Ecos (Hambre en el campo; Hambre en las fabricas)
Hambre en el campo
Ahora todos hablan de la crisis de subsistencias en
las ciudades. El fantasma de la “mano descarnada”
del hambre flota sobre ellas. Pero nadie desea
reconocer que el hambre ha llegado también al
campo. Nadie desea comprender que una buena
mitad de los “disturbios agrarios” y de los
“pogromos” tienen por origen precisamente el
hambre.
Reproducimos una carta de un campesino a
propósito de los “disturbios” agrarios:
“Quiero pediros que nos expliquéis a las
“gentes atrasadas del campo” por qué se producen
los pogromos. Vosotros pensáis que todo esto es
obra de maleantes y vagabundos y de borrachos
andrajosos, pero estáis equivocados. No son
vagabundos
ni
andrajosos,
sino
hombres
mareados por el hambre. Por ejemplo, yo hablo
del subdistrito de Aréfino, distrito de Múrom.
Aquí nos quieren matar de hambre. Nos dan cinco
libras
de
harina,
al
mes
por
persona.
Comprendedlo y poneos en nuestro caso. ¿Cómo
se puede vivir así? Aquí no ya los mareados por el
vino promueven pogromos, sino nosotros mismos,
“mareados por el hambre”. (v. “Birzhovka”).
Los perrillos falderos de la cancela burguesa de
“Dien” y “Rússkaia Volia” ladran sin cesar de la
riqueza del campo, de la abundancia en que vive el
mujik, etc. Sin embargo, los hechos hablan
irrefutablemente del hambre y de la extenuación en el
campo, del escorbuto y de otras enfermedades
originadas por el hambre. Y conforme pasa el
tiempo, más grave es la situación para el campo, ya
que el gobierno Kerenski-Konoválov, en lugar de
pan, le prepara nuevas expediciones de castigo, y el
próximo invierno promete al mujik nuevas pruebas,
más penosas aún.
El mismo campesino escribe:
“Pronto llegará el invierno, se helarán los ríos, y
entonces tendremos que morir de hambre. La
estación de ferrocarril está lejos de nuestra aldea.
Nos echaremos a la calle a buscar el pan.
Llamadnos como queráis, pero el hambre nos
obliga a ello” (“Birzhovka”).
Tal es el elocuente relato de un campesino.
Los eseristas y los mencheviques conciliadores
hablaban a voz en grito de la coalición y del gobierno
de coalición como de una panacea universal. Ahora
tenemos “«coalición” y gobierno de “coalición”.
Preguntamos:
¿Dónde está la panacea universal de este
gobierno?
¿Qué más puede dar al campo hambriento, salvo
las expediciones de castigo?
¿Advierten los señores de la conciliación que esta
sencilla carta de un campesino es una sentencia de
muerte a su bazofia coalicionista?
Hambre en las fábricas
Pruebas más penosas aún experimentan las zonas
fabriles. El hambre, que entre la población fabril no
es un visitante raro, hace ahora estrago inusitados.
Rusia, que antes de la guerra exportaba anualmente
de 400.000.000 a 500.000.000 de puds de trigo, se ve
hoy, durante la guerra, imposibilitada de alimentar a
sus propios obreros. En las fábricas se suspende el
trabajo; los obreros lo abandonan, porque en las
zonas fabriles no hay pan, no hay productos
alimenticios.
He aquí lo que comunican de diversos lugares:
“De Shuia telegrafían: El aserraje de leña ha
quedado suspendido en todo el distrito. No hay
pan. Por falta de subsistencias para los obreros,
está amenazada de cierre la refinería de azúcar de
Koriukovka. La remolacha comienza a podrirse.
Los doce mil habitantes del poblado de la fábrica
de hilaturas y tejidos de algodón de Yártsevo
(provincia de Smoliensk) se encuentran en una
situación
desesperada.
Están
completamente
agotadas las reservas de harina y de grano. El
Comité Provincial de Abastos carece de recursos
para prestarles ayuda. Al no recibir comestibles,
los obreros comienzan a agitarse. Los disturbios
son inevitables. El Consejo de síndicos de la
fábrica de papel de la Compañía Kuvshínov
(provincia de Tver) telegrafía: Los obreros están
en vísperas del hambre. En todas partes nos
niegan harina. Rogamos ayuda urgente. La
administración de la fábrica de la Compañía
Morokin, de Vichuga, telegrafía: El problema de
abastos adquiere un carácter amenazador. Los
obreros pasan hambre, se agitan. Es preciso
adoptar medidas urgentes de abastecimiento. El
comité fabril de esta misma empresa ha dirigido al
ministerio el siguiente telegrama: Rogamos
encarecidamente abastecer con urgencia de harina
a los obreros, porque ha comenzado el hambre”.
Tales son los hechos.
Los distritos agrarios se quejan de que los distritos
fabriles les envían mercancías en cantidades ínfimas.
En correspondencia, ellos envían a los distritos
fabriles también escasas cantidades de trigo. Pero la
penuria de trigo en los distritos fabriles provoca el
éxodo de los obreros, la reducción del trabajo en las
fábricas y, por lo tanto, una reducción aún mayor de
la cantidad de mercancías que llegan al campo, lo
que a su vez provoca una nueva disminución de la
cantidad de trigo que va a parar a las fábricas, un
nuevo agravamiento del hambre en ellas y un nuevo
éxodo de los obreros.
Preguntamos:
¿Dónde está la salida de este círculo vicioso, que
aprisiona como un anillo de hierro a los obreros y a
los campesinos?
¿Qué más puede ofrecer en este caso el llamado
gobierno
de
coalición,
salvo
los
famosos
“dictadores” que envía misteriosamente a los distritos
industriales afectados por el hambre?
¿Advierten los señores de la conciliación que la
burguesía imperialista, a la que continúan apoyando
hasta ahora, ha llevado a Rusia a un atolladero, sin
más salida que el cese de la guerra expoliadora?
Publicado sin firma el 3 de octubre de 1917 en el
núm. 26 de “Rabochi Put”.