23 de febrero de 1946

N.º 8 ciudad de Moscú

Camaradas del Ejército Rojo y de la Flota Roja, sargentos, oficiales y generales! Hoy celebramos el 28 aniversario de la existencia del Ejército Rojo.

El 28º aniversario el Ejército Rojo lo celebra en la plenitud de sus fuerzas, aureolado por la gloria de las victorias sobre los imperialistas alemanes y japoneses. De la larga y dura guerra el Ejército Rojo ha salido como un ejército de primera clase, con elevadas cualidades morales y combativas, dotado de armamento plenamente moderno y con mandos experimentados y fogueados.

En la guerra contra los invasores fascistas, el Ejército Rojo estuvo a la altura de sus grandes tareas, se mostró como defensor fiel y seguro de los intereses del Estado soviético. Nuestros combatientes, oficiales y generales justificaron la confianza del pueblo y cumplieron con honor su deber ante la Patria. Los ciudadanos soviéticos se convencieron por sus propios ojos de que pueden confiar valientemente en el Ejército Rojo. Todos los pueblos de nuestro país se enorgullecen con razón de su ejército, de sus victorias y veneran la sagrada memoria de los héroes caídos con muerte de valientes en los combates por la Patria.

Las destacadas victorias del Ejército Rojo se explican ante todo por el hecho de que es un ejército auténticamente popular y defiende los intereses de su pueblo. Los soviéticos aman ardientemente a su ejército y se preocupan constantemente por fortalecer su poderío. Esta preocupación se manifestó con especial intensidad en los difíciles años de la Gran Guerra Patria. Todo nuestro pueblo, sin descanso, trabajó día y noche para el frente, para la victoria. Sin la abnegada labor de los obreros, campesinos e intelectuales, sin su apoyo material y moral, el Ejército Rojo no habría podido vencer al enemigo.

Las victorias del Ejército Rojo se explican, además, por el hecho de que el Partido Comunista lo cuida y lo educa.

Cumpliendo los preceptos del gran Lenin, el pueblo soviético, bajo la dirección del Partido Comunista, transformó nuestra Patria de un país atrasado en uno avanzado, de agrario en industrial. Con ello se crearon todas las posibilidades materiales necesarias para la exitosa lucha del Ejército Rojo contra los enemigos.

Durante los años de la Gran Guerra Patria, el Partido Comunista cohesionó nuestro país en un único campo militar y dirigió todos los esfuerzos del pueblo y del ejército hacia un objetivo común: la derrota del enemigo. El Partido Comunista explicaba a los soldados soviéticos el sentido y los fines de la guerra, les inculcaba el amor a la Patria, fortalecía el espíritu combativo, les infundía valentía y disciplina. Todo ello constituyó una condición importante de nuestra victoria.

Habiendo terminado la guerra con la victoria sobre los enemigos, la Unión Soviética entró en un nuevo período pacífico de su desarrollo económico. En la actualidad, ante el pueblo soviético se alza la tarea de, habiendo consolidado las posiciones conquistadas, avanzar más adelante hacia un nuevo auge económico. No podemos limitarnos a la consolidación de estas posiciones, pues ello conduciría al estancamiento; debemos avanzar más adelante para crear las condiciones para un nuevo y potente auge de la economía nacional. Debemos, en el plazo más breve, curar las heridas infligidas a nuestro país por el enemigo y restablecer el nivel de desarrollo de la economía nacional anterior a la guerra, para superar considerablemente en el tiempo más próximo este nivel, elevar el bienestar material del pueblo y fortalecer aún más el poderío económico-militar del Estado soviético.

En las nuevas condiciones, el Ejército Rojo debe proteger vigilantemente el trabajo pacífico y creador del pueblo soviético, garantizar de manera segura los intereses estatales de la Unión Soviética y hacer inaccesibles para los enemigos las fronteras de nuestra Patria.

Durante la guerra, la tarea principal de los combatientes, oficiales y generales del Ejército Rojo era la conquista de la victoria, la hábil aplicación de sus fuerzas y conocimientos para la derrota total del enemigo. En tiempo de paz, la tarea primordial de todos los combatientes, oficiales y generales, sin excepción, consiste en el perfeccionamiento continuo de sus conocimientos militares y políticos. Todos los soldados del Ejército Rojo y los sargentos deben estudiar incansablemente el arte militar, conocer su arma y cumplir impecablemente sus deberes de servicio. Del cuerpo de oficiales se exige ahora, como nunca antes, la capacidad de instruir y educar bien a los subordinados. En los años de la guerra, los oficiales y generales del Ejército Rojo dominaron bien la maestría de la dirección de tropas en el campo de batalla. Ahora, todos los oficiales y generales deben dominar a la perfección la maestría de la instrucción y educación de las tropas en un entorno de paz.

La Gran Guerra Patria introdujo muchas novedades en el arte militar. La experiencia de combate, obtenida en los campos de batalla, constituye un rico tesoro para la instrucción y educación de las tropas. Por ello, toda la preparación del ejército debe realizarse sobre la base de una hábil asimilación de la experiencia de la guerra pasada. Esta experiencia también es necesario utilizarla de manera integral para la formación teórica de los cuadros de oficiales y el ulterior desarrollo de la ciencia militar soviética. Es necesario recordar que el arte militar se desarrolla de manera continua y rápida. El Ejército Rojo está obligado no solo a seguir el ritmo del desarrollo del arte militar, sino también a impulsarlo hacia adelante.

El Ejército Rojo tiene en su armamento una técnica de primera clase, que constituye la base de su potencia de combate. La tarea consiste en conocer perfectamente esta técnica, dominarla con destreza y cuidarla como a la niña de los ojos.

Los éxitos en la instrucción y educación de las tropas son impensables sin una firme disciplina y un estricto orden militar, cuyo mantenimiento constituye la obligación principal de toda la composición del ejército. El sostén de la disciplina y el orden deben ser, en primer lugar, nuestros cuadros de mando, incluidos los sargentos primeros y sargentos, jefes inmediatos y directos y educadores de los soldados del Ejército Rojo.

Los combatientes, oficiales y generales del Ejército Rojo tienen grandes méritos ante el pueblo y la Patria. Sin embargo, esto no debe conducir a la arrogancia ni a la autocomplacencia. No vanagloriarse de sus méritos, sino trabajar con conciencia en su puesto, entregando todas las fuerzas y conocimientos en beneficio del Ejército Rojo, es lo que se exige de cada combatiente soviético.

Camaradas soldados del Ejército Rojo y de la Flota Roja, sargentos, oficiales y generales.

En nombre del Gobierno soviético y de nuestro Partido Comunista, les saludo y felicito con motivo del 28º aniversario del Ejército Rojo.

En conmemoración del Día del Ejército Rojo, ORDENO:

Hoy, 23 de febrero, realizar un saludo: en la capital de nuestra Patria – Moscú, en las capitales de las repúblicas unidas y en las ciudades heroicas – Leningrado, Stalingrado, Sebastopol y Odesa – con veinte salvas de artillería.

¡Viva nuestro victorioso Ejército Rojo!

¡Viva nuestra victoriosa Flota Naval Militar!

¡Viva nuestro glorioso Partido Comunista!

¡Viva el gran pueblo soviético!

¡Viva nuestra poderosa Patria!

Comisario del Pueblo de Defensa de la URSS

Generalísimo de la Unión Soviética

J. Stalin

Pravda, 23 de febrero de 1946