¡Camaradas!

Han transcurrido ocho años desde las últimas elecciones al Soviet Supremo. Este fue un período rico en acontecimientos de carácter decisivo. Los primeros cuatro años transcurrieron en medio del intenso trabajo de los soviéticos para llevar a cabo el tercer plan quinquenal. Los segundos cuatro años abarcan los acontecimientos de la guerra con los agresores alemanes y japoneses, los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. Es indudable que la guerra constituye el momento principal del período transcurrido.

Sería incorrecto pensar que la segunda guerra mundial surgió por casualidad o como resultado de errores de unos u otros estadistas, aunque ciertamente los errores tuvieron lugar. En realidad, la guerra surgió como resultado inevitable del desarrollo de las fuerzas económicas y políticas mundiales sobre la base del capitalismo monopolista contemporáneo. Los marxistas han declarado en repetidas ocasiones que el sistema capitalista de la economía mundial encierra en sí elementos de crisis general y de choques militares, y que, en vista de ello, el desarrollo del capitalismo mundial en nuestra época no se produce en forma de un avance suave y uniforme, sino a través de crisis y catástrofes militares. El hecho es que la desigualdad del desarrollo de los países capitalistas suele conducir, con el paso del tiempo, a una brusca alteración del equilibrio dentro del sistema mundial del capitalismo, y el grupo de países capitalistas que se considera menos abastecido de materias primas y mercados de venta habitualmente intenta cambiar la situación y redistribuir las “esferas de influencia” a su favor mediante el empleo de la fuerza armada. Como resultado de ello, se produce la escisión del mundo capitalista en dos campos hostiles y la guerra entre ellos.

Quizá se habrían podido evitar las catástrofes militares si hubiera existido la posibilidad de redistribuir periódicamente las materias primas y los mercados de venta entre los países, conforme a su peso económico, mediante la adopción de decisiones concertadas y pacíficas. Pero esto es imposible de llevar a cabo en las actuales condiciones capitalistas de desarrollo de la economía mundial.

Así, como resultado de la primera crisis del sistema capitalista de la economía mundial, surgió la primera guerra mundial; como resultado de la segunda crisis, surgió la segunda guerra mundial.

Esto no significa, por supuesto, que la Segunda Guerra Mundial sea una copia de la primera. Al contrario, la Segunda Guerra Mundial se diferencia sustancialmente de la primera por su carácter. Hay que tener en cuenta que los principales Estados fascistas —Alemania, Japón, Italia—, antes de atacar a los países aliados, destruyeron en su seno los últimos vestigios de las libertades democrático-burguesas e instauraron en su territorio un cruel régimen terrorista, pisotearon el principio de la soberanía y del libre desarrollo de los países pequeños, proclamaron la política de conquista de tierras ajenas como política propia y declararon a los cuatro vientos que aspiran a la dominación mundial y a la extensión del régimen fascista por todo el mundo, y con la toma de Checoslovaquia y de las regiones centrales de China, los Estados del Eje demostraron que están dispuestos a llevar a la práctica su amenaza de esclavizar a todos los pueblos amantes de la libertad. En vista de ello, la Segunda Guerra Mundial contra los Estados del Eje, a diferencia de la Primera Guerra Mundial, asumió desde el principio el carácter de una guerra antifascista, de liberación, una de cuyas tareas era también la restauración de las libertades democráticas. La entrada de la Unión Soviética en la guerra contra los Estados del Eje no pudo sino reforzar —y, en efecto, reforzó— el carácter antifascista y liberador de la Segunda Guerra Mundial.

Sobre esta base se formó la coalición antifascista de la Unión Soviética, los Estados Unidos de América, Gran Bretaña y otros Estados amantes de la libertad, que desempeñó luego un papel decisivo en la derrota de las fuerzas armadas de los Estados del Eje.

Así están las cosas con la cuestión del origen y el carácter de la segunda guerra mundial.

Ahora, quizás, todos reconocen que la guerra realmente no fue ni pudo ser una casualidad en la vida de los pueblos, que se convirtió de hecho en una guerra de los pueblos por su existencia, y que precisamente por eso no pudo ser fugaz, relámpago.

En lo que respecta a nuestro país, esta guerra fue para él la más cruel y difícil de todas las guerras jamás vividas en la historia de nuestra Patria.

Pero la guerra no fue solo una maldición. Fue al mismo tiempo una gran escuela de prueba y verificación de todas las fuerzas del pueblo. La guerra desnudó todos los hechos y acontecimientos en la retaguardia y en el frente, arrancó sin piedad todos los velos y coberturas que ocultaban el verdadero rostro de los Estados, los gobiernos, los partidos, y los puso en escena sin máscara, sin adornos, con todos sus defectos y virtudes. La guerra organizó algo así como un examen a nuestro régimen soviético, a nuestro Estado, a nuestro gobierno, a nuestro Partido Comunista y resumió los resultados de su trabajo, como diciéndonos: helos aquí, vuestros hombres y organizaciones, sus hechos y sus días; examinadlos atentamente y retribuidles según sus obras.

En esto consiste uno de los aspectos positivos de la guerra.

Para nosotros, para los electores, esta circunstancia tiene gran importancia, pues nos ayuda a evaluar rápida y objetivamente la actividad del partido y de sus hombres y a sacar conclusiones correctas. En otro tiempo habría sido necesario estudiar las intervenciones e informes de los representantes del partido, analizarlos, comparar sus palabras con sus hechos, hacer balance y cosas por el estilo. Esto exige un trabajo complejo y difícil, sin que haya garantía de que no se cometan errores. Otra cosa es ahora, cuando la guerra ha terminado, cuando la propia guerra ha verificado la labor de nuestras organizaciones y dirigentes y le ha hecho balance. Ahora nos es mucho más fácil orientarnos y llegar a conclusiones correctas.

Así pues, ¿cuáles son los resultados de la guerra?

Existe un resultado principal, sobre cuya base surgieron todos los demás resultados. Este resultado consiste en que, al final de la guerra, los enemigos fueron derrotados, mientras que nosotros, junto con nuestros aliados, resultamos vencedores. Terminamos la guerra con una victoria completa sobre los enemigos: este es el resultado principal de la guerra. Pero este es un resultado demasiado general, y no podemos poner aquí punto final. Por supuesto, derrotar a los enemigos en una guerra como la Segunda Guerra Mundial, cual no había existido aún en la historia de la humanidad, significa alcanzar una victoria de alcance histórico-mundial. Todo esto es cierto. Pero, con todo, es un resultado general, y no podemos quedarnos tranquilos con esto. Para comprender el gran significado histórico de nuestra victoria, es necesario analizar este asunto de manera más concreta.

Así pues, ¿cómo hay que entender nuestra victoria sobre los enemigos, qué puede significar esta victoria desde el punto de vista del estado y desarrollo de las fuerzas internas de nuestro país?

Nuestra victoria significa, ante todo, que ha triunfado nuestro régimen social soviético, que el régimen social soviético ha superado con éxito la prueba en el fuego de la guerra y ha demostrado su plena vitalidad.

Como es sabido, en la prensa extranjera se han expresado en más de una ocasión afirmaciones de que el régimen social soviético es un "experimento arriesgado", condenado al fracaso, que el régimen soviético representa un "castillo de naipes", sin raíces en la vida e impuesto al pueblo por los órganos de la Checa, que basta un pequeño empujón desde fuera para que este "castillo de naipes" se deshaga en polvo.

Ahora podemos decir que la guerra ha derribado todas estas afirmaciones de la prensa extranjera por infundadas. La guerra ha demostrado que el régimen social soviético es un régimen auténticamente popular, surgido de las entrañas del pueblo y que goza de su poderoso apoyo, que el régimen social soviético es una forma de organización de la sociedad plenamente viable y estable.

Es más. Ahora no se trata ya de si el régimen social soviético es o no viable, pues después de las evidentes lecciones de la guerra, ninguno de los escépticos se atreve ya a poner en duda la viabilidad del régimen social soviético. Ahora se trata de que el régimen social soviético ha resultado ser más viable y más estable que el régimen social no soviético, de que el régimen social soviético es una forma de organización de la sociedad mejor que cualquier régimen social no soviético.

Nuestra victoria significa, en segundo lugar, que ha triunfado nuestro régimen estatal soviético, que nuestro Estado soviético multinacional ha superado todas las pruebas de la guerra y ha demostrado su vitalidad.

Como es sabido, destacadas personalidades de la prensa extranjera se han pronunciado en repetidas ocasiones en el sentido de que el Estado soviético multinacional constituye una “construcción artificial e inviable”, de que, en caso de cualesquiera complicaciones, la desintegración de la Unión Soviética es inevitable y de que a la Unión Soviética le aguarda el destino de Austria-Hungría.

Ahora podemos decir que la guerra ha refutado esas declaraciones de la prensa extranjera por carecer de todo fundamento. La guerra ha demostrado que el sistema estatal soviético multinacional ha superado la prueba con éxito, se ha fortalecido aún más durante la guerra y ha resultado ser un sistema estatal plenamente viable. Esos señores no comprendieron que la analogía con Austria-Hungría es insostenible, pues nuestro Estado multinacional no creció sobre una base burguesa, que estimula los sentimientos de desconfianza nacional y hostilidad nacional, sino sobre una base soviética que, por el contrario, cultiva los sentimientos de amistad y colaboración fraternal entre los pueblos de nuestro Estado.

Sin embargo, tras las lecciones de la guerra, estos señores no se atreven a negar la viabilidad del sistema estatal soviético. Ahora ya no se trata de la viabilidad del sistema estatal soviético, pues su viabilidad está fuera de toda duda. Ahora se trata de que el sistema estatal soviético ha resultado ser un modelo de Estado multinacional, y de que el sistema estatal soviético representa un sistema de organización estatal donde la cuestión nacional y el problema de la colaboración entre naciones están resueltos mejor que en cualquier otro Estado multinacional.

Nuestra victoria significa, en tercer lugar, que han vencido las fuerzas armadas soviéticas, ha vencido nuestro Ejército Rojo, que el Ejército Rojo ha soportado heroicamente todas las adversidades de la guerra, ha derrotado completamente a los ejércitos de nuestros enemigos y ha salido de la guerra como vencedor.

Ahora todos reconocen –tanto amigos como enemigos– que el Ejército Rojo estuvo a la altura de sus grandes tareas. Pero no era así la situación hace unos seis años, en el período anterior a la guerra. Como es sabido, destacadas figuras de la prensa extranjera y muchas autoridades reconocidas en asuntos militares en el extranjero declararon en repetidas ocasiones que el estado del Ejército Rojo inspiraba grandes dudas, que el Ejército Rojo estaba mal armado y carecía de un verdadero estado mayor de mando, que su estado moral estaba por debajo de toda crítica, que tal vez podría servir para la defensa, pero que para la ofensiva no era apto, que en caso de un golpe por parte de las tropas alemanas, el Ejército Rojo debía desmoronarse como un “coloso con pies de barro”. Tales declaraciones se hacían no solo en Alemania, sino también en Francia, Inglaterra y América.

Ahora podemos decir que la guerra ha echado por tierra todas esas afirmaciones por infundadas y ridículas. La guerra ha demostrado que el Ejército Rojo no es un "coloso con pies de barro", sino un ejército de primera clase de nuestro tiempo, que posee un armamento completamente moderno, un cuerpo de mando experimentadísimo y altas cualidades morales y combativas. No hay que olvidar que el Ejército Rojo es precisamente el ejército que ha derrotado de manera aplastante al ejército alemán, que ayer aún infundía terror a los ejércitos de los estados europeos.

Cabe señalar que los "críticos" del Ejército Rojo son cada vez menos. Es más, en la prensa extranjera aparecen cada vez con mayor frecuencia notas que destacan las altas cualidades del Ejército Rojo, la maestría de sus combatientes y comandantes, la impecabilidad de su estrategia y táctica. Esto es comprensible. Después de las brillantes victorias del Ejército Rojo en Moscú y Stalingrado, en Kursk y Bélgorod, en Kiev y Kirovogrado, en Minsk y Bobruisk, en Leningrado y Tallin, en Iasi y Lvov, en el Vístula y el Niemen, en el Danubio y el Óder, en Viena y Berlín, después de todo esto, no se puede dejar de reconocer que el Ejército Rojo es un ejército de primera clase, del cual se podría aprender mucho.

Así entendemos nosotros la victoria concreta de nuestro país sobre sus enemigos.

Tales son, en lo fundamental, los resultados de la guerra.

Sería erróneo pensar que se puede lograr una victoria histórica semejante sin la preparación previa de todo el país para la defensa activa. No menos erróneo sería suponer que dicha preparación puede realizarse en un plazo corto, en el transcurso de unos tres o cuatro años. Aún más erróneo sería afirmar que logramos la victoria únicamente gracias a la valentía de nuestras tropas. Sin valentía, por supuesto, es imposible lograr la victoria. Pero la valentía por sí sola no basta para vencer a un enemigo que posee un ejército numeroso, armamento de primera clase, cuadros de oficiales bien instruidos y un abastecimiento nada mal organizado. Para recibir el golpe de un enemigo así, rechazarlo y después infligirle una derrota total, era necesario disponer, además de la valentía sin par de nuestras tropas, de un armamento plenamente moderno y, además, en cantidad suficiente, y de un abastecimiento bien organizado, también en proporciones suficientes. Pero para ello era indispensable tener, y además en cantidad suficiente, cosas tan elementales como: metal, para la producción de armamento, pertrechos y equipos para las empresas; combustible, para mantener el funcionamiento de las empresas y el transporte; algodón, para la producción de uniformes; pan, para el abastecimiento del ejército.

¿Se puede afirmar que antes de entrar en la Segunda Guerra Mundial nuestro país ya disponía de las posibilidades materiales mínimamente necesarias para satisfacer en lo fundamental estas necesidades? Pienso que se puede afirmar. Para la preparación de esta grandiosa empresa fue necesario llevar a cabo tres planes quinquenales de desarrollo de la economía nacional. Precisamente estos tres planes quinquenales nos ayudaron a crear esas posibilidades materiales. En todo caso, la situación de nuestro país a este respecto antes de la Segunda Guerra Mundial, en 1940, era varias veces mejor que antes de la Primera Guerra Mundial, en 1913.

¿Qué posibilidades materiales tenía nuestro país antes de la Segunda Guerra Mundial?

Para ayudarles a comprender este asunto, tendré que exponer aquí un breve informe sobre la actividad del Partido Comunista en la esfera de la preparación de nuestro país para la defensa activa.

Si tomamos los datos de 1940 – víspera de la Segunda Guerra Mundial – y los comparamos con los datos de 1913 – víspera de la Primera Guerra Mundial –, obtendremos el siguiente panorama.

En el curso del año 1913, en nuestro país se produjeron 4 millones 220 mil toneladas de arrabio, 4 millones 230 mil toneladas de acero, 29 millones de toneladas de carbón, 9 millones de toneladas de petróleo, 21 millones 600 mil toneladas de grano comercial, 740 mil toneladas de algodón en rama.

Tales eran las posibilidades materiales de nuestro país con las que entró en la primera guerra mundial.

Esa era la base económica de la vieja Rusia, que podía ser utilizada para llevar a cabo la guerra.

En lo que respecta al año 1940, durante ese año en nuestro país se produjeron: 15 millones de toneladas de arrabio, es decir, casi 4 veces más que en 1913; 18 millones 300 mil toneladas de acero, es decir, 4 veces y media más que en 1913; 166 millones de toneladas de carbón, es decir, 5 veces y media más que en 1913; 31 millones de toneladas de petróleo, es decir, 3 veces y media más que en 1913; 38 millones 300 mil toneladas de grano comercial, es decir, 17 millones de toneladas más que en 1913; 2 millones 700 mil toneladas de algodón en rama, es decir, 3 veces y media más que en 1913.

Tales eran las posibilidades materiales de nuestro país, con las que entró en la segunda guerra mundial.

Esa era la base económica de la Unión Soviética que podía ser utilizada para la conducción de la guerra.

La diferencia, como ve, es colosal.

Un crecimiento tan inédito de la producción no puede considerarse el desarrollo simple y habitual de un país del atraso al progreso. Fue un salto, con cuya ayuda nuestra Patria se transformó de un país atrasado en uno avanzado, de agrario en industrial.

Esta transformación histórica se llevó a cabo en el curso de tres planes quinquenales, a partir de 1928, el primer año del primer plan quinquenal. Hasta ese momento, tuvimos que dedicarnos a la restauración de la industria destruida y a la curación de las heridas recibidas como resultado de la Primera Guerra Mundial y la Guerra Civil. Si se tiene en cuenta, además, la circunstancia de que el primer plan quinquenal se cumplió en 4 años, y la realización del tercer plan quinquenal fue interrumpida por la guerra en su cuarto año de ejecución, resulta que para la transformación de nuestro país de agrario en industrial hicieron falta en total unos 13 años.

Es imposible no reconocer que el plazo de trece años es un plazo increíblemente corto para la realización de una obra tan grandiosa.

Esto, en realidad, explica que la publicación de estas cifras provocara en su momento en la prensa extranjera una tormenta de divergencias. Los amigos decidieron que había ocurrido un "milagro". Los malintencionados, por su parte, declararon que los planes quinquenales eran "propaganda bolchevique" y "trucos de la Checa". Pero como en el mundo no existen los milagros y la Checa no es tan fuerte como para abolir las leyes del desarrollo social, la "opinión pública" en el extranjero tuvo que resignarse a los hechos.

¿Mediante qué política consiguió el Partido Comunista asegurar estas posibilidades materiales en el país en un plazo tan corto?

Ante todo, mediante la política soviética de industrialización del país.

El método soviético de industrialización del país se diferencia radicalmente del método capitalista de industrialización. En los países capitalistas, la industrialización suele comenzar por la industria ligera. Como en la industria ligera se requieren menos inversiones y el capital rota más rápido, y la obtención de beneficios es más fácil que en la industria pesada, la industria ligera se convierte allí en el primer objeto de la industrialización. Solo después de un largo período, durante el cual la industria ligera acumula beneficios y los concentra en los bancos, solo después de esto llega el turno de la industria pesada y comienza el trasvase gradual de las acumulaciones a la industria pesada para crear las condiciones de su desarrollo. Pero este es un proceso prolongado, que requiere un largo plazo de varias décadas, durante el cual hay que esperar el desarrollo de la industria ligera y vegetar sin industria pesada. Es comprensible que el Partido Comunista no pudiera emprender este camino. El Partido sabía que la guerra se avecinaba, que defender el país sin industria pesada era imposible, que era necesario emprender cuanto antes el desarrollo de la industria pesada, que retrasarse en este asunto significaba perder. El Partido recordaba las palabras de Lenin acerca de que sin industria pesada es imposible defender la independencia del país, que sin ella puede perecer el régimen soviético. Por eso el Partido Comunista de nuestro país rechazó el camino 'habitual' de industrialización y comenzó la industrialización del país por el desarrollo de la industria pesada. Esto fue muy difícil, pero superable. Una gran ayuda en este asunto la prestó la nacionalización de la industria y de los bancos, que dio la posibilidad de una rápida recaudación y trasvase de medios a la industria pesada.

No puede haber dudas de que sin esto habría sido imposible lograr la transformación de nuestro país en un país industrial en un plazo tan corto.

En segundo lugar, mediante la política de colectivización de la agricultura.

Para acabar con nuestro atraso en la esfera de la agricultura y dar al país más trigo comerciable, más algodón, etc., era necesario pasar de la pequeña hacienda campesina a la gran hacienda, pues sólo la gran hacienda tiene la posibilidad de emplear la nueva técnica, aprovechar todos los adelantos agronómicos y dar más producción comerciable. Pero la gran hacienda puede ser de dos tipos: capitalista y colectiva. El Partido Comunista no podía emprender la vía capitalista de desarrollo de la agricultura, no sólo en virtud de consideraciones de principio, sino también porque esa vía presupone un proceso de desarrollo demasiado largo y exige la ruina previa de los campesinos, su transformación en braceros. Por eso el Partido Comunista emprendió la vía de la colectivización de la agricultura, la vía de la ampliación de la agricultura mediante la unión de las haciendas campesinas en koljoses. El método de la colectivización resultó ser un método progresivo en sumo grado, no sólo porque no exigía la ruina de los campesinos, sino, en particular, porque dio la posibilidad de cubrir en el transcurso de varios años todo el país con grandes haciendas colectivas, capaces de emplear la nueva técnica, aprovechar todos los adelantos agronómicos y dar al país más producción comerciable.

No hay duda de que sin la política de colectivización no habríamos podido acabar en un plazo tan corto con el atraso secular de nuestra agricultura.

No se puede decir que la política del partido no encontrara oposición. No solo las personas atrasadas, que siempre rechazan todo lo nuevo, sino también muchos destacados miembros del partido tiraban sistemáticamente del partido hacia atrás y trataban por todos los medios de arrastrarlo a la vía "habitual" de desarrollo capitalista. Todas las maquinaciones antipartido de los trotskistas y los derechistas, toda su "labor" de sabotaje de las medidas de nuestro gobierno perseguían un único objetivo: hacer fracasar la política del partido y frenar la causa de la industrialización y la colectivización. Pero el partido no cedió ni a las amenazas de unos ni a los gritos de otros y avanzó con seguridad, a pesar de todo. El mérito del partido consiste en que no se adaptó a los atrasados, no temió ir contra la corriente y mantuvo en todo momento su posición de fuerza dirigente. No cabe duda de que, sin tal firmeza y perseverancia, el Partido Comunista no habría podido defender la política de industrialización del país y de colectivización de la agricultura.

¿Supo el Partido Comunista utilizar correctamente las posibilidades materiales creadas de este modo para desarrollar la producción bélica y abastecer al Ejército Rojo con el armamento necesario?

Creo que ella supo hacerlo, y además supo hacerlo con el mayor éxito.

Si no se cuenta el primer año de la guerra, cuando la evacuación de la industria hacia el este frenó el desarrollo de la producción bélica, en el transcurso de los tres años restantes de la guerra el partido logró alcanzar tales éxitos que le dieron la posibilidad no solo de abastecer al frente en cantidad suficiente de artillería, ametralladoras, fusiles, aviones, tanques y municiones, sino también de acumular reservas. Al mismo tiempo, es sabido que nuestro armamento, por su calidad, no solo no era inferior al alemán, sino que en general incluso lo superaba.

Es sabido que nuestra industria de tanques, en el transcurso de los últimos tres años de la guerra, produjo anualmente, como promedio, más de 30 mil tanques, cañones autopropulsados y blindados.

Se sabe además que nuestra industria aeronáutica producía en ese mismo período anualmente hasta 40 mil aviones.

También es sabido que nuestra industria artillera produjo en el mismo período anualmente hasta 120 mil cañones de todos los calibres, hasta 450 mil ametralladoras ligeras y pesadas, más de 3 millones de fusiles y cerca de 2 millones de subfusiles.

Es sabido, por último, que nuestra industria de morteros durante el período 1942-1944 producía anualmente por término medio hasta 100 mil morteros.

Está claro que simultáneamente se producía la cantidad correspondiente de proyectiles de artillería, minas de diversos tipos, bombas de aviación, cartuchos de fusil y de ametralladora.

Se sabe, por ejemplo, que tan solo en 1944 se produjeron más de 240 millones de proyectiles, bombas y minas, y 7 mil 400 millones de cartuchos.

He aquí, en líneas generales, el panorama del suministro de armamento y municiones al Ejército Rojo.

Como ven, no se parece al cuadro que presentaba el abastecimiento de nuestro ejército en el período de la Primera Guerra Mundial, cuando el frente experimentaba una crónica escasez de artillería y proyectiles, cuando el ejército combatía sin tanques ni aviación, cuando por cada tres soldados se entregaba un fusil.

En lo que respecta al abastecimiento del Ejército Rojo con víveres y vestuario, es de todos sabido que el frente no solo no experimentó en este sentido carencia alguna, sino que contaba incluso con las reservas necesarias.

Así están las cosas con el trabajo del Partido Comunista de nuestro país en el período anterior al inicio de la guerra y durante la propia guerra.

Ahora unas palabras acerca de los planes de trabajo del Partido Comunista para el futuro próximo. Como es sabido, estos planes están expuestos en el nuevo plan quinquenal, que debe ser aprobado en un futuro próximo. Las tareas fundamentales del nuevo plan quinquenal consisten en restaurar las regiones damnificadas del país, restablecer el nivel de preguerra de la industria y de la agricultura y, después, superar ese nivel en proporciones más o menos considerables. Sin hablar ya de que en un futuro próximo será abolido el sistema de cartillas, se prestará especial atención a la ampliación de la producción de artículos de amplio consumo, a la elevación del nivel de vida de los trabajadores mediante la reducción consecuente de los precios de todos los bienes y a la amplia construcción de todo tipo de institutos de investigación científica, que puedan dar a la ciencia la posibilidad de desplegar sus fuerzas.

No dudo de que si prestamos la debida ayuda a nuestros científicos, ellos podrán no solo alcanzar, sino también superar en el futuro próximo los logros de la ciencia fuera de nuestro país.

En cuanto a los planes para un período más largo, el partido se propone organizar un nuevo y potente ascenso de la economía nacional, que nos daría la posibilidad de elevar el nivel de nuestra industria, por ejemplo, tres veces en comparación con el nivel de preguerra. Necesitamos lograr que nuestra industria pueda producir anualmente hasta 50 millones de toneladas de arrabio, hasta 60 millones de toneladas de acero, hasta 500 millones de toneladas de carbón, hasta 60 millones de toneladas de petróleo. Solo bajo esta condición se puede considerar que nuestra Patria estará garantizada contra todo tipo de eventualidades. En esto se invertirán, quizás, tres nuevos quinquenios, si no más. Pero esta tarea se puede realizar, y debemos realizarla.

Tal es mi breve informe sobre la actividad del Partido Comunista en el pasado reciente y sobre los planes de su trabajo para el futuro.

Es asunto suyo juzgar cuán correctamente ha trabajado y trabaja el partido y si no podría haber trabajado mejor.

Dicen que a los vencedores no se les juzga, que no se les debe criticar, que no se les debe controlar. Esto es incorrecto. A los vencedores se les puede y se les debe juzgar, se les puede y se les debe criticar y controlar. Esto es útil no solo para la causa, sino también para los propios vencedores: habrá menos engreimiento, habrá más modestia. Considero que la campaña electoral es el juicio de los electores sobre el Partido Comunista como partido gobernante. Los resultados de las elecciones significarán la sentencia de los electores. Poco valdría el Partido Comunista de nuestro país si temiera la crítica, el control. El Partido Comunista está dispuesto a aceptar la sentencia de los electores.

En la lucha electoral, el Partido Comunista no actúa solo. Acude a las elecciones en bloque con los sin partido. En tiempos pasados, los comunistas trataban a los sin partido y a la condición de sin partido con cierta desconfianza. Esto se explica porque bajo la bandera de la condición de sin partido se encubrían a menudo diversos grupos burgueses, a los que no les convenía presentarse ante los electores sin máscara. Así era en el pasado. Pero ahora vivimos otros tiempos. A los sin partido los separa ahora de la burguesía una barrera llamada régimen social soviético. Esta misma barrera une a los sin partido con los comunistas en un colectivo común de hombres soviéticos. Viviendo en un colectivo común, lucharon juntos por fortalecer el poderío de nuestro país, juntos combatieron y derramaron su sangre en los frentes en nombre de la libertad y la grandeza de nuestra Patria, juntos forjaron y lograron la victoria sobre los enemigos de nuestro país. La diferencia entre ellos consiste únicamente en que unos están en el partido y otros no. Pero esta diferencia es formal. Lo importante es que tanto unos como otros realizan una misma obra común. Por eso, el bloque de comunistas y sin partido es algo natural.

En conclusión, permítanme expresarles mi agradecimiento por la confianza que han depositado en mí al proponer mi candidatura a diputado del Soviet Supremo. Pueden estar seguros de que me esforzaré por justificar su confianza.

Bolchevique. 1946, No. 3