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JOINT PLENUM OF THE CENTRAL COMMITTEE AND CENTRAL CONTROL COMMISSION OF THE C.P.S.U.(B.), July 29-August 9, 1927

Pleno conjunto del Comité Central y de la Comisión Central de Control del P.C.(b) de la U.R.S.S

1927-08-09 en:SCW;es:OCS

July 29-August 9, 1927
J. Stalin, On the Opposition, Articles and Speeches (1921-27), Moscow and Leningrad, 1928

29 de julio - 9 de agosto de 1927, La situación internacional y la defensa de la U.R.S.S., discurso del 1 de agosto. I. Los ataques de la oposición a las secciones de la internacional comunista. Camaradas: Quisiera detenerme, en primer lugar, en los ataques de Kámenev, Zinóviev y Trotski a las secciones de la Internacional Comunista, a la sección polaca de la Internacional Comunista y a las secciones austriaca, inglesa y china. Quisiera referirme a este asunto porque aquí los oposicionistas han enturbiado el agua, han falseado las cosas acerca de los partidos hermanos, cuando lo que necesitamos en este caso es claridad, y no las habladurías de la oposición. La cuestión del Partido polaco. Zinóviev ha declarado aquí bizarramente que si en el Partido polaco existe una desviación derechista personificada por Warski, la culpa es de la Internacional Comunista, de la actual dirección de la I.C. Ha dicho que, si Warski mantuvo en cierto momento -y así fue, efectivamente- el punto de vista de apoyar a las tropas de Pilsudski, la culpable de ello es la Internacional Comunista. Esto es absolutamente falso. Quisiera remitirme a los hechos, a pasajes, bien conocidos por vosotros, del acta taquigráfica del Pleno del C.C. y de la C.C.C. del mes de julio del año pasado, y citar el testimonio de un hombre como el camarada Dzerzhinski, quien declaró entonces que, si en el Partido polaco existía una desviación derechista, era porque la cultivaba el propio Zinóviev. Eso fue en los días de la llamada insurrección de Pilsudski2, cuando los componentes de la Comisión Polaca del C.E. de la I.C. y del C.C. de nuestro Partido, de la que formábamos parte Dzerzhinski, Unszlicht, yo, Zinóviev y otros, redactamos las resoluciones para el Partido Comunista de Polonia. Zinóviev, como presidente de la Internacional Comunista, presentó entonces un proyecto de proposiciones, en el que decía, entre otras cosas, que, a la hora en que se acentuaba en Polonia la lucha entre las fuerzas adictas a Pilsudski y las fuerzas partidarias del gobierno de Witos, era inadmisible la política de neutralidad del Partido Comunista y que, por el momento, no se debían emprender acciones enérgicas contra Pilsudski. Algunos de nosotros, incluyendo a Dzerzhinski, nos opusimos entonces, diciendo que esa directiva era errónea y que no haría más que desorientar al Partido Comunista de Polonia, que debía decirse que no sólo era inadmisible la política de neutralidad, sino también la política de apoyo a Pilsudski. Después de ciertas objeciones, esa directiva fue aprobada con nuestras enmiendas. Quiero decir con esto que no es ninguna proeza intervenir contra Warski, que incurrió entonces en un error y recibió por ello su merecido, pero hacer pagar a justos por pecadores, atribuyendo a la Internacional Comunista y a sus actuales dirigentes la propia culpa, la culpa de Zinóviev de haber cultivado la desviación derechista en el Partido polaco, es cometer un delito contra la Internacional Comunista. Diréis que son pequeñeces y que es perder el tiempo hablar de ellas. No, camaradas, no son pequeñeces. La lucha contra la desviación derechista en el Partido polaco continúa y continuará. Zinóviev tiene -cómo decirlo más suavemente- la osadía de afirmar que quien apoya la desviación derechista es la actual dirección de la Internacional Comunista. Pero los hechos evidencian lo contrario. Los hechos evidencian que Zinóviev calumnia a la Internacional Comunista, queriendo hacer pagar a justos por pecadores. Zinóviev está habituado a eso y no es nada nuevo en él. Pero nosotros tenemos la obligación de denunciar en cada momento esta propensión suya a la calumnia. Acerca de Austria. Zinóviev ha afirmado aquí que el Partido Comunista Austriaco es débil, que no ha sabido asumir la dirección del reciente movimiento de Viena3. Esto es cierto y no es cierto. Es cierto que el Partido Comunista Austriaco es débil. Pero negar que obró acertadamente significa calumniarlo. Sí, es débil aún; pero es débil, entre otras cosas, porque no existe todavía la honda crisis revolucionaria del capitalismo que revoluciona a las masas, que desorganiza a la socialdemocracia y hace aumentar rápidamente las probabilidades del comunismo; es débil porque es joven, porque hace tiempo que se ha consolidado en Austria el dominio de la “izquierda” socialdemócrata4, que sabe aplicar una política derechista, oportunista, encubriéndose con frases

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izquierdistas; es débil porque no se puede aplastar a la socialdemocracia de un golpe. Pero ¿qué pretende, en rigor, Zinóviev? Zinóviev ha insinuado, pero no se ha atrevido a decirlo claramente, que si el Partido Comunista Austriaco es débil, la culpa la tiene la Internacional Comunista. Evidentemente, eso es lo que ha querido decir. Pero eso es un atentado con medios ilícitos. Eso es una calumnia. Por el contrario, precisamente después de dejar Zinóviev de ser presidente de la Internacional Comunista, el Partido Comunista Austriaco se ha visto libre de las impertinencias, de la ingerencia sin ton ni son en su vida interna y ha obtenido, de esta manera, la posibilidad de avanzar y desarrollarse. ¿Acaso el que haya conseguido participar muy activamente en los sucesos de Viena, ganándose la simpatía de las masas obreras, acaso esto no demuestra que el Partido Comunista Austriaco crece, transformándose en un partido de masas? ¿Cómo se pueden negar estos hechos evidentes? El ataque contra el Partido Comunista Inglés. Zinóviev ha asegurado que el Partido Comunista Inglés no ha ganado nada con la huelga general y la huelga del carbón5, que ha salido de la contienda incluso debilitado. Esto es erróneo. Es erróneo porque el peso específico del Partido Comunista de Inglaterra crece de día en día. Sólo los ciegos pueden negarlo. Esto se ve aunque sólo sea por el hecho de que si antes la burguesía inglesa no le prestaba seria atención, ahora en cambio persigue rabiosamente al Partido Comunista de Inglaterra, y no sólo la burguesía, pues el Consejo General6 y el Partido Laborista de Inglaterra organizan una furiosa campaña contra “sus” comunistas. ¿Por qué hasta ahora se toleraba más o menos a los comunistas ingleses? Porque eran débiles, porque su influencia en las masas era débil. ¿Por qué ha cesado esa tolerancia, por qué han comenzado a atacarlos furiosamente? Porque temen al Partido Comunista, viendo en él una fuerza; porque los líderes del Partido Laborista inglés y del Consejo General le temen, viendo en él su sepulturero. Zinóviev olvida esto. No niego que las secciones occidentales de la Internacional Comunista sean aún, en general, más o menos débiles. Eso no se puede negar. Pero ¿cuáles son las causas? Las principales causas son: en primer lugar, que no existe la honda crisis revolucionaria que revoluciona a las masas, las pone en pie y las hace virar en redondo hacia el comunismo; en segundo lugar, la circunstancia de que, en todos los países de la Europa Occidental, la fuerza predominante hasta ahora entre los obreros sean los partidos socialdemócratas, más antiguos que los Partidos Comunistas, surgidos recientemente y a los cuales no se puede exigir que aplasten de un golpe a los partidos socialdemócratas. ¿Y acaso no es un hecho que, a pesar de estas circunstancias, los Partidos Comunistas del Occidente crecen, aumenta su popularidad en las masas obreras, que unos son ya y otros empiezan a ser auténticos partidos de masas del proletariado? Pero hay, además, otra causa que impide el rápido crecimiento de los Partidos Comunistas del Occidente: la labor escisionista de la oposición, de esa misma oposición que se encuentra aquí, en esta sala. ¿Qué es necesario para que los Partidos Comunistas se desarrollen a ritmo acelerado? La unidad férrea de la Internacional Comunista y que no haya escisión en sus secciones. ¿Y qué ha hecho la oposición? Organizar un segundo partido en Alemania, el partido de Maslow y de Ruth Fischer. Además, trata de organizar análogos grupos escisionistas en otros países de Europa. Nuestra oposición ha creado en Alemania un segundo partido con su comité central, su órgano central de prensa y su minoría parlamentaria; ha organizado la escisión en la Internacional Comunista, sabiendo perfectamente que la escisión, en este caso, no puede por menos de ser un freno al desarrollo de los Partidos Comunistas. ¡Y ahora se pone a gritar, culpando a la Internacional Comunista de que los Partidos Comunistas del Occidente progresen con lentitud! ¡Es el colmo de la desfachatez!... Acerca del Partido Comunista Chino. Los oposicionistas dicen a voz en cuello que el Partido Comunista Chino, concretamente su dirección, tiene errores socialdemócratas, errores mencheviques. Eso es cierto. Pero se lo reprochan a la dirección de la Internacional Comunista. Y esto es ya totalmente falso. Al contrario, la Internacional Comunista ha corregido sistemáticamente los errores de la dirección del Partido Comunista Chino. Sólo los ciegos pueden negarlo. Estáis enterados de ello por la prensa, por “Pravda”, por “La Internacional Comunista”7 y por las resoluciones de la I.C. La oposición no ha mencionado ni podrá mencionar jamás una sola directiva, una sola resolución de la Internacional Comunista susceptible de originar una desviación menchevique en el C.C. del Partido Comunista Chino, pues tales directivas no existen ni han existido nunca. Es absurdo creer que, si surge una desviación menchevique en cualquier Partido Comunista o en su C.C., la culpable ha de ser forzosamente la Internacional Comunista. Kámenev pregunta cómo han podido producirse los errores mencheviques del Partido Comunista Chino, y responde que únicamente se han podido producir por la desacertada dirección de la Internacional Comunista. Pero yo pregunto: ¿cuál fue el origen de los errores mencheviques del Partido Comunista Alemán durante la revolución de 1923? ¿De dónde salió el brandlerismo8? ¿Quién lo apoyaba? ¿Acaso no es un hecho que el actual líder de la oposición, Trotski, apoyaba los errores

mencheviques del C.C. del Partido alemán? ¿Por qué Kámenev no dijo entonces que la aparición del brandlerismo era consecuencia de la desacertada dirección de la Internacional Comunista? Kámenev y Trotski han olvidado las lecciones del movimiento revolucionario del proletariado. Han olvidado que en los períodos de ascenso de la revolución tienen que aparecer necesariamente en los Partidos Comunistas desviaciones derechista e izquierdista, de las cuales la primera no quiere despedirse del pasado y la segunda no quiere tener en cuenta lo presente. Han olvidado que no hay ninguna revolución sin estas desviaciones. ¿Qué sucedió en nuestro país en Octubre de 1917? ¿Acaso entonces no tuvimos en nuestro Partido las desviaciones derechista e izquierdista? ¿Es posible que lo hayan olvidado Kámenev y Zinóviev? ¿Recordáis, camaradas, la historia de los errores mencheviques de Kámenev y Zinóviev en Octubre? ¿Cuál fue entonces el origen de aquellos errores? ¿Quién tuvo la culpa? ¿Acaso podía acusarse de ello a Lenin o al C.C. del Partido leninista? ¿Cómo ha podido “olvidar” la oposición estos hechos y otros semejantes? ¿Cómo ha podido “olvidar” que siempre, en los períodos de ascenso de la revolución, aparecen en el seno de los Partidos las desviaciones derechista e izquierdista respecto del marxismo? ¿Y qué deben hacer en este caso los marxistas, los leninistas? Combatir tanto a los desviacionistas de izquierda como a los de derecha. A mí me asombra la altanería de Trotski, quien, figuraos, no puede tolerar el más mínimo error de los Partidos Comunistas del Occidente o del Oriente. Le sorprende que en China, donde existe un partido joven que apenas cuenta con dos años de vida, hayan podido aparecer errores mencheviques. Pero ¿cuántos años anduvo el propio Trotski dando tumbos entre los mencheviques? ¿Se ha olvidado de esto? Pues anduvo dando tumbos entre los mencheviques catorce años enteros, desde 1903 hasta 1917. ¿Por qué se toma un plazo de catorce años para acercarse a los bolcheviques, después de andar dando tumbos todo ese tiempo por toda clase de “tendencias” antileninistas, y no quiere dar ni siquiera un plazo de cuatro años a los jóvenes comunistas chinos? ¿Por qué es tan altanero con los demás, olvidando sus propios yerros? ¿Por qué? ¿Dónde está aquí, por decirlo así, la “justicia”?

II. Sobre el problema de China. Pasemos al problema de China. No pienso detenerme en los errores de la oposición en lo que respecta al carácter y las perspectivas de la revolución china. No lo haré, ya que de esto se ha hablado con bastante extensión y de un modo bastante convincente para que valga la pena de repetirlo. Tampoco me extenderé sobre la afirmación de que la revolución china es, en la fase actual, una revolución por la autonomía aduanera (Trotski). Tampoco vale la pena de extenderse sobre el aserto de que en China no existen supervivencias feudales, o que, si existen, no tienen gran importancia y, por lo tanto, la revolución agraria en China es completamente incomprensible (Trotski y Rádek). Seguramente ya conocéis por la prensa de nuestro Partido estos errores y otros análogos de la oposición en lo que respecta al problema chino. Pasemos al problema de los principios fundamentales del leninismo que sirven de puntos de partida para la solución de los problemas de la revolución en las colonias y los países dependientes. ¿De qué parten la Internacional Comunista y los Partidos Comunistas en general, al examinar los problemas del movimiento revolucionario en las colonias y los países dependientes? Su punto de partida consiste en establecer una diferencia estricta entre la revolución en los países imperialistas, en los países que oprimen a otros pueblos, y la revolución en las colonias y los países dependientes, en los países que soportan la opresión imperialista de otros Estados. La revolución en los países imperialistas es una cosa: en ellos, la burguesía es la opresora de otros pueblos; en ellos, la burguesía es contrarrevolucionaria en todas las fases de la revolución; en ellos falta el factor nacional como factor de lucha liberadora. La revolución en las colonias y los países dependientes es otra cosa: en ellos, la opresión imperialista de otros Estados es uno de los factores de la revolución; en ellos, esta opresión no puede por menos de afectar también a la burguesía nacional; en ellos, en una determinada fase y durante un determinado período, la burguesía nacional puede apoyar el movimiento revolucionario de su país contra el imperialismo; en ellos, el factor nacional, como factor de la lucha por la liberación, es un factor de la revolución. No hacer esta distinción, no comprender esta diferencia, identificar la revolución en los países imperialistas con la revolución en las colonias, todo esto significa desviarse de la senda marxista, de la senda leninista, y situarse en el camino de los partidarios de la II Internacional. He aquí lo que a este propósito decía Lenin en su informe sobre las cuestiones nacional y colonial en el II Congreso de la Internacional Comunista: “¿Cuál es la idea más importante, la idea fundamental de nuestras tesis'? Es la distinción entre pueblos oprimidos y pueblos opresores. Nosotros subrayamos esta distinción, en oposición a la II Internacional y a la democracia burguesa”* (t. XXV, pág. 351**).

* Subrayado por mí. J. St. ** Aquí y en las siguientes referencias a los trabajos de V. I. Lenin, los números romanos corresponden a los tomos de la 3a edición en ruso de las Obras de V. I. Lenin. (N. del T.)

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El error fundamental de la oposición consiste en que no comprende ni reconoce esta diferencia entre las revoluciones de uno y otro tipo. El error fundamental de la oposición consiste en que identifica la revolución de 1905 en Rusia, país imperialista que oprimía a otros pueblos, con la revolución en China, país oprimido, semicolonial, obligado a luchar contra la opresión imperialista de otros Estados. Aquí, en Rusia, en 1905, la revolución iba dirigida contra la burguesía, contra la burguesía liberal, a pesar de que la revolución era una revolución democrático-burguesa. ¿Por qué? Porque la burguesía liberal de un país imperialista no puede dejar de ser contrarrevolucionaria. Precisamente por eso, los bolcheviques no se planteaban entonces ni podían plantearse la cuestión de bloques o acuerdos temporales con la burguesía liberal. Tomando esto como base, la oposición afirma que lo mismo tiene que hacerse en China, en todas las fases del movimiento revolucionario; que los acuerdos y bloques temporales con la burguesía nacional no son admisibles en China, en ningún momento ni en ninguna circunstancia. Pero la oposición olvida que sólo pueden hablar así personas que no comprenden ni reconocen la diferencia existente entre la revolución en los países oprimidos y la revolución en los países opresores; la oposición olvida que sólo pueden hablar así personas que rompen con el leninismo y se deslizan hacia las posiciones de los partidarios de la II Internacional. He aquí lo que dice Lenin sobre la admisibilidad de acuerdos y bloques temporales con el movimiento burgués de liberación en las colonias: “La Internacional Comunista debe establecer una alianza temporal*** con la democracia burguesa de las colonias y países atrasados, pero no fundirse con ella, y mantener absolutamente la independencia del movimiento proletario, incluso en su forma más embrionaria” (t. XXV, pág. 290)... “nosotros, como comunistas, sólo, debemos apoyar y sólo apoyaremos los movimientos burgueses de liberación*** en las colonias en el caso de que estos movimientos sean verdaderamente revolucionarios, en el caso de que sus representantes no nos impidan educar y organizar en un espíritu revolucionario a los campesinos y a las grandes masas de explotados” (t. XX V, pág. 353). ¿Cómo ha podido “ocurrir” que Lenin, que lanzaba rayos y truenos contra los acuerdos con la burguesía en Rusia, estime admisibles tales bloques y acuerdos en China? ¿Acaso Lenin ha cometido un error? ¿Acaso se ha desviado de la táctica revolucionaria hacia la táctica oportunista? ¡Claro que no! Esto ha “ocurrido” porque Lenin comprendía la diferencia existente entre la revolución en un país

*** Subrayado por mí. J. St. oprimido y la revolución en un país opresor. Esto ha “ocurrido” porque Lenin comprendía que, en una determinada fase de su desarrollo, la burguesía nacional de las colonias y los países dependientes puede apoyar el movimiento revolucionario de su país contra la opresión del imperialismo. Esto no lo quiere comprender la oposición; pero no lo quiere comprender porque rompe con la táctica revolucionaria de Lenin, porque rompe con la táctica revolucionaria del leninismo. ¿Os habéis fijado en que los líderes de la oposición esquivaban cuidadosamente en sus discursos estas indicaciones de Lenin, temiendo tocarlas? ¿Por qué, pues, esquivan estas indicaciones tácticas de Lenin, públicas y notorias, para las colonias y los países dependientes? ¿Por qué temen estas indicaciones? Porque temen la verdad. Porque las indicaciones tácticas de Lenin echan por tierra toda la orientación ideológica y política del trotskismo en las cuestiones de la revolución china. Hablemos ahora de las etapas de la revolución china. La oposición se ha enredado hasta el punto que ahora niega la existencia de etapa alguna en el desarrollo de la revolución china. Pero ¿existe, acaso, alguna revolución sin determinadas etapas en su desarrollo? ¿Acaso nuestra revolución no ha tenido sus etapas de desarrollo? Tomad las Tesis de Abril de Lenin9 y veréis que Lenin reconocía dos etapas en nuestra revolución: la primera etapa, la de la revolución democrático-burguesa, con un movimiento agrario como eje principal; la segunda etapa, la de la Revolución de Octubre, con la conquista del Poder por el proletariado como eje principal. ¿Cuáles son las etapas de la revolución china? A mi juicio, deben ser tres: la primera etapa es la de la revolución del frente único nacional, el período de Cantón, cuando la revolución dirigía fundamentalmente su golpe contra el imperialismo extranjero y la burguesía nacional apoyaba el movimiento revolucionario; la segunda etapa es la de la revolución democrático-burguesa, después de la llegada de las tropas nacionales al río Yang-tse, cuando la burguesía nacional se apartó de la revolución y el movimiento agrario se desarrolló hasta convertirse en una potente revolución de decenas de millones de campesinos (actualmente la revolución china se halla en la segunda etapa de su desarrollo); la tercera etapa la constituye la revolución soviética, que no se ha producido todavía, pero que se producirá. Quien no ha comprendido que no puede existir una revolución sin determinadas etapas de su desarrollo, quien no ha comprendido que la revolución china tiene tres etapas en su desarrollo, no ha comprendido nada del marxismo ni del problema chino.

¿Cuál es el rasgo característico de la primera etapa de la revolución china? El rasgo característico de la primera etapa de la revolución china consiste, en primer lugar, en que ha sido una revolución del frente único nacional y, en segundo lugar, en que iba dirigida fundamentalmente contra la opresión imperialista exterior (la huelga de Hong-Kong10, etc.). ¿Era Cantón en aquel entonces el centro, la base del movimiento revolucionario en China? Indudablemente, lo era. Sólo los ciegos pueden negarlo ahora. ¿Es cierto que la primera etapa de la revolución colonial ha de tener precisamente este carácter? Yo creo que es cierto. En las “Tesis complementarias” del II Congreso de la Internacional Comunista, que tratan de la revolución en China y en la India, se dice explícitamente que en estos países “la dominación extranjera frena constantemente el libre desarrollo de la vida social”, que “por esta razón, el primer paso* de la revolución en las colonias ha de ser el derrocamiento del capitalismo extranjero” (v. las actas taquigráficas del II Congreso de la I.C., pág. 605). El rasgo característico de la revolución china reside en que esta revolución ha dado ya este “primer paso”, ha pasado la primera etapa de su desarrollo, ha pasado el período de la revolución del frente único nacional y ha entrado en la segunda etapa de su desarrollo, en el período de la revolución agraria. El rasgo característico de la revolución turca (los kemalistas), por ejemplo, reside, por el contrario, en que esta revolución se ha estancado en el “primer paso”, en la primera etapa de su desarrollo, en la etapa del movimiento burgués de liberación, no intentando siquiera pasar a la segunda etapa de su desarrollo, a la etapa de la revolución agraria. ¿Qué eran el Kuomintang11 y su gobierno en la primera etapa de la revolución, en el período de Cantón? En aquel período representaban el bloque de los obreros, los campesinos, los intelectuales burgueses y la burguesía nacional. ¿Era en aquel período Cantón el centro del movimiento revolucionario, la base de la revolución? ¿Era acertada en aquel entonces la política de apoyo al Kuomintang de Cantón, como gobierno de lucha de liberación contra el imperialismo? ¿Teníamos razón al prestar ayuda a Cantón en China y, por ejemplo, a Angora en Turquía, cuando Cantón y Angora luchaban contra el imperialismo? Sí, teníamos razón. Teníamos razón y seguíamos las huellas de Lenin, ya que las luchas de Cantón y de Angora dispersaban las fuerzas del imperialismo, debilitaban y desprestigiaban al imperialismo y facilitaban, de ese modo, que se desarrollase el hogar de la revolución mundial, que se desarrollase la U.R.S.S. ¿Es cierto que en aquella época los actuales líderes de nuestra oposición y nosotros apoyamos juntos a Cantón y a

* Subrayado por mí. J. St. Angora, prestándoles determinada ayuda? Sí, es cierto. Nadie podrá refutarlo. Pero ¿cómo debe entenderse el frente único con la burguesía nacional en la primera etapa de la revolución colonial? ¿Quiere esto decir que los comunistas no deben impulsar la lucha de los obreros y campesinos contra los terratenientes y la burguesía nacional, que el proletariado debe sacrificar, siquiera lo más mínimo, siquiera por un instante, su independencia? No, no quiere decir eso. El frente único sólo puede tener una significación revolucionaria siempre y cuando no impida al Partido Comunista desarrollar con independencia su labor política y de organización, siempre y cuando no le impida organizar al proletariado como fuerza política independiente, levantar a los campesinos contra los terratenientes, organizar abiertamente la revolución de los obreros y campesinos y preparar, de este modo, las condiciones precisas para conseguir la hegemonía del proletariado. Creo que el informante ha demostrado plenamente, sobre la base de documentos por todos conocidos, que la Internacional Comunista inspiró al Partido Comunista Chino precisamente esta idea del frente único. Kámenev y Zinóviev se han remitido aquí a un solo y único telegrama, el enviado a Shanghái en octubre de 1926, y en él que se dice que, de momento, hasta la toma de Shanghái, no se debe agudizar el movimiento agrario. Estoy lejos de considerar que este telegrama constituya un acierto. Yo nunca he considerado ni considero que la Internacional Comunista sea infalible. A veces se cometen equivocaciones, y este telegrama es, indudablemente, una de ellas. Pero, en primer lugar, este telegrama fue anulado por la propia Internacional Comunista unas semanas después (en noviembre de 1926), sin que la oposición hiciera declaraciones de ninguna clase. En segundo lugar, ¿por qué la oposición ha guardado silencio hasta ahora sobre este particular?, ¿por qué solamente se ha acordado de este telegrama al cabo de nueve meses y por qué oculta al Partido que este telegrama había sido anulado por la Internacional Comunista hace nueve meses? Por eso, sería una calumnia premeditada pensar que este telegrama definía la línea de nuestra dirección. En realidad, este telegrama aislado no tenía más que un carácter accidental, en modo alguno característico de la línea de la Internacional Comunista, de nuestra línea de dirección. Esto se ve, repito, aunque sólo sea por el hecho de que el telegrama fue anulado algunas semanas después por una serie de documentos que determinaban la línea y que eran, indudablemente, característicos de nuestra línea de dirección. Permitidme que cite estos documentos. He aquí, por ejemplo, un pasaje de la resolución del VII Pleno de la Internacional Comunista,

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celebrado en noviembre de 1926, es decir, un mes después del telegrama arriba mencionado: “Una peculiaridad original del momento es el carácter transitorio de la situación en la que el proletariado ha de elegir entre la perspectiva de un bloque con capas considerables de la burguesía y la perspectiva del fortalecimiento de su alianza con el campesinado. Si el proletariado no expone un programa agrario radical, no logrará atraer al campesinado a la lucha revolucionaria y perderá la hegemonía en el movimiento de liberación nacional”*. Y más adelante: “El gobierno popular de Cantón no podrá mantenerse en el Poder durante la revolución, no podrá obtener el triunfo completo sobre el imperialismo extranjero y sobre la reacción interior mientras la causa de la liberación nacional no sea identificada con la revolución agraria”* (v. la resolución del VII Pleno ampliado del C.E. de la I.C.). Ahí tenéis un documento que define realmente la línea de la dirección de la Internacional Comunista. Es muy extraño que los líderes de la oposición silencien este documento, público y notorio, de la Internacional Comunista. No creo pecar de inmodesto si me remito a mi discurso pronunciado en la Comisión China de la Internacional Comunista en noviembre del mismo año 1926, la cual redactó, evidentemente no sin participación mía, la resolución del VII Pleno ampliado sobre el problema chino. Este discurso fue publicado más tarde en un folleto a parte, titulado “Las perspectivas de la revolución en China”. He aquí algunos párrafos de este discurso: “Yo sé que entre los kuomintanistas e incluso entre los comunistas chinos hay quienes no estiman posible el desencadenamiento de la revolución en el campo, temerosos de que la incorporación del campesinado a la revolución rompa el frente único antiimperialista. Esto es un profundísimo extravío, camaradas. El frente antiimperialista en China será tanto más fuerte y poderoso cuanto antes y más a fondo se incorpore el campesinado chino a la revolución”. Y más adelante: “Yo sé que entre los comunistas chinos hay camaradas que no consideran conveniente que los obreros declaren huelgas por el mejoramiento de su situación material y jurídica y disuaden a los obreros de que lo hagan. (Una voz: “Así ha ocurrido en Cantón y en Shanghái”.) Esto es un gran error, camaradas. Eso es un gravísimo desdén del papel y del peso relativo del proletaria do de China, y debe señalarse en las tesis como un fenómeno absolutamente negativo. Sería un gran error que los comunistas chinos no aprovecharan

* Subrayado por mí. J. St. la favorable situación actual para ayudar a los obreros a mejorar su situación material y jurídica, aunque sea recurriendo a las huelgas. ¿Para qué serviría entonces la revolución en China?) (v. Stalin, “Las perspectivas de la revolución en China”12). Y he aquí un tercer documento, del mes de diciembre de 1926, escrito cuando sobre la Internacional Comunista llovían comunicaciones procedentes de todas las ciudades de China, asegurando que el desarrollo de la lucha de los obreros conduce a la crisis, al paro, al cierre de fábricas. “La política general de repliegue en las ciudades y de contracción de la lucha de los obreros por el mejoramiento de su situación, es falsa. Es preciso desarrollar la lucha en el campo, pero, al mismo tiempo, es preciso aprovechar el momento favorable para mejorar la situación material y jurídica de los obreros, procurando por todos los medios dar un carácter organizado a la lucha de los obreros, que excluye los excesos y las anticipaciones exageradas. Hay que procurar con particular empeño que la lucha en las ciudades vaya dirigida contra las capas de la gran burguesía y, ante todo, contra los imperialistas, al objeto de que, en la medida de lo posible, la burguesía china, pequeña y media, permanezca dentro del frente único contra el enemigo común. Nosotros consideramos adecuado el sistema de cámaras de conciliación, tribunales de arbitraje, etc., con tal de que quede asegurada una política obrera acertada en estos organismos. Al mismo tiempo, consideramos preciso advertir que los decretos contra la libertad de huelga, la libertad de reunión para los obreros, etc. son absolutamente inadmisibles”. El cuarto documento, escrito mes y medio antes del golpe de Chang Kai-shek13, dice: “Es preciso reforzar en el ejército el trabajo de las células del Kuomintang y de las células comunistas, organizarlas donde no existan y donde su organización sea posible: en los lugares donde no sea posible la organización de células comunistas, es preciso realizar un intenso trabajo con ayuda de los comunistas no declarados. Es necesario orientarse al armamento de los obreros y los campesinos, es necesario convertir los comités campesinos en organismos que de hecho ejerzan el Poder y dispongan de grupos armados de defensa local, etc. Es preciso que el Partido Comunista se manifieste en todas partes como tal; es inadmisible la política de semilegalidad voluntaria; el Partido Comunista no puede aparecer como un freno del movimiento de masas; el Partido Comunista no debe ocultar la política traidora y reaccionaria de los kuomintanistas de

derecha; es preciso movilizar a las masas en torno al Kuomintang y al Partido Comunista Chino desenmascarando a los derechistas. Es preciso fijar la atención de todos los militantes fieles a la revolución en el hecho de que, actualmente, a causa de la reagrupación de las fuerzas de clase y de la concentración de los ejércitos imperialistas, la revolución china atraviesa un período crítico, y que sus victorias sólo serán posibles con una orientación enérgica hacia el desarrollo del movimiento de masas. En caso contrario, un gran peligro amenaza a la revolución. La aplicación práctica de las directivas es, por eso, más necesaria que nunca”. Y todavía con anterioridad, ya en abril de 1926, un año antes del golpe de los elementos de derecha del Kuomintang y de Chang Kai-shek, la Internacional Comunista había advertido al Partido Comunista Chino, indicándole que “hay que llevar las cosas de manera que los elementos de derecha salgan o sean expulsados del Kuomintang”. He ahí cómo entendía y cómo continúa entendiendo la Internacional Comunista la táctica de frente único contra el imperialismo en la primera etapa de la revolución colonial. ¿Conoce la oposición la existencia de estos documentos-directivas? Naturalmente que la conoce. ¿Por qué, pues, silencia estos documentos-directivas? Porque lo que busca son disensiones, y no la verdad. Sin embargo, hubo una época en que los actuales líderes de la oposición, particularmente Zinóviev y Kámenev, entendían algo de leninismo y defendían, en lo fundamental, la misma política en el movimiento revolucionario chino que la realizada por la Internacional Comunista y proclamada por el camarada Lenin en sus tesis14. Me refiero al VI Pleno de la Internacional Comunista, celebrado en febrero- marzo de 1926, cuando Zinóviev era presidente de la Internacional Comunista, cuando todavía era leninista y no se había pasado aún al campo de Trotski. Me refiero al VI Pleno de la Internacional Comunista, porque existe una resolución de este Pleno sobre la revolución china15, aprobada por unanimidad en febrero-marzo de 1926, en la que se enjuicia la primera etapa de la revolución china, el Kuomintang de Cantón y el gobierno de Cantón de un modo aproximadamente igual a como lo enjuician la Internacional Comunista y el P.C.(b) de la U.R.S.S. y de lo que ahora abjura la oposición. Me refiero a esta resolución, porque por ella votó entonces Zinóviev, y ningún miembro del Comité Central, sin exceptuar a Trotski, Kámenev y demás líderes de la actual oposición, le puso objeciones. Permitidme que cite algunos párrafos de esta resolución. He aquí lo que dice sobre el Kuomintang: “Las huelgas políticas de los obreros chinos de Shanghái y de Hong-Kong (junio-septiembre de 1925) produjeron un viraje en la lucha de liberación del pueblo chino contra los imperialistas extranjeros... Las acciones políticas del proletariado dieron un poderoso impulso al desarrollo y al fortalecimiento de todas las organizaciones democráticas revolucionarias del país, y en primer lugar del partido popular revolucionario, el Kuomintang, y del gobierno revolucionario de Cantón. El Kuomintang, que, en su núcleo fundamental, actuaba aliado con los comunistas chinos, representa un bloque revolucionario de los obreros, campesinos, intelectuales y la democracia urbana* sobre la base de la comunidad de intereses de clase de estas capas en la lucha contra los imperialistas extranjeros y contra todo el orden militar-feudal, por la independencia del país y un Poder democrático revolucionario único” (v. la resolución del VI Pleno del C.E. de la I.C.). Tenemos, pues, el Kuomintang de Cantón como una alianza de cuatro “clases”. Como veis, esto es casi “martinovismo”16, consagrado ni más ni menos que por el entonces presidente de la Internacional Comunista, Zinóviev. Sobre el gobierno kuomintanista de Cantón: “El gobierno revolucionario formado en Cantón por el Kuomintang* ya ha conseguido ligarse a las grandes masas de obreros, campesinos y de la democracia urbana y, apoyándose en ellas, derrotar a las bandas contrarrevolucionarias sostenidas por los imperialistas (y realiza una labor de democratización radical de toda la vida política de la provincia de Kuang-tung). Siendo, por tanto, la vanguardia en la lucha del pueblo chino por la independencia, el gobierno de Cantón sirve de modelo para la futura edificación democrática revolucionaria en el país”* (v. resolución citada). Resulta que el gobierno kuomintanista de Cantón, que representaba un bloque de cuatro “clases”, era un gobierno revolucionario, y no sólo revolucionario, sino incluso un modelo para el futuro gobierno democrático revolucionario de China. Sobre el frente único de los obreros, campesinos y la burguesía: “Ante los nuevos peligros, el Partido Comunista Chino y el Kuomintang deben desarrollar la más amplia labor política, organizando acciones de masas en apoyo de la lucha de los ejércitos populares, aprovechando las contradicciones internas del campo de los imperialistas y oponiéndoles el frente único nacional revolucionario de las más extensas capas de la población (de los obreros, de los campesinos y de la burguesía) bajo la dirección de las organizaciones democráticas

* Subrayado por mí. J. St.

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revolucionarias”* (v. resolución citada). Resulta que, en las colonias, los bloques y los acuerdos temporales con la burguesía, en una etapa determinada de la revolución colonial, no sólo son admisibles, sino absolutamente necesarios. ¿Acaso no es esto muy parecido a lo que señalaba Lenin en sus conocidas indicaciones sobre la táctica de los comunistas en las colonias y los países dependientes? Sólo es de lamentar que Zinóviev lo haya olvidado tan pronto. El problema de la salida del Kuomintang: “Algunas capas de la gran burguesía china, que temporalmente se habían agrupado en torno del Kuomintang, en el curso del último año se han apartado de él, lo que ha provocado la formación, en el ala derecha del Kuomintang, de un reducido grupo que se ha manifestado abiertamente en contra de la alianza estrecha del Kuomintang con las masas trabajadoras, por la expulsión de los comunistas del Kuomintang y contra la política revolucionaria del gobierno de Cantón. La condenación de esta ala derecha en el II Congreso del Kuomintang (enero de 1926) y la confirmación de la necesidad de una alianza de lucha del Kuomintang con los comunistas afianzan la orientación revolucionaria de la actividad del Kuomintang y del gobierno de Cantón y aseguran al Kuomintang el apoyo revolucionario del proletariado”* (v. resolución citada). Resulta que la salida de los comunistas del Kuomintang en la primera etapa de la revolución china hubiera sido un serio error. Sólo es de lamentar que Zinóviev, que votó en pro de dicha resolución, lo haya olvidado al cabo de un mes apenas, pues no más lejos de abril de 1926 (pasado sólo un mes) Zinóviev exigía la salida inmediata de los comunistas del Kuomintang. Sobre las desviaciones en el Partido Comunista Chino y la inadmisibilidad de saltar la fase kuomintanista de la revolución: “La autodeterminación política de los comunistas chinos se desarrollará en la lucha contra dos desviaciones igualmente nocivas: contra el liquidacionismo de derecha, que desprecia las tareas independientes de clase del proletariado chino y lleva a una fusión amorfa con el movimiento democrático nacional general, y contra las tendencias de extrema izquierda, que intentan saltar la etapa democrático- revolucionaria del movimiento y pasar directamente a las tareas de la dictadura proletaria y del Poder Soviético, olvidándose del campesinado, ese factor fundamental y decisivo del movimiento de liberación nacional en China»* (v. resolución citada). Como veis, tenemos aquí todos los elementos

* Subrayado por mí. J. St. necesarios para poder acusar ahora a la oposición de haber querido saltar la etapa kuomintanista del desarrollo en China, de haber menospreciado el movimiento campesino, de haber dado un salto precipitado hacia los Soviets. El golpe no puede ser más certero. ¿Conocían Zinóviev, Kámenev y Trotski esta resolución? Es de suponer que la conocían. En todo caso, Zinóviev no podía dejar de conocerla, ya que esta resolución había sido aprobada en el VI Pleno de la Internacional Comunista bajo su presidencia y con su propio voto. ¿Por qué, pues, los líderes de la oposición eluden ahora esta resolución del organismo supremo del movimiento comunista mundial? ¿Por qué la silencian? Porque esta resolución se vuelve contra ellos en todos los problemas de la revolución china. Porque echa por tierra toda la orientación trotskista actual de la oposición. Porque se han apartado de la Internacional Comunista, se han apartado del leninismo, y ahora, temerosos de su pasado, temerosos hasta de su propia sombra, se ven obligados a eludir cobardemente la resolución del VI Pleno de la Internacional Comunista. Así están las cosas por lo que se refiere a la primera etapa de la revolución china. Pasemos ahora a la segunda etapa. Si la primera etapa se distinguía por el hecho de que el filo de la revolución iba dirigido fundamentalmente contra el imperialismo extranjero, el rasgo característico de la segunda etapa es el hecho de que la revolución dirige fundamentalmente su filo contra los enemigos interiores y, ante todo, contra los señores feudales, contra el régimen feudal. ¿Ha realizado la primera etapa su tarea de derrocar el imperialismo extranjero? No, no la ha realizado, dejándola en herencia a la segunda etapa de la revolución china. La primera etapa no ha hecho más que dar el primer impulso a las masas revolucionarias contra el imperialismo y terminó su carrera transfiriendo la empresa al futuro. Es de suponer que tampoco la segunda etapa de la revolución dará remate a la tarea de expulsar a los imperialistas. Esta etapa dará un nuevo impulso a las grandes masas de obreros y campesinos chinos contra el imperialismo, pero lo hará para transmitir el coronamiento de esta empresa a la etapa siguiente de la revolución china, a la etapa soviética. Y esto no tiene nada de extraño. ¿Acaso no es sabido que en la historia de nuestra revolución han tenido lugar hechos análogos, aunque en otra situación y en otras circunstancias? ¿Acaso no es sabido que la primera etapa de nuestra revolución no realizó íntegramente su tarea de dar cima a la revolución agraria, sino que transmitió dicha empresa a la etapa siguiente de la revolución, a la Revolución de Octubre, la cual realizó plena e íntegramente la tarea de extirpar de raíz las supervivencias feudales?

Por eso, no tendrá nada de extraño que en la segunda etapa de la revolución china no se consiga dar cima por entero a la revolución agraria, y que esta segunda etapa, al dar un impulso a las masas de millones de campesinos y al levantarlas contra las supervivencias feudales, transmita el coronamiento de esta empresa a la etapa siguiente de la revolución, a la etapa soviética. Y esto no será más que un hecho favorable para la futura revolución soviética en China. ¿Cuál era la misión de los comunistas en la segunda etapa de la revolución en China, cuando el centro del movimiento revolucionario se había desplazado manifiestamente de Cantón a Wu-han y cuando, a la par del centro revolucionario en Wu- han, se había creado un centro contrarrevolucionario en Nankín? Aprovechar por completo la posibilidad de organizar abiertamente el Partido, el proletariado (sindicatos), el campesinado (uniones campesinas), la revolución en general. Empujar hacia la izquierda, hacia la revolución agraria a los kuomintanistas de Wu-han. Convertir el Kuomintang de Wu-han en el centro de la lucha con la contrarrevolución y en el núcleo de la futura dictadura democrático-revolucionaria del proletariado y del campesinado. ¿Era acertada esa política? Los hechos han demostrado que era la única política acertada, la única capaz de educar a las grandes masas de obreros y campesinos en el espíritu del desarrollo sucesivo de la revolución. La oposición exigía en aquel entonces la formación inmediata de Soviets de diputados obreros y campesinos. Pero eso era aventurerismo, una anticipación aventurera, ya que la formación inmediata de Soviets hubiera significado entonces saltar la fase kuomintanista de izquierda del desarrollo. ¿Por qué? Porque el Kuomintang de Wu-han, que mantenía una alianza con los comunistas, aun no se había desacreditado y desenmascarado a los ojos de las grandes masas de obreros y campesinos, aun no había agotado sus posibilidades como organización burguesa revolucionaria. Porque lanzar la consigna de los Soviets y del derrocamiento del gobierno de Wu-han, cuando aun las masas no se habían convencido por su propia experiencia de que este gobierno no valía, de la necesidad de derrocarlo, significa anticiparse, aislarse de las masas, perder su apoyo y hacer fracasar, de este modo, la obra iniciada. La oposición considera que si ella ha comprendido la inseguridad, la inestabilidad y el insuficiente espíritu revolucionario del Kuomintang de Wu-han (cosa fácil de comprender para cualquier militante políticamente calificado), ya basta para que todo esto lo comprendan también las masas, ya es suficiente para sustituir el Kuomintang por los Soviets y llevar tras de sí a las masas. Pero éste es el consabido error “ultraizquierdista” de la oposición, que toma su propia conciencia y capacidad de comprensión por la conciencia y la capacidad de comprensión de las masas de millones de obreros y campesinos. La oposición tiene razón cuando dice que el Partido debe marchar adelante. Es ésta una tesis marxista generalmente conocida, sin ajustarse a la cual no existe ni puede existir un verdadero Partido Comunista. Pero esto no es más que una parte de la verdad. La verdad entera consiste en que el Partido no sólo debe marchar adelante, sino también llevar tras de sí a las grandes masas. Marchar adelante sin arrastrar a las grandes masas significa, de hecho, apartarse del movimiento. Marchar adelante separándose de la retaguardia, no sabiendo llevar tras de sí a la retaguardia, significa dar un salto que pueda desbaratar por cierto tiempo el avance de las masas. La dirección leninista consiste, precisamente, en que la vanguardia sepa llevar tras de sí a la retaguardia, en que la vanguardia marche adelante sin apartarse de las masas. Ahora bien, para que la vanguardia no pueda apartarse de las masas, para que la vanguardia pueda conducir efectivamente tras de sí a las grandes masas, para ello se requiere una condición decisiva, y ésta es, precisamente, que las mismas masas se convenzan, por su propia experiencia, de lo acertado de las indicaciones, directivas y consignas de la vanguardia. La desgracia de la oposición estriba, precisamente, en que no reconoce esta sencilla regla leninista de dirección de las grandes masas, no comprende que el Partido, solo, que el grupo de vanguardia, solo, sin el apoyo de las grandes masas, no se halla en condiciones de llevar a cabo la revolución, que la revolución “la hacen”, en fin de cuentas, las masas de millones de trabajadores. ¿Por qué, en abril de 1917, nosotros, los bolcheviques, no lanzamos la consigna práctica de derrocamiento del Gobierno Provisional e implantación del Poder Soviético en Rusia, a pesar de que estábamos convencidos de que en un futuro próximo nos veríamos en la necesidad de derrocar al Gobierno Provisional e instaurar el Poder Soviético? Porque las grandes masas trabajadoras, tanto en la retaguardia como en el frente, e incluso los mismos Soviets no estaban todavía en condiciones de comprender esta consigna, creían aún en el carácter revolucionario del Gobierno Provisional. Porque el Gobierno Provisional aun no se había comprometido ni desacreditado con su apoyo a la contrarrevolución en la retaguardia y en el frente. ¿Por qué, en abril de 1917, en Petrogrado, Lenin condenó al grupo de Bagdátiev, que había lanzado la consigna de derrocamiento inmediato del Gobierno Provisional y de instauración del Poder Soviético?

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Porque el intento de Bagdátiev constituía una anticipación peligrosa, que amenazaba con aislar al Partido Bolchevique de las masas de millones de obreros y campesinos. Aventurerismo en política, bagdatievismo en los problemas referentes a la revolución china: he aquí lo que mata hoy día a nuestra oposición trotskista. Zinóviev dice que, al hablar de bagdatiovismo, yo identifico la actual revolución china con la Revolución de Octubre. Eso, claro está, es un absurdo. En primer lugar, en mi artículo “Notas sobre temas de actualidad”, yo hacía la reserva de que, “en este caso, la analogía es convencional”, que “únicamente la admito con todas las reservas precisas, teniendo en cuenta la diferencia entre la situación de la China de nuestros días y la de Rusia en 1917”17. En segundo lugar, sería una necedad afirmar que no se pueden establecer en absoluto analogías con revoluciones de otros países al definir tales o cuales corrientes, tales o cuales errores en la revolución de un determinado país. ¿Acaso la revolución de un país no aprende de las revoluciones de otros países, incluso en el caso de que estas revoluciones no sean del mismo tipo? ¿A qué queda reducida entonces la ciencia de la revolución? En el fondo, Zinóviev niega la posibilidad de una ciencia de la revolución. ¿No es, acaso, un hecho que, en el período precedente a la Revolución de Octubre, Lenin acusaba a Chjeídze, Tsereteli, Steklov y otros de haber caído en el “luisblancismo” de la revolución francesa de 1848? Examinad el artículo de Lenin “El luisblancismo”18 y veréis cómo Lenin recurría ampliamente a la analogía con la revolución francesa de 1848 al calificar los errores de estos o los otros hombres políticos antes de Octubre, aunque Lenin sabía perfectamente que la revolución francesa de 1848 y nuestra Revolución de Octubre no eran revoluciones del mismo tipo. Y si se puede hablar del “luisblancismo” de Chjeídze y Tsereteli en el período que precede a la Revolución de Octubre, ¿por qué no se va a poder hablar del “bagdatievismo” de Zinóviev y de Trotski en el período de la revolución agraria en China? La oposición afirma que Wu-han no ha sido el centro del movimiento revolucionario. Pero ¿por qué Zinóviev afirmaba entonces que era “preciso ayudar por todos los medios” al Kuomintang de Wu-han, a fin de hacer de él el centro de la lucha contra los Cavaignac chinos? ¿Por qué razón era el territorio de Wu-han, y no otro cualquiera, el que se había convertido en el centro del desarrollo máximo del movimiento agrario? ¿No es un hecho, acaso, que precisamente el territorio de Wu-han (Hu-nan, Hu- pe) ha sido, a principios de este año, el centro del desarrollo máximo del movimiento agrario? ¿Por qué razón Cantón, donde no ha existido un movimiento agrario de masas, pudo ser llamado “la base de la revolución” (Trotski), mientras que Wu-han, en cuyo territorio se ha iniciado y desarrollado la revolución agraria, no puede ser considerado el centro, la “base” del movimiento revolucionario? ¿Cómo puede explicarse, en tal caso, que la oposición exigiera que el Partido Comunista permaneciese en el seno del Kuomintang de Wu-han y del gobierno de Wu-han? ¿Acaso la oposición era partidaria, en abril de 1927, de un bloque con el Kuomintang “contrarrevolucionario” de Wu-han? ¿De dónde provienen esta “amnesia”, y este embrollo de la oposición? La oposición se regocija de que el bloque con el Knomintang de Wu-han haya tenido una vida efímera, y afirma, al mismo tiempo, que la Internacional Comunista no había prevenido a los comunistas chinos de la posibilidad del fracaso del Kuomintang de Wu-han. No creo que sea necesario demostrar que el regocijo de la oposición no hace más que atestiguar su propia bancarrota política. Al parecer, la oposición supone que los bloques con la burguesía nacional en las colonias han de ser perdurables. Pero esto sólo lo pueden suponer personas que hayan perdido los últimos vestigios del leninismo. Si los señores feudales y el imperialismo han resultado ser, en China, en la presente fase, más fuertes que la revolución, si la presión de estas fuerzas adversas ha conducido a que el Kuomintang de Wu-han se haya desviado hacia la derecha y a una derrota temporal de la revolución china, sólo pueden regocijarse por este motivo gentes contagiadas de derrotismo. En cuanto a lo que afirma la oposición, de que la Internacional Comunista no había advertido al Partido Comunista de China sobre la posibilidad del fracaso del Kuomintang de Wu-han, es una de las calumnias habituales en que abunda actualmente el arsenal de la oposición. Permitidme que cite algunos documentos para refutar las calumnias de la oposición. Primer documento, de mayo de 1927: “Lo principal, ahora, en la política interior del Kuomintang es el desarrollo sistemático de la revolución agraria en todas las provincias, principalmente en la de Kuang-tung, bajo la consigna de “Todo el Poder a los comités y uniones de campesinos en el campo”. En esto reside la base de los éxitos de la revolución y del Kuomintang. En esto reside la base de la creación, en China, de un amplio y poderoso ejército político y militar contra el imperialismo y sus agentes. La consigna de confiscación de las tierras es, prácticamente, muy oportuna para las provincias donde se extiende un gran movimiento agrario, como Hu-nan, Kuang-tung, etc. De otro modo, es imposible el desenvolvimiento de la revolución agraria* ... Es preciso empezar a organizar, desde ahora, de ocho a diez divisiones formadas por

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campesinos y obreros revolucionarios, con mandos absolutamente seguros. Esta será la guardia de Wu-han, tanto en los frentes como en la retaguardia, para desarmar a las unidades poco seguras. Esto no admite ninguna dilación. Es preciso reforzar el trabajo en la retaguardia y en las unidades de Chang Kai-shek para descomponerlas y prestar ayuda a los campesinos sublevados en Kuang-tung, donde es particularmente intolerable el poder de los terratenientes”. Segundo documento, de mayo de 1927: “Sin una revolución agraria es imposible la victoria. De lo contrario, el Comité Central del Kuomintang se convertirá en un mísero juguete en manos de generales poco seguros. Es preciso luchar contra los excesos, pero no con tropas, sino a través de las uniones campesinas. Somos decididos partidarios de la toma efectiva de la tierra desde abajo. Los temores referentes al viaje de Tang Ping-sian tienen cierto fundamento. No debéis apartaros del movimiento obrero y campesino, sino ayudarle por todos los medios. En caso contrario, echaréis a perder la empresa. Algunos viejos líderes del Comité Central del Kuomintang temen los acontecimientos, vacilan, establecen compromisos. Es preciso incorporar al Comité Central del Kuomintang el mayor número posible de líderes obreros y campesinos nuevos, de la base. Su voz audaz hará que los viejos sean decididos o los arrojará por la borda. Es preciso modificar la actual estructura del Kuomintang. Es absolutamente preciso airear las altas esferas del Kuomintang y llevar a ellas nuevos líderes que se hayan destacado en la revolución agraria; la periferia tiene que ser ampliada a base de los millones de miembros de las uniones obreras y campesinas. De otro modo, el Kuomintang corre el peligro de apartarse de la cruda real y perder todo prestigio. Es preciso acabar con la dependencia respecto de generales poco seguros. Movilizad unos veinte mil comunistas, sumad a ellos unos cincuenta mil obreros y campesinos revolucionarios de Hu-nan y Hu-pe, formad algunos cuerpos de ejército nuevos, utilizad como mandos a los alumnos de la escuela de oficiales y organizad, antes de que sea tarde, un ejército propio y seguro. De otro modo, no existen garantías contra el fracaso. Es una empresa difícil, pero no queda otro camino. Organizad un Tribunal Militar Revolucionario, con destacados miembros del Kuomintang, no comunistas, al frente. Castigad a los oficiales que mantengan contacto con Chang Kai-shek o que azucen a los soldados contra el pueblo, contra los obreros y campesinos. No es posible limitarse únicamente a la persuasión. Es hora de empezar a actuar. Es preciso castigar a los canallas. Si los miembros del Kuomintang no aprenden a ser jacobinos revolucionarios, sucumbirán para el pueblo y para la revolución”*. Como veis, la Internacional Comunista previó los acontecimientos, señaló a tiempo los peligros y advirtió a los comunistas chinos que el Kuomintang de Wu-han perecería en el caso de que los miembros del Kuomintang no supieran ser jacobinos revolucionarios. Kámenev decía que la política de la Internacional Comunista es la culpable de la derrota de la revolución china, que “hemos engendrado los Cavaignac de China”. Camaradas, sólo puede hablar así de nuestro Partido una persona dispuesta a cualquier crimen contra él. Así hablaban los mencheviques de los bolcheviques en el período de la derrota de julio de 1917, cuando aparecieron en escena los Cavaignac rusos. Lenin escribía en su artículo “A propósito de las consignas”19 que la derrota de julio era “la victoria de los Cavaignac”. Los mencheviques se alegraban malignamente, afirmando entonces que la política de Lenin era la culpable de la aparición de los Cavaignac rusos. ¿Piensa, acaso, Kámenev que ha sido la política de Lenin, la política de nuestro Partido, y no otra cosa, la culpable de la aparición de los Cavaignac rusos en el período de la derrota de julio de 1917? ¿Considera decoroso Kámenev imitar a los señores mencheviques en el caso presente? (Risas.) Yo no creía que los camaradas de la oposición pudieran caer tan bajo... Es sabido que la revolución de 1905 sufrió una derrota y que, además, esta derrota fue más profunda que la actual derrota de la revolución china. Los mencheviques decía entonces que la táctica revolucionaria extremista de los bolcheviques era la culpable de la derrota de la revolución de 1905. ¿No piensa Kámenev tomar también aquí por modelo la interpretación menchevique de la historia de nuestra revolución y tirar la piedra contra los bolcheviques? ¿Y cómo se puede explicar la derrota de la República Soviética de Baviera? ¿Quizá por la política de Lenin y no por la correlación de las fuerzas de clase? ¿Cómo se puede explicar la derrota de la República Soviética de Hungría? ¿Quizá por la política de la Internacional Comunista y no por la correlación de las fuerzas de clase? ¿Cómo es posible afirmar que la táctica de tal o cual partido puede eliminar o invertir la correlación de las fuerzas de clase? ¿Era o no acertada nuestra política en 1905? ¿Por qué sufrimos entonces una derrota? ¿Acaso los hechos no dicen que con la política de la oposición la revolución en China hubiera sido derrotada antes de lo que lo ha sido de hecho? ¿Qué calificativo merecen las personas que olvidan la correlación de las fuerzas de clase durante

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la revolución e intentan explicarlo todo exclusivamente por la táctica de tal o cual partido? De estas personas sólo cabe decir una cosa: que han roto con el marxismo. Conclusiones. Principales errores de la oposición: 1) La oposición no comprende el carácter ni las perspectivas de la revolución china. 2) La oposición no ve la diferencia que hay entre la revolución en China y la revolución en Rusia, entre la revolución en las colonias y la revolución en los países imperialistas. 3) La oposición rompe con la táctica leninista en el problema de la actitud hacia la burguesía nacional en las colonias, en la primera etapa de la revolución. 4) La oposición no comprende el problema de la participación de los comunistas en el Kuomintang. 5) La oposición falta a los principios de la táctica leninista en el problema de las relaciones entre la vanguardia (el Partido) y la retaguardia (las masas de millones de trabajadores). 6) La oposición rompe con las resoluciones del VI y del VII Plenos del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. La oposición ensalza ruidosamente su política en el problema chino, afirmando que con ella ahora irían mejor las cosas en China. No creo que sea preciso demostrar que, con los errores tan groseros cometidos por la oposición, el Partido Comunista Chino se hubiera metido definitivamente en un atolladero si hubiese adoptado la política antileninista y aventurera de la oposición. Si el Partido Comunista de China, en un plazo breve de tiempo, ha crecido y se ha convertido, de un pequeño grupo de cinco a seis mil personas, en un partido de masas de sesenta mil afiliados; si el Partido Comunista Chino ha conseguido, durante este tiempo, organizar en los sindicatos a cerca de tres millones de proletarios; si el Partido Comunista Chino ha conseguido sacudir el letargo de un campesinado de muchos millones de hombres e incorporar a decenas de millones de campesinos a las uniones campesinas revolucionarias; si el Partido Comunista Chino ha conseguido, durante este tiempo, atraer a su lado a regimientos y hasta divisiones de las fuerzas nacionales; si el Partido Comunista Chino ha logrado, durante este tiempo, transformar de deseo en realidad la idea de la hegemonía del proletariado; si el Partido Comunista Chino ha conseguido en plazo breve todas estas conquistas, esto se debe, entre otras causas, a que ha seguido la senda trazada por Lenin, la senda marcada por la Internacional Comunista. Ni que decir tiene que, con la política de la oposición, con sus errores, con su orientación antileninista en los problemas de la revolución colonial, estas conquistas de la revolución china no hubieran existido en absoluto o se habrían visto reducidas al mínimo. Sólo renegados y aventureros “ultraizquierdistas” pueden ponerlo en duda.

III. Sobre el Comité anglo-soviético de unidad20. La cuestión del Comité Anglo-Soviético. La oposición asegura que nosotros habíamos depositado nuestras esperanzas en el Comité Anglo-Soviético. Eso no es cierto, camaradas. Este es uno de los chismes a los cuales recurre con tanta frecuencia la fracasada oposición. Todo el mundo sabe, y, por lo tanto, debe saberlo también la oposición, que nosotros no ciframos nuestras esperanzas en el Comité Anglo-Soviético, sino en el movimiento revolucionario mundial y en los éxitos de nuestra edificación socialista. La oposición engaña al Partido al decir que nosotros cifrábamos o ciframos nuestras esperanzas en el Comité Anglo-Soviético. ¿Qué es, en tal caso, el Comité Anglo-Soviético? El Comité Anglo-Soviético es una forma de enlace de nuestros sindicatos con los sindicatos ingleses, con los sindicatos reformistas, con los sindicatos reaccionarios. Actualmente realizamos por tres conductos nuestra labor para revolucionarizar a la clase obrera de Europa: a) por conducto de la Internacional Comunista, a través de las secciones comunistas, que tienen como tarea inmediata acabar con la dirección política reformista en el movimiento obrero; b) por conducto de la Internacional Sindical Roja, a través de las minorías sindicales revolucionarias, que tienen como tarea inmediata vencer a la reaccionaria aristocracia obrera en los sindicatos; c) a través del Comité Anglo-Soviético de Unidad, como uno de los medios que pueden facilitar a la Internacional Sindical Roja y a sus secciones la lucha para aislar a la aristocracia obrera en los sindicatos. Los dos primeros conductos son fundamentales y permanentes, obligatorios para los comunistas mientras existan las clases y la sociedad de clases. El tercer conducto es únicamente transitorio, auxiliar, episódico y, por eso, endeble, no siempre seguro y a veces completamente inseguro. Poner en un mismo plano el tercer conducto y los dos primeros significa ir contra los intereses de la clase obrera, contra el comunismo. Después de todo esto, ¿cómo se puede hablar tan a la ligera, diciendo que nosotros habíamos depositado nuestras esperanzas en el Comité Anglo-Soviético? Al acceder a la formación del Comité Anglo- Soviético, nos proponíamos establecer abiertamente contacto con las masas obreras de Inglaterra organizadas en los sindicatos. ¿Para qué? En primer lugar, para facilitar la creación de un frente único de los obreros contra el capital o, por lo menos, dificultar la lucha de los líderes reaccionarios

del movimiento sindical contra la creación de este frente. En segundo lugar, para facilitar la creación de un frente único de los obreros contra los peligros de la guerra imperialista en general, contra los peligros de la intervención en particular, o, por lo menos, dificultar la lucha de los líderes reaccionarios de los sindicatos contra la formación de este frente. ¿Puede admitirse, en general, que los comunistas trabajen en los sindicatos reaccionarios? No sólo puede admitirse, sino que a veces es francamente obligatorio, pues en los sindicatos reaccionarios hay millones de obreros, y los comunistas no tienen derecho a negarse a entrar en estos sindicatos, a encontrar el camino que lleva hasta las masas y ganarlas para el comunismo. Repasad el libro de Lenin “La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo”21 y veréis que la táctica leninista obliga a los comunistas a no negarse a trabajar en los sindicatos reaccionarios. ¿.Pueden admitirse, en general, los acuerdos temporales con los sindicatos reaccionarios, acuerdos de carácter sindical o político? No sólo pueden admitirse, sino que a veces son francamente obligatorios. Que los sindicatos del Occidente son, en la mayoría de los casos, reaccionarios, lo sabe cualquiera. Pero no se trata de eso. Se trata de que estos sindicatos son organizaciones de masas. Se trata de que a través de estos sindicatos puede llegarse hasta las masas. La cuestión consiste en que tales acuerdos no coarten, no limiten la libertad de agitación y propaganda revolucionarias de los comunistas, que tales acuerdos contribuyan a disgregar a los reformistas y a revolucionarizar a las masas obreras, que siguen, por ahora, a los líderes reaccionarios. En estas condiciones, los acuerdos temporales con los sindicatos reaccionarios de masas no sólo son admisibles, sino que a veces son francamente obligatorios. He aquí lo que dice Lenin a este respecto: “El capitalismo dejaría de ser capitalismo, si el proletariado “puro” no estuviese rodeado de una masa abigarradísima de elementos que señalan la transición del proletario al semiproletario (el que obtiene una buena parte de sus medios de existencia vendiendo su fuerza de trabajo), del semiproletario al pequeño campesino (y al pequeño artesano, al obrero a domicilio, al pequeño patrono en general), del pequeño campesino al campesino medio, etc., y si en el seno mismo del proletariado no hubiera sectores de un desarrollo mayor o menor, divisiones según el origen territorial, la profesión, la religión a veces, etc. De todo esto se desprende imperiosamente la necesidad -una necesidad absoluta- para la vanguardia del proletariado, para su parte consciente, para el Partido Comunista, de recurrir a la maniobra, a los acuerdos, a los compromisos con los diversos grupos proletarios, con los diversos partidos de los obreros y de los pequeños patronos*. Toda la cuestión consiste en saber aplicar esta táctica para elevar, y no para rebajar, el nivel general de conciencia, de espíritu revolucionario, de capacidad de lucha y de victoria del proletariado” (t. XXV, pág. 213). Y más adelante: “Es cierto que los Henderson, los Clynes, los MacDonald y los Snowden son unos reaccionarios incurables. Y no lo es menos que quieren tomar el Poder (aunque prefieren la coalición con la burguesía), que quieren “gobernar” de acuerdo con las rancias normas burguesas y que, una vez en el Poder, se conducirán inevitablemente como los Scheidemann y los Noske. Todo ello es verdad, pero de esto no se deduce, ni mucho menos, que apoyarles equivalga a traicionar la revolución, sino que, en interés de ésta, los revolucionarios de la clase obrera deben conceder a estos señores cierto apoyo parlamentario”* (lugar citado. págs. 218-219). La desgracia de la oposición consiste, precisamente, en que no comprende ni reconoce estas indicaciones de Lenin, prefiriendo a la política leninista la baraúnda “ultraizquierdista” sobre el carácter reaccionario de los sindicatos. ¿Coarta, puede coartar el Comité Anglo-Soviético nuestra agitación y nuestra propaganda? No, no puede. Siempre hemos criticado y criticaremos el espíritu reaccionario de los líderes del movimiento obrero inglés, descubriendo a las masas de la clase obrera de Inglaterra la felonía y la traición de estos líderes. Que pruebe la oposición a desmentir el hecho de que siempre hemos sometido a una crítica franca e implacable la labor reaccionaria del Consejo General. Se nos dice que esta crítica puede conducir a que los ingleses hagan saltar el Comité Anglo-Soviético. ¿Y qué? Que lo hagan saltar. No se trata en absoluto de si va a haber ruptura o no. Se trata de la cuestión que producirá la ruptura, de la idea que pondrá de manifiesto la ruptura. Ahora se trata de la amenaza de guerra en general y de la intervención en particular. Si los ingleses van a la ruptura, la clase obrera sabrá que los líderes reaccionarios del movimiento obrero inglés han roto porque no desean oponerse a su gobierno imperialista en la organización de la guerra. Apenas cabe dudar de que la ruptura en tales condiciones, efectuada por los ingleses, facilitaría la labor de los comunistas para desprestigiar al Consejo General, pues la cuestión de la guerra es actualmente la cuestión fundamental de nuestros días. Es posible que no se decidan a romper. ¿Y qué significará eso? Eso significará que nos hemos

* Subrayado por mí. J. St.

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asegurado la libertad de crítica, la libertad de continuar criticando a los líderes reaccionarios del movimiento obrero inglés, denunciando su traición y su social-imperialismo entre las vastas masas. ¿Será eso bueno para el movimiento obrero? Yo creo que no estará mal. Esta es, camaradas, nuestra actitud por lo que se refiere al Comité Anglo-Soviético.

IV. La amenaza de guerra y la defensa de la U.R.S.S. La cuestión de la guerra. Ante todo, debo desmentir la afirmación de Zinóviev y Trotski, que no corresponde a la realidad y es inexacta en absoluto, de que yo pertenecí a la llamada “oposición militar” en el VIII Congreso de nuestro Partido. Eso es totalmente falso, camaradas. Eso es una calumnia, que han ideado Zinóviev y Trotski por hacer algo. Tengo en las manos el acta taquigráfica por la que se ve claramente que yo intervine entonces al lado de Lenin contra la llamada “oposición militar”. Finalmente, aquí hay delegados al VIII Congreso del Partido, que confirmarán que yo me manifesté entonces, en el VIII Congreso, contra la “oposición militar”. No lo hice tan ásperamente como habría convenido, tal vez, a Trotski, porque consideraba que en la “oposición militar” había excelentes militantes, imprescindibles en el frente; pero que intervine contra la “oposición militar” es un hecho indudable que sólo pueden discutir gentes tan incorregibles como Zinóviev y Trotski. ¿De qué trató la discusión en el VIII Congreso? De la necesidad de terminar con el voluntariado y el guerrillerismo; de la necesidad de formar un verdadero ejército regular obrero y campesino con una disciplina férrea; de la necesidad de atraer a esta obra a los especialistas militares. Había un proyecto de resolución, presentado por los partidarios del ejército regular con una disciplina férrea. Lo defendían Lenin, Sokólnikov, Stalin y otros. Había un segundo proyecto, el proyecto de V. Smirnov, presentado por los partidarios de conservar los elementos de guerrillerismo en el ejército. Lo defendían V. Smirnov, Safárov, Vorochílov, Piatakov y otros. Citaré unos pasajes de mi discurso: “Todas las cuestiones tocadas aquí se reducen a una: ¿debe haber o no en Rusia un ejército regular con una severa disciplina? Hace medio año, después de desmoronarse el viejo ejército zarista, teníamos un ejército nuevo, voluntario, mal organizado, con una dirección colectiva, un ejército que no siempre acataba las órdenes. Fue el período en que se hizo visible la ofensiva de la Entente. La composición del ejército era principalmente obrera, si no exclusivamente obrera. Debido a la falta de disciplina en este ejército voluntario, debido a que las órdenes no siempre se cumplían, debido a la desorganización en el mando del ejército, sufrimos derrotas, entregamos Kazán al enemigo, mientras Krasnoy avanzaba victorioso desde el Sur... Los hechos demuestran que el ejército voluntario no resiste la crítica, que no podremos defender nuestra República si no creamos otro ejército: un ejército regular, penetrado del espíritu de la disciplina, con una sección política bien organizada, un ejército que a la primera orden sepa y pueda ponerse en pie y lanzarse contra el enemigo. Debo decir que los elementos no obreros -los campesinos-, que forman la mayoría de nuestro ejército, no van a luchar voluntariamente por el socialismo. Así lo acreditan numerosos hechos. Una serie de motines en la retaguardia y en los frentes y una serie de excesos en los frentes muestran que los elementos no proletarios, que forman la mayoría de nuestro ejército, no quieren batirse voluntariamente por el comunismo. De aquí que nuestra tarea consista en reeducar a esos elementos en el espíritu de una férrea disciplina, lograr que sigan al proletariado, no sólo en la retaguardia sino también en los frentes, obligarles a combatir por nuestra causa socialista común, y en el curso de la guerra llevar a término la creación de un verdadero ejército regular, el único capaz de defender el país. La cuestión está planteada así. ...O creamos un verdadero ejército regular, obrero y campesino, con una severa disciplina, y defendemos la República; o no hacemos esto, y entonces nuestra causa estará perdida. ... El proyecto presentado por Smirnov es inaceptable, ya que sólo contribuiría a minar la disciplina en el ejército y excluye la posibilidad de formar un ejército regulan”22. Tales son, camaradas, los hechos. Como veis, Trotski y Zinóviev han vuelto a calumniar. Prosigamos. Kámenev ha afirmado aquí que durante el último período, en estos dos años, hemos despilfarrado el capital moral que teníamos antes en el campo internacional. ¿Es esto cierto? ¡Claro que no! ¡Es completamente falso! ¿A qué sectores de la población se refiero Kámenev?, ¿entre qué sectores de la población del Oriente y del Occidente hemos perdido o hemos ganado influencia? Eso no lo ha dicho Kámenev. Pero para nosotros, marxistas, esta cuestión es, precisamente, la decisiva. 'Tomemos, por ejemplo, China. ¿Se puede afirmar que hemos perdido nuestro capital moral entre los obreros y los campesinos chinos? Es claro que no. Hasta bien recientemente, las masas de millones de obreros y campesinos de China nos conocían poco. Hasta bien recientemente, la U.R.S.S. sólo tenía prestigio entre un pequeño

grupo de las altas esferas de la sociedad china, entre un pequeño grupo de intelectuales liberales del Kuomintang, entre personalidades como Feng Yu- siang, los generales de Cantón, etc. Ahora, la situación ha cambiado radicalmente. Ahora, a los ojos de millones y millones de obreros y campesinos de China, la U.R.S.S. goza de un prestigio que puede envidiar cualquier fuerza, cualquier partido político del mundo. Pero, en cambio, el prestigio de la U.R.S.S. ha disminuido considerablemente a los ojos de la intelectualidad liberal de China, de toda clase de generales, etc., y muchos de estos últimos comienzan incluso a luchar contra la U.R.S.S. Pero ¿qué hay de asombroso y de malo en ello? ¿Acaso se puede exigir de la U.R.S.S., del Poder Soviético, de nuestro Partido que nuestro país tenga autoridad moral en todos los sectores de la sociedad china? ¿Quién, si se exceptúa a vacuos liberales, puede exigir tal cosa de nuestro Partido, del Poder Soviético? ¿Qué es mejor para nosotros: el prestigio entre la intelectualidad liberal y toda clase de generales reaccionarios de China o el prestigio entre las masas de millones de obreros y campesinos de China? ¿Qué es lo decisivo desde el punto de vista de nuestra situación internacional, desde el punto de vista del desarrollo de la revolución en todo el mundo: el crecimiento del prestigio de la U.R.S.S. entre las masas de millones de trabajadores, con el descenso indudable del prestigio de la U.R.S.S. en los medios liberal-reaccionarios de la sociedad china, o el prestigio en estos últimos medios liberal- reaccionarios, con el descenso del peso moral en las vastas masas de la población? Basta sólo plantear esta pregunta para comprender que Kámenev se ha equivocado de medio a medio... ¿Y en el Occidente? ¿Puede decirse que hemos despilfarrado el capital moral que teníamos en los sectores proletarios del Occidente? Está claro que no. ¿Qué evidencian, por ejemplo, las últimas acciones del proletariado en Viena, la huelga general y la huelga del carbón en Inglaterra, las manifestaciones de miles y miles de obreros en defensa de la U.R.S.S. en Alemania y en Francia? ¿Evidencian que el peso moral de la dictadura proletaria desciende a los ojos de las grandes masas de la clase obrera? ¡Claro que no! Al contrario, evidencian que el peso moral de la U.R.S.S. se eleva y se fortalece entre los obreros del Occidente, que los obreros del Occidente comienzan a pelear con su burguesía “al modo ruso”. Es indudable que en ciertos sectores de la burguesía pacifista y liberal-reaccionaria cunde la animosidad contra la U.R.S.S., sobre todo con motivo del fusilamiento de los “excelentísimos” veinte terroristas e incendiarios23. ¿.Pero es que Kámenev estima más la opinión de los círculos pacifistas liberal-reaccionarios de la burguesía que la opinión de las masas de millones y millones de proletarios del Occidente? ¿Quién osará negar que el fusilamiento de los veinte “excelentísimos señores” ha sido acogido con la más honda satisfacción por las masas de millones de obreros, tanto de la U.R.S.S. como del Occidente? “¡Es lo que se merecían esos canallas!”, con esta exclamación han recibido los barrios obreros el fusilamiento de los veinte “excelentísimos señores”. Sé que entre nosotros hay ciertos elementos que afirman que cuanto más quietos estemos, tanto mejor será para nosotros. Esa gente nos dice: “Los asuntos de la U.R.S.S. iban bien cuando Inglaterra rompió con ella; los asuntos de la U.R.S.S. mejoraron cuando asesinaron a Vóikov; pero los asuntos de la U.R.S.S. empeoraron cuando enseñamos los dientes y fusilamos, como respuesta al asesinato de Vóikov, a los “excelentísimos” veinte contrarrevolucionarios; antes del fusilamiento de los veinte, en Europa se compadecían de nosotros y nos tenían simpatía; después del fusilamiento, por el contrario, ha desaparecido la simpatía y han comenzado a acusamos de que no somos tan buenos chicos como quisiera la opinión pública de Europa”. ¿Qué puede decirse de esta filosofía liberal- reaccionaria? Puede decirse únicamente que sus autores quisieran ver a la U.R.S.S. desdentada, desarmada y añojada ante sus enemigos, capitulando ante ellos. Existía la Bélgica “ensangrentada”, cuya imagen adornaba en tiempos las etiquetas de los paquetes de cigarrillos. ¿.Por qué no ha de haber una U.R.S.S. “ensangrentada”? Entonces todos simpatizarían con ella y le tendrían compasión. ¡No, camaradas, no estamos de acuerdo! Vale más que se vayan al quinto infierno todos esos filósofos liberal- pacifistas con su “simpatía” por la U.R.S.S. Lo que hace falta es que tengamos la simpatía de las masas de millones de trabajadores; lo demás ya vendrá. Y si fuera necesario que alguien quedase “ensangrentado”, empeñaríamos todas nuestras fuerzas para que el bañado en sangre, el “ensangrentado” fuese cualquier país burgués, y no la U.R.S.S. La cuestión de la inevitabilidad de la guerra. Zinóviev se ha salido aquí de sus casillas, afirmando que en las tesis de Bujarin se habla de la “probabilidad” y de la “inevitabilidad” de la guerra, y no de su absoluta inevitabilidad, y ha asegurado que tal expresión puede desorientar al Partido. He repasado el artículo de Zinóviev “Los perfiles de la guerra futura”. ¿Y qué ha resultado? Ha resultado que en el artículo de Zinóviev no hay ni una palabra, lo que se dice ni una palabra, acerca de que la guerra se haya hecho inevitable. En el artículo de Zinóviev se habla de la posibilidad de una nueva guerra. Hay un capítulo entero demostrando que la guerra es posible. Este capítulo termina con la siguiente frase: “Por eso, es legítimo y necesario que los bolcheviques leninistas mediten ahora en la posibilidad de una nueva guerra”. (Hilaridad

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general.) Fijaos bien, camaradas: “meditar” en la posibilidad de una nueva guerra. En el artículo de Zinóviev se dice en un pasaje que la guerra “se está haciendo” inevitable, pero no hay ni una palabra, lo que se dice ni una palabra, acerca de que la guerra es ya inevitable. Y este hombre tiene -¿cómo decirlo más suavemente?- la audacia de lanzar una acusación contra las tesis de Bujarin, que dicen que la guerra es probable e inevitable. ¿Qué significa hablar ahora de la “posibilidad” de la guerra? Significa retrotraernos, por lo menos, a la situación de hace siete años, pues hace siete años Lenin decía ya que la guerra entre la U.R.S.S. y el mundo capitalista era posible. ¿Valía la pena que Zinóviev repitiera cosas ya dichas, presentando su retroceso como algo nuevo? ¿Qué significa decir ahora que la guerra se hace inevitable? Significa retrotraernos, por lo menos, a la situación de hace unos cuatro años, pues ya en el período del ultimátum de Curzon24 decíamos que la guerra se hacía inevitable. ¿Cómo ha podido ocurrir que Zinóviev, que apenas ayer escribió un artículo tan embrollado e incongruente sobre la guerra, donde no hay ni una palabra de que la guerra se ha hecho inevitable, cómo ha podido ocurrir que este hombre se haya decidido a atacar las tesis claras y precisas de Bujarin sobre la inevitabilidad de la guerra? Esto ha sucedido porque Zinóviev ha olvidado lo que escribió ayer. Lo que ocurre es que Zinóviev pertenece a esa categoría de hombres felices que escriben para olvidarse al día siguiente de lo escrito. (Risas.) Zinóviev ha afirmado aquí que el camarada Chicherin fue quien “empujó” a Bujarin a escribir sus tesis sobre la probabilidad y la inevitabilidad de la guerra. Pero yo pregunto: ¿quién ha “empujado” a Zinóviev a escribir un artículo sobre la posibilidad de la guerra, ahora que la guerra se ha hecho ya inevitable? (Risas.). El problema de la estabilización del capitalismo. Zinóviev ha atacado aquí las tesis de Bujarin, asegurando que, en el problema de la estabilización, las tesis se apartan de la posición mantenida por la Internacional Comunista. Eso, naturalmente, es una necedad. De esta manera, Zinóviev ha mostrado tan sólo su ignorancia en el problema de la estabilización, en el problema del capitalismo mundial. Zinóviev cree que, si hay estabilización, eso quiere decir que la causa de la revolución está perdida. No comprende que la estabilización origina la crisis del capitalismo y prepara su hundimiento. ¿Acaso no es un hecho que el capitalismo ha perfeccionado y racionalizado su equipamiento técnico en los últimos tiempos, creando masas inmensas de mercancías, a las que no hay posibilidad de dar salida? ¿Acaso no es un hecho que los gobiernos capitalistas se fascistizan cada vez más, atacando a la clase obrera y apuntalando transitoriamente sus propias posiciones? ¿Hay que deducir de estos hechos que la estabilización es firme? ¡Claro que no! Por el contrario, precisamente estos hechos conducen a la agudización de la crisis del capitalismo mundial, incomparablemente más profunda que la crisis que precedió a la última guerra imperialista. Precisamente el hecho de que los gobiernos capitalistas se fascisticen, precisamente este hecho conduce a la agudización de la situación interior en los países capitalistas y a las acciones revolucionarias de los obreros (Viena, Inglaterra). Precisamente el hecho de que el capitalismo racionalice su equipa miento técnico y produzca una masa enorme de mercancías que no puede absorber el mercado, precisamente este hecho conduce en el campo de los imperialistas a la agudización de la lucha por los mercados de venta y por los mercados de exportación de capitales y crea las condiciones para una nueva guerra, para un nuevo reparto del mundo. ¿Acaso es difícil comprender que el desmedido crecimiento de las posibilidades de producción del capitalismo, existiendo cierta limitación del mercado mundial y la estabilización de las “esferas de influencia”, fomenta la lucha por los mercados y ahonda la crisis del capitalismo? El capitalismo podría resolver esta crisis si pudiese hacer varias veces mayor el salario de los obreros, si pudiese mejorar a fondo la situación material del campesinado, si pudiese, de esta manera, elevar de un modo apreciable la capacidad adquisitiva de millones de trabajadores y ampliar la capacidad del mercado interior. Pero entonces el capitalismo no sería capitalismo. Precisamente porque el capitalismo no puede hacer esto, precisamente porque el capitalismo no invierte sus “ingresos” en elevar el bienestar de la mayoría de los trabajadores, sino en redoblar su explotación y en exportar capitales a países menos desarrollados para obtener “ingresos” aun mayores, precisamente por eso la lucha por los mercados de venta, la lucha por los mercados para la exportación de capitales engendra una lucha desesperada por un nuevo reparto del mundo y de las esferas de influencia, una lucha que ha hecho ya inevitable una nueva guerra imperialista. ¿Por qué determinados círculos imperialistas miran de reojo a la U.R.S.S., organizando un frente único contra ella? Porque la U.R.S.S. constituye un riquísimo mercado para dar salida a las mercancías y exportar capitales. ¿Por qué esos mismos círculos imperialistas intervienen en China? Porque China constituye un importantísimo mercado para dar salida a las mercancías y exportar capitales. Etcétera, etcétera. Ahí es donde está la causa y el origen de la inevitabilidad de una nueva guerra, lo mismo si

estalla entre distintas coaliciones imperialistas que contra la U.R.S.S. La desgracia de la oposición consiste en que no comprende estas cosas sencillas, elementales. La cuestión de la defensa de nuestro país. Y ahora permitidme que me detenga en la última cuestión, en la cuestión de cómo piensa nuestra oposición defender la U.R.S.S. Camaradas: El carácter revolucionario de tal o cual grupo, de tal o cual tendencia, de tal o cual partido, no se comprueba por las manifestaciones o declaraciones que haga. El carácter revolucionario se comprueba en los hechos, en la práctica, en los planes prácticos de tal o cual grupo, de tal o cual tendencia, de tal o cual partido. No se puede dar crédito a las manifestaciones y declaraciones de los hombres, por impresionantes que sean, si no están respaldadas por los hechos, si no se llevan a la práctica. Hay una cuestión que establece una divisoria entre todos los grupos, tendencias y partidos posibles y que prueba su carácter revolucionario o antirrevolucionario, Esta cuestión es ahora la defensa de la U.R.S.S., la defensa incondicional y sin reservas de la U.R.S.S., frente a los ataques del imperialismo. Es revolucionario el que está dispuesto a defender la U.R.S.S. sin reservas, incondicional, franca y honradamente, sin conferencias militares secretas, pues la U.R.S.S. es el primer Estado revolucionario proletario del mundo, un Estado que edifica el socialismo. Es internacionalista, el que está dispuesto a defender la U.R.S.S. sin reservas, sin vacilaciones y sin condiciones, porque la U.R.S.S. es la base del movimiento revolucionario mundial, y no se puede defender e impulsar este movimiento revolucionario sin defender la U.R.S.S. Pues quien piensa defender el movimiento revolucionario mundial al margen y en contra de la U.R.S.S., va contra la revolución, rueda obligatoriamente al campo de los enemigos de la revolución. Ante la amenaza de guerra, se han formado ahora dos campos y, por tanto, dos posiciones: la posición de defensa incondicional de la U.R.S.S. y la posición de lucha contra la U.R.S.S. Entre ellas hay que elegir, pues no existe ni puede existir una tercera posición. La neutralidad en este asunto, las vacilaciones, las salvedades, la búsqueda de una tercera posición son un intento de eludir la responsabilidad, de rehuir la lucha incondicional en defensa de la U.R.S.S., de escabullirse en un momento de tanta responsabilidad para la defensa de la U.R.S.S. ¿Y qué significa eludir la responsabilidad? Significa deslizarse inadvertidamente al campo de los enemigos de la U.R.S.S. Así está planteada ahora la cuestión. ¿Cuál es la actitud de la oposición en lo tocante a la defensa de la U.R.S.S.? Permitidme que me remita -puestas ya las cosas en este plano- a la conocida carta de Trotski a la Comisión Central de Control, para mostraros la “teoría” de la defensa, la consigna de la defensa que Trotski guarda de reserva, para el caso de una guerra contra la U.R.S.S. El camarada Mólotov ha citado ya en su discurso un pasaje de esta carta, pero no lo ha citado completo. Permitidme que lo haga yo. He aquí cómo entiende Trotski el derrotismo y el defensismo: “¿Qué es el derrotismo? Una política encaminada a contribuir a la derrota del “propio” Estado, que se encuentra en manos de la clase enemiga. Cualquier otra manera de comprender e interpretar el derrotismo será una falsificación. Por ejemplo, si alguien dice que la línea política de unos dogmáticos ignorantes y sin escrúpulos debe ser barrida como basura, precisamente en nombre de la victoria del Estado obrero, no se convierte por ello, de ningún modo, en “derrotista”. Al contrario, en esas condiciones concretas es un auténtico exponente del defensismo revolucionario: ¡la basura ideológica no da la victoria! Se podrían encontrar ejemplos, y muy aleccionadores, en la historia de otras clases. Mencionaremos sólo uno. Al comienzo de la guerra imperialista, la burguesía francesa tenía a su frente un gobierno sin brújula ni timón. El grupo de Clemenceau se hallaba en la oposición. No obstante la guerra y la censura militar, y aunque los alemanes se encontraban a ochenta kilómetros de París (él decía que “precisamente por eso”), Clemenceau sostuvo una lucha frenética contra la flaccidez y la indecisión pequeñoburguesas, por la ferocidad y la implacabilidad imperialistas. Clemenceau no hizo traición a su clase, a la burguesía, sino que, por el contrario, le sirvió más fielmente, con más firmeza, con más decisión y con más inteligencia que Viviani, Painlevé y Cía. El curso posterior de los acontecimientos se encargó de demostrarlo. El grupo de Clemenceau llegó al Poder, y con una política imperialista más consecuente, más rapaz, aseguró la victoria de la burguesía francesa. ¿Hubo gacetilleros franceses que llamaron derrotista al grupo de Clemenceau? Seguramente los hubo: los necios y los calumniadores figuran en el bagaje de todas las clases. Pero no siempre tienen la posibilidad de desempeñar un papel igualmente considerable” (de la carta de Trotski al camarada Ordzhonikidze del 11 de julio de 1927). Ahí tenéis la “teoría”, si se puede llamar así, de la defensa de la U.R.S.S. que propone Trotski. Resulta que lo de “la flaccidez y la indecisión pequeñoburguesas” se refiere a la mayoría de nuestro Partido, a la mayoría de nuestro C.C., a la mayoría de nuestro gobierno. El Clemenceau es Trotski con su

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grupo. (Risas.) Resulta que, si el enemigo se acercara a unos ochenta kilómetros de las murallas del Kremlin, este Clemenceau de nuevo cuño, este Clemenceau de opereta se esforzaría primero por derrotar a la actual mayoría, precisamente por encontrarse el enemigo a ochenta kilómetros del Kremlin, y después se ocuparía de la defensa. Y si nuestro Clemenceau de opereta se saliera con la suya, eso sería, según él, la verdadera e incondicional defensa de la U.R.S.S. Y para hacer esto, Trotski, es decir, Clemenceau, tratará previamente de “barrer” esta “basura” “en nombre de la victoria del Estado obrero”. ¿Y qué “basura” es ésa? Pues resulta que es la mayoría del Partido, la mayoría del C.C., la mayoría del gobierno. Resulta, pues, que cuando el enemigo se acerque a ochenta kilómetros del Kremlin, este Clemenceau de opereta no se dedicará a defender la U.R.S.S., sino a derrocar a la actual mayoría del Partido. ¡Y a eso lo llama defensa! Es un poco ridículo, naturalmente, que ese grupito quijotesco, que en cuatro meses ha reunido a duras penas unos mil votos, amenace a un partido de un millón de militantes, diciéndole: “Te voy a barrer”. Podéis juzgar de la deplorable situación en que se encuentra el grupo de Trotski, si en cuatro meses de penas y fatigas no ha conseguido reunir más que unas mil firmas. Yo creo que cualquier grupo de oposicionistas, si supiera trabajar, podría reunir varios miles de firmas. Repito: es ridículo que este grupito, con más líderes que ejército (Risas), y que después de trabajar cuatro meses enteros apenas ha reunido unas mil firmas, se ponga a amenazar a un partido de un millón de militantes, diciéndole: “Te voy a barrer”. (Risas.) ¿Cómo se las va a arreglar el pequeño grupo fraccionalista para “barrer” a un partido de un millón de militantes? ¿Creen los camaradas de la oposición que la actual mayoría del Partido, que la mayoría del C.C. es producto de la casualidad, que no tiene raíces en el Partido, que no tiene raíces en la clase obrera, que se dejará “barrer” de buen grado por un Clemenceau de opereta? No, esta mayoría no es producto de la casualidad. Se ha ido seleccionando año tras año, en el curso del desarrollo de nuestro Partido; ha sido contrastada en el fuego de la lucha, durante Octubre, después de Octubre, en la guerra civil, en la edificación del socialismo. Para “barrer” a esta mayoría, hay que desatar la guerra civil en el Partido. Y Trotski piensa desencadenar la guerra civil en el Partido en el momento en que el enemigo se encuentre a ochenta kilómetros del Kremlin. Parece que no se puede llegar más lejos... ¿Y los actuales líderes de la oposición? ¿Acaso no han sido probados? ¿Acaso es fortuito que, habiendo ocupado en otros tiempos cargos importantísimos en nuestro Partido, hayan resultado después unos apostatas? ¿Acaso es necesario demostrar que esta circunstancia no puede considerarse fortuita? Pues bien, Trotski quiere, valiéndose del grupito que ha firmado la plataforma de la oposición, volver hacia atrás la rueda de la historia de nuestro Partido en el momento en que el enemigo se encuentre a ochenta kilómetros del Kremlin. Y se dice que algunos camaradas han suscrito la plataforma de la oposición porque creían que bastaba firmar para que no los llevasen a la guerra. (Risas.) No, dilectísimo Trotski, valdría más que no hablara usted de “barrer la basura”. Valdría más no hablar de ello, porque son palabras contagiosas. Si la mayoría se “contagia” de su método de barrer la basura, no sé si eso será bueno para la oposición. Y no está excluido que la mayoría del C.C. pueda “contagiarse” de ese método y “barra” a alguien. No siempre es conveniente ni inocuo hablar de barrer, pues esas palabras pueden “contagiar” a la mayoría de nuestro C.C. y hacerle que “barra” a alguien. Y si Trotski piensa dirigir la escoba contra el Partido y su mayoría, ¿qué puede tener de sorprendente que el Partido vuelva esta escoba contra la oposición? Ahora sabemos cómo piensa la oposición defender la U.R.S.S. La teoría de Trotski sobre Clemenceau, apoyada por toda la oposición, teoría derrotista por esencia, nos lo dice con suficiente claridad. Resulta, por lo tanto, que, para asegurar la defensa de la U.R.S.S., es necesario, ante todo, efectuar el experimento de Clemenceau. Este es, por decirlo así, el primer paso de la oposición para la defensa “incondicional” de la U.R.S.S. El segundo paso para la defensa de la U.R.S.S. consiste, según resulta, en declarar que nuestro Partido es un partido centrista. Resulta que nuestra ignorante oposición interpreta como centrismo la lucha que sostiene nuestro Partido tanto contra los que se desvían del comunismo hacia la izquierda (Trotski-Zinóviev) como contra los que se desvían hacia la derecha (Smirnov-Saprónov). Resulta que estos extravagantes han olvidado que al combatir ambas desviaciones, no hacemos más que cumplir los legados de Lenin, quien insistía absolutamente en que se luchase sin vacilaciones tanto contra el “doctrinarismo de izquierda”, como contra el “oportunismo de derecha”. Los líderes de la oposición han roto con el leninismo, echando en olvido los legados de Lenin. Los líderes de la oposición no quieren reconocer que su bloque, el bloque oposicionista, es el bloque de los elementos que se han desviado a la izquierda y a la derecha del comunismo. No quieren reconocer que su bloque actual es la reconstitución, sobre una nueva base, del conocido Bloque de Agosto de Trotski, de triste memoria. No quieren comprender que es

precisamente este bloque el que encierra el peligro de la degeneración. No quieren reconocer que la unificación, en un mismo campo, de los “ultraizquierdistas”, como los aventureros y contrarrevolucionarios Maslow y Ruth Fischer, y los desviacionistas nacionalistas georgianos, es la peor copia del Bloque liquidacionista de Agosto. Así, pues, resulta que, para organizar la defensa, hay que declarar centrista a nuestro Partido e intentar hacerle perder el cariño que le tienen los obreros. Este es, por decirlo así, el segundo paso de la oposición para la defensa “incondicional” de la U.R.S.S. El tercer paso para la defensa de la U.R.S.S. consiste, según resulta, en declarar inexistente nuestro Partido y presentarlo como la “fracción de Stalin”. ¿Qué quieren decir los oposicionistas con eso? Quieren decir que no existe el Partido, sino la “fracción de Stalin”. Quieren decir que los acuerdos del Partido no son obligatorios para ellos y que pueden faltar a estos acuerdos siempre y en todas las situaciones. Quieren facilitarse así la lucha contra nuestro Partido. Bien es verdad que han tomado este arma del arsenal del “Sotsialistícheski Véstnik”25 menchevique y del “Rul”26 burgués. Bien es verdad que utilizar armas de los mencheviques y de los contrarrevolucionarios burgueses es impropio de comunistas. Pero ¿qué les importa a ellos eso? Para la oposición, todos los medios son buenos, con tal de que se luche contra el Partido. Así, pues, resulta que, para preparar la defensa de la U.R.S.S., hay que declarar inexistente el Partido, ese mismo Partido sin el cual es inconcebible toda defensa. Este es, por decirlo así, el tercer paso de la oposición para la defensa “incondicional” de la U.R.S.S. El cuarto paso para la defensa de la U.R.S.S. consiste, según resulta, en escindir la Internacional Comunista, en organizar un nuevo partido en Alemania con los aventureros y contrarrevolucionarios Ruth Fischer y Maslow al frente y dificultar así el apoyo del proletariado de la Europa Occidental a la U.R.S.S. Así, pues, resulta que, para preparar la defensa de la U.R.S.S., hay que escindir la Internacional Comunista. Este es, por decirlo así, el cuarto paso de la oposición para la defensa “incondicional” de la U.R.S.S. El quinto paso para la defensa de la U.R.S.S. consiste, según resulta, en atribuir a nuestro Partido tendencias termidorianas, escindirlo y comenzar a organizar un nuevo partido. Pues si no tenemos Partido, si sólo existe la “fracción stalinista”, cuyos acuerdos no son obligatorios para los militantes del Partido, si esta fracción es termidoriana -aunque es una necedad y una ignorancia hablar del carácter termidoriano de nuestro Partido-, ¿qué queda entonces? Así, pues, resulta que, para organizar la defensa de la U.R.S.S., es necesario escindir nuestro Partido y dedicarse a organizar un nuevo partido. Este es, por decirlo así, el quinto paso de la oposición para la defensa “incondicional” de la U.R.S.S. Ahí tenéis las cinco importantísimas medidas que propone la oposición para la defensa de la U.R.S.S. ¿Será preciso seguir demostrando que todas estas medidas de la oposición no tienen nada que ver con la defensa de nuestro país, con la defensa del hogar de la revolución mundial? ¡Y esta gente quiere que publiquemos sus artículos derrotistas y semimencheviques en la prensa de nuestro Partido! ¿Por quién nos toman? ¿Acaso en nuestro país hay ya “libertad” de prensa para todos, “desde los anarquistas hasta los monárquicos”? No la hay ni la habrá. ¿Por qué no publicamos los artículos mencheviques? Porque en nuestro país no hay “libertad” de prensa para las tendencias antileninistas y antisoviéticas, “desde los anarquistas hasta los monárquicos”. ¡Qué quieren los oposicionistas cuando insisten en que sean publicados sus artículos semimencheviques y derrotistas? Quieren abrir un portillo para la “libertad” burguesa de prensa; y no ven, al propio tiempo, que de esta manera reaniman a los elementos antisoviéticos, refuerzan su presión sobre la dictadura del proletariado y despejan el camino para la “democracia” burguesa. Llaman a una puerta, pero abren otra. He aquí lo que escribe el señor Dan, refiriéndose a la oposición: “Los socialdemócratas rusos aplaudirían calurosamente semejante legalización de la oposición, aunque no tienen nada de común con su programa positivo. Aplaudirían la legalidad de la lucha política, la franca autoliquidación de la dictadura y el paso a nuevas formas políticas que abren campo para un amplio movimiento obrero” (“Sots. Véstnik”, núm. 13, julio de 1927). Una “franca autoliquidación de la dictadura”: eso es lo que esperan de vosotros los enemigos de la U.R.S.S. y a eso conduce vuestra política, camaradas de la oposición. Camaradas: Tenemos ante nosotros dos peligros: el peligro de la guerra, que se ha convertido en amenaza de guerra, y el peligro de la degeneración de ciertos eslabones de nuestro Partido. Para preparar la defensa, debemos implantar una disciplina férrea en nuestro Partido. Sin esta disciplina, la defensa es imposible. Debemos robustecer la disciplina del Partido, debemos reprimir a todos los que desorganizan nuestro Partido. Debemos reprimir a todos los que escinden a nuestros Partidos hermanos en el Occidente y en el Oriente. (Aplausos.) Debemos

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reprimir a todos los que escinden a nuestros Partidos hermanos en el Occidente, valiéndose para ello del concurso de los aventureros Souvarine, Ruth Fischer y Maslow y del confusionista Treint. Así, y sólo así, podremos hacer frente a la guerra debidamente preparados, esforzándonos simultáneamente por hacer ciertos sacrificios materiales para demorar la guerra, para ganar tiempo, para rescatamos del capitalismo. Eso es lo que debemos hacer y eso es lo que haremos. El segundo peligro es el peligro de la degeneración. ¿De dónde procede? De ahí (señala a la oposición). Este peligro hay que liquidarlo. (Prolongados Aplausos.)

Discurso del 5 de agosto. Camaradas: Zinóviev ha cometido una deslealtad manifiesta con el presente Pleno, al volver a plantear en su discurso el problema ya resuelto de la situación internacional. Estamos debatiendo ahora el cuarto punto del orden del día: “Violación de la disciplina del Partido por Trotski y Zinóviev”. Sin embargo, Zinóviev, soslayando el punto que se discute, vuelve al problema de la situación internacional e intenta discutir de nuevo un asunto ya resuelto. Además, en su discurso centra el fuego contra Stalin, olvidando que el asunto que discutimos no se refiere a Stalin, sino a la violación de la disciplina del Partido por Zinóviev y Trotski. Por eso me veo obligado a insistir, en mi discurso, en ciertos aspectos de un asunto ya resuelto para demostrar la falta de fundamento de las palabras de Zinóviev. Perdonadme, camaradas, pero tendré que decir también unas palabras sobre los ataques de Zinóviev a Stalin. (Voces: “¡De acuerdo!”.) Primero. En su discurso, Zinóviev ha recordado, no se sabe por qué, las vacilaciones de Stalin en marzo de 1917, acumulando, al propio tiempo, un montón de fábulas. No he negado nunca que en el mes de marzo de 1917 tuviera algunas vacilaciones, pero estas vacilaciones duraron sólo una o dos semanas, desaparecieron con la llegada de Lenin en abril de 1917, y en la Conferencia de Abril de 1917 estuve en las mismas filas que el camarada Lenin contra Kámenev y su grupo de oposición. De todo esto he hablado varias veces en la prensa de nuestro Partido (v. “Camino de Octubre”, “¿Trotskismo o leninismo?”, etc.). Nunca me he considerado ni me considero libre de pecados. Jamás he ocultado, no ya mis errores, sino ni siquiera mis vacilaciones fugaces. Pero tampoco se puede ocultar que nunca he insistido en mis errores y que nunca me he dejado llevar de mis vacilaciones fugaces para elaborar una plataforma, organizar un grupo especial, etc. Pero ¿qué tiene que ver este asunto con la violación de la disciplina del Partido por Zinóviev y Trotski, que estamos examinando? ¿Para qué vuelve Zinóviev a los recuerdos de marzo de 1917, dando de lado la cuestión que se examina? ¿Es que se ha olvidado de sus propios errores, de su lucha contra Lenin y de su plataforma especial contra el Partido de Lenin en agosto, en septiembre, en octubre y en noviembre de 1917? ¿O acaso es que Zinóviev piensa, tal vez, valerse de los recuerdos del pasado para relegar a segundo plano la violación de la disciplina del Partido por Zinóviev y Trotski, que es lo que se está examinando? No, este ardid no le dará resultado a Zinóviev. Segundo. Zinóviev ha citado, además, un párrafo de la carta que le dirigí en el verano de 1923, unos meses antes de la revolución alemana de 1923. No recuerdo la historia de esta carta. No tengo copia de ella y, por eso, no puedo decir con seguridad que Zinóviev la haya citado exactamente. Creo que la escribí a fines de julio o primeros de agosto de 1923. Pero debo decir que esta carta es absolutamente justa desde la primera hasta la última línea. Al citar esta carta, Zinóviev quiere decir, por lo visto, que, en general, yo manifestaba escepticismo ante la revolución alemana de 1923. Eso, naturalmente, es una tontería. En la carta se tocaba, ante todo, el problema de la toma inmediata del Poder por los comunistas. En julio o a comienzos de agosto de 1923 no existía aún en Alemania la honda crisis revolucionaria que pone en pie a las grandes masas, que desenmascara el espíritu de conciliación de la socialdemocracia, que desorganiza por completo a la burguesía y plantea el problema de la toma inmediata del Poder por los comunistas. Como es natural, en la situación de julio y agosto no podía hablarse de la toma inmediata del Poder en Alemania por los comunistas, que, además, contaban sólo con una minoría de la clase obrera. ¿Era justa esta posición? Creo que sí. Era la misma posición que mantenía entonces el Buró Político. La segunda cuestión que se toca en la carta se refiere a la manifestación de los obreros comunistas en el momento en que los fascistas armados trataban de provocar una acción prematura de los comunistas. Yo era partidario entonces de que los comunistas no se dejasen llevar de la provocación. Y no sólo yo: todo el Buró Político compartía este criterio. Pero, dos meses después, la situación en Alemania cambia radicalmente, agudizándose la crisis revolucionaria. Poincaré emprende una ofensiva militar contra Alemania; la crisis financiera en Alemania adquiere proporciones catastróficas; en el gobierno alemán comienza el desmoronamiento y se inicia un verdadero carrusel ministerial; la ola de la revolución va en ascenso, desbaratando a la socialdemocracia; los obreros comienzan a pasarse

en masa de la socialdemocracia a los comunistas; la cuestión de la toma del Poder por los comunistas ya está a la orden del día. En esta situación, yo, lo mismo que otros miembros de la Comisión de la Internacional Comunista, me pronunciaba resuelta y claramente a favor de la toma inmediata del Poder por los comunistas. Es sabido que la Comisión Alemana de la Internacional Comunista, creada entonces y formada por Zinóviev, Bujarin, Stalin, Trotski, Rádek y varios camaradas alemanes, había tomado decisiones concretas de ayuda directa a los camaradas alemanes en la toma del Poder. ¿Existía unanimidad entonces entre los componentes de la Comisión en todos los problemas? No. Entonces las discrepancias giraban en torno a la organización de los Soviets en Alemania. Bujarin y yo afirmábamos que los comités de fábrica no podían sustituir a los Soviets y proponíamos organizar inmediatamente Soviets proletarios en Alemania. Trotski y Rádek, así como varios camaradas alemanes, eran contrarios a la organización de los Soviets, considerando que con los comités de fábrica bastaba para la toma del Poder. Zinóviev vacilaba entre estos dos grupos. Observad, camaradas, que entonces no se trataba de China, donde sólo hay unos pocos millones de proletarios, sino de Alemania, país muy industrial, que contaba entonces con cerca de 15 millones de proletarios. ¿En qué terminaron en aquella ocasión esas discrepancias? En que Zinóviev se pasó al bando de Trotski y Rádek y la cuestión de los Soviets fue resuelta negativamente. Es cierto que Zinóviev reconoció luego esos pecados. Pero esto no elimina el hecho de que Zinóviev estuviese entonces en el flanco derecho, en el flanco oportunista, en uno de los problemas fundamentales de la revolución alemana, y de que Bujarin y Stalin se encontraran en el flanco revolucionario, en el flanco comunista. He aquí lo que dijo después Zinóviev a este respecto: “En la cuestión de los Soviets (en Alemania. J. St.), nosotros cometimos el error de ceder ante Trotski y Rádek. Cada vez que se hacen concesiones en estos problemas, uno se convence de que comete un error. Entonces no se podían crear Soviets obreros, pero esto era la piedra de toque para descubrir si la orientación era socialdemócrata o comunista. No debíamos haber cedido en esta cuestión. La concesión fue un error por nuestra parte. Esto es lo que hay, camaradas, en cuanto a este asunto” (acta taquigráfica de la 5a reunión del Presídium del C.E. de la I.C. con representantes del P.C. de Alemania, celebrada el 19 de enero de 1924, pág. 70). Zinóviev dice en esta cita que “nosotros cometimos un error”. ¿Quiénes son esos “nosotros”? Entonces no había ni podía haber “nosotros” de ninguna clase. El que se equivocó, propiamente hablando, fue Zinóviev, que se pasó al lado de Trotski y Rádek y adoptó la posición errónea de éstos. Tales son los hechos. Más valdría que Zinóviev no recordase la revolución alemana de 1923 y que no se pusiera en vergüenza ante el Pleno, con tanta mayor razón por cuanto que el problema de la revolución alemana, que él ha planteado, no tiene, como veis, ninguna relación con el punto cuarto del orden del día del Pleno, con el punto que estamos discutiendo. La cuestión de China. Según Zinóviev, resulta que Stalin, en su informe ante el XIV Congreso del Partido, identificaba a China con Norteamérica. Eso, naturalmente, es una tontería. En mi informe no hubo ni podía haber ninguna identificación de China con Norteamérica. En realidad, en mi informe únicamente se hablaba del derecho del pueblo chino a la unificación nacional y a la liberación nacional del yugo extranjero. Enfilando los tiros contra la prensa imperialista, yo decía que si los señores imperialistas consideran justa, por lo menos de palabra, la guerra nacional en Italia, la guerra nacional en Norteamérica y la guerra nacional en Alemania por la unificación y por liberarse del yugó extranjero, ¿por qué China ha de ser peor que estos países y por qué el pueblo chino no ha de tener derecho a la unificación y a la liberación nacional? Esto era lo que yo decía en mi informe, sin tocar para nada las perspectivas y las tareas de la revolución china desde el punto de vista del comunismo. ¿Es legítimo este planteamiento del problema en la lucha contra la prensa burguesa? Claro que sí. Zinóviev no comprende esta cosa tan sencilla, pero la culpa la tiene su incomprensión y nadie más. Resulta que Zinóviev considera desacertada la política de convertir el entonces revolucionario Kuomintang de Wu-han en el núcleo de la futura dictadura democrática revolucionaria del proletariado y del campesinado. Cabe preguntar: ¿qué hay en esto de desacertado? ¿No es un hecho, acaso, que, al comienzo de este año, el Kuomintang de Wu-han era revolucionario? ¿Por qué, pues, gritaba Zinóviev que había que “apoyar por todos los medios” al Kuomintang de Wu-han, si éste no era revolucionario? ¿Por qué juraba entonces la oposición que era partidaria de que el Partido Comunista continuara formando parte del Kuomintang de Wu-han, si éste no era entonces revolucionario? ¿Qué valdrían los comunistas que, formando parte del Kuomintang de Wu-han y gozando de influencia en él, no hubiesen intentado arrastrar tras de sí a los compañeros de viaje kuomintanistas y convertir el Kuomintang de Wu-

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han en el núcleo de la dictadura democrática revolucionaria? Yo diría que tales comunistas no valían un comino. Es cierto que esta tentativa no ha tenido éxito, pues los imperialistas y los señores feudales de China han sido, en la presente etapa, más fuertes que la revolución y, por eso, la revolución china ha sufrido una derrota transitoria. Pero ¿acaso hay que deducir de esto que la política del Partido Comunista no fue acertada? En 1905, los comunistas rusos también intentaron transformar los Soviets de entonces en el núcleo de la futura dictadura democrática revolucionaria del proletariado y del campesinado. Pero esa tentativa tampoco tuvo éxito, debido a la desfavorable correlación de las fuerzas de clase, debido a que el zarismo y los señores feudales resultaron ser más fuertes que la revolución. ¿Hay que deducir de esto que la política de los bolcheviques no fue acertada? Claro que no. Zinóviev asegura más adelante que Lenin era partidario de la organización inmediata de Soviets de diputados obreros en China. Para ello, Zinóviev se remite a las tesis de Lenin sobre la cuestión colonial, aprobadas en el II Congreso de la Internacional Comunista. Pero lo que Zinóviev hace en este raso es simplemente desorientar al Partido. Se ha dicho varias veces en la prensa, y hay que repetirlo aquí, que en las tesis de Lenin no se dice ni una palabra de los Soviets de diputados obreros en China. Se ha dicho varias veces en la prensa, y hay que repetirlo aquí, que, en sus tesis, Lenin no se refería a los Soviets de diputados obreros, sino a los “Soviets de campesinos”, a los “Soviets populares”, a los “Soviets de trabajadores”, haciendo, además, la salvedad de que se trata de países “donde no hay o casi no hay proletariado industrial”. ¿Puede incluirse a China en la categoría de los países donde “no hay o casi no hay proletariado industrial”? Es evidente que no. ¿Pueden crearse en China Soviets campesinos, Soviets de trabajadores, Soviets populares sin crear previamente Soviets clasistas de la clase obrera? Es evidente que no. Entonces, ¿por qué engaña la oposición al Partido citando las tesis de Lenin? La cuestión de la tregua. Decía Lenin en 1921, cuando terminó la guerra civil, que teníamos entonces cierta tregua en la guerra, una tregua que había que aprovechar para edificar el socialismo. Zinóviev la toma ahora con Stalin y afirma que éste ha convertido la tregua en un período de tregua, cosa que, según él, contradice la tesis sobre la amenaza de guerra entre la U.R.S.S. y los imperialistas. Ni que decir tiene que esta ocurrencia de Zinóviev es una necedad y una ridiculez. ¿Acaso no es un hecho que no hay conflictos militares entre los imperialistas y la U.R.S.S. desde hace siete años? ¿Puede llamarse este período de siete años período de tregua? Claro que se puede y que hay que llamarlo así. Lenin habló más de una vez del período de la paz de Brest-Litovsk, aunque todo el mundo sabe que este período no duró más de un año. ¿Por qué se puede llamar período al período de un año de la paz de Brest-Litovsk y no se puede llamar período de tregua a un período de tregua de siete años? ¿Cómo se puede entretener al Pleno conjunto del C.C. y de la C.C.C. con una cicatería tan ridícula y tan necia? Sobre la dictadura del Partido. Se ha dicho varias veces en la prensa de nuestro Partido que Zinóviev tergiversa el concepto leninista de la “dictadura” del Partido, identificando la dictadura del proletariado con la dictadura del Partido. Se ha dicho varias veces en la prensa de nuestro Partido que Lenin entendía por “dictadura” del Partido la dirección del Partido respecto a la clase obrera, o sea, no la violencia del Partido sobre la clase obrera, sino la dirección por el convencimiento, por la educación política de la clase obrera, y, concretamente, la dirección por un solo partido, que no comparte ni quiere compartir esa dirección con otros partidos. Esto no lo comprende Zinóviev, que tergiversa el concepto leninista. Y al tergiversar el concepto leninista de la “dictadura” del Partido, Zinóviev, quizá sin él mismo darse cuenta, abre el camino para implantar en el Partido el “arakcheevismo”, para justificar la calumnia de Kautsky contra Lenin acusándole de aplicar “la dictadura del Partido sobre la clase obrera”. ¿Está bien esto? Claro que no está bien. ¿Quién tiene la culpa de que Zinóviev no comprenda estas cosas tan sencillas? Sobre la cultura nacional. Las disquisiciones que se ha permitido aquí Zinóviev acerca de la cultura nacional habría que perpetuarlas para que el Partido sepa que Zinóviev es adversario del desarrollo de la cultura nacional de los pueblos de la U.R.S.S. sobre la base soviética, que es, en la práctica, partidario del colonialismo. Nosotros considerábamos y seguimos considerando que la consigna de la cultura nacional en la época de la dominación de la burguesía en un Estado multinacional es una consigna de la burguesía. ¿Por qué? Porque la consigna de la cultura nacional durante el período de la dominación de la burguesía en semejante Estado significa el sometimiento moral de las masas trabajadoras de todas las nacionalidades a la dirección de la burguesía, a su dominio, a su dictadura. Después de la toma del Poder por el proletariado, nosotros hemos proclamado la consigna de desarrollo de la cultura nacional de los pueblos de la U.R.S.S. sobre la base de los Soviets. ¿Qué significa esto? Esto significa que nosotros adaptamos el desarrollo de la cultura nacional de los pueblos de la U.R.S.S. a los intereses y a las exigencias del socialismo, a los intereses y a las exigencias de la dictadura proletaria,

a los intereses y a las exigencias de los trabajadores de todas las nacionalidades de la U.R.S.S. ¿Significa esto que ahora somos contrarios a la cultura nacional en general? No. Esto significa únicamente que ahora somos partidarios del desarrollo de la cultura nacional de los pueblos de la U.R.S.S., de la lengua, de la escuela, de la prensa nacionales, etc. sobre la base de los Soviets. ¿Y qué significa la salvedad: “sobre la base de los Soviets”? Significa que, por su contenido, la cultura de los pueblos de la U.R.S.S., fomentada por el Poder Soviético, debe ser una cultura común para todos los trabajadores, una cultura socialista, pero, por su forma, no es ni será una cultura igual para todos los pueblos de la U.R.S.S., sino una cultura nacional, una cultura distinta para los diversos pueblos de la U.R.S.S., de acuerdo con las diferencias de idioma y con las peculiaridades nacionales. Ya hablé de esto en mi discurso en la U.C.T.O. hace unos tres años27. En este sentido ha venido actuando siempre nuestro Partido, estimulando el desarrollo de las escuelas soviéticas nacionales, de la prensa soviética nacional y de otras instituciones culturales, la “nacionalización” del aparato del Partido, la “nacionalización” del aparato de los Soviets, etc., etc. Por eso, precisamente, en sus cartas a los camaradas que trabajan en las regiones y repúblicas nacionales, Lenin exhortaba a desarrollar la cultura nacional de estas regiones y repúblicas sobre la base de los Soviets. Precisamente porque después de la toma del Poder por el proletariado hemos seguido siempre este camino, precisamente por eso hemos logrado levantar este edificio internacional, sin precedente en el mundo, que se llama Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Y Zinóviev piensa ahora poner boca abajo todo esto, borrarlo, enterrarlo, declarando la guerra a la cultura nacional. ¡Y a estas divagaciones colonialistas sobre la cuestión nacional es a lo que él llama leninismo! ¿No es ridículo, camaradas? Sobre la edificación del socialismo en un solo país. Zinóviev y la oposición en general (Trotski, Kámenev), no obstante la serie de duras derrotas sufridas en esta cuestión, se aferran una y otra vez a ella, haciendo perder el tiempo al Pleno. Presentan las cosas como si la tesis de la posibilidad de la victoria del socialismo en la U. R.S.S. no fuera una teoría de Lenin, sino una “teoría” de Stalin. No creo que sea preciso demostrar que, con esta afirmación, la oposición intenta engañar al Partido. ¿Acaso no es un hecho que fue precisamente Lenin, y nadie más que Lenin, quien declaró ya en 1915 que la victoria del socialismo era posible en un solo país28? ¿Acaso no es un hecho que fue precisamente Trotski, y nadie más que Trotski, quien hizo precisamente entonces objeciones a lo dicho por Lenin, calificando la declaración de Lenin de “estrechez nacional”? ¿Qué tiene que ver aquí la “teoría” de Stalin? ¿Acaso no es un hecho que fueron precisamente Kámenev y Zinóviev, y nadie más que ellos, quienes marcharon a la zaga de Trotski en 1925 y tildaron de “estrechez nacional” la doctrina de Lenin sobre la posibilidad de la victoria del socialismo en un solo país? ¿Acaso no es un hecho que nuestro Partido, representado por su XIV Conferencia, adoptó una resolución especial sobre la posibilidad de la edificación victoriosa del socialismo en la U.R.S.S.29, a despecho de la teoría semimenchevique de Trotski? ¿Por qué Trotski, Zinóviev y Kámenev soslayan esta resolución de la XIV Conferencia? ¿Acaso no es un hecho que nuestro Partido, representado por su XIV Congreso, ratificó el acuerdo de la XIV Conferencia, y que esa ratificación estaba enfilada contra Kámenev y Zinóviev30? ¿Acaso no es un hecho que la XV Conferencia de nuestro Partido adoptó un acuerdo fundamentado en detalle sobre la posibilidad de la victoria del socialismo en la U.R.S.S.31 y que ese acuerdo estaba enfilado contra el bloque oposicionista y su jefe, Trotski? Acaso no es un hecho que el VII Pleno ampliado del C.E. de la I.C. ha aprobado esta resolución de la XV Conferencia del P.C.(b) de la U.R.S.S., denunciando la desviación socialdemócrata de Trotski, Zinóviev y Kámenev32? Cabe preguntar: ¿qué tiene que ver aquí la “teoría” de Stalin? ¿Acaso Stalin ha exigido alguna vez de la oposición otra cosa que no sea el reconocimiento de la justeza de estos acuerdos de las más altas instancias de nuestro Partido y de la Internacional Comunista? ¿Por qué, si tienen la conciencia limpia, soslayan todos estos hechos los líderes de la oposición? ¿Qué se proponen? ¿Engañar al Partido? Pero ¿acaso es tan difícil comprender que nadie logrará engañar a nuestro Partido Bolchevique? Estas son, camaradas, las cuestiones que Zinóviev ha sacado a relucir para arrojar tierra a los ojos y para velar la cuestión que se discute, aunque, en rigor, no tienen nada que ver con el punto que discutimos de violación de la disciplina del Partido por Trotski y Zinóviev. Pido perdón una vez más por haberos entretenido y haberme dedicado al análisis de estas cuestiones. Pero no he podido por menos de hacerlo, pues no hay otra forma de quitarles a nuestros oposicionistas las ganas de engañar al Partido. Y ahora, camaradas, permitidme que pase de la “defensa” al ataque. La principal desgracia de la oposición consiste en que no puede comprender hasta ahora por qué “ha

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llegado a una vida así”. En efecto, ¿por qué sus líderes, que ayer todavía figuraban entre los líderes del Partido, se han convertido “de pronto” en apostatas? ¿Cómo se explica eso? La oposición se inclina a explicado por motivos de índole personal: Stalin “no ha ayudado», Bujarin “lo ha estropeado”, Rykov “no ha apoyado”, Trotski “se ha descuidado”, a Zinóviev “se le ha pasado”, etc. Pero esta burda “explicación” no es tal explicación ni cosa que se lo parezca. El aislamiento de los actuales líderes de la oposición respecto del Partido no es un hecho de poca importancia. Con mayor razón, no se le puede llamar casualidad. Ese apartamiento de los actuales líderes de la oposición tiene profundas causas. Es evidente que hay algo en que se han descarriado Zinóviev, Trotski y Kámenev, que en algo han pecado gravemente; pues, de lo contrario, el Partido no les habría vuelto la espalda como a unos apostatas. Y yo pregunto: ¿en qué se han descarriado los líderes de la actual oposición?, ¿qué les ha hecho acreedores a “llegar a una vida así”? La primera cuestión fundamental en que se han descarriado es la cuestión del leninismo, es la cuestión de la ideología leninista de nuestro Partido. Se han descarriado al intentar y seguir intentando completar el leninismo con el trotskismo, sustituir, en esencia, el leninismo por el trotskismo. Pero éste es, camaradas, un gravísimo pecado de los líderes de la oposición, que el Partido no podía ni puede perdonarles. Está claro que el Partido no podía seguirles en esta tentativa de desviarse del leninismo al trotskismo, y, por eso, los líderes de la oposición han quedado aislados del Partido. ¿Qué es el actual bloque de los trotskistas con los ex leninistas de la oposición? Su bloque actual es la expresión material de la tentativa de complot al el leninismo con el trotskismo. La palabra “trotskismo” no la he inventado yo. La empleó por vez primera el camarada Lenin como algo opuesto al leninismo. ¿En qué consiste el principal pecado del trotskismo? El principal pecado del trotskismo consiste en que no tiene fe en las fuerzas ni en la capacidad del proletariado de la U.R.S.S. para conducir tras de sí a los campesinos, a las masas fundamentales del campesinado, tanto en la lucha por la consolidación del Poder del proletariado, como, singularmente, en la lucha por la victoria de la edificación socialista en nuestro país. El principal pecado del trotskismo consiste en que no comprende y, en el fondo, no reconoce la idea leninista de la hegemonía del proletariado (respecto al campesinado) en la conquista y consolidación de la dictadura del proletariado, en la edificación de la sociedad socialista en uno u otro país. ¿Conocían estos defectos orgánicos del trotskismo los ex leninistas Zinóviev y Kámenev? Sí, los conocían. Ayer todavía gritaban a los cuatro vientos que una cosa es el leninismo y otra el trotskismo. Ayer todavía gritaban que el trotskismo y el leninismo son incompatibles. Pero, en cuanto han entrado en conflicto con el Partido y se han quedado en minoría, han olvidado todo esto y han virado hacia el trotskismo para luchar juntos contra el Partido leninista, contra su ideología, contra el leninismo. Seguramente, recordaréis nuestras discusiones en el XIV Congreso. ¿Qué discutíamos entonces con la llamada “nueva oposición”? El papel y la importancia del campesino medio, el papel y la importancia de las masas fundamentales del campesinado, la posibilidad de que el proletariado conduzca tras de sí a las masas fundamentales del campesinado en la edificación socialista, pese al atraso técnico de nuestro país. En otras palabras: discutíamos con ellos lo mismo que hace tiempo viene discutiendo nuestro Partido con el trotskismo. Sabéis que el resultado de las discusiones en el XIV Congreso fue deplorable para la “nueva oposición”. Sabéis que, a consecuencia de estas discusiones, la “nueva oposición” se pasó al campo del trotskismo en una cuestión fundamental: la idea leninista de la hegemonía del proletariado en la época de la revolución proletaria. En este terreno surgió, precisamente, el llamado bloque oposicionista de los trotskistas con los ex leninistas de la oposición. ¿Sabía la “nueva oposición” que el V Congreso de la Internacional Comunista había calificado al trotskismo de desviación pequeñoburguesa33? Claro que lo sabía. Más aún: ella misma luchó por que se aprobara la resolución correspondiente en el V Congreso de la Internacional Comunista. ¿Sabía la “nueva oposición” que el leninismo y la desviación pequeñoburguesa son incompatibles? Claro que lo sabía. Más aún: lo proclamaba a los cuatro vientos a la vista de todo el Partido. Ahora juzgad vosotros mismos: ¿podía el Partido no volver la espalda a líderes que queman hoy lo que adoraron ayer, que niegan hoy lo que ayer pedían a Voces que hiciera el Partido, que intentan completar el leninismo con el trotskismo, aunque ayer todavía calificaban semejante tentativa de traición al leninismo? Está claro que el Partido tenía que volver la espalda a tales líderes. Llevada de su afán de ponerlo todo boca abajo, la oposición ha llegado incluso a negar que Trotski perteneciera a los mencheviques en el período anterior a la Revolución de Octubre. No os asombréis, camaradas; la oposición dice sin ambages que, desde 1904, Trotski no fue nunca menchevique. ¿Es así en realidad? Remitámonos a Lenin. He aquí lo que decía Lenin de Trotski en 1914, tres años y medio antes de la Revolución de Octubre: “Los viejos participantes del movimiento marxista en Rusia conocen bien la figura de Trotski y para ellos no vale la pena hablar de ella.

Pero la joven generación obrera no la conoce, y es preciso hablar de ella, porque es una figura típica para los cinco grupitos que hay en el extranjero y que, de hecho, vacilan también entre los liquidadores y el Partido. En los tiempos de la vieja “Iskra” (1901-1903) había un mote para esos vacilantes que se pasaban del campo de los “economistas” al de los “iskristas” y viceversa: los “tránsfugas de Túshino” (nombre que en la Época Turbulenta se aplicaba en Rusia a los guerreros que se pasaban de un campo a otro)... Los “tránsfugas de Túshino” declaran estar por encima de las fracciones por la única razón de que hoy “toman” las ideas de una fracción y mañana las de otra. Trotski era un “Iskrista” furioso en 1901-1903, y Riazánov decía que en el Congreso de 1903 había desempeñado el papel de “garrote de Lenin”. A fines de 1903, Trotski era un menchevique furioso*, es decir, que de los iskristas se había pasado a los “economistas”, proclamando que “hay un abismo entre la vieja y la nueva “Iskra””. En 1904-1905 se aparta de los mencheviques y ocupa una posición vacilante, ora colaborando con Martínov (“economista”), ora proclamando la “revolución permanente”, de un izquierdismo absurdo. En 1906-1907 se acerca a los bolcheviques, y en la primavera de 1907 se declara solidario con Rosa Luxemburgo. En la época de disgregación, después de largas vacilaciones “no fraccionales”, nuevamente se dirige hacia la derecha, y en agosto de 1912 forma bloque con los liquidadores. Ahora vuelve a apartarse de ellos, pero repitiendo, en el fondo, sus mismas ideúchas*. Semejantes tipos son característicos fragmentos de las formaciones históricas del pasado, cuando el movimiento obrero de masas dormía aún en Rusia y cualquier grupito podía presentarse “a sus anchas” como corriente, grupo o fracción, en una palabra, como una “potencia” que habla de unirse con otras. Es preciso que la joven generación obrera sepa bien con quién trata, cuando se presentan con pretensiones inconcebibles personas que no quieren tener en cuenta en absoluto ni las decisiones del Partido, que desde 1908 han definido y fijado la actitud frente al liquidacionismo, ni la experiencia del movimiento obrero contemporáneo en Rusia, que, de hecho, ha creado la unidad de la mayoría sobre la base de un reconocimiento pleno de las decisiones mencionadas” (v. t. XVII, págs. 393-391). Resulta, por lo tanto, que, en el período que siguió a 1903, Trotski estuvo siempre fuera del campo bolchevique, bien pasándose al campo de los mencheviques, o bien apartándose de ellos, pero sin

* Subrayado por mí. J. St. adherirse jamás a los bolcheviques, y que, a partir de 1912, organizó un bloque con los liquidadores mencheviques contra Lenin y su Partido, permaneciendo en un mismo campo con los mencheviques. ¿Qué tiene de sorprendente que semejante “figura” no inspire confianza a nuestro Partido Bolchevique? ¿Qué tiene de sorprendente que el bloque oposicionista; encabezado por esta misma “figura”, se haya visto aislado y apartado del Partido? La segunda cuestión fundamental en que se han descarriado los líderes de la oposición es la de la posibilidad de la victoria del socialismo en un solo país en el período del imperialismo. El error de la oposición consiste en que ha intentado escamotear la doctrina de Lenin de la posibilidad de la victoria del socialismo en un solo país. Ahora no es un secreto para nadie que ya en 1915, dos años antes de la Revolución de Octubre, Lenin, partiendo de la ley de la desigualdad del desarrollo económico y político en las condiciones del imperialismo, proclamó la tesis de que “es posible que la victoria del socialismo empiece por unos cuantos países capitalistas, o incluso por un solo país capitalista” (Lenin, t. XVIII, pág. 232). Ahora no es un secreto para nadie que precisamente Trotski, y nadie más que Trotski, intervino en la prensa aquel mismo año de 1915 contra esta tesis de Lenin, declarando que reconocer la posibilidad del triunfo del socialismo en uno u otro país “significaría ser víctima de esa estrechez nacional* que constituye la esencia del social- patriotismo” (Trotski, “1917”, t. III, parte 1, págs. 89- 90). Tampoco es un secreto el hecho, público y notorio, de que posteriormente esta polémica entre Lenin y Trotski no cesó, en realidad, ni aun en 1923, cuando apareció el último folleto de Lenin “Sobre la cooperación”34, en el que se afirma una y otra vez la posibilidad de edificar la “sociedad socialista completa” en nuestro país. ¿Qué cambios se han operado, después de la muerte de Lenin, en la historia de nuestro Partido en relación con este asunto? En 1925, en la XIV Conferencia de nuestro Partido, Kámenev y Zinóviev, tras una serie de vacilaciones, reconocieron la doctrina de Lenin de la posibilidad del triunfo del socialismo en un solo país y, lo mismo que todo el Partido, se desolidarizaron del trotskismo en esta cuestión. Y varios meses después, en vísperas del XIV Congreso, cuando quedaron en minoría en la lucha contra el Partido y se vieron obligados a formar un bloque con Trotski, viraron “de repente” hacia el trotskismo, rompiendo con la resolución de la XIV Conferencia de nuestro Partido y apartándose de la doctrina leninista de la posibilidad del triunfo del

* Subrayado por mí. J. St.

Pleno conjunto del Comité Central y de la Comisión Central de Control del P.C.(b) de la U.R.S.S.

socialismo en un solo país. El resultado de ello ha sido que las habladurías semimencheviques de Trotski acerca de la estrechez nacional de la teoría de Lenin se convierten en la cortina con que la oposición trata de ocultar su trabajo de liquidación del leninismo en el problema de la edificación socialista. Cabe preguntar: ¿qué tiene de sorprendente que el Partido, educado y forjado en el espíritu del leninismo, haya considerado necesario, después de todo esto, volver la espalda a semejantes liquidadores y que los líderes de la oposición se vean aislados del Partido? La tercera cuestión fundamental en la que se han descarriado los líderes de la oposición es la de nuestro Partido, la cuestión de su carácter monolítico, de su unidad férrea. El leninismo enseña que el Partido del proletariado debe ser un partido unido y monolítico, sin fracciones, sin centros fraccionales, con un centro único del Partido, con una voluntad única. El leninismo enseña que los intereses del Partido proletario exigen un examen consciente de las cuestiones de la política del Partido, una actitud consciente de las masas del Partido hacia la línea de dirección del Partido, la crítica de los defectos del Partido, la crítica de sus errores. Pero el leninismo exige, además, que las decisiones del Partido, una vez adoptadas y aprobadas por sus organismos dirigentes, sean cumplidas incondicionalmente por todos los miembros del Partido. El trotskismo mira las cosas de otro modo. Para el trotskismo, el Partido es una especie de federación de grupos fraccionales con distintos centros fraccionales. El trotskismo no transige con la disciplina proletaria del Partido. El trotskismo no tolera el régimen proletario en el Partido. El trotskismo no comprende que sin una disciplina férrea en el Partido es imposible ejercer la dictadura del proletariado. ¿Conocían estos defectos orgánicos del trotskismo los ex leninistas de la oposición? Claro que sí. Más aún: gritaban a los cuatro vientos que el “esquema de organización” del trotskismo era incompatible con los principios de organización del leninismo. El hecho de que, en su declaración del 16 de octubre de 1926, la oposición se retractase del concepto del Partido como federación de grupos, confirma una vez más que la oposición cojeaba y sigue cojeando de los dos pies en este terreno. Pero esta retractación era verbal, no era sincera. En la práctica, los trotskistas jamás han abandonado sus intentos de imponer a nuestro Partido la línea de organización trotskista, y Zinóviev y Kámenev les ayudan en esta innoble empresa. Bastó que Zinóviev y Kámenev quedasen en minoría en su lucha contra el Partido, para que se volvieran hacia el plan de organización trotskista, plan semimenchevique, y proclamasen con los trotskistas la lucha contra el régimen proletario en el Partido como consigna del día. ¿Qué tiene de sorprendente que nuestro Partido no haya estimado posible enterrar los principios de organización del leninismo y haya arrojado lejos de sí a los actuales líderes de la oposición? Esas son, camaradas, las tres cuestiones fundamentales en las que se han descarriado los actuales líderes de la oposición, rompiendo con el leninismo. Después de esto, ¿cabe asombrarse de que el Partido leninista haya roto, a su vez, con estos líderes? Pero, desgraciadamente, la oposición no se ha detenido aquí en su caída. Esta ha continuado, llevando a la oposición a un extremo que no puede rebasar sin correr el riesgo de verse fuera del Partido. Juzgad vosotros mismos. Hasta ahora era difícil suponer que la oposición, por muy bajo que hubiese caído, vacilara en la cuestión de la defensa incondicional de nuestro país. Pero ahora no sólo se debe suponer, sino afirmar que la actitud de los actuales líderes de la oposición es una actitud derrotista. ¿De qué otro modo puede comprenderse la tesis estúpida y absurda de Trotski acerca del experimento clemansoniano en caso de una nueva guerra contra la U.R.S.S.? ¿Puede caber duda de que esto es un indicio de que la oposición sigue rodando por la pendiente? Hasta ahora era difícil suponer que la oposición llegase algún día a lanzar contra nuestro Partido la acusación estúpida y absurda de termidorismo. En 1925, cuando Zalutski habló por primera vez de tendencias termidorianas en nuestro Partido, los actuales líderes de la oposición se desolidarizaron categóricamente de él. Pero ahora, la oposición ha caído hasta el punto de ir más lejos que Zalutski, acusando al Partido de termidorismo. Lo único que no comprendo es cómo pueden permanecer en nuestro Partido hombres que afirman que el Partido se ha hecho termidoriano. Hasta ahora, la oposición se esforzaba “únicamente” por organizar agrupaciones fraccionales en las secciones de la Internacional Comunista. Pero ahora ha llegado al extremo de organizar, a la vista de todos, un nuevo partido en Alemania, el partido de los aventureros contrarrevolucionarios Maslow y Ruth Fischer, en contraposición al Partido Comunista Alemán que existe allí. Pero esta actitud es de franca escisión de la Internacional Comunista. De las agrupaciones fraccionales en las secciones de la Internacional Comunista a la escisión de la Internacional Comunista: tal es la trayectoria que han seguido en su caída los líderes de la oposición. Es sintomático que Zinóviev no haya negado en su discurso que existe escisión en Alemania. Y que ese mismo partido anticomunista ha sido organizado

por nuestra oposición, se ve aunque sólo sea por el hecho de que los artículos y discursos antipartido de los líderes de nuestra oposición son impresos y difundidos en folletos por Maslow y Ruth Fischer. (Una voz: “¡Qué vergüenza!”.) ¿Y qué significa que el bloque oposicionista haya lanzado a Vuióvich en nuestra prensa para defender políticamente a este segundo partido en Alemania, al partido de Maslow y Ruth Fischer? Esto significa que nuestra oposición apoya públicamente a Maslow y a Ruth Fischer, que los apoya contra la Internacional Comunista, contra sus secciones proletarias. Pero esto ha dejado de ser ya simple fraccionalismo, camaradas. Esta es una política de abierta escisión de la Internacional Comunista. (Voces: “¡Bien dicho!”.) Antes, la oposición quería lograr la libertad de grupos fraccionales en nuestro Partido. Ahora eso le parece poco. Ahora emprende el camino de la escisión directa, creando un nuevo partido en la U.R.S.S., con su C.C. y con sus organizaciones locales. De la política fraccionalista a la política de la escisión directa, a la política de la creación de un nuevo partido, a la política del “ossovskismo”35: hasta ahí han rodado los líderes de nuestra oposición. Tales son los principales jalones de la caída progresiva de la oposición por la pendiente de su apartamiento del Partido y de la Internacional Comunista, por la pendiente de la política de escisión en la Internacional Comunista y en el P.C.(b) de la U.R.S.S. ¿Se puede seguir tolerando esta situación? Está claro que no. No puede permitirse la política de escisión ni en la Internacional Comunista ni en el P.C.(b) de la U.R.S.S. Este mal hay que extirparlo de raíz inmediatamente, si nos son caros los intereses del Partido y de la Internacional Comunista, los intereses de su unidad. Estas son las circunstancias que han obligado al C.C. a plantear la expulsión de Trotski y Zinóviev del Comité Central. Preguntaréis: ¿dónde está la salida? La oposición se ha metido en un atolladero. La tarea consiste en hacer la última tentativa y ayudar a la oposición a salir de ese atolladero. Lo que ha propuesto aquí el camarada Ordzhonikidze en nombre de la C.C.C. es el procedimiento y, a la vez, el máximo de concesiones a que podría acceder el Partido para facilitar la paz en él. En primer lugar, la oposición debe abandonar resuelta e irrevocablemente las habladurías acerca del “termidorismo” y la absurda consigna del experimento clemansoniano. La oposición debe comprender que, con semejantes puntos de vista y con semejantes tendencias, no se puede defender nuestro país ahora, cuando la amenaza de guerra se cierne sobre él. La oposición debe comprender que, con semejantes puntos de vista y con semejantes tendencias, no se puede continuar en el Comité Central de nuestro Partido. (Voces: “¡Muy bien!”.) En segundo lugar, la oposición debe condenar abiertamente y sin reservas al grupo antileninista escisionista de Maslow y Ruth Fischer en Alemania, rompiendo toda ligazón con él. No se puede seguir tolerando el apoyo a la política de escisión en la Internacional Comunista. (Voces: “¡Muy bien!”.). No se puede defender la U.R.S.S. apoyando la escisión en la Internacional Comunista y desorganizando las secciones de la I.C. En tercer lugar, la oposición debe abandonar resuelta e irrevocablemente todo fraccionalismo y todos los caminos que conducen a la creación de un nuevo partido dentro del P.C.(b) de la U.R.S.S. La política de escisión no debe ser permitida en nuestro Partido ni dos meses ni dos horas antes del Congreso de nuestro Partido. (Voces: “¡Muy bien!”.) Esas son, camaradas, las tres condiciones fundamentales sin cuya aceptación no podemos consentir que Trotski y Zinóviev continúen en el C.C. de nuestro Partido. Dirán que son represalias. Sí, son represalias. En el arsenal de nuestro Partido nunca se han considerado excluidas las represalias. Obramos así basándonos en la conocida resolución del X Congreso de nuestro Partido, en la resolución escrita y defendida en el X Congreso por el camarada Lenin36. He aquí los puntos 6 y 7 de esta resolución: Punto 6: “El Congreso prescribe disolver inmediatamente todos los grupos, sin excepción, que se hayan formado sobre la base de una u otra plataforma y encomienda a todas las organizaciones que velen con el mayor rigor para impedir manifestaciones fraccionalistas de cualquier género. El incumplimiento de esta disposición del Congreso acarreará la expulsión incondicional e inmediata del Partido”. Punto 7: “A fin de mantener una rigurosa disciplina en el seno del Partido y en toda la labor de los organismos soviéticos y para conseguir la máxima unidad, eliminando todo fraccionalismo, el Congreso faculta al C.C., en el caso (en los casos) de infracción de la disciplina o de renacimiento o tolerancia del fraccionalismo, a adoptar todas las medidas de sanción de Partido, comprendida la expulsión; en cuanto a los miembros del C.C., éste podrá pasarlos a la categoría de miembros suplentes e incluso, como medida extrema, expulsarlos del Partido. Es condición para aplicar (a los miembros del C.C., a los miembros suplentes del C.C. y a los miembros de la Comisión de Control) esta medida extrema la convocatoria del Pleno del C.C., al que deben ser invitados todos los miembros suplentes del mismo y todos los miembros de la Comisión de Control. Si esta asamblea general de los dirigentes más responsables del Partido estima, por dos tercios de los votos, necesario pasar a un miembro

Pleno conjunto del Comité Central y de la Comisión Central de Control del P.C.(b) de la U.R.S.S.

del C.C. a miembro suplente o expulsarlo del Partido, esa medida debe ser aplicada inmediatamente”. Voces: Eso es lo que hay que hacer ahora mismo. Stalin: Aguardad, camaradas, no os precipitéis. Esto lo escribió y nos legó Lenin, pues sabía lo que es la férrea disciplina del Partido, lo que es la dictadura del proletariado, sabía que la dictadura del proletariado se ejerce a través del Partido, que sin el Partido, unido y monolítico, es imposible la dictadura del proletariado. Tales son las condiciones sin cuya aceptación es imposible que Trolski y Zinóviev continúen en el C.C. de nuestro Partido. Si la oposición acepta estas condiciones, bien está. Si no las acepta, tanto peor para ella. (Aplausos.)

A propósito de la “declaración” de la oposición, del 8 de agosto de 1927, discurso del 9 de agosto. Camaradas: Lo que nos propone la oposición no puede considerarse como la paz en el Partido. No hay que hacerse ilusiones. Lo que nos propone la oposición es un armisticio temporal. (Una voz: “¡Ni siquiera temporal!”.) Es un armisticio temporal que puede ser, en determinadas condiciones, cierto paso adelante, pero que también puede no serlo. Esto hay que recordarlo de una vez para siempre. Tanto en el caso de que la oposición haga nuevas concesiones como en el caso de que no las haga, hay que recordarlo. Para el Partido es un paso adelante el que, en las tres cuestiones que hemos planteado, la oposición haya retrocedido en cierto modo. En cierto modo. Pero ha retrocedido con unas reservas que pueden abonar el terreno para una lucha futura más enconada aún. (Voces: “¡Cierto!”. “¡Eso es cierto!”.) La cuestión de la defensa de la U.R.S.S. es lo fundamental para nosotros, teniendo en cuenta que existe una amenaza de guerra. La oposición afirma en su declaración que es partidaria de la defensa incondicional y sin reservas de la U.R.S.S., pero se niega a condenar la conocida fórmula, la conocida consigna de Trotski acerca de Clemenceau. Trotski debe tener la valentía de reconocer las cosas tal como son. Creo que el Pleno del C.C. y de la C.C.C. es unánime en considerar que un hombre que en su fuero interno, en la práctica, y no sólo de palabra, sea partidario de la defensa incondicional de nuestro país no escribirá lo que ha escrito Trotski en su carta a la C.C.C., dirigida a nombre del camarada Ordzhonikidze. Creo que todo el Pleno del C.C. y de la C.C.C. está convencido de que esta consigna, esta fórmula sobre Clemenceau dada por Trotski, sólo puede hacer dudar de la sinceridad de Trotski en lo tocante a la defensa de la U.R.S.S. Más aún: esta fórmula da la impresión de que Trotski mantiene una actitud negativa en las cuestiones de la defensa incondicional de nuestro país. (Voces: “¡Cierto, absolutamente cierto!”.) Creo que todo el Pleno del C.C. y de la C.C.C. está profundamente convencido de que Trotski, al dar esta consigna, esta fórmula acerca de Clemenceau, ponía como condición para la defensa de la U.R.S.S. el conocido punto que prevé sustituir la dirección de nuestro Partido y la dirección del Poder Soviético. Sólo los ciegos pueden no verlo. Si a Trotski le falta el valor, un valor elemental, para reconocer su error, la culpa sólo será suya. Si la oposición no condena en su documento este error de Trotski, eso quiere decir que desea guardar en sus manos un arma de reserva para futuros ataques contra el Partido en lo referente a la defensa del país, contra la línea seguida por el Partido. Eso quiere decir que guarda en sus manos cierta reserva de armas para ponerla en juego. Por eso, en este punto fundamental, la oposición no accede a la paz, sino a un armisticio temporal con una salvedad que puede enconar aun más la lucha en el futuro. (Una voz: “No necesitamos un armisticio, necesitamos la paz”.) No, camaradas, os equivocáis; necesita más un armisticio. Si hacen falta ejemplos, lo mejor será que tomemos el del Osip gogoliano, que decía: “¿Una soguita? Pues venga, que también la soguita será útil”. Valdrá más que obremos como el Osip gogoliano. No somos tan ricos en recursos ni tan fuertes como para menospreciar la soguita. No debemos despreciar ni siquiera una soguita. Pensadlo bien y comprenderéis que en nuestro arsenal también debe haber una soguita. En la segunda cuestión, la que se refiere al termidor, es indudable que la oposición ha emprendido cierta retirada en comparación con lo que decía antes; después de una retirada así no se puede seguir haciendo (si se es lógico, claro está) la estúpida agitación acerca de la “degeneración termidoriana” del Partido a que venían entregándose algunos miembros de la oposición y, singularmente, algunos semimencheviques. Pero la oposición hace esta concesión seguida de una salvedad que puede impedir en el futuro todo armisticio y toda paz. Dicen que ciertos elementos del país tienen tendencias restauradoras, tendencias termidorianas. Pero eso nadie lo ha negado nunca. Mientras existan clases antagónicas, mientras no sean liquidadas las clases, habrá siempre, como es natural, tentativas de restaurar el antiguo régimen. Pero nuestra discusión no ha girado en torno a esta cuestión. Lo que se discute es que la oposición, en sus documentos, lanza ataques contra el C.C, -y, por consiguiente, contra el Partido-, acusándolo de termidorismo. No se puede separar del Partido el C.C. No se puede, y sería absurdo. Sólo gentes

adversas al Partido, sólo gentes que no han comprendido las premisas elementales básicas de la estructuración orgánica realizada por Lenin pueden suponer que es posible separar del Partido el C.C., y menos aún nuestro C.C. Pero la oposición acompaña sus concesiones de las salvedades que he dicho. Y estas salvedades ponen en manos de la oposición ciertas armas de reserva que, llegada la ocasión, utilizará para nuevos ataques contra el Partido. Es ridículo, naturalmente, hablar de termidorismo del C.C. Diré más: es estúpido. Creo que la propia oposición no da crédito a esa estupidez, pero la necesita como espantajo; porque si la oposición diera crédito a esa estupidez, tendría, como es natural, que declarar una guerra abierta a nuestro Partido y a nuestro C.C., y, sin embargo, asegura que quiere la paz en el Partido. Ahí tenéis, pues, por lo que al segundo punto se refiere, otra arma de reserva en manos de la oposición, para llevar a cabo más tarde un nuevo ataque contra el C.C. Esto también hay que tenerlo presente en todas las circunstancias, camaradas. De todos modos, apartemos o no del C.C. a los líderes de la oposición, les quedará en las manos esta arma de reserva en la cuestión fundamental del termidor, y el Partido debe adoptar ahora mismo todas las medidas precisas para liquidar a la oposición si ésta recurre de nuevo a dicha arma antipartido. La tercera cuestión se refiere a la escisión en el Partido Comunista de Alemania, al grupo antileninista y escisionista de Ruth Fischer y Maslow. Ayer, en la Comisión, tuvimos una conversación insólita. Con un gran esfuerzo, con un esfuerzo muy grande, después de varios discursos, los oposicionistas tuvieron el valor de decir que, acatando la decisión de la Internacional Comunista - no por convicción, sino acatando la decisión de la Internacional Comunista-, están de acuerdo en reconocer que es inadmisible la ligazón orgánica con ese grupo antipartido. Yo propuse: “...la ligazón orgánica y el apoyo a ese grupo”. Trotski dijo: “Eso no, eso no lo podemos aceptar; la Internacional Comunista tomó una decisión injusta cuando los expulsó; yo trataré de que sean readmitidos en el Partido Ruth Fischer y Maslow”. ¿Qué quiere decir esto? Juzgad vosotros mismos. ¡Hasta qué punto han perdido algunos la noción más elemental de lo que es el Partido! Hoy, por ejemplo, el P.C.(b) de la U.R.S.S. expulsa del Partido a Miásnikov, cuya conducta antipartido todos conocéis. Mañana llega Trotski y dice: “No puedo dejar de apoyar a Miásnikov, porque la decisión del C.C. es injusta; pero estoy dispuesto a romper el contacto orgánico con él, como me habéis ordenado”. Mañana se expulsa al grupo de la “verdad obrera”37, cuya actitud antipartido también conocéis. Trotski llega y declara: “Yo no puedo dejar de apoyar a este grupo antipartido, porque lo habéis expulsado injustamente”. Pasado mañana el C.C. expulsa a Ossovski, porque es un enemigo del Partido, como sabéis perfectamente. Trotski nos declara que no es justa esta expulsión y que no puede dejar de apoyar a Ossovski. Pero si el Partido, si la Internacional Comunista, después de examinar detalladamente el asunto de ciertas personas, incluyendo a Ruth Fischer y a Maslow, si estas altas instancias del proletariado resuelven que hay que expulsar a tales individuos, y Trotski, a pesar de ello, no desiste de seguir apoyando a los expulsados, ¿qué resulta entonces? ¿Dónde está nuestro Partido? ¿Dónde está la Internacional Comunista? ¿Existen o no? Resulta que para Trotski no existe el Partido ni la Internacional Comunista; existe únicamente la opinión personal de Trotski. ¿Pero qué sucederá si los demás miembros del Partido comienzan a querer obrar como Trotski? Está claro que este guerrillerismo, este caudillaje sólo puede conducir a la destrucción del Partido como tal. El Partido dejará de existir, pero existirán las opiniones personales de distintos cabecillas. Eso es lo que no quiere comprender Trotski. ¿Por qué la oposición no ha accedido a dejar de apoyar al grupo anticomunista de Maslow y Ruth Fischer? ¿Por qué los líderes de la oposición no han aceptado nuestra enmienda a este respecto? Porque quieren conservar en su poder la tercera arma de reserva para atacar a la Internacional Comunista. Esto también hay que tenerlo en cuenta. De todos modos, lo mismo si llegamos a un acuerdo con ellos o no, lo mismo si son apartados del C.C. que si no lo son, conservan en su poder esta arma de reserva para atacar en el futuro a la Internacional Comunista. La cuarta cuestión atañe a la disolución de las fracciones. Nosotros proponemos que se diga honrada y francamente: “se declara disuelta incondicionalmente la fracción”. Los líderes de la oposición se niegan a decir esto. Y, en su lugar, dicen: “liquidar los elementos de fraccionalismo”, pero añaden: “los elementos de fraccionalismo formados sobre la base del régimen interior del Partido”. Ahí tenéis la cuarta salvedad. Es también un arma de reserva contra nuestro Partido y su unidad. ¿Qué han querido decir los oposicionistas al no aceptar la fórmula que propone la disolución inmediata de la fracción que tienen formada, de esa fracción que en estos días se dispone a convocar su propia conferencia ilegal, aquí, en Moscú? Eso significa que quieren reservarse el derecho a seguir organizando manifestaciones en la estación,

Pleno conjunto del Comité Central y de la Comisión Central de Control del P.C.(b) de la U.R.S.S.

pretextando que el régimen tiene la culpa, que ellos se han visto obligados a organizar otra manifestación. Eso significa que quieren reservarse el derecho a seguir atacando al Partido, pretextando que el régimen los obliga a atacar. Ahí tenéis otra arma más que se reservan. El Pleno conjunto del C.C. y de la C.C.C. debe saber y tener presente todo esto.

J. Stalin. “Sobre la oposición”. Artículos y discursos de los años 1921 a 1927. Moscú- Leningrado, 1928.