PERSONAL, ESTRICTAMENTE SECRETO DEL MARISCAL J. V. STALIN AL PRESIDENTE SEÑOR ROOSEVELT

He recibido su mensaje sobre la cuestión de las negociaciones en Berna. Tiene usted toda la razón en que, en relación con la historia de las negociaciones del mando angloamericano con el mando alemán en algún lugar de Berna o en otro sitio, "se ha creado ahora una atmósfera de lamentables temores y desconfianza". Usted afirma que aún no ha habido negociación alguna. Hay que suponer que a usted no le han informado plenamente. En lo que respecta a mis colegas militares, ellos, basándose en los datos que poseen, no dudan de que las negociaciones tuvieron lugar y terminaron en un acuerdo con los alemanes, en virtud del cual el comandante alemán en el frente occidental, el mariscal Kesselring, accedió a abrir el frente y dejar pasar hacia el este a las tropas angloamericanas, y los angloamericanos prometieron a cambio facilitar a los alemanes las condiciones del armisticio. Creo que mis colegas están cerca de la verdad. De lo contrario, sería incomprensible el hecho de que los angloamericanos se negaran a permitir la entrada en Berna de los representantes del Mando soviético para participar en las negociaciones con los alemanes. Tampoco me es comprensible el silencio de los ingleses, que le han dejado a usted mantener la correspondencia conmigo sobre esta cuestión desagradable, mientras ellos mismos siguen callados, aunque se sabe que la iniciativa en toda esta historia de las negociaciones en Berna pertenece a los ingleses. Comprendo que hay ciertas ventajas para las tropas angloamericanas como resultado de estas negociaciones por separado en Berna o en algún otro lugar, puesto que las tropas angloamericanas obtienen la posibilidad de avanzar hacia el interior de Alemania casi sin resistencia alguna por parte de los alemanes, pero ¿por qué había que ocultar esto a los rusos y por qué no advirtieron de ello a sus aliados, los rusos? Y resulta que, en este momento, los alemanes en el frente occidental han cesado de hecho la guerra contra Inglaterra y América. Al mismo tiempo, los alemanes continúan la guerra contra Rusia, aliada de Inglaterra y los EE.UU. Es comprensible que semejante situación no pueda en modo alguno servir a la causa del mantenimiento y fortalecimiento de la confianza entre nuestros países. Ya le escribí a usted en mi mensaje anterior y considero necesario repetir aquí que yo personalmente y mis colegas no daríamos en ningún caso un paso tan arriesgado, conscientes de que una ventaja momentánea, por grande que sea, palidece ante la ventaja de principio que supone mantener y fortalecer la confianza entre los aliados.

3 de abril de 1945.