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A todos los trabajadores, a todos los obreros y soldados de Petrogrado

1917 es:OCS

PETROGRADO45

Camaradas:
Rusia está viviendo días penosos.
Tres años de una guerra que ha devorado
incontables víctimas han conducido al país al
agotamiento.
La
desorganización
del
transporte
y
el
desbarajuste en el problema de las subsistencias
amenazan a las masas con el hambre.
El desbarajuste en la industria y el cierre de las
fábricas cuartean los cimientos mismos de la
economía nacional.
Entretanto, la guerra continúa, agravando la crisis
general y llevando al país a la ruina completa.
El Gobierno Provisional, llamado a “salvar” al
país, ha resultado incapaz de cumplir su misión. Y
por si ello fuera poco, ha embrollado todavía más las
cosas, iniciando la ofensiva en el frente y
prolongando de este modo la guerra, causa básica de
la crisis general por que atraviesa el país.
El resultado es una situación de absoluta
inestabilidad
del
Poder,
la
crisis
y
el
desmoronamiento del Poder, cosa que todos gritan,
sin que se tome ninguna medida seria para
remediarla.
El
hecho
de
que
los
demócratas
constitucionalistas hayan salido del gobierno ha
puesto al desnudo una vez más que el ministerio de
coalición es artificial y nada viable.
Y la retirada de nuestras tropas en el frente,
después de su famosa ofensiva, ha demostrado lo
fatídico de la política de ofensiva y ha llevado así la
crisis al extremo, echando por los suelos el prestigio
del Poder y privándole de créditos, tanto de la
burguesía “nacional” como de la “aliado”.
Se ha creado una situación crítica.
Ante los “salvadores” de la revolución se abrían
dos caminos:
O continuar la guerra y proseguir la “ofensiva”, y
entonces
el
Poder
debería
ser
transferido
inevitablemente a la burguesía contrarrevolucionaria,
para obtener dinero mediante empréstitos interiores y
exteriores; pues, en el caso contrario, la burguesía no
entraría en el gobierno, el empréstito interior no
cuajaría, Inglaterra y Norteamérica negarían créditos,
y “salvar” al país en tales circunstancias significaría
cubrir los gastos de guerra a expensas de los obreros
y de los campesinos, en beneficio de los tiburones
imperialistas rusos y “aliados”.
O el paso del Poder a manos de los obreros y de
los campesinos pobres, la proclamación de unas
condiciones democráticas de paz y el cese de la
guerra, para impulsar adelante la revolución y
entregar la tierra a los campesinos, establecer el
control obrero en la industria y poner orden en la
economía nacional, que se está desmoronando, a
expensas de los beneficios de los capitalistas y los
terratenientes.
El primer caminó conduce al fortalecimiento del
Poder de las clases poseedoras sobre los trabajadores
y a la conversión de Rusia en una colonia de
Inglaterra, Norteamérica y Francia.
El segundo camino abre la era de la revolución
obrera en Europa, rompe las ligaduras financieras
que tienen maniatada a Rusia, sacude los cimientos
mismos de la dominación burguesa y desbroza el
camino para la auténtica liberación de Rusia.
La manifestación del 3 y el 4 de julio fue un
llamamiento de las masas de obreros y soldados
invitando a los partidos socialistas a emprender el
segundo camino, el camino del desarrollo sucesivo
de la revolución.
Este es el sentido político de la manifestación y en
esto reside su gran importancia histórica.
Pero el Gobierno Provisional y los partidos
gubernamentales eserista y menchevique, que no
extraen sus fuerzas de las acciones revolucionarias de
los obreros y de los campesinos, sino de las
componendas
con
la
burguesía
demócrata
constitucionalista, han preferido el primer camino, el
camino de adaptarse a la contrarrevolución.
En vez de tender la mano a los manifestantes y
luchar a su lado, una vez tomado el Poder, contra la
burguesía imperialista “aliada” y “nacional”, para
salvar efectivamente a la revolución, concertaron una
alianza con la burguesía contrarrevolucionaria y
volvieron sus armas contra los manifestantes, contra
los obreros y los soldados, lanzando contra ellos a los
cadetes y a los cosacos.
De este modo han traicionado a la revolución y
abierto
de
par
en
par
las
puertas
a
la
contrarrevolución.
Y desde el fondo mismo de la vida se ha
levantado una oleada de agua cenagosa, que ha
cubierto de inmundo fango cuánto hay de honrado y
de noble.
Registros y asaltos, detenciones y palizas, torturas
y
asesinatos,
clausura
de
periódicos
y
de
organizaciones, desarme de los obreros y disolución
de regimientos, disolución de la Dieta de Finlandia,
restricción de las libertades y restablecimiento de la
pena de muerte, desenfreno de los pistoleros y de los
agentes del contraespionaje, mentiras y calumnias

infames, y todo ello con el acuerdo tácito de los
eseristas y de los mencheviques: tales son, los
primeros pasos de la contrarrevolución.
Los imperialistas aliados y rusos y el partido de
los demócratas constitucionalistas, la alta oficialidad
y los cadetes, los cosacos y los agentes del
contraespionaje: ésas son las fuerzas de la
contrarrevolución.
Al dictado de estos grupos se confeccionan las
listas de los ministros del Gobierno Provisional, y los
ministros surgen y desaparecen como marionetas.
Siguiendo instrucciones de estos grupos, se
entrega a los bolcheviques y a Chernov, se depuran
los regimientos y las tripulaciones de los buques, se
fusila a los soldados y se disuelven regimientos en el
frente, se convierte el Gobierno Provisional en un
juguete en manos de Kerenski, se hace del Comité
Ejecutivo Central de los Soviets un simple apéndice
de ese juguete, la “democracia revolucionaria”
renuncia
vergonzosamente
a
sus
derechos
y
obligaciones y se restablece en sus derechos a la
Duma zarista, abolida recientemente.
La cosa llega al extremo de que en la “histórica
Conferencia”46 celebrada en el Palacio de Invierno
(el 21 de julio) se ponen bien claramente de acuerdo
(¡traman un complot!) para seguir frenando a la
revolución; y, temerosos de ser desenmascarados por
los bolcheviques, no los invitan a la Conferencia.
Y en perspectiva está la “Conferencia de Moscú”,
en la que se disponen a enterrar definitivamente la
libertad, lograda con sangre...
Todo eso se hace con el concurso de los
mencheviques y de los eseristas, que entregan
cobardemente una posición tras otra, se autoflagelan
y
flagelan
de
un
modo
humillante
a
sus
organizaciones y pisotean de modo criminal las
conquistas de la revolución...
¡Jamás los “representantes” de la democracia se
habían comportado tan indignamente como ahora, en
estos días históricos!
¡Jamás habían caído tan bajo como ahora!
¿Puede asombrarnos, después de todo eso, que la
contrarrevolución se haya insolentado y cubra de
fango todo lo honrado, todo lo revolucionario?
¿Puede asombrarnos, después de ello, que venales
mercenarios y calumniadores cobardes se atrevan a
“acusan” públicamente de “traición” a los jefes de
nuestro Partido, que los bandidos de la pluma de los
periódicos burgueses se dediquen a orear con
desfachatez esa “acusación” y que el llamado Poder
fiscal publique, sin el menor recato, los llamados
materiales “sobre el asunto de Lenin”, etc.?
Evidentemente, esos señores quieren desorganizar
nuestras filas, sembrar dudas y confusión entre
nosotros fomentar la desconfianza hacia nuestros
jefes.
¡Miserables! ¡No saben que los nombres de
nuestros jefes nunca han sido tan queridos y
entrañables para la clase obrera como ahora, cuando
la insolentada canalla burguesa los cubre de lodo!
¡Vendidos! No advierten que cuanto más brutales
son las calumnias de los mercenarios burgueses,
mayor es el cariño que los obreros tienen a sus jefes,
más ilimitada su confianza en ellos, pues los obreros
saben por experiencia que las calumnias de los
enemigos contra los jefes del proletariado son un
síntoma infalible de que los jefes sirven con honradez
a la clase proletaria.
El infamante estigma de calumniadores sin honor
es el regalo que les hacemos, señores Aléxinski y
Búrtsev, Pereviérzev y Dobronrávov. Acepten este
estigma, ofrecido en nombre de los 32.000 obreros
organizados de Petrogrado que nos han elegido, y
llévenlo hasta la tumba. Lo tienen merecido.
Y ustedes, señores capitalistas y terratenientes,
banqueros y especuladores, popes y agentes del
contraespionaje, todos ustedes, forjadores de cadenas
para los pueblos, se apresuran demasiado a cantar
victoria, se apresuran demasiado a sepultar la Gran
Revolución Rusa.
La revolución vive, y aun ha de hacer patente su
existencia, señores sepultureros.
La guerra y el desbarajuste económico siguen, y
no es con represiones salvajes como se conseguirá
curar las heridas que esa situación causa.
Las fuerzas subterráneas de la revolución viven,
realizando
su
infatigable
labor
de
revolucionarización del país.
Los campesinos aun no han recibido la tierra. Y
lucharán, porque no pueden vivir sin tierra.
Los obreros aun no han conseguido que se
establezca su control en las fábricas. Y lucharán por
conseguirlo, porque el desbarajuste reinante en la
industria les amenaza con el paro.
A los soldados y a los marinos se los quiere
empujar atrás, a la vieja disciplina. Ellos lucharán
por la libertad, porque se la tienen bien merecida.
No, señores contrarrevolucionarios, la revolución
no ha muerto; no ha hecho más que replegarse sobre
sí misma, para agrupar nuevos partidarios y lanzarse
con fuerza redoblada sobre los enemigos.
“¡Estamos vivos, hierve nuestra roja sangre con el
fuego de fuerzas inagotables!”47.
Y allá en Occidente, en Inglaterra y en Alemania,
en Francia y en Austria, ¿acaso allí no ondea ya la
bandera de la revolución obrera?, ¿acaso allí no se
organizan ya Soviets de Diputados Obreros y
Soldados?
¡Aun habrá batallas!
¡Aun habrá victorias!
Lo que hace falta es llegar a esas batallas futuras
debidamente preparados y organizados.
Obreros: A vosotros os ha correspondido el
honroso papel de jefes de la revolución rusa.
Agrupad a las masas en torno vuestro, agrupadlas
bajo la bandera de nuestro Partido. Recordad que en
los duros momentos de las jornadas de julio, cuando
los enemigos del pueblo ametrallaban a la

revolución, los bolcheviques fueron el único partido
que no desertó de las barriadas obreras. Recordad
que en aquellos días difíciles los mencheviques y los
eseristas se encontraban en el campo de los que se
ensañaban contra los obreros y los desarmaban.
¡Poneos bajo nuestra bandera, camaradas!
Campesinos: Vuestros jefes no han justificado
vuestras esperanzas. Se han arrastrado a la zaga de la
contrarrevolución, y vosotros seguís sin tierra,
porque mientras domine la contrarrevolución, no
lograréis recibir la tierra de los terratenientes. Los
obreros son vuestros únicos aliados fieles. Sólo en
alianza con ellos obtendréis la tierra y la libertad.
¡Agrupaos, pues, en torno a los obreros!
Soldados: La fuerza de la revolución está en la
unión del pueblo y los soldados. Los ministros
vienen y se van, pero el pueblo queda. ¡Estad
siempre con el pueblo y luchad en sus filas!
¡Abajo la contrarrevolución!
¡Viva la revolución!
¡Vivan el socialismo y la confraternidad de los
pueblos!

La Conferencia local de Petrogrado del Partido
Obrero Socialdemócrata (bolchevique) de Rusia.

Publicado el 24 de julio de 1917 en el núm. 2 de
“Rabochi i Soldat”.