Saludos a Moscú, capital de nuestra Patria, en el día de su 800 aniversario.

Todo el país celebra hoy este día memorable. Lo celebra no de manera formal, sino con un sentimiento de amor y respeto en vista de los grandes méritos de Moscú ante la Patria.

Los méritos de Moscú no consisten únicamente en que, a lo largo de la historia de nuestra Patria, la haya liberado tres veces del yugo extranjero: del yugo mongol, de la invasión polaco-lituana y de la invasión francesa. El mérito de Moscú consiste, ante todo, en que se convirtió en la base de la unificación de la Rus dispersa en un Estado único con un gobierno único, con una dirección única. Ningún país en el mundo puede contar con la preservación de su independencia, con un serio crecimiento económico y cultural, si no ha logrado liberarse de la fragmentación feudal y de las discordias principescas. Solo un país unificado en un Estado centralizado único puede contar con la posibilidad de un serio crecimiento cultural y económico, con la posibilidad de afianzar su independencia. El mérito histórico de Moscú consiste en que fue y sigue siendo la base e iniciadora de la creación de un Estado centralizado en Rus.

Pero no se agotan en esto los méritos de Moscú ante la Patria. Después de que, por voluntad del gran Lenin, Moscú fuera nuevamente declarada capital de nuestra Patria, se convirtió en la abanderada de la nueva época soviética.

Moscú es ahora no sólo el inspirador de la construcción de los nuevos órdenes socioeconómicos soviéticos, que han sustituido el dominio del capital por el dominio del trabajo y rechazan la explotación del hombre por el hombre. Moscú es, al mismo tiempo, el heraldo del movimiento liberador de la humanidad trabajadora de la esclavitud capitalista.

Moscú es ahora no solo el inspirador de la construcción de una nueva democracia soviética, que rechaza toda desigualdad, directa o indirecta, de los ciudadanos, de sexo, de razas, de naciones y que garantiza el derecho al trabajo y el derecho a igual salario por igual trabajo.

Moscú es al mismo tiempo la bandera de lucha de todos los trabajadores del mundo, de todas las razas y naciones oprimidas por su liberación del dominio de la plutocracia y el imperialismo. No hay duda de que sin tal política Moscú no habría podido convertirse en el centro de organización de la amistad de los pueblos y de su cooperación fraternal en nuestro Estado multinacional.

Moscú es ahora no solo la iniciadora de la construcción de un nuevo modo de vida para los trabajadores de la capital, libre de la miseria y la vegetación de millones de desposeídos y desempleados. Moscú es, al mismo tiempo, un modelo para todas las capitales del mundo en este sentido. Una de las llagas más graves de las grandes capitales de los países europeos, asiáticos y americanos es la existencia de barrios marginales, donde millones de trabajadores empobrecidos están condenados a la vegetación y a una muerte lenta y dolorosa. El mérito de Moscú consiste en que ha liquidado por completo estos barrios marginales y ha dado a los trabajadores la posibilidad de trasladarse de los sótanos y tugurios a las viviendas y casas de la burguesía y a las nuevas casas bien acondicionadas, construidas por el Poder soviético.

Por último, el mérito de Moscú consiste en que es el heraldo de la lucha por la paz duradera y la amistad entre los pueblos, el heraldo de la lucha contra los instigadores de una nueva guerra. Para los imperialistas, las guerras son el artículo más lucrativo. No es de extrañar que los agentes del imperialismo se esfuercen de uno u otro modo por provocar una nueva guerra. El mérito de Moscú consiste en que desenmascara incansablemente a los instigadores de una nueva guerra y agrupa en torno a la bandera de la paz a todos los pueblos amantes de la paz. Es sabido que los pueblos amantes de la paz miran con esperanza a Moscú, como a la capital de una gran potencia amante de la paz y como a un poderoso baluarte de la paz.

He aquí por qué méritos celebra hoy nuestra Patria el 800 aniversario de Moscú con tanto amor y respeto hacia su capital.

¡Viva nuestra poderosa, querida, soviética y socialista Moscú!

J. STALIN

6 de septiembre de 1947