Considero que, entre los documentos políticos del último tiempo que tienen como objetivo el fortalecimiento de la paz, el establecimiento de la cooperación internacional y la garantía de la democracia, la Carta Abierta del señor Wallace, candidato a la presidencia de los EE. UU. por el tercer partido, es el documento más importante.

La carta abierta del señor Wallace no puede considerarse una simple declaración sobre la conveniencia de mejorar la situación internacional, sobre la conveniencia de un arreglo pacífico de las divergencias entre la URSS y los EE. UU., sobre la conveniencia de buscar vías para dicho arreglo. La insuficiencia de la declaración del gobierno de los EE. UU. del 4 de mayo y de la respuesta del gobierno de la URSS del 9 de mayo consiste en que no van más allá de declarar la conveniencia de un arreglo de las divergencias soviético-norteamericanas.

La importancia de la Carta Abierta consiste en que no se limita a declaraciones, sino que va más allá, da un serio paso adelante y ofrece un programa concreto para el arreglo pacífico de las divergencias entre la URSS y los EE.UU.

No se puede decir que la Carta Abierta del señor Wallace abarque todas las cuestiones de desacuerdo sin excepción. Tampoco se puede decir que algunas formulaciones y comentarios de la Carta Abierta no necesiten mejoras. Pero eso no es ahora lo principal. Lo principal consiste en que el señor Wallace hace en su carta un intento abierto y honesto de ofrecer un programa concreto de arreglo pacífico, propuestas concretas sobre todas las cuestiones fundamentales de los desacuerdos entre la URSS y los EE. UU.

Estas propuestas son conocidas por todos: sobre la reducción general de armamentos y la prohibición de las armas atómicas; sobre la conclusión de tratados de paz con Alemania y Japón y la retirada de tropas de estos países, sobre la retirada de tropas de China y Corea; sobre el respeto a la soberanía de cada país y la no injerencia en sus asuntos internos, sobre la no admisión de bases militares en los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas; sobre el desarrollo integral del comercio internacional, excluyendo toda discriminación; sobre la ayuda y la reconstrucción económica de los países afectados por la guerra en el marco de la Organización de las Naciones Unidas; sobre la defensa de la democracia y la garantía de los derechos civiles en todos los países, etc.

Se puede estar de acuerdo o no con el programa del señor Wallace. Pero una cosa es indudable: ningún estadista que se preocupe por la paz y la colaboración entre los pueblos puede pasar por alto este programa, pues refleja las esperanzas y aspiraciones de los pueblos de consolidar la paz y, sin duda, contará con el apoyo de muchos millones de “gente común”.

No sé si el gobierno de los EE.UU. aprueba el programa del señor Wallace como base para un acuerdo entre la URSS y los EE.UU. En cuanto al gobierno de la URSS, considera que el programa del señor Wallace podría servir como una base buena y fructífera para tal acuerdo y para el desarrollo de la cooperación internacional, pues el gobierno de la URSS estima que, a pesar de la diferencia de sistemas económicos e ideologías, la coexistencia de estos sistemas y el arreglo pacífico de las divergencias entre la URSS y los EE.UU. no sólo son posibles, sino también absolutamente necesarios en interés de la paz universal.

17 de mayo de 1948

Moscú

Pravda. 18 de mayo de 1948