PERSONAL Y SECRETO DEL PRIMER MINISTRO I. V. STALIN AL PRIMER MINISTRO Sr. W. CHURCHILL

Últimamente he recibido de usted dos mensajes sobre la cuestión polaca y me he familiarizado con la declaración del Sr. Kerr a V. M. Mólotov, hecha por encargo suyo sobre la misma cuestión71. No he podido responder a tiempo, ya que los asuntos del frente a menudo me distraen de las cuestiones no militares.

Respondo a las preguntas.

Salta a la vista que tanto sus mensajes como, en especial, la declaración de Kerr están salpicados de amenazas contra la Unión Soviética. Quisiera llamar su atención sobre esta circunstancia, ya que el método de las amenazas no solo es incorrecto en las relaciones entre aliados, sino también perjudicial, pues puede conducir a resultados contrarios.

Los esfuerzos de la Unión Soviética en la defensa y aplicación de la línea Curzon son calificados por usted en uno de sus mensajes como una política de fuerza. Esto significa que usted intenta calificar ahora la línea Curzon como ilegítima y la lucha por ella como injusta.

De ningún modo puedo estar de acuerdo con semejante posición. No puedo dejar de recordar que en Teherán usted, el Presidente y yo acordamos la legitimidad de la línea Curzon. Usted consideraba entonces que la posición del Gobierno Soviético en esta cuestión era completamente correcta, y llamaba locos a los representantes del gobierno emigrante polaco si se negaban a aceptar la línea Curzon. Ahora, sin embargo, defiende usted algo directamente opuesto.

¿Significa esto que usted ya no reconoce aquello sobre lo que acordamos en Teherán y, con ello, viola el acuerdo de Teherán? No dudo de que si usted continuara manteniéndose firmemente, como antes, en su posición de Teherán, el conflicto con el gobierno emigrante polaco ya estaría resuelto.

En lo que a mí y al Gobierno Soviético respecta, seguimos manteniéndonos en la posición de Teherán y no pensamos apartarnos de ella, pues consideramos que la realización de la línea Curzon no es una manifestación de una política de fuerza, sino una manifestación de la política de restauración de los derechos legítimos de la Unión Soviética sobre aquellas tierras que incluso Curzon y el Consejo Supremo de las Potencias Aliadas ya en 1919 reconocieron como no polacas.

Usted declara en el mensaje del 7 de marzo que la cuestión de la frontera soviético-polaca deberá ser aplazada hasta la convocatoria de una conferencia sobre el armisticio. Pienso que estamos ante un malentendido. La Unión Soviética no está en guerra ni tiene intención de entrar en guerra con Polonia.

La Unión Soviética no tiene ningún conflicto con el pueblo polaco y se considera aliada de Polonia y del pueblo polaco. Precisamente por eso la Unión Soviética derrama su sangre para liberar a Polonia de la opresión alemana.

Por lo tanto, sería extraño hablar de un armisticio entre la URSS y Polonia. Pero el Gobierno soviético tiene un conflicto con el gobierno polaco en el exilio, que no refleja los intereses del pueblo polaco ni expresa sus aspiraciones.

Sería aún más extraño identificar con Polonia al gobierno polaco emigrante en Londres, desgajado de Polonia. Me resulta difícil incluso señalar la diferencia entre el gobierno emigrante de Polonia y el similar gobierno emigrante de Yugoslavia, así como entre algunos generales del gobierno emigrante polaco y el general serbio Mijáilovich.

En su mensaje del 21 de marzo, usted comunica que tiene la intención de presentar en la Cámara de los Comunes una declaración según la cual todas las cuestiones sobre cambios territoriales deben ser aplazadas hasta el armisticio o la conferencia de paz de las potencias vencedoras, y que hasta entonces usted no puede reconocer ninguna transferencia de territorios efectuada por la fuerza.

Lo entiendo así, que usted presenta a la Unión Soviética como una fuerza hostil a Polonia y, de hecho, niega el carácter liberador de la guerra de la Unión Soviética contra la agresión alemana. Esto equivale a un intento de atribuir a la Unión Soviética lo que no existe en la realidad y, con ello, desacreditarla.

No dudo que los pueblos de la Unión Soviética y la opinión pública mundial percibirán semejante declaración suya como un insulto inmerecido dirigido a la Unión Soviética.

Por supuesto, usted es libre de hacer cualquier declaración en la Cámara de los Comunes, es asunto suyo. Pero si usted hace tal declaración, consideraré que ha cometido un acto de injusticia y hostilidad hacia la Unión Soviética.

En su mensaje expresa usted la esperanza de que el fracaso en la cuestión polaca no afecte a nuestra cooperación en otras esferas. Por lo que a mí respecta, he estado y sigo estando a favor de la cooperación. Pero temo que el método de amenazas y descrédito, si continúa en el futuro, no favorecerá nuestra cooperación.

23 de marzo de 1944.

71 Se hace referencia a la declaración verbal del embajador inglés en la URSS del 19 de marzo de 1944, en la que el embajador, por encargo de Churchill, insistía en que el Gobierno soviético llegara a un acuerdo con el gobierno emigrante polaco sobre la base de la propuesta de Churchill: aplazar la solución de la cuestión de la frontera soviético-polaca hasta la convocatoria de la conferencia sobre el armisticio.

Al mismo tiempo, el embajador afirmaba que si la opinión expresada por el Gobierno soviético durante las negociaciones anglo-soviéticas sobre la cuestión polaca, respecto a que la frontera polaco-soviética debía discurrir por la "línea Curzon", llegaba a conocimiento de la opinión pública, ello provocaría una "decepción general" tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos.

La negativa del Gobierno soviético, declaró, a aceptar la propuesta de Churchill podría crear dificultades en las relaciones anglo-soviéticas, "arrojar una sombra" sobre la realización de las operaciones militares acordadas en Teherán y complicar la conducción de la guerra por las Naciones Unidas en su conjunto.