Al camarada Tito y a los demás miembros del CC del Partido Comunista de Yugoslavia. Sus cartas de respuesta del 18 y 20 de marzo han sido recibidas. Consideramos su respuesta falsa y, por lo tanto, completamente insatisfactoria. 1. La cuestión de Gagarinov puede considerarse zanjada, puesto que ustedes han renunciado a cualquier acusación respecto a Gagarinov, aunque nosotros seguimos considerando que aquí tuvo lugar una calumnia contra Gagarinov. La declaración atribuida al camarada Krutikov acerca de la supuesta renuncia del Gobierno soviético a las negociaciones comerciales este año, según se ve, no corresponde a la realidad, puesto que el camarada Krutikov niega categóricamente lo que se le atribuye. 2. En la cuestión de la retirada de los asesores militares, la fuente de nuestra información son las declaraciones de los órganos del ministerio de las fuerzas armadas y los informes de los propios asesores. Como se sabe, nuestros asesores militares fueron enviados a Yugoslavia a petición insistente del Gobierno yugoslavo, y los asesores militares soviéticos fueron destinados a Yugoslavia en una cantidad mucho menor de la que había solicitado el Gobierno yugoslavo. En consecuencia, el Gobierno soviético no tenía la intención de imponer sus asesores a Yugoslavia. Sin embargo, posteriormente, los dirigentes militares yugoslavos, incluido Koča Popović, consideraron posible declarar la necesidad de reducir el número de asesores militares soviéticos en un 60 por ciento. Esta declaración se motivó de diferentes maneras: unos decían que los asesores militares soviéticos le costaban demasiado caros a Yugoslavia; otros afirmaban que el Ejército Yugoslavo no necesitaba asimilar la experiencia del Ejército Soviético; otros afirmaban que los reglamentos del Ejército Soviético son un molde y no representan ningún valor para el Ejército Yugoslavo; otros, por último, insinuaban de manera muy transparente que los asesores militares soviéticos, no se sabe por qué, reciben su salario, puesto que no hay de ellos ningún provecho. A la luz de estos hechos, se vuelve completamente comprensible la conocida declaración de Djilas, ofensiva para el Ejército Soviético, en una de las sesiones del CC del PCY, de que los oficiales soviéticos, en el plano moral, son inferiores a los oficiales del ejército inglés. Al mismo tiempo, como se sabe, esta declaración antisoviética de Djilas no encontró réplica por parte de los demás miembros del CC del PCY. De este modo, en lugar de ponerse de acuerdo de manera camaraderil con el poder soviético y arreglar la cuestión de los asesores militares soviéticos, los dirigentes militares yugoslavos se pusieron a ofender a los asesores militares soviéticos y a desacreditar al Ejército Soviético. Es natural que tal situación tuviera que crear una atmósfera hostil alrededor de los asesores militares soviéticos. En semejante situación sería ridículo esperar del Poder soviético que accediera a dejar a sus consejeros militares en Yugoslavia. Dado que el Gobierno yugoslavo no rechazaba los intentos de desacreditar al Ejército soviético, asume toda la responsabilidad por la situación creada.

3. La fuente de nuestras informaciones sobre la cuestión de la retirada de los especialistas civiles soviéticos son, principalmente, los informes del embajador soviético en Belgrado, camarada Lavréntiev, así como las declaraciones de los propios especialistas.

Su declaración de que Srzentich supuestamente dijo al representante comercial, camarada Lébedev, que los ciudadanos soviéticos, al desear obtener informaciones económicas, están obligados a dirigirse a las altas instancias, es decir, al Comité Central del PCY y al gobierno de Yugoslavia, no corresponde en absoluto a la realidad. He aquí el informe de Lavréntiev del 9 de marzo: «Srzentich, asistente de Kídrich en el Consejo Económico, declaró al representante comercial Lébedev que existe una decisión del gobierno que prohíbe proporcionar a quien sea cualquier tipo de materiales económicos. Por lo tanto, a pesar del acuerdo existente anteriormente, no puede entregar a Lébedev los materiales correspondientes. Se ha dado instrucción a los órganos de seguridad del Estado de ejercer control sobre esta cuestión. Srzentich también dijo que Kídrich tiene la intención de hablar de esto con Lébedev». Del informe de Lavréntiev se desprende, en primer lugar, que Srzentich no mencionó ni con una palabra la posibilidad de obtener informaciones económicas en el CC o en el gobierno de Yugoslavia. Y, en general, sería ridículo pensar que para obtener cualquier información económica sea necesario dirigirse al CC o al gobierno; para eso existen los órganos económicos normales de Yugoslavia, de los cuales los ciudadanos soviéticos anteriormente recibían la información económica necesaria. Del informe de Lavréntiev se desprende también otra cosa. No se desprende aquello sobre lo que usted escribe, sino algo completamente opuesto: precisamente que los representantes soviéticos en Yugoslavia son sometidos a control y vigilancia por parte de los órganos de seguridad de Yugoslavia. No estará de más recordar que una práctica similar de vigilancia sobre los representantes soviéticos la encontramos solo en los países burgueses, y aun así no en todos. También es necesario señalar que los órganos de seguridad yugoslavos vigilan no solo a los representantes del gobierno soviético, sino también al representante del PC(b) en el órgano de la Kominform, al camarada Yudin. Sería ridículo pensar que el gobierno soviético pueda estar de acuerdo con dejar a sus especialistas civiles en las condiciones de un régimen tal como el que se ha creado para ellos. Como se ve, también aquí la responsabilidad por la situación creada recae sobre el gobierno yugoslavo. Tales son las causas que obligaron al gobierno soviético a retirar a sus especialistas militares y civiles de Yugoslavia. 4. En su carta, usted expresó la solicitud de comunicarle también otros hechos que provocan el descontento de la URSS y que están dirigidos a empeorar las relaciones entre la URSS y Yugoslavia. Tales hechos existen realmente, y aunque no están relacionados con la retirada de los consejeros civiles y militares, consideramos necesario informarle sobre ellos. Primero. Sabemos que en el círculo de los camaradas dirigentes de Yugoslavia circulan diversas manifestaciones antisoviéticas, como por ejemplo, que el PC(b) de la URSS está degenerando, que «en la URSS domina el chovinismo de gran potencia», que «la URSS aspira a esclavizar económicamente a Yugoslavia», que «el Kominform es un medio del PC(b) de la URSS para someter a otros partidos» y otras semejantes.

Estas declaraciones antisoviéticas suelen encubrirse con una fraseología izquierdista sobre que "el socialismo en la URSS ha dejado de ser revolucionario", que "sólo Yugoslavia es la verdadera portadora del socialismo revolucionario".

Por supuesto, es ridículo escuchar semejantes cuentos sobre el PCU(b) de labios de marxistas dudosos como Djilas, Vukmanović, Kidrič, Ranković y otros. Pero el hecho es que tales declaraciones circulan desde hace tiempo en el entorno de muchos dirigentes de Yugoslavia, siguen teniendo lugar también ahora, creando una atmósfera de antisovietismo que empeora las relaciones entre el PCU(b) y el PCY.

Nosotros, ciertamente, reconocemos el derecho de cada partido comunista, incluido el yugoslavo, a criticar al PCU(b), así como el derecho del PCU(b) a criticar a cualquier otro partido comunista. Pero el marxismo exige que la crítica sea abierta y honesta, y no entre bastidores y calumniosa, pues en ese caso el criticado se ve privado de la posibilidad de responder a la crítica.

Entre tanto, la crítica de los dirigentes yugoslavos no es abierta y franca, sino solapada y deshonesta, y al mismo tiempo de carácter bifronte, pues, mientras desacreditan a espaldas con su "crítica" al PCU(b), oficialmente lo alaban farisaicamente y lo elevan hasta las nubes.

Precisamente por eso, tal crítica se convierte en calumnia, en un intento de desacreditar al PCUS(b), en un intento de hacer estallar el sistema soviético. No dudamos de que si las masas del partido yugoslavo supieran de la existencia de tal crítica, rechazarían con indignación esa crítica antisoviética por considerarla ajena y hostil. Pensamos que precisamente por eso los mencionados dirigentes yugoslavos se esfuerzan por llevar a cabo esa crítica en secreto, entre bastidores y a espaldas de las masas. No está de más recordar que también Trotski, cuando se propuso declarar la guerra al PCUS(b), comenzó asimismo por acusar al PCUS(b) de degeneración, de estrechez nacional, de chovinismo de gran potencia. Él, por supuesto, encubría todo esto con frases izquierdistas sobre la revolución mundial. Y sin embargo, como es sabido, Trotski fue un degenerado, y posteriormente, tras ser desenmascarado, se pasó abiertamente al campo de los enemigos jurados del PCUS(b) y de la Unión Soviética. Consideramos que la carrera política de Trotski es bastante instructiva.

Segundo. La situación actual en el Partido Comunista de Yugoslavia nos suscita recelos. Causa una impresión insólita el hecho de que el Partido Comunista de Yugoslavia, siendo el partido dirigente, al mismo tiempo no se haya legalizado plenamente y se encuentre hasta ahora en una situación de semilegalidad. Las decisiones de los órganos del partido, por regla general, no aparecen en la prensa. No se publican informes sobre las reuniones del partido. En la vida del Partido Comunista de Yugoslavia no se percibe la democracia interna del partido. El Comité Central del partido en su mayoría no es elegido, sino cooptado. No hay crítica y autocrítica en el partido, o casi no la hay. Es característico también el detalle de que el secretario del partido para cuestiones de cuadros sea al mismo tiempo el ministro de Seguridad del Estado.

Dicho de otro modo, los cuadros del partido están puestos bajo el control del ministro de Seguridad del Estado. De acuerdo con la teoría del marxismo, el partido está obligado a controlar todos los órganos estatales del país, incluido el ministerio de Seguridad del Estado, pero en Yugoslavia resulta al revés, pues en esencia el ministerio de Seguridad del Estado controla al partido.

Probablemente sea esto lo que explica que la autoiniciativa de las masas del partido no se encuentre en el nivel necesario. Es comprensible que no podamos considerar marxista-leninista, bolchevique, tal organización del trabajo del partido comunista. En el Partido Comunista Yugoslavo no se percibe el espíritu de la lucha de clases. El fortalecimiento de los elementos capitalistas en el campo y en la ciudad avanza a toda marcha y, al mismo tiempo, la dirección del partido no toma medidas para limitar a los elementos capitalistas. El Partido Comunista de Yugoslavia se adormece con la podrida teoría oportunista del crecimiento pacífico de los elementos capitalistas dentro del socialismo, tomada de Bernstein, Vollmar, Bujarin. De acuerdo con la teoría del marxismo-leninismo, el partido es considerado la principal fuerza dirigente del país; tiene su programa y no se disuelve en la masa sin partido. En Yugoslavia, por el contrario, se considera al Frente Popular como la principal fuerza dirigente, y se pretende disolver al partido en el Frente Popular. En su intervención en el II Congreso del Frente Popular de Yugoslavia, el camarada Tito dijo: «¿Acaso tiene el Partido Comunista algún otro programa que se diferencie del programa del Frente Popular? ¡No! El Partido Comunista no tiene otro programa. El programa del Frente Popular es su programa». Según ha resultado, en Yugoslavia consideran esta insólita teoría del partido como una teoría nueva. En realidad, no hay aquí nada nuevo. En Rusia, hace ya 40 años, una parte de los mencheviques proponía que el partido marxista se disolviera en una organización obrera de masas sin partido y que la primera fuera sustituida por la segunda.

La segunda parte de los mencheviques proponía disolver el partido marxista en una organización obrera y campesina de masas sin partido, y sustituir el primero por la segunda. Como se sabe, el camarada Lenin ya entonces caracterizó a estos mencheviques como viles oportunistas y liquidadores del partido. Tercero. No comprendemos por qué el espía inglés Velebit sigue permaneciendo en el sistema del Ministerio de Asuntos Exteriores de Yugoslavia como primer ayudante del ministro. Los camaradas yugoslavos saben que Velebit es un espía inglés.

Ellos saben también que los representantes del Gobierno soviético consideran igualmente a Velebit un espía. Y aun así, a pesar de esto, Velebit sigue siendo el primer ayudante del ministro de Asuntos Exteriores de Yugoslavia. Es posible que el Gobierno yugoslavo piense utilizar a Velebit precisamente como espía de Inglaterra.

Como es sabido, los gobiernos burgueses consideran perfectamente admisible tener en su seno a espías de las potencias imperialistas, cuyo favor quieren asegurarse, y consienten, de este modo, ponerse bajo el control de dichas potencias.

Consideramos que tal práctica es absolutamente inadmisible para los marxistas. De todos modos, el Gobierno soviético no puede poner su correspondencia con el Gobierno yugoslavo bajo el control de un espía inglés.

Está claro que, mientras Velebit siga formando parte de la dirección de los asuntos exteriores de Yugoslavia, el Gobierno soviético se considera colocado en una situación difícil y se ve privado de la posibilidad de mantener una correspondencia franca con el Gobierno yugoslavo a través del sistema del Ministerio de Asuntos Exteriores de Yugoslavia. Tales son los hechos que provocan el descontento del Gobierno soviético y del CC del PC(b) de la URSS y que conducen al empeoramiento de las relaciones entre la URSS y Yugoslavia. Estos hechos, como ya se ha dicho más arriba, no están vinculados a la cuestión de la retirada de los especialistas militares y civiles, sin embargo, desempeñan un papel nada insignificante en el empeoramiento de las relaciones entre nuestros países.

27 de marzo de 1948, Moscú

Por encargo del CC del PC(b) de la URSS

V. Mólotov

I. Stalin

Milićević P. Cuidado: revisionismo. M., 2001. Págs. 55–63.