Pyongyang a Shtykov para Kim Il Sung

Especialmente secreto. ¡Camarada Kim Il Sung! Mi respuesta se ha demorado debido a las consultas con los camaradas chinos, que requirieron varios días. El 1 de octubre envié una solicitud a Mao Zedong, preguntándole si podría enviar de inmediato a Corea al menos cinco o seis divisiones chinas, bajo cuya cobertura los camaradas coreanos pudieran crear reservas.

Mao Zedong respondió con una negativa, alegando que no quería involucrar a la URSS en la guerra, que el ejército chino era débil en el aspecto técnico, que la guerra podía provocar un gran descontento en China. Le respondí con la siguiente carta: «Consideré posible dirigirme a usted con la cuestión de cinco o seis divisiones de voluntarios chinos porque conocía bien una serie de declaraciones de los camaradas dirigentes chinos acerca de su disposición a enviar varios ejércitos en apoyo de los camaradas coreanos si el enemigo cruzaba el paralelo 38, y explicaba la disposición de los camaradas chinos a enviar tropas a Corea por el interés de China en prevenir el peligro de que Corea se convirtiera en una cabeza de puente para Estados Unidos o para el futuro Japón militarista contra China. Al plantearle la cuestión del envío de tropas a Corea, considerando 5-6 divisiones no como un máximo, sino como un mínimo, partía de las siguientes consideraciones de carácter internacional: 1) Estados Unidos, como demostraron los acontecimientos coreanos, no está preparado en la actualidad para una gran guerra; 2) Japón, cuyas fuerzas militaristas aún no han sido restablecidas, no está en condiciones de prestar ayuda militar a los estadounidenses; 3) Estados Unidos se verá obligado, en vista de ello, a ceder en la cuestión coreana ante China, detrás de la cual está su aliada la URSS, y aceptará condiciones de arreglo de la cuestión coreana que sean favorables para Corea y que no den a los enemigos la posibilidad de convertir Corea en su cabeza de puente; 4) Por las mismas razones, Estados Unidos se verá obligado a renunciar no solo a Taiwán, sino también a una paz por separado con los reaccionarios japoneses, a renunciar al restablecimiento del imperialismo japonés y a la conversión de Japón en su cabeza de puente en el Lejano Oriente. Partía al mismo tiempo de que China no puede obtener estas concesiones como resultado de una espera pasiva, de que sin una lucha seria y sin una nueva y contundente demostración de sus fuerzas, China no obtendrá no solo todas estas concesiones, sino que no obtendrá siquiera Taiwán, que los estadounidenses mantienen en sus manos como cabeza de puente, no para Chiang Kai-shek, que no tiene posibilidades de éxito, sino para ellos mismos o para el Japón militarista del mañana. Por supuesto, también tuve en cuenta que, a pesar de su falta de preparación para una gran guerra, Estados Unidos podría, no obstante, por razones de prestigio, verse arrastrado a una gran guerra, lo que supondría, en consecuencia, que China se vería arrastrada a la guerra, y junto con ello se vería arrastrada a la guerra también la URSS, que está vinculada a China por el Pacto de Asistencia Mutua.

¿Hay que temer esto? En mi opinión, no, ya que juntos seremos más fuertes que EE. UU. e Inglaterra, y los demás Estados capitalistas europeos sin Alemania, que ahora no puede prestar ayuda alguna a EE. UU., no representan una fuerza militar seria.

Si la guerra es inevitable, que sea ahora y no dentro de unos años, cuando el militarismo japonés esté restablecido como aliado de EE.UU. y cuando EE.UU. y Japón tengan preparada una cabeza de puente en el continente en forma de la Corea de Syngman Rhee. Estas son las consideraciones y perspectivas de carácter internacional de las que partí al solicitarle un mínimo de cinco a seis divisiones». En respuesta a esto, recibí de Mao el 7 de octubre una carta en la que se solidariza con las tesis principales de mi misiva y declara que enviará a Corea no seis, sino nueve divisiones; que no las enviará ahora, sino pasado algún tiempo; y que me pide que reciba a sus representantes y hable con ellos detalladamente. Yo, por supuesto, accedí a recibir a los representantes y a discutir con ellos un plan detallado de ayuda militar para Corea. De lo dicho se desprende que ustedes deben aferrarse firmemente a cada pedazo de su tierra, deben intensificar la resistencia a los ocupantes estadounidenses en Corea y preparar reservas, utilizando para ello los cuadros militares del Ejército Popular de Corea que salen del cerco. De esto se desprende asimismo que tiene usted toda la razón al proponer que todos los camaradas coreanos que estudian en la URSS sean transferidos a la especialidad de aviación. Sobre las conversaciones ulteriores con los camaradas chinos informaré.

8 de octubre de 1950.

Feng Xi

Le ruego, camarada Shtykov, que lea esta carta a Kim Il Sung. Él puede copiarla en su presencia, pero, dada la especial confidencialidad de la carta, no se la entregue a Kim Il Sung.

Vestnik. 1996. Nº 1. Págs. 132–133. AP RF. F. 45. Op. 1. D. 347. L. 65–67.