ORDEN
DEL COMISARIO DEL PUEBLO DE DEFENSA DE LA URSS
23 de febrero de 1942
№ 55
ciudad de Moscú

¡Camaradas soldados del Ejército Rojo y de la Flota Roja, comandantes y trabajadores políticos, partisanos y partisanas!

Los pueblos de nuestro país celebran el 24º aniversario del Ejército Rojo en los duros días de la Guerra Patria contra la Alemania fascista, que con descaro y bajeza atenta contra la vida y la libertad de nuestra Patria. A lo largo del inmenso frente que se extiende desde el océano Glacial Ártico hasta el mar Negro, los combatientes del Ejército Rojo y de la Flota de Guerra libran encarnizados combates para expulsar de nuestro país a los invasores fascistas alemanes y defender el honor y la independencia de nuestra Patria.

No es la primera vez que el Ejército Rojo tiene que defender nuestra Patria del ataque de los enemigos. El Ejército Rojo fue creado hace 24 años para luchar contra las tropas de los intervencionistas-invasores extranjeros, que pretendían desmembrar nuestro país y destruir su independencia. Los jóvenes destacamentos del Ejército Rojo, que entraron por primera vez en guerra, derrotaron completamente a los invasores alemanes cerca de Pskov y Narva el 23 de febrero de 1918. Precisamente por ello, el día 23 de febrero de 1918 fue declarado día del nacimiento del Ejército Rojo. Desde entonces, el Ejército Rojo creció y se fortaleció en la lucha contra los intervencionistas-invasores extranjeros. Defendió nuestra Patria en combates contra los invasores alemanes en 1918, expulsándolos de los territorios de Ucrania y Bielorrusia. Defendió nuestra Patria en combates contra las tropas extranjeras de la Entente en 1919–1921, expulsándolas de los límites de nuestro país.

La derrota de los invasores-intervencionistas extranjeros durante la guerra civil aseguró a los pueblos de la Unión Soviética una paz duradera y la posibilidad de una construcción pacífica. Durante estos dos decenios de construcción pacífica surgieron en nuestro país la industria socialista y la agricultura koljosiana, florecieron la ciencia y la cultura, se fortaleció la amistad de los pueblos de nuestro país. Pero el pueblo soviético nunca olvidó la posibilidad de un nuevo ataque de los enemigos contra nuestra Patria. Por ello, simultáneamente con el auge de la industria y la agricultura, de la ciencia y la cultura, crecía también el poderío militar de la Unión Soviética. Ese poderío ya lo han probado sobre sus propias espaldas algunos aficionados a las tierras ajenas. Lo siente ahora el cacareado ejército alemán fascista.

Hace 8 meses, la Alemania fascista atacó pérfidamente nuestro país, violando de manera grosera y vil el tratado de no agresión. El enemigo calculaba que, tras el primer golpe, el Ejército Rojo sería derrotado y perdería su capacidad de resistencia. Pero el enemigo se equivocó cruelmente. No tuvo en cuenta la fuerza del Ejército Rojo, no tuvo en cuenta la solidez de la retaguardia soviética, no tuvo en cuenta la voluntad de vencer de los pueblos de nuestro país, no tuvo en cuenta la falta de fiabilidad de la retaguardia europea de la Alemania fascista, no tuvo en cuenta, en fin, la debilidad interna de la Alemania fascista y de su ejército.

En los primeros meses de la guerra, en vista de lo inesperado y lo súbito del ataque alemán fascista, el Ejército Rojo se vio obligado a replegarse, a abandonar una parte del territorio soviético. Pero, al replegarse, agotaba las fuerzas del enemigo, le asestaba duros golpes. Ni los combatientes del Ejército Rojo ni los pueblos de nuestro país dudaron jamás de que esta retirada es temporal, de que el enemigo será detenido y, a continuación, derrotado.

Durante la guerra, el Ejército Rojo se nutrió de nuevas fuerzas vitales, se reabasteció de hombres y material y recibió en ayuda nuevas divisiones de reserva. Y llegó el momento en que el Ejército Rojo tuvo la posibilidad de pasar a la ofensiva en los sectores principales del inmenso frente. En un corto espacio de tiempo, el Ejército Rojo asestó a las tropas fascistas alemanas un golpe tras otro cerca de Rostov del Don y Tijvin, en Crimea y en los alrededores de Moscú. En los encarnizados combates librados cerca de Moscú, derrotó a las tropas fascistas alemanas que amenazaban con cercar la capital soviética. El Ejército Rojo rechazó al enemigo de Moscú y continúa presionándolo hacia el oeste. Han sido completamente liberadas de los invasores alemanes las provincias de Moscú y Tula, decenas de ciudades y centenares de aldeas de otras provincias temporalmente ocupadas por el enemigo.

Ahora ya no tienen los alemanes aquella ventaja militar que poseían en los primeros meses de la guerra como resultado del ataque pérfido y sorpresivo. El factor sorpresa e imprevisto como reserva de las tropas fascistas alemanas se ha agotado por completo. Con ello se ha liquidado la desigualdad en las condiciones de la guerra que había sido creada por la sorpresa del ataque fascista alemán. Ahora el destino de la guerra no lo decidirá un factor circunstancial como la sorpresa, sino factores de acción permanente: la solidez de la retaguardia, la moral del ejército, la cantidad y calidad de las divisiones, el armamento del ejército y la capacidad organizativa de los mandos del ejército. Cabe señalar una circunstancia: bastó con que desapareciera del arsenal alemán el factor sorpresa para que el ejército fascista alemán se viera ante la catástrofe.

Los fascistas alemanes consideran a su ejército invencible, asegurando que en una guerra uno a uno, sin duda, derrotará al Ejército Rojo. Actualmente, el Ejército Rojo y el ejército fascista alemán libran una guerra uno a uno. Más aún: el ejército fascista alemán cuenta con apoyo directo en el frente por parte de tropas de Italia, Rumanía y Finlandia. El Ejército Rojo no dispone aún de un apoyo similar. Y, sin embargo: el tan alabado ejército alemán sufre una derrota, mientras que el Ejército Rojo obtiene serios éxitos. Bajo los poderosos golpes del Ejército Rojo, las tropas alemanas, replegándose hacia el oeste, sufren enormes pérdidas en hombres y material. Se aferran a cada línea defensiva, tratando de postergar el día de su derrota. Pero son vanos los esfuerzos del enemigo. La iniciativa está ahora en nuestras manos, y los forcejeos de la destartalada y oxidada máquina de Hitler no pueden contener el empuje del Ejército Rojo. No está lejano el día en que el Ejército Rojo, con su poderoso golpe, arrojará a los embrutecidos enemigos de Leningrado, limpiará de ellos las ciudades y aldeas de Bielorrusia y Ucrania, Lituania y Letonia, Estonia y Carelia, liberará Crimea soviética y en toda la tierra soviética volverán a ondear victoriosas las banderas rojas.

Sin embargo, sería una imperdonable miopía conformarse con los éxitos alcanzados y pensar que ya se ha acabado con las tropas alemanas. Esto sería vana fanfarronería y engreimiento, indignos del pueblo soviético. No hay que olvidar que aún quedan muchas dificultades por delante. El enemigo sufre derrotas, pero todavía no está destrozado y — menos aún — aniquilado. El enemigo aún es fuerte. Hará uso de sus últimas fuerzas para alcanzar el éxito. Y cuanto más derrotas sufra, más se embrutecerá. Por ello, es necesario que en nuestro país no se debilite ni por un minuto la preparación de reservas en ayuda del frente. Es necesario que nuevas y nuevas unidades militares marchan al frente a forjar la victoria sobre el enemigo embrutecido. Es necesario que nuestra industria, especialmente la industria de guerra, trabaje con energía redoblada. Es necesario que cada día el frente reciba más y más tanques, aviones, cañones, morteros, ametralladoras, fusiles, subfusiles, municiones.

En esto radica una de las fuentes principales de la fuerza y el poderío del Ejército Rojo.

Mas no solo en esto consiste la fuerza del Ejército Rojo.

La fuerza del Ejército Rojo consiste, ante todo, en que no libra una guerra de conquista, ni una guerra imperialista, sino una guerra Patria, liberadora, justa. La tarea del Ejército Rojo consiste en liberar de los invasores alemanes nuestro territorio soviético, liberar de la opresión de los invasores alemanes a los ciudadanos de nuestras aldeas y ciudades, que antes de la guerra eran libres y vivían humanamente, y ahora están oprimidos y sufren saqueos, devastación y hambre; liberar, por último, a nuestras mujeres de la vergüenza y el ultraje a que las someten los monstruos fascistas alemanes. ¿Qué puede haber más noble y elevado que semejante tarea? Ningún soldado alemán puede decir que libra una guerra justa, pues no puede dejar de ver que lo obligan a luchar por el saqueo y la opresión de otros pueblos. El soldado alemán no tiene un objetivo de guerra elevado y noble que pueda inspirarlo y del que pueda enorgullecerse. Y, por el contrario, cualquier combatiente del Ejército Rojo puede decir con orgullo que libra una guerra justa, liberadora, una guerra por la libertad y la independencia de su Patria. El Ejército Rojo tiene su noble y elevado objetivo de guerra, que lo inspira a realizar hazañas. Esto explica precisamente que la Guerra Patria engendre entre nosotros miles de héroes y heroínas, dispuestos a morir por la libertad de su Patria.

En esto reside la fuerza del Ejército Rojo.

En esto reside también la debilidad del ejército fascista alemán.

A veces se murmura en la prensa extranjera que el Ejército Rojo tiene como objetivo exterminar al pueblo alemán y destruir el Estado alemán. Esto, por supuesto, es una estúpida patraña y una torpe calumnia contra el Ejército Rojo. El Ejército Rojo no tiene ni puede tener objetivos tan idiotas. El objetivo del Ejército Rojo es expulsar a los ocupantes alemanes de nuestro país y liberar la tierra soviética de los invasores fascistas alemanes. Es muy probable que la guerra por la liberación de la tierra soviética conduzca a la expulsión o aniquilación de la camarilla de Hitler. Aplaudiríamos semejante desenlace. Pero sería ridículo identificar a la camarilla de Hitler con el pueblo alemán, con el Estado alemán. La experiencia de la historia dice que los hitleres vienen y van, mientras que el pueblo alemán y el Estado alemán permanecen.

La fuerza del Ejército Rojo reside, por último, en que no alberga ni puede albergar odio racial hacia otros pueblos, incluido el pueblo alemán, en que ha sido educado en el espíritu de la igualdad de todos los pueblos y razas, en el espíritu de respeto a los derechos de otros pueblos. La teoría racial de los alemanes y la práctica del odio racial han llevado a que todos los pueblos amantes de la libertad se hayan convertido en enemigos de la Alemania fascista. La teoría de la igualdad racial en la URSS y la práctica del respeto a los derechos de otros pueblos han llevado a que todos los pueblos amantes de la libertad se hayan convertido en amigos de la Unión Soviética.

En esto reside la fuerza del Ejército Rojo.

En esto reside también la debilidad del ejército fascista alemán.

A veces se murmura en la prensa extranjera que los soviéticos odian a los alemanes precisamente por ser alemanes, que el Ejército Rojo aniquila a los soldados alemanes precisamente por ser alemanes debido al odio hacia todo lo alemán, y que, por lo tanto, el Ejército Rojo no toma prisioneros alemanes. Esto, por supuesto, es la misma estúpida patraña y torpe calumnia contra el Ejército Rojo. El Ejército Rojo está libre del sentimiento de odio racial. Está libre de un sentimiento tan humillante porque ha sido educado en el espíritu de la igualdad racial y el respeto a los derechos de otros pueblos. Además, no hay que olvidar que en nuestro país la manifestación de odio racial está penada por la ley.

Por supuesto, el Ejército Rojo se ve obligado a aniquilar a los ocupantes fascistas alemanes, ya que estos quieren esclavizar a nuestra Patria o cuando, viéndose cercados por nuestras tropas, se niegan a deponer las armas y rendirse prisioneros. El Ejército Rojo los aniquila no por su origen alemán, sino porque quieren esclavizar a nuestra Patria. El Ejército Rojo, como el ejército de cualquier otro pueblo, tiene el derecho y el deber de aniquilar a los esclavizadores de su Patria, independientemente de su origen nacional. Hace poco, en las ciudades de Kalinin, Klin, Sujínichi, Andreápol, Torópets, fueron cercadas por nuestras tropas las guarniciones alemanas allí acantonadas, a las cuales se les propuso rendirse prisioneras, prometiéndoseles en este caso conservar la vida. Las guarniciones alemanas se negaron a deponer las armas y rendirse prisioneras. Es comprensible que hubiera que desalojarlas por la fuerza, siendo abatidos no pocos alemanes. La guerra es la guerra. El Ejército Rojo toma prisioneros a los soldados y oficiales alemanes, si estos se rinden, y les conserva la vida. El Ejército Rojo aniquila a los soldados y oficiales alemanes si estos se niegan a deponer las armas y con las armas en la mano intentan esclavizar a nuestra Patria. Recuerden las palabras del gran escritor ruso Máximo Gorki: “si el enemigo no se rinde, se le aniquila”.

¡Camaradas soldados del Ejército Rojo y de la Flota Roja, comandantes y trabajadores políticos, partisanos y partisanas! ¡Les felicito con motivo del 24º aniversario del Ejército Rojo! ¡Les deseo la victoria completa sobre los invasores fascistas alemanes!

¡Viva el Ejército Rojo y la Flota de Guerra!

¡Vivan los partisanos y las partisanas!

¡Viva nuestra gloriosa Patria, su libertad, su independencia!

¡Viva el gran partido bolchevique, que nos conduce a la victoria!

¡Viva la bandera invencible del gran Lenin!

¡Bajo la bandera de Lenin, adelante, hacia la derrota de los invasores fascistas alemanes!

Comisario del Pueblo de Defensa

I. STALIN

Pravda. 23 de febrero de 1942