LETTER TO V.M. MOLOTOV
Письмо В.М. Молотову 7 ноября 1926 года
Una vez más sobre la desviación socialdemócrata en nuestro partido
Source: Tom 17
November 7, 1926
Comrade Molotov!
I see no reason why the speech should not be printed in its present form, without any corrections on my part, if we all (including myself) submit our speeches to the press without prior review. I only now realize the awkwardness of not having shown my report to anyone. Does your insistence on corrections suggest that I was wrong not to circulate my speech among friends? I already feel uncomfortable after the day-before-yesterday's arguments. And now you want to kill me with your modesty by again insisting on reviewing the speech. No, I had better refrain. Print it in the form you consider necessary.
November 7.
J. St.
---
Source: Letters of J.V. Stalin to V.M. Molotov. 1925–1936. P. 95–96.
RGASPI. F. 558. Op. 1. D. 5388.
NOTE: The text is written on CC RCP(b) stationery. In the upper left corner there is an inscription by Molotov: "About my speech at the 15th Party Conference. V.M."
Том 17
Письмо В.М. Молотову 7 ноября 1926 года
т. Молотов!
Я не вижу оснований, почему бы не напечатать речь в нынешнем ее виде, без каких бы то ни было поправок с моей стороны, если все мы (в том числе и я) сдаем в печать свои речи без предварительной проверки. Я теперь только понял всю неловкость того, что я не показал никому свой доклад. Твоя настойчивость насчет поправок не говорит ли о том, что я ошибся, не разослав друзьям свою речь? Я и так чувствую себя неловко после позавчерашних споров. А теперь ты хочешь меня убить своей скромностью, вновь настаивая на просмотре речи. Нет, уж лучше воздержусь. Печатай лучше в том виде, в каком ты считаешь нужным.
7/XI
И. Ст
.
Письма И.В. Сталина В.М. Молотову. 1925–1936 гг. С. 95–96.
РГАСПИ. Ф. 558. Оп. 1. Д. 5388.
ПРИМЕЧАНИЕ
Текст написан на бланке ЦК РКП(б). В левом верхнем углу имеется надпись Молотова: “По поводу моей речи на ХV партийной конференции. В.М.”
22 de noviembre – 16 de diciembre de 1926.
U.A VEZ MÁS SOBRE LA DESVIACIÓ.
SOCIALDEMÓCRATA
E.
.UESTRO
PARTIDO.
Informe del 7 de diciembre.
I. Observaciones previas.
Camaradas: Antes de pasar al fondo de la
cuestión, permitidme que haga algunas observaciones
previas.
l. Contradicciones del desarrollo interno del
Partido.
La primera cuestión se refiere a la lucha dentro de
nuestro Partido, lucha que no empezó ayer y que no
cesa.
Si se toma la historia de nuestro Partido desde
1903, en que nació como grupo de los bolcheviques,
y se siguen sus etapas posteriores, hasta nuestros
días, puede decirse sin exageración que la historia de
nuestro Partido es la historia de la lucha de las
contradicciones en su seno, la historia de la
superación
de
esas
contradicciones
y
del
fortalecimiento gradual de nuestro Partido sobre la
base de la superación de esas contradicciones. Podría
creerse que los rusos son demasiado pendencieros,
que les gusta discutir, que engendran discrepancias y
que, por eso, su Partido se desarrolla superando las
contradicciones
internas.
Eso
no
es
cierto,
camaradas. No se trata de que seamos pendencieros.
Se trata de la existencia de discrepancias de principio
que surgen en el curso del desarrollo del Partido, en
el curso de la lucha de clase del proletariado. Se trata
de que las contradicciones, sólo pueden ser superadas
mediante la lucha por unos u otros principios, por
unos u otros objetivos de la lucha, por unos u otros
métodos de la lucha que conduce a un determinado
objetivo. Se puede y se debe llegar a toda clase de
acuerdos con los que piensan de otro modo dentro
del Partido, cuando se trata de cuestiones de la
política diaria, de cuestiones de carácter puramente
práctico. Pero si esas cuestiones van ligadas a
discrepancias de principio, ningún acuerdo, ninguna
línea “intermedia” puede salvar la situación. No hay
ni puede haber línea “intermedia” en las cuestiones
de principio. El trabajo del Partido debe basarse en
unos principios o en otros. La línea “intermedia” en
cuestiones de principio es la “línea” de la confusión,
la “línea” de velar las discrepancias, la “línea” de la
degeneración ideológica del Partido, la “línea” de la
muerte ideológica del Partido.
¿Cómo viven y se desarrollan hoy día los partidos
socialdemócratas del Occidente? ¿Hay dentro de
ellos contradicciones, discrepancias de principio?
Claro que sí. ¿Sacan a la superficie esas
contradicciones y tratan de superadas honrada y
abiertamente, a la vista de las masas del partido? No.
¡Claro
que
no!
La
labor
práctica
de
la
socialdemocracia consiste en esconder, en ocultar
esas contradicciones y discrepancias. La labor
práctica de la socialdemocracia consiste en hacer de
sus conferencias y congresos una vacía mascarada de
bonanza de relumbrón, encubriendo y velando
celosamente las discrepancias internas. Pero eso no
puede llevar más que a la confusión y al
empobrecimiento ideológico del partido. Esa es una
de las causas de la caída de la socialdemocracia
europea occidental, en tiempos revolucionaria y
ahora reformista.
Pero nosotros no podemos vivir ni desarrollarnos
así, camaradas. La política de la línea “intermedia”,
cuando se trata de principios, no es nuestra política.
La política de la línea “intermedia”, cuando se trata
de principios, es la política de los partidos en
decadencia y degeneración. Esa política no puede por
menos de convertir el partido en un huero aparato
burocrático, que da vueltas como una rueda loca y se
encuentra divorciado de las masas obreras. Ese
camino no es el nuestro.
Todo el pasado de nuestro Partido refrenda la
afirmación de que su historia es la historia de la
superación de las contradicciones en su seno y del
fortalecimiento constante de sus filas sobre la base de
esa superación.
Tomemos el primer período, el período de la
“Iskra”, o el del II Congreso de nuestro Partido,
cuando por primera vez aparecieron dentro de él
discrepancias entre bolcheviques y mencheviques y
cuando las altas esferas de nuestro Partido se
dividieron, en fin de cuentas, en dos partes: la parte
bolchevique (Lenin) y la parte menchevique
(Plejánov, Axelrod, Mártov, Zasúlich y Potrésov).
Lenin estaba entonces solo. ¡Si supieseis la de gritos
y alaridos que entonces se levantaron en torno a los
“insustituibles”, que se habían alejado de Lenin! Pero
la experiencia de la lucha y la historia del Partido
mostraron que esa divergencia tenía una base de
principios, que esa divergencia era una etapa
necesaria para el nacimiento y el desarrollo de un
partido
verdaderamente
revolucionario
y
verdaderamente marxista. La experiencia de la lucha
mostró entonces, en primer lugar, que lo importante
no era la cantidad, sino la calidad, y, en segundo
lugar, que lo que hacía falta no era una unidad
formal, sino que la unidad tuviese una base de
principios. La historia mostró que Lenin tenía razón
y que los “insustituibles” no la tenían. La historia
mostró que, si no se hubieran superado esas
contradicciones entre Lenin y los “insustituibles”, no
tendríamos un verdadero partido revolucionario.
Tomemos el período siguiente, el período de
vísperas de la revolución de 1905, cuando los
bolcheviques
y
los
mencheviques
seguían
enfrentados todavía en el seno de un mismo partido,
formando
dos
campos
con
dos
plataformas
completamente distintas; cuando los bolcheviques
pisaban el umbral de la escisión formal del Partido y
cuando, para defender la línea de nuestra revolución,
se vieron obligados a convocar un congreso aparte (el
III Congreso). ¿Por qué venció entonces el sector
bolchevique del Partido?, ¿por qué se ganó las
simpatías de la mayoría del Partido? Porque no veló
las discrepancias de principio y luchó para superarlas
aislando a los mencheviques.
Podría referirme también a la tercera fase del
desarrollo de nuestro Partido, al período que siguió a
la derrota de la revolución de 1905, al período de
1907, cuando una parte de los bolcheviques, los
llamados “otsovistas”, encabezados por Bogdánov,
se apartaron del bolchevismo. Fue ése un período
crítico en la vida de nuestro Partido. Fue un período
en que bastantes bolcheviques de la vieja guardia
abandonaron a Lenin y su Partido. Los mencheviques
voceaban entonces la muerte de los bolcheviques. Sin
embargo, el bolchevismo no murió, y la experiencia
de la lucha demostró, en cosa de año y medio, que
Lenin y su Partido tenían razón al luchar por la
superación de las contradicciones dentro de las filas
del bolchevismo. Esas contradicciones no fueron
superadas velándolas, sino poniéndolas de relieve y
luchando para bien y provecho de nuestro Partido.
Podría referirme asimismo al cuarto período de la
historia de nuestro Partido, al período de 1911-1912,
cuando los bolcheviques reconstruyeron el Partido,
casi destrozado por la reacción zarista, y expulsaron
a los liquidadores. Y en ese período, como en los
preceden,
los
bolcheviques
reconstruyeron
y
consolidaron el Partido, no velando las discrepancias
de principio con los liquidadores, sino poniéndolas
de relieve y superándolas.
Podría señalar, después, la quinta fase del
desarrollo de nuestro Partido, el período anterior a la
Revolución de Octubre de 1917, cuando una parte de
los bolcheviques, encabezada por ciertos líderes del
Partido, vaciló y no quiso ir a la insurrección de
Octubre, considerándola una aventura. Es sabido que
los
bolcheviques
superaron
también
esa
contradicción, no velando las discrepancias, sino en
lucha abierta por la Revolución de Octubre. La
experiencia de la lucha mostró que de no haber
superado esas discrepancias hubiéramos podido
colocar la Revolución de Octubre en una situación
crítica.
Podría citar, en fin, los períodos siguientes del
desarrollo de nuestra lucha en el seno del Partido, el
período de la paz de Brest-Litoysk, el período de
1921 (discusión sobre los sindicatos) y los otros
períodos, que vosotros conocéis y acerca de los
cuales no voy a extenderme aquí. Es sabido que en
todos esos períodos, lo mismo que en el pasado,
nuestro Partido creció y se robusteció superando las
contradicciones internas.
¿Qué resulta de todo esto?
Resulta que el P.C.(b) de la U.R.S.S. ha crecido y
se ha vigorizado superando las contradicciones
internas.
Resulta que la superación de las contradicciones
internas mediante la lucha es ley del desarrollo de
nuestro Partido.
Podrá objetarse que se trata de una ley válida para
el P.C.(b) de la U.R.S.S., pero no para los demás
Partidos proletarios. Eso no es cierto. Se trata de una
ley del desarrollo de todos los partidos más o menos
grandes, lo mismo si se trata del Partido proletario de
la U.R.S.S. que de los Partidos proletarios del
Occidente. Si en un partido pequeño de un país
pequeño se puede de una manera u otra velar las
discrepancias, tapándolas con la autoridad de una o
varias personas, en un partido grande de un país
grande es inevitable que el partido se desarrolle,
crezca y se vigorice superando las contradicciones.
Así fue en el pasado. Así es en el presente.
Yo desearía remitirme a la autoridad de Engels,
quien dirigió con Marx, durante varios decenios, los
Partidos proletarios del Occidente. Me refiero a la
década del ochenta del pasado siglo, cuando en
Alemania imperaba la ley de excepción contra los
socialistas2, Marx y Engels se encontraban emigrados
en Londres y “Der Sozialdemokrat”3, órgano
clandestino de la socialdemocracia alemana, editado
en el extranjero, dirigía de hecho la labor de este
partido.
Bernstein
era
entonces
marxista
revolucionario (aun no se había pasado a los
reformistas), y Engels mantenía con él animada
correspondencia acerca de las cuestiones más
candentes en la política de la socialdemocracia
alemana. Por aquel entonces (en 1882), Engels
escribió a Bernstein:
“Al parecer, todo partido obrero de un país
grande sólo puede desarrollarse en lucha interna,
en consonancia completa con las leyes del
desarrollo dialéctico en general. El partido alemán
ha llegado a ser lo que es a través de la lucha
librada entre los eisenachianos y los lassalleanos,
y la pelea misma desempeña aquí un papel
importante. La unificación sólo fue posible
cuando ya se había desgastado la banda de
desclasados que Lassalle formó especialmente
para que le sirviese de instrumento; y aun
entonces los nuestros aceptaron con demasiada
presteza la unificación. En Francia, esas gentes
que han sacrificado, bien es verdad la teoría
bakuninista, pero que continúan utilizando los
medios de lucha bakunistas y, al mismo tiempo,
quieren sacrificar el carácter de clase de
movimiento a sus fines particulares, deberán
también desgastarse antes de que vuelva a ser
posible
la
unificación.
Predicar
en
estas
circunstancias la unificación sería una solemne
estupidez. Los sermones de moral no curarán las
enfermedades infantiles, que en las circunstancias
actuales son inevitables” (v. “Archivo de C. Marx
y F. Engels”, libro I, págs. 324-3254).
Y añade Engels (en 1885) en otro lugar:
“Las contradicciones nunca pueden ser veladas
por mucho tiempo y se resuelven mediante la
lucha” (v. lugar citado, pág. 371).
Así, ante todo, debe explicarse la existencia de
contradicciones en el seno de nuestro Partido y el
desarrollo de éste superando las contradicciones
mediante la lucha.
2. Origen de las contradicciones dentro del
Partido.
Pero ¿de dónde proceden esas contradicciones y
discrepancias?, ¿cuál es su origen?
Creo que el origen de las contradicciones en el
seno de los Partidos proletarios reside en dos
circunstancias.
¿Qué circunstancias son ésas?
Me refiero, en primer lugar, a la presión de la
burguesía y de la ideología burguesa sobre el
proletariado y su Partido en el ambiente de la lucha
de clases, presión a la que a menudo ceden las capas
menos firmes del proletariado y, por tanto, las capas
menos firmes del Partido proletario. No puede
considerarse que el proletariado esté aislado por
completo de la sociedad, que se encuentre al margen
de la sociedad. El proletariado es una parte de la
sociedad, está ligado por numerosos hilos a las
diversas capas de la sociedad. Pero el Partido es una
parte del proletariado. Por eso, tampoco puede verse
libre del contacto y de la influencia de las diversas
capas de la sociedad burguesa. La presión de la
burguesía y de su ideología sobre el proletariado y su
Partido se manifiesta en que las ideas, las
costumbres, los hábitos y el estado de ánimo de los
burgueses penetran a menudo en el proletariado y su
Partido a través de ciertas capas del proletariado,
ligadas de una u otra manera con la sociedad
burguesa.
Me refiero, en segundo lugar, a la heterogeneidad
de la clase obrera, a la existencia de diversas capas
dentro de la clase obrera. A mi modo de ver, el
proletariado, como clase, podría ser dividido en tres
capas.
Una capa la compone la masa fundamental del
proletariado, su núcleo, su parte permanente; es la
masa de proletarios “puros”, que rompió hace ya
mucho los lazos con la clase de los capitalistas. Esta
capa del proletariado es el apoyo más seguro del
marxismo.
La segunda capa la componen gentes salidas hace
poco de clases no proletarias, de los campesinos, de
las filas pequeñoburguesas, de los intelectuales. Esas
gentes proceden de otras clases, hace poco que han
pasado a formar parte del proletariado y llevan a la
clase obrera sus hábitos, sus costumbres sus
vacilaciones, sus titubeos. Esta capa ofrece el terreno
más propicio para el surgimiento de grupos
anarquistas, semianarquistas y “ultraizquierdistas” de
toda índole.
Finalmente, la tercera capa la compone la
aristocracia obrera, la elite de la clase obrera, la parte
más acomodada del proletariado, con sus tendencias
al compromiso con la burguesía, con su aspiración
predominante a adaptarse a los poderosos del mundo,
con su afán de “hacer carrera”. Esta capa ofrece el
terreno más propicio para los reformistas y
oportunistas declarados.
A pesar de su diferencia exterior, estas dos
últimas capas de la clase obrera constituyen un medio
más o menos común, que nutre al oportunismo en
general:
al
oportunismo
declarado,
cuando
predominan las tendencias de la aristocracia obrera, y
al oportunismo encubierto con frases de “izquierda”,
cuando predominan las tendencias de las capas
semipequeñoburguesas de la clase obrera, que no han
roto aún por completo con el medio pequeñoburgués.
El hecho de que las tendencias “ultraizquierdistas”
coincidan muy a menudo con las tendencias del
oportunismo declarado no tiene nada de asombroso.
Lenin dijo en repetidas ocasiones que la oposición
“ultra izquierdista” es el reverso de la oposición
derechista,
menchevique,
declaradamente
oportunista. Y eso es muy cierto. Si el “ultra
izquierdista” defiende la revolución sólo porque
espera mañana mismo su triunfo, está claro que
deberá caer en la desesperación y desilusionarse de la
revolución si ésta se retrasa, si no triunfa mañana
mismo.
Es lógico que a cada viraje en el desarrollo de la
lucha de clases, a cada agudización de la lucha y
aumento de las dificultades, la diferencia de
opiniones, de hábitos y de estado de ánimo de las
distintas capas del proletariado se deje sentir
forzosamente
en
forma
de
determinadas
discrepancias en el Partido; y la presión de la
burguesía
y
su
ideología
debe
acentuar
necesariamente esas discrepancias, dándoles salida
en forma de lucha dentro del Partido proletario.
Tal es el origen de las contradicciones y las
discrepancias en el seno del Partido.
¿Es posible evitar esas contradicciones y
discrepancias? No, no lo es. Suponer que puedan ser
evitadas significaría engañarse a sí mismo. Engels
tenía razón al decir que es imposible velar durante
mucho tiempo las contradicciones en el seno del
Partido, que esas contradicciones se resuelven
mediante la lucha.
Eso no significa que el Partido deba convertirse
en un club de debates. Al contrario. El Partido
proletario es y debe seguir siendo la organización
combativa del proletariado. Únicamente quiero decir
que es imposible desentenderse de las discrepancias
dentro del Partido y cerrar los ojos a ellas si son
discrepancias de principio. Únicamente quiero decir
que sólo mediante la lucha por una línea basada en
los principios marxistas se podrá salvaguardar al
Partido proletario de la presión y la influencia de la
burguesía. Únicamente quiero decir que sólo
superando sus contradicciones internas es posible
sanear y fortalecer el Partido.
II. Particularidades de la oposición en el
P.C.(b) de la U.R.S.S.
Permitidme ahora que pase de las observaciones
previas al problema de la oposición en el P.C.(b) de
la U.R.S.S.
Querría,
ante
todo,
señalar
algunas
particularidades de la oposición en el seno de nuestro
Partido. Me refiero a las particularidades externas, a
las que saltan a la vista, sin tocar por el momento las
discrepancias de fondo. Creo que se podrían reducir a
tres particularidades principales. Se trata, en primer
lugar, de que la oposición en el P.C.(b) de la
U.R.S.S. es una oposición unificada, y no una
“simple” oposición, una oposición cualquiera. Se
trata, en segundo lugar, de que la oposición se
esfuerza por encubrir su oportunismo con frases de
“izquierda”,
haciendo
alarde
de
consignas
“revolucionarias”. Se trata, en tercer lugar, de que la
oposición, por ser amada desde el punto de vista de
los principios, se queja a cada paso de que no la han
comprendido, de que sus líderes constituyen, en
realidad, una fracción de “incomprendidos”. (Risas.)
Empecemos por la primera particularidad. ¿A qué
se debe que la oposición actúe en nuestro Partido
como oposición unificada, como un bloque de todas
las corrientes condenadas antes por el Partido, y que,
además,
no
actúe
tan
“sencillamente”
sino
encabezada por el trotskismo?
Se debe a las circunstancias siguientes.
En primer lugar, a que todas las corrientes
unificadas en el bloque -los trotskistas, la “nueva
oposición”, los restos del “centralismo democrático”5
y los restos de la “oposición obrera”6- son, en, uno u
otro grado, corrientes oportunistas, que lucharon
contra el leninismo desde que surgieron o que han
empezado a combatido en los últimos tiempos. Ni
que decir tiene que este rasgo común debía facilitar
su unificación en un bloque para la lucha contra el
Partido.
En segundo lugar, al carácter crítico del período
que atravesamos, a la circunstancia de que el actual
período crítico ha vuelto a plantear tajantemente los
problemas fundamentales de nuestra revolución; y
como todas esas corrientes divergieron y continúan
divergiendo de nuestro Partido en unos u otros
problemas de la revolución, es natural que el carácter
del período presente, resumen y balance de todas
nuestras discrepancias, haya empujado a todas esas
corrientes a formar un bloque único, un bloque
contra la línea fundamental de nuestro Partido.
Huelga decir que esa circunstancia no ha podido por
menos de facilitar la unificación de 1as diversas
corrientes oposicionistas en un campo común.
En tercer lugar, a la circunstancia de que la fuerza
poderosa y la cohesión de nuestro Partido, de un
lado, y la debilidad de todas las corrientes
oposicionistas, sin excepción, y su divorcio de las
masas, de otro lado, debían condenar obligatoria y
evidentemente al fracaso la lucha de esas corrientes
por separado contra el Partido; de ahí que las
corrientes oposicionistas debieran ir inevitablemente
a la unificación de sus fuerzas, para compensar con la
suma de los diversos grupos su debilidad y elevar, de
este modo, aunque fuera en apariencia, las
probabilidades de la oposición.
¿Y a qué se debe que sea precisamente el
trotskismo el que marcha a la cabeza del bloque
oposicionista?
En primer lugar, a que el trotskismo es la
corriente más acabada del oportunismo en nuestro
Partido entre todas las corrientes oposicionistas (el V
Congreso de la Internacional Comunista estaba en lo
cierto al calificar al trotskismo de desviación
pequeñoburguesa7).
En segundo lugar, a que ninguna otra corriente
oposicionista en el seno de nuestro Partido sabe con
tanta habilidad y arte como el trotskismo enmascarar
su oportunismo con frases de “izquierda” y
revolucionarias. (Risas.)
Este no es el primer caso en la historia de nuestro
Partido en que el trotskismo se pone a la cabeza de
las corrientes oposicionistas para atacar al Partido.
Querría remitirme a un conocido precedente en la
historia de nuestro Partido, de los años 1910-1914,
cuando, encabezado por Trotski, se formó el bloque
de corrientes oposicionistas antipartido que recibió el
nombre de Bloque de Agosto. Querría remitirme a
ese precedente porque es como un prototipo del
actual bloque oposicionista. Entonces Trotski coaligó
contra el Partido a los liquidadores (Potrésov, Mártov
y otros), a los otsovistas (grupo de “Vperiod”) y a su
propio grupo. Y ahora trata de unificar en un bloque
oposicionista a la “oposición obrera”, a la “nueva
oposición” y a su propio grupo.
Es sabido que Lenin luchó entonces contra el
Bloque de Agosto en el transcurso de tres años. He
aquí lo que Lenin decía del Bloque de Agosto
entonces, en los comienzos de su formación:
“Por eso declaramos, en nombre del Partido
en su conjunto, que Trotski mantiene una política
antipartido, que él rompe con las leyes del Partido
y entra en la vía de la aventura y la escisión...
Calla Trotski esta verdad indiscutible porque los
fines reales de su política no soportan la verdad.
Y los fines reales se ponen cada vez más en claro
y se hacen evidentes incluso para los militantes
menos perspicaces. Esos fines reales son el bloque
antipartido de los Potrésov con los de “Vperiod”,
bloque que Trotski apoya y organiza... Este
bloque, naturalmente, apoyará el “fondo” de
Trotski y la conferencia antipartido que él
convoca, pues los Potrésov y los de “Vperiod”
obtienen aquí lo que necesitan: libertad para sus
fracciones, consagración de éstas, encubrimiento
de su actividad y su defensa abogacil ante los
obreros.
Y precisamente desde el punto de vista de las
“bases de principio”, no podemos por menos de
estimar este bloque una aventura en el sentido
más exacto de la palabra. Trotski no se atreve a
decir que en Potrésov y en los otsovistas ve a
marxistas auténticos, a verdaderos defensores de
los principios socialdemócratas. La esencia de la
posición del aventurero reside en que se ve
obligado a escurrir el bulto permanentemente... El
bloque de Trotski con Potrésov y los de
“Vperiod” es una aventura precisamente desde el
punto de vista de las “bases de principio”. No es
menos cierto esto desde el punto de vista de las
tareas políticas del Partido... La experiencia del
año transcurrido desde el Pleno ha mostrado en la
práctica que precisamente los grupos de Potrésov,
precisamente la fracción de “Vperiod” encarnan
esta influencia burguesa en el proletariado... Por
último, en tercer lugar, la política de Trotski es
una aventura en el sentido de organización, pues,
según hemos señalado ya, rompe con las leyes del
Partido y, al organizar la conferencia sólo en
nombre de un grupo del extranjero (o en nombre
del bloque de dos fracciones antipartido: la de
“Golos Sotsial-Demokrata” y la de “Vperiod”),
entra francamente en la vía de la escisión” (v. t.
XV, págs. 65,67-70*).
Así se manifestaba Lenin acerca del primer
bloque, encabezado por Trotski, de corrientes
antipartido.
Lo mismo debe decirse, en lo fundamental, pero
con mayor crudeza todavía, del bloque actual;
también encabezado por Trotski, de corrientes
antipartido.
A eso obedece que nuestra oposición actúe ahora
como oposición unificada, y no “sencillamente”, sino
encabezada por el trotskismo.
Eso es lo que se puede decir de la primera
particularidad de la oposición.
Pasemos a la segunda particularidad. Ya he dicho
que la segunda particularidad de la oposición
consiste en sus grandes esfuerzos para encubrir su
labor
oportunista
con
frases
de
“izquierda”,
“revolucionarias”. No creo posible extenderme aquí
acerca de los hechos demostrativos de las constantes
divergencias entre las palabras “revolucionarias” y la
labor oportunista de nuestra oposición. Bastará
examinar las tesis sobre la oposición aprobadas en la
XV Conferencia del P.C.(b) de la U.R.S.S.8, para
comprender el mecanismo de ese enmascaramiento.
Yo desearía aducir únicamente algunos ejemplos de
la historia de nuestro Partido, indicativos de que
dentro de él todas las corrientes oposicionistas
surgidas en el período posterior a la toma del Poder,
han tratado de solapar sus actos no revolucionarios
con
frases
“revolucionarias”,
criticando
invariablemente “desde la izquierda” al Partido y su
política.
Tomemos, por ejemplo, a los comunistas “de
izquierda”, que intervinieron contra el Partido en el
período de la paz de Brest-Litovsk (1918). Es sabido
que criticaban al Partido “desde la izquierda”,
manifestándose contra la paz de Brest-Litovsk y
calificando la política del Partido de oportunista, de
no proletaria, de conciliadora en relación con los
imperialistas. Y en la práctica resultó que, al
manifestarse contra la paz de Brest-Litovsk, los
comunistas “de izquierda” impedían al Partido
obtener una “tregua”, necesaria para organizar y
fortalecer el Poder Soviético, ayudaban a los eseristas
y a los mencheviques, contrarios entonces a la paz de
Brest-Litovsk, y facilitaban la labor del imperialismo,
que quería estrangular en ciernes al Poder Soviético.
Tomemos la “oposición obrera” (1921). Es sabido
que también ella criticaba al Partido “desde la
izquierda”, “machacando” por todos los medios la
política de la Nep, “haciendo añicos” la tesis de
Lenin de que la restauración de la industria debía
empezar por el desarrollo de la agricultura, que
* Aquí y en las siguientes referencias a los trabajos de
V. I. Lenin, los números romanos corresponden a los
tomos de la 3a edición en ruso de las Obras de V. I.
Lenin. (4. del T.)
proporciona a la industria las materias primas y los
comestibles necesarios; “estigmatizando” esta tesis
de Lenin como un olvido de los intereses del
proletariado y como una desviación campesina. Y en
la práctica resultó que, sin la política de la Nep, sin el
desarrollo de la agricultura, que proporciona materias
primas y comestibles a la industria, no tendría más
industria alguna, y el proletariado se habría visto en
un estado de desclasamiento. Además, sabido es
hacia dónde se desarrolló después de esto la
“oposición obrera”, si fue hacia la derecha o hacia la
izquierda.
Tomemos, finalmente, el trotskismo, que lleva ya
varios años criticando a nuestro Partido “desde la
izquierda”
y
es,
al
mismo
tiempo,
como
acertadamente lo calificó el V Congreso de la
Internacional
Comunista,
una
desviación
pequeñoburguesa. ¿Qué puede haber de común entre
una desviación pequeñoburguesa y el verdadero
espíritu revolucionario? ¿No está claro que, en este
caso, las frases “revolucionarias” no son sino la
cobertura de la desviación pequeñoburguesa?
No hablo ya de la “nueva oposición”, cuyos gritos
“izquierdistas” tienen por objeto encubrir su entrega
al trotskismo.
¿Qué nos dicen todos estos hechos?
Que el enmascaramiento “izquierdista” de la labor
oportunista es uno de los rasgos más característicos
de todas y cada una de las corrientes oposicionistas
dentro de nuestro Partido en el período posterior a la
toma del Poder.
¿A qué se debe este fenómeno?
Se debe al espíritu revolucionario del proletariado
de la U.R.S.S., a las formidables tradiciones
revolucionarias vivas en el seno de nuestro
proletariado. Se debe al odio manifiesto de los
obreros
de
la
U.R.S.S.
a
los
elementos
antirrevolucionarios, a los elementos oportunistas. Se
debe a que nuestros obreros no harían el menor caso
a
un
oportunista
declarado;
por
eso,
el
enmascaramiento “revolucionario” es el cebo que,
aunque sólo sea por sus apariencias, debe de llamar
la atención de los obreros e infundirles confianza en
la
oposición.
Nuestros
obreros
no
pueden
comprender, por ejemplo, cómo los obreros ingleses
no han caído hasta ahora en la cuenta de ahogar a los
traidores del tipo de Thomas, de echados a un pozo.
(Risas.) Cualquiera que conozca a nuestros obreros,
comprenderá fácilmente que individuos de la calaña
de Thomas, que oportunistas como Thomas no
podrían vivir tranquilamente entre los obreros
soviéticos. Es sabido, sin embargo, que los obreros
ingleses, lejos de manifestar el propósito de ahogar a
los señores Thomas, todavía los reeligen para el
Consejo General9, y no los reeligen simplemente,
sino incluso organizan una manifestación. Está claro
que para esos obreros no hace falta poner al
oportunismo una careta revolucionaria, pues no
tienen ningún inconveniente en admitir en su seno a
los oportunistas tal y como son.
¿A qué se debe esto? Se debe a que los obreros
ingleses carecen de tradiciones revolucionarias. Esas
tradiciones revolucionarias se están formando ahora.
Nacen y se desarrollan, y no hay motivo para dudar
de que los obreros ingleses se están templando en
combates revolucionarios. Y mientras eso no exista,
la diferencia entre los obreros ingleses y los obreros
soviéticos seguirá en pie. Ello, precisamente, explica
la circunstancia de que en nuestro Partido sea
peligroso para los oportunistas acercarse a los
obreros de la U.R.S.S. sin cierto enmascaramiento
“revolucionario”.
Ahí radican las causas del enmascaramiento
“revolucionario” del bloque oposicionista.
Finalmente, acerca de la tercera particularidad de
la oposición. Ya he dicho que esa particularidad
consiste en la amorfía del bloque oposicionista en
cuanto a los principios, en su carencia de principios,
en su carácter amiboideo y en las quejas de los
líderes de la oposición -quejas derivadas de todo eso-
cuando dicen a cada paso que “no los han
comprendido”, que los han “tergiversado”, que les
han atribuido lo que “no dijeron”, etc. Se trata, en
verdad, de la fracción de los “incomprendidos”. La
historia de los Partidos proletarios dice que esa
particularidad (“¡no nos han comprendido!”) es la
más frecuente y la más extendida entre el
oportunismo en general. Debéis saber, camaradas,
que exactamente lo mismo les “sucedió” a Bernstein,
a Vollmar, a Auer y a otros notorios oportunistas en
las filas de la socialdemocracia alemana a fines del
último decenio del siglo XIX y comienzos del siglo
XX, cuando la socialdemocracia alemana era
revolucionaria
y
cuando
esos
oportunistas
recalcitrantes estuvieron lamentándose muchos años
de que “no los habían comprendido”, de que los
habían “tergiversado”. Es sabido que la fracción de
Bernstein
era
llamada
entonces
por
los
socialdemócratas
revolucionarios
alemanes
la
fracción de los “incomprendidos”. No puede
estimarse una casualidad el que, como vemos, haya
que clasificar al bloque oposicionista en la categoría
de las fracciones de “incomprendidos”.
Tales son las particularidades principales del
bloque oposicionista.
III. Las discrepancias en el P.C.(b) de la
U.R.S.S.
Pasemos a las discrepancias de fondo.
Me parece que nuestras discrepancias podrían
concretarse
en
unas
cuantas
cuestiones
fundamentales. No voy a referirme a ellas
detalladamente, pues hay poco tiempo y el informe
ya se va alargando. Tanto más cuanto que disponéis
de materiales acerca de las cuestiones en el P.C.(b)
de la U.R.S.S., los cuales, aunque adolecen,
ciertamente, de algunos errores de traducción, dan
una idea clara de las discrepancias en nuestro
Partido.
1. Cuestiones de la edificación socialista.
Primera cuestión. La primera cuestión es la que
se refiere a la posibilidad del triunfo del socialismo
en un solo país, a la posibilidad de la edificación
victoriosa del socialismo. No se trata, claro, de
Montenegro, ni siquiera de Bulgaria, sino de nuestro
país, de la U.R.S.S. Se trata de un país en el que
existió y se desarrollaba el imperialismo, en el que
hay cierto mínimo de gran industria, en el que hay
cierto mínimo de proletariado, en el que hay un
partido que dirige al proletariado. ¿Es posible, pues,
la victoria del socialismo en la U.R.S.S., se puede
llevar a cabo en ella la edificación del socialismo
basándose en las fuerzas interiores de nuestro país,
basándose en las posibilidades de que dispone el
proletariado de la U.R.S.S.?
Pero ¿qué significa llevar a cabo la edificación del
socialismo, si expresamos esta fórmula en un
lenguaje concreto de clase? Llevar a cabo la
edificación del socialismo en la U.R.S.S. significa
vencer en el curso de la lucha, con nuestras propias
fuerzas, a nuestra burguesía, a la burguesía soviética.
El problema se reduce, por tanto, a saber si el
proletariado de la U.R.S.S. es capaz de vencer a la
burguesía propia, a la burguesía soviética. Por eso,
cuando se pregunta si es posible llevar a cabo la
edificación del socialismo en la U.R.S.S., con ello se
quiere decir: ¿es capaz el proletariado de la U.R.S.S.
de vencer con sus propias fuerzas a la burguesía de la
U.R.S.S.? Así y sólo así se plantea la cuestión
cuando se trata de resolver el problema de la
edificación del socialismo en nuestro país.
El Partido da una respuesta afirmativa, pues
arranca de la idea de que el proletariado de la
U.R.S.S., la dictadura proletaria en la U.R.S.S.,
puede vencer a la burguesía del país con sus propias
fuerzas.
Si esto no fuese así, si el Partido no tuviese base
para afirmar que el proletariado de la U.R.S.S. es
capaz de llevar a cabo la edificación de la sociedad
socialista, a pesar del relativo atraso técnico de
nuestro país, no tendría ningún fundamento para
seguir en el Poder, debería abandonar el Poder, de
una manera o de otra, y pasar a ser un partido de
oposición.
Porque una de dos:
o podemos edificar el socialismo y dar cima a su
edificación,
venciendo
a
nuestra
burguesía
“nacional”, en cuyo caso el Partido está obligado a
seguir en el Poder y a dirigir la edificación socialista
en el país, en aras de la victoria del socialismo en
todo el mundo;
o no estamos en condiciones de vencer con
nuestras propias fuerzas a nuestra burguesía, en cuyo
caso, tomando en consideración la falta de apoyo
inmediato del exterior, por parte de una revolución
victoriosa en otros países, debemos abandonar
honrada y francamente el Poder y orientarnos a la
organización de otra revolución en la U.R.S.S. en el
futuro.
¿Puede un partido engallar a su clase, en este caso
a la clase obrera? No, no puede. El partido que lo
hiciese merecería ser destrozado. Pero precisamente
porque nuestro Partido no tiene derecho a engañar a
la clase obrera, debería decir sin rodeos que la falta
de confianza en la posibilidad de llevar a cabo la
edificación del socialismo en nuestro país conduce al
abandono del Poder y al paso de nuestro Partido de la
situación de partido gobernante a la de partido de
oposición.
Nosotros hemos conquistado la dictadura del
proletariado y creado con ello la base política para el
avance hacia el socialismo. ¿Podemos crear con
nuestras propias fuerzas la base económica del
socialismo, los nuevos cimientos económicos,
necesarios para llevar a cabo la edificación del
socialismo? ¿Cuál es la esencia económica, la base
económica del socialismo? ¿No será hacer de la tierra
un “paraíso celestial” y conseguir que todo el mundo
viva en la abundancia? No, no se trata de eso. Esa es
una idea adocenada y pequeñoburguesa de la esencia
económica del socialismo. Crear la base económica
del socialismo significa fundir la agricultura con la
industria socialista en un todo económico único,
subordinar la agricultura a la dirección de la industria
socialista, organizar las relaciones entre la ciudad y
el campo sobre la base del intercambio de productos
de la agricultura y de la industria, cerrar y suprimir
todos los canales que contribuyen a la gestación de
las clases y, en primer término, del capital; crear, en
fin de cuentas, unas condiciones de producción y de
distribución que conduzcan de manera directa e
inmediata a la supresión de las clases.
He aquí lo que decía a este particular el camarada
Lenin en el período en que se implantaba la Nep y el
problema de la construcción de los cimientos
socialistas de la economía nacional se planteó en toda
su magnitud ante el Partido:
“Sustituir el sistema de contingentación por el
impuesto; su significación de principio: del
comunismo “de guerra” a unos cimientos
socialistas
acertados.
Ni
el
sistema
de
contingentación
ni
el
impuesto,
sino
el
intercambio de productos de la gran industria
(“socializada”) por productos campesinos: tal es
la esencia económica del socialismo, su base” (v.
t. XXVI, págs. 311-312).
Así entiende Lenin el problema de la creación de
la base económica del socialismo.
Ahora bien, para fundir la agricultura con la
industria socializada se necesita disponer, ante todo,
de una amplia red de organismos de distribución de
productos, de una amplia red de cooperativas, lo
mismo de consumo que agrícolas, o de producción.
Lenin partía precisamente de esa tesis cuando dijo en
su folleto “Sobre la cooperación”:
“Bajo nuestras condiciones, a cada paso la
cooperación
coincide
plenamente
con
el
socialismo” (v. t. XXVII, pág. 396).
Así, pues, ¿puede el proletariado de la U.R.S.S.
construir con sus propias fuerzas la base económica
del socialismo en las condiciones de cerco capitalista
en que se encuentra nuestro país?
El Partido da a esta pregunta una respuesta
afirmativa (v. la resolución de la XIV Conferencia
del P.C.(b) de Rusia10). Lenin da a esta pregunta una
respuesta afirmativa (v., aunque sólo sea, su folleto
“Sobre la cooperación”). Toda nuestra labor práctica
de edificación da a esta pregunta una respuesta
afirmativa, pues la parte del sector socialista de
nuestra economía crece, de año en año, a cuenta de la
parte del capital privado, lo mismo en la producción
que en la circulación, al tiempo que, de año en año,
decae el papel del capital privado en relación con el
papel de los elementos socialistas de nuestra
economía.
¿Y cómo responde a esa pregunta la oposición?
La oposición da a esta pregunta una respuesta
negativa.
Resulta que la victoria del socialismo en nuestro
país es posible, que puede considerarse garantizada la
posibilidad de construir la base económica del
socialismo.
¿Significa esto que pueda calificarse tal victoria
de victoria completa, de victoria definitiva del
socialismo, que garantice al país constructor del
socialismo contra todo peligro del exterior, contra el
peligro de intervención imperialista y contra el
consiguiente peligro de restauración? No, no
significa eso. Mientras el problema de llevar a cabo
la edificación del socialismo en la U.R.S.S. es de
vencer a la burguesía propia, a la burguesía
“nacional”, el problema de la victoria definitiva del
socialismo es de vencer a la burguesía mundial. El
Partido dice que el proletariado de un solo país no
está en condiciones de vencer con sus propias fuerzas
a la burguesía mundial. El Partido dice que, para la
victoria definitiva del socialismo en un solo país, se
necesita vencer, o por lo menos neutralizar, a la
burguesía mundial. El Partido dice que esa tarea
únicamente puede ser cumplida por el proletariado de
varios países. Por eso, la victoria definitiva del
socialismo en uno u otro país presupone el triunfo de
la revolución proletaria en unos cuantos países, por
lo menos.
Este problema no despierta en nuestro Partido
discrepancias particulares y, por eso, no me
extenderé en él; quien se interese, puede recurrir a los
materiales del C.C. de nuestro Partido, distribuidos
hace unos días entre los miembros del Pleno
ampliado del C.E. de la Internacional Comunista.
2. Los factores de la “tregua”.
Segunda cuestión. La segunda cuestión se refiere
al problema de la presente situación internacional de
la U.R.S.S., de las condiciones del período de
“tregua” en cuyo curso empezó y se ha desarrollado
en nuestro país la edificación del socialismo.
Nosotros podemos y debemos edificar el socialismo
en la U.R.S.S. Mas, para edificar el socialismo, lo
primero que hace falta es existir. Se necesita una
“tregua”, se necesita que no haya guerra, que no haya
tentativas de intervención; se necesita conquistar
cierto mínimo de condiciones internacionales,
indispensables para existir y edificar el socialismo.
Cabe preguntar: ¿en qué descansa la actual
situación internacional de la República de los
Soviets?, ¿a qué se debe el actual período “pacífico”
de desarrollo de nuestro país en sus relaciones con
los países capitalistas?, ¿en qué se basa la “tregua” o
el período de “tregua” conquistado, que no permite al
mundo
capitalista
tentativas
inmediatas
de
intervención seria y que crea las necesarias
condiciones exteriores para la edificación del
socialismo en nuestro país, habiéndose demostrado
que el peligro de intervención existe y existirá
todavía y que este peligro únicamente puede ser
suprimido por la victoria de la revolución proletaria
en varios países?
El actual período de “tregua” se basa, por lo
menos, en cuatro hechos principales:
Primero, en las contradicciones en el campo de
los imperialistas, que no se debilitan y dificultan una
confabulación contra la República de los Soviets.
Segundo,
en
las
contradicciones
entre
el
imperialismo y las colonias, en el ascenso del
movimiento de liberación en las colonias y países
dependientes.
Tercero,
en
el
ascenso
del
movimiento
revolucionario en los países capitalistas y la creciente
simpatía de los proletarios de todos los países hacia
la República de los Soviets. Los proletarios de los
países capitalistas no están todavía en condiciones de
apoyar a los proletarios de la U.R.S.S. con la
revolución
contra
sus
capitalistas.
Pero
los
capitalistas de los Estados imperialistas no están ya
en condiciones de lanzar a “sus” obreros contra el
proletariado de la U.R.S.S., pues las simpatías de los
proletarios de todos los países hacia la República de
los Soviets aumentan y no pueden por menos de ser
mayores cada día. Y ahora es imposible hacer la
guerra sin los obreros.
Cuarto, en la fuerza y el poderío del proletariado
de la U.R.S.S., en los éxitos de su edificación
socialista, en la fuerza de la organización de su
Ejército Rojo.
Estas condiciones y otras semejantes, conjugadas,
originan el período de “tregua” que caracteriza la
presente situación internacional de la República de
los Soviets.
3. Unidad e indivisibilidad de las tareas
“nacionales” e internacionales de la revolución.
Tercera cuestión. La tercera cuestión se refiere al
problema de las tareas “nacionales” e internacionales
de la revolución proletaria en uno u otro país. El
Partido arranca del criterio de que las tareas
“nacionales” e internacionales del proletariado de la
U. R .S.S. se funden en una misma tarea, en la tarea
general de liberar del capitalismo a los proletarios de
todos los países; de que los intereses de la edificación
del socialismo en nuestro país y los intereses del
movimiento revolucionario de todos los países se
funden íntegra y completamente en un mismo interés,
en el interés general de la victoria de la revolución
socialista en todos los países.
¿Qué ocurriría si los proletarios de todos los
países no simpatizasen con la República de los
Soviets y no le prestasen su apoyo? Tendríamos la
intervención y la derrota de la República de los
Soviets.
¿Qué ocurriría si el capital consiguiera derrotar a
la República de los Soviets? Advendría la época de la
reacción más negra en todos los países capitalistas y
en las colonias, empezarían a aplastar a la clase
obrera y a los pueblos oprimidos, serían barridas las
posiciones del comunismo internacional.
¿Qué ocurrirá si se incrementan y crecen la
simpatía y el apoyo de los proletarios de todos los
países a la República de los Soviets? Esto facilitará
sobremanera la edificación del socialismo en la
U.R.S.S.
¿Qué ocurrirá si aumentan en la U.R.S.S. los
éxitos de la edificación socialista? Esto mejorará
sobremanera las posiciones revolucionarias de los
proletarios de todos los países en su lucha contra el
capital, quebrantará las posiciones del capital
internacional en su lucha contra el proletariado y
elevará a un escalón superior las probabilidades del
proletariado mundial.
Pero de eso se deduce que los intereses y las
tareas del proletariado de la U.R.S.S. se entrelazan y
se ligan indisolublemente con los intereses y las
tareas del movimiento revolucionario de todos los
países; y viceversa, las tareas de los proletarios
revolucionarios de todos los países se ligan
indisolublemente con las tareas y los éxitos de los
proletarios de la U.R.S.S. en el frente da la
edificación socialista.
Por eso, contraponer las tareas “nacionales” de los
proletarios de uno u otro país a las tareas
internacionales, significa cometer un profundísimo
error en política.
Por eso, presentar el afán y la pasión en la lucha
de los proletarios de la U.R.S.S. en el frente de la
edificación socialista como indicio de “aislamiento
nacional” y de “estrechez nacional”, como a veces lo
hacen nuestros oposicionistas, significa perder el
juicio o volver a la infancia.
Por eso, la afirmación de la unidad y la
indivisibilidad de los intereses y las tareas de los
proletarios de un país con los intereses y las tareas de
los proletarios de todos los países, es el camino más
seguro
para
la
victoria
del
movimiento
revolucionario de los proletarios de todos los países.
Precisamente por eso, la victoria de la revolución
proletaria en un solo país no es un fin en sí, sino un
medio y una ayuda para el desarrollo y la victoria de
la revolución en todos los países.
Por eso, edificar el socialismo en la U.R.S.S.
significa impulsar la causa común de los proletarios
de todos los países, significa forjar la victoria sobre
el capital, no sólo en la U.R.S.S., sino en todos los
países capitalistas, pues la revolución de la U.R.S.S.
es parte de la revolución mundial, es el principio y la
base de su desarrollo.
4. En torno a la historia del problema de la
edificación del socialismo.
Cuarta cuestión. La cuarta cuestión se refiere a la
historia del problema que examinamos. La oposición
afirma que el problema de la edificación del
socialismo en un solo país fue planteado por primera
vez en nuestro Partido en 1925. En todo caso, Trotski
manifestó claramente en la XV Conferencia: “¿Por
qué se pide el reconocimiento teórico de la
posibilidad de llevar a cabo la edificación del
socialismo en un solo país? ¿De dónde ha salido esa
perspectiva? ¿Por qué no planteó nadie este problema
hasta 1925?”
Resulta, pues, que hasta 1925 el problema no fue
planteado en nuestro Partido. Resulta que sólo Stalin
y Bujarin lo han planteado en el Partido, y que lo
hicieron en 1925.
¿Es cierto eso? No, no lo es.
Yo afirmo que el problema de la edificación de la
economía socialista en un solo país fue planteado por
primera vez en el Partido por Lenin, ya en 1915. Yo
afirmo que fue precisamente Trotski quien entonces
se manifestó en contra de Lenin. Yo afirmo que, a
partir de entonces, es decir, a partir de 1915, el
problema de la edificación de la economía socialista
en un solo país ha figurado repetidas veces en nuestra
prensa y en nuestro Partido.
Acudamos a los hechos.
a) Año 1915. Artículo de Lenin en el Órgano
Central de los bolcheviques “Sotsial-Demokrat”11:
“La consigna de los Estados Unidos de Europa”. He
aquí lo que dice Lenin en este artículo:
“Como consigna independiente, la de los
Estados Unidos del mundo dudosamente sería
justa, en primer lugar, porque se funde con el
socialismo y, en segundo lugar, porque podría
conducir a la falsa idea de la imposibilidad de la
victoria del socialismo en un solo país y a una
interpretación errónea de las relaciones de este
país con los demás.
La desigualdad del desarrollo económico y
político es una ley absoluta del capitalismo. De
aquí se deduce que es posible que la victoria del
socialismo empiece por unos cuantos países
capitalistas, o incluso por un solo país capitalista.
El proletariado triunfante de este país, después de
expropiar a los capitalistas y de organizar la
producción socialista dentro de sus fronteras*, se
enfrentaría con el resto del mundo, con el mundo
capitalista, atrayendo a su lado a las clases
oprimidas de los demás países, levantando en
ellos la insurrección contra los capitalistas,
empleando, en caso necesario, incluso la fuerza de
las armas contra las clases explotadoras y sus
Estados”... Pues “la libre unión de las naciones en
el socialismo es imposible sin una lucha tenaz,
más o menos prolongada, de las repúblicas
socialistas contra los Estados atrasados” (v. t.
XVIII, págs. 232-233).
Y he aquí lo que Trotski replica el mismo año de
1915, en “Nashe Slovo”12, periódico que él dirigía:
““La desigualdad del desarrollo económico y
político es una ley absoluta del capitalismo”. De aquí
deducía “Sotsial-Demokrat” (en 1915 órgano central
de los bolcheviques, que insertó el artículo de Lenin.
J. St.) que la victoria del socialismo en un solo país
es posible y, por tanto, no hay por qué supeditar la
dictadura del proletariado en cada país a la formación
de los Estados Unidos de Europa... Que ningún país
debe “aguardar” a los otros en su lucha, es una idea
elemental que es útil y necesario repetir, para que la
idea de una acción internacional paralela no sea
sustituida por la idea de una inactividad internacional
expectante. Sin aguardar a los demás, comenzamos y
continuamos la lucha en el terreno nacional, con la
plena seguridad de que nuestra iniciativa impulsará la
lucha en otros países; y, si esto no sucediese, no hay
ningún fundamento para suponer -así lo atestiguan la
experiencia histórica y las consideraciones teóricas-
que la Rusia revolucionaria, por ejemplo, podría
sostenerse frente a la Europa conservadora o que la
Alemania socialista podría subsistir aislada en un
mundo capitalista. Examinar las perspectivas de la
revolución social dentro de un marco nacional
significaría ser víctima de esa estrechez nacional que
constituye
la
esencia
del
social-patriotismo»*
(Trotski, “1917”, t. III, parte 1, págs. 89-90).
Veis, pues, que de la “organización de la
producción socialista” habló Lenin ya en 1915, en
vísperas de la revolución democrático-burguesa de
Rusia, en el período de la guerra imperialista, cuando
el problema de la transformación de la revolución
democrático-burguesa en revolución socialista estaba
* Subrayado por mí. J. St.
a la orden del día.
Veis, pues, que quien entonces se opuso al
camarada Lenin fue precisamente Trotski; y éste
sabía, evidentemente, que el artículo de Lenin trataba
de la “victoria del socialismo” y de la posibilidad de
“organizar la producción socialista en un solo país”.
Veis, pues, que la imputación de “estrechez
nacional” la hizo por primera vez Trotski ya en 1915,
no contra Stalin o Bujarin, sino contra Lenin.
Ahora Zinóviev lanza a menudo la ridícula
imputación de “estrechez nacional”. No comprende,
por lo visto, que repite y, de ese modo, restaura la
tesis de Trotski, dirigida contra Lenin y su Partido.
b) Año 1919. Artículo de Lenin “La economía y
la política en la época de la dictadura del
proletariado”. Dice Lenin en este artículo:
“Por más que mientan y calumnien los
burgueses de todos los países y sus cómplices
francos o encubiertos (los “socialistas” de la II
Internacional), es indudable que, desde el punto
de vista del problema económico fundamental de
la dictadura del proletariado, en nuestro país está
asegurada la victoria del comunismo sobre el
capitalismo. Si la burguesía de todo el mundo está
enrabiada y enfurecida contra el bolchevismo, si
organiza invasiones armadas, complots, etc.
contra los bolcheviques, es precisamente porque
comprende muy bien lo inevitable de nuestra
victoria en la reestructuración de la economía
social, a menos que nos aplaste por la fuerza
militar. Pero no consigue aplastarnos por ese
procedimiento”* (v. t. XXIV, pág. 510).
Veis, pues, que en este artículo de Lenin se trata
del “problema económico de la dictadura del
proletariado”, de la “reestructuración de la economía
social” con vistas a la “victoria del comunismo”. ¿Y
qué son el “problema económico de la dictadura del
proletariado” y la “reestructuración de la economía
social” bajo la dictadura del proletariado? No sólo
sino la edificación del socialismo en un solo país, en
nuestro país.
c) Año 1921. Folleto de Lenin “Sobre el impuesto
en especie”13. La conocida tesis de que podemos y
debemos construir los “cimientos socialistas de
nuestra economía” (v. “Sobre el impuesto en
especie”).
d) Año 1922. Intervención del camarada Lenin en
el Soviet de Moscú, donde dice que “hemos hecho
penetrar el socialismo en la vida diaria”, que “de la
Rusia de la Nep saldrá la Rusia socialista” (v. t.
XXVII, pág. 366). Objeciones de Trotski en su
“Epílogo” a “El programa de la paz”, en 1922, sin
indicación directa de que polemiza con Lenin. He
aquí lo que dice Trotski en ese “Epílogo”:
“La afirmación, varias veces repelida en “El
programa de la paz”, de que la revolución
proletaria no puede terminar victoriosamente
dentro de un marco nacional, parecerá quizá a
algunos lectores desmentida por la experiencia de
casi cinco años de vida de nuestra República
Soviética. Pero semejante conclusión sería
infundada. El hecho de que el Estado obrero haya
resistido contra el mundo entero en un solo país, y
además en un país atrasado, atestigua la potencia
colosal del proletariado, que en otros países más
adelantados y más civilizados será capaz de hacer
verdaderos milagros. Pero habiendo logrado
mantenemos como Estado en el sentido político y
militar, no hemos llegado todavía, ni siquiera nos
hemos acercado a la creación de la sociedad
socialista. La lucha en defensa de la revolución y
del Estado ha traído en este período un
extraordinario
descenso
de
las
fuerzas
productivas, siendo así que el socialismo sólo se
concibe sobre la base de su desarrollo y
florecimiento. Las negociaciones comerciales con
los Estados burgueses, las concesiones, la
Conferencia de Génova, etc., son un testimonio
demasiado evidente de la imposibilidad de la
edificación socialista aislada dentro del marco
nacional de un Estado... El verdadero auge de la
economía socialista en Rusia no será posible más
que después de la victoria del proletariado en las
países más importantes de Europa”* (Trotski,
“1917”, t. III, parte 1, págs. 92-93).
¿A quién objeta aquí Trotski cuando habla de la
“imposibilidad de la edificación socialista aislada
dentro del marco nacional de un Estado”?
Naturalmente que no objeta a Stalin o a Bujarin.
Trotski objeta aquí al camarada Lenin, y no acerca de
un problema cualquiera, sino acerca del problema
fundamental: la posibilidad “de la edificación
socialista dentro del marco nacional de un Estado”.
e) Año 1923. Folleto de Lenin “Sobre la
cooperación”, que constituye su testamento político.
He aquí lo que dice Lenin en este folleto:
“En efecto, todos los grandes medios de
producción en poder del Estado y el Poder del
Estado en manos del proletariado; la alianza de
este proletariado con millones y millones de
pequeños y muy pequeños campesinos; asegurar
la dirección de los campesinos por el proletariado,
etc., ¿acaso no es esto todo lo que se necesita para
edificar la sociedad socialista completa partiendo
de la cooperación, y nada más que de la
cooperación, a la que antes tratábamos de
mercantilista y que ahora, bajo la Nep, merece
también, en cierto modo, el mismo trato; acaso no
es esto todo lo imprescindible para edificar la
sociedad socialista completa? Eso no es todavía
la edificación de la sociedad socialista, pero sí
todo lo imprescindible y lo suficiente para esta
edificación”* (v. t. XXVII, pág. 392).
Parece que es difícil expresarse con mayor
* Subrayado por mí. J. St.
claridad.
Según Trotski, resulta que “la edificación
socialista dentro del marco nacional de un Estado” es
imposible. Lenin afirma, en cambio, que nosotros, es
decir, el proletariado de la U.R.S.S., ahora, en el
período de la dictadura del proletariado, tenemos
“todo lo imprescindible y lo suficiente” “para edificar
la sociedad socialista completa”. La oposición entre
las dos opiniones es completa.
Tales son los hechos.
Veis, pues, que el problema de la edificación del
socialismo en un solo país fue planteado en nuestro
Partido ya en 1915, que lo planteó el propio Lenin,
con quien polemizó a este propósito Trotski,
precisamente, acusando a Lenin de “estrechez
nacional”.
Ya veis que, a partir de entonces, el problema no
desapareció del orden del día del trabajo de nuestro
Partido hasta la muerte misma del camarada Lenin.
Ya veis que, de un modo o de otro, Trotski
planteó varias veces este problema en forma de
polémica solapada, pero perfectamente definida, con
el camarada Lenin, y cada una de estas veces Trotski
no trató el problema de acuerdo con Lenin y el
leninismo, sino contra Lenin y el leninismo.
Ya veis que Trotski falta abiertamente a la
verdad al afirmar que el problema de la edificación
del socialismo en un solo país no lo planteó nadie
hasta 1925.
5. Particular importancia del problema de la
edificación del socialismo en la U.R.S.S. en el
momento presente.
Quinta cuestión. La quinta cuestión se refiere al
problema relativo a la actualidad de la tarea de la
edificación del socialismo en el momento presente.
¿Por qué el problema de la edificación del socialismo
ha
adquirido
particular
actualidad
ahora
precisamente, precisamente en los últimos tiempos?
¿Por qué, por ejemplo, en 1915, 1918, 1919, 1921,
1922 y 1923, el problema de la edificación del
socialismo en la U.R.S.S. se debatía de tarde en
tarde, en artículos sueltos, mientras que en 1924,
1925 y 1926 ha pasado a ocupar un lugar
destacadísimo en la labor práctica de nuestro
Partido? ¿A qué se debe esto?
Se debe, a mi modo de ver, a tres causas
principales.
En primer lugar, a que estos últimos años ha
bajado el ritmo de la revolución en los otros países,
se ha producido la llamada “estabilización parcial del
capitalismo”. De ahí la pregunta de si la
estabilización parcial del capitalismo no lleva a la
disminución o incluso a la eliminación de las
posibilidades de edificar el socialismo en nuestro
país. De ahí que haya crecido el interés hacia el
problema de la suerte del socialismo y de la
edificación socialista en nuestro país.
En segundo lugar, a que hemos implantado la
Nep, admitido el capital privado y procedido a cierto
repliegue para reagrupar las fuerzas y pasar después a
la ofensiva. De ahí la pregunta de si la implantación
de la Nep no puede contribuir a amenguar las
posibilidades de la edificación socialista en nuestro
país. De ahí un nuevo motivo de creciente interés
hacia el problema de la posibilidad de la edificación
socialista en nuestro país.
En tercer lugar, a la circunstancia de que ganamos
la guerra civil, expulsamos a los intervencionistas y
conquistamos una “tregua”, dejando la guerra y
garantizando la paz, garantizando un período de paz
que ofrece condiciones favorables para acabar con la
ruina económica, restablecer las fuerzas productivas
del país y entregarse a la construcción de la nueva
economía en nuestro país. De ahí la pregunta de en
qué dirección debe efectuarse la edificación de la
economía: en dirección al socialismo o en otra
dirección cualquiera. De ahí la pregunta: caso de que
orientemos la edificación hacia el socialismo, ¿hay
razones para pensar que podemos edificar el
socialismo dentro de las condiciones de la Nep y con
la estabilización parcial del capitalismo? De ahí el
enorme interés de todo el Partido y de toda la clase
obrera por el problema de la suerte de la edificación
socialista en nuestro país. De ahí los cálculos anuales
de toda clase, que los organismos del Partido y del
Poder Soviético efectúan desde el punto de vista del
aumento del peso relativo de las formas socialistas de
economía en la industria, en el comercio y en la
agricultura.
Ahí tenéis las tres causas principales, indicativas
de que el problema de la edificación del socialismo
es hoy un problema de la máxima actualidad para
nuestro Partido y para nuestro proletariado, lo mismo
que para la Internacional Comunista.
La oposición se imagina que el problema de la
edificación del socialismo en la U.R.S.S. tiene
únicamente interés teórico. Eso no es cierto. Eso es
una equivocación profundísima. Esa manera de
enfocar el problema puede deberse únicamente a que
la oposición se encuentra desligada por completo de
la labor práctica del Partido, de nuestra edificación
económica, de nuestra edificación cooperativa. El
problema de la edificación del socialismo tiene una
enorme importancia práctica ahora, cuando hemos
acabado con la ruina económica, restaurado la
industria y entrado en la fase de reorganización de
toda la economía nacional sobre la base de un nuevo
equipamiento técnico. ¿Hacia dónde debemos
conducir la edificación económica?, ¿en qué
dirección debe construirse'?, ¿qué hay que construir?,
¿cuáles deben ser las perspectivas de nuestra
edificación? Los dirigentes honrados y serios de la
economía, los dirigentes que quieran afrontar las
cuestiones de la edificación con verdadera conciencia
y meditando bien las cosas, no podrán dar un paso
adelante sin solucionar todos estos problemas.
¿Construimos para abonar el terreno a la democracia
burguesa o para edificar la sociedad socialista? Esa
es hoy la esencia de nuestro trabajo de edificación.
¿Tenemos la posibilidad de edificar la economía
socialista ahora, dentro de las condiciones de la Nep,
con la estabilización parcial del capitalismo? Ese es
hoy uno de los problemas más importantes de la
labor del Partido y de los Soviets.
Lenin dio a esta pregunta una respuesta afirmativa
(v.
aunque
sólo
sea,
el
folleto
“Sobre
la
cooperación”.) El Partido ha dado a esta pregunta
una respuesta afirmativa (v. la resolución de la XIV
Conferencia del P.C.(b) de Rusia). ¿Y la oposición'?
Ya he dicho antes que la oposición responde
negativamente a esta pregunta. Decía yo en mi
informe ante la XV Conferencia del P.C.(b) de la
U.R.S.S. y ahora me veo obligado a repetir aquí que
Trotski, líder del bloque de oposición, afirmó hace
muy poco, en septiembre de 1926, en su conocido
mensaje a los oposicionistas, que, para él, “la teoría
del socialismo en un solo país” es “la justificación
teórica de la estrechez nacional” (v. el informe de
Stalin en la XV Conferencia del P.C.(b) de la
U.R.S.S.14).
Comparad esa cita de Trotski (1926) con su
artículo de 1915, en el que, polemizando con Lenin
acerca de la posibilidad de la victoria del socialismo
en un solo país, inculpó por primera vez de
“estrechez nacional” al camarada Lenin y a los
leninistas; comparadla y comprenderéis que Trotski
sigue manteniendo su vieja actitud de negación
socialdemócrata en el problema de la edificación del
socialismo en un solo país.
Precisamente por eso afirma nuestro Partido que
el trotskismo es una desviación socialdemócrata
dentro de sus filas.
6. Acerca de las perspectivas de la revolución.
Sexta cuestión. La sexta cuestión se refiere al
problema de las perspectivas de la revolución
proletaria. Trotski dijo en su discurso ante la XV
Conferencia del Partido: “Lenin consideraba que en
20 años no lograríamos, de ninguna manera, edificar
el socialismo, atendido el atraso de nuestro país
campesino, y que tampoco en 30 años lo
edificaríamos. Supongamos que harán falta de 30 a
50 años, como mínimo”.
Tengo que decir aquí, camaradas, que esta
perspectiva, imaginada por Trotski, no tiene nada que
ver con la perspectiva del camarada Lenin acerca de
la revolución en la U.R.S.S. A los pocos minutos, el
propio Trotski empieza a rebatir en su discurso esta
perspectiva, pero eso es ya cosa suya. Por mi parte,
debo decir que ni Lenin ni el Partido pueden
responder de esa perspectiva que Trotski ha
imaginado ni de las conclusiones que de ella se
derivan. El hecho de que Trotski, autor de esa
perspectiva, empiece después en su discurso a
combatir su propio engendro, no hace sino evidenciar
que Trotski se ha hecho definitivamente un lío y se
ha puesto en ridículo.
Lenin no decía, ni mucho menos, que “no
lograríamos,
de
ninguna
manera,
edificar
el
socialismo” en 30 ó 50 años. Lo que en realidad dijo
Lenin es lo siguiente:
“10 ó 20 años de relaciones acertadas con los
campesinos, y estará asegurada la victoria en
escala
mundial
(aunque
se
retrasen
las
revoluciones proletarias, que maduran); de otro
modo, 20 ó 40 años de sufrimientos bajo el terror
blanco” (v. t. XXVI, pág. 313).
¿Se puede concluir de esta tesis de Lenin que “no
lograremos,
de
ninguna
manera,
edificar
el
socialismo en 20 ó 30, o en 50 años”? No, no se
puede. De esa afirmación sólo es posible extraer las
conclusiones siguientes:
a) manteniendo relaciones acertadas con los
campesinos, tendremos asegurada la victoria (es
decir, la victoria del socialismo) en 10 ó 20 años;
b) ésta no será sólo una victoria en la U.R.S.S.,
sino una victoria “en escala mundial”;
c) si no alcanzamos la victoria en ese plazo, ello
será indicio de que nos han destrozado y de que el
régimen de dictadura del proletariado ha sido
sustituido por un régimen de terror blanco, que puede
durar de 20 a 40 años.
Naturalmente, se puede aceptar o no aceptar esa
tesis de Lenin y las conclusiones que de ella se
derivan, pero lo que no se puede es adulterarla, como
lo hace Trotski.
¿Y qué significa la victoria “en escala mundial”?
¿Significa que esa victoria equivale a la victoria del
socialismo en un solo país? No, no significa eso.
Lenin hace una marcada distinción en sus obras entre
la victoria del socialismo en un solo país y la victoria
“en escala mundial”. Al referirse a la victoria “en
escala mundial”, Lenin quiere decir que los éxitos del
socialismo en nuestro país, la victoria de la
edificación socialista en nuestro país tiene una
importancia internacional tan inmensa, que esa
victoria no puede circunscribirse a nuestro país, sino
que debe despertar un poderoso movimiento hacia el
socialismo en todos los países capitalistas, con la
particularidad de que, si no coincide en el tiempo con
la victoria de la revolución proletaria en otros países,
en todo caso debe iniciar un vigoroso movimiento de
los proletarios de otros países hacia la victoria de la
revolución mundial.
Tal es la perspectiva de la revolución según
Lenin, si nos referimos a la perspectiva de la victoria
de la revolución, que es, concretamente, de lo que se
trata en nuestro Partido.
Confundir esta perspectiva con la perspectiva de
los 30 ó 50 años de que habla Trotski, significa
calumniar a Lenin.
7. Cómo se plantea la cuestión en realidad.
Séptima cuestión. Admitámoslo, nos dice la
oposición, pero ¿con quién es preferible, en fin de
cuentas, mantener la alianza: con el proletariado
mundial o con el campesinado de nuestro país?, ¿a
quién debemos otorgar la preferencia: al proletariado
mundial o al campesinado de la U.R.S.S.? Y el
asunto se presenta como si el proletariado de la
U.R.S.S. tuviera que elegir entre dos aliados: el
proletariado
mundial,
dispuesto
a
derribar
inmediatamente a su burguesía, pero que para ello
aguarda nuestro preferente acuerdo, y nuestro
campesinado, dispuesto a ayudar al proletariado de la
U.R.S.S., pero no del todo seguro de que este vaya a
aceptar
la
ayuda.
Este,
camaradas,
es
un
planteamiento pueril de la cuestión, y no tiene nada
que ver ni con la marcha de la revolución en nuestro
país ni con la correlación de fuerzas en el frente de la
lucha entre el capitalismo mundial y el socialismo.
Perdonadme la expresión, pero sólo unas colegialas
pueden plantear así la cuestión. Lamentablemente,
las cosas no son tal como nos las pintan algunos
oposicionistas; además, no hay motivos para dudar
de que aceptaríamos con satisfacción la ayuda de una
y otra parte si sólo dependiera de nosotros. No, en la
vida, en la realidad, la cuestión no se plantea de este
modo.
La cuestión se plantea así: teniendo en cuenta que
el ritmo del movimiento revolucionario mundial ha
disminuido, que el socialismo no ha triunfado aún en
el Occidente y que el proletariado de la U.R.S.S. esta
en el Poder, lo fortalece de año en año, agrupa en
torno
suyo
a
las
masas
fundamentales
del
campesinado, ha alcanzado ya progresos importantes
en el frente de la edificación socialista y estrecha con
éxito los lazos de amistad con los proletarios y los
pueblos oprimidos de todos los países, ¿hay motivos
para negar que el proletariado de la U.R.S.S. pueda
vencer a su burguesía y continuar la edificación
victoriosa del socialismo en nuestro país, a pesar del
cerco capitalista?
Así es como está planteado ahora el problema, en
el caso, naturalmente, de que no se parta de fantasías,
como lo hace el bloque oposicionista, sino de la
correlación efectiva de fuerzas en el frente de la
lucha entre el socialismo y el capitalismo.
El Partido responde a esa pregunta afirmando que
el proletariado de la U.R.S.S. puede, en esas
condiciones, vencer a su burguesía “nacional” y
edificar con éxito la economía socialista.
La oposición, en cambio, dice que:
“Sin un apoyo estatal* directo del proletariado
europeo, la clase obrera de Rusia no podrá
mantenerse en el Poder y transformar su
dominación temporal en una dictadura socialista
* Subrayado por mí. J. St.
duradera” (v. Trotski, “Nuestra revolución”, pág.
278).
¿Cuál es el sentido de esta cita de Trotski?, ¿qué
significa eso del “apoyo estatal del proletariado
europeo”? Significa que sin la victoria previa del
proletariado en el Occidente, sin la toma previa del
Poder por el proletariado del Occidente, el
proletariado de la U.R.S.S. no sólo será incapaz de
vencer a su burguesía y de edificar el socialismo,
sino que ni siquiera podrá mantenerse en el Poder.
Así es como se plantea la cuestión y ahí reside el
quid de nuestras discrepancias.
¿En qué se diferencia esta posición de Trotski de
la posición del menchevique Otto Bauer?
Lamentablemente en nada.
8. Las probabilidades de vencer.
Octava cuestión. Admitámoslo, dice la oposición,
pero ¿quién tiene más probabilidades de vencer: el
proletariado de la U.R.S.S. o el proletariado
mundial?
“¿Es posible imaginarse -dice Trotski en su
discurso ante la XV Conferencia del P.C. (b) de la
U.R.S.S.- que en el transcurso de 30 ó 50 años el
capitalismo europeo se irá pudriendo y que el
proletariado
será
incapaz
de
realizar
la
revolución? Yo pregunto: ¿por qué debo tomar
esa premisa, que no se puede calificar más que de
premisa de un negro e infundado pesimismo con
relación al proletariado europeo?... Yo afirmo que
carezco de todo fundamento teórico o político
para pensar que junto con el campesinado nos será
más fácil edificar el socialismo que al proletariado
europeo tomar el Poder” (v. el discurso de Trotski
en la XV Conferencia del P.C.(b) de la U.R.S.S.).
En primer lugar, debe excluirse en absoluto la
perspectiva del estancamiento de Europa “en el
transcurso de 30 ó 50 años”. Nadie ha obligado a
Trotski a partir de esa perspectiva de la revolución
proletaria en los países capitalistas del Occidente, de
esa perspectiva que no tiene nada que ver con la
perspectiva de nuestro Partido. El propio Trotski se
ha impuesto esa perspectiva ficticia y él es quien
debe responder de las consecuencias de tal
manipulación. Yo opino que este plazo debe ser
reducido, por lo menos, a la mitad, si se toma en
consideración la perspectiva real de la revolución
proletaria en el Occidente.
En segundo lugar, Trotski decide sin reservas que
los proletarios del Occidente tienen muchas mayores
probabilidades de vencer a la burguesía mundial, que
ahora está en el Poder, que el proletariado de la
U.R.S.S. de vencer a su burguesía “nacional”, la cual,
en el sentido político, está ya aplastada, ha sido
arrojada de las posiciones dominantes de la economía
nacional, y en el terreno económico se ve obligada a
retroceder bajo la presión de la dictadura del
proletariado y de las formas socialistas de nuestra
economía.
Yo considero erróneo ese planteamiento de la
cuestión. Yo considero que, al plantear las cosas así,
Trotski se delata por completo. ¿Acaso no nos decían
lo mismo los mencheviques en octubre de 1917,
cuando gritaban a los cuatro vientos que los
proletarios del Occidente tenían muchas más
probabilidades de derribar a la burguesía y de tornar
el Poder que los proletarios de Rusia, país mal
equipado técnicamente y donde el proletariado es
poco numeroso? ¿Y acaso no es un hecho que, a
pesar de las jeremiadas mencheviques, los proletarios
de Rusia tuvieron en octubre de 1917 más
probabilidades de tomar el Poder y derrocar a la
burguesía que los proletarios de Inglaterra, Francia o
Alemania? ¿Acaso la experiencia de la lucha
revolucionaria en todo el mundo no ha mostrado y
demostrado que no puede plantearse la cuestión
como lo hace Trotski?
El problema de quién tiene más probabilidades de
lograr
una
pronta
victoria
no
sé
resuelve
contraponiendo el proletariado de un país al
proletariado de los otros países, o el campesinado de
nuestro país al proletariado de los otros países. Esa
contraposición
es
un
juego
infantil
a
las
comparaciones. El problema de quién tiene más
probabilidades de lograr una pronta victoria lo
resuelve la situación internacional real, la verdadera
correlación de fuerzas en el frente de la lucha entre el
capitalismo y el socialismo. Puede ocurrir que los
proletarios del Occidente venzan a su burguesía y
tomen el Poder antes de que nosotros hayamos
logrado construir los cimientos socialistas de nuestra
economía. Eso no está descartado, ni mucho menos.
Pero también puede ocurrir que el proletariado de la
U.R.S.S. logre construir los cimientos socialistas de
nuestra economía antes de que los proletarios del
Occidente derriben a su burguesía. Eso tampoco está
descartado.
La solución del problema de las probabilidades de
lograr una pronta victoria depende, única y
exclusivamente, de la situación real en el frente de la
lucha entre el capitalismo y el socialismo.
9. Discrepancias de carácter político práctico.
Tales son las bases de nuestras discrepancias.
De estas bases se desprenden discrepancias de
carácter político práctico, lo mismo en política
exterior e interior que en la esfera puramente del
Partido. Esas discrepancias constituyen la materia de
la novena cuestión.
a) El Partido, arrancando del hecho de la
estabilización parcial del capitalismo, considera que
atravesamos un período interrevolucionario, que en
los países capitalistas vamos hacia la revolución y
que la tarea principal de los Partidos Comunistas
consiste en abrirse camino hacia las masas, en
fortalecer la ligazón con las masas, en conquistar las
organizaciones de masas del proletariado y en
preparar a las amplias masas obreras para los futuros
choques revolucionarios.
Pero la oposición, que no tiene fe en las fuerzas
internas
de
nuestra
revolución
y
teme
la
estabilización parcial del capitalismo, creyéndola un
factor capaz de matar nuestra revolución, considera
(o consideraba) posible negar el hecho de la
estabilización parcial del capitalismo, considera (o
consideraba) la huelga en Inglaterra15 un síntoma del
fin de la estabilización del capitalismo; y cuando, sin
embargo, se ha visto que la estabilización es un
hecho, la oposición afirma que tanto peor para los
hechos y que, por consiguiente, podemos saltar nos
los hechos, haciendo alarde, al mismo tiempo, de
estridentes consignas que propugnan la revisión de la
táctica de frente único, la ruptura con el movimiento
sindical en el Occidente, etc.
Pero ¿qué significa no tener en cuenta los hechos,
el curso objetivo de los acontecimientos? Significa
abandonar el terreno de la ciencia y meterse a
curandero.
De ahí el aventurerismo en la política del bloque
de oposición.
b) El Partido, arrancando del criterio de que la
industrialización es la vía fundamental de la
edificación socialista y de que el mercado
fundamental para la industria socialista es el mercado
interior
de
nuestro
país,
considera
que
la
industrialización debe desarrollarse sobre la base del
constante mejoramiento de la situación material de la
masa fundamental del campesinado (sin hablar ya de
los obreros), que la ligazón entre la industria y la
economía campesina, entre el proletariado y el
campesinado, y la dirección de esta ligazón por el
proletariado son, como Lenin dice, “el alfa y el
omega del Poder Soviético”16 y de la victoria de
nuestra edificación, que, en relación con ello, nuestra
política en general, la política fiscal y la política de
precios en particular, deben ser estructuradas de tal
manera que favorezcan a esa ligazón.
Pero la oposición, que no cree en la posibilidad de
incorporar el campesinado a la edificación del
socialismo y supone, por lo visto, que la
industrialización se puede llevar adelante en perjuicio
de la masa fundamental del campesinado, se desvía
hacia los métodos capitalistas de industrialización, ve
en el campesinado una “colonia”, un objeto de
“explotación” por parte del Estado proletario, y
propone medidas de industrialización (aumento de la
presión fiscal sobre el campesinado, elevación de los
precios de fábrica para los artículos manufacturados,
etc.) que únicamente pueden deshacer la ligazón de
la industria con la economía campesina, quebrantar la
situación económica de los campesinos pobres y
medios y destruir los fundamentos mismos de la
industrialización.
De ahí la actitud adversa de la oposición a la idea
del bloque entre el proletariado y el campesinado y
de la hegemonía del proletariado en ese bloque,
actitud propia de la socialdemocracia.
c) Nosotros arrancamos del criterio de que el
Partido, el Partido Comunista, es el instrumento
fundamental de la dictadura del proletariado; de que
la dirección que ejerce un solo partido, que no
comparte ni puede compartir esa dirección con otros
partidos, es la condición básica sin la que resulta
inconcebible una dictadura del proletariado más o
menos sólida y desarrollada. Por ello consideramos
intolerable la existencia de fracciones dentro de
nuestro Partido, pues es de por sí evidente que la
existencia de fracciones organizadas dentro del
Partido lleva a la disgregación de éste, como entidad
única, en organizaciones paralelas, a la formación de
gérmenes y células de un nuevo partido o de nuevos
partidos en el país y, por tanto, a la descomposición
de la dictadura del proletariado.
Pero la oposición, aun no objetando públicamente
nada contra esas tesis, parte en su actividad práctica
del criterio de que es necesario debilitar la unidad del
Partido, de que es necesaria la libertad de fracciones
dentro del Partido, es decir, de que es necesaria la
formación de elementos para un nuevo partido.
De ahí la política escisionista en la labor práctica
del bloque de oposición.
De ahí los alaridos de la oposición acerca del
“régimen” en el Partido, que en el fondo reflejan las
protestas de los elementos no proletarios del país
contra el régimen de dictadura del proletariado.
De ahí el problema de los dos partidos.
Tales son en conjunto, camaradas, nuestras
discrepancias con la oposición.
IV. Los oposicionistas en acción.
Pasemos ahora a ver cómo se han manifestado
estas discrepancias en el trabajo práctico.
Así, pues, ¿qué ha hecho, en realidad, nuestra
oposición en su labor práctica, en su lucha contra el
Partido?
Es sabido que la oposición no sólo ha desplegado
su tejemaneje en nuestro Partido, sino también en
otras secciones de la Internacional Comunista, por
ejemplo, en Alemania, en Francia, etc. Por eso
debemos preguntar: ¿cuál ha sido, en realidad, la
labor práctica de la oposición y de sus secuaces, tanto
en el P.C.(b) de la U.R.S.S. como en otras secciones
de la Internacional Comunista?
a) Labor práctica de la oposición y de sus
secuaces en el P.C.(b) de la U.R.S.S. La oposición
empezó
su
“trabajo”
lanzando
gravísimas
acusaciones contra el Partido. La oposición declaró
que el Partido “se desliza hacia el oportunismo”. La
oposición afirmó que la política del Partido “va
contra la línea de clase de la revolución”. La
oposición afirmó que el Partido degeneraba e iba a
un termidor. La oposición manifestó que nuestro
Estado “dista mucho de ser un Estado proletario”.
Todo esto se ha dicho o en declaraciones públicas y
en discursos de representantes de la oposición (Pleno
del C.C. y de la C.C.C. de julio de 1926), o en
documentos clandestinos de la oposición, difundidos
por sus partidarios.
Pero, al lanzar contra el Partido esas graves
acusaciones, la oposición desbrozaba el terreno para
la organización de células paralelas dentro del
Partido, para la organización de un centro paralelo
del Partido, para la creación de un nuevo partido.
Uno de los prosélitos de la oposición, el señor
Ossovski, ha afirmado sin ambages en sus artículos
que el partido que tenemos, nuestro Partido, defiende
los intereses de los capitalistas, por lo que es
necesario formar otro partido, un “partido puramente
proletario”, que exista y actúe junto al partido que
hoy tenemos.
La oposición puede objetar que no es responsable
de la actitud de Ossovski. Pero eso no es cierto. La
oposición responde plena e íntegramente de las
“hazañas” del señor Ossovski. Es notorio que
Ossovski se incluía abiertamente entre los adeptos de
la oposición, cosa que ésta no trató de desmentir ni
siquiera una vez. Es notorio asimismo que Trotski
defendió a Ossovski en el Pleno de julio del C.C.
contra el camarada Mólotov. Es notorio, en fin, que,
a pesar de la opinión unánime del Partido, contraria a
Ossovski, la oposición votó en el C.C. contra la
expulsión de Ossovski del Partido. Todo eso
demuestra que la oposición se hizo moralmente
responsable de las “hazañas” de Ossovski.
Conclusión: la labor práctica de la oposición
dentro del P.C.(b) de la U.R.S.S. se ha expresado en
la actitud de Ossovski, en su prédica de la necesidad
de formar en nuestro país un nuevo partido, paralelo
y contrario al P.C.(b) de la U.R.S.S.
Y no podía ser de otro modo, pues una de dos:
o la oposición no creía ella misma en la seriedad
de sus graves acusaciones contra el Partido y las
hacía
únicamente
para
alardear,
y
entonces
desorientaba a la clase obrera, lo que es criminal;
o la oposición creía y sigue creyendo en la
seriedad de sus acusaciones, y entonces debía
orientarse, como, en efecto, lo ha hecho, al
aplastamiento de los cuadros dirigentes del Partido, a
la formación de un nuevo partido.
Tal ha sido la fisonomía de nuestra oposición en
su labor práctica contra el P.C.(b) de la U.R.S.S. en
octubre de 1926.
b) Labor práctica de los secuaces de la oposición
en el Partido Comunista Alemán. Apoyándose en las
acusaciones que contra el Partido ha lanzado nuestra
oposición, los “ultraizquierdistas” de Alemania,
encabezados por el señor Korsch, han hecho por su
cuenta “nuevas” conclusiones, poniendo los puntos
sobre las íes. Como es sabido, Korsch, ese ideólogo
de los “ultraizquierdistas” de Alemania, afirma que
nuestra industria socialista es “una industria
puramente capitalista”. Como es sabido, Korsch
califica a nuestro Partido de “kulakizado” y a la
Internacional
Comunista
de
organización
“oportunista”. Se sabe también que, por esa causa,
Korsch preconiza la necesidad de una “nueva
revolución” contra el Poder existente en la U.R.S.S.
La oposición puede decir que no es responsable
de la actitud de Korsch. Pero eso no es cierto. La
oposición responde plena e íntegramente de las
“hazañas” del señor Korsch. Lo que Korsch afirma es
la conclusión lógica de las premisas que los líderes
de nuestra oposición ofrecen a sus adeptos al lanzar
las conocidas acusaciones contra el Partido. Pues, si
el Partido se desliza hacia el oportunismo, si su
política diverge de la línea de clase de la revolución,
si degenera y va hacia un termidor, y nuestro Estado
“dista mucho de ser un Estado proletario”, sólo
puede haber una conclusión: una nueva revolución
dirigida contra el Poder “kulakizado”. Aparte de eso,
se sabe que los “ultraizquierdistas” de Alemania,
comprendidos los de Wedding17, votaron contra la
expulsión de Korsch del Partido, haciéndose así
moralmente
responsables
de
la
propaganda
contrarrevolucionaria de Korsch. ¿Y quién ignora
que los “ultraizquierdistas” se solidarizan con la
oposición en el P.C.(b) de la U.R.S.S.?
c) Labor práctica de los secuaces de la oposición
en Francia. Lo mismo debe decirse de los secuaces
de la oposición en Francia. Me refiero a Souvarine y
su grupo, que han anidado en cierta revista francesa.
Apoyándose en las premisas que le ofrece nuestra
oposición con sus acusaciones contra el Partido,
Souvarine concluye que el enemigo principal de la
revolución es la burocracia del Partido, el grupo
dirigente de nuestro Partido. Según afirma Souvarine,
la “salvación” sólo puede ser una nueva revolución
orientada contra el grupo dirigente del Partido y del
Poder, una nueva revolución dirigida, ante todo,
contra el Secretariado del C.C. del P.C.(b) de la
U.R.S.S. En Alemania, una “nueva revolución”
dirigida contra el Poder existente en la U.R.S.S. En
Francia, una “nueva revolución” dirigida contra el
Secretariado del C.C. Pero ¿cómo se puede organizar
esa nueva revolución? ¿Es posible organizarla sin un
partido especial, adaptado a los objetivos de esa
nueva revolución? Claro que no. De ahí el problema
de la formación de un nuevo partido.
La oposición puede decir que no es responsable
de lo que Souvarine escribe. Pero eso no es cierto. Es
sabido, en primer lugar, que Souvarine y su grupo
son partidarios de la oposición, en especial de su
parte trotskista. Es sabido, en segundo lugar, que
hace muy poco la oposición albergaba el proyecto de
colocar al señor Souvarine en la redacción del órgano
central del Partido Comunista Francés. Cierto, el
proyecto no cuajó. Pero no por culpa de nuestra
oposición, sino por desgracia para ella.
Resulta, pues, que en su trabajo práctico la
oposición, si la tomamos no como ella misma se
pinta, sino tal como se manifiesta en el curso de su
actividad, lo mismo en nuestro país, en la U.R.S.S.,
que en Francia y Alemania, resulta, digo, que en su
trabajo práctico la oposición ha llegado a plantear el
problema de destrozar a los cuadros actuales de
nuestro Partido y de formar un nuevo partido.
V. Porque alaban a la oposición los enemigos
de la dictadura del proletariado.
¿Por
qué
alaban
a
la
oposición
los
socialdemócratas
y
los
demócratas
constitucionalistas?
O expresándonos de otra manera: ¿el sentir de
quién refleja la oposición?
Os habrá llamado, seguramente, la atención que el
titulado “problema ruso” se haya convertido en los
últimos tiempos en un problema de actualidad para la
prensa socialdemócrata y burguesa del Occidente.
¿Es eso casual? Naturalmente que no. El desarrollo
del socialismo en la U.R.S.S. y el ascenso del
movimiento comunista en el Occidente no pueden
por menos de provocar muy honda alarma en las filas
de la burguesía y de sus agentes en la clase obrera:
los líderes socialdemócratas. La divisoria entre la
revolución y la contrarrevolución es hoy la línea del
odio feroz de los unos y de la amistad fraterna de los
otros respecto al Partido proletario de la U.R.S.S. La
enorme importancia internacional del “problema
ruso” es hoy un hecho que los enemigos del
comunismo deben forzosamente tener en cuenta.
En torno al “problema ruso” se han formado dos
frentes: el de los enemigos de la República de los
Soviets y el de sus abnegados amigos. ¿Qué quieren
los enemigos de la República de los Soviets? Tratan
de crear entre las amplias masas de la población las
premisas ideológicas y morales para la lucha contra
la dictadura del proletariado. ¿Qué quieren los
amigos de la República de los Soviets? Tratan de
crear entre las amplias capas del proletariado las
premisas ideológicas y morales para apoyar, para
defender a la República de los Soviets.
Veamos ahora por qué alaban a nuestra oposición
los
socialdemócratas
y
los
demócratas
constitucionalistas de la emigración burguesa rusa.
He aquí lo que dice, por ejemplo, Paul Levi,
renombrado líder socialdemócrata alemán:
“Nosotros éramos de la opinión de que los
intereses particulares de los obreros, en fin de
cuentas los intereses del socialismo, están en
contradicción con la existencia de la propiedad
campesina; de que la identidad de intereses de los
obreros y los campesinos no existe sino en
apariencia y que el desarrollo de la revolución
rusa agudizaría y haría más evidente esa
contradicción. La idea de la comunidad de
intereses es, para nosotros, una variedad de la idea
de la coalición. Si el marxismo tiene siquiera sea
un asomo de fundamento, si la historia se
desarrolla dialécticamente, esa contradicción
debía haber roto la idea de la coalición del mismo
modo que ha ocurrido en Alemania... Para
nosotros, que examinamos los acontecimientos de
la U.R.S.S. desde fuera, desde la Europa
Occidental, está claro que nuestras opiniones
coinciden con las opiniones de la oposición... Es
un hecho evidente que en Rusia empieza de nuevo
un
movimiento
obrero
independiente
y
anticapitalista bajo el signo de la lucha de clases”
(“Leipziger Volkszeitung”, 30 de julio de 1926),
Es evidente que en esta cita hay una confusión en
lo relativo a la “identidad” de los intereses de los
obreros y de los campesinos. Pero también es
indudable que Paul Levi alaba a nuestra oposición
por su lucha contra la idea del bloque de los obreros
y los campesinos, contra la idea de la alianza de los
obreros y los campesinos.
He aquí lo que dice de nuestra oposición el
famoso Dan, líder de la socialdemocracia “rusa”,
líder de los mencheviques “rusos”, que preconizan la
restauración del capitalismo en la U.R.S.S.:
“Con su crítica del régimen existente, que
repite casi al pie de la letra la crítica de la
socialdemocracia,
la
oposición
bolchevique
prepara los cerebros... para la aceptación de la
plataforma positiva de la socialdemocracia”.
Y sigue:
“La oposición cultiva no sólo en las masas
obreras, sino también en los medios de los obreros
comunistas, brotes de ideas y estados de ánimo
que, bien cuidados, pueden fácilmente dar frutos
socialdemócratas” (“Sotsialistícheski Véstnik”,
núm. 17-18).
Parece que está claro.
Y he aquí lo que dice de nuestra oposición
“Posliédnie
Nóvosti”18,
órgano
central
del
contrarrevolucionario partido burgués de Miliukov:
“Hoy, la oposición socava la dictadura; cada
publicación nueva de la oposición emplea
palabras más “terribles”; la oposición misma
evoluciona hacia ataques cada vez más violentos
contra el sistema imperante; y eso basta por ahora
para aceptarla agradecidamente como portavoz de
las amplias capas de la población descontenta en
el terreno político” (“Posliédnie Nóvostí”, núm.
1990).
Y dice además:
“El enemigo más terrible para el Poder
Soviético es ahora el que se le acerca
imperceptiblemente, lo rodea por todos los lados
con sus tentáculos y lo suprime antes de que ese
Poder pueda darse cuenta de que ha sido
suprimido. Ese papel, precisamente, inevitable y
necesario en el período preparatorio, del que
todavía no hemos salido, es el que desempeña la
oposición soviética” (“Posliédnie Nóvosti”, núm.
1983, 27 de agosto del año en curso).
Me parece que huelgan los comentarios.
Teniendo en cuenta la premura de tiempo, me
limito a estas citas, aunque podría dar decenas y
centenares de otras semejantes.
Ahí tenéis por qué alaban a nuestra oposición los
socialdemócratas
y
los
demócratas
constitucionalistas.
¿Es esto casual? No, no lo es.
Se deduce, pues, que la oposición no refleja el
estado de ánimo del proletariado de nuestro país, sino
el de los elementos no proletarios, descontentos con
la dictadura del proletariado, enfurecidos contra la
dictadura
del
proletariado
y
que
aguardan
impacientes su descomposición y su caída.
De este modo, la lógica misma de la lucha
fraccional de nuestra oposición ha conducido, de
hecho, a que el frente de la oposición se haya fundido
objetivamente con el frente de los adversarios y los
enemigos de la dictadura del proletariado.
¿Lo quería así la oposición? Seguramente, no lo
quería. Pero la cosa no depende de lo que la
oposición quiera o no quiera, sino de a dónde
conduce objetivamente su lucha fraccional. La lógica
de la lucha fraccional es más fuerte que los deseos de
unas u otras personas. Y, precisamente por ello, ha
ocurrido que el frente de la oposición ha llegado a
fundirse, de hecho, con el frente de los adversarios y
los enemigos de la dictadura del proletariado.
Lenin nos enseña que el deber fundamental de los
comunistas consiste en defender y robustecer la
dictadura del proletariado. Y las cosas han tornado
tal cariz, que la oposición, en virtud de su política
fraccional, ha ido a parar al campo de los adversarios
de la dictadura del proletariado.
Por eso decimos que la oposición ha roto con el
leninismo, no sólo en la teoría, sino también en la
práctica.
Y no podía ser de otra manera. La correlación de
fuerzas en el frente de la lucha entre el capitalismo y
el socialismo es tal, que en las filas de la clase obrera
sólo es posible ahora una de dos políticas: o la del
comunismo, o la de la socialdemocracia. El intento
de los oposicionistas de ocupar una tercera posición,
agudizando la lucha contra el P.C.(b) de la U.R.S.S.,
debía terminar inevitablemente en que la oposición
habría de verse lanzada por el curso de la lucha
fraccional al campo de los adversarios del leninismo.
Y así ha ocurrido, según lo evidencian los hechos
citados.
Ahí tenéis por qué alaban a nuestra oposición los
socialdemócratas
y
los
demócratas
constitucionalistas.
VI. La derrota del bloque oposicionista.
Decía yo antes que, en su lucha contra el Partido,
la oposición operó lanzando contra él acusaciones
gravísimas. Decía yo que, en su actividad práctica, la
oposición llegó al umbral mismo del problema de la
escisión y de la formación de un nuevo partido. De
ahí se desprende la pregunta: ¿cuánto tiempo
consiguió mantenerse la oposición en esa actitud
escisionista? Los hechos dicen que sólo pudo
mantenerse en esa actitud unos cuantos meses. Los
hechos dicen que, a principios de octubre de este año,
la oposición se vio obligada a reconocer su derrota y
a dar marcha atrás.
¿A qué se debe el repliegue de la oposición?
Me parece que el repliegue de la oposición se
debe a las causas siguientes.
Primero, a que la oposición se vio en la U.R.S.S.
sin ejército político. Es muy posible que la
organización de un nuevo partido sea una tarea
sugestiva. Pero si después de la discusión resulta que
no hay gente para formar el nuevo partido, está claro
que la única salida es el repliegue.
Segundo, a que, en el curso de la lucha fraccional,
a la oposición se adhirieron elementos inmundos de
toda laya, lo mismo en nuestro país, en la U.R.S.S.,
que en el extranjero, y los socialdemócratas y los
demócratas constitucionalistas empezaron a entonarle
alabanzas sin cuento, cubriéndola, con sus ósculos,
de oprobio y vergüenza ante los ojos de los obreros.
La oposición se vio en el dilema de aceptar las
alabanzas y los ósculos de los enemigos, como algo
bien merecido, o dar bruscamente marcha atrás, para
que se le desprendieran automáticamente todos los
apéndices sucios adheridos a ella. Con su repliegue y
con el reconocimiento que hizo de él, la oposición
admitió que la única salida aceptable para ella era la
segunda.
Tercero, a la circunstancia de que la situación en
la U.R.S.S. era mejor de lo que la oposición suponía
y de que las masas del Partido eran más conscientes y
estaban más cohesionadas de lo que la oposición
podía
imaginarse
al
principio
de
la
lucha.
Naturalmente, si en el país hubiera crisis, si
aumentase el descontento de los obreros y si el
Partido hubiera manifestado menos cohesión, la
oposición habría seguido otro camino y no se habría
decidido a retroceder. Pero los hechos han
demostrado que los cálculos de la oposición
resultaron fallidos también en este terreno.
De ahí la derrota de la oposición.
De ahí su retroceso.
La derrota de la oposición ha pasado por tres
etapas.
La primera etapa es su “declaración” del 16 de
octubre de 1926. La oposición renunciaba en ese
documento a la teoría y a la práctica de la libertad de
fracciones y a los métodos fraccionales de lucha,
reconociendo de manera pública e inequívoca sus
errores en este terreno. Pero la oposición no renunció
sólo a esto. Por cuanto en su “declaración” se
apartaba de la “oposición obrera” y de los Korsch y
los Souvarine de toda laya, la oposición renunció a
las posiciones ideológicas que la ligaban hasta hace
poco con esas corrientes.
La segunda etapa es el abandono real de las
acusaciones que hace poco presentaba la oposición al
Partido. Debe reconocerse, y al reconocerlo debe
subrayarse, que la oposición no se ha atrevido a
repetir ante la XV Conferencia del P.C.(b) de la
U.R.S.S. sus acusaciones contra el Partido. Si
comparamos las actas del Pleno de julio del C.C. y de
la C.C.C. con las actas de la XV Conferencia del
P.C.(b) de la U.R.S.S., no podremos por menos de
advertir que en éstas no ha quedado ni rastro de las
viejas acusaciones de oportunismo, de termidorismo,
de apartamiento de la línea de clase de la revolución,
etc. Si se toma, además, en consideración la
circunstancia
de
que muchos
delegados
han
preguntado a la oposición por las viejas acusaciones
y que la oposición ha seguido sin despegar los labios
sobre el particular, no puede por menos de
reconocerse que, en la práctica, ha abandonado sus
viejas acusaciones contra el Partido.
¿Puede decirse que esa circunstancia representa,
de hecho, la renuncia de la oposición a una serie de
posiciones ideológicas suyas? Se puede y se debe. La
oposición ha arriado conscientemente su bandera de
combate al verse derrotada. Y no podía ser de otra
manera. Las acusaciones se hacían con vistas a la
formación de un nuevo partido. Pero, habiendo
fallado los planes, debían abandonarse, por lo menos
temporalmente, las acusaciones.
La tercera etapa es el aislamiento completo de la
oposición en la XV Conferencia del P.C.(b) de la
U.R.S.S. Debe señalarse que la oposición no obtuvo
en la XV Conferencia ni un solo voto, es decir, que
se vio completamente aislada. Recordad el alboroto y
la algazara que la oposición levantó a fines de
septiembre último al emprender la campaña, la
campaña abierta contra el Partido, y comparad esa
algarabía con su aislamiento en la XV Conferencia,
donde se quedó sola, como suele decirse, y
comprenderéis que no se le podía desear una derrota
“mejor”.
¿Se puede negar la circunstancia de que la
oposición ha renunciado en la práctica a sus
acusaciones contra el Partido y no se ha atrevido a
repetidas ante la XV Conferencia, pese a las
demandas de los delegados?
No, no se puede negar, porque es un hecho.
¿Por qué ha entrado la oposición en esa vía?, ¿por
qué ha arriado su bandera?
Porque levantar la bandera ideológica de la
oposición significa, obligatoria e inevitablemente, la
proclamación de la teoría de los dos partidos, la
reanimación de los Katz, los Korsch, los Maslow, los
Souvarine
y
demás
elementos
inmundos,
el
desencadenamiento de las fuerzas antiproletarias en
nuestro país, las alabanzas y los ósculos de los
socialdemócratas y los burgueses liberales de la
emigración rusa.
La bandera ideológica de la oposición mata a la
oposición: ahí está el quid del asunto, camaradas.
Por eso, para no podrirse definitivamente, la
oposición se ha visto obligada a replegarse y a echar
a un lado su bandera.
Esta es la base de la derrota del bloque de
oposición.
VII. Sentido práctico y significación de la XV
conferencia del P.C.(b) de la U.R.S.S.
Termino, camaradas. Me resta decir unas palabras
de conclusión en cuanto al sentido y la significación
de las decisiones de la XV Conferencia del P.C.(b)
de la U.R.S.S.
La primera conclusión es que la Conferencia ha
hecho un balance de la lucha desarrollada dentro del
Partido después del XIV Congreso, ha refrendado la
victoria del Partido sobre la oposición y, aislando a
ésta, ha puesto fin a la bacanal fraccionalista que la
oposición impuso al Partido en el período precedente.
La segunda conclusión es que la Conferencia ha
agrupado a nuestro Partido más estrechamente que
nunca sobre la base de la perspectiva socialista de
nuestra edificación, sobre la base de la idea de la
lucha por la victoria de la edificación socialista,
contra todas las corrientes oposicionistas de nuestro
Partido, contra todas las desviaciones en nuestro
Partido.
El problema más actual para nuestro Partido es
hoy el de la edificación del socialismo en nuestro
país. Lenin estaba en lo cierto al decir que todo el
mundo tenía la vista puesta en nosotros, en nuestra
edificación económica, en nuestros éxitos en el frente
de la edificación. Mas, para lograr éxitos en este
frente, es necesario que el instrumento fundamental
de la dictadura del proletariado, nuestro Partido, esté
preparado para ello, comprenda la importancia de
esta tarea y pueda servir de palanca para la victoria
de la edificación socialista en nuestro país. El sentido
y la significación de la XV Conferencia estriban en
que ha pertrechado plenamente a nuestro Partido con
la idea de la victoria de la edificación socialista en
nuestro país.
La tercera conclusión es que la Conferencia se ha
manifestado enérgicamente contra las vacilaciones
ideológicas de todo género en nuestro Partido,
facilitando así el triunfo completo del leninismo en
sus filas.
Si el Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la
Internacional Comunista aprueba las decisiones de la
XV Conferencia del P.C.(b) de la U.R.S.S. y estima
acertada la política de nuestro Partido respecto a la
oposición -no tengo motivos para dudar de que así
será-, ello nos ha de llevar a la cuarta conclusión: la
XV Conferencia ha preparado algunas condiciones
importantes, necesarias para que el leninismo triunfe en toda la Internacional Comunista, en las filas del proletariado revolucionario de todos los países y pueblos. (Clamorosos aplausos. Ovación de todo el Pleno.)