## Acerca del marxismo en la lingüística

Un grupo de camaradas de la juventud se ha dirigido a mí con la propuesta de que exprese mi opinión en la prensa sobre cuestiones de lingüística, especialmente en lo que se refiere al marxismo en la lingüística. Yo no soy lingüista y, por supuesto, no puedo satisfacer plenamente a los camaradas. En cuanto al marxismo en la lingüística, como en otras ciencias sociales, tengo una relación directa con ello. Por eso he accedido a dar respuesta a una serie de preguntas planteadas por los camaradas.

Pregunta. ¿Es cierto que el lenguaje es una superestructura sobre la base?

Respuesta. No, es incorrecto.

La base es el régimen económico de la sociedad en una etapa determinada de su desarrollo. La superestructura son las concepciones políticas, jurídicas, religiosas, artísticas y filosóficas de la sociedad, así como las instituciones políticas, jurídicas y de otro tipo que les corresponden.

Toda base tiene su correspondiente superestructura. La base del régimen feudal tiene su superestructura, sus concepciones políticas, jurídicas y de otra índole, así como las instituciones correspondientes a ellas; la base capitalista tiene su superestructura; la socialista, la suya. Si la base cambia y se liquida, tras ella cambia y se liquida su superestructura; si nace una nueva base, tras ella nace la superestructura correspondiente.

El lenguaje, en este sentido, se diferencia radicalmente de la superestructura. Tomemos, por ejemplo, la sociedad rusa y el idioma ruso. A lo largo de los últimos 30 años, en Rusia fue liquidada la vieja base capitalista y construida una nueva base socialista. En correspondencia con esto, fue liquidada la superestructura sobre la base capitalista y creada una nueva superestructura, correspondiente a la base socialista. Fueron, por consiguiente, reemplazadas las viejas instituciones políticas, jurídicas y de otro tipo por otras nuevas, socialistas. Pero, a pesar de esto, el idioma ruso se mantuvo fundamentalmente igual a como era antes de la Revolución de Octubre.

¿Qué ha cambiado durante este período en el idioma ruso? Ha cambiado en cierta medida el caudal léxico del idioma ruso, ha cambiado en el sentido de que se ha enriquecido con un número considerable de palabras y expresiones nuevas, surgidas en relación con el nacimiento de la nueva producción socialista, la aparición de un nuevo Estado, una nueva cultura socialista, una nueva vida social, una nueva moral y, por último, en relación con el desarrollo de la técnica y de la ciencia; ha cambiado el significado de una serie de palabras y expresiones, que han adquirido un nuevo sentido semántico; ha desaparecido del vocabulario cierta cantidad de palabras anticuadas.

En lo que se refiere al fondo léxico fundamental y al régimen gramatical del idioma ruso, que constituyen la base de la lengua, después de la liquidación de la base capitalista, no sólo no fueron liquidados y sustituidos por un nuevo fondo léxico fundamental y un nuevo régimen gramatical de la lengua, sino que, por el contrario, se conservaron íntegramente y permanecieron sin cambios serios de ninguna clase: se conservaron precisamente como base de la lengua rusa moderna.

Además. La superestructura es engendrada por la base, pero esto no significa en absoluto que ella solo refleje la base, que sea pasiva, neutral, indiferente a la suerte de su base, a la suerte de las clases, al carácter del régimen. Por el contrario, una vez aparecida en el mundo, se convierte en una grandísima fuerza activa, contribuye activamente a que su base tome forma y se consolide, toma todas las medidas para ayudar al nuevo régimen a rematar y liquidar la vieja base y las viejas clases.

No puede ser de otra manera. La superestructura es creada por la base precisamente para que la sirva, para que la ayude activamente a constituirse y fortalecerse, para que luche activamente por la liquidación de la vieja base, que ya ha caducado, junto con su vieja superestructura. Basta con que la superestructura renuncie a este papel auxiliar suyo, basta con que pase de la posición de defensa activa de su base a la posición de indiferencia hacia ella, a la posición de actitud igual hacia las clases, para que pierda su cualidad y deje de ser superestructura.

El lenguaje, en este aspecto, se diferencia radicalmente de la superestructura. El lenguaje no ha sido engendrado por tal o cual base, por la base vieja o por la base nueva, dentro de una sociedad dada, sino por todo el curso de la historia de la sociedad y de la historia de las bases a lo largo de los siglos. No ha sido creado por una clase cualquiera, sino por toda la sociedad, por todas las clases de la sociedad, por los esfuerzos de centenares de generaciones. Ha sido creado para satisfacer las necesidades no de una clase cualquiera, sino de toda la sociedad, de todas las clases de la sociedad. Precisamente por eso ha sido creado como un lenguaje único para la sociedad y común para todos los miembros de la sociedad, como un lenguaje de todo el pueblo. Debido a esto, el papel servicial del lenguaje como medio de comunicación entre los hombres no consiste en servir a una clase en perjuicio de otras clases, sino en servir por igual a toda la sociedad, a todas las clases de la sociedad. Esto explica, en realidad, que el lenguaje pueda servir por igual tanto al viejo régimen que muere como al nuevo régimen que surge, tanto a la vieja base como a la nueva, tanto a los explotadores como a los explotados.

Para nadie es un secreto el hecho de que el idioma ruso sirvió tan bien al capitalismo ruso y a la cultura burguesa rusa antes de la Revolución de Octubre, como sirve actualmente al régimen socialista y a la cultura socialista de la sociedad rusa.

Lo mismo hay que decir del ucraniano, el bielorruso, el uzbeko, el kazajo, el georgiano, el armenio, el estonio, el letón, el lituano, el moldavo, el tártaro, el azerbaiyano, el bashkir, el turcomano y otros idiomas de las naciones soviéticas, que sirvieron tan bien al viejo régimen burgués de esas naciones como sirven al nuevo régimen socialista.

De otro modo no puede ser. El lenguaje existe para eso, fue creado para eso, para servir a la sociedad en su conjunto como instrumento de comunicación entre los hombres, para que sea común a los miembros de la sociedad y único para la sociedad, sirviendo por igual a los miembros de la sociedad independientemente de su posición de clase. Basta con que el lenguaje abandone esta posición de todo el pueblo, basta con que el lenguaje adopte la posición de preferencia y apoyo a un grupo social cualquiera en detrimento de otros grupos sociales de la sociedad, para que pierda su cualidad, para que deje de ser un medio de comunicación entre los hombres en la sociedad, para que se convierta en la jerga de un grupo social cualquiera, se degrade y se condene a sí mismo a la desaparición.

En este sentido, la lengua, a diferencia esencial de la superestructura, no se diferencia, sin embargo, de los instrumentos de producción, digamos, de las máquinas, que de igual modo pueden servir tanto al régimen capitalista como al socialista.

Continuemos. La superestructura es producto de una época, durante la cual vive y actúa la base económica dada. Por eso la superestructura no vive mucho tiempo, se liquida y desaparece con la liquidación y desaparición de la base dada.

El lenguaje, por el contrario, es el producto de toda una serie de épocas a lo largo de las cuales se forma, se enriquece, se desarrolla, se pule. Por eso el lenguaje vive incomparablemente más que cualquier base y cualquier superestructura. Esto, precisamente, explica que el nacimiento y la liquidación no solo de una base y su superestructura, sino de varias bases y las superestructuras correspondientes, no conduce en la historia a la liquidación de un lenguaje dado, a la liquidación de su estructura y al nacimiento de un nuevo lenguaje con un nuevo fondo léxico y una nueva estructura gramatical.

Desde la muerte de Pushkin han pasado más de cien años. Durante ese tiempo fueron liquidados en Rusia el régimen feudal, el régimen capitalista y surgió un tercer régimen, el socialista. Por consiguiente, fueron liquidados dos bases con sus superestructuras y surgió una nueva base socialista con su nueva superestructura. Sin embargo, si tomamos, por ejemplo, la lengua rusa, ésta no ha sufrido durante ese largo período de tiempo ruptura alguna y la lengua rusa moderna, por su estructura, se diferencia poco de la lengua de Pushkin.

¿Qué ha cambiado durante este tiempo en la lengua rusa? Durante este tiempo se ha enriquecido seriamente el caudal léxico de la lengua rusa; ha caído del caudal léxico una gran cantidad de palabras anticuadas, ha cambiado el significado semántico de un número considerable de palabras, ha mejorado la estructura gramatical de la lengua. En lo que respecta a la estructura de la lengua de Pushkin, con su estructura gramatical y su fondo léxico fundamental, esta se ha conservado en todo lo esencial como base de la lengua rusa moderna.

Y eso es perfectamente comprensible. En efecto, ¿para qué haría falta que después de cada revolución la estructura existente de la lengua, su régimen gramatical y su fondo léxico fundamental fueran destruidos y sustituidos por otros nuevos, como suele ocurrir con la superestructura? ¿A quién le hace falta que "agua", "tierra", "montaña", "bosque", "pez", "hombre", "andar", "hacer", "producir", "comerciar", etc., no se llamen agua, tierra, montaña, etc., sino de otro modo? ¿A quién le hace falta que las modificaciones de las palabras en la lengua y la combinación de palabras en la oración se hagan no según la gramática existente, sino según otra completamente distinta? ¿Qué beneficio reportaría a la revolución semejante revolución en la lengua? La historia, en general, no hace nada sustancial sin una necesidad especial de ello. Cabe preguntar: ¿qué necesidad hay de esa revolución lingüística, si está demostrado que la lengua existente, con su estructura, es en lo fundamental perfectamente apta para satisfacer las necesidades del nuevo régimen? Se puede y se debe destruir la vieja superestructura y sustituirla por una nueva en el transcurso de unos cuantos años, para dar margen al desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad; pero, ¿cómo destruir la lengua existente y edificar en su lugar una nueva lengua en el transcurso de unos cuantos años, sin introducir la anarquía en la vida social, sin crear una amenaza de descomposición de la sociedad? ¿Quién, si no son los don Quijotes, puede plantearse semejante tarea?

Finalmente, otra diferencia radical entre la superestructura y el lenguaje. La superestructura no está vinculada directamente con la producción, con la actividad productiva del hombre. Está vinculada con la producción solo indirectamente, a través de la economía, a través de la base. Por eso la superestructura refleja los cambios en el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas no de inmediato ni de forma directa, sino después de los cambios en la base, mediante la refracción de los cambios en la producción en cambios en la base. Esto significa que la esfera de acción de la superestructura es estrecha y limitada.

El lenguaje, por el contrario, está ligado a la actividad productiva del hombre de manera directa, y no solo a la actividad productiva, sino a cualquier otra actividad del hombre en todas las esferas de su trabajo: desde la producción hasta la base, desde la base hasta la superestructura. Por eso el lenguaje refleja los cambios en la producción de forma inmediata y directa, sin esperar a los cambios en la base. Por eso la esfera de acción del lenguaje, que abarca todos los campos de actividad del hombre, es mucho más amplia y polifacética que la esfera de acción de la superestructura. Más aún, es casi ilimitada.

Esto explica, ante todo, que la lengua, en particular su composición léxica, se halle en un estado de cambio casi ininterrumpido. El crecimiento ininterrumpido de la industria y la agricultura, del comercio y el transporte, de la técnica y la ciencia, exige de la lengua la reposición de su vocabulario con nuevas palabras y expresiones, necesarias para su labor. Y la lengua, reflejando directamente estas necesidades, repone su vocabulario con nuevas palabras y perfecciona su estructura gramatical.

Por consiguiente: a) un marxista no puede considerar la lengua como una superestructura sobre la base; b) confundir la lengua con la superestructura significa cometer un grave error.

Pregunta. ¿Es cierto que la lengua siempre ha sido y sigue siendo de clase, que no existe una lengua común y única para la sociedad, no clasista, una lengua de todo el pueblo?

Respuesta. No, es incorrecto.

No es difícil comprender que en una sociedad donde no hay clases, no puede hablarse de lenguaje de clase. El régimen del comunismo primitivo basado en el clan no conocía clases, por consiguiente, tampoco podía haber allí un lenguaje de clase: el lenguaje era allí común y único para todo el colectivo. La objeción de que por clase debe entenderse todo colectivo humano, incluido el colectivo del comunismo primitivo, no es una objeción, sino un juego de palabras que no merece refutación.

En lo que concierne al desarrollo ulterior de las lenguas gentilicias a las lenguas tribales, de las lenguas tribales a las lenguas de las nacionalidades y de las lenguas de las nacionalidades a las lenguas nacionales, en todas partes, en todas las etapas del desarrollo, la lengua, como medio de comunicación de los hombres en la sociedad, ha sido común y única para la sociedad, sirviendo por igual a los miembros de la sociedad independientemente de su posición social.

Me refiero aquí no a los imperios de los períodos esclavista y medieval, por ejemplo, al imperio de Ciro y de Alejandro Magno o al imperio de César y Carlomagno, los cuales no tenían su propia base económica y representaban uniones político-militares temporales y frágiles. Estos imperios no solo no tenían, sino que no podían tener una lengua única para el imperio y comprensible para todos los miembros del imperio. Representaban un conglomerado de tribus y nacionalidades que vivían su propia vida y tenían sus propias lenguas. Por consiguiente, no me refiero a estos imperios ni a otros similares a ellos, sino a las tribus y nacionalidades que formaban parte del imperio, que tenían su propia base económica y tenían sus propias lenguas formadas desde tiempos antiguos. La historia dice que las lenguas de estas tribus y nacionalidades no eran de clase, sino de todo el pueblo, comunes para las tribus y nacionalidades y comprensibles para ellas.

Por supuesto, junto con esto existían dialectos, hablas locales, pero sobre ellos prevalecía y los subordinaba la lengua única y común de la tribu o nacionalidad.

Posteriormente, con la aparición del capitalismo, la eliminación de la fragmentación feudal y la formación del mercado nacional, los pueblos se desarrollaron en naciones, y los idiomas de los pueblos, en idiomas nacionales. La historia dice que los idiomas nacionales no son idiomas de clase, sino idiomas de todo el pueblo, comunes para los miembros de las naciones y únicos para la nación.

Se ha dicho más arriba que la lengua, como medio de comunicación entre los hombres en la sociedad, sirve por igual a todas las clases de la sociedad y manifiesta en este sentido una especie de indiferencia hacia las clases. Pero los hombres, los distintos grupos sociales, las clases, distan mucho de ser indiferentes a la lengua. Se esfuerzan por utilizar la lengua en provecho propio, por imponerle su léxico especial, sus términos especiales, sus expresiones especiales. Se distinguen de un modo particular en este sentido las capas superiores de las clases poseedoras, separadas del pueblo y que lo odian: la aristocracia nobiliaria, las capas superiores de la burguesía. Se crean dialectos "de clase", jergas, "lenguajes" de salón. En la literatura, con frecuencia estos dialectos y jergas son calificados incorrectamente como lenguas: "lengua nobiliaria", "lengua burguesa", en contraposición a la "lengua proletaria", a la "lengua campesina". Sobre esta base, por extraño que parezca, algunos camaradas nuestros han llegado a la conclusión de que la lengua nacional es una ficción, de que en realidad solo existen las lenguas de clase.

Pienso que no hay nada más erróneo que semejante conclusión. ¿Se puede considerar que estos dialectos y jergas son lenguas? De ningún modo se puede. No se puede, en primer lugar, porque estos dialectos y jergas no tienen su propio régimen gramatical ni su fondo léxico fundamental: los toman prestados de la lengua nacional. No se puede, en segundo lugar, porque los dialectos y jergas tienen una esfera de circulación estrecha entre los miembros de la cúspide de una u otra clase y no sirven en absoluto como medio de comunicación entre las personas para la sociedad en su conjunto. ¿Qué es lo que tienen? Tienen: un conjunto de algunas palabras específicas que reflejan los gustos específicos de la aristocracia o de las capas superiores de la burguesía; cierta cantidad de expresiones y giros del habla que se distinguen por su refinamiento, galantería y por estar libres de las expresiones y giros "groseros" de la lengua nacional; por último, cierta cantidad de palabras extranjeras. Pero todo lo fundamental, es decir, la abrumadora mayoría de las palabras y el régimen gramatical, está tomado de la lengua común, nacional. Por consiguiente, los dialectos y las jergas representan ramificaciones de la lengua nacional común, carentes de toda independencia lingüística y condenadas a vegetar. Pensar que los dialectos y las jergas pueden desarrollarse hasta convertirse en lenguas independientes, capaces de desplazar y sustituir la lengua nacional, significa perder la perspectiva histórica y apartarse de la posición del marxismo.

Se remiten a Marx, citan un pasaje de su artículo “San Max”, donde se dice que los burgueses tienen “su propia lengua”, que esa lengua “es un producto de la burguesía”, que está impregnada del espíritu del mercantilismo y de la compraventa. Con esta cita, algunos camaradas quieren demostrar que Marx era partidario del “carácter de clase” de la lengua, que negaba la existencia de una lengua nacional única. Si esos camaradas abordaran el asunto de manera objetiva, deberían haber citado también otro pasaje del mismo artículo “San Max”, donde Marx, al abordar la cuestión de las vías de formación de la lengua nacional única, habla de la “concentración de los dialectos en una lengua nacional única, condicionada por la concentración económica y política”.

Por consiguiente, Marx reconocía la necesidad de una lengua nacional única como forma superior, a la cual se subordinan los dialectos como formas inferiores.

¿Qué puede representar en tal caso la lengua de la burguesía, que, según Marx, "es un producto de la burguesía"? ¿Acaso la consideraba Marx una lengua igual que la lengua nacional, con su propia estructura lingüística particular? ¿Podía él considerarla una lengua así? ¡Por supuesto que no! Marx simplemente quería decir que los burgueses han ensuciado la lengua nacional única con su léxico mercantil, que los burgueses, por consiguiente, tienen su propia jerga mercantil.

Resulta que estos camaradas han tergiversado la posición de Marx. Y la han tergiversado porque citaban a Marx no como marxistas, sino como dogmáticos, sin profundizar en la esencia del asunto.

Se remiten a Engels, citan de su folleto “La situación de la clase obrera en Inglaterra” las palabras de Engels de que “la clase obrera inglesa con el tiempo se ha convertido en un pueblo completamente distinto al de la burguesía inglesa”, que “los obreros hablan otro dialecto, tienen otras ideas y representaciones, otras costumbres y principios morales, otra religión y política que la burguesía”. Sobre esta base, algunos camaradas sacan la conclusión de que Engels negaba la necesidad de una lengua común, nacional, que él estaba, por consiguiente, a favor del “carácter de clase” de la lengua. Es cierto que Engels no habla aquí de la lengua, sino del dialecto, comprendiendo perfectamente que el dialecto, como ramificación de la lengua nacional, no puede sustituir a la lengua nacional. Pero estos camaradas, al parecer, no simpatizan mucho con la existencia de una diferencia entre la lengua y el dialecto...

Es evidente que la cita se ha traído fuera de lugar, ya que Engels no habla aquí de "lenguas de clase", sino principalmente de las ideas, concepciones, costumbres, principios morales, religión y política de clase. Es completamente cierto que las ideas, concepciones, costumbres, principios morales, religión y política de los burgueses y los proletarios son directamente opuestos. Pero ¿qué tiene que ver aquí la lengua nacional o el "carácter de clase" de la lengua? ¿Acaso la existencia de contradicciones de clase en la sociedad puede servir de argumento en favor del "carácter de clase" de la lengua, o en contra de la necesidad de una lengua nacional única? El marxismo dice que la comunidad de lengua es uno de los rasgos más importantes de la nación, sabiendo perfectamente, al mismo tiempo, que dentro de la nación existen contradicciones de clase. ¿Reconocen los mencionados camaradas esta tesis marxista?

Se remiten a Lafargue, señalando que Lafargue en su folleto “La lengua y la revolución” reconoce el “carácter de clase” de la lengua, que él niega, según parece, la necesidad de una lengua nacional, común a todo el pueblo. Esto no es cierto. Lafargue habla efectivamente de una “lengua nobiliaria” o “aristocrática” y de las “jergas” de las distintas capas de la sociedad. Pero estos camaradas olvidan que Lafargue, al no interesarse por la cuestión de la diferencia entre la lengua y la jerga y llamando a los dialectos ora “habla artificial”, ora “jerga”, declara taxativamente en su folleto que “el habla artificial que distingue a la aristocracia... se desprendió de la lengua de todo el pueblo, hablada tanto por los burgueses y los artesanos, como por la ciudad y el campo”.

En consecuencia, Lafargue reconoce la existencia y la necesidad de una lengua común, entendiendo perfectamente el carácter subordinado y la dependencia de la "lengua aristocrática" y de otros dialectos y jergas respecto a la lengua común.

Resulta que la referencia a Lafargue no da en el blanco.

Se remiten al hecho de que en cierta época en Inglaterra los feudales ingleses "durante siglos" hablaron en francés, mientras que el pueblo inglés hablaba en inglés, y que esta circunstancia sería supuestamente un argumento a favor del "carácter clasista" de la lengua y contra la necesidad de una lengua común a todo el pueblo. Pero esto no es un argumento, sino una especie de anécdota. En primer lugar, no todos los feudales hablaban entonces en francés, sino una pequeña cúspide de los feudales ingleses en la corte real y en los condados. En segundo lugar, no hablaban en una especie de "lengua clasista", sino en la lengua francesa común a todo el pueblo. En tercer lugar, como se sabe, este capricho por la lengua francesa desapareció después sin dejar rastro, cediendo su lugar a la lengua inglesa común a todo el pueblo. ¿Piensan acaso estos camaradas que los feudales ingleses "durante siglos" se entendían con el pueblo inglés mediante intérpretes, que no utilizaban la lengua inglesa, que no existía entonces una lengua inglesa común a todo el pueblo, que la lengua francesa representaba entonces en Inglaterra algo más serio que una lengua de salón, en uso sólo en el estrecho círculo de la cúspide de la aristocracia inglesa? ¿Cómo se puede, sobre la base de tales "argumentos" anecdóticos, negar la existencia y la necesidad de una lengua común a todo el pueblo?

La aristocracia rusa también coqueteó durante un tiempo con la lengua francesa en la corte zarista y en los salones. Se vanagloriaban de que, al hablar ruso, tartamudeaban en francés, de que sólo sabían hablar ruso con acento francés. ¿Significa esto que en Rusia no existía entonces una lengua rusa común a todo el pueblo, que la lengua común a todo el pueblo era entonces una ficción y las “lenguas de clase” una realidad?

Nuestros camaradas cometen aquí al menos dos errores.

El primer error consiste en que confunden el lenguaje con la superestructura. Piensan que si la superestructura tiene un carácter de clase, entonces el lenguaje también debe ser no de todo el pueblo, sino de clase. Pero ya he dicho antes que el lenguaje y la superestructura representan dos conceptos diferentes, que un marxista no puede permitir su confusión.

El segundo error consiste en que estos camaradas perciben la oposición de intereses entre la burguesía y el proletariado, su encarnizada lucha de clases, como la desintegración de la sociedad, como la ruptura de todos los vínculos entre las clases hostiles. Consideran que, puesto que la sociedad se ha desintegrado y ya no existe una sociedad única, sino solo clases, tampoco es necesaria una lengua única para la sociedad, no es necesaria la lengua nacional. ¿Qué queda, entonces, si la sociedad se ha desintegrado y ya no hay una lengua común a todo el pueblo, una lengua nacional? Quedan las clases y las "lenguas de clase". Es comprensible que cada "lengua de clase" tendrá su propia gramática "de clase": una gramática "proletaria", una gramática "burguesa". Cierto es que tales gramáticas no existen en la naturaleza, pero esto no perturba a estos camaradas: ellos creen que tales gramáticas aparecerán.

En su momento tuvimos a unos "marxistas" que afirmaban que los ferrocarriles que quedaron en nuestro país después de la Revolución de Octubre eran burgueses, que no era propio de nosotros, los marxistas, utilizarlos, que había que desmantelarlos y construir nuevas vías "proletarias". Por esto recibieron el apodo de "trogloditas"...

Es comprensible que una visión tan primitivo-anarquista de la sociedad, las clases y el lenguaje no tenga nada en común con el marxismo. Pero indudablemente existe y continúa viviendo en las cabezas de algunos de nuestros camaradas confundidos.

Por supuesto, es incorrecto que, debido a la existencia de una encarnizada lucha de clases, la sociedad supuestamente se haya desintegrado en clases que ya no están vinculadas económicamente entre sí en una sola sociedad. Al contrario. Mientras exista el capitalismo, burgueses y proletarios estarán vinculados entre sí por todos los hilos de la economía como partes de una única sociedad capitalista. Los burgueses no pueden vivir ni enriquecerse sin tener a su disposición obreros asalariados; los proletarios no pueden continuar su existencia sin contratarse con los capitalistas. El cese de todos los vínculos económicos entre ellos significa el cese de toda producción, y el cese de toda producción conduce a la muerte de la sociedad, a la muerte de las propias clases. Es comprensible que ninguna clase quiera someterse a la aniquilación. Por eso la lucha de clases, por muy aguda que sea, no puede conducir a la desintegración de la sociedad. Solo la ignorancia en cuestiones de marxismo y la total incomprensión de la naturaleza del lenguaje pudieron sugerir a algunos de nuestros camaradas el cuento de la desintegración de la sociedad, de las lenguas "de clase", de las gramáticas "de clase".

Se remiten, además, a Lenin y recuerdan que Lenin reconocía la existencia de dos culturas bajo el capitalismo –la burguesa y la proletaria–, que la consigna de la cultura nacional bajo el capitalismo es una consigna nacionalista. Todo esto es cierto, y Lenin tiene aquí toda la razón. Pero ¿qué tiene que ver esto con el "carácter de clase" del lenguaje? Refiriéndose a las palabras de Lenin sobre las dos culturas bajo el capitalismo, estos camaradas, por lo visto, quieren insinuar al lector que la existencia de dos culturas en la sociedad –la burguesa y la proletaria– significa que también debe haber dos lenguajes, ya que el lenguaje está ligado a la cultura, – por consiguiente, Lenin niega la necesidad de un lenguaje nacional único, por consiguiente, Lenin está a favor de los lenguajes "de clase". El error de estos camaradas consiste aquí en que identifican y confunden el lenguaje con la cultura. Sin embargo, la cultura y el lenguaje son dos cosas diferentes. La cultura puede ser tanto burguesa como socialista, mientras que el lenguaje, como medio de comunicación, es siempre un lenguaje de todo el pueblo, y puede servir tanto a la cultura burguesa como a la socialista. ¿Acaso no es un hecho que los lenguajes ruso, ucraniano y uzbeko sirven hoy a la cultura socialista de estas naciones tan bien como servían antes de la Revolución de Octubre a sus culturas burguesas? Por lo tanto, estos camaradas se equivocan profundamente al afirmar que la existencia de dos culturas diferentes conduce a la formación de dos lenguajes diferentes y a la negación de la necesidad de un lenguaje único.

Hablando de dos culturas, Lenin partía precisamente de la tesis de que la existencia de dos culturas no puede conducir a la negación de una lengua única y a la formación de dos lenguas, de que la lengua debe ser única. Cuando los bundistas empezaron a acusar a Lenin de que negaba la necesidad de la lengua nacional y trataba la cultura como "anacional", Lenin, como es sabido, protestó enérgicamente contra ello, declarando que él combatía contra la cultura burguesa, y no contra la lengua nacional, cuya necesidad consideraba indiscutible. Es extraño que algunos camaradas nuestros hayan seguido las huellas de los bundistas.

En cuanto a la lengua única, cuya necesidad supuestamente niega Lenin, convendría escuchar las siguientes palabras de Lenin:

"La lengua es el medio más importante de comunicación humana; la unidad de la lengua y su desarrollo sin trabas es una de las condiciones más importantes de una circulación comercial realmente libre y amplia, acorde con el capitalismo moderno, de una agrupación libre y amplia de la población en todas las clases por separado."

Resulta que los estimados camaradas han tergiversado las opiniones de Lenin.

Se remiten, por último, a Stalin. Citan una cita de Stalin acerca de que "la burguesía y sus partidos nacionalistas fueron y siguen siendo en este período la principal fuerza dirigente de tales naciones". Todo esto es correcto. La burguesía y su partido nacionalista dirigen efectivamente la cultura burguesa, del mismo modo que el proletariado y su partido internacionalista dirigen la cultura proletaria. Pero, ¿qué tiene que ver aquí el "carácter de clase" del idioma? ¿Acaso estos camaradas no saben que el idioma nacional es la forma de la cultura nacional, que el idioma nacional puede servir tanto a la cultura burguesa como a la cultura socialista? ¿Es posible que nuestros camaradas no conozcan la conocida fórmula de los marxistas de que las actuales culturas rusa, ucraniana, bielorrusa y otras son socialistas por su contenido y nacionales por su forma, es decir, por su idioma? ¿Están de acuerdo con esta fórmula marxista?

El error de nuestros camaradas consiste aquí en que no ven la diferencia entre la cultura y la lengua y no comprenden que la cultura, por su contenido, cambia con cada nuevo período de desarrollo de la sociedad, mientras que la lengua permanece básicamente la misma lengua a lo largo de varios períodos, sirviendo por igual tanto a la nueva cultura como a la vieja.

Por consiguiente: a) la lengua como medio de comunicación siempre ha sido y sigue siendo una lengua única para la sociedad y común para sus miembros; b) la existencia de dialectos y jergas no niega, sino que confirma la existencia de una lengua común a todo el pueblo, de la cual son ramificaciones y a la cual están subordinados; c) la fórmula sobre el "carácter de clase" de la lengua es una fórmula errónea, no marxista.

Pregunta. ¿Cuáles son los rasgos característicos del lenguaje?

Respuesta. La lengua pertenece a la categoría de los fenómenos sociales que actúan durante todo el tiempo de existencia de la sociedad. Nace y se desarrolla con el nacimiento y el desarrollo de la sociedad. Muere junto con la muerte de la sociedad. Fuera de la sociedad no hay lengua. Por eso, la lengua y las leyes de su desarrollo pueden comprenderse únicamente si se la estudia en estrecha e indisoluble relación con la historia de la sociedad, con la historia del pueblo al que pertenece la lengua estudiada y que es el creador y portador de dicha lengua.

El lenguaje es un medio, un instrumento mediante el cual las personas se comunican entre sí, intercambian pensamientos y logran una comprensión mutua. Estando directamente vinculado al pensamiento, el lenguaje registra y fija en las palabras y en la combinación de palabras en oraciones los resultados del trabajo del pensamiento, los éxitos de la labor cognoscitiva del hombre y, de esta manera, hace posible el intercambio de pensamientos en la sociedad humana.

El intercambio de ideas es una necesidad constante y vital, ya que sin él es imposible organizar las acciones conjuntas de los hombres en la lucha contra las fuerzas de la naturaleza, en la lucha por la producción de los bienes materiales necesarios, es imposible lograr éxitos en la actividad productiva de la sociedad y, por consiguiente, es imposible la existencia misma de la producción social. Por consiguiente, sin un lenguaje comprensible para la sociedad y común para todos sus miembros, la sociedad cesa la producción, se desintegra y deja de existir como sociedad. En este sentido, el lenguaje, siendo un instrumento de comunicación, es al mismo tiempo un instrumento de lucha y desarrollo de la sociedad.

Como es sabido, todas las palabras existentes en una lengua constituyen en su conjunto el llamado caudal léxico de la lengua. Lo principal en el caudal léxico de la lengua es el fondo léxico fundamental, que incluye también todas las palabras raíces como su núcleo. Éste es mucho menos extenso que el caudal léxico de la lengua, pero vive mucho tiempo, a lo largo de siglos, y proporciona a la lengua la base para la formación de nuevas palabras. El caudal léxico refleja el cuadro del estado de la lengua: cuanto más rico y variado es el caudal léxico, tanto más rica y desarrollada es la lengua.

Sin embargo, el caudal léxico, tomado por sí mismo, no constituye todavía la lengua; es, más bien, el material de construcción para la lengua. De igual modo que los materiales de construcción en la edificación no constituyen el edificio, aunque sin ellos sea imposible construir el edificio, así también el caudal léxico de la lengua no constituye la lengua misma, aunque sin él sea inconcebible lengua alguna. Pero el caudal léxico de la lengua adquiere la mayor importancia cuando pasa a disposición de la gramática de la lengua, la cual determina las reglas de modificación de las palabras, las reglas de unión de las palabras en oraciones y, de ese modo, confiere a la lengua un carácter armonioso y pleno de sentido. La gramática (morfología, sintaxis) es el conjunto de reglas sobre la modificación de las palabras y la combinación de las palabras en la oración. Por consiguiente, precisamente gracias a la gramática, la lengua obtiene la posibilidad de revestir los pensamientos humanos de una envoltura lingüística material.

El rasgo distintivo de la gramática consiste en que ella da reglas sobre la modificación de las palabras, teniendo en cuenta no palabras concretas, sino palabras en general, sin ninguna concreción; ella da reglas para la composición de oraciones, teniendo en cuenta no unas u otras oraciones concretas, digamos, un sujeto concreto, un predicado concreto, etc., sino toda clase de oraciones en general, sin relación con la forma concreta de tal o cual oración. Por consiguiente, abstrayéndose de lo particular y lo concreto, tanto en las palabras como en las oraciones, la gramática toma lo general que se halla en la base de las modificaciones de las palabras y de la combinación de palabras en oraciones, y construye a partir de ello reglas gramaticales, leyes gramaticales. La gramática es el resultado de una prolongada labor de abstracción del pensamiento humano, un indicador de los enormes éxitos del pensamiento.

En este sentido, la gramática recuerda a la geometría, la cual da sus leyes abstrayéndose de los objetos concretos, considerando los objetos como cuerpos desprovistos de concreción, y definiendo las relaciones entre ellos no como relaciones concretas de tales o cuales objetos concretos, sino como relaciones de cuerpos en general, desprovistas de toda concreción.

A diferencia de la superestructura, que está vinculada a la producción no directamente, sino a través de la economía, el lenguaje está directamente vinculado a la actividad productiva del hombre, así como a cualquier otra actividad en todas las esferas de su trabajo sin excepción. Por eso el caudal léxico del lenguaje, como el más sensible a los cambios, se halla en un estado de modificación casi ininterrumpida, y en esto el lenguaje, a diferencia de la superestructura, no tiene que esperar a que sea liquidada la base, sino que introduce cambios en su caudal léxico antes de que sea liquidada la base y sin relación alguna con el estado de la base.

Sin embargo, el caudal léxico de la lengua no cambia como una superestructura, no mediante la abolición de lo viejo y la construcción de lo nuevo, sino mediante la reposición del vocabulario existente con nuevas palabras surgidas en relación con los cambios del régimen social, con el desarrollo de la producción, con el desarrollo de la cultura, la ciencia, etc. Al mismo tiempo, a pesar de que del caudal léxico de la lengua suele caer cierta cantidad de palabras anticuadas, se le añade una cantidad mucho mayor de palabras nuevas. En lo que respecta al fondo léxico fundamental, este se conserva en todo lo principal y se utiliza como base del caudal léxico de la lengua.

Esto es comprensible. No hay ninguna necesidad de destruir el fondo léxico fundamental si este puede ser utilizado con éxito a lo largo de una serie de períodos históricos, sin mencionar que la destrucción del fondo léxico fundamental, acumulado a lo largo de siglos, ante la imposibilidad de crear un nuevo fondo léxico fundamental en un corto plazo, conduciría a la parálisis de la lengua, al completo desbarajuste de la comunicación entre las personas.

La estructura gramatical del idioma cambia aún más lentamente que su fondo léxico fundamental. Elaborada a lo largo de épocas e incorporada a la carne y la sangre del idioma, la estructura gramatical cambia aún más lentamente que el fondo léxico fundamental. Por supuesto, experimenta cambios con el transcurso del tiempo, se perfecciona, mejora y precisa sus reglas, se enriquece con nuevas reglas, pero las bases de la estructura gramatical se conservan durante un tiempo muy prolongado, ya que, como muestra la historia, pueden servir con éxito a la sociedad a lo largo de una serie de épocas.

De esta manera, la estructura gramatical de la lengua y su fondo léxico fundamental constituyen la base de la lengua, la esencia de su especificidad.

La historia señala una gran estabilidad y una colosal capacidad de resistencia de la lengua a la asimilación forzosa. Algunos historiadores, en lugar de explicar este fenómeno, se limitan a asombrarse. Pero no hay aquí fundamento alguno para el asombro. La estabilidad de la lengua se explica por la estabilidad de su estructura gramatical y de su fondo léxico fundamental. Durante cientos de años, los asimiladores turcos se esforzaron por mutilar, destruir y aniquilar las lenguas de los pueblos balcánicos. En este período, el caudal léxico de las lenguas balcánicas experimentó serias modificaciones, se asimilaron no pocas palabras y expresiones turcas, hubo tanto "convergencias" como "divergencias", sin embargo, las lenguas balcánicas resistieron y sobrevivieron. ¿Por qué? Porque la estructura gramatical y el fondo léxico fundamental de estas lenguas se conservaron en lo esencial.

De todo esto se deduce que la lengua, su estructura, no puede considerarse como el producto de una sola época. La estructura de la lengua, su régimen gramatical y su fondo léxico fundamental son el producto de una serie de épocas.

Hay que suponer que los elementos del lenguaje moderno se establecieron ya en la más remota antigüedad, antes de la época de la esclavitud. Era un lenguaje poco complejo, con un fondo léxico muy escaso, pero con su propia estructura gramatical, ciertamente primitiva, pero, aun así, una estructura gramatical.

El desarrollo ulterior de la producción, la aparición de las clases, la aparición de la escritura, el nacimiento del Estado, que necesitaba para su gestión una correspondencia más o menos ordenada, el desarrollo del comercio, que necesitaba aún más una correspondencia ordenada, la aparición de la imprenta, el desarrollo de la literatura: todo esto introdujo grandes cambios en el desarrollo de la lengua. Durante este tiempo, las tribus y los pueblos se fragmentaron y se dispersaron, se mezclaron y se cruzaron, y posteriormente aparecieron las lenguas nacionales y los Estados, se produjeron convulsiones revolucionarias, los viejos regímenes sociales fueron sustituidos por otros nuevos. Todo esto introdujo aún más cambios en la lengua y en su desarrollo.

Sin embargo, sería profundamente erróneo pensar que el desarrollo de la lengua se produjo de la misma manera que el desarrollo de la superestructura: mediante la destrucción de lo existente y la construcción de lo nuevo. En realidad, el desarrollo de la lengua no se produjo mediante la destrucción de la lengua existente y la construcción de una nueva, sino mediante el despliegue y el perfeccionamiento de los elementos fundamentales de la lengua existente. Además, el paso de una cualidad de la lengua a otra cualidad no se produjo mediante una explosión, ni mediante la destrucción única de lo viejo y la construcción de lo nuevo, sino mediante la acumulación gradual y prolongada de elementos de la nueva cualidad, de la nueva estructura de la lengua, mediante la extinción gradual de los elementos de la vieja cualidad.

Dicen que la teoría del desarrollo estadial del lenguaje es una teoría marxista, ya que reconoce la necesidad de explosiones súbitas como condición para el paso del lenguaje de una vieja cualidad a una nueva. Esto, por supuesto, es incorrecto, pues es difícil encontrar algo marxista en esta teoría. Y si la teoría de la estadialidad realmente reconoce explosiones súbitas en la historia del desarrollo del lenguaje, tanto peor para ella. El marxismo no reconoce explosiones súbitas en el desarrollo del lenguaje, la muerte súbita del lenguaje existente y la construcción súbita de un nuevo lenguaje. Lafargue no tenía razón cuando hablaba de una "revolución lingüística súbita, ocurrida entre 1789 y 1794" en Francia (véase el folleto de Lafargue "El lenguaje y la revolución"). Ninguna revolución lingüística, y además súbita, hubo entonces en Francia. Por supuesto, durante este período el vocabulario de la lengua francesa se enriqueció con nuevas palabras y expresiones, desapareció cierta cantidad de palabras obsoletas, cambió el significado semántico de algunas palabras, y nada más. Pero tales cambios no deciden en modo alguno el destino del lenguaje. Lo principal en el lenguaje es su estructura gramatical y su fondo léxico fundamental. Pero la estructura gramatical y el fondo léxico fundamental de la lengua francesa no solo no desaparecieron en el período de la Revolución Francesa, sino que se conservaron sin cambios sustanciales, y no solo se conservaron, sino que continúan viviendo hasta hoy en el francés moderno. Ya no hablo de que para la liquidación del lenguaje existente y la construcción de un nuevo lenguaje nacional ("¡revolución lingüística súbita"!) es ridículamente corto un plazo de cinco o seis años; para ello se necesitan siglos.

El marxismo considera que el paso del lenguaje de una vieja cualidad a una nueva no se produce mediante una explosión, mediante la destrucción del lenguaje existente y la creación de uno nuevo, sino mediante la acumulación gradual de elementos de la nueva cualidad y, por consiguiente, mediante la extinción gradual de los elementos de la vieja cualidad.

En general, es necesario señalar a los camaradas que se entusiasman con las explosiones, que la ley del tránsito del viejo estado cualitativo al nuevo mediante explosión es inaplicable no solo a la historia del desarrollo del lenguaje, sino que tampoco es siempre aplicable a otros fenómenos sociales del orden de la base o de la superestructura. Es obligatoria para una sociedad dividida en clases hostiles. Pero no es en absoluto obligatoria para una sociedad que no tiene clases hostiles. En el transcurso de 8-10 años, realizamos en la agricultura de nuestro país el tránsito del régimen burgués de la explotación individual campesina al régimen socialista, koljosiano. Fue una revolución que liquidó el viejo régimen económico burgués en el campo y creó un nuevo régimen, socialista. Sin embargo, esta transformación no se produjo por vía de explosión, es decir, no mediante el derrocamiento del poder existente y la creación de un nuevo poder, sino mediante el tránsito gradual del viejo régimen burgués en el campo al nuevo. Y esto se logró porque fue una revolución desde arriba, porque la transformación se realizó por iniciativa del poder existente con el apoyo de las masas fundamentales del campesinado.

Se dice que los numerosos hechos de cruce de lenguas ocurridos en la historia dan fundamento para suponer que durante el cruce se produce la formación de una nueva lengua mediante una explosión, mediante un tránsito súbito de una vieja cualidad a una nueva cualidad. Esto es completamente incorrecto.

El cruce de lenguas no puede considerarse como un acto único de un golpe decisivo que da sus resultados en el transcurso de unos pocos años. El cruce de lenguas es un proceso prolongado que dura cientos de años. Por lo tanto, aquí no puede hablarse de ninguna explosión.

Además. Sería completamente erróneo pensar que, como resultado del cruce, digamos, de dos lenguas se obtiene una nueva, una tercera lengua, que no se parece a ninguna de las lenguas cruzadas y que se diferencia cualitativamente de cada una de ellas. En realidad, en el cruce una de las lenguas suele salir vencedora, conserva su estructura gramatical, conserva su fondo léxico fundamental y continúa desarrollándose según las leyes internas de su desarrollo, mientras que la otra lengua pierde gradualmente su cualidad y gradualmente se extingue.

Por consiguiente, el cruce no produce una tercera lengua nueva, sino que conserva una de las lenguas, conserva su estructura gramatical y su fondo léxico fundamental, y le da la posibilidad de desarrollarse según las leyes internas de su desarrollo.

Es cierto que en este proceso se produce cierto enriquecimiento del vocabulario de la lengua vencedora a expensas de la lengua vencida, pero esto no la debilita, sino que, por el contrario, la fortalece.

Así ocurrió, por ejemplo, con el idioma ruso, con el cual se cruzaron en el curso del desarrollo histórico las lenguas de otros varios pueblos y que siempre salió vencedor.

Por supuesto, el vocabulario de la lengua rusa se enriquecía a costa del vocabulario de otras lenguas, pero esto no solo no debilitó, sino que, por el contrario, enriqueció y fortaleció la lengua rusa.

En cuanto a la identidad nacional de la lengua rusa, esta no experimentó el más mínimo perjuicio, pues, habiendo conservado su estructura gramatical y su fondo léxico principal, la lengua rusa continuó avanzando y perfeccionándose según las leyes internas de su desarrollo.

No puede haber duda de que la teoría del cruce no puede dar nada serio a la lingüística soviética. Si es cierto que la tarea principal de la lingüística es el estudio de las leyes internas del desarrollo del lenguaje, hay que reconocer que la teoría del cruce no solo no resuelve esta tarea, sino que ni siquiera la plantea: simplemente no la advierte o no la comprende.

Pregunta. ¿Ha obrado correctamente "Pravda" al abrir una libre discusión sobre cuestiones de lingüística?

Respuesta. Actuó correctamente.

En qué dirección se resolverán las cuestiones de la lingüística, eso quedará claro al final de la discusión. Pero ya ahora se puede decir que la discusión ha traído un gran beneficio.

La discusión ha puesto de manifiesto, ante todo, que en los organismos de lingüística, tanto en el centro como en las repúblicas, imperaba un régimen ajeno a la ciencia y a los hombres de ciencia. La más mínima crítica de la situación en la lingüística soviética, incluso los intentos más tímidos de criticar la llamada “nueva doctrina” en lingüística, eran perseguidos y reprimidos por los círculos dirigentes de la lingüística. Por una actitud crítica hacia la herencia de N. Y. Marr, por la más leve desaprobación de la doctrina de N. Y. Marr, valiosos trabajadores e investigadores en el campo de la lingüística eran destituidos de sus cargos o rebajados de categoría. Los lingüistas eran promovidos a puestos de responsabilidad no por sus cualidades profesionales, sino en función de su reconocimiento incondicional de la doctrina de N. Y. Marr.

Es universalmente reconocido que ninguna ciencia puede desarrollarse y prosperar sin la lucha de opiniones, sin la libertad de crítica. Pero esta regla universalmente reconocida era ignorada y pisoteada de la manera más desvergonzada. Se creó un grupo cerrado de dirigentes infalibles que, habiéndose asegurado contra toda posible crítica, comenzó a actuar con arbitrariedad y desenfreno.

Uno de los ejemplos: el llamado "Curso de Bakú" (lecciones de N. Y. Marr, dictadas en Bakú), rechazado y prohibido para su reedición por el propio autor, fue, sin embargo, por orden de la casta de dirigentes (el camarada Meschanínov los llama "discípulos" de N. Y. Marr) reeditado e incluido en el número de manuales recomendados a los estudiantes sin ningún tipo de reserva. Esto significa que los estudiantes fueron engañados, al hacerles pasar el rechazado "Curso" por un manual de pleno valor. Si yo no estuviera convencido de la honradez del camarada Meschanínov y de otros trabajadores de la lingüística, diría que semejante conducta equivale a sabotaje.

¿Cómo pudo suceder esto? Y sucedió porque el régimen arakcheyevista creado en la lingüística cultiva la irresponsabilidad y fomenta tales desmanes.

La discusión resultó sumamente provechosa, ante todo, porque sacó a la luz este régimen arakchéyevista y lo hizo añicos.

Pero la utilidad de la discusión no se agota con esto. La discusión no solo destruyó el viejo régimen en la lingüística, sino que también puso de manifiesto la increíble confusión de opiniones sobre las cuestiones más importantes de la lingüística que reina entre los círculos dirigentes de esta rama de la ciencia. Hasta el comienzo de la discusión, ellos callaban y silenciaban la situación desfavorable en la lingüística. Pero después del inicio de la discusión, ya fue imposible callar: se vieron obligados a intervenir en las páginas de la prensa. ¿Y qué resultó? Resultó que en la doctrina de N. Y. Marr hay toda una serie de lagunas, errores, problemas no aclarados, tesis no elaboradas. Cabe preguntarse: ¿por qué los "discípulos" de N. Y. Marr empezaron a hablar de esto solo ahora, después de abrirse la discusión? ¿Por qué no se preocuparon de esto antes? ¿Por qué en su momento no lo dijeron abierta y honestamente, como corresponde a los hombres de ciencia?

Habiendo reconocido "algunos" errores de N. Y. Marr, los "discípulos" de N. Y. Marr, según parece, piensan que desarrollar ulteriormente la lingüística solo es posible sobre la base de la teoría "precisada" de N. Y. Marr, que ellos consideran marxista. No, líbrennos del "marxismo" de N. Y. Marr. N. Y. Marr realmente quería ser y se esforzaba por ser marxista, pero no logró ser marxista. Fue tan solo un simplificador y vulgarizador del marxismo, semejante a los "proletcultistas" o a los "rappistas".

N. Y. Marr introdujo en la lingüística una fórmula incorrecta, no marxista, acerca de la lengua como superestructura, y se confundió a sí mismo, confundió la lingüística. Es imposible desarrollar la lingüística soviética sobre la base de una fórmula incorrecta.

N. Y. Marr introdujo en la lingüística otra fórmula, también incorrecta y no marxista, sobre el "carácter de clase" del lenguaje, y se confundió a sí mismo, confundió a la lingüística. Es imposible desarrollar la lingüística soviética sobre la base de una fórmula incorrecta que contradice todo el curso de la historia de los pueblos y las lenguas.

N.Y. Marr introdujo en la lingüística un tono inmodesto, jactancioso y arrogante, ajeno al marxismo, que conduce a una negación desnuda y frívola de todo lo que existió en la lingüística antes de N.Y. Marr.

N.Ya. Marr tilda clamorosamente de “idealista” al método histórico-comparativo. No obstante, hay que decir que el método histórico-comparativo, a pesar de sus graves defectos, es de todos modos mejor que el análisis realmente idealista de los cuatro elementos de N.Ya. Marr, pues el primero impulsa al trabajo, al estudio de las lenguas, mientras que el segundo impulsa únicamente a tumbarse sobre el fogón y a adivinar sobre los posos del café en torno a los consabidos cuatro elementos.

N. Y. Marr trata con altanería todo intento de estudiar los grupos (familias) de lenguas como una manifestación de la teoría del "protolenguaje". Y sin embargo, no se puede negar que el parentesco lingüístico, por ejemplo, de naciones como las eslavas, es indudable, y que el estudio del parentesco lingüístico de estas naciones podría aportar un gran beneficio a la lingüística en la tarea de estudiar las leyes del desarrollo del lenguaje. Es comprensible que la teoría del "protolenguaje" no guarda ninguna relación con este asunto.

Escuchar a N. Y. Marr y especialmente a sus "discípulos" — se podría pensar que antes de N. Y. Marr no existía ninguna lingüística, que la lingüística comenzó con la aparición de la "nueva doctrina" de N. Y. Marr. Marx y Engels fueron mucho más modestos: consideraban que su materialismo dialéctico es producto del desarrollo de las ciencias, incluida la filosofía, durante los períodos anteriores.

De este modo, la discusión ayudó a la causa también en el sentido de que puso al descubierto las lagunas ideológicas en la lingüística soviética.

Creo que cuanto antes se libere nuestra lingüística de los errores de N. Ya. Marr, más pronto será posible sacarla de la crisis que atraviesa ahora.

La liquidación del régimen de arakchéyev en la lingüística, el rechazo de los errores de N. Y. Marr, la implantación del marxismo en la lingüística: tal es, a mi juicio, el camino por el cual se podría sanear la lingüística soviética.

J. STALIN

Pravda, 20 de junio de 1950

**Sobre algunas cuestiones de lingüística**

**Respuesta al camarada E. Krashenínnikova**

Camarada Krashenínnikova.

Respondo a sus preguntas.

**1. Pregunta.** *"Sus artículos demuestran de manera convincente que el lenguaje no es ni la base ni la superestructura. ¿Sería correcto considerar el lenguaje como un fenómeno propio tanto de la base como de la superestructura, o sería más correcto considerarlo como un fenómeno intermedio?"*

**Respuesta.** Por supuesto, el lenguaje, como fenómeno social, presenta rasgos característicos tanto de la base como de la superestructura, pero no se agota en ellos. El lenguaje no puede situarse enteramente ni en el número de las bases ni en el número de las superestructuras, como tampoco puede situarse entre ellas en calidad de fenómeno "intermedio", ya que tal fenómeno "intermedio" no existe.

Pero el lenguaje, ¿no podría acaso ser incluido en el número de las fuerzas productivas de la sociedad, en el número, digamos, de los instrumentos de producción? En efecto, existe una identidad entre el lenguaje y los instrumentos de producción en el sentido de que los instrumentos de producción, al igual que el lenguaje, manifiestan una especie de indiferencia hacia las clases y pueden servir por igual a las distintas clases de la sociedad, tanto a las viejas como a las nuevas. ¿Nos da esta circunstancia fundamento para incluir el lenguaje en la categoría de los instrumentos de producción? No, no nos lo da.

Hubo un tiempo en que N. Y. Marr, viendo que su fórmula —"el lenguaje es una superestructura sobre la base"— tropezaba con objeciones, decidió "rehacerla" y declaró que "el lenguaje es un instrumento de producción". ¿Tenía razón N. Y. Marr al incluir el lenguaje en la categoría de los instrumentos de producción? No, no tenía razón en absoluto.

El problema reside en que la semejanza entre el lenguaje y los instrumentos de producción se agota en la analogía que acabo de mencionar. Por lo demás, el lenguaje se diferencia radicalmente de los instrumentos de producción. Esta diferencia consiste en que los instrumentos de producción producen bienes materiales, mientras que el lenguaje no produce nada o "produce" únicamente palabras. Dicho de manera más precisa, las personas que poseen los instrumentos de producción pueden producir bienes materiales, pero esas mismas personas, si poseen el lenguaje pero no los instrumentos de producción, no pueden producir bienes materiales. Es fácil comprender que si el lenguaje pudiera producir bienes materiales, los charlatanes serían las personas más ricas del mundo.

**2. Pregunta.** *"Marx y Engels definen el lenguaje como 'la realidad inmediata del pensamiento', como la 'conciencia práctica... real'."*

*"En el trabajo 'Ideología alemana' se dice: 'El lenguaje es tan antiguo como la conciencia; el lenguaje es la conciencia práctica, existente también para otros hombres, y, por consiguiente, la única conciencia que existe también para mí mismo, y el lenguaje, como la conciencia, surge únicamente de la necesidad, de la necesidad imperiosa de comunicación con otros hombres.'"*

*"En este sentido, ¿el lenguaje no será la envoltura material, la cáscara del pensamiento, como parte integrante de la base, de la superestructura y de toda la estructura social en su conjunto, y el pensamiento no será su contenido?"*

**Respuesta.** Marx y Engels, al hablar en "La ideología alemana" del lenguaje como realidad inmediata del pensamiento, como conciencia práctica, real, dicen en el mismo lugar que el lenguaje "es la conciencia práctica, existente también para otros hombres, y, por consiguiente, la única conciencia que existe también para mí mismo". Por consiguiente, Marx y Engels consideran el lenguaje en el contexto de su función comunicativa, en el contexto de su papel como medio de comunicación entre los hombres. Precisamente en este sentido se dice que "el lenguaje es la realidad inmediata del pensamiento", que "el lenguaje es la conciencia práctica, real". Pero de aquí no se sigue, ni mucho menos, que el lenguaje, siendo la envoltura material del pensamiento, sea parte integrante de la base, de la superestructura o de "toda la estructura social en su conjunto". El lenguaje es la envoltura material del pensamiento únicamente en el sentido de que los pensamientos surgen sobre la base del material lingüístico, sobre la base de los términos y frases del lenguaje. No existen pensamientos desnudos, liberados del material lingüístico, liberados de la "materia natural" del lenguaje. "El lenguaje es la realidad inmediata del pensamiento" (Marx). La realidad del pensamiento se manifiesta en el lenguaje. Sólo los idealistas pueden hablar del pensamiento sin la "materia natural" del lenguaje, hablar del pensamiento sin lenguaje.

En resumen: el lenguaje es un medio, un instrumento con cuya ayuda las personas se comunican entre sí, intercambian pensamientos y logran la comprensión mutua. Estando directamente ligado al pensamiento, el lenguaje registra y fija en palabras y en la combinación de palabras en oraciones los resultados del trabajo del pensamiento, los éxitos del trabajo cognoscitivo del hombre y, de este modo, hace posible el intercambio de pensamientos en la sociedad humana.

El intercambio de pensamientos es una necesidad constante y vital, ya que sin él es imposible organizar las acciones conjuntas de las personas en la lucha contra las fuerzas de la naturaleza, en la lucha por la producción de los bienes materiales necesarios; es imposible lograr éxitos en la actividad productiva de la sociedad y, por tanto, es imposible la existencia misma de la producción social. Por consiguiente, sin un lenguaje comprensible para la sociedad y común a todos sus miembros, la sociedad deja de producir, se desintegra y deja de existir como sociedad. En este sentido, el lenguaje, siendo un instrumento de comunicación, es al mismo tiempo un instrumento de lucha y desarrollo de la sociedad.

Así pues, el lenguaje pertenece a la categoría de los fenómenos sociales que actúan durante todo el tiempo de existencia de la sociedad. Nace y se desarrolla con el nacimiento y desarrollo de la sociedad. Muere con la muerte de la sociedad. Fuera de la sociedad no hay lenguaje. Por eso el lenguaje no puede ser incluido ni en la categoría de las bases, ni en la categoría de las superestructuras, ni en la categoría de los fenómenos "intermedios" entre ellas, como tampoco puede ser incluido en la categoría de las fuerzas productivas de la sociedad, en la categoría de los instrumentos de producción.

Además, convendría señalar que en la cita de "La ideología alemana" que usted menciona se omiten las palabras de Marx y Engels sobre la relación entre el lenguaje y el pensamiento. La cita completa dice: "Sólo ahora, después de haber examinado ya cuatro momentos, cuatro aspectos de las relaciones históricas primarias, encontramos que el hombre posee también 'conciencia'. Pero el hombre no posee esta conciencia en forma de conciencia 'pura' desde el principio. El 'espíritu' está ya, de antemano, afectado por la maldición de estar 'cargado' de materia, que aquí se manifiesta bajo la forma de capas de aire en movimiento, de sonidos, en una palabra, bajo la forma del lenguaje. El lenguaje es tan antiguo como la conciencia; el lenguaje es la conciencia práctica, existente también para otros hombres, y, por consiguiente, la única conciencia que existe también para mí mismo, y el lenguaje, como la conciencia, surge únicamente de la necesidad, de la necesidad imperiosa de comunicación con otros hombres." (Subrayado por mí. — J. St.)

Como ve, Marx y Engels subrayan el carácter material del lenguaje, que se manifiesta en forma de capas de aire en movimiento, de sonidos, y señalan la unidad inseparable del lenguaje y la conciencia. A propósito, en mis trabajos sobre lingüística también se subraya el carácter material del lenguaje y la unidad inseparable del lenguaje y el pensamiento.

**3. Pregunta.** *"En uno de sus artículos usted afirma que el lenguaje no es ni la base ni la superestructura. ¿Es correcto considerar el lenguaje como un fenómeno propio tanto de la base como de la superestructura, o sería más correcto considerarlo como un fenómeno intermedio? En otro artículo usted afirma que el lenguaje es un instrumento de desarrollo y lucha. ¿En qué se manifiesta el papel del lenguaje como instrumento de desarrollo y lucha?"*

**Respuesta.** Ya he respondido a la primera parte de esta pregunta en la respuesta a la pregunta anterior. En cuanto a la segunda parte, intentaré responderla ahora.

El lenguaje es un instrumento de desarrollo y lucha en el sentido de que, al ser un medio de comunicación entre las personas, el lenguaje permite a las personas intercambiar pensamientos y lograr la comprensión mutua en todas las esferas de la actividad humana, tanto en la esfera de la producción como en la esfera de las relaciones económicas, tanto en la esfera de la política como en la esfera de la cultura, tanto en la vida social como en la vida cotidiana. Estos rasgos del lenguaje determinan también su papel como instrumento de desarrollo y lucha. Pero el lenguaje no es un instrumento de desarrollo y lucha en el sentido de que él mismo pueda ser fuente de desarrollo o causa de lucha, como piensan algunos camaradas. El lenguaje es un instrumento, un medio con cuya ayuda las personas se comunican entre sí, intercambian pensamientos y logran la comprensión mutua. El desarrollo de la sociedad, la lucha entre las clases, el movimiento de la ciencia y la cultura, todo esto se lleva a cabo con la ayuda del lenguaje, pero no sobre la base del lenguaje, sino sobre la base de las leyes del desarrollo de la producción, de las leyes de la lucha de clases, de las leyes del desarrollo de la ciencia y la cultura. El lenguaje es sólo un instrumento, un medio que sirve a estos procesos.

**4. Pregunta.** *"¿En qué se diferencian sus artículos sobre lingüística de las obras de los clásicos del marxismo sobre el lenguaje?"*

**Respuesta.** Mis artículos sobre lingüística no pretenden aportar algo fundamentalmente nuevo en comparación con lo que ya han dicho los clásicos del marxismo sobre el lenguaje. Mis artículos se proponen la tarea de afirmar y desarrollar ulteriormente las conocidas tesis del marxismo sobre el lenguaje, así como de criticar los errores antimarxistas en lingüística, propagados por N. Y. Marr y sus seguidores. En este sentido, mis artículos son una continuación de la obra de los clásicos del marxismo en el terreno de la lingüística.

**5. Pregunta.** *"¿Qué opina usted sobre el estado actual de la lingüística soviética?"*

**Respuesta.** Creo que la lingüística soviética se encuentra en un estado de profunda crisis. La causa de esta crisis es el dominio prolongado del régimen de Arakchéyev en lingüística, creado por N. Y. Marr y sus seguidores. Este régimen excluía toda crítica, toda libre discusión, y plantaba la arbitrariedad y el despotismo en la ciencia. La tarea consiste en liquidar por completo este régimen, desenmascarar los errores de N. Y. Marr y poner la lingüística soviética sobre los firmes rieles del marxismo.

J. Stalin

"Pravda", 4 de julio de 1950

Camarada Krasheninnikova!

Respondo a sus preguntas.

1. Pregunta. En su artículo se ha demostrado convincentemente que el lenguaje no es ni base ni superestructura. ¿Sería legítimo considerar que el lenguaje es un fenómeno propio tanto de la base como de la superestructura, o sería más correcto considerar el lenguaje como un fenómeno intermedio?

Respuesta. Por supuesto, al idioma como fenómeno social le es propio aquello común que es inherente a todos los fenómenos sociales, incluidos la base y la superestructura, a saber: sirve a la sociedad del mismo modo que la sirven todos los demás fenómenos sociales, incluidos la base y la superestructura. Pero con esto, en rigor, se agota lo común que es inherente a todos los fenómenos sociales. Más allá comienzan las serias diferencias entre los fenómenos sociales.

El hecho es que los fenómenos sociales, además de este aspecto general, tienen sus propias particularidades específicas, que los distinguen unos de otros y que son lo más importante para la ciencia. Las particularidades específicas de la base consisten en que sirve a la sociedad económicamente. Las particularidades específicas de la superestructura consisten en que sirve a la sociedad con ideas políticas, jurídicas, estéticas y de otro tipo, y crea para la sociedad las instituciones políticas, jurídicas y de otra índole correspondientes. ¿En qué consisten, pues, las particularidades específicas del lenguaje, que lo distinguen de otros fenómenos sociales? Consisten en que el lenguaje sirve a la sociedad como medio de comunicación entre las personas, como medio de intercambio de pensamientos en la sociedad, como medio que da a las personas la posibilidad de entenderse mutuamente y organizar el trabajo conjunto en todas las esferas de la actividad humana, tanto en el ámbito de la producción como en el de las relaciones económicas, tanto en el ámbito de la política como en el de la cultura, tanto en la vida social como en la vida cotidiana. Estas particularidades son propias únicamente del lenguaje, y precisamente porque son propias únicamente del lenguaje, el lenguaje es objeto de estudio de una ciencia independiente: la lingüística. Sin estas particularidades del lenguaje, la lingüística perdería el derecho a una existencia independiente.

En resumen: el idioma no puede ser incluido ni en la categoría de las bases ni en la categoría de las superestructuras.

Tampoco se le puede incluir en la categoría de fenómenos "intermedios" entre la base y la superestructura, ya que tales fenómenos "intermedios" no existen.

Pero, ¿acaso podría incluirse el lenguaje en la categoría de las fuerzas productivas de la sociedad, en la categoría de, digamos, los instrumentos de producción? En efecto, entre el lenguaje y los instrumentos de producción existe cierta analogía: los instrumentos de producción, al igual que el lenguaje, manifiestan una especie de indiferencia hacia las clases y pueden servir por igual a las distintas clases de la sociedad, tanto a las viejas como a las nuevas. ¿Da esta circunstancia fundamento para incluir el lenguaje en la categoría de los instrumentos de producción? No, no lo da.

Hubo un tiempo en que N.Y. Marr, viendo que su fórmula "la lengua es una superestructura sobre la base" encontraba objeciones, decidió "reestructurarse" y declaró que "la lengua es un instrumento de producción". ¿Tenía razón N.Y. Marr al clasificar la lengua en la categoría de instrumentos de producción? No, estaba absolutamente equivocado.

El caso es que la semejanza entre el lenguaje y los instrumentos de producción se agota en la analogía de la que acabo de hablar. Pero, en cambio, entre el lenguaje y los instrumentos de producción existe una diferencia radical. Esta diferencia consiste en que los instrumentos de producción producen bienes materiales, mientras que el lenguaje no produce nada o "produce" solamente palabras. Dicho con más precisión, las personas que poseen instrumentos de producción pueden producir bienes materiales, pero esas mismas personas, poseyendo el lenguaje pero no poseyendo instrumentos de producción, no pueden producir bienes materiales. No es difícil comprender que si el lenguaje pudiera producir bienes materiales, los charlatanes serían las personas más ricas del mundo.

2. Pregunta. Marx y Engels definen el lenguaje como "la realidad inmediata del pensamiento", como la "conciencia práctica... real". "Las ideas —dice Marx— no existen separadas del lenguaje". ¿En qué medida, en su opinión, la lingüística debe ocuparse del aspecto semántico del lenguaje, de la semántica y la semasiología histórica y la estilística, o el objeto de la lingüística debe ser solo la forma?

Respuesta. La semántica (semasiología) es una de las partes importantes de la lingüística. El aspecto semántico de las palabras y expresiones tiene una importancia seria en el estudio de la lengua. Por eso, a la semántica (semasiología) debe asegurársele en la lingüística el lugar que le corresponde.

Sin embargo, al elaborar las cuestiones de la semántica y utilizar sus datos, de ninguna manera se puede sobrestimar su importancia, y más aún, no se puede abusar de ella. Me refiero a ciertos lingüistas que, dejándose llevar en exceso por la semántica, descuidan la lengua como "realidad inmediata del pensamiento", indisolublemente ligada al pensamiento, desvinculan el pensamiento de la lengua y afirman que la lengua está caducando, que se puede prescindir de la lengua.

Presten atención a las siguientes palabras de N.Y. Marr:

“El lenguaje existe únicamente en la medida en que se manifiesta en sonidos; la acción del pensamiento se produce también sin manifestación... El lenguaje (sonoro) ha comenzado ya a ceder sus funciones a los más recientes inventos, que vencen incondicionalmente el espacio, mientras que el pensamiento asciende gracias a las acumulaciones no utilizadas de su pasado y a las nuevas adquisiciones, y está llamado a desplazar y sustituir por completo al lenguaje. El lenguaje del futuro es el pensamiento, que crece en una técnica libre de la materia natural. Ante él no podrá resistir ningún lenguaje, ni siquiera el sonoro, ligado aún a las normas de la naturaleza” (véase “Obras escogidas” de N. Y. Marr).

Si se traduce esta jerigonza "trabajo-mágica" al lenguaje humano simple, se puede llegar a la conclusión de que: a) N. Ya. Marr separa el pensamiento del lenguaje; b) N. Ya. Marr considera que la comunicación entre las personas se puede realizar también sin lenguaje, mediante el propio pensamiento, libre de la "materia natural" del lenguaje, libre de las "normas de la naturaleza"; c) al separar el pensamiento del lenguaje y "liberarlo" de la "materia natural" lingüística, N. Ya. Marr cae en el pantano del idealismo.

Dicen que los pensamientos surgen en la cabeza del hombre antes de ser expresados en el habla, surgen sin material lingüístico, sin envoltura lingüística, por así decirlo, en forma desnuda. Pero esto es completamente falso. Cualesquiera que sean los pensamientos que surjan en la cabeza del hombre, estos pueden surgir y existir únicamente sobre la base del material lingüístico, sobre la base de términos y frases lingüísticos. No existen pensamientos desnudos, libres del material lingüístico, libres de la "materia natural" lingüística. "El lenguaje es la realidad inmediata del pensamiento" (Marx). La realidad del pensamiento se manifiesta en el lenguaje. Solo los idealistas pueden hablar de un pensamiento no vinculado con la "materia natural" del lenguaje, de un pensamiento sin lenguaje.

En resumen: la sobrevaloración de la semántica y el abuso de esta última condujeron a N.Ya. Marr al idealismo.

Por consiguiente, si se preserva la semántica (semasiología) de las exageraciones y abusos, como los que permiten N. Y. Marr y algunos de sus "discípulos", ella puede aportar un gran beneficio a la lingüística.

3. Pregunta. Usted dice con toda razón que las ideas, concepciones, costumbres y principios morales de los burgueses y de los proletarios son directamente opuestos. El carácter de clase de estos fenómenos se ha reflejado indudablemente en el aspecto semántico del lenguaje (y a veces también en su forma, en el léxico, como se señala correctamente en su artículo). ¿Se puede, analizando un material lingüístico concreto y, en primer lugar, el aspecto semántico del lenguaje, hablar de la esencia de clase de los conceptos expresados por él, especialmente en aquellos casos en que se trata de la expresión lingüística no solo del pensamiento del hombre, sino también de su actitud ante la realidad, donde se manifiesta de manera particularmente nítida su pertenencia de clase?

Respuesta. En resumen, ¿quiere usted saber si las clases influyen en el lenguaje, si introducen en él sus palabras y expresiones específicas, si hay casos en que las personas atribuyen a unas mismas palabras y expresiones un significado semántico diferente en función de su pertenencia de clase?

Sí, las clases influyen en el idioma, introducen en el idioma sus palabras y expresiones específicas y a veces entienden de manera diferente unas mismas palabras y expresiones. Esto no está sujeto a duda.

De esto, sin embargo, no se sigue que las palabras y expresiones específicas, así como la diferencia en la semántica, puedan tener una importancia seria para el desarrollo de una lengua común de todo el pueblo, que sean capaces de debilitar su significado o cambiar su carácter.

En primer lugar, de tales palabras y expresiones específicas, así como de casos de diferencia en la semántica, hay tan pocas en la lengua que apenas constituyen el uno por ciento de todo el material lingüístico. Por consiguiente, toda la restante y abrumadora masa de palabras y expresiones, así como su semántica, son comunes a todas las clases de la sociedad.

En segundo lugar, las palabras y expresiones específicas que poseen un matiz de clase se utilizan en el habla no según las reglas de una "gramática de clase" inexistente en la naturaleza, sino según las reglas de la gramática de la lengua común existente de todo el pueblo.

Por consiguiente, la presencia de palabras y expresiones específicas y los hechos de diferencia en la semántica del idioma no refutan, sino que, por el contrario, confirman la existencia y la necesidad de un idioma común único para todo el pueblo.

4. Pregunta. En su artículo valora usted con total acierto a Marr como un vulgarizador del marxismo. ¿Significa esto que los lingüistas, incluidos nosotros, los jóvenes, debemos desechar toda la herencia lingüística de Marr, quien, a pesar de todo, cuenta con una serie de valiosas investigaciones lingüísticas (sobre ellas escribieron en la discusión los camaradas Chikobava, Sanzhéyev y otros)? ¿Podemos, abordando a Marr críticamente, tomar de él lo útil y valioso?

Respuesta. Por supuesto, las obras de N. Y. Marr no consisten solo de errores. N. Y. Marr cometió errores gravísimos cuando introdujo en la lingüística elementos del marxismo en forma tergiversada, cuando intentó crear una teoría independiente del lenguaje. Pero N. Y. Marr tiene algunas obras buenas, escritas con talento, donde él, olvidándose de sus pretensiones teóricas, investiga de manera concienzuda y, hay que decirlo, hábil, determinadas lenguas. En tales obras se puede encontrar mucho valioso e instructivo. Es comprensible que esto valioso e instructivo debe ser tomado de N. Y. Marr y utilizado.

5. Pregunta. Muchos lingüistas consideran que una de las causas fundamentales del estancamiento en la lingüística soviética es el formalismo. Me gustaría mucho conocer su opinión sobre en qué consiste el formalismo en la lingüística y cómo superarlo.

Respuesta. N.Y. Marr y sus "discípulos" acusan de "formalismo" a todos los lingüistas que no comparten la "nueva doctrina" de N.Y. Marr. Esto, por supuesto, no es serio ni inteligente.

N. Y. Marr consideraba la gramática una "formalidad" vacía, y a las personas que consideran la estructura gramatical la base del lenguaje, formalistas. Esto es completamente estúpido.

Pienso que el “formalismo” ha sido inventado por los autores de la “nueva doctrina” para facilitar la lucha contra sus adversarios en la lingüística.

La causa del estancamiento en la lingüística soviética no es el "formalismo" inventado por N. Y. Marr y sus "discípulos", sino el régimen de Arakchéiev y las lagunas teóricas en la lingüística. El régimen de Arakchéiev fue creado por los "discípulos" de N. Y. Marr. La confusión teórica fue introducida en la lingüística por N. Y. Marr y sus colaboradores más cercanos. Para que no haya estancamiento, es necesario eliminar tanto lo uno como lo otro. La eliminación de estas lacras saneará la lingüística soviética, la sacará al amplio camino y dará a la lingüística soviética la posibilidad de ocupar el primer lugar en la lingüística mundial.

J. STALIN

29 de junio de 1950

Pravda. 4 de julio de 1950

Respuesta a los camaradas

Al camarada Sanzheev

Estimado camarada Sanzheev!

Respondo a su carta con gran retraso, ya que solo ayer me entregaron su carta desde el aparato del CC.

Usted interpreta sin duda correctamente mi posición en la cuestión de los dialectos.

Los dialectos "de clase", que sería más correcto denominar jergas, no sirven a las masas populares, sino a una estrecha cúpula social. Además, no poseen una estructura gramatical ni un fondo léxico básico propios. En vista de ello, no pueden en modo alguno desarrollarse como lenguas independientes.

Los dialectos locales ("territoriales"), por el contrario, sirven a las masas populares y poseen su propia estructura gramatical y un fondo léxico fundamental. En vista de ello, algunos dialectos locales, en el proceso de formación de las naciones, pueden constituir la base de las lenguas nacionales y desarrollarse como lenguas nacionales independientes. Así ocurrió, por ejemplo, con el dialecto de Kursk-Oriol (el "habla" de Kursk-Oriol) de la lengua rusa, que constituyó la base de la lengua nacional rusa. Lo mismo cabe decir del dialecto de Poltava-Kiev de la lengua ucraniana, que constituyó la base de la lengua nacional ucraniana. En cuanto a los demás dialectos de dichas lenguas, estos pierden su originalidad, se incorporan a esas lenguas y desaparecen en ellas.

Existen también procesos inversos, cuando la lengua única de un pueblo que aún no se ha convertido en nación por falta de condiciones económicas de desarrollo, sufre un colapso a consecuencia de la desintegración estatal de ese pueblo, y los dialectos locales, que todavía no habían logrado fundirse en una lengua única, reviven y dan origen a la formación de lenguas independientes separadas. Es posible que así ocurriera precisamente, por ejemplo, con la lengua única mongola.

J. STALIN

1950. 11 de julio.

Pravda. 2 de agosto de 1950

A los camaradas D. Belkin y S. Furer

Recibí sus cartas.

Su error consiste en que usted ha mezclado dos cosas diferentes y ha sustituido el tema examinado en mi respuesta a la camarada Krashenínnikova por otro tema.

1. Critico en esta respuesta a N.Y. Marr, quien, hablando del lenguaje (sonoro) y del pensamiento, separa el lenguaje del pensamiento y cae así en el idealismo. Por lo tanto, en mi respuesta se trata de personas normales que poseen el lenguaje. Afirmo, además, que en tales personas los pensamientos pueden surgir solo sobre la base del material lingüístico, que no existen pensamientos desnudos, no vinculados al material lingüístico, en las personas que poseen el lenguaje.

En lugar de aceptar o rechazar esta tesis, usted recurre a personas anómalas, sin lenguaje, a sordomudos que carecen de lengua y cuyos pensamientos, por supuesto, no pueden surgir sobre la base del material lingüístico. Como ve, este es un tema completamente distinto, que yo no he tratado ni podía tratar, ya que la lingüística se ocupa de personas normales que poseen lenguaje, y no de personas anómalas, sordomudas, que carecen de lengua.

Ha sustituido el tema que se estaba debatiendo por otro que no se debatió.

2. De la carta del camarada Belkin se desprende que él pone en el mismo plano el "lenguaje de palabras" (lenguaje sonoro) y el "lenguaje de gestos" (según N. Y. Marr, lenguaje "manual"). Él piensa, al parecer, que el lenguaje de gestos y el lenguaje de palabras son equivalentes, que en un tiempo la sociedad humana no tuvo lenguaje de palabras, que el lenguaje "manual" sustituía entonces al lenguaje de palabras que apareció después.

Pero si realmente piensa así el camarada Belkin, entonces comete un grave error. El lenguaje sonoro, o lenguaje de palabras, ha sido siempre el único lenguaje de la sociedad humana capaz de servir como medio pleno de comunicación entre los hombres. La historia no conoce ninguna sociedad humana, por muy atrasada que fuera, que no tuviera su propio lenguaje sonoro. La etnografía no conoce ningún pueblo atrasado, por muy primitivo que fuera, incluso más primitivo que, digamos, los australianos o los fueguinos del siglo pasado, que no tuviera su propio lenguaje sonoro. El lenguaje sonoro en la historia de la humanidad es una de esas fuerzas que ayudaron a los hombres a destacarse del mundo animal, a unirse en sociedades, a desarrollar su pensamiento, a organizar la producción social, a librar una lucha exitosa contra las fuerzas de la naturaleza y a alcanzar el progreso que tenemos en la actualidad.

A este respecto, la importancia del así llamado lenguaje de gestos, en vista de su extrema pobreza y limitación, es insignificante. Este no es, en rigor, un lenguaje y ni siquiera un sucedáneo del lenguaje capaz de sustituir de un modo u otro al lenguaje sonoro, sino un medio auxiliar con recursos extremadamente limitados, del que a veces se sirve el hombre para subrayar uno u otro momento de su discurso. Tan imposible es equiparar el lenguaje de gestos al lenguaje sonoro como equiparar la primitiva azada de madera al moderno tractor de oruga con arado de cinco cuerpos y sembradora tractora de siembra en línea.

3. Como se ve, a usted le interesan ante todo los sordomudos, y solo después los problemas de la lingüística. Al parecer, precisamente esta circunstancia le ha llevado a dirigirse a mí con una serie de preguntas. Bien, si usted insiste, no tengo inconveniente en satisfacer su petición. Así pues, ¿cómo están las cosas con los sordomudos? ¿Funciona en ellos el pensamiento, surgen en ellos los pensamientos? Sí, en ellos funciona el pensamiento, surgen los pensamientos. Está claro que, puesto que los sordomudos están privados del lenguaje, sus pensamientos no pueden surgir sobre la base del material lingüístico. ¿Significa esto que los pensamientos de los sordomudos son desnudos, no vinculados a las "normas de la naturaleza" (expresión de N. Y. Marr)? No, no lo significa. Los pensamientos de los sordomudos surgen y pueden existir únicamente sobre la base de las imágenes, percepciones y representaciones que se forman en su vida cotidiana acerca de los objetos del mundo exterior y sus relaciones entre sí, gracias a los sentidos de la vista, el tacto, el gusto y el olfato. Fuera de estas imágenes, percepciones y representaciones, el pensamiento es vacío, está privado de todo contenido, es decir, no existe.

J. STALIN

22 de julio de 1950

Pravda. 2 de agosto de 1950

Al camarada A. Jólopov

He recibido su carta.

Me retrasé un poco con la respuesta debido a la sobrecarga de trabajo.

Su carta parte tácitamente de dos supuestos: del supuesto de que es admisible citar las obras de tal o cual autor al margen del período histórico del cual trata la cita y, en segundo lugar, del supuesto de que tales o cuales conclusiones y fórmulas del marxismo, obtenidas como resultado del estudio de uno de los períodos del desarrollo histórico, son correctas para todos los períodos del desarrollo y por ello deben permanecer inmutables.

Debo decir que ambas suposiciones son profundamente erróneas.

La cuestión nacional y el leninismo

Respuesta a los camaradas Meshkov, Kovalchuk y otros

He recibido sus cartas. Son muy parecidas a otras muchas cartas sobre el mismo tema que he recibido en los últimos meses de parte de los camaradas que mencionan. He decidido contestarles a todos ustedes con esta carta abierta, porque considero que es la única oportunidad para responder de una vez a todas esas cartas.

Pido disculpas por el retraso en la respuesta, pero las circunstancias no me han permitido responder antes.

I. Sobre el planteamiento de la cuestión nacional en la actualidad

En sus cartas, la cuestión nacional se plantea de forma abstracta, escolástica, desligada de las condiciones históricas concretas. Este es el error principal de los camaradas que me escriben. Por eso obtienen conclusiones erróneas.

En la época actual, la cuestión nacional tiene un carácter completamente distinto al de, digamos, hace veinte o treinta años. Entonces, en la época del capitalismo premonopolista, la cuestión nacional era parte de la cuestión general de la revolución democrático-burguesa. Era una cuestión de la lucha de las naciones oprimidas por su liberación nacional, por la creación de Estados nacionales independientes. El leninismo explicaba que en aquella época la cuestión nacional era una cuestión de la revolución democrático-burguesa, y que en este sentido los marxistas debían apoyar los movimientos nacionales de las colonias y de los países dependientes.

Ahora, después de la Primera Guerra Mundial y de la Revolución de Octubre en Rusia, cuando la cuestión nacional ha pasado a formar parte de la cuestión general de la revolución proletaria mundial, la cuestión nacional es una cuestión de la lucha de las colonias y de los países dependientes por su liberación del yugo del imperialismo. Es una cuestión de la lucha de los pueblos de las colonias y de los países dependientes contra la esclavitud imperialista, por la independencia nacional. Es una cuestión de la ayuda de los países imperialistas a la revolución proletaria en los países avanzados.

Este es precisamente el planteamiento leninista de la cuestión nacional en la actualidad.

Los camaradas que me escriben ignoran este cambio histórico fundamental. Por eso no pueden comprender por qué Lenin planteó la cuestión nacional de una manera nueva en la época del imperialismo, por qué vinculó la cuestión nacional con la cuestión de las colonias, por qué declaró que la cuestión nacional es parte de la cuestión general de la revolución proletaria mundial, de la dictadura del proletariado.

II. Sobre la autodeterminación de las naciones

En sus cartas se presta una atención exagerada a la cuestión de la autodeterminación de las naciones, considerándola aisladamente, fuera de su conexión con la época histórica concreta. De ahí la confusión y las conclusiones erróneas.

Hay que distinguir entre diferentes tipos de autodeterminación. Hay una autodeterminación de las naciones en la época del capitalismo premonopolista, cuando la burguesía luchaba por el poder y trataba de crear su propio Estado nacional. Esta autodeterminación era progresista, porque contribuía a la destrucción del feudalismo y a la creación de Estados nacionales burgueses. Los marxistas apoyaban esta autodeterminación.

Pero hay otra autodeterminación de las naciones en la época del imperialismo, cuando la burguesía de los países imperialistas utiliza la consigna de la autodeterminación para dividir a los trabajadores y debilitar su lucha contra el imperialismo. Esta autodeterminación es reaccionaria, porque sirve a los intereses del imperialismo. Los marxistas no pueden apoyar esta autodeterminación.

Además, hay una autodeterminación de las naciones en las condiciones de la lucha de las colonias y de los países dependientes por su liberación del yugo imperialista. Esta autodeterminación es revolucionaria, porque ayuda a la lucha de los pueblos oprimidos contra el imperialismo. Los marxistas apoyan incondicionalmente esta autodeterminación.

Finalmente, hay una autodeterminación de las naciones en las condiciones de la dictadura del proletariado, cuando el proletariado ha tomado el poder y construye el socialismo. Esta autodeterminación está subordinada a los intereses de la revolución proletaria, a los intereses de la construcción socialista. No es un fin en sí misma, sino un medio para fortalecer la dictadura del proletariado y construir el socialismo.

Los camaradas que me escriben no ven estas diferencias. Para ellos, la autodeterminación es una consigna abstracta, buena para todas las épocas y para todos los pueblos. Este es un enfoque no marxista, no leninista, de la cuestión nacional.

III. Sobre el derecho de las naciones a la separación

En sus cartas se habla mucho del derecho de las naciones a la separación, pero se olvida que este derecho no es una obligación. El derecho a la separación no significa que la separación sea siempre conveniente o necesaria. La cuestión de la separación debe resolverse desde el punto de vista de los intereses del desarrollo social, desde el punto de vista de los intereses de la lucha de clases del proletariado.

Lenin explicó muchas veces que el derecho de las naciones a la autodeterminación, incluido el derecho a la separación, no debe confundirse con la conveniencia de la separación de una nación determinada en un momento determinado. El Partido del proletariado debe resolver esta cuestión en cada caso concreto desde el punto de vista de los intereses del desarrollo social en su conjunto y de los intereses de la lucha de clases del proletariado por el socialismo.

Los camaradas que me escriben no entienden esta diferencia. Para ellos, el derecho a la separación es un fin en sí mismo. No comprenden que en las condiciones de la dictadura del proletariado, la cuestión de la separación se resuelve no desde el punto de vista de los intereses de una nación aislada, sino desde el punto de vista de los intereses de la unión voluntaria de las naciones, de los intereses de la construcción socialista.

IV. Sobre la fusión de las naciones

En sus cartas se toca también la cuestión de la fusión de las naciones. Algunos camaradas piensan que la fusión de las naciones es una consigna actual, que ya ha llegado el momento de la fusión de las naciones en la URSS. Esto es un error.

Lenin enseñó que la fusión de las naciones es un proceso muy largo, que sólo será posible después de la victoria del socialismo en todo el mundo, después de la desaparición de las diferencias nacionales y de la creación de condiciones para la fusión de las naciones en una sola comunidad mundial. Mientras tanto, en el período de la dictadura del proletariado, no debemos debilitar, sino fortalecer la cooperación fraternal de las naciones, su unión voluntaria en un solo Estado multinacional.

En la URSS, no se trata de la fusión de las naciones, sino de la unión fraternal de las naciones en el marco de un solo Estado socialista, de la ayuda mutua entre las naciones para la construcción del socialismo, de la liquidación de la desigualdad de hecho entre las naciones, heredada del pasado.

Los camaradas que me escriben no entienden esta diferencia. Confunden la cuestión de la unión de las naciones en el período de la dictadura del proletariado con la cuestión de la fusión de las naciones en el período de la victoria del socialismo en todo el mundo.

V. Conclusión

Resumiendo, debo decir que el error principal de los camaradas que me escriben consiste en que abordan la cuestión nacional de forma abstracta, escolástica, fuera de su conexión con la época histórica concreta, fuera de su conexión con la lucha de clases del proletariado. Olvidan la indicación de Lenin de que la cuestión nacional es parte de la cuestión general de la revolución proletaria, de la dictadura del proletariado.

Recomiendo a los camaradas que estudien más atentamente las obras de Lenin sobre la cuestión nacional, que aprendan a aplicar el método dialéctico de Lenin al análisis de la cuestión nacional en las condiciones actuales.

Con saludos comunistas,

J. Stalin

1. En los años cuarenta del siglo pasado, cuando aún no existía el capitalismo monopolista, cuando el capitalismo se desarrollaba más o menos de manera uniforme en línea ascendente, extendiéndose a nuevos territorios aún no ocupados por él, y la ley de la desigualdad del desarrollo no podía aún actuar con toda su fuerza, Marx y Engels llegaron a la conclusión de que la revolución socialista no puede triunfar en un solo país cualquiera, que puede triunfar únicamente como resultado de un golpe general en todos, o en la mayoría, de los países civilizados. Esta conclusión se convirtió después en la tesis rectora para todos los marxistas.

Sin embargo, a comienzos del siglo XX, especialmente en el período de la Primera Guerra Mundial, cuando ya para todos estaba claro que el capitalismo premonopolista se había transformado de manera evidente en capitalismo monopolista, cuando el capitalismo ascendente se había convertido en capitalismo agonizante, cuando la guerra puso al descubierto las debilidades incurables del frente imperialista mundial y la ley de la desigualdad del desarrollo predeterminó la diversidad en el tiempo de la maduración de la revolución proletaria en los distintos países, Lenin, partiendo de la teoría marxista, llegó a la conclusión de que, en las nuevas condiciones de desarrollo, la revolución socialista podía perfectamente triunfar en un solo país, tomado por separado; que el triunfo simultáneo de la revolución socialista en todos los países o en la mayoría de los países civilizados era imposible, debido a la desigualdad de la maduración de la revolución en esos países; y que la vieja fórmula de Marx y Engels ya no correspondía a las nuevas condiciones históricas.

Como se ve, tenemos aquí dos conclusiones diferentes sobre la cuestión de la victoria del socialismo, que no solo se contradicen entre sí, sino que se excluyen mutuamente.

Algunos dogmáticos y talmudistas, que, sin profundizar en la esencia del asunto, citan formalmente, al margen de las condiciones históricas, pueden decir que una de estas conclusiones, por ser incondicionalmente incorrecta, debe ser desechada, mientras que la otra conclusión, por ser incondicionalmente correcta, debe ser extendida a todos los períodos del desarrollo. Pero los marxistas no pueden ignorar que los dogmáticos y talmudistas se equivocan, no pueden ignorar que ambas conclusiones son correctas, pero no incondicionalmente, sino cada una para su tiempo: la conclusión de Marx y Engels, para el período del capitalismo premonopolista, y la conclusión de Lenin, para el período del capitalismo monopolista.

2. Engels en su "Anti-Dühring" decía que, tras la victoria de la revolución socialista, el Estado debe extinguirse. Sobre esta base, después de la victoria de la revolución socialista en nuestro país, los dogmáticos y talmudistas de nuestro partido comenzaron a exigir que el partido tomara medidas para la rápida extinción de nuestro Estado, para la disolución de los órganos estatales, para la renuncia al ejército permanente.

Sin embargo, los marxistas soviéticos, basándose en el estudio de la situación mundial en nuestra época, llegaron a la conclusión de que, en presencia del cerco capitalista, cuando la victoria de la revolución socialista tiene lugar únicamente en un solo país, mientras que en todos los demás países domina el capitalismo, el país de la revolución victoriosa no debe debilitar, sino fortalecer por todos los medios su Estado, los órganos del Estado, los órganos de inteligencia, el ejército, si ese país no quiere ser aplastado por el cerco capitalista. Los marxistas rusos llegaron a la conclusión de que la fórmula de Engels tiene en cuenta la victoria del socialismo en todos los países o en la mayoría de los países, que ella es inaplicable al caso en que el socialismo triunfa en un solo país, tomado por separado, mientras que en todos los demás países domina el capitalismo.

Como se ve, tenemos aquí dos fórmulas distintas sobre la cuestión de los destinos del Estado socialista, que se excluyen mutuamente.

Los escolásticos y talmudistas pueden decir que esta circunstancia crea una situación insoportable, que es necesario descartar una de las fórmulas como indiscutiblemente errónea, y extender la otra, como indiscutiblemente correcta, a todos los períodos de desarrollo del Estado socialista. Pero los marxistas no pueden ignorar que los escolásticos y talmudistas se equivocan, pues ambas fórmulas son correctas, pero no de manera absoluta, sino cada una para su tiempo: la fórmula de los marxistas soviéticos, para el período de la victoria del socialismo en uno o varios países, y la fórmula de Engels, para aquel período en que la victoria consecutiva del socialismo en distintos países conduzca a la victoria del socialismo en la mayoría de los países y cuando se creen, de ese modo, las condiciones necesarias para la aplicación de la fórmula de Engels.

El número de tales ejemplos podría aumentarse.

Lo mismo hay que decir sobre dos fórmulas distintas acerca de la cuestión del lenguaje, tomadas de diferentes obras de Stalin y citadas por el camarada Jolópov en su carta.

El camarada Jolópov remite a la obra de Stalin “Acerca del marxismo en la lingüística”, donde se llega a la conclusión de que, como resultado del cruce de, digamos, dos lenguas, una de las lenguas suele salir vencedora y la otra desaparece, que, por consiguiente, el cruce no da una tercera lengua nueva, sino que conserva una de las lenguas. Además, remite a otra conclusión tomada del informe de Stalin ante el XVI Congreso del PC(b) de la URSS, donde se dice que, en el período de la victoria del socialismo a escala mundial, cuando el socialismo se fortalezca y entre en la vida cotidiana, las lenguas nacionales inevitablemente deberán fusionarse en una lengua común, que, por supuesto, no será ni el gran ruso ni el alemán, sino algo nuevo. Al comparar estas dos fórmulas y ver que no solo no coinciden entre sí, sino que se excluyen mutuamente, el camarada Jolópov cae en la desesperación. “De su artículo –escribe en la carta– comprendí que del cruce de lenguas nunca puede resultar una lengua nueva, mientras que antes del artículo estaba firmemente convencido, de acuerdo con su intervención en el XVI Congreso del PC(b) de la URSS, de que, bajo el comunismo, las lenguas se fusionarán en una común”.

Es evidente que el camarada Jolópov, al descubrir una contradicción entre estas dos fórmulas y creyendo profundamente que la contradicción debe ser eliminada, considera necesario deshacerse de una de las fórmulas por incorrecta y aferrarse a la otra como correcta para todos los tiempos y países, pero no sabe a cuál de las fórmulas aferrarse. Resulta algo así como una situación sin salida. El camarada Jolópov ni siquiera sospecha que ambas fórmulas pueden ser correctas, cada una para su tiempo.

Así sucede siempre con los dogmáticos y talmudistas, que, sin profundizar en la esencia del asunto y citando formalmente, sin relación con las condiciones históricas de las que tratan las citas, caen invariablemente en una situación sin salida.

Y, sin embargo, si se analiza la cuestión a fondo, no hay fundamento alguno para una situación sin salida. El hecho es que el folleto de Stalin "Acerca del marxismo en la lingüística" y la intervención de Stalin en el XVI Congreso del Partido se refieren a dos épocas completamente distintas, razón por la cual las fórmulas resultan diferentes.

La fórmula de Stalin en su folleto, en la parte concerniente al cruce de lenguas, tiene en cuenta la época anterior a la victoria del socialismo a escala mundial, cuando las clases explotadoras son la fuerza dominante en el mundo, cuando la opresión nacional y colonial sigue en vigor, cuando el aislamiento nacional y la desconfianza mutua de las naciones están consolidados por las diferencias estatales, cuando aún no existe la igualdad nacional, cuando el cruce de lenguas se produce en el marco de la lucha por el dominio de una de las lenguas, cuando aún no existen condiciones para la colaboración pacífica y amistosa de las naciones y las lenguas, cuando en el orden del día no figura la colaboración y el enriquecimiento mutuo de las lenguas, sino la asimilación de unas y la victoria de otras lenguas. Es comprensible que, en tales condiciones, solo pueda haber lenguas vencedoras y lenguas vencidas. Precisamente estas condiciones tiene en cuenta la fórmula de Stalin cuando dice que el cruce, por ejemplo, de dos lenguas no da como resultado la formación de una nueva lengua, sino la victoria de una de las lenguas y la derrota de la otra.

En lo que respecta a la otra fórmula de Stalin, tomada de su intervención en el XVI Congreso del Partido, en la parte concerniente a la fusión de las lenguas en una lengua común, aquí se tiene en cuenta otra época, a saber, la época posterior a la victoria del socialismo a escala mundial, cuando el imperialismo mundial ya no exista, las clases explotadoras sean derrocadas, la opresión nacional y colonial sea liquidada, el aislamiento nacional y la desconfianza mutua entre las naciones sean sustituidos por la confianza mutua y el acercamiento de las naciones, la igualdad nacional se haya hecho realidad, la política de represión y asimilación de las lenguas sea liquidada, la colaboración de las naciones esté establecida y las lenguas nacionales tengan la posibilidad de enriquecerse libremente unas a otras en el marco de la colaboración. Es comprensible que en estas condiciones no pueda hablarse de represión y derrota de unas lenguas y victoria de otras. Aquí no tendremos que ver con dos lenguas, de las cuales una sufre una derrota y la otra sale victoriosa de la lucha, sino con centenares de lenguas nacionales, de las cuales, como resultado de una larga colaboración económica, política y cultural de las naciones, se destacarán primero las lenguas zonales unificadas más enriquecidas, y después las lenguas zonales se fusionarán en una lengua internacional común, que, por supuesto, no será ni alemán, ni ruso, ni inglés, sino una lengua nueva que habrá absorbido los mejores elementos de las lenguas nacionales y zonales.

Por consiguiente, dos fórmulas distintas corresponden a dos épocas distintas del desarrollo de la sociedad, y precisamente porque corresponden a ellas, ambas fórmulas son correctas, cada una para su época.

Exigir que estas fórmulas no se hallen en contradicción entre sí, que no se excluyan mutuamente, es tan absurdo como sería absurdo exigir que la época de dominación del capitalismo no esté en contradicción con la época de dominación del socialismo, que el socialismo y el capitalismo no se excluyan mutuamente.

Los talmudistas y dogmáticos consideran el marxismo, las distintas conclusiones y fórmulas del marxismo, como un conjunto de dogmas que "nunca" cambian, a pesar de las modificaciones en las condiciones del desarrollo de la sociedad. Creen que si memorizan estas conclusiones y fórmulas y comienzan a citarlas a diestro y siniestro, podrán resolver cualquier cuestión, con la esperanza de que las conclusiones y fórmulas aprendidas de memoria les sirvan para todas las épocas y países, para todos los casos de la vida. Pero solo pueden pensar así aquellas personas que ven la letra del marxismo, pero no ven su esencia, que aprenden de memoria los textos de las conclusiones y fórmulas del marxismo, pero no comprenden su contenido.

El marxismo es la ciencia de las leyes del desarrollo de la naturaleza y la sociedad, la ciencia de la revolución de las masas oprimidas y explotadas, la ciencia de la victoria del socialismo en todos los países, la ciencia de la construcción de la sociedad comunista. El marxismo, como ciencia, no puede permanecer en un solo lugar: se desarrolla y se perfecciona. En su desarrollo, el marxismo no puede dejar de enriquecerse con nueva experiencia, nuevos conocimientos; por consiguiente, algunas de sus fórmulas y conclusiones no pueden dejar de cambiar con el tiempo, no pueden dejar de ser sustituidas por nuevas fórmulas y conclusiones, correspondientes a las nuevas tareas históricas. El marxismo no reconoce conclusiones y fórmulas inmutables, obligatorias para todas las épocas y períodos. El marxismo es enemigo de todo dogmatismo.

J. STALIN

28 de julio de 1950

Pravda. 2 de agosto de 1950