Quisiera decir unas palabras sobre el significado del Tratado de Amistad y Asistencia Mutua entre la Unión Soviética y Finlandia, firmado ayer.

Este tratado marca un giro en las relaciones entre nuestros países. Es sabido que durante 150 años en las relaciones entre Rusia y Finlandia existió una desconfianza mutua. Los finlandeses desconfiaban de los rusos, y los rusos, de los finlandeses. Por parte soviética, en el pasado hubo un intento de romper la desconfianza que existía entre los rusos y los finlandeses. Fue cuando Lenin, en 1917, declaró la independencia de Finlandia. Fue un acto destacado desde el punto de vista histórico. Pero, lamentablemente, con ello no se quebró la desconfianza: la desconfianza siguió siendo desconfianza. Como resultado, hubo dos guerras entre nosotros.

Quisiera que del largo período de desconfianza mutua, durante el cual combatimos dos veces entre nosotros, pasáramos a un nuevo período en nuestras relaciones: a un período de confianza mutua. Es necesario que el Tratado que hemos concertado rompa esa desconfianza y cree una nueva base para las relaciones entre nuestros pueblos, y que signifique un gran viraje en las relaciones entre ambos países hacia la confianza y la amistad.

Queremos que esto sea bien comprendido no solo por quienes están presentes en esta sala, sino también por quienes se encuentran fuera de ella, tanto en Finlandia como en la Unión Soviética.

No se puede pensar que la desconfianza entre los pueblos pueda liquidarse de inmediato. Rápidamente esto no se hará. Durante largo tiempo quedan vestigios de desconfianza, secuelas, para cuya liquidación es necesario trabajar y luchar mucho, para crear tradiciones de amistad mutua entre la URSS y Finlandia, haciendo estas tradiciones sólidas.

Los tratados pueden ser igualitarios y desigualitarios. El tratado soviético-finlandés es un Tratado igualitario, pues ha sido concertado sobre la base de la plena igualdad de derechos de las partes.

Muchos no creen que puedan existir relaciones de igualdad de derechos entre una nación grande y una pequeña. Pero nosotros, los soviéticos, consideramos que tales relaciones pueden y deben existir. Los soviéticos consideran que cada nación, —sea grande o pequeña,— tiene sus particularidades cualitativas, su especificidad, que le pertenece solo a ella y que no poseen otras naciones. Estas particularidades constituyen la contribución que cada nación aporta al tesoro común de la cultura mundial, complementándolo y enriqueciéndolo. En este sentido, todas las naciones —tanto las pequeñas como las grandes— se encuentran en una situación idéntica, y cada nación equivale a cualquier otra.

Por eso el pueblo soviético considera que Finlandia, aunque es un país pequeño, actúa en este tratado como un país con igualdad de derechos respecto a la Unión Soviética.

No son muchos los dirigentes políticos de las grandes potencias que consideren a las naciones pequeñas como iguales en derechos a las naciones grandes. La mayoría de ellos mira a las naciones pequeñas desde arriba, con desdén. A veces no son reacios a conceder una garantía unilateral a las naciones pequeñas. Pero estos dirigentes, en general, no acceden a concertar tratados de igualdad de derechos con las naciones pequeñas, ya que no consideran a las naciones pequeñas como sus socios.

Propongo un brindis por el Tratado soviético-finlandés, por ese giro hacia lo mejor en las relaciones entre nuestros países que este Tratado representa.

Pravda. 18 de mayo de 1948