Pregunta. ¿Qué piensa usted del revuelo levantado en estos días en la prensa extranjera a raíz de la prueba de la bomba atómica en la Unión Soviética?

Respuesta. Efectivamente, hace poco se realizó en nuestro país el ensayo de uno de los tipos de bomba atómica. Los ensayos de bombas atómicas de diversos calibres se seguirán realizando en el futuro según el plan de defensa de nuestro país contra el ataque del bloque agresivo angloamericano.

Pregunta. Con motivo del ensayo de la bomba atómica, diversas personalidades de Estados Unidos dan la voz de alarma y gritan sobre la amenaza a la seguridad de Estados Unidos. ¿Existe algún fundamento para tal alarma?

Respuesta. No hay fundamento alguno para semejante alarma. Los dirigentes de los Estados Unidos no pueden ignorar que la Unión Soviética no solo se opone al empleo del arma atómica, sino que aboga por su prohibición, por el cese de su producción. Como es sabido, la Unión Soviética ha exigido en varias ocasiones la prohibición del arma atómica, pero siempre ha recibido la negativa de las potencias del bloque atlántico. Esto significa que, en caso de ataque de los Estados Unidos a nuestro país, los círculos gobernantes de los Estados Unidos emplearán la bomba atómica. Precisamente esta circunstancia obligó a la Unión Soviética a poseer el arma atómica, para enfrentar a los agresores en estado de plena preparación combativa.

Por supuesto, los agresores quieren que la Unión Soviética esté desarmada en caso de su ataque contra ella. Pero la Unión Soviética no está de acuerdo con esto y piensa que al agresor hay que hacerle frente en plena disposición de armas.

Por consiguiente, si EE. UU. no piensa atacar a la Unión Soviética, la alarma de los políticos estadounidenses debe considerarse infundada y falsa, pues la Unión Soviética no piensa siquiera en atacar jamás a EE. UU. ni a ningún otro país.

Los políticos de EE. UU. están descontentos de que el secreto del arma atómica lo posean no solo EE. UU., sino también otros países, y ante todo la Unión Soviética. Ellos quisieran que EE. UU. fuese el monopolista en la producción de la bomba atómica, que EE. UU. tuviese la posibilidad ilimitada de amedrentar y chantajear a otros países. Pero, ¿sobre qué base, en rigor, piensan así, con qué derecho? ¿Acaso los intereses del mantenimiento de la paz exigen semejante monopolio? ¿No será más acertado decir que la situación es justamente la contraria, que precisamente los intereses del mantenimiento de la paz exigen ante todo la liquidación de tal monopolio, y luego también la prohibición incondicional del arma atómica? Yo pienso que los partidarios de la bomba atómica pueden acceder a la prohibición del arma atómica solo en el caso de que vean que ya no son más los monopolistas.

Pregunta. ¿Qué piensa usted respecto al control internacional en materia de armas atómicas?

Respuesta. La Unión Soviética está por la prohibición del arma atómica y por el cese de la producción del arma atómica. La Unión Soviética está por el establecimiento de un control internacional para que la decisión sobre la prohibición del arma atómica, sobre el cese de la producción del arma atómica y sobre la utilización de las bombas atómicas ya producidas exclusivamente para fines civiles se cumpla con toda exactitud y escrupulosidad. La Unión Soviética está precisamente por ese control internacional.

Los dirigentes norteamericanos también hablan de «control», pero su «control» no parte de la cesación de la producción de armas atómicas, sino de la continuación de dicha producción, y además en cantidades correspondientes a la cantidad de materia prima de que disponen unos u otros países. Por consiguiente, el «control» norteamericano no parte de la prohibición del arma atómica, sino de su legalización y legitimación. Con ello se legitima el derecho de los incendiarios de guerra a exterminar, con ayuda del arma atómica, a decenas y cientos de miles de población civil. No es difícil comprender que esto no es control, sino una burla del control, un engaño a las aspiraciones pacíficas de los pueblos. Es comprensible que semejante «control» no pueda satisfacer a los pueblos amantes de la paz, que exigen la prohibición del arma atómica y la cesación de su producción.

Verdad, 6 de octubre de 1951