Pregunta. ¿Cómo valora usted los resultados del debate en el Consejo de Seguridad sobre la situación en Berlín y el comportamiento de los representantes angloamericanos y franceses en este asunto?

Respuesta. Las valoro como una manifestación de la agresividad de la política de los círculos gobernantes angloamericanos y franceses.

Pregunta. ¿Es cierto que en agosto de este año ya se alcanzó una vez un acuerdo entre las cuatro potencias sobre la cuestión de Berlín?

Respuesta. Sí, es correcto. Como se sabe, el 30 de agosto del presente año se alcanzó en Moscú un acuerdo entre los representantes de la URSS, los EE. UU., Inglaterra y Francia sobre la realización simultánea de medidas para el levantamiento de las restricciones de transporte, por una parte, y la introducción en Berlín del marco alemán de la zona soviética como única moneda, por la otra. Este acuerdo no afecta el prestigio de nadie, tiene en cuenta los intereses de las partes y garantiza la posibilidad de una cooperación ulterior. Pero los gobiernos de los EE. UU. e Inglaterra desautorizaron a sus representantes en Moscú y declararon inexistente este acuerdo, es decir, lo violaron, decidiendo trasladar la cuestión al Consejo de Seguridad, donde los angloamericanos disponen de una mayoría asegurada.

Pregunta. ¿Es cierto que recientemente en París, durante la discusión de la cuestión en el Consejo de Seguridad, en negociaciones no oficiales se alcanzó nuevamente un acuerdo sobre la cuestión de la situación en Berlín incluso antes de su votación en el Consejo de Seguridad?

Respuesta. Sí, es correcto. El representante de Argentina, quien además presidía el Consejo de Seguridad, el señor Bramuglia, que llevaba a cabo negociaciones no oficiales con el camarada Vyshinski en nombre de otras potencias interesadas, tenía efectivamente en sus manos un proyecto acordado de resolución sobre la situación en Berlín. Pero los representantes de Estados Unidos e Inglaterra declararon nuevamente que dicho acuerdo era inexistente.

Pregunta. ¿En qué consiste entonces el asunto? ¿No se podría explicar?

Respuesta. El hecho es que los inspiradores de la política agresiva en los Estados Unidos e Inglaterra no se consideran interesados en un acuerdo y cooperación con la URSS. No necesitan acuerdo ni cooperación, sino conversaciones sobre acuerdo y cooperación, para, tras hacer fracasar el acuerdo, cargar la culpa sobre la URSS y "demostrar" con ello la imposibilidad de la cooperación con la URSS. Los incendiarios de la guerra, que aspiran a desencadenar una nueva guerra, temen sobre todo los acuerdos y la cooperación con la URSS, ya que la política de acuerdos con la URSS socava las posiciones de los incendiarios de la guerra y convierte en algo sin objeto la política agresiva de estos señores. Precisamente por eso hacen fracasar los acuerdos ya alcanzados, desautorizan a sus representantes que elaboraron junto con la URSS tales acuerdos, trasladan la cuestión al Consejo de Seguridad en violación de la Carta de las Naciones Unidas, donde tienen una mayoría asegurada y donde pueden "mostrar" todo lo que les plazca. Todo ello para "demostrar" la imposibilidad de la cooperación con la URSS, "mostrar" la necesidad de una nueva guerra y, con ello, preparar las condiciones para desencadenar la guerra.

La política de los actuales dirigentes de EE. UU. e Inglaterra es una política de agresión, una política de desencadenamiento de una nueva guerra.

Pregunta. ¿Y cómo valorar la conducta de los representantes de seis Estados en el Consejo de Seguridad: China, Canadá, Bélgica, Argentina, Colombia, Siria?

Respuesta. Es evidente que estos señores apoyan la política de agresión, la política de desencadenar la guerra.

Pregunta. ¿En qué puede terminar todo esto?

Respuesta. Esto sólo puede terminar en un vergonzoso fracaso de los instigadores de una nueva guerra. Churchill, el principal instigador de una nueva guerra, ya ha conseguido privarse de la confianza de su nación y de las fuerzas democráticas de todo el mundo. La misma suerte espera a todos los demás instigadores de la guerra. Están demasiado vivos en la memoria de los pueblos los horrores de la guerra reciente y son demasiado grandes las fuerzas sociales que están por la paz para que los discípulos de Churchill en la agresión puedan vencerlas y girarlas hacia una nueva guerra.

Pravda. 28 de octubre de 1948