PERSONAL Y SECRETO DEL PREMIER J. V. STALIN AL PRIMER MINISTRO Sr. W. CHURCHILL

A pesar de que el Gobierno Yugoslavo aceptó la propuesta de los Gobiernos Americano y Británico respecto a la región de Istria — Trieste, las negociaciones en Trieste, según se ve, han llegado a un punto muerto. Esto se explica principalmente por el hecho de que los representantes del Mando Aliado en el Mediterráneo no quieren tener en cuenta ni siquiera los mínimos deseos de los yugoslavos, a quienes pertenece el mérito de la liberación de los invasores alemanes de este territorio, donde además predomina la población yugoslava. Tal situación no puede considerarse satisfactoria desde el punto de vista de los aliados.

No deseando agravar las relaciones, hasta ahora no he mencionado en la correspondencia la conducta del mariscal de campo Alexander, pero ahora es necesario subrayar que no se puede estar de acuerdo con que en estas negociaciones se emplee el tono arrogante que a veces utiliza el mariscal de campo Alexander en relación con los yugoslavos.

Es imposible estar de acuerdo con que el mariscal de campo Alexander, en un discurso público oficial, se haya permitido comparar al mariscal Tito con Hitler y Mussolini. Tal comparación es injusta y ofensiva para Yugoslavia.

Para el Gobierno Soviético fue también inesperado el tono de ultimátum en aquella declaración con la que los representantes angloamericanos se dirigieron al Gobierno Yugoslavo el 2 de junio. ¿Cómo se puede esperar asegurar resultados sólidos y positivos con semejantes métodos?

Todo esto me obliga a llamar su atención sobre la situación creada. Sigo esperando que, en lo que respecta a Trieste — Istria, los justos intereses yugoslavos sean satisfechos, teniendo en cuenta especialmente la circunstancia de que, en la cuestión principal, los yugoslavos han ido al encuentro de los aliados.

21 de junio de 1945.