Ecos (El partido de los imprecisos y los soldados rusos)
El partido de los “imprecisos” y los soldados rusos En la época del zarismo, el partido socialrevolucionario gritaba en todas las esquinas que era necesario entregar a los campesinos las tierras de los terratenientes. Los campesinos tenían confianza entonces en los eseristas y se agrupaban a su alrededor, viendo en ellos a su partido campesino. Después de la caída del zarismo y de la victoria de la revolución, llegó la hora de pasar de las palabras a los hechos y de convertir en realidad, por fin, las “hermosas frases” de los eseristas a propósito de la tierra. Pero... (¡el famoso “pero”!) los eseristas titubearon y, balbuceando, propusieron a los campesinos que esperasen en el problema de la tierra hasta la Asamblea Constituyente, cuya convocatoria, por añadidura, había sido demorada. Resultó que era más fácil hablar a grito pelado de la tierra y de los campesinos que entregársela prácticamente a éstos. Resultó que los eseristas sólo de palabra “sentían en el alma” el dolor de los campesinos, y que, cuando hubo llegado la hora de pasar de las palabras a los hechos, prefirieron dar de lado la cuestión y esconderse tras la Asamblea Constituyente... Los campesinos respondieron con un pujante movimiento agrario, “incautándose” por sí y ante sí de las tierras de los terratenientes, “apropiándose” de los aperos “ajenos”, con lo que expresaban su desconfianza a la política expectante de los eseristas. Con este motivo, los ministros eseristas no quedaron en deuda con los campesinos y detuvieron a centenares de campesinos miembros de los comités agrarios. Los ministros eseristas deteniendo a los campesinos eseristas por convertir en realidad las promesas eseristas: tal fue el panorama que se extendió ante nosotros. La consecuencia ha sido la plena disgregación del partido eserista, expresada con singular nitidez en la votación del anteparlamento, en la cual los eseristas de izquierda se han pronunciado en favor de la entrega inmediata de las tierras a los campesinos, los eseristas de derecha en contra, y Chernov con el centro, este Hamlet del partido eserista, se ha abstenido sabiamente. En respuesta hemos visto a los soldados abandonar en masa el partido eserista. Y la parte de los soldados que aun no se ha ido, “pide” insistentemente “al Comité Central del partido” que establezca, por fin, la unidad del partido eliminando la “imprecisión”. Escuchad: “La Conferencia. Unificada de representantes de las organizaciones militares de los regimientos y de las unidades especiales de Petrogrado, de Tsárskoe Sieló, de Peterhof y otras, considerando que en este grave momento para el partido es necesario agrupar a su mayoría... en torno a un programa que, al suprimir la imprecisa fisonomía del partido, agrupe a todos sus elementos con fuerza vital..., se pronuncia por... la entrega inmediata de todas las tierras útiles a la gerencia de los comités agrarios...” (“Dielo Naroda”). Por lo tanto, ¡de nuevo la cuestión de la “entrega inmediata de las tierras”! ¡Sobre la base del reconocimiento de esta reivindicación esperan los soldados agrupar a “todos los elementos con fuerza vital” del partido eserista! ¡Inocentes! Después de diversos fracasos, ¡quieren enganchar otra vez al mismo carro al revolucionario Kamkov, al demócrata constitucionalista Avxéntiev y al “impreciso” Chernov! Ya es hora, camaradas soldados, de comprender que el partido eserista ha dejado de existir, que es sólo una masa “imprecisa”, una parte de la cual está comprometida en la savinkoviada, otra permanece en las filas de los revolucionarios y la tercera se debate impotente, encubriendo de hecho a los savinkovistas. Es hora de comprenderlo y de abandonar los intentos de agrupar lo inagrupable...
Los conspiradores en el poder Hoy Búrtsev escribe en su periódico “Obscheie Dielo”85: “Ahora puede decirse con seguridad: ¡no ha existido ningún complot korniloviano! En realidad, existió algo completamente distinto: ¡un convenio del gobierno con el general Kornílov para combatir a los bolcheviques! Lo que convinieron los representantes del gobierno con el general Kornílov -la lucha contra los bolcheviques- era el anhelo íntimo de los representantes de diversos partidos: tanto democráticos como socialistas. Hasta el aciago 26 de agosto, todos ellos veían en el general Kornílov al hombre que les salvaría del peligro bolchevique inminente”. No ha sido un “complot”, sino un “convenio”, escribe Búrtsev en bastardilla. Tiene razón. En este caso tiene toda la razón. Se pactó un convenio para organizar un complot contra los bolcheviques, es decir, contra la clase obrera, contra el ejército revolucionario y el campesinado:
¡un convenio de complot contra la revolución! Lo venimos señalando desde los primeros días de la sublevación korniloviana, de ello hablan centenares de hechos, de ello no dejan la menor duda denuncias que nadie ha refutado. Y pese a todo, los conspiradores están en el Poder o cerca del Poder. Y pese a todo, prosigue el juego, el juego al sumario, el juego “a la revolución”... La coalición con los conspiradores, el gobierno del complot: ¡ése es el regalo que los señores defensistas han hecho a los obreros y los soldados!
Publicado sin firma el 29 de septiembre de 1917 en el núm. 23 de “Rabochi Put”.