20–30 km a ambos lados de las mismas.

Los soldados alemanes viven, por regla general, en ciudades, en poblados, en aldeas, en isbas campesinas, graneros, cobertizos, baños cerca del frente, y los estados mayores de las unidades alemanas se sitúan en localidades habitadas y ciudades más grandes, se esconden en sótanos, utilizándolos como refugio contra nuestra aviación y artillería. La población soviética de estos lugares suele ser desalojada y echada fuera por los invasores alemanes.

Privar al ejército alemán de la posibilidad de instalarse en aldeas y ciudades, expulsar a los invasores alemanes de todas las localidades habitadas al frío del campo, desalojarlos de sus cálidos refugios y obligarlos a helarse a la intemperie: tal es la tarea urgente, de cuya solución depende en gran medida la aceleración de la derrota del enemigo y la descomposición de su ejército.

El Cuartel General del Mando Supremo

ordena

:

1. Destruir e incendiar hasta los cimientos todas las localidades habitadas en la retaguardia de las tropas alemanas a una distancia de 40–60 km en profundidad desde la línea del frente y a 20–30 km a derecha e izquierda de las carreteras.

Para la destrucción de las localidades habitadas en el radio de acción indicado, emplear de inmediato la aviación, utilizar ampliamente el fuego de artillería y morteros, equipos de exploradores, esquiadores y grupos partisanos de sabotaje, provistos de botellas con mezcla incendiaria, granadas y medios de voladura.

2. En cada regimiento, crear equipos de cazadores de 20–30 hombres cada uno para la voladura e incendio de las localidades habitadas en las que se instalan las tropas enemigas. Para los equipos de cazadores, seleccionar a los combatientes, comandantes y trabajadores políticos más valientes y firmes en el aspecto político-moral, explicándoles minuciosamente las tareas y la importancia de esta medida para la derrota del ejército alemán.

A los destacados temerarios, por sus valientes acciones en la destrucción de las localidades donde se hallan tropas alemanas, presentarlos para una condecoración del gobierno.

3. En caso de repliegue forzoso de nuestras unidades en uno u otro sector, llevarse consigo a la población soviética y destruir sin falta todas las localidades sin excepción, para que el enemigo no pueda utilizarlas. Para este fin, emplear en primer lugar los equipos de cazadores asignados en los regimientos.

4. A los consejos militares de los frentes y de los ejércitos independientes, verificar sistemáticamente cómo se cumplen las tareas de destrucción de las localidades en el radio arriba indicado desde la línea del frente. Al Cuartel General, cada 3 días, informar mediante un parte especial cuántas y qué localidades han sido destruidas en los días pasados y con qué medios se han alcanzado estos resultados.

Cuartel General del Alto Mando Supremo:

I. Stalin

B. Sháposhnikov

US. Library of Congress. Manuscript Division. «Volkogonov Collection». Reel. 4.