Estimado camarada Razin!

Recibí su carta del 30 de enero acerca de Clausewitz y sus breves tesis sobre la guerra y el arte militar.

1) Usted pregunta: ¿no han envejecido las tesis de Lenin en la valoración de Clausewitz?

En mi opinión, la cuestión está planteada incorrectamente.

Ante semejante planteamiento de la cuestión se puede pensar que Lenin analizó la doctrina militar y las obras militares de Clausewitz, les dio una valoración militar y nos dejó en herencia una serie de tesis rectoras sobre cuestiones militares que debemos tomar como guía. Semejante planteamiento de la cuestión es incorrecto, ya que en realidad no existen semejantes "tesis" de Lenin sobre la doctrina militar de Clausewitz y sus obras.

A diferencia de Engels, Lenin no se consideraba un experto en asuntos militares. No se consideraba un experto en asuntos militares no solo en el pasado, antes de la Revolución de Octubre, sino también posteriormente, después de la Revolución de Octubre, hasta el final de la guerra civil. Durante la guerra civil, Lenin nos obligaba a nosotros, entonces todavía jóvenes camaradas del Comité Central, a "estudiar a fondo el arte militar". En lo que a él respecta, nos declaraba directamente que ya era demasiado tarde para que él estudiara el arte militar. Esto, en realidad, explica que en sus opiniones sobre Clausewitz y en sus observaciones al libro de Clausewitz, Lenin no aborde cuestiones puramente militares, como las cuestiones de estrategia y táctica militares y su interrelación, la interrelación entre ofensiva y retirada, defensa y contraofensiva, etc.

¿Qué es lo que en tal caso le interesaba a Lenin en Clausewitz y por qué lo elogiaba?

Él elogiaba a Clausewitz ante todo porque Clausewitz, que no era marxista y que gozaba en su tiempo de autoridad como experto en asuntos militares, confirmaba en sus obras la conocida tesis marxista de que entre la guerra y la política existe un vínculo directo, de que la política engendra la guerra, de que la guerra es la continuación de la política por medios violentos. La referencia a Clausewitz le era necesaria aquí a Lenin para desenmascarar una vez más a Plejánov, Kautsky y otros como socialchovinistas, como socialimperialistas.

Él elogiaba, además, a Clausewitz por el hecho de que Clausewitz confirmaba en sus obras la tesis, correcta desde el punto de vista del marxismo, de que la retirada, en determinadas condiciones desfavorables, es una forma de lucha tan legítima como la ofensiva. Lenin necesitaba aquí la referencia a Clausewitz para desenmascarar una vez más a los comunistas "de izquierda", que no reconocían la retirada como una forma legítima de lucha.

Por consiguiente, Lenin abordaba las obras de Clausewitz no como militar, sino como político, y se interesaba por aquellas cuestiones en las obras de Clausewitz que demuestran el vínculo de la guerra con la política.

De esta manera, en lo que respecta a la crítica de la doctrina militar de Clausewitz, nosotros, los herederos de Lenin, no estamos limitados por ninguna indicación de Lenin que restrinja nuestra libertad de crítica.

Pero de esto se deduce que su valoración del artículo del camarada Mescheriakov (véase “El pensamiento militar” núms. 6–7, 1945), que critica la doctrina militar de Clausewitz, como una “salida antileninista” y como una “revisión” de la apreciación leninista, no da en el blanco.

2) ¿Debemos criticar en esencia la doctrina militar de Clausewitz? Sí, debemos. Estamos obligados, desde el punto de vista de los intereses de nuestra causa y de la ciencia militar de nuestro tiempo, a criticar no solo a Clausewitz, sino también a Moltke, Schlieffen, Ludendorff, Keitel y otros portadores de la ideología militar en Alemania. En los últimos treinta años, Alemania impuso dos veces al mundo la guerra más sangrienta, y en ambas ocasiones resultó derrotada. ¿Es esto casual? Por supuesto que no. ¿No significa esto que no solo Alemania en su conjunto, sino también su ideología militar no resistieron la prueba? Indudablemente, significa. Todo el mundo sabe con qué respeto trataban los militares de todo el mundo, incluidos nuestros militares rusos, a las autoridades militares de Alemania. ¿Es necesario acabar con este respeto inmerecido? Es necesario acabar. Y para ello hace falta crítica, especialmente de nuestra parte, de parte de los vencedores de Alemania.

En cuanto a Clausewitz en particular, él, por supuesto, está anticuado como autoridad militar. Clausewitz fue, en realidad, un representante del período manufacturero de la guerra. Pero ahora tenemos el período maquinizado de la guerra. Es indudable que el período maquinizado exige nuevos ideólogos militares. Resulta ridículo tomar ahora lecciones de Clausewitz.

No se puede avanzar ni hacer avanzar la ciencia sin someter a un análisis crítico las tesis y afirmaciones anticuadas de autores conocidos. Esto se refiere no solo a las autoridades en asuntos militares, sino también a los clásicos del marxismo. Engels dijo en cierta ocasión que, de los jefes militares rusos del período de 1812, el general Barclay de Tolly es el único jefe militar que merece atención. Engels, por supuesto, se equivocaba, pues Kutúzov como jefe militar era indiscutiblemente muy superior a Barclay de Tolly. Sin embargo, en nuestros días pueden encontrarse personas que, echando espuma por la boca, defenderán esta afirmación errónea de Engels.

En nuestra crítica debemos guiarnos no por tesis y declaraciones aisladas de los clásicos, sino por aquella célebre indicación que dio en su momento Lenin:

Nosotros no consideramos en absoluto la teoría de Marx como algo acabado e intocable; estamos convencidos, por el contrario, de que ella solo ha puesto las piedras angulares de esa ciencia que los socialistas deben impulsar en todas las direcciones si no quieren rezagarse de la vida. Pensamos que para los socialistas rusos es especialmente necesaria una elaboración independiente de la teoría de Marx, pues esta teoría proporciona únicamente disposiciones generales orientadoras, que se aplican en particular a Inglaterra de manera distinta que a Francia, a Francia de manera distinta que a Alemania, a Alemania de manera distinta que a Rusia. (Lenin. T. II, pág. 492).

Este enfoque es aún más obligatorio para nosotros en relación con las autoridades militares.

3) En cuanto a sus breves tesis sobre la guerra y el arte militar, debido a su carácter esquemático, solo puedo dar observaciones generales. En las tesis hay demasiada filosofía y proposiciones abstractas. Hiere el oído la terminología de Clausewitz acerca de la gramática y la lógica de la guerra. Está planteada de manera demasiado primitiva la cuestión del espíritu de partido en la ciencia militar. Hieren el oído los ditirambos en honor de Stalin, – simplemente resulta embarazoso leerlos. Falta un apartado sobre la contraofensiva (no confundir con el contraataque). Hablo de la contraofensiva tras una ofensiva exitosa del enemigo que, sin embargo, no haya dado resultados decisivos, durante la cual el defensor reúne fuerzas, pasa a la contraofensiva e inflige al enemigo una derrota decisiva. Pienso que una contraofensiva bien organizada es un tipo de ofensiva muy interesante. A usted, como historiador, le convendría interesarse por este asunto. Ya los antiguos partos conocían tal contraofensiva, cuando atrajeron al general romano Craso y a sus tropas hacia el interior de su país, y luego lanzaron una contraofensiva y los aniquilaron. También conocía esto muy bien nuestro genial comandante Kutúzov, que aniquiló a Napoleón y a su ejército mediante una contraofensiva bien preparada.

I. STALIN

23 de febrero de 1946

Bolchevique, 1947. Nº 3.