PERSONAL Y SECRETO DEL PREMIER I. V. STALIN AL PRESIDENTE ROOSEVELT

Su mensaje sobre la cuestión polaca lo he recibido. Por supuesto, la solución correcta de esta cuestión tiene una importancia esencial tanto para la URSS como para nuestra causa común. Aquí existen dos puntos principales: el primero, la frontera soviético-polaca; el segundo, la composición del Gobierno polaco. El punto de vista del Gobierno soviético le es conocido a usted por las declaraciones recientemente publicadas por él y por la carta de V. M. Mólotov en respuesta a la nota del Sr. Hull, recibida en Moscú a través del Embajador soviético Gromyko el 22 de enero. Ante todo, sobre la frontera soviético-polaca. Como se sabe, el Gobierno soviético declaró oficialmente que no considera invariable la frontera de 1939 y aceptó la línea Curzon. Con ello hicimos concesiones muy grandes a los polacos en la cuestión de la frontera.

Teníamos derecho a esperar la correspondiente declaración del Gobierno Polaco. El Gobierno Polaco debería haber hecho una declaración oficial de que la frontera establecida por el Tratado de Riga está sujeta a modificación y que la línea Curzon es aceptada por él como la línea de la nueva frontera entre la URSS y Polonia.

Semejante declaración sobre el reconocimiento de la línea Curzon, el Gobierno Polaco debería haberla hecho de manera tan oficial como ya lo ha hecho el Gobierno Soviético. No obstante, el Gobierno Polaco en Londres no se ha movido de su sitio, manifestándose como antes en sus intervenciones oficiales a favor de que la frontera que en un momento difícil nos fue impuesta por el Tratado de Riga debe permanecer invariable.

Por consiguiente, aquí no hay base para un acuerdo, ya que el punto de vista del actual Gobierno Polaco, como se ve, excluye la posibilidad de un acuerdo. En relación con esta circunstancia, se ha agravado también la cuestión de la composición del Gobierno Polaco. Al mismo tiempo, está claro que el Gobierno Polaco, en el que desempeñan el papel principal elementos imperialistas profascistas hostiles a la Unión Soviética, como Sosnkowski, y en el que casi no hay elementos democráticos, no puede tener base en la propia Polonia y no puede, como ha demostrado la experiencia, establecer relaciones de amistad con los Estados democráticos vecinos.

Es natural que semejante Gobierno Polaco no esté en condiciones de establecer relaciones amistosas con la Unión Soviética, y de él no se puede esperar que no siembre la discordia entre los países democráticos, los cuales, por el contrario, están interesados en fortalecer la unidad entre ellos.

De ello se deduce que el mejoramiento radical de la composición del Gobierno Polaco es una tarea ya madura. Tardé en responder debido a mis ocupaciones en el frente.

18 de febrero de 1944.