¡Camaradas!

Hoy los pueblos de la Unión Soviética celebran el 26 aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre.

Por tercera vez, nuestro país celebra el aniversario de su revolución popular en el contexto de la Guerra Patria.

En octubre de 1941 nuestra Patria vivía días difíciles. El enemigo se acercó a la capital. Cercó Leningrado por tierra. Nuestras tropas se vieron obligadas a replegarse. Fueron necesarios enormes esfuerzos del ejército y la tensión de todas las fuerzas del pueblo para detener al enemigo y asestarle un serio golpe cerca de Moscú.

Para octubre de 1942, el peligro para nuestra Patria había aumentado aún más. El enemigo se encontraba entonces a unos 120 kilómetros de Moscú, irrumpió en Stalingrado, penetró en las estribaciones del Cáucaso. Pero incluso en estos días difíciles, el ejército y el pueblo no se desanimaron, sino que soportaron con firmeza todas las pruebas. Encontraron en sí mismos la fuerza para detener al enemigo y asestarle un golpe de respuesta. Fieles a los legados del gran Lenin, sin escatimar fuerzas ni vida, defendieron las conquistas de la Revolución de Octubre. Como es sabido, estos esfuerzos del ejército y del pueblo no fueron en vano.

Poco después de los días de octubre del año pasado, nuestras tropas pasaron a la ofensiva y asestaron a los alemanes un nuevo y potente golpe, primero en Stalingrado, en el Cáucaso, en la zona del curso medio del Don, y luego, a principios de 1943, en Velíkiye Luki, cerca de Leningrado, en la zona de Rzhev y Viazma. Después de esto, el Ejército Rojo ya no soltó la iniciativa de sus manos. Sus golpes, a lo largo de todo el verano de este año, se hacían cada vez más fuertes, su maestría militar crecía de mes en mes. Desde entonces, nuestras tropas obtienen grandes victorias, y los alemanes sufren una derrota tras otra. Por mucho que lo intentó el enemigo, aún no ha logrado obtener ningún éxito mínimamente serio en el frente soviético-alemán.

1. El año del viraje radical en el curso de la guerra

El año transcurrido —del 25º al 26º aniversario de Octubre— es el año del punto de inflexión en la Guerra Patria.

Este año fue un año de viraje, ante todo, porque en este año el Ejército Rojo logró, por primera vez desde el comienzo de la guerra, llevar a cabo una gran ofensiva de verano contra las tropas alemanas, viéndose las tropas fascistas alemanas, bajo los golpes de nuestras tropas, obligadas a abandonar apresuradamente el territorio que habían ocupado, a menudo a salvarse mediante la huida del cerco y a dejar en el campo de batalla gran cantidad de material, depósitos de armamento y municiones, y soldados y oficiales heridos.

De esta manera, los éxitos de nuestra campaña de verano en la segunda mitad de este año fueron la continuación y culminación de los éxitos de nuestra campaña de invierno a principios de este año.

Ahora, cuando el Ejército Rojo, desarrollando los éxitos de la campaña de invierno, ha asestado a las tropas alemanas un poderoso golpe en verano, se puede considerar definitivamente enterrada la fábula de que el Ejército Rojo sería supuestamente incapaz de llevar a cabo una ofensiva exitosa en la época estival. El año transcurrido ha demostrado que el Ejército Rojo puede atacar tan bien en verano como en invierno.

Como resultado de estas operaciones ofensivas, nuestras tropas lograron, durante el año transcurrido, avanzar combatiendo desde 500 kilómetros en la parte central del frente hasta 1.300 kilómetros en el sur, liberando hasta 1 millón de kilómetros cuadrados de territorio, es decir, casi ⅔ de la tierra soviética temporalmente ocupada por el enemigo, mientras que las tropas enemigas fueron rechazadas desde Vladicáucaso hasta Jersón, desde Elistá hasta Krivói Rog, desde Stalingrado hasta Kiev, desde Vorónezh hasta Gómel, desde Viazma y Rzhev hasta las proximidades de Orsha y Vítebsk.

No confiando en la solidez de sus éxitos pasados en el frente soviético-alemán, los alemanes de antemano, a lo largo de un prolongado período, construyeron potentes líneas defensivas, especialmente a lo largo de los grandes ríos. Pero en los combates de este año a los alemanes no los salvaron ni los ríos ni las potentes fortificaciones. Nuestras tropas destruyeron la defensa de los alemanes y solo en los tres meses de verano de 1943 forzaron magistralmente cuatro obstáculos acuáticos muy serios: el Dónets del Norte, el Desná, el Sozh y el Dniéper. Ya no hablo de obstáculos tales como la defensa de los alemanes en la zona del río Mius — al oeste de Rostov y la defensa en la zona del río Molochna — cerca de Melitópol. Ahora el Ejército Rojo golpea con éxito al enemigo al otro lado del Dniéper.

Este año ha sido un año de viraje también porque el Ejército Rojo ha logrado, en un plazo relativamente corto, batir y triturar a los cuadros viejos más experimentados de las tropas fascistas alemanas, templando y multiplicando al mismo tiempo sus propios cuadros en las exitosas batallas ofensivas desarrolladas a lo largo del año. Durante el año transcurrido, el ejército fascista alemán ha perdido en los combates en el frente soviético-alemán más de 4 millones de soldados y oficiales, de los cuales no menos de 1 millón 800 mil son muertos. Además, los alemanes han perdido en este año más de 14 mil aviones, más de 25 mil tanques y no menos de 40 mil cañones.

Ahora el ejército fascista alemán ya no es el que era al comienzo de la guerra. Si al comienzo de la guerra contaba con un número suficiente de cuadros experimentados, ahora está diluido con jóvenes oficiales novatos e inexpertos, a los que los alemanes lanzan apresuradamente al frente, ya que no disponen ni de las reservas necesarias de oficiales ni de tiempo para instruirlos.

Un cuadro completamente distinto presenta hoy el Ejército Rojo. Sus cuadros han crecido y se han templado en los exitosos combates ofensivos del año transcurrido. El número de sus cuadros de combate crece y seguirá creciendo, ya que la existencia de las necesarias reservas de oficiales le da tiempo y la posibilidad de instruir a los jóvenes cuadros de oficiales y promoverlos a puestos de responsabilidad.

Es característico que, en lugar de las 240 divisiones que el año pasado se encontraban frente a nuestro frente, de las cuales 179 divisiones eran alemanas, este año frente al frente del Ejército Rojo se encuentran 257 divisiones, de las cuales 207 divisiones son alemanas. Los alemanes, al parecer, cuentan con compensar la reducida calidad de sus divisiones aumentando su cantidad. Sin embargo, la derrota de los alemanes durante el año transcurrido muestra que la empeorada calidad de las divisiones es imposible de compensar con el aumento de su cantidad.

Desde un punto de vista puramente militar, la derrota de las tropas alemanas en nuestro frente para finales de este año fue predeterminada por dos acontecimientos de suma importancia: la batalla de Stalingrado y la batalla de Kursk.

La batalla de Stalingrado terminó con el cerco de un ejército alemán de 300 mil hombres, la derrota de este último y la captura de aproximadamente ⅓ de las tropas cercadas. Para tener una idea de la magnitud de esa carnicería sin precedentes en la historia que se desencadenó en los campos de Stalingrado, es necesario saber que al finalizar la batalla de Stalingrado se recogieron y sepultaron 147 mil 200 soldados y oficiales alemanes muertos y 46 mil 700 soldados y oficiales soviéticos muertos. Stalingrado fue el ocaso del ejército nazi-fascista. Después de la carnicería de Stalingrado, como se sabe, los alemanes ya no pudieron recuperarse.

En lo que respecta a la batalla de Kursk, esta terminó con la derrota de las dos principales agrupaciones ofensivas de las tropas nazis alemanas y el paso de nuestras tropas a la contraofensiva, que se transformó después en una potente ofensiva de verano del Ejército Rojo. La batalla de Kursk comenzó con la ofensiva de los alemanes sobre Kursk desde el norte y desde el sur. Este fue el último intento de los alemanes de llevar a cabo una gran ofensiva de verano y, en caso de éxito, recuperar lo perdido. La ofensiva terminó, como es sabido, en un fracaso. El Ejército Rojo no solo rechazó la ofensiva de los alemanes, sino que él mismo pasó a la ofensiva y, mediante una serie de golpes sucesivos durante el período estival, hizo retroceder a las tropas nazis alemanas más allá del Dniéper.

Si la batalla de Stalingrado presagiaba el ocaso del ejército nazi, la batalla de Kursk lo colocó ante la catástrofe.

Este año fue un año de cambio decisivo, por último, porque la exitosa ofensiva del Ejército Rojo empeoró radicalmente la situación económica y político-militar de la Alemania fascista, colocándola ante una crisis profundísima.

Los alemanes contaban con llevar a cabo este verano una ofensiva exitosa en el frente soviético-alemán para recuperar lo perdido y elevar su tambaleante autoridad en Europa. Pero el Ejército Rojo desbarató los cálculos de los alemanes, rechazó su ofensiva, pasó él mismo a la ofensiva y empujó a los alemanes hacia el oeste, pisoteando con ello el prestigio de las armas alemanas.

Los alemanes contaban con orientarse hacia una guerra prolongada, comenzaron a construir líneas defensivas y "murallas", declarando a los cuatro vientos la inexpugnabilidad de sus nuevas posiciones. Pero el Ejército Rojo también aquí desbarató los cálculos de los alemanes, rompió sus líneas y "murallas", continúa avanzando con éxito y no les concede plazos para prolongar la guerra.

Los alemanes contaban con enderezar la situación en el frente mediante la movilización “total”. Pero también en esto los acontecimientos echaron por tierra los cálculos de los alemanes. La campaña de verano ya ha devorado ⅔ de los movilizados “totales”, sin que, no obstante, se note que esta circunstancia haya traído mejora alguna a la situación del ejército fascista alemán. Es posible que tengan que declarar una nueva movilización “total”, y no hay fundamento para suponer que la repetición de semejante medida no conduzca al “total” desmoronamiento de cierto Estado.

Los alemanes contaban con retener firmemente Ucrania para utilizar los productos agrícolas ucranianos para su ejército y su población, y el carbón del Donets para las fábricas y el transporte ferroviario al servicio del ejército alemán. Pero también aquí se equivocaron. Como resultado de la exitosa ofensiva del Ejército Rojo, los alemanes perdieron no solo el carbón del Donets, sino también las regiones más ricas en cereales de Ucrania, y no hay motivos para suponer que no pierdan en un futuro próximo también el resto de Ucrania.

Está claro que todos estos errores de cálculo no podían sino empeorar, y efectivamente empeoraron de manera radical, la situación económica y político-militar de la Alemania fascista.

La Alemania fascista atraviesa una profunda crisis. Se encuentra al borde de su catástrofe.

2. Ayuda de todo el pueblo al frente

Los éxitos del Ejército Rojo habrían sido imposibles sin el apoyo del pueblo, sin el trabajo abnegado de los ciudadanos soviéticos en las fábricas y plantas, en las minas y yacimientos, en el transporte y en la agricultura. El pueblo soviético, en difíciles condiciones de guerra, supo proveer a su ejército de todo lo mínimamente necesario y perfeccionó incesantemente su técnica de combate. A lo largo de toda la guerra, el enemigo no logró superar a nuestro ejército en calidad de armamento. Al mismo tiempo, nuestra industria suministraba al frente una cantidad cada vez mayor de técnica de combate.

El año transcurrido fue un año de viraje no solo en el curso de las acciones bélicas, sino también en el trabajo de nuestra retaguardia. Ante nosotros ya no se planteaban tareas tales como la evacuación de empresas al este y la reconversión de la industria para la producción de armamento. El Estado soviético posee ahora una economía de guerra coordinada y en rápido crecimiento. En consecuencia, todos los esfuerzos del pueblo pudieron concentrarse en el aumento de la producción y en el ulterior perfeccionamiento del armamento, especialmente de tanques, aviones, cañones y artillería autopropulsada. En esto hemos alcanzado grandes éxitos. El Ejército Rojo, apoyándose en el respaldo de todo el pueblo, recibía sin interrupción pertrechos de combate, lanzaba sobre el enemigo millones de bombas, minas y proyectiles, introducía en la batalla miles de tanques y aviones. Se puede decir con pleno fundamento que el trabajo abnegado de los ciudadanos soviéticos en la retaguardia pasará a la historia, junto con la heroica lucha del Ejército Rojo, como una hazaña sin parangón del pueblo en la defensa de la Patria.

Los trabajadores de la Unión Soviética, que durante los años de construcción pacífica crearon una industria socialista altamente desarrollada y poderosa, desplegaron durante la Guerra Patria un trabajo intenso y enérgico en ayuda del frente, demostrando verdadero heroísmo laboral.

Es de todos conocido que los hitlerianos dispusieron en la guerra contra la URSS no solo de la industria altamente desarrollada de Alemania, sino también de la industria bastante potente de los países vasallos y ocupados. Y, a pesar de todo, los hitlerianos no pudieron conservar la superioridad cuantitativa en técnica militar que tenían al comienzo de la guerra contra la Unión Soviética. Si ahora ha sido liquidada la antigua superioridad del enemigo en cantidad de tanques, aviones, morteros y fusiles ametralladores, si nuestro ejército no experimenta hoy una seria escasez de armamento, municiones y pertrechos, en ello hay que ver, ante todo, el mérito de nuestra clase obrera.

Los campesinos de la Unión Soviética, que durante los años de construcción pacífica transformaron, sobre la base del régimen koljosiano, la agricultura atrasada en una agricultura avanzada, manifestaron durante la Guerra Patria una elevada conciencia de los intereses de todo el pueblo, sin precedentes en la historia del campo. Con su trabajo abnegado en ayuda del frente, demostraron que el campesinado soviético considera la actual guerra contra los alemanes como una causa de su propia sangre, una guerra por su vida y su libertad.

Se sabe que, como resultado de la invasión de las hordas fascistas, nuestro país se vio privado temporalmente de importantes regiones agrícolas de Ucrania, el Don y el Kubán. Y, sin embargo, nuestros koljoses abastecieron sin interrupciones graves de víveres al ejército y al país. Por supuesto, sin el régimen koljosiano, sin la labor abnegada de los koljosianos y las koljosianas, no habríamos podido resolver esta difícilísima tarea. Si en el tercer año de la guerra nuestro ejército no experimenta escasez de víveres, si la población es abastecida de alimentos y la industria de materias primas, en ello se manifestaron la fuerza y la vitalidad del régimen koljosiano, el patriotismo del campesinado koljosiano.

Nuestro transporte desempeñó un gran papel en la ayuda al frente, ante todo el transporte ferroviario, así como el transporte fluvial, marítimo y automovilístico. El transporte es, como se sabe, el medio más importante de enlace entre la retaguardia y el frente. Se puede producir gran cantidad de armamento y municiones, pero si no se entregan a tiempo al frente mediante el transporte, pueden quedar como una carga inútil para la causa del frente. Hay que decir que, en la tarea de suministrar oportunamente al frente armamento, municiones, víveres, vestuario, etc., el papel del transporte es decisivo. Y si, a pesar de las dificultades del tiempo de guerra y la falta de combustible, logramos de todos modos abastecer al frente con todo lo necesario, en ello hay que reconocer ante todo el mérito de nuestros trabajadores y empleados del transporte.

De la clase obrera y del campesinado no se queda atrás en la labor de ayuda al frente tampoco nuestra intelectualidad. La intelectualidad soviética trabaja con abnegación en la defensa de nuestro país, perfecciona incesantemente el armamento del Ejército Rojo, la técnica y la organización de la producción. Ayuda a los obreros y a los koljosianos en el ascenso de la industria y de la agricultura, impulsa hacia adelante, en las condiciones de la guerra, la ciencia y la cultura soviéticas.

Esto hace honor a nuestra intelectualidad.

Todos los pueblos de la Unión Soviética se alzaron unánimemente en defensa de su Patria, considerando con justicia la actual Guerra Patria como la causa común de todos los trabajadores, sin distinción de nacionalidad ni de religión. Ahora, los propios políticos hitlerianos ven cuán irremediablemente estúpidos fueron sus cálculos sobre la escisión y los choques entre los pueblos de la Unión Soviética. La amistad de los pueblos de nuestro país ha resistido todas las dificultades y pruebas de la guerra y se ha templado aún más en la lucha común de todos los soviéticos contra los invasores fascistas.

En esto reside la fuente de la fuerza de la Unión Soviética.

La fuerza dirigente y orientadora del pueblo soviético, tanto en los años de la construcción pacífica como en los días de la guerra, fue el partido de Lenin, el partido de los bolcheviques. Ningún partido ha tenido ni tiene tal autoridad entre las masas populares como nuestro partido bolchevique. Y esto es comprensible. Bajo la dirección del partido de los bolcheviques, los obreros, los campesinos y los intelectuales de nuestro país conquistaron su libertad y construyeron la sociedad socialista. En los días de la Guerra Patria, el partido se presentó ante nosotros como inspirador y organizador de la lucha de todo el pueblo contra los invasores fascistas. La labor organizadora del partido unificó y orientó hacia un objetivo común todos los esfuerzos de los soviéticos, subordinando todas nuestras fuerzas y medios a la causa de la derrota del enemigo. Durante la guerra, el partido se hermanó aún más con el pueblo, se vinculó aún más estrechamente con las amplias masas de trabajadores.

En esto reside la fuente de la fuerza de nuestro Estado.

La guerra actual ha confirmado con toda fuerza la conocida indicación de Lenin de que la guerra es una prueba integral de todas las fuerzas materiales y espirituales de cada pueblo. La historia de las guerras enseña que sólo aquellos Estados superaban esta prueba que resultaban ser más fuertes que su adversario en el desarrollo y organización de la economía, en la experiencia, maestría y espíritu combativo de sus tropas, en la entereza y unidad del pueblo a lo largo de toda la guerra. Precisamente un Estado así es nuestro Estado.

El Estado soviético nunca había sido tan sólido e inquebrantable como ahora, en el tercer año de la Guerra Patria. Las lecciones de la guerra demuestran que el régimen soviético resultó ser no solo la mejor forma de organización del ascenso económico y cultural del país en los años de construcción pacífica, sino también la mejor forma de movilización de todas las fuerzas del pueblo para rechazar al enemigo en tiempo de guerra. El Poder soviético, creado hace 26 años, en un breve plazo histórico convirtió a nuestro país en una fortaleza indestructible. El Ejército Rojo, de todos los ejércitos del mundo, posee la retaguardia más sólida y segura.

En esto reside la fuente de la fuerza de la Unión Soviética.

No hay duda de que el Estado soviético saldrá de la guerra fuerte y aún más fortalecido. Los invasores alemanes devastan y arrasan nuestras tierras, esforzándose por socavar el poderío de nuestro Estado. La ofensiva del Ejército Rojo ha revelado, en una medida aún mayor que antes, el carácter bárbaro y bandidesco del ejército hitleriano. Los alemanes han exterminado en las regiones que ocuparon a cientos de miles de nuestros civiles pacíficos. Como bárbaros medievales o las hordas de Atila, los malhechores alemanes pisotean los campos, incendian aldeas y ciudades, destruyen empresas industriales e instituciones culturales. Las atrocidades de los alemanes hablan de la debilidad de los invasores fascistas, pues así actúan solo los advenedizos que no creen ellos mismos en su victoria. Y cuanto más desesperada se vuelve la situación de los hitlerianos, con mayor furia se entregan a sus bestialidades y saqueos. ¡Nuestro pueblo no perdonará estos crímenes a los monstruos alemanes. Haremos que los criminales alemanes respondan por todas sus atrocidades!

En las regiones donde temporalmente camparon los pogromistas fascistas, deberemos resurgir las ciudades y aldeas destruidas, la industria, el transporte, la agricultura, las instituciones culturales, crear para los soviéticos, liberados de la esclavitud fascista, condiciones normales de vida. Ya ahora se ha desplegado a pleno ritmo la labor de restauración de la economía y la cultura en las regiones liberadas del enemigo. Pero esto es solo el comienzo. Es necesario que liquidemos por completo las consecuencias del dominio de los alemanes en las regiones liberadas de la ocupación alemana. Esta es una gran tarea de todo el pueblo. Podemos y debemos resolver esta difícil tarea en un corto plazo.

3. Fortalecimiento de la coalición antihitleriana. Descomposición del bloque fascista.

El año transcurrido fue un punto de inflexión no solo en la Guerra Patria de la Unión Soviética, sino también en toda la guerra mundial.

Los cambios ocurridos durante este año en la situación militar y en la política exterior se han configurado a favor de la URSS y de los países aliados amigos, en perjuicio de Alemania y de sus cómplices de saqueo en Europa.

Los resultados y consecuencias de las victorias del Ejército Rojo han rebasado con mucho los límites del frente soviético-alemán, han cambiado todo el curso ulterior de la guerra mundial y han adquirido una gran importancia internacional. La victoria de los países aliados sobre el enemigo común se ha aproximado, y las relaciones entre los aliados, la cooperación combativa de sus ejércitos, en contra de lo que esperaban los enemigos, no sólo no se han debilitado, sino que, por el contrario, se han fortalecido y consolidado. De ello hablan también con elocuencia las históricas decisiones de la Conferencia de Moscú de los representantes de la Unión Soviética, Gran Bretaña y los Estados Unidos de América, publicadas recientemente en la prensa. Ahora, nuestros países unidos están llenos de la decisión de asestar golpes conjuntos al enemigo, que conducirán a la victoria final sobre él.

En el presente año, los golpes del Ejército Rojo contra las tropas alemanas fascistas han sido apoyados por las acciones combativas de nuestros aliados en África del Norte, en la cuenca del mar Mediterráneo y en Italia meridional. Al mismo tiempo, los aliados han sometido y continúan sometiendo a un bombardeo sistemático los importantes centros industriales de Alemania, debilitando así considerablemente la potencia militar del enemigo. Si a todo esto añadimos el hecho de que los aliados nos suministran regularmente diverso armamento y materias primas, se puede decir sin exageración que con todo ello han facilitado considerablemente los éxitos de nuestra campaña de verano. Claro está que las actuales acciones de los ejércitos aliados en el sur de Europa no pueden ser consideradas todavía como un segundo frente. Pero, de todos modos, es algo parecido a un segundo frente. Es comprensible que la apertura de un verdadero segundo frente en Europa, que no está lejana, acelerará considerablemente la victoria sobre la Alemania hitleriana y fortalecerá aún más la colaboración combativa de los Estados Aliados.

De tal modo, los acontecimientos del año transcurrido muestran que la coalición antihitleriana es una sólida unión de los pueblos y se asienta sobre un firme fundamento.

Ahora ya es evidente para todos que la camarilla hitleriana, al desencadenar la actual guerra, ha llevado a Alemania y a sus lacayos a un callejón sin salida. Las derrotas de las tropas fascistas en el frente soviético-alemán y los golpes de nuestros aliados contra las tropas ítalo-alemanas han sacudido todo el edificio del bloque fascista, y este se está derrumbando ahora ante nuestros ojos.

Italia ha caído irrevocablemente de la coalición hitleriana. Mussolini no puede cambiar nada, pues es, en esencia, un prisionero de los alemanes. Les toca el turno a los demás participantes de la coalición. Finlandia, Hungría, Rumania y otros vasallos de Hitler, desconcertados por las derrotas militares de Alemania, han perdido ya definitivamente la fe en un desenlace de la guerra favorable para ellos y están preocupados por cómo salir del atolladero al que los arrastró Hitler. Los cómplices de la Alemania hitleriana en el saqueo, que hasta no hace mucho eran sumisos a su amo, ahora, cuando ha llegado la hora de responder por el latrocinio, miran hacia los matorrales, eligiendo el momento oportuno para escabullirse discretamente de la banda de salteadores.

Al entrar en la guerra, los participantes del bloque hitleriano contaban con una victoria rápida. Ya de antemano se habían repartido qué le tocaría a cada cual: a unos, pasteles y rosquillas; a otros, golpes y chichones. Se entiende que los golpes y chichones se los destinaban a sus adversarios, y para sí, pasteles y rosquillas. Pero ahora está claro que a Alemania y a sus lacayos no les tocarán pasteles y rosquillas, que tendrán que repartirse entre ellos golpes y chichones.

Previendo esta perspectiva poco envidiable, los cómplices de Hitler se devanan ahora los sesos pensando en cómo salir de la guerra, recibiendo al hacerlo la menor cantidad posible de cardenales y chichones.

El ejemplo de Italia muestra a los vasallos de Hitler que cuanto más postergan la inevitable ruptura con los alemanes y les permiten actuar como dueños en sus Estados, tanto mayor devastación aguarda a sus países, tanto mayores sufrimientos tendrán que soportar sus pueblos. El ejemplo de Italia muestra también que la Alemania hitleriana ni siquiera piensa en defender a sus países vasallos, sino que se propone convertirlos en escenario de una guerra devastadora, con tal de aplazar la hora de su propia derrota.

La causa del fascismo alemán está perdida, y el sangriento "nuevo orden" creado por él se encamina al desastre. En los países ocupados de Europa crece una explosión de indignación popular contra los esclavizadores fascistas. Se ha perdido irremediablemente el antiguo prestigio de Alemania en los países aliados con ella y en los neutrales, y se han socavado sus vínculos económicos y políticos con los Estados neutrales.

El tiempo en que la camarilla hitleriana alborotaba ruidosamente a propósito de la conquista de la dominación mundial por los alemanes ha quedado muy atrás. Ahora, como es sabido, los alemanes no están para dominación mundial: no están para lujos, con tal de seguir vivos.

De tal modo, el curso de la guerra ha mostrado que la alianza de los Estados fascistas no tenía ni tiene bajo sí una base sólida. La coalición hitleriana se formó sobre la base de las aspiraciones de conquista y rapiña de sus participantes. Mientras los hitlerianos tenían éxitos militares, la coalición fascista parecía una unión firme. Pero las primeras derrotas de las tropas fascistas condujeron a la desintegración de hecho del bloque bandidesco.

La Alemania hitleriana y sus vasallos se encuentran en vísperas de su catástrofe.

La victoria de los países aliados sobre la Alemania hitleriana pondrá a la orden del día importantes cuestiones de organización y reconstrucción de la vida estatal, económica y cultural de los pueblos europeos. La política de nuestro gobierno en estas cuestiones permanece invariable. Junto con nuestros aliados deberemos:

1) liberar a los pueblos de Europa de los invasores fascistas y prestarles ayuda en la reconstrucción de sus Estados nacionales, desmembrados por los esclavizadores fascistas, – los pueblos de Francia, Bélgica, Yugoslavia, Checoslovaquia, Polonia, Grecia y otros Estados que se encuentran bajo el yugo alemán deben volver a ser libres e independientes;

2) conceder a los pueblos liberados de Europa el pleno derecho y la libertad de decidir por sí mismos la cuestión de su estructura estatal;

3) adoptar medidas para que todos los criminales fascistas, culpables de la presente guerra y de los sufrimientos de los pueblos, sea cual fuere el país donde se oculten, reciban un severo castigo y la retribución por todas las atrocidades por ellos cometidas;

4) establecer en Europa un orden tal que excluyera por completo la posibilidad de una nueva agresión por parte de Alemania;

5) Crear una cooperación económica, política y cultural duradera entre los pueblos de Europa, basada en la confianza mutua y la ayuda recíproca, con el objetivo de restaurar la economía y la cultura destruidas por los alemanes.

* * *

El Ejército Rojo y el pueblo soviético han alcanzado durante el año transcurrido grandes éxitos en la lucha contra los invasores alemanes. Hemos logrado un viraje radical en la guerra a favor de nuestro país, y la guerra ahora marcha hacia su desenlace final. Pero a los hombres soviéticos no les corresponde detenerse en lo alcanzado, embriagarse con sus éxitos. La victoria se puede dejar escapar si en nuestras filas aparece el conformismo. La victoria no se obtiene sin lucha y sin tensión. Se conquista en el combate. La victoria ahora está cerca, pero para conquistarla es necesaria una nueva tensión de fuerzas, el trabajo abnegado de toda la retaguardia, las acciones hábiles y decididas del Ejército Rojo en el frente. Sería un crimen ante la Patria, ante los hombres soviéticos que temporalmente han caído bajo el yugo fascista, ante los pueblos de Europa que desfallecen bajo el yugo alemán, si no utilizáramos todas las posibilidades para acelerar la derrota del enemigo. No se puede dar respiro al enemigo. He aquí por qué debemos tensar todas nuestras fuerzas para rematar al enemigo.

El pueblo soviético y el Ejército Rojo ven claramente las dificultades de la lucha venidera. Pero ahora ya está claro que se aproxima el día de nuestra victoria. La guerra ha entrado en aquella fase en que se trata de la expulsión total de los ocupantes de la tierra soviética y de la liquidación del fascista "nuevo orden en Europa". No está lejano el tiempo en que terminemos la limpieza del enemigo en Ucrania y Bielorrusia, en las regiones de Leningrado y Kalinin, liberemos de los invasores alemanes a los pueblos de Crimea, Lituania, Estonia, Moldavia y la República Carelo-Finesa.

¡Camaradas!

¡Por la victoria de la alianza de combate anglo-soviético-estadounidense!

¡Por la liberación de los pueblos de Europa del yugo fascista!

¡Por la expulsión total de los monstruos alemanes de nuestra tierra!

¡Viva nuestro Ejército Rojo!

¡Viva nuestra Flota Marítima de Guerra!

¡Vivan nuestros valientes partisanos y partisanas!

¡Viva nuestra gran Patria!

¡Muerte a los invasores alemanes!

Pravda. 7 de noviembre de 1943