En la ciencia biológica existen desde hace mucho tiempo dos puntos de vista sobre la vida. Unos afirman que existe una sustancia hereditaria inmutable, que no se somete a la acción de la naturaleza exterior. En esencia, tal punto de vista (y representa la concepción de Weismann) es idéntico a la opinión de que la vida no se desarrolló a partir de la materia inanimada. Otra opinión es la que sostiene la doctrina del neolamarckismo. Según esta doctrina, la influencia externa modifica los caracteres del organismo, y estos caracteres adquiridos se heredan. Si a un servidor de la ciencia, en una siembra experimental, se le mueren el 95% de las plantas, dice: no se puede hacer nada, el asunto no tiene remedio. Así enseñan los libros. Pero hay que prestar atención no a ese 95% que murió, sino al 5% que se conservó, que, por consiguiente, adquirió nuevos caracteres. Ahí tiene usted a sus servidores de la ciencia. Lysenko es un empírico, se lleva mal con la teoría. En esto está su lado débil. Yo le digo: qué clase de organizador es usted, si siendo presidente de la Academia de Ciencias Agrícolas, no puede organizar tras de sí a la mayoría. La mayor parte de los representantes de la ciencia biológica están contra Lysenko. Apoyan aquellas corrientes que están de moda en Occidente. Es una reminiscencia de aquella situación en que los científicos rusos, considerándose discípulos de la ciencia europea, creían que había que seguir ciegamente a la ciencia occidental y trataban con servilismo cada palabra venida de Occidente. Los morganistas-mendelistas son gente comprada. Sostienen conscientemente con su ciencia la teología. Zhdanov Y.A. Mirada al pasado. Págs. 251–252.