Letter to N.S. Alliluyeva, June 21, 1930
Письмо Н.С. Аллилуевой 21 июня 1930 года
Resumen de la discusión en torno al informe político del C.C. ante el XVI CONGRESO del P.C. (b) de la U.R.S.S
Letter to N.S. Alliluyeva, June 21, 1930
Source: Tom 17
Tatka!
Write something. Be sure to write and send it through the NKID channel, addressed to Tovstukha (at the CC). How was your journey, what have you seen, have you been to the doctors, what is the doctors' opinion about your health, and so on -- write.
We will open the Congress on the 26th. Things are going quite well for us.
It is very dull here, Tatochka. I sit at home alone, like an owl. I have not gone to the countryside yet -- too much work. I have finished my own task. I plan to go out to the countryside to see the children tomorrow or the day after.
Well, goodbye. Don't stay away too long, come back soon.
Ki-ss-es
Yours,
Iosif.
Source: Iosif Stalin in the Embrace of His Family. From the Personal Archive. P. 29.
AP RF. F. 45. Op. 1. D. 1550. L. 30.
NOTE
This refers to Alliluyeva's trip in June-August 1930 to Karlsbad and then to visit her brother Pavel in Berlin. Concerning this, V.F. Alliluyev (nephew of N.S. Alliluyeva) writes: "Nadezhda was developing a serious illness -- ossification of the cranial sutures. The illness began to progress, accompanied by depression and attacks of headache. All this had a noticeable effect on her mental state. She even went to Germany for a consultation with leading German neurologists. This trip was arranged for her by Pavel Sergeyevich, who was working at the time as trade representative in Germany. The doctors prescribed complete rest for her and forbade her to engage in any work" (Alliluyev V.F. The Alliluyevs -- Stalin: Chronicle of a Family. Moscow, 2002. P. 30).
Том 17
Письмо Н.С. Аллилуевой 21 июня 1930 года
Татька!
Напиши что-нибудь. Обязательно напиши и пошли по линии НКИД на имя Товстухи (в ЦК). Как доехала, что видела, была ли у врачей, каково мнение врачей о твоем здоровье и т. д. — напиши.
Съезд откроем 26-го. Дела идут у нас неплохо.
Очень скучно здесь, Таточка. Сижу дома один, как сыч. За город еще не ездил, — дела. Свою работу кончил. Думаю поехать за город к ребяткам завтра — послезавтра.
Ну, до свидания. Не задерживайся долго, приезжай поскорее.
Це-лу-ю
Твой
Иосиф
.
Иосиф Сталин в объятиях семьи. Из личного архива. С. 29
АП РФ Ф. 45, Оп. 1. Д. 1550. Л. 30.
ПРИМЕЧАНИЕ
Речь идет о поездке Аллилуевой в июне — августе 1930 года в Карлсбад и затем к брату Павлу в Берлин. По этому поводу В.Ф. Аллилуев (племянник Н.С. Аллилуевой) пишет: “У Надежды развивалась тяжелая болезнь — окостенение черепных швов. Болезнь стала прогрессировать, сопровождаясь депрессиями и приступами головной боли. Все это заметно сказывалось на ее психическом состоянии. Она даже ездила в Германию на консультацию с ведущими немецкими невропатологами. Эту поездку ей устроил Павел Сергеевич, работавший в то время торгпредом в Германии. Врачи прописали ей полный покой и запретили заниматься какой-либо работой” (
Аллилуев В.Ф
. Аллилуевы — Сталин: хроника одной семьи. М., 2002. С. 30).
2 de julio de 1930. Camaradas: Después de los debates en torno al informe del C.C., después de todo lo ocurrido en el Congreso con motivo de las intervenciones de los ex líderes de la oposición de derecha, es poco lo que me queda por decir en el resumen de la discusión. He dicho en mi informe que el XVI Congreso del Partido es uno de los pocos congresos en la historia de nuestro Partido en el que no hay una oposición definida, capaz de presentar su propia línea y de oponerla a la línea del Partido. Y así ha sido, como veis, en realidad. En nuestro Congreso, en el XVI Congreso del Partido, no ha habido, no ya una oposición definida, sino ni siquiera un grupito o unos u otros camaradas que se hayan creído con derecho para subir a la tribuna y decir que la línea del Partido es desacertada. Está claro que la línea de nuestro Partido es la única acertada, tan evidente e indiscutiblemente acertada, que incluso los ex líderes de la oposición de derecha han considerado necesario subrayar sin vacilaciones, en sus discursos, este carácter acertado de toda la política del Partido. Es lógico que, después de todo esto, sea innecesario hablar extensamente del carácter acertado de las consideraciones desarrolladas en el informe. No hay necesidad, porque la línea del Partido, en vista de su notoria justeza, no requiere, por lo tanto, de más defensa en este Congreso. Y si, a pesar de todo, no he desistido de resumir la discusión, es porque no considero superfluo responder brevemente a algunas notas que han hecho llegar los camaradas a la presidencia del Congreso y luego decir unas palabras a propósito de las intervenciones de los ex líderes de la oposición de derecha. La mayor parte de las notas concierne a algunas cuestiones secundarias: por qué en los informes no se ha mencionado la cría caballar y si no se puede mencionarla en el resumen de la discusión (risas); por qué en los informes no se ha mencionado la construcción de viviendas y si se puede decir algo de ella en el resumen de la discusión; por qué en los informes no se ha dicho nada de la electrificación de la agricultura y si se puede decir algo de ella en el resumen de la discusión. Y otras preguntas por el estilo. Debo decir a todos estos camaradas que no he podido referirme en mi informe a todas las cuestiones de la economía nacional. Y no sólo no he podido, sino que tampoco estaba autorizado para ello, ya que no debía invadir el terreno de los informes de los camaradas Kúibishev y Yákovlev, encargados de daros cuenta de los problemas concretos de la industria y de la agricultura. En efecto, si en el informe del C.C. se trata de todas las cuestiones, ¿de qué deben, entonces, hablar los ponentes en sus informes relativos a la industria, a la agricultura, etc.? (Voces: “¡Cierto!”.) Ahora bien, acerca de la nota de la electrificación de la agricultura debo decir que su autor comete algunos errores. Asegura que “hemos llegado” a la electrificación de la agricultura, que el Comisariado del Pueblo de Agricultura impide el desarrollo de esta tarea, que Lenin pensaba de otro modo en este asunto, etc. Todo esto es falso, camaradas. No se puede decir que “hemos llegado” a la electrificación de la agricultura. Si, en realidad, hubiéramos llegado a la electrificación de la agricultura tendríamos ya ahora diez o quince distritos con la producción agrícola electrificada. Pero vosotros sabéis perfectamente que por ahora no existe nada de eso. Todo lo que puede decirse en este momento de la electrificación de la agricultura es que se encuentra en la fase de elaboración experimental. Lenin consideraba así este asunto al estimular las pruebas de electrificación de la agricultura. Algunos camaradas creen que la época del tractor ha caducado ya, que llegado el momento de pasar del tractor a la electrificación de la agricultura. Eso es, por supuesto, una fantasía. Hay que volver a la realidad a esos camaradas. El Comisariado del Pueblo de Agricultura procede con ellos precisamente de este modo. Por consiguiente, no se puede estimar fundado el descontento que por el Comisariado del Pueblo de Agricultura manifiesta el autor de la nota. Otro grupo de notas se refiere a la cuestión nacional. Una de ellas, que yo considero la más interesante, compara la forma como trato el problema de los idiomas nacionales en mi informe ante el XVI Congreso y la interpretación que le doy en mi conferencia en la Universidad de los Pueblos del
Oriente en 19252, y asegura que hay cierta confusión que debe ser esclarecida. “Usted -dice la nota- se opuso entonces a la teoría (de Kautsky) de la extinción de los idiomas nacionales y de formación de un idioma común en el período del socialismo (en un solo país), y ahora, en su informe en el XVI Congreso, dice que los comunistas son partidarios de la fusión de las culturas nacionales y de los idiomas nacionales en una cultura común con un idioma común (en el período del triunfo del socialismo en el plano mundial). ¿No es esto algo confuso?” Yo creo que esto no es confuso y que en ello no hay nada de contradictorio. En mi conferencia de 1925 me opuse a la teoría nacional-chovinista de Kautsky, según la cual la victoria de la revolución proletaria a mediados del siglo pasado en el Estado austro-alemán unificado habría conducido a la fusión de las naciones en una nación alemana común con un idioma alemán común y a la germanización de los checos. Yo combatí esta teoría por ser antimarxista, antileninista, y cité hechos de la vida de nuestro país después del triunfo del socialismo en la U.R.S.S. que refutan esa teoría. Y también ahora me opongo a esa teoría, como puede verse por mi informe ante el XVI Congreso. Me opongo, porque la teoría de la fusión de todas las naciones, por ejemplo, de la U.R.S.S. en una nación gran rusa común con un idioma gran ruso común, es una teoría nacionalchovinista, una teoría antileninista en pugna con una tesis fundamental del leninismo, según la cual las diferencias nacionales no pueden desaparecer en un período inmediato, deben subsistir aún largo tiempo incluso después de la victoria de la revolución proletaria en el plano mundial. En cuanto a una perspectiva más lejana de las culturas nacionales y de los idiomas nacionales, siempre me he atenido a la opinión leninista -y continúo sustentándola- de que en el período del triunfo del socialismo en el plano mundial, cuando el socialismo se fortalezca y tome carta de naturaleza en la vida, los idiomas nacionales deberán fundirse ineluctablemente en un idioma común, que, por supuesto, no será ni el gran ruso, ni el alemán, sino algo nuevo. Así lo he dicho también con toda claridad en mi informe ante el XVI Congreso. ¿Qué tiene esto de confuso y qué exige, en rigor, ser esclarecido? Al parecer, los autores de la nota no han comprendido del todo, por lo menos, dos cosas. No han comprendido, en primer lugar, que en la U.R.S.S. ya hemos entrado en el período del socialismo, siendo de notar que, a pesar de haber entrado en este período, las naciones, lejos de extinguirse, se desarrollan y prosperan. ¿Hemos entrado ya, efectivamente, en el período del socialismo? Por lo general, al período que vivimos se le llama período de transición del capitalismo al socialismo. Se le llamaba período de transición en 1918, cuando Lenin, en su famoso artículo “Acerca del infantilismo de “izquierda” y del espíritu pequeñoburgués”3 caracterizó por primera vez este período con sus cinco tipos de economía. Se llama período de transición hoy, en 1930, cuando algunos de esos tipos, como envejecidos, se van a pique y uno de ellos, a saber, el nuevo tipo en la esfera de la industria y de la agricultura, crece y se desarrolla con insólita celeridad. ¿Puede decirse que estos dos períodos de transición son idénticos, que no se diferencian radicalmente? Está claro que no puede decirse. ¿Qué situación teníamos en 1918 en la esfera de la economía nacional? Una industria destruida y los obreros dedicados a hacer encendedores, la ausencia de koljóses y sovjóses como fenómeno generalizado, el crecimiento de una “nueva” burguesía en la ciudad y de los kulaks en el campo. ¿Qué tenemos ahora? La industria socialista restablecida y en vías de reestructuración, un sistema desarrollado de sovjóses y koljóses con más de un 40% del área de siembra en toda la U.R.S.S., contando únicamente los cereales tremesinos, la “nueva” burguesía extinguiéndose en la ciudad, los kulaks extinguiéndose en el campo. Aquel era un período de transición. Este es también un período de transición. Y pese a todo, difieren radicalmente entre sí, difieren como el cielo de la tierra. Y pese a todo, nadie puede negar que nos hallamos en los umbrales de la liquidación de la última clase capitalista importante, la clase de los kulaks. Está claro que hemos salido ya del período de transición en su viejo sentido y hemos entrado en el período de edificación socialista directa y desplegada en todo el frente. Está claro que hemos entrado ya en el período del socialismo, puesto que el sector socialista tiene en sus manos todas las palancas de la economía, aunque estamos todavía lejos de la edificación completa de la sociedad socialista y de la desaparición de las diferencias de clase. Y, con todo, los idiomas nacionales ni se extinguen ni se funden en un solo idioma, sino que, por el contrario, las culturas nacionales y los idiomas nacionales se desarrollan y florecen. ¿No está claro que la teoría de la extinción de los idiomas nacionales y de su fusión en un idioma común en el marco de un solo Estado durante el período de construcción socialista desplegada, en el período del socialismo en un solo país, es una teoría errónea, antimarxista, antileninista? Los autores de la nota no han comprendido, en segundo lugar, que la extinción de los idiomas nacionales y su fusión en un idioma común no es un asunto interno de un país, no es un asunto del triunfo del socialismo en un solo país, sino un asunto internacional, del triunfo del socialismo en el plano internacional. Los autores de la nota no han comprendido que no se debe confundir el triunfo del
Resumen de la discusión al informe Político del C.C. ante el XVI Congreso del P.C.(b) de la U.R.S.S.
socialismo en un solo país con el triunfo del socialismo en el plano internacional. Por algo dijo Lenin que las diferencias nacionales subsistirían todavía mucho tiempo incluso después del triunfo de la dictadura del proletariado en el plano internacional. Además, debe tomarse en consideración otra circunstancia que concierne a diversas naciones de la U.R.S.S. Hay una Ucrania en el seno de la U.R.S.S. Pero hay otra Ucrania en el seno de otros Estados. Hay una Bielorrusia en el seno de la U.R.S.S. Pero hay otra Bielorrusia en el seno de otros Estados. ¿Creéis que se puede resolver el problema de los idiomas ucraniano y bielorruso sin tener en cuenta estas peculiares condiciones? Tomad, luego, las naciones de la U.R.S.S. situadas a lo largo de su frontera meridional, desde el Azerbaidzhán hasta el Kazajstán y Buriato-Mongolia. Todas ellas se encuentran en la misma situación que Ucrania y Bielorrusia. Es evidente que también en este caso habrá que tomar en consideración la peculiaridad de las condiciones de desarrollo de estas naciones. ¿No es evidente que todas estas cuestiones y otras análogas, relacionadas con el problema de las culturas nacionales y de los idiomas nacionales, no pueden resolverse en el marco de un Estado, en el marco de la U.R.S.S.? Esto es lo que puede decirse, camaradas, respecto a la cuestión nacional en general, a la citada nota sobre el problema nacional en particular. Permitidme ahora que pase a las intervenciones de los ex líderes de la oposición de derecha. ¿Qué exige de los ex líderes de la oposición de derecha el Congreso? ¿Quizá que se arrepientan, que se den golpes de pecho? ¡Claro que no! Nuestro Partido, un Congreso de nuestro Partido nunca exigirá de los miembros del Partido nada que pueda humillarles. El Congreso exige de los ex líderes de la oposición de derecha tres cosas: en primer lugar, que comprendan que entre la línea del Partido y la línea que ellos defendían media un abismo, que la línea que ellos propugnaban conduce, objetivamente, no al triunfo del socialismo, sino a la victoria del capitalismo (voces: “¡Cierto!”); en segundo lugar, que condenen esa línea como antileninista y la rechacen pública y honradamente (voces: “¡Cierto!”); en tercer lugar, que marchen del brazo con nosotros y con nosotros sostengan una lucha resuelta contra todos y cada uno de los desviacionistas de derecha. (Voces: “¡Cierto!”. Clamorosos aplausos.) Esto es lo que el Congreso exige de los ex líderes de la oposición de derecha. ¿Hay en estas demandas algo de humillante para ellos como hombres que desean seguir siendo bolcheviques? Está claro que en ellas no hay ni puede haber nada de humillante. Todo bolchevique, todo revolucionario, todo comunista que se precie en algo comprenderá que, si reconoce pública y honradamente hechos claros e indiscutibles, no puede sino elevarse y ganar a los ojos del Partido. Por eso, yo creo que las disquisiciones de Tomski, de que se le quiere enviar al desierto de Gobi y obligarle a comer miel silvestre y acridios, son vacuos chistes de vodevil provinciano, que no tienen nada que ver con la cuestión de la dignidad del revolucionario. (Risas. Aplausos.) Se puede preguntar: ¿por qué el Congreso presenta de nuevo estas demandas a los ex líderes de la oposición de derecha? ¿No es una realidad que ya en una ocasión, en noviembre de 1929, en el Pleno del C.C.4, se les plantearon? ¿No es una realidad, acaso, que los ex líderes de la oposición de derecha las aceptaron entonces, renunciaron a su línea, reconocieron que era errónea, reconocieron que la línea del Partido era acertada y prometieron luchar del brazo del Partido contra la desviación de derecha? Sí, todo esto sucedió. ¿Qué ocurre, pues? Ocurre que no cumplieron su promesa; no cumplieron ni cumplen los compromisos que contrajeron hace siete meses. (Voces: “¡Cierto!”.) Uglánov tenía mucha razón al decir en su discurso que no han cumplido los compromisos que adquirieron ante el Pleno de noviembre del C.C. Ese es el origen de la desconfianza con que tropiezan ahora en este Congreso. Por eso, el Congreso les presenta de nuevo sus demandas. Rykov, Tomski y Uglánov se han quejado aquí de que el Congreso les mira con desconfianza. ¿Y quién tiene la culpa? La culpa es de ellos mismos. Quien no cumple sus compromisos, no puede esperar que se fíen de él. ¿Tuvieron los ex líderes de la oposición de derecha posibilidades, ocasiones de cumplir su promesa y de hacer cruz y raya al pasado? Naturalmente que sí. ¿Y qué han hecho durante siete meses para aprovechar estas posibilidades y ocasiones? Nada. Hace poco, Rykov estuvo en la Conferencia de los Urales5. Tuvo, pues, la ocasión más propicia para enmendar sus errores. ¿Y qué hizo? En lugar de romper pública y resueltamente con sus vacilaciones, se puso a marrullear y a maniobrar. Es lógico que la Conferencia de los Urales no pudiera por menos de salirle al paso. Comparad ahora el discurso de Rykov en la Conferencia de los Urales con su discurso en el XVI Congreso. Entre ellos media un abismo. Allí marrullea y maniobra, batallando con la Conferencia de los Urales. Aquí intenta reconocer públicamente y en voz alta sus errores, intenta romper con la oposición de derecha y promete que apoyará al
Partido en la lucha contra las desviaciones. ¿De dónde viene tal cambio?, ¿a qué obedece? Obedece, por lo visto, a la peligrosa situación que ha surgido en el Partido para los ex líderes de la oposición de derecha. Por eso no es de extrañar que en el Congreso se haya creado una impresión determinada: hasta que no se zarandea a estos hombres, no se consigue nada de ellos. (Hilaridad general. Prolongados aplausos.) ¿Ha tenido Uglánov ocasión de cumplir su promesa al Pleno de noviembre del C.C.? Sí, la ha tenido. Me refiero a la reunión de los sin-partido de la fábrica “Moseléktrik”, donde habló hace poco. ¿Y qué ocurrió? En lugar de comportarse como corresponde a un bolchevique, se puso a denigrar la línea del Partido. Es lógico que la célula de la fábrica le diera la réplica merecida. Comparad ahora esta intervención con sus declaraciones de hoy en “Pravda”. Entre ellas media un abismo. ¿A qué obedece este cambio? A esa misma situación peligrosa creada en torno a los ex líderes de la oposición de derecha. No es de extrañar que el Congreso dedujera de esto una enseñanza concreta: hasta que no se zarandea a estos hombres, no se consigue nada de ellos. (Hilaridad general. Aplausos.) O el caso de Tomski. Hace poco estuvo en Tiflis, en la Conferencia de la Transcaucasia6. Tuvo, pues, ocasión de lavar sus pecados. ¿Y qué hizo? En su discurso habló de los sovjóses, de los koljóses, de las cooperativas, de la revolución cultural y de otras cosas por el estilo, pero ni una palabra de lo principal, es decir, de su trabajo oportunista en el Consejo Central de los Sindicatos Soviéticos. ¡A eso se llama cumplir las promesas hechas al Partido! Tomski ha querido engañar al Partido, sin comprender que nos miran millones de ojos y que no se puede engañar a nadie. Comparad ahora su discurso en Tiflis con su discurso en este Congreso, donde ha reconocido explícita y públicamente sus errores oportunistas en la dirección del Consejo Central. Entre ellos media un abismo. ¿A qué obedece esta diferencia? A esa misma situación peligrosa creada en torno a los ex líderes de la oposición de derecha. No es de extrañar que el Congreso haya querido zarandear como es debido a estos camaradas para conseguir que cumplan sus compromisos. (Aplausos. Hilaridad general.) Tal es el origen de la desconfianza que todavía abriga el Congreso hacia estos camaradas. ¿A qué se debe esta conducta, más que extraña, de los ex líderes de la oposición de derecha? ¿A qué se debe que no hayan intentado ni una sola vez en el tiempo transcurrido cumplir sus compromisos voluntariamente, sin presión externa? Obedece, por lo menos, a dos circunstancias. En primer lugar, a que, no estando aún plenamente seguros de que la línea del Partido es acertada, han continuado bajo cuerda cierta labor fraccional, se han agazapado de momento en espera de una ocasión oportuna para actuar de nuevo públicamente contra el Partido. Asistían a sus reuniones fraccionales, examinaban los asuntos del Partido y, por lo común, se hacían este cálculo: esperemos hasta la primavera, a lo mejor el Partido fracasa en el problema de la siembra, entonces arremeteremos como es debido. La primavera, sin embargo, no les daba ninguna ventaja, porque la siembra transcurría favorablemente. Entonces hacían de nuevo sus cálculos: esperemos hasta el otoño, a lo mejor el Partido fracasa en el problema de los acopios de cereales, entonces arremeteremos contra el C.C. Sin embargo, también el otoño les hacía una jugarreta, dejándoles con un palmo de narices. Y como la primavera y el otoño se repiten todos los años, los ex líderes de la oposición de derecha continuaban agazapados, depositando de nuevo sus esperanzas unas veces en la primavera y otras en el otoño. (Hilaridad general.) Es lógico que, agazapados de temporada en temporada, y en espera del momento favorable para arremeter contra el Partido, no pudieran cumplir sus compromisos. En fin, la segunda causa. Consiste esta segunda causa en que los ex líderes de la oposición de derecha no comprenden nuestro ritmo bolchevique de desarrollo, no tienen fe en este ritmo y, en general, no aceptan nada que rebase el marco del desarrollo gradual, que no sea dejarse llevar por la corriente. Todavía más: nuestro ritmo bolchevique, nuestros nuevos caminos de desarrollo, relacionados con el período de reestructuración, la agudización de la lucha de clases y las consecuencias de esta agudización, les producen inquietud, desconcierto, temor, miedo. Por eso, es lógico que se aparten de todo lo relacionado con las consignas más incisivas de nuestro Partido. Sufren la misma enfermedad que aquejaba a Bélikov -el conocido personaje de Chéjov-, profesor de griego, el “hombre enfundado”. ¿Recordáis el cuento de Chéjov “El hombre enfundado”? Este personaje, como se sabe, calzaba siempre chanclos, llevaba abrigo de invierno y paraguas, hiciera frío o calor. “Pero, hombre, ¿para qué necesita los chanclos y el abrigo de invierno en julio, con el calor que hace?”, preguntaban a Bélikov. “Por si acaso - respondía-, no vaya a ocurrir algo: si de pronto se echa el frío encima, ¿qué hago?” (Hilaridad general. Aplausos.) Temía como la peste todo lo nuevo, todo lo que rebasara el marco habitual de la gris vida filistea. Abrían un restorán, y Bélikov se inquietaba en seguida: “Claro, quizá sea bueno que haya un restorán; pero, cuidado, no vaya a ocurrir algo”. Organizaban un cuadro artístico, inauguraban una sala de lectura, y Bélikov de nuevo se alarmaba:
Resumen de la discusión al informe Político del C.C. ante el XVI Congreso del P.C.(b) de la U.R.S.S.
“¿Un cuadro artístico, una nueva sala de lectura? ¿Para qué? Cuidado, no vaya a ocurrir algo”. (Hilaridad general.) Lo mismo puede decirse de los ex líderes de la oposición de derecha. ¿Recordáis lo ocurrido con la transferencia de los centros de enseñanza técnica superior a los Comisariados del Pueblo ligados a la economía? Queríamos transferir sólo dos centros de enseñanza técnica superior al Consejo Supremo de la Economía Nacional. Al parecer, era un asunto insignificante. No, obstante, chocamos con una resistencia furiosa por parte de los desviacionistas de derecha. “¿Transferir dos centros de enseñanza técnica superior al Consejo Supremo de la Economía Nacional? ¿Para qué? ¿No será mejor que esperemos? Cuidado, no vaya a ocurrir algo por culpa de ese proyecto”. Ahora todos los centros de enseñanza técnica superior han pasado a los Comisariados del Pueblo ligados a la economía. Y no ocurre nada. O, por ejemplo, las medidas extraordinarias contra los kulaks. ¿Recordáis el histerismo de los líderes de la oposición de derecha con este motivo? “¿Medidas extraordinarias contra los kulaks? ¿Para qué? ¿No será mejor seguir con ellos una política liberal? Cuidado, no vaya a ocurrir algo por culpa de ese proyecto”. Y ahora seguimos la política de liquidación de los kulaks como clase, política al lado de la cual las medidas extraordinarias contra los kulaks son una futesa. Y no ocurre nada. O, por ejemplo, los koljóses y los sovjóses. “¿Sovjoses y koljóses? ¿Para qué? ¿A dónde vamos con tanta prisa? Cuidado, no vaya a ocurrir algo por culpa de esos sovjóses y koljóses”. Y así sucesivamente. Ese temor a lo nuevo, esa incapacidad de abordar de un modo nuevo las cuestiones nuevas, esa inquietud -“no vaya a ocurrir algo”-, esos rasgos del hombre enfundado son precisamente los que impiden a los ex líderes de la oposición de derecha fundirse debidamente con el Partido. Estos rasgos de hombre enfundado adquieren en ellos formas singularmente ridículas cuando aparecen las dificultades, cuando apunta una nubecilla en el horizonte. Apenas surge en cualquier sitio una dificultad, una complicación, ya está la alarma: no vaya a ocurrir algo. Se remueve en cualquier parte una cucaracha, casi no ha sacado la cabeza de su agujero, y ya les tenemos dando saltos hacia atrás, despavoridos, anunciando a voces la catástrofe, el hundimiento del Poder Soviético. (Hilaridad general.) Nosotros les tranquilizamos y procuramos convencerles de que todavía no hay peligro alguno, de que es una inofensiva cucaracha, a la que no se debe temer. ¡Trabajo perdido! Continúan vociferando: “¿Que es una cucaracha? Eso no es una cucaracha, ¡son miles de fieras furiosas! No es una cucaracha, es el abismo, el hundimiento del Poder Soviético”... Y ya tenemos armado el estropicio... Bujarin escribe con este motivo unas tesis y las manda al C.C., afirmando que la política del Comité Central ha llevado al país al desastre, que el Poder Soviético se desploma sin remedio, si no ahora, a lo sumo, dentro de un mes. Rykov se adhiere a las tesis de Bujarin, con la salvedad, eso sí, de que tiene serias discrepancias con Bujarin, consistentes en que, a su juicio, el Poder Soviético no se hundirá al cabo de un mes, sino de un mes y dos días. (Hilaridad general.) Tomski se adhiere a Bujarin y Rykov, pero protesta porque no hayan podido arreglárselas sin escribir unas tesis, sin redactar un documento, del que luego tendrán que responder: “¡Cuántas veces os he dicho que hagáis lo que os dé la gana, pero sin dejar documentos, sin dejar huellas!”. (La sala prorrumpe en carcajadas. Prolongados aplausos.) Bien es verdad que luego, al cabo de un año, cuando hasta el más necio llega a comprender que el peligro de la cucaracha no vale un comino, los desviacionistas de derecha comienzan a serenarse y, cobrados los ánimos, incluso empiezan a presumir, asegurando que no temen a ninguna cucaracha, que la cucaracha en cuestión, por si fuera poco, es desmirriada y achacosa. (Risas. Aplausos.) Pero eso lo dicen al cabo de un año. Mientras tanto, hay que perder el tiempo con estos latosos... Tales son, camaradas, las circunstancias que impiden a los ex líderes de la oposición de derecha aproximarse al núcleo dirigente del Partido y fundirse plenamente con él. ¿Cómo se puede remediar esto? La única manera es que rompan definitivamente con su pasado, que ocupen nuevas posiciones y se fundan en un todo con el C.C. del Partido en su lucha por un ritmo bolchevique de desarrollo, en su lucha contra la desviación de derecha. Otro procedimiento no hay. Si los ex líderes de la oposición de derecha son capaces de seguido, tanto mejor. Y si no, la culpa será de ellos. (Prolongados aplausos en toda la sala, que se convierten en ovación. Todos se ponen en pie y cantan “La Internacional”.)
Publicado el 3 de julio de 1930 en el núm. 181 de “Pravda”.