Camaradas, permítanme alzar una copa más, la última.

Quisiera alzar mi copa por la salud de nuestro pueblo soviético, y, ante todo, del pueblo ruso.

Bebo ante todo por la salud del pueblo ruso porque es la nación más destacada de todas las naciones que componen la Unión Soviética.

Alzo esta copa por la salud del pueblo ruso porque en esta guerra se ha ganado el reconocimiento general como la fuerza dirigente de la Unión Soviética entre todos los pueblos de nuestro país.

Alzo mi copa por la salud del pueblo ruso no solo porque es el pueblo dirigente, sino también porque posee una mente clara, un carácter firme y paciencia.

Nuestro gobierno cometió no pocos errores, tuvimos momentos de situación desesperada en 1941-1942, cuando nuestro ejército se replegaba, abandonaba nuestras queridas aldeas y ciudades de Ucrania, Bielorrusia, Moldavia, la región de Leningrado, los países bálticos, la República Karelo-Finesa, las abandonaba porque no había otra salida. Otro pueblo podría haberle dicho al gobierno: no han justificado nuestras expectativas, váyanse, pondremos otro gobierno que firme la paz con Alemania y nos asegure la tranquilidad. Pero el pueblo ruso no optó por eso, porque creía en la justeza de la política de su gobierno, y aceptó sacrificios para asegurar la derrota de Alemania. Y esta confianza del pueblo ruso en el gobierno soviético resultó ser esa fuerza decisiva que aseguró la victoria histórica sobre el enemigo de la humanidad: sobre el fascismo.

¡Gracias a él, al pueblo ruso, por esta confianza!

¡Por la salud del pueblo ruso!

* * *

Propongo un brindis por el dirigente de nuestra política exterior, Viacheslav Mijáilovich Mólotov. No olvidemos que una buena política exterior a veces pesa más que dos o tres ejércitos en el frente. ¡Por nuestro Viacheslav!

Pravda. 25 de mayo de 1945

(De acuerdo al informe periodístico)