…Nuestras universidades después de la revolución atravesaron tres períodos. En el primer período desempeñaron el mismo papel que en la época zarista. Fueron la principal forja de cuadros. Junto a ellas, solo en una medida muy débil se desarrollaban las facultades obreras. Luego, con el desarrollo de la economía y el comercio, se requirió una gran cantidad de prácticos, de hombres de negocios. Las universidades recibieron un golpe. Surgieron muchas escuelas técnicas e institutos sectoriales. Los administradores económicos se aseguraban cuadros, pero no estaban interesados en la preparación de teóricos. Los institutos devoraron a las universidades. Ahora tenemos demasiadas universidades. No se debe implantar otras nuevas, sino mejorar las existentes. No se puede plantear la cuestión así: las universidades preparan o bien a docentes, o bien a trabajadores científicos. No se puede enseñar sin realizar y sin conocer el trabajo científico. Una persona que conoce bien la teoría comprenderá mejor las cuestiones prácticas que un práctico estrecho. Una persona que ha recibido educación universitaria, que posee un horizonte amplio, será más útil para la práctica que, por ejemplo, un químico que no sabe nada excepto su química. En las universidades se debe admitir no solo a jóvenes inexpertos recién salidos de las aulas, sino también a prácticos que han pasado por una determinada experiencia productiva. Ellos ya tienen en la cabeza preguntas y problemas, pero carecen de conocimientos teóricos para resolverlos. Para el período más próximo, se debe dejar a la mayor parte de los graduados en las universidades. Saturar las universidades con docentes. Sobre la Universidad de Moscú. La dirección allí no es fuerte. Quizás valga la pena dividir la Universidad de Moscú en dos universidades: en una concentrar las ciencias naturales (facultades de física, físico-técnica, matemáticas, química, biología y edafología-geografía), y en la otra, las ciencias sociales (facultades de historia, filología, derecho, filosofía). Remodelar el viejo edificio y entregarlo a las ciencias sociales, y para las naturales construir uno nuevo, en algún lugar de las Colinas de los Gorriones. Adaptar para ello uno de los grandes edificios que se construyen en Moscú. Hacerlo no de 16, sino de 10, de 8 pisos, equiparlo según todas las exigencias de la ciencia moderna. El nivel de la ciencia entre nosotros ha descendido. En esencia, ahora no se hacen descubrimientos serios. Antes de la guerra todavía se hacía algo, había un estímulo. Pero ahora entre nosotros no es raro oír: dennos una muestra del extranjero, la desmontaremos y luego la construiremos nosotros mismos. ¿Acaso tenemos menos curiosidad? No. La cuestión está en la organización. Por nuestras posibilidades deberíamos tener la I. G. Farbenindustrie al cubo. Pero no la hay. La química es ahora la ciencia más importante, tiene un futuro enorme. ¿No deberíamos crear una universidad de química? Hay pocos inquietos en nuestra dirección... Hay personas así: si ellos están bien, piensan que todos están bien... Zhdánov Y.A. Mirada al pasado. Págs. 182–183.