1 de mayo de 1946

No. 7 ciudad de Moscú

¡Camaradas soldados del Ejército Rojo y de la Flota Roja, sargentos y capataces! ¡Camaradas oficiales, generales y almirantes!

¡Trabajadores de la Unión Soviética!

Hoy, por primera vez después del victorioso final de la Gran Guerra Patria, celebramos el Primero de Mayo –fiesta internacional de los trabajadores– en condiciones de vida pacífica, conquistada en dura lucha contra los enemigos, a costa de grandes sacrificios y privaciones.

Hace un año, el Ejército Rojo izó la bandera de la victoria sobre Berlín y completó la derrota de la Alemania fascista. Cuatro meses después del final victorioso de la guerra con Alemania, depuso las armas el Japón imperialista. La Segunda Guerra Mundial, preparada por las fuerzas de la reacción internacional y desencadenada por los principales Estados fascistas, concluyó con la victoria completa de los pueblos amantes de la libertad.

La derrota y liquidación de los principales focos del fascismo y de la agresión mundial condujeron a profundos cambios en la vida política de los pueblos del mundo, a un amplio crecimiento del movimiento democrático entre los pueblos. Enseñadas por la experiencia de la guerra, las masas populares comprendieron que el destino de los Estados no puede confiarse a gobernantes reaccionarios que persiguen objetivos mezquinos de casta y egoístas, contrarios al pueblo. Precisamente por eso los pueblos, no queriendo ya vivir a la antigua, toman el destino de sus Estados en sus propias manos, establecen regímenes democráticos y libran una lucha activa contra las fuerzas de la reacción, contra los instigadores de una nueva guerra.

Los pueblos del mundo no quieren la repetición de las calamidades de la guerra. Luchan con perseverancia por el afianzamiento de la paz y la seguridad.

A la vanguardia de la lucha por la paz y la seguridad marcha la Unión Soviética, que desempeñó un papel destacado en la derrota del fascismo y cumplió su gran misión liberadora.

Los pueblos liberados por la Unión Soviética del yugo fascista obtuvieron la posibilidad de construir su vida estatal sobre bases democráticas, realizando sus aspiraciones históricas. En este camino, encuentran por parte de la Unión Soviética una ayuda fraternal.

El mundo entero ha tenido la posibilidad de convencerse no solo de la potencia del Estado soviético, sino también del carácter justo de su política, basada en el reconocimiento de la igualdad de derechos de todos los pueblos, en el respeto de su libertad e independencia. No hay fundamento alguno para dudar de que la Unión Soviética seguirá siendo fiel en el futuro a su política: la política de paz y seguridad, la política de igualdad de derechos y amistad entre los pueblos.

La Unión Soviética, al finalizar la guerra, emprendió la construcción socialista pacífica. Los soviéticos abordaron con entusiasmo la labor creadora pacífica, interrumpida por la guerra.

La ley sobre el plan quinquenal de restauración y desarrollo de la economía nacional de la URSS para 1946–1950, aprobada por el Soviet Supremo de la Unión Soviética, abre nuevas perspectivas para el ulterior crecimiento de las fuerzas productivas de nuestra Patria, el aumento de su poderío económico, la elevación de su bienestar material y su cultura.

Los obreros, los campesinos y la intelectualidad de nuestro país han acogido el plan quinquenal como un programa de combate que responde a sus intereses vitales. Cabe esperar que los soviéticos, dirigidos por el Partido Comunista, no escatimarán fuerzas ni trabajo para no solo cumplir, sino también superar el nuevo plan quinquenal.

Desplegando la construcción socialista pacífica, no debemos olvidar ni por un minuto las maquinaciones de la reacción internacional, que incuba planes de una nueva guerra. Es necesario recordar las indicaciones del gran Lenin de que, al pasar al trabajo pacífico, hay que estar constantemente en guardia, cuidar como a la niña de los ojos las fuerzas armadas y la capacidad defensiva de nuestro país.

Las Fuerzas Armadas de la Unión Soviética —nuestras Tropas Terrestres, Fuerzas Aéreas y Armada— cumplieron con su deber ante la Patria en la Gran Guerra Patria.

Ahora ante nuestras fuerzas armadas se alza una tarea no menos importante: vigilar con celo la paz conquistada y la labor creadora del pueblo soviético, ser un firme sostén de los intereses de la Unión Soviética.

El cumplimiento exitoso de esta honorable tarea es posible solo bajo la condición de un mayor crecimiento de la cultura militar y la maestría militar de los combatientes y comandantes de nuestro ejército, de nuestra flota, de nuestra aviación. Las Fuerzas Armadas de la Unión Soviética deben elevar día a día el nivel de su arte militar sobre la base de la experiencia de la guerra, sobre la base del desarrollo de la ciencia y la técnica militares.

No cabe duda de que nuestro ejército, nuestra marina y nuestra aviación cumplirán con honor las tareas que tienen ante sí.

Camaradas soldados y marinos del Ejército Rojo, sargentos y suboficiales mayores! ¡Camaradas oficiales, generales y almirantes!

Camaradas obreros y obreras, campesinos y campesinas, personas de trabajo intelectual!

¡Guerreros desmovilizados de las filas del Ejército Rojo! ¡En nombre del Gobierno y del Partido Comunista, los saludo y felicito con motivo del Primero de Mayo!

En conmemoración de la fiesta internacional de los trabajadores, ORDENO:

Hoy, 1 de mayo, realizar salvas en la capital de nuestra Patria, Moscú, en las capitales de las repúblicas federadas, así como en Lvov, Königsberg, en Jabárovsk, Vladivostok, en Port-Arthur y en las ciudades heroicas: Leningrado, Stalingrado, Sebastopol y Odesa, con veinte salvas de artillería.

¡Que vivan nuestras valerosas fuerzas armadas!

¡Viva nuestro glorioso Partido Comunista!

¡Viva el gran pueblo soviético!

¡Viva nuestra poderosa Patria Soviética!

Ministro de las Fuerzas Armadas de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas

Generalísimo de la Unión Soviética

J. STALIN

Pravda. 1 de mayo de 1946