MENSAJE SECRETO Y PERSONAL DEL PREMIER I. V. STALIN AL PRESIDENTE FRANKLIN D. ROOSEVELT

1. Sólo ahora, al regresar del frente, puedo responder a Su último mensaje del 16 de julio. No dudo de que Usted toma en consideración nuestra situación militar y comprenderá la demora ocurrida con la respuesta. Contrariamente a nuestras expectativas, los alemanes iniciaron su ofensiva no en junio, sino en el mes de julio, y ahora los combates en el frente soviético-alemán están en pleno apogeo. Como es sabido, los ejércitos soviéticos rechazaron la ofensiva de julio de los hitlerianos. Usted sabe también que nuestro ejército pasó por sí mismo a la ofensiva, tomó Oriol y Bélgorod y ejerce una presión ulterior sobre el enemigo. Es fácil comprender que, en la actual y aguda situación en el frente soviético-alemán, se exige del mando de las tropas soviéticas una gran tensión y una vigilancia excepcional respecto a las acciones del enemigo. En relación con esto, también yo me veo obligado en el momento presente a apartarme un tanto de otras cuestiones y de mis otras obligaciones, excepto la obligación principal de dirigir el frente. He de estar personalmente con más frecuencia en diversos sectores del frente y subordinar todo lo demás a los intereses del frente. Espero que, en tales circunstancias, Le será perfectamente comprensible que en este momento no pueda emprender un viaje lejano y no pueda, por desgracia, durante el verano y el otoño, cumplir la promesa que Le hice a través del Sr. Davies. Lo lamento mucho, pero las circunstancias, como sabe, son más fuertes que los hombres, y hay que someterse a ellas. Considero absolutamente conveniente un encuentro de representantes responsables de ambos Estados. En la presente situación bélica, podría organizarse bien en Astracán, bien en Arcángel. Si esto no Le conviene personalmente a Usted, podría enviar a uno de los puntos mencionados a una persona de confianza plenamente responsable.

Al mismo tiempo, si esta propuesta es aceptada por Usted, convendría que estableciéramos de antemano el conjunto de cuestiones que serán objeto de discusión, así como los esbozos de las propuestas que deberán ser aprobadas en la conferencia. Ya le dije en su momento al Sr. Davis que no tengo objeciones contra la presencia del Sr. Churchill en esta conferencia, con el fin de transformar la conferencia de representantes de dos Estados en una conferencia de representantes de tres Estados. Sigo manteniendo ahora este punto de vista, a condición de que Usted no tenga objeciones al respecto. 2. Aprovecho la ocasión para saludarlos a Usted y a las tropas angloamericanas por los destacados éxitos en Sicilia, que han conducido al derrumbe de Mussolini y su pandilla. 3. Le agradezco su felicitación al Ejército Rojo y al pueblo soviético con motivo de los éxitos cerca de Oriol.

8 de agosto de 1943.